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Perspectiva de género y ecología
Perspectiva de género y ecología ADAIRIS BALSA ALFONSO adairis@uclv.edu.cu Centro Comunitario de Salud Mental, Manicaragua, Villa Clara, Cuba
“… el hombre transformado al mundo sufre los efectos de su propia trasformación”. Paulo Freire
Muchas de las actividades humanas que reconocemos y percibimos como normales o aceptables, tienen implicaciones cada día más complejas y devastadoras para la naturaleza y para nuestra salud. Son numerosas, excesivas y desmedidas las acciones humanas que hoy están agrediendo nuestra ecología, muchas de ellas de forma irreversible, tal es así que amenazan la vida en el planeta. Entre ellas se encuentra la sobreexplotación de los recursos naturales, la deforestación, la contaminación, el deterioro de la capa de ozono, la producción de basura, etc. Es por ello que se hace necesario analizar la ecología desde una perspectiva de género, lo cual implica una nueva mirada de lo que hasta hoy se ha entendido como hombre y mujer, masculino y femenino, contribuyendo a una serie de transformaciones en la medida en que propone alternativas para el cambio, enseñando a la población a preservar, cuidar y proteger las condiciones en que nos desenvolvemos los hombres y las mujeres. La asignación de roles según el sexo nos lleva a analizar las relaciones entre estas perspectivas, en tanto que hombres y mujeres nos relacionamos de forma diferente con la naturaleza, tenemos necesidades, concepciones, motivaciones y condiciones de vida diferentes. Elementos que tienen su origen en el medio sociocultural en el que nos desenvolvemos, compuesto por diversos contextos socializadores como la familia, la escuela, la comunidad, que lamentablemente aún cuentan con rígidas representaciones de lo que es “ ser varón” y “ser hembra”, las cuales van entretejiendo los roles de género, muchas veces con criterios discriminatorios implícitos. El hecho de que ambos actores sociales interactuemos constantemente nos lleva necesariamente a hablar de nuestras relaciones en un contexto social determinado, así como de la relación que establecemos con la naturaleza, ante lo cual, es preciso tomar nuevos horizontes que nos lleven a establecer cambios radicales en nuestra relación con la ecología. Partiendo de que la categoría género se relaciona en gran medida con las acciones y actividades de los sujetos, con el hacer en el mundo, cabe entonces preguntarnos: ¿Qué estamos haciendo por nuestra ecología? ¿Nuestras actividades y quehaceres cotidianos contribuyen a su cuidado y conservación? ¿Es solo tarea de un grupo de personas o de todos y todas los que vivimos en el planeta? ¿Se trata solo de cuidar la tierra o de cambiar radicalmente nuestras actividades ecológicas? Las respuesta a estas preguntas, nos lleva ante todo a plantear la necesidad y urgencia de crear conciencia en hombres y mujeres ante estas problemáticas, de manera que ambos nos podamos convertir en agentes de cambio, en seres autodeterminados, preparados para desarrollar nuestras potencialidades, transformando las relaciones antagónicas de poder, dominación y discriminación aun existentes entre los géneros, por otras basadas en vínculos de equidad, reciprocidad y cooperación. Se plantea lo anterior por la tendencia que manifiesta la mayor parte de la población a oponer resistencia para modificar conceptos instituidos en prejuicios y estereotipos que refuerzan la superioridad masculina y encadenan al género femenino a funciones sociales limitadas. Se hace necesario
entonces romper actitudes pasivas para asumir posturas críticas, activas y
transformadoras, pues la situación actual está demandando posiciones totalmente
renovadoras en hombres y mujeres, para enfrentar en conjunto los desafíos de la
sociedad. Es importante que todos y todas digamos <
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