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Comevacas y Tiznaos: Las Partidas Sediciosas en San Sebastián del Pepino en 1898

Resumen: Durante el Gobierno de Práxedes Mateo Sagasta en España, había surgido un movimiento armado en la comarca de Jerez de la Frontera. Muchísimos episodios de bandolerismo y agitación social se produjeron en las campiñas andaluzas.
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Autor: Carlos Dzur
Comevacas yTiznaos: Las Partidas Sediciosas
en San Sebastián del Pepino en 1898

Introducción

Durante el Gobierno de Práxedes Mateo Sagasta en España, había surgido unmovimiento armado en la comarca de Jerez de la Frontera. Muchísimos episodiosde bandolerismo y agitación social se produjeron en las campiñas andaluzas.

 

Aún cuando en Cataluña la acogida a las nuevas ideas (de José Fanelli, la mano derecha de Mikjail Bakunin, Arístides Rey y Elie Reclus) fue buena, debido a su desarrollado obrerismo y su régimen de explotación en las fábricas textiles, en Andalucía fue como el estallido de una nueva religión. Las legiones de obreros desheredadados de toda la tierra, junto al sufrimiento acumulado generación tras generación, era un terreno perfectamente abonado para que el grito «Viva la Revolución» y la nueva y radical idea de que la tierra es para quien la trabaja se extendiera por todos los campos andaluces de Este a Oeste. Prueba de ello es que, de los cerca de 50,000 obreros que contó en muy corto espacio de tiempo la Federación de Trabajadores de la Región Española, Andalucía aporrtaba unos 29,000. Cataluña contaba, en ese momento, con unos 13,000 afiliados. Junto con Andalucía formaba la columna principal del internacionalismo en España. Pero las condiciones del obrero catalán, con ser malas, distaba mucho de la de los braceros andaluces, lo que motivó que en esta región se llevaran a la práctica las ideas libertarias en busca de una revolución social que cambiara su suerte y la de sus hijos... En 1878, Andalucía que no pudo seguir soportando la opulencia de unos y la de miseria de otros, se convierte en una hoguera. Se queman los cortijos, los olivares, se mata ganado, se arrancan viñedos, etc. En el mes de abril, los motines de Jerez alcanzan cotas alarmantes. Tanto en la ciudad como en la campiña, se asaltan comercios, se queman cortijos, se arrasan panaderías, se invaden las casas de los terratenientes, etc... Estos hechos tuvieron su continuidad en Arcos, Cádiz y Sevilla, donde la necesidad obligaba a familias enteras a pasar sin comer en todo el dia. 1

Para sofocar tal movimiento y evitar los robos y asesinatos, el gobiernorealizó más de 300 detenciones. Se ejecutaron a 8 cabecillas de la sociedadsecreta La Mano Negra. Según destaca el historiador español JuanMadrid, en su libro La Mano Negra: Caciques y señoritos contra losanarquistas, «esta fue la primera vez que la prensa española crea unestado de ánimo de terror y especulación sobre 'La Mano Negra'. La prensa sedecanta hacia el horror y la exageración. Luego la investigación históricademostró que La Mano Negra no existió nunca y, si acaso existió, nunca fue enesos años y tampoco cumplió la amenaza de secuestrar y matar a los burgueses.Todos los crímenes de aquella época eran crímenes comunes. Ninguno tenía elcomponente político que debía tener». 2

El abogado Juan Hernández Arvizu, 3 nativo de una villapuertorriqueña, que aún hoy es llamada el Pueblo del Pepino (San Sebastián),fue Fiscal en los procesos judiciales contra tales anarquistas, al iniciarse unjuicio y condena en 1884. Juicio que, según la admisión de este autor, cuyatesis doctoral fue sobre el tema de La Mano Negra, tuvo una repercusiónenorme, pues, quedan desmoralizadas y polarizadas en amargura todas las clasessociales. «Los jornaleros piden salario y no destajo. Trabajaban 18 y 20horas diarias y ganaban a penas para poder subsistir a base de pan, aceite ytomate, trabajando en condiciones absolutamente denigrantes. El movimientocampesino pierde cualquier posibilidad de establecer contactos amigables con losterratenientes . Se radicalizan por ambas partes y se declaraban enemigosirreconciliables, algo que tendría consecuencias dramáticas años más trade,ya en la Guerra Civil». 4

En varias ocasiones, al regresar de España para visitar a sus familiares eneste pueblo, Hernández Arvizu fue el orador honorario del Centro EspañolIncondicional. Sus conferencias se aplaudieron por la sociedad pepiniana yse comentaban por el pueblo llano a la mañana siguiente. El tema de La ManoNegra ofreció un material abundante, colorido y romántico, sobre el cualopinar y echar a volar la imaginación revolucionaria o los miedos a losconflictos. Esto fue así porque, en Puerto Rico y, por ende, en San Sebastiánno tardaría en darse una situación de miseria como la descrita por JoséMestre y Juan Madrid en sus escritos sobre Andalucía en los años de losmotines, quemas y agitaciones.

Esta es una conexión interesantísima muy pocas veces explorada en lahistoriografía puertorriqueña ya que a menudo se ignora a sectores populares,sin representación y sin quehaceres oficiales en el poder. Ni su opinión ni suparticipación en los eventos ocurridos se toman en cuenta. Al escribirse lahistoria se beneficia a los prohombres y funcionarios con los alardes de todoprotagonismo como si determinados eventos, positivos o negativos, carecieran derepercusión más amplia, aún en las colonias.

A primera vista, La Mano Negra, así como los clamores cantonalistasen España, el clamor de asociación obrera y la ornada de atemptantsanarquistes a Barcelona de 1893 (D. Prat, vea los #7, 17 y 22 en las Notasbibliográfícas a final del libro), fueron considerados los problemas de lametrópolis, pero he aquí que, por vía de paciente investigación oral, eneste pueblo del centro-occidental de la isla, una nueva dirección de lainfluencia aducible a estos hechos definidos como propiamente metropolíticosse convierten en contenido esencial para explicar ciertas actitudes locales,mismas que tomaron varios decenios para formarse, expresarse y, asimismo,desfigurarse en habla rasera y oscurecida. O, al final, bien digamos,diluirse en la memoria colectiva, a pesar de una influencia decisiva yenorme.

Las agresiones, robos y quemas, aquí estudiadas y que yació en incómodomisterio, «la mano negra de los tiznaos» (Miguel Montalvo, loc.cit. en Bibliografía, vid. nota #19) si bien se relacionó a HernándezArvizu y Julio Soto Villanueva como sus causantes o detonadores y a lainfluencia de las fiscalizaciones y ejecuciones en España, repentinamentecompartidas con la comunidad de Pepino durante esa época y su encadenamientocon el presente de 1898 cuando se retomara su memoria, se plantearán en esteensayo a la luz de criterios más amplios que la relación accidental con una omás personalidades. Hernández Arvizu, respetadísimo criollo de Pepino,se volvió secundario frente al conjunto de memorias rescatadas y el significadoasignado a La Mano Negra y la fuerza inspiradora y moral que estemovimiento trajera tras sí para los pepinianos.

Este ejercicio de historia oral conjunta una información histórica básica,pese al hecho de que las voces relatoras en Pepino apuntaron a múltiplesfuentes, intereses y preocupaciones. El tema ya ha sido posible. Se ha planteadoy se abrirá a nuevas investigaciones y enriquecimientos. Fue posible porque, dehecho, una partida de campesinos locales, en fecha de la invasión americana de1898, adoptó el nombre de La Mano Negra, quizás arbitrariamente, paradar ajusticiamientos ilícitos a los súbditos españoles que, de uno u otromodo, habían sido cómplices de la tiranía y el empobrecimiento tan grave quepadecía el campesinado en tal década.

Este quizás, puede o no, ser cuestionable y, si algo lo amenguara,fue la sorpresiva irrupción de la ira vengadora que trajeron consigo losrebeldes, desmintiéndose la idea que se tenía sobre los «parcelerosinconformes y vagos», a los que los hacendados locales adjudicaban como filosofema«come hoy y muérete mañana» (Lcdo. Agustín Font Echeandía, loc. cit).

Hay dos aproximaciones básicas largamente explotadas para el juicio de laviolencia social: el punto de vista de las víctimas, que es el másamargo y el punto de vista del bandidaje, que suele ser trivial ytorpemente comprendido. Las víctimas, por reacción afectiva primaria, serefocilan en el resentimiento por ausencia de su análisis objetivo. El dolor yla impotencia no les permite ser generosos; los protagonistas de agresiónquedan en su plano de culpa y remordimiento, a veces con vergüenza tan incómodaque es imprecindible olvidarla, zanjarla sin jactancia, aunque se vuelva a lamisma condición de desesperanza que motivara su estímulo para la agresión.

Un abogado pepiniano, Agustín E. Font, hijo de Cheo Font, personaje clave enestos procesos, resumió el primero de los puntos de vista:

 

... Pero un día en la historia de esta Isla resonó en El Morro y en las hondonadas del Guacio, la voz clamante de la libertad, después de cuatro siglos de tiranía y vasallaje. Y el pueblo que debió recibir esas albricias de la justicia norteamericana como una Hostia de Tabernáculo, se receló a sí mismo, insuflándose de anarquía y demagogia, a riesgo de que se le conceptuara una 'raza-error de cuna' y formando partidas corruptas y sediciosas, empequeñeció el comienzo de un nuevo amanecer...

Y el domingo, 9 de octubre de 1898, azotó su furia inquisitiva y, conjurándose contra la propiedad privada, amasada con el sudor del esfuerzo propio, prendió fuego a la Hacienda de Hato Arriba, destruyendo e incendiando todos los establecimientos, hurtando todos los bienes, desjarretando y robando reses, convirtiendo en pavesas la obra de muchos, muchísimos, años de una labor ingente que motivó el espigar y el fruto de una fecunda labor creadora... En los viejos infolios que conservan los datos de aquella tragedia, absurda y grotesca, aparecen los nombres de muchos de los que cometieron aquella avilantez. ¡Dios los haya perdonado! (Agustín E. Font Echeandía, vid. Nota #48 )

De pie, Agustín E. Font Echeandía y Juan Bautista García Méndez; sentado,Joaquín N. Oronoz Font. Foto tomada circa 1915 en Mayagüez. Foto cortesía delDr. Cecilio R. Font Ríos

Este testimonio se publicó en 1968, con el título La Hacienda, y esclara señal y símbolo de la actitud con que las familias de las víctimas delas Partidas Sediciosas reaccionaron a lo que nunca esperaban del peonaje. ¡Surebelión! Quien escribiera este lamento fue uno de los hijos de Agustín MaríaQuintero Font Feliú («Don Cheo»), el más rancio y tozudo de los Fontoriginarios, descrito como el Pie de la Espada peninsular.

Cheo Font fue heredero y administrador de la Hacienda Hato Arriba, laque «perduró más de un siglo y medio» y que, con la administración de DonCheo, produjo más de 1,000 sacos de dos quintales de café que se embarcaban aBarcelona. «Y los frutos menores, los balances fructíferos de la panaderíay la crianza de ganado, cubrían con creces las erogaciones del fundo queagregaba un beneficio limpio y muy sustancial. Finito dividendo que se lograba afuerza de amor al trabajo, de lealtad al propósito de que la Hacienda HatoArriba no perdiera su prestigio de grandeza. De acuerdo con los hábitos de sufundador (Feliú Font de Celis, fallecido en 1855) y de su hijo(Agustín Pascasio Font Medina, 1840-1888) y su nieto (Cheo Font) quele sucedieron, se mantuvo una disciplina firme e invariable que se aplicórigurosamente a los diferentes problemas del negocio que interesaba tener éxito».

Queriéndolo o no, el autor del artículo La Hacienda da cuenta de unapolarización entre ricos y pobres, a pesar de insistir en que allí, lahacienda de Hato Arriba de los Font, «había trabajo para todo el mundo ytodo el mundo lo asumía con eficacia y complacencia». Es la afirmaciónsiguiente la que mejor revela los recelos:«Hato Arriba era una escuela decivismo que no aceptaba a los vagos, haraganes, envidiosos de oficio. Existíauna interesante costumbre entre el dueño y el peón». Esta costumbre, tanconfusamente definida en el artículo, casi indecible, velada por el autor, esla costumbre de la obediencia incondicional.

Los amos tienden a pensar que es virtud del peón obedecer siempre; nohacerlo tiene el equivalente de «descarrilar la vergüenza» que, segúnFont Echeandía, en aquellos tiempos «no era tan bastarda, no degeneraba tanfácilmente su naturaleza, no se cotizaba con tanta ruindad». En aquella época,el jíbaro contaba con más virtud que opciones (que dinero, oportunidades,horizontes nuevos), lo admitió el articulista; pero falló en entender que serdueño de los medios de producción, de la tierra y aún de una tradición detriunfos en el agro, no hace al patrón el dueño de las vidas ajenas. El peónno es como la tierra que él describe, «vírgen y mansa como hembra fecunda».Transmutadas las condiciones históricas, al impacto de nuevas necesidades,o del agravamiento en la habilidad y control del mínimo poder para darsesobrevivencia, el peonaje antes obediente reacciona, urde lo suyo para modificarsu medio y redefine sus lealtades y su moralidad.

De pie, junto a su padre, Agustín María Quintero Font Feliú (1868-1901) yAgustín Pascasio Font Medina (1840-1888)

Esto sucedió, posiblemente, antes de 1898. La mano obrera de Hato Arriba,cuando «no existian resecadoras mecánicas y la producción de la haciendapasaba con creces de los dos mil quintales (de café) anualmente», cuandose trabajaba en el descascarado de café «hasta la media noche», se viocomo obreraje que no progresa y, en su lugar, enriquece a otro.

Alguno entonces, haya sido Carmelo Cruz o el poeta Ramón María Torres, seatrevió a formular con metáfora lo que el ex-estudiante de medicina y granpropietario Agustín María Quintero Font Feliú (1874-1901) representaba en esemomento, el de la Invasión Norteamericana y el de una crisis financieraque arruinara el país. Obviamente, quien más sufrió la miseria de esos añosfue el peonaje que, si bien no hizo las movilizaciones por el derecho deasociación obrera y la reducción de la jornada laboral que se realizaron enBarcelona, sí tenía ya esas aspiraciones desde 1854 y 1855. El resultado enCataluña en junio de 1856 fue que las asociaciones obreras de resistenciafueran declaradas ilegales.

Como explicamos en la Nota #50 de este ensayo, un augurio de rebeliónsocial en Pepino, cuyo marco fue la protesta contra la explotación delcampesino y el maltrato moral del peonaje, también quedó descrito e implícitocon las coplas de Las Golondrinas. En el periodo de 1845 a 1851, durantelas administraciones de Miguel de la Torre y Juan Prim, ya hay la noción de quefamilias locales como las de Pavía Conca, Alers, Alvarez (de Quebradillas)Cabrero, Font Báez y la pachada de Emilio José Vélez, son objeto de laroña y el recelo de los pepinianos de ese periodo; pero esta susceptibilidaddel campesino que, según pasaron los años se agudizaría ante más atropellos,como la ejecución de hipotecas, desposesión de parceleros por endeudamientos yalza en los pagos de impuestos, ya se había visto en los decenios del 1820 y1830. La administración municipal de José Laxara, peninsular quien llegó delSanto Domingo español a Pepino, estuvo amenazada con amotinamientos y amenazasde violencia. (Dra. Helen Santiago, loc. cit.).

La metáfora («Pie de la Espada blanca», blanquitaje, señorazgos yrepresión, a la que sólo es posible oponéresele con la Revolución) sobreviviódivulgada por una copla cantada, muy distinta a la que antes fuera «la cancióntípica del jíbaro... y eco geórgico de un poema» (Agustín E. Font, loc.cit).

Me le dirás a Cheo Font,
el pie de la espada blanca,
que ya El Pepino se arranca
al grito 'e Revolución
y que aquí, a la población,
no se debe de asomar
y a Victorino Bernal
le dirás con alegría
que junto a Antonio Pavía
lo vamos a compontear.

Este texto es la codificación del segundo punto de vista. Este esel turno del agresor y de la montonera que se resiste a ser conceptualizada como«una raza-error de cuna» ante el «Comienzo del Nuevo Amanecer»que cambiará el viejo marco de «cuatro siglos de tiranía y vasallaje»que el hijo de Cheo Font, como su padre mismo, reconocieran. El quid de lacuestión fue que, aún reconociendo al régimen español acorralado por la crisisorgánica de su sistema, fueron sus defensores hasta su último aletazo ydel bloque histórico dominante y de la gente que lo sostuvo, tomaon provisionespara reagrupar en el Partido Republicano, «las actitudes de España, con susgañines y guardias de baqueta, pero hora arropados con la bandera americana» (D.Prat). La tarea fue evitar la disgregación del viejo orden, a fin de moderar lasituación (el capitalismo salvaje que fue su contenido) e impedir un desenlacerevolucionario que los pepinianos forzaban, sin liderazgo capacitado, hacia unademocracia popular.

Hay dos concepciones contrapuestas sobre la sucesión progresiva de lahistoria, contenidas en estos dos documentos, el artículo La Hacienda deAgustín E. Font y la copla de amenaza («Me le dirás a Cheo Font»). DeLa Hacienda se infiere que el autor tiene una visión mesiánica de lahistoria; él parte de una metapolítica mesiánica (J. M. Wronski) en laque la élite es creadora y tiene mayores derechos y rol en la producción debienes materiales que el trabajador; en la visión mesiánica se elude sopesarel perpetuo enfrentamiento de intereses entre explotadores y explotados. El ricocrea la riqueza, porque sueña en grande; no así, el trabajador que tiene a suservicio. Este, sin la supervisión del capataz y sin la visión delpropietario, no es otra cosa que el valepoco, el Gringoire, «a quien lefalta algo para ser alguien» (Agustín E. Font, loc. cit.).

Agustín E. Font Echeandía fue digno y sentimental heredero de Cheo Font, supadre, y valoró el «emporio de riqueza, lo que ahora llamaríamos, siexistiera, un latifundio» y que fue la herencia de los afanes de más de150 años de historia familiar. Riqueza, pasado y orgullo, se convergensubjetivamente. Por esta razón, el análisis que propuso no toma cuenta elenfrentamiento perpetuo de clases antagónicas, en situaciones-límites, sinoque diluye los componentes del conflicto con la idea de que las Partidas fueronel resultado de la envidia de parceleros inconformes, demagogos, vagos yharaganes. Para él, las rebeliones sociales y los males que abaten al obrero yel campesino son consecuencia causal de su imperfecta psiquis y siendo así, envano es explicarlas por las leyes objetivas de las relaciones de producción ycapital.

Para este Clan Font, que se iniciara con Feliú Font de Celis y lamatrona Rosa Medina Domínguez, poseer menos que un latifundio seríadegradante, esto es, reducirse como familia a una clase parcelera, y espreferible morir para mantener ese linaje y posición de dominio que ceder yempobrecer. En La Hacienda se describe como gente escuálida y moralmentemacilenta, carente de espíritu cívico y sin ambición, al que tiene menos.Y hay, como parte del análisis de Font Echeandía, una reflexión sobre laidiosincracia del catalán; hecho que, como se verá más tarde, es importantepara entender los conflictos de la época que estudiamos y la percepción que elpueblo hizo y, principalmente, esa porción que agrediera a las familiaspeninsulares.

Para reconsolidar la visión mesiánica que caracterizó a Cheo Font, al Comienzodel Nuevo Amanecer (hipotéticamente, el régimen estadounidense tras laderrota de España, sería una tabla salvadora), se sobrevaloró el proceso étnico-familiaren ese contexto de la sucesión progresiva de la historia. En un marco históricamentedeterminado de relaciones humanas e ideológicas, además de las más decisivas,que son las relaciones de producción, se debe entender que la necesidadconstituye el fundamento objetivo de la libre actividad del hombre.

El campesinado tuvo la necesidad de construir un nuevo sistema deinstituciones y de consolidar la direccionalidad de sus propias fuerzas antagónicas,revolucionarias, si se quiere, hasta neutralizar las fuerzas de la clasedominante. Los cabecillas intelectuales Avelino Méndez Martínez y Juan TomásCabán Rosa no supieron dar cauce positivo a los sentimientos y clamores de esecampesinado, redimensionalizando esas fuerzas que, sólo tenían por riqueza, suespontaneísmo y su pasión, o al decir de Jorge Alberto Kreynes, «elelemento de su ardor combativo».

Lo que, en 1898, ese campesindo armado vio claramente como deseable amanecerfue un poco de esa pasión y tragedia que el asunto de La Mano Negratrajo a la atención de toda España y, en parte, del mundo, Europa y Américaen particular. En septiembre de 1896, cuando se promulgara la ley de represióndel anarquismo, se producen actos de solidaridad con España y contra lasautoridades, y fue cuando, por primera vez, al recordar su papel activo ysolidario con el Grito de Lares, Avelino Méndez-----

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Por su parte, Font Feliú entendió que el campesino pepiniano se hallóacorralado ante dos realidades básicas: ni con España ni con EE.UU. podíaconsiderarse el dueño del suelo patrio. Ni aún de su trabajo ni de laposibilidad de crear, sin limitaciones, su progreso y su historia. No teníaeducación ni una dirigencia capaz de llevarla a acciones de poder paraconstruir la contrahegemonía y, redimensionadas sus fuerzas, mantenerlaspermanentemente organizadas y predispuestas al avance. Por esta razón, fue fácilconvencer a solapos, astutamente, al liderazgo de las partidas e integrarlas alproyecto del Partido Republicano y neutralizarlas ahí. Aureliano Méndez Martínezfue el primero que entró a la fracturación de la rebelión social y alanexionismo, como candidato a la Legislatura.

Si bien fue Cheo Font, criollo, quien quedara descrito como el paradigma deuna España déspota, al divulgarse una tras otra, las décimas que lo aludieroncomo Espada Blanca, se ofrecería también la cuenta del acervo de etnias ibéricascon presencia en este pueblo. Y se haría por sus nombres y con espíritu deencono y decepción: el canario Victorino Bernal Toledo, los vascuences PedroJaunarena y Francisco Laurnaga Sagardía, Juan Orfila, de las Baleares, BraulioCaballero Ayala, de Pamplona, Juan Coll, de Barcelona, entre otros. En términosmuy concretos, esta fue la clase propietaria de Pepino y también su genteblanca y educada. Gente blanca y afortunada, por herencias y medios de produccióny no porque el grueso del campesinado no fuese blanco, sólo que estaba enhambre y quiso asegurarse, con enojo, que con el cambio de régimen, otra clasepolítica distinta a los primeros gobernara el pueblo. Sin embargo, Cheo Fontestuvo al pendiente para desengañar a esa gente y para hacerlo propalaría enel discurso público una serie de ideas que han marcado la mentalidad colonialpost-finisecular:

(1) El factor mesiánico: Sin educación no hay espíritu cívico,sino destajo sangriento, envidia y fanatismo. Las ideas tienen un oficio activoen el desarrollo de la sociedad; pueden transformarse en fuerza material, enprogreso y en guías de acción en cuanto reflejan las exigencias materiales dela existencia social; pero los pueblos enfermos, conformes con la herencia delpasado, se vuelven macilentos, resentidos y haraganes y, entonces, escuando más necesitan de las personalides, grandes protagonistas individuales:el inmigrante que traerá civilización al criollo. El polítíco mesiánicojustifica los privilegios de la élite extranjera y la interpreta del mismo modoque los beneficiados de la Real Cédula de Gracias y el EdictoTrujillo que trajese a Puerto Rico hombres ya, de por sí, ricos y concapital. En Pepino, estos fueron fueron llamados los caraqueños y en lasdécimas de encono de Las Golondrinas, aludidos como la cabrerada: «ElGobierno de España les facilitaba aperos, dinero y terreno, amén de esclavos.El propósito era civilizar» (Font Ríos, loc. cit.). De modo que elpepiniano originario no tuvo su oportunidad para civilizarse hasta que nollegaron esos otros... Desde 1815, observó Font Ríos, «Españaofrecía a cada emigrante 6 acres de terreno por cada miembro de familia y 3 porcada esclavo. Las herramientas hechas en España estaban exentas de impuestos»(ibid). Gente así beneficiada no mordió la mano del amo, o de la Madre Patria;les servía y de esas nuevas horneadas de inmigrantes se reclutaban loscandidatos al ejercer el poder administrativo del pueblo y todo privilegio quedimanara de ese poder establecido por el oficialismo extranjerizador. Aún elcapataz idóneo de una hacienda, o sus mayorales, tenían que ser selecionadosen virtud de ese apego a lo étnico-familiar, por lo que se imponía sobre elpeonaje, electo por el sólo mérito de ser peninsular y candidato a emparentarcon la hija de un patrón, si no había un primo en la prole.

En ese mundo provincialista «de guardias de baqueta y gañines», aldecir Dolores Prat, estaban los personeros de la represión y de la construcciónde ese clima de miedo, acusaciones y vanidades, que preparó el camino alestallido de violencia en 1898.

De aquí que se confirme una apreciación marxista: «La clase que ejerceel poder material determinante en la sociedad es, al mismo tiempo, su fuerzaespiritual dominante» (C. Marx y F. Engels, Obras, loc. cit.).

(2) El factor geopolítico: El principal argumento para disuadir a unpueblo que deseaba autodeterminarse dentro de sus fronteras fue enfatizar sobrela pequeñez territorial y escasez de recursos naturales. Echar miedo con lapobreza (que es -------------

(3) El factor étnico-familiar: Cuando no se quiere reconocr que lasmasas populares son el factor determinante del desarrollo social y el verdaderocreador del proceso histórico, la clase históricamente privilegiada maldefinea un pueblo y se exime de reconocer su valor. Las masas explotadas tienen unexplotador y opresor orgánica y socialmente establecido que, siendo numéricamentereducido, controla el poder de las estructuras jurídicas, económicas, policíacasy aún ideológicas. Si bien es cierto que no se puede rechazar la importanciade los individuos aislados, el valor de los aportes de determinados personajes ydirigentes, sean o no, poderosos o conservadores, el error había sidoesperarlos únicamente de las altas jerarquías de poder o de las llamadasfamilias de abolengo o ilustres apellidos o de presuntas razas y castassuperiores. Ni las familias ilustres ni los individuos aislados pueden alterar acapricho el curso objetivo de la historia. Lo que, a juicio de muchos de misentrevistados, sucedió en Pepino es que la burguesía pepiniana se esmeró eneducar a su gente, mientras no se abrió acceso para la gente campesina. «Sialgo se abrió para ellos fue el ventorrillo en la hacienda, donde el miserablejornal se gastaba para que ese pobre del arrimo olvidara con ron sus pena» (RodríguezArvelo, loc. cit.).

El carácter selectivo de las acciones de castigo por las Partidas Sediciosasllevó un juicio implícito. Se les acabó el belén. España se le fue. Laatadura con el pasado español fue interpretada como complicidad con todos losatropellos institucionales del gobierno. Y el nexo étnico-familiar quereclamaron para sí como el alarde de superioridad con que sevanagloriaba mucha de esta gente.

Muchas de las familias castigadas fueron, por el consenso popular,aquellas consideradas las portavoces ideológicas de la burguesía, «laburocracia que ordena, manda y dirige» y que por su función, «ahoga elproceso de crítica y autocrítica» y «reduce al mínimo la posibilidad de quelas masas populares participen», libre, activa y creativamente. Entonces,no habiendo equidad en el proceso, las familias políticas con prestigio yabolengo se representaron en su consciencia como las fuerzas reaccionarias a losprocesos necesarios. En estas familias se castigaba el culto al cacique,al poder y la riqueza no compartida y el sicotismo. En el marco del recelopopular a los nexos étnico-familiares, la crítica a los sicotudos, alque llegó pobre de España, pero se regresaba rico, y a los serafines,ya era vieja, si juzgamos esas alusiones en las coplas de Las Golondrinas.

El por qué la violencia de 1898 se extendió, más veladamente, durante todala década de 1900, por los recortados espacios abiertos por los PartidosFusionista, Federal y Unión, se debió a que el culto y el rol del cacique nodesapareció, sino que siguió creciendo bajo el dominio estadounidense.

Al rememorar la fibra moral, actitudes e idiosincracia de sus bisabuelos yancentros, Font Echeandía escribió: «El catalán es tozudo o testarudo y,como vengo de esa sangre, también lo soy». En cuanto a Rosa Medina alegaríaun perfil sicológico más transigente y avenible. ¿Qué realmente subyace detrásde estos eufemismos?

En el análisis sobre la formación económico-social del Pepino de 1898, lanoción de identidad fue importante, aunque no necesariamente la que desencadenóla crisis de violencia. La crisis fue debida al hambre y a una sucesión dedescaros

A la pregunta qué realmente implicaba ser de los blanquitos enel pueblo, respondía un líder asociado a las Partidas, el maestro de escuelasLino Guzmán, a quien se le recriminaba veladamente, preguntándosele el por quéuna persona tan decente y culta como fue se alió al movimiento. Su respuesta, máso menos, como la recordaba D. Dolores Prat, anciana de Mirabales, fue lasiguiente: Está diciendo (Guillermo) Cardé y Juan Orfila que no se preocupeninguno sobre los ideales separatistas porque un pueblo analfabeto no se sabrágobernar y el campesino es como una bestia...

Decía ella que, «al llegar los americanos, ni en los tiempos de ManuelPrat, se vio la situación de que al mulato y al blanco se les tuviera queseparar, pensando que el negro no podía aprender inglés... pero ese problemaera muy viejo. Es que se decía que el negro es libertino, amigo de malas ideas,la independencia» (D. Prat, vid. Nota #7).

¿Fue la noción de pie de la Espada blanca un código racista, o esun cuestionamiento sobre la valoración excesiva de nexos étnicos-familiarescon que muchas familias ajusticiadas se turnaban para retomar el control en elalbor del siglo, el Nuevo Amanecer, tal como hicieran durante los siglosanteriores?

Vencida España en la guerra, en Pepino y, en la isla entera, se creó unalucha de poder. Surgió una posibilidad para el tránsito de una formación económico-sociala otra más perfecta. Cuando el asunto fue responder quién verdaderamente hacela historia y cuál es el fundamento en que se apoya la existencia y eldesarrollo de la sociedad, el peonaje dijo presente (las masas populares,trabajadoras, creyeron en justicia ser capaces de sobrepujar ese tránsito) y,como colectividad, esperaba una organización materializada por líderes que lesdefiniera objetivos, de modo que surgieran así las nuevas instituciones políticas,económicas, educativas, concepciones jurídicas y oportunidades creadoras dediverso tipo.

En este ensayo se explicará cómo ese liderazgo esperado no cuajó del todo,traicionó y reculó. El proceso social falló, pese a que el pueblo, en gran número,dijo con contudencia el tipo de administradores que no quería en el nuevo régimeny estuvo dispuesto a deshacerse de ellos, aún matándolos. Treinta años antes,con El Grito, se había dado ese mismo consenso y fueron los insurrectos los quepagaron con sus vidas.

Frente a las fuerzas invasoras, el factor más decisivo en el amenguamientode ese furor revolucionario, campesino tan pobremente armado que se diera, sóloquedó flotante un ideario.

Dentro de la noción de bandidaje social que E. J. Hobsbawndesarrollara en Primitive Rebels (1965), se valora al bandido social comothe outlaw-heroe, honorable models for rebellion, delincuente forzado ainfringir la ley para vengar alguna situación injusta, defender su honor,familia o grupo social (comunidad), ante aquella circunstancia o poder opresivoque lo victimizara, recordamos que todo país del mundo ha tenido, en algúnmomento histórico, este tipo de héroes proscritos. Y, muchísimasveces, a medida que el asunto es estudiado sistemáticamente, se verá que tambiénlos bandoleros sociales han surgido de las clases más altas y se hanfundido con las mitologías de patriotismo, humanitarismo social y religión. Nohay, necesariamente, por qué referir a los comevacas y tiznaos como los únicosdesclasados o lumpen-proletariat, si la idea es despreciar laviolencia antiestamental.

Por esto hay que considerar, como salvedad, que no todo el Clan Font fuereaccionario y que, con actitud y rol heroico y progresista, algunos de ellosparticiparon el Grito de Lares (en 1868) como miembros de El Porvenir

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Según testimonios orales recogidos en Pepino, 5 a esta cáfila deinsurrectos se la supuso el disuelto Séptimo Batallón de Voluntariosque, otrora el coronel Julio Soto Villanueva tuvo bajo su mando, y que «molestocon la cobardía de ese hombre» (sic.) echó a rodar su propia agenda deresistencia «contra gringos y españoles» (cit., Entrevista con elLcdo. Pedro A. Echeandía Font, véase: Bibliografía, loc. cit.)

Miembros de esta partida (La Mano Negra) se personaron para dar muerte a SotoVillanueva en la casa de Cirilo Blandín, donde él se había refugiado y, entreuna de las razones motivantes para hacerlo, se mencionó el nulo apoyó que dioa los voluntarios de ese batallón durante el Combate de Hormigueros del10 de agosto, donde entre heridos y muertos cayeron 12 milicianos. Mas, segúnse fue articulando el quehacer de estas partidas, se infiere que lasmotivaciones de los ajusticiadores per se fueron mucho más amplias quecastigar a militares y traidores.

En este ensayo, se propone el análisis sobre los incidencias de violencia,quemas, asesinatos y robos, que produjo el fin del orden español en uno y máspueblos de Puerto Rico. Utilizamos la metodología de Historia Oral de AllanNevins y las técnicas de entrevista para formular una microhistoriaregional, insertable en el contexto mayor de la historia puertorriqueña, laque a su vez sería contextualizable dentro de una macrohistoria general,contribuyente a la historia latinoamericana.

Se provee una bibliografía comentada al final de este ensayo.

2. Un tema ignorado y censurado

Precisamos que, aunque la historia de las partidas campesinas armadas, en posde ideales de Tierra, Libertad y Justicia, es aspecto localmentedocumentable en el marco de la Guerra Hispanoamericana de 1898, susespecificidades o detalles han sido premeditadamente ignoradas en la historiaoficial y los hombres que mejor pudieron referirse al tema, por serparticipantes activos, o testigos de los hechos, lo ignoraron (e.g., el Dr.Angel Franco Soto, autor de unas memorias sobre el 1898, el ex-Alcalde Andrés MéndezLiciaga, quien recopiló en el Boceto histórico del Pepino (1924) muchade la historia de municipio. Por desgracia, a mi juicio, Méndez Liciaga obviólas referencias a lo que fue la época más dramática de la historia borincanay que él mismo viviera en plenitud, ya que su padre (Avelino) fue inspiradorintelectual y material de muchas de las incidencias útiles (hechos históricos)a la conciencia memorante y colectiva, las Partidas Sediciosas, enparticular, y el cambio de soberanía, a más del Grito de Lares, que fue hitohistórico de la identidad nacional puertorriqueña.

La historiografía que se cuaja más fielmente y, en sus mejores detalles deveracidad, es siempre el devenir presente, irse-resolviendo-avanzando, esdecir, la que se alcanza a vivir como testigo, en el fluir del devenirhacia un ahí-del-ser, histórico-temporalizado. Sin embargo, estashistorias en torno a los comevacas y tiznaos del 1898 y otras que estánaún en sombras de olvido, sin nadie que las cuente, fascinaron mi curiosidaddesde mi juventud y mis contactos con octogenarios y nonagenarios, o aún concentenarias, como mi propia bisabuela, a quien conocí, e hizo posible algúnrescate.

Es justo indicar que todavía el Boceto, con sus limitaciones, es unaimportante fuente historiográfica y, en su momento, fue objeto de presiones,coersiones censurantes de episodios y mención de gente que temían lo que élpudiera dejar escrito. Así lo manifestó Manuel Méndez Ballester ainvestigadores y artistas pepinianas que plantearon, en el decenio del '60, unareedición anotada del Boceto, el libro de su padre, al reconocer suimportancia como recuento primicial sobre la vida histórica pepiniana. Encopias distribuídas y circuladas de ese libro, según comentario de JoaquínTorres Feliciano, escritor, sicólogo y entusiasta de la vida cultural denuestro pueblo, se sustrajeron páginas, se tacharon renglones, o se prendiódesaparecerlo de bibliotecas públicas. Se vale preguntar por qué y quiénes.Antes de crearse el Archivo General Histórico de Puerto Rico, comoinstitución protectora de documentos municipales, muchas fuentes documentalesdel Pepino se perdieron, o cuando no, su conocimiento se ha saboteado. Por muchotiempo, un temor a la rememoración de la historia local vela, obnubila y cierralos canales de acceso al pasado. En parte, entendámoslo, porque, en este pueblose han vivido experiencias inquietantes. Las Partidas Sediciosas es una deellas.

Después de invertir años en escuchar de labios (que han sido mprescindiblescomo sus fuentes memorantes), ofrezco con esta monografía algunos detallesnuevos que investigué en mis continuadas visitas a los hijos y familiares delas víctimas, testigos, protagonistas y coetáneos, de tales hechos, en Pepinoy otros pueblos, y que corroboré en su verdad y en su fondo emocional a travésde fuentes escritas, referencias de primera y segunda mano y documentos en los ArchivosMilitares de la Biblioteca del Congreso, en Washigton, D.C. y en periódicosde la época.

Hago pública mi gratitud a las familias del Lcdo. Pedro A. Echeandía Font,María Luisa Rodríguez Rabell Vda. de Negrón y Pedro Tomás Labayen Jaunarena,por haber sido tan pacientes con mis visitas y, a este último, por poner a midisposición su colección, la más completa, del periódico El Regionalde principios de siglo.

Estos eventos que relataré ocurrieron durante la invasión norteamericana,por lo que, para entender las acciones de las insurrecciones campesinas en SanSebastián de las Vegas del Pepino, será necesario contextualizar históricamenteel comportamiento de España y los EE.UU. en la isla y dar cuenta sobre lassuperestructuras ideológicas en general. Y después, concretamente, sobre supercepción por los pepinianos de entonces.

Obviamente, concuerdo con la observación del historiador Angel Rivero Méndez,quien nos recuerda la indignación de los cronistas ante hechos similares(robos, asesinatos y anarquía) como los ocurridos en San Sebastián y otrospuntos de la isla:

... No fue Puerto Rico quien tales desmanes cometiera, escribe Rivero.Fueron unos pocos hombres, varios centenares tal vez y, sobre ellos, únicamentedebe recaer la condenación de los historiadores.

Sin embargo, también es tarea historiográfica desocultar (y comprendersociológicamente) una parte tácita y dolorosamente reprimida de lo que, comocontenidos intrasíquicos, se cargó dentro de la consciencia de aquellossediciosos, quienes se sentían y expresaban, por primera vez, colectiva yconsensivamente, como clase, la rabia que estuvo sepultada por generaciones. ElDr. Frantz Fanon nos advierte, en su libro Los condenados de la Tierra(1961), que:

 

... La descolonización es siempre un fenómeno violento... (y que) ante la necesidad de ir... hacia un panorama social modificado en su totalidad, lo que define toda descolonización en el punto de partida... es que constituye, desde el primer momento, la reinvindicación mínima del colonizado... La necesidad de ese cambio existe en estado bruto, impetuoso y apremiante, en la consciencia y en la vida de los hombres colonizados. La importancia de ese cambio es que es deseado, reclamado, exigido. Pero la eventualidad de ese cambio es igualmente vivida en la forma de un futuro aterrador en la consciencia de otra 'especie' de hombres y mujeres: los colonos... La descolonización, como se sabe, es un proceso histórico: es decir, que no puede ser comprendida, que no resulta inteligible, traslúcida a sí misma, sino en la medida exacta en que se discierne el movimiento historizante que le da forma y contenido. La descolonización es el encuentro de dos fuerzas congénitamente antagónicas que extraen precisamente su originalidad de esa especie de sustanciación que segrega y alimenta la situación colonial. Su primera confrontación se ha desarrollado bajo el signo de la violencia y su cohabitación, más precisamente la explotación del colonizado por el colono, se ha realizado con gran despliegue de bayonetas y de cañones. 6

En algunas ocasiones, la violencia que se afana por desorganizar la viejasociedad y concentra su poser en desaprobar el rol de las iglesias. Romper conlos tabúes y creencias que como institución impone, o como con la Ley delCondado en España durante el Gobierno de José Canalejas, limitar lasactividades de las óordenes religiosas. Esta fue una gesticulazaciónirrefrenable en el periodo que estudiamos.

Uno de los incidentes, en el Valle de Toa Baja, lo refiere Rubén Arrieta. Elentrevistaría a Francisco López. Su relato ilustraría que la violenciadescolonizante permearía todo, «transformando a los expectadores aplastadospor la falta de esencia en actores privilegiados, recogidos de manera casigrandiosa por la hoz de la historia... pero esta creación, vuelve arecordarnos Fanon, no recibe su legitimidad de ninguna potencia sobrenatural:la cosa colonizada se convierte en hombre en el proceso mismo por el cual selibera»; por ésto mismo los vejámenes al sacerdote español del Valle delToa no son, en realidad, ataque a un individuo, en cuanto su persona privada,sino un ataque al símbolo de la Iglesia Católica que no materializó elprograma «de hacer a los últimos, a los humildes, los primeros», sinoque, en su lugar, formuló sus propias tranquillas al progreso de los máshumildes.

Recuérdese que en, 1898, aún no se cumplía ni veinte años de la aboliciónde la esclavitud, institución practicada y protegida por la Iglesia. Un curaespañol en Pepino el día que los esclavos solicitaron un Te Deum parala bendición de su fiesta colectiva de libertad, por el decreto de la manumición,echó insultos a la negrada que lo solicitaban y les pidió que festejaran fuerade los atrios de su parroquia. Este fue el párroco Claudio González.

Doña Dolores Prat-Prat, criolla entrevistada para mi monografía, hija decatalanes, otrora familia de esclavistas, como ella misma confesara, ni siquierafue registrada ni bautizada como cristiana «porque la reputción de mi madrefue manchada por su amor por un negro y violada por otro bandolero libertario (notadel autor: Nuñez, padre de la relatora), de los que se daban aire dedignidad y civilización y nos quemaron en Mirabales durante la Revolución deLares» (sic., cf. Entrevista con Doña Dolores Prat-Prat, loc. cit.)

Movida por su orgullo, su madre Eulalia Prat-Velez, solicitó de laentrevistada que «cuando vaya al pueblo, no entrara a la iglesia... que aquí(en la casa) puedes rezar, sin que nadie te diga bastarda ni mala mujer».Ella no creyó que el cura y la feligresía entendieron toda la problemáticaque había en su vida.

Doña Lola Prat afirmó que recibía de España, en tiempos de menos pobreza,muchas revistas y gacetas que enviaban a su madre y a sus hermanas, «dondese hablaba de Castelar y Moret» y recordó que, al debatirse en España la Constituciónde 1876, un hombre poderoso de la Iglesia (que el mismo Castelar propusopara Obispo de Salamanca, pero que fue consagrado como Obispo de Madrid-Alcaláen 1874), se opuso al principio de tolerancia religiosa. Se refería a NarcisoMartínez. 7

«Pues, si siendo católico, no toleraba ni pingos, ¿qué clase de Diostiene, qué clase de amor al prójimo?» La anciana terminó diciendo: «Pues,lo mataron, con toda y su sotana. Es que en política nada se olvida; yo meacuerdo de Lares como si hubiera nacido, imagínate» (sic.). La toleranciade cultos en España se incentivaría con Canalejas como Presidente de lasCortes y jefe del Gobieno Español entre 1906 y 1912 y con precio muy alto. Elanarquista Pardiñas asesinó al jurisconsulto liberal, el 12 de noviembre de1912, ante el escaparate de una librería de la Puerta del Sol.

Al verificar los relatos de Prat, confirmo que también el Obispo NarcisoMartínez fue asesinado por un presbítero en el atrio de la Catedral de SanIsidro en Madrid, en 1886. Entiéndase, por lo anterior, el contenido subliminaly probable que se involucraría en tal acción anticlerical, como otrasejecutadas por la partida que atacó a la Iglesia, según el relato de Arrietasobre Francisco López:

 

... También hubo ataques en la región del Toa... Allí realizaron una agresión irreverente contra un sacerdote católico español, a quien, le raptaron, conduciéndolo a la plaza, según el testimonio del anciano Pancho López. Una vez allí, le pusieron aparejos y una silla sobre las espaldas, obligándolo a que relinchara como un caballo. Mientras sobre las rodillas y las manos el reverendo padre se arrastraba, los forajidos le golpeaban gritándole 'arre arre, mi caballito'. Otros hacendados del Toa también sufrieron vejaciones y torturas físicas.

El anticlericalismo es ingrediente que, en el pensamiento rebelde einconformista español está asociado a muchas circunstancias. Desde el primer Conciliodel Vaticano de 1870, que promulga el dogma de la infalibilidad del Papa, serecrudeció en España y el mundo el descontento. En nombre de «las sublimesverdades que la Religión Sagrada enseña» y la infalible deliberación delos Papas, las Santa Alianza, sus tribunales inquisidores y sus Indíces deprohibicón y censura, se hicieron los instrumentos de influencia reaccionaria afin de mantener el dominio de los regímenes autocráticos. España fue el últimopaís europeo en abolir el Tribunal de la Inquisición, aunque habíasido abolida, a despecho de la presión tradicionalista desde el 22 de febrerode 1813. El rey Fernando VII la restauró un año después hasta que un decretode Isabel II, en 1834, hizo la supresión final de la misma como mera formalidadporque había perdido el apoyo de que antes gozara entre la élite progresistade España. En el debate público de la vida de la monarquía, aprovechándosede su secretividad en cuanto pudo, el Tribunal Inquisidor cedió su espacio aopositores.

Quienes mejores aprovecharon la coyuntura de la supresión de la Inquisición(pero, realmente aún no libres de intrigas y excomuniones) fueron, a partir de1870, las corrientes anarquistas de España que se radicalizaron ideológicamentedespués de la llegada de P. J. Proudhon, socialista anárquico, exégeta de laidea federalista, en oposición al centralismo y la coersión estatal, y maestrode Pí y Margall, Fanelli (quien visitara a España en 1869), exponente de NicolásBakunin, la corriente libertaria de Anselmo Lorenzo (1841-1914), tipógrafotoledano, ex-integrante del primer consejo directivo de la Federación ObreraRegional Española, de inspiración bakuninista (1870), que es el embrióndel moderno movimiento obrero en España.

3. La simpatía por Cuba

La influencia de la guerra independentista en Cuba (y que estuvo en plenovigor antes de la invasión) fue factor influyente en la formación de losmovimientos de resistencia al invasor norteamericano en Puerto Rico. Esa guerradaba ánimos: Doña D. Prat. Quiso decir con tan breve planteamiento, suinterpretación conclusiva e inquietante, que se fuera pobre o rico, español ocriollo, negro o mulato, en Pepino, después de la gesta liberadora de Lares yel periodo conocido como los años del Componte, hubo un consenso sobreel destino de Cuba. La Antilla Grande mereció la libertad y ni España ni losEE.UU. la sujetarían a cadenas, con el beneplácito de los pepinianos. Con lalibertad de Cuba, los pepinianos soñaban como dándose una compensaciónsublimadora al identificarse con la manigua. Se invocaba a lospuertorriqueños que materializaron, con su participación, un idealantillanista y fe heroica en que la República de Cuba sería posible en pocos años.

El 28 de abril de 1896, Armando André Alvarado, patriota de Cayo Hueso, hizoestallar una bomba en el palacio de Valeriano Weyler, capitán general de la Iaisla de Cuba y apodado El Carnicero. El muchacho de 24 años burló a lasautoridades. Al saberse sobre este episodio localmente, a viejos rebeldes, comoAvelino Méndez Martínez y muchos Font que fueron separatistas y ex-miembros deEl Porvenir (Miguel, Manuel, Ramón y Rodrigo), en este pueblito dePepino renacieron bríos. Todos estuvieron asociados al movimiento armado deLares, cuya revolución hermana fue la de Cuba, el Grito de Yara, en1868.

En siglo de tardío romanticismo y tropicalosas bohemias, el asesinato de Cánovasdel Castillo, presidente del Gobierno de Sagasta, en 1897, y el posteriorasesinato de lsabel, Emperatriz de Austria, por otro anarquista italiano enGinebra, hizo que se especulara que las sociedades de camorra (que aterrorizabana Nápoles) 8 encendían la violencia dondequiera. Surgió el temor alas invasiones de anarquistas, así como de que éstas brotaran como azote paralas antillas. Así se había pensado durante los tiempos de los inmigrantescaraqueños y la Cédula de Gracias a la isla de Puerto Rico y otrasantillas.

Del conservador Cánovas del Castillo, 9el Pacificador, secriticó duramente el nombramiento que hiciera de Romero Robledo, como Ministrode las Colonias. Este político, carente de escrúpulos, fue terriblementerepudiado en las posesiones ultramarinas y en la misma España y provocó la caídade Cánovas. Sagasta formaría el nuevo Gabinete Liberal. De hecho, másproclive a dar mayor grado de autonomía a las Antillas.

Una nueva crisis de gabinete ocurrió en noviembre de 1894. Se perdió untiempo valioso, pero, al fin, Buenaventura de Abárzuza fue nombrado comoMinistro de las Colonias, con la esperanza de que proveyera el curso de la nuevapolítica hacia Cuba, con la cual Antonio Maura, ex-Ministro de las Colonias,tendría sus diferencias con el recién nombrado en cuanto al alcance de laautonomía que se concedería.

No lográndose amainar la agitación independentista, a pesar de que lasmedidas liberalizantes fueron muy bien recibidas en La Habana, no así lo fueronen el interior de la mayor de las antillas (Cuba) que, en 1895, dio indicios demayor auge revolucionario, como ilustró el Grito de Baire.

Para el 24 de febrero de 1895, el Gobierno de Sagasta restaba su importanciaa la rebelión, lo que sumó otro error al panorama. Sin embargo, el CapitánGeneral y Gobernador de Cuba, Camilo Polavieja, quien había renunciado enprotesta por el nombramiento anterior de Robledo como Ministro para asuntoscoloniales, hizo advertencias muy distintas y fue desoído. Razón de surenuncia.

Desde 1891, P. M. Sagasta había designado al Almirante Pascual Cervera yTopete como su Ministro de Marina. La vuelta de Cánovas del Castillo crearíaotra grieta para el caos que el último gabinete liberal, antes de la Guerra conlos EE.UU., heredaría. Desde el 10 de marzo de 1895, España comenzó afortalecer su poderío militar en Cuba, no previéndose otra cosa que sofocar alos mambises libertarios. Una fuerza expedicionaria de 6,000 tropas llegóa La Habana. El General Martínez Campos, sofocador de anarquistas catalanes,al decir de Dolores Prat, 10 también fue enviado a Cuba. Lasactitudes de éste contribuyeron a que la propaganda novelera y conservadoramotejara como anarquista a muchos liberales. Ni el mismo Dr. R. E. Betances,Luis Muñoz Rivera y otros patriotas puertorriqueños, se libraron del epíteto.

Fue la nueva jornada de gobierno conservador de Cánovas del Castillo la queenviaría al general A. Martínez Campos a Santiago de Cuba y, con él y tras sí,una columna de 1,000 soldados españoles.

Añadiéndose a Martínez Campos, «sofocador de catalanes, mambises yanarquistas», llegó a Cuba el General Valeriano Weyler y Nicolau, el 10 defebrero de 1896. Este impuso una estrategia de aislamiento de la poblaciónrural, creándose campos de concentración, siendo la primera vez en una guerramoderna que se utilizaran tales formas de cruel hacinamiento y trabajo forzoso.Para finales de 1897, se había relocalizado a más de 300,000 cubanos en talescampos. 11

Sería la protesta internacional, especialmente, la originada desde losEE.UU., la que desacreditaría los métodos de Weyler, pero éste fue quienasestó los golpes más rudos a los insurrectos cubanos en lucha porindependencia. El mallorquín Weyler (por su campos de concentramiento) 12hizo tanto daño al prestigio de la causa autonomista y las políticasreformistas de P. M. Sagasta para las colonias españolas, como las decisioneserráticas de Cánovas del Castillo y la elección de William Mckinley ennoviembre de 1896 como Presidente de Norteamérica. El 26 de junio de 1897, lacancillería norteamericana envió un despacho a Madrid con el Embajador Dupuyde Lôme con críticas a los métodos de guerra y la inhumanidad de España enCuba. Aunque el 6 de noviembre se había concedido una amnistía paraprisioneros políticos cubanos y otro decreto real de sufragio universal paraCuba y Puerto Rico (22 de noviembre), Cuba había sufrido tanto con el enconorepresivo y la saña por parte de los españoles que Máximo Gómez, eldirigente de relevo tras la muerte de Maceo, anunció que la materializacióndefinitiva de la República Libre de Cuba sería irreversible, y despreció el EstatutoAutonómico del 26 de noviembre y la súplica con que Blanco Erenas avisabacomo solución que los insurgentes de Máximo Gómez se aliaran a las tropasespañolas para expeler a los invasores en ciernes, que serían losnorteamericanos.

En Cuba, se rehusó cualquier alianza de los cubanos con el enemigopeninsular.

¡Hasta era preferible contribuir junto a los yankees para el objetivo de unasonada derrota del régimen de España!

4. La Guerra Hispano-Estadounidense de 1898

Después de culparse a España del hundimiento de USS Maine en la Bahíade La Habana y hacerse una declaración de guerra por parte de los EE.UU., enreunión celebrada en Madrid, se discutió sobre la situación y la capacidadespañola para vencer o salir vencida, si se materializara de facto laconfrontación armada. Ese 23 de abril de 1898, el Comandante Pascual Cerverapredijo la destrucción de su escuadra naval, ya que «no hay comparaciónentre los recursos con que cuenta España y los que EE.UU. tiene». Y elvaticinio se cumplió el 3 de julio de ese año.

La flota de Cervera entró a batalla con los buques de guerra estadounidense.Fue un desastre para España. Unos 350 marinos españoles murieron en elcombate. Otras 160 tropas fueron heridas y 1,600 soldados españoles, con sus 70oficiales, fueron tomados presos por las tropas norteamericanas, que sólosufrieron una baja y seis heridos.

El 11 de agosto de 1898, el Consejo de Ministros de España aceptó lascondiciones de paz, bosquejadas por los EE.UU., casi unilateralmente. Enresumen, España debía renunciar a la soberanía ejercida sobre Cuba, PuertoRico y otras islas de la Indias Occidentales, traspasándolas a los EE.UU., yevacuar a los funcionarios de su régimen en cualquiera de sus coloniasperdidas.

El mismo Blanco Erenas, quien había ordenado al Almirante Cervera su salidade la Bahía de Santiago y pelear, se sentiría insatisfecho; pero, como dijera,sería mejor para España «perder honorablemente en batalla que rendirse».

Al Duque de Almodóvar del Río, Juan M. Sánchez y Gutiérrez de Castro, ala sazón Ministro de Relaciones Exteriores de Sagasta, desde mayo de 1898, tocóla triste tarea de enmendar el golpe al orgullo y prestigio español que fue suexterminio como potencia colonial hegemónica en el Caribe. El fue uno de losplenipotenciarios que, en París, negociaría la paz con los EE.UU. y buscaríamejorar la posición diplomática de España.

Militarmente, tuvo muy poco espacio para defender los intereses españoles,sean cual fueren, porque ninguna colonia quiso seguir a la sombra de España,contrario al mito de la fidelidad puertorriqueña, antilla que en el discursopolítico colonial se refería como el epítome de fidelidad por ladespedida que se les ofreció al último Gobernador español.

El 21 de noviembre de 1898, los negociadores estadounidenses presentaron el ultimátum(de una semana) para que se decidiera sobre la compra de las Filipinas por$20 millones de dólares. Al mismo tiempo se hacieron, otros reclamos sobreCuba, Puerto Rico, Guam y la anexión de la isla de Kusaie, en las Carolinas, asícomo sobre derechos de cables telegráficos y puertos en otras tierras, y de nohaber respuesta, el riesgo sería el de encarar el reinicio de hostilidades.

El Duque de Almodóvar recomendó la firma del tratado porque España noresistiría otra confrontación militar y arriesgaba mucho más en no hacerlo;pero, por igual, acusó la presión alemana por comprar las islas del Pacífico.«Del árbol caído, todos cortan leñas», dijo.

En Puerto Rico, muy pocos entre los hombres críticos e insatisfechos delcolonialismo español, creyeron que España perdía honorablemente en lasbatallas. Cada pueblo de la isla tuvo una experiencia particular de informarsesobre los hechos militares, especialmente, en los que se perdían vidaspuertorriqueñas y una experiencia también única, pero sicológicamentedeterminada, sobre cómo educarse en cuanto a la situación que se avenía conel enfrentamiento de las potencias. Juzgar las relaciones de poder, en cuantoestructurales, no fue fácil. Tampoco lo fue evaluar el trato humano, entrecontendientes, no ya de los personeros de España como metrópolis, sino tambiénel comportamiento de sus civiles en los distintos estamentos de la sociedad.

Los parámetros a la mano funcionarían como ideologías e ideologemas (segúnel término, del teórico Fredric Jameson), quien sigue el lineamiento básicodel filósofo social Antonio Gramsci al decir que los hombres tomanconsciencia de su posición social en el terreno de las ideologías y todainiciativa histórica o reto ante la realidad cambiante, u opresiva, tiene uncometido que se formula ideológicamente y que consiste en cambiar las fasesprecedentes, hacer homogénea la cultura en un nivel superior al precedente.14

5. Una oportunidad de romper con el pasado

Mi tesis, tras haber estudiado las Partidas Sediciosas, como la respuesta másespontánea y genuina del anhelo innovativo de los participantes es que, enPuerto Rico esta lucha campesina surgió del afán, no reaccionario, por rompercon el pasado, no de conservarlo. El estímulo para la violencia fue creado porla polarización entre ricos y pobres, que fue aguda, y que pese a la legislaciónliberal que trajo el Estatuto Autonómico fue insuficiente para distraerla mentalidad de que el poder plutocrático quedaba intacto en los pueblos de laisla. La clase privilegiada quiso nuevo marcos de poder; la campesina, unajusticia largamente debida.

Por supuesto, Puerto Rico ya tenía una idiosincracia latinoamericana, caribeña,que conserva y las ofertas inciales para dar un marco jurídico a su identidadcolectiva se presentaron con los EE.UU., a la postre, su nuevo amo. Esta fue lailusión de muchos, especialmente, la clase obrera urbana y el campesinado. Paraalgunos importantes líderes de las partidas campesinas, el salto a la esfera deBarbosa, o el ilusionismo del incipiente Partido Republicano (anexionista,asimilista) fue fácil. Avelino Méndez fue el ejemplo. Los republicanosbarbosistas utilizaron el prestigio de profesionales de talento, como los pocosque había en Pepino, para predicar sobre un nuevo sentido de identidad dentrode la esfera mayor de la identidad jurídica estadounidense; Juan Tomás Cabán,en respuesta, decía que más vale ser cabeza de ratón que culo de león(Echeandía Font).

El sentido estricto, desde el cual se percibe el ser nacional puertorriqueño,vigente aún antes del hito externo de la Revolución de Lares, y al que invocoaquí, proviene de una definición de Juan José Hernández Arreguí: El sernacional emerge como comunidad escindida, en desarrollo y en discordia, comoproceso en movimiento, no como sustancialismo de la idea, sino como unacontrastación, velada o abierta, de las clases actuantes dentro de la comunidadnacional, no como nostalgia de los panteones y ornatos de la historia, no comouna paz, sino como una guerra. El ser nacional, en última instancia, pugna porcimentarse sobre las oposiciones de las clases sociales que luchan por el poderpolítico. En síntesis, el ser nacional no es uno, sino múltiple. ¿Quées el ser nacional, en: La Consciencia Histórica Iberoamericana(Buenos Aires, Editorial Hachea, 1972).

Es evidente que la invasión norteamericana de 1898 propició uno de losmomentos más críticos en la vida puertorriqueña. A pesar de la miseria quesufría el grueso de la población, no habría un espacio para mentir, o hilardelgado sobre los sentimientos nacionales. Las disyuntivas para elegir, o no, sedieron en el escenario más definidor y escindente: O colaboradores de losyanquis o pro españoles (aún el autonomismo con ribetes afectivos, osentimentalmente pro-españolista, el hispanismo culturizado, tendría quetronar).

En otro extremo, la opción fue: Con los yanquis o separatistas. O europeos ocriollos, donde la esencia de lo americano-criollo se fijaría por el contrasteexplícito con lo europeo-metropolítico. En algún sentido general, aunque nomenos práctico, la disyuntiva fue la Doctrina Monroe, tal como la postulóel sector puertorriqueño inclinado al anexionismo, desde antes de la invasiónestadounidense, y que repetía: O pasado o cambio. Si se optara por elpasado, éste sería revalidante del colonialismo europeo ante una doctrina que,desde 1823, quedó planteada en el Congreso de Washington y que dispuso que enel continente americano es el deber que se considere a cada país fuera delintento de ser colonizado por las potencias europeas. España debía serconsiderada como el rival amenazador de Europa en el traspatio de los EstadosUnidos.

Y volver la cara a España, tras la guerra, sería materialmente imposibleEstas son las ideologías y subproductos («ideologemas») que permearon estemomento. Las mismas se infieren del discurso opinante y las memorias de lasgentes entrevistadas.

España representa el pasado que se claudicó a sí mismo y cedió paso alpoderío norteamericano. El Desastre del Guacio y las ambivalencias delCoronel Julio Soto Villanueva, Antonio Osés y Pedro Arocena y Ozoresrepresentaron el derrotismo y al ejército español desmoralizado. Con Españano habría futuro. Los alzados del campo coincidieron con los gringos enplantear que España fue el rival europeo.

6. Revanchismo y Confrontación

En Pepino, donde se formaron varias partidas campesinas armadas con machetes,palos y pistolas, las facciones anti-españolas colaborabarían con losestadounidenses; otras fueron meramente defensivas y espontáneas, viéndose ladesorganización del comportamiento militar español. Entre las partidas oguerrillas que se daban un contenido anarco-campesino y socialistoide, huboinfantilismo revolucionario y mucho espontaneísmo. Pero la crítica a losbatallones de voluntarios que apoyaron a España fue feroz. Aún los miembrossupernumerarios de los batallones, si por alguna razón fueron conocidos enPepino, como el médico Antonio Guijarro Huesca, o las familias Castañer,(Antonio, e.g.,) Pavía y Prat-Contrich (todas con primeros y segundos tenientesen las fuerzas voluntarias, pro-españolas), era vituperadas y amenazadas con componte.

La célula llamada La Mano Negra, plagada de resentimiento,improvisación y revanchismo, fue el mejor ejemplo de oposición a ellos. Al ejércitoespañol, organizado con peninsulares y voluntarios criollos, llamados adefender la parte centro-occidental de la isla, le fue mal en el Combate deHormigueros del 10 de agosto de 1898, y esta batalla perdida desmoralizó alas tropas del Oeste, dándose incidentes casi surrealistas.

La columna militar de Soto Villanueva no se expuso, posiblemente con maliciasuya o atroz cobardía, en auxilio a los combatientes del pueblo de Hormigueros.Se quedó en el Cerro de las Mesas, con pocos ánimos de participar. Se estimóque 12 muertos y heridos y otros tantos prisioneros se produjeron para mayordescrédito de la conducta militar española. Tanto a él, como a su segundo almando, el coronel Antonio Osés, se les procesaría por cobardía en España.

Confundido por las noticias acerca de acciones armadas planeadas, aunque aúnno cometidas por las guerrillas, el coronel Soto Villanueva «se escondiócon sus hombres en la finca de Pérez Díaz» (sic.), 15 a pesarde que él tenía a su mando el Batallón Alfonso XIII, mismo que contabacon 6 compañías y una guerrilla montada de 60 hombres al mando del capitánRodríguez, es decir, 850 soldados en total.

El segundo al mando, en esta región isleña del Oeste, fue el CoronelAntonio Osés y los capitanes de compañías fueron: Torrecillas, FlorencioHuerto, García Cuyar, Espiñeira, González y Serena. Les colaboraban el SextoBatallón de Voluntarios, con 450 hombres, al mando del Coronel SalvadorSuau y dos comandantes, Fernández y Salazar; pero, como dijera en susentrevistas, la hija del último Alcalde español, don Manuel RodríguezCabrero, en San Sebastián del Pepino, de todos esos hombres llamados a sacarla cara por España no se hacía uno (cf. Entrevista con RodríguezRabell Vda. de Negrón, loc. cit.) Y eran 1,515 hombres, si descontamos el SéptimoBatallón de Voluntarios que se disolvió y los caídos en el Combate deHormigueros.

Generales, pacificadores y tenientes, sedientos de prebendas reales, habíansido los guías, voceros y representantes del poder de la Corona Española antepueblo puertorriqueño, por siglos. La regencia de Romualdo Palacios González,breve como fue (del 23 de marzo al 11 de noviembre de 1887), fueinolvidablemente cruel. Creó el odio al militarismo español que se evidenciópor una mayor polarización ideológica y un decenio después por el cruce debando entre las tropas. Con el respaldo de armas estadounidenses, losvoluntarios de Puerto Rico se prestaron a la tarea de ver la derrota delcolonialismo español. Las huestes gringas daban la bienvenida a esta ayudaextra de manos favorecedoras en la isla enemiga. Este fue el modus operandisde la revancha general. No pocos voluntarios jugaron dobles estándares por serantiespañoles siquitrillados.

El campesinado no fue precisamente afecto a España, al igual que sucedieraen Cuba. El campo se pobló de peonaje, malogrado por la desatención a susnecesidades de salud, educación y respeto por parte de sus patroneslatifundistas. Un peonaje dispuesto a dar precio de venganza por cuenta propia,machete en mano, o con ayuda del imponente ejército que con su sola presenciapuso a temblar a muchos españoles.

7. El país en la incertidumbre

En Pepino, el campesinado blanco, peninsular o criollo, observó el marasmopolítico, en medio del juego de fuerzas hostiles. Y desde el fin de laadministración del Gobernador General Sabás Marín, se acostaba y levantabasin saber quién habría de ser su gobernador.

Uno de los últimos gobernadores españoles, Ricardo de Ortega tuvo tresinterinatos el mismo año de 1898. Andrés González Muñoz murió a días de sunombramiento y el General Manuel Macías y Casado duró de febrero a octubre enel cargo antes de que Ortega lo sucediese como gobernador actuante con ladecepcionante y triste tarea de pasar el poder de la Isla al primero de trespacificadores del intervencionismo extranjero, quienes se turnaron comogobernadores militares ese mismo año de 1898: Nelson A. Miles, John R. Brooke yGuy Vernon Henry.

Los campesinos de origen peninsular, con anécdóticas nostalgias, comparabanlos sucesos locales y aquellos vividos o recordados y sucedidos en lasprovincias de España, donde surgía su ancestro familiar. Algunos de ellos yahabían comprendido las reformas autonómicas que representó el régimen deManuel Macías y Casado. Y eran apasionados autonomistas, aún liberales.Empero, el domicilio en Puerto Rico no cambió la condición socialsignificativamente del inmigrante peninsular pobre. Había rezago económico enEspaña lo mismo que en la isla. Por lo menos, en la isla siempre se presupusoque habría mayor paz. Así pensaron. Con cierta frontalidad, cónsona a suopinión política, para algunos inmigrantes españoles la razón de sudomicilio en la isla se cimentó en el descontento con las guerras internas enEspaña. 16

8. La Proclama Miles y las esperanzas

Curiosamente, al finalizar la Guerra Hispanoamericana, fueron las clasescriollas más cultas, medianos y grandes propietarios, las que se identificaronmás crédulamente con las promesas norteamericanas. Si bien la Proclama Milesno fue garantía de nada, la disyuntiva histórica, por el nuevo cambio desoberanía, apeló de modo conclusivo y rotundo a la comprensuón del hechoquepara sustituir la piedra que ya no destila (a España), según CarmeloCruz, habría que comenzar destituyendo a las botellas, el belén o el güamede los viejos funcionarios españoles, o incondicionales, por un nuevoliderazgo criollo. Los sediciosos del '98 creyeron que la innovación cuajaríadentro del espacio de la Gran Proclama: la caballerosidad delinvasor.

Entre los arrimados había el sueño de poseer sus pequeñas parcelas oagenciarse sus empleos seguros. Total, los peninsulares incondicionalesabandonaban sus tierras o se mudaban a España u otros pueblos, porque, aúnantes de la rebelión de Lares, Pepino tenía fama de hostil (D. Prat). 17

Afiliado a las partidas campesinas, Carmelo Cruz verbalizó la convenienciade utilizar el espacio que brindaba la Proclama Miles de modo diferente que loscolaboracionistas que se organizaron como los primeros federalistas republicanos(movimiento al que el Dr. Jorge Celso Barbosa dio unidad partidarista añosdespués). Cruz no creyó que la anexión a los Estados Unidos de Norteméricafuese una alternativa jurídica viable ni inmediata para la identidadpuertorriqueña. De todos modos, como jíbaro sencillo, se sentía satisfechocon saber que el borincano tenía un modo de ser, distinto al del peninsular,pero inasimilable al modo del anglosajón. Norteamérica, para él, nofue el modelo del progreso, no necesariamente de la libertad. Mas, al fin y a lapostre, todo colaboracionismo e ideología de desarrollo sucumbieron al pitiyankismoen la práctica y por desilusión. En Puerto Rico, después del 1900, siguieronlos cacicazgos. Se arropaban con los colores del unionismo y el republicanismofederalista.

Este es el por qué los sectores más prominentes de la población de Utuado,al ver llegar al General Roy Stone del Cuerpo de Ingenieros de las tropasnorteamericanas, salieron a ponérsele bajo sus órdenes y, entre ellos, elmismo Olivencia y los que fueron llamados los perdidos (B. Mayol, Mora, J. L.Casalduc, los Casellas y otros). «El progreso, como el camino de lalibertad, se hicieron sobre el cadáver del honor empobrecido. Oí a mi padredecirlo. Ni la pobreza ni la ambición tienen virtud» (Doña Bisa). 18

9. Los juegos del gato y el ratón

La mayor parte de los informes sobre la ubicación de las fuerzas españolasy norteamericanas que circularon durante tan críticos días, como fueron del 11al 15 de agosto de 1898, tendieron a ser falsos, o rumores malintencionados. EnUtuado, otrora bastión de haciendas cafetaleras y uno de los más prósperos,por su infraestructura, durante el gobierno español, las defensas militares sólopudieron reclutar a unos 20 guardias civiles para proteger al pueblo. Elcomandante de la guarnición, el Teniente Ulpiano de la Hoz, ordenó la huídade sus tropas a los primeros informes sobre el desembarco de tropasestadounidenses en Guánica. «Utuado se utilizó para echar miedo. Si lastropas invasoras entraron al centro de la isla, se las movería para cualquierpunto para hacer jaque en pueblitos y quitar a los alcaldes, o hacer matanza desediciosos» (Echeandía Font, loc. cit.).

Una de las tácticas de las partidas campesinas (para mantener a ambos ejércitosfuera de los puntos en que se harían ataques) fue ésa, confundir a losenemigos. «Entretenerlos en el juego del gato y el ratón» (EcheandíaFont). Ocupado Utuado por 75 tropas de la Compañía de Voluntarios deWisconsin, por regimientos de infantería de Illinois y Massachussett y casiel centenar de voluntarios piertorriqueños, anti-españoles, que respaldaban alGeneral Stone, las partidas «se comunicaban con los gringos para dar razónde operativos españoles; los querían enfrentar, pero, ¡que va! nadie queríaverse las caras, o pelear en medio de lluvias y matorrales» (EcheandíaFont). En Pepino, un militar estadounidense mató, por accidente al limpiar unrifle, a un muchachuelo que hurgaba de costumbre en el campamento y, en medio dela tensión que el incidente produjo, no se produjo la reacción de encono quelos agitadores esperaba como había miedo y la soldadesca española no queríadar la cara (González Cubero, loc. cit.).

Una guerrilla de 50 hombres o voluntarios a pie que, contrario a muchos españoles,conocía bien la ruralía, estuvo infiltrada entre las tropas de SotoVillanueva. Al mando de esos 50 guerrilleros estuvo un líder campesino, JuanchoBascarán, que ni quiso cuenta con los gringos ni con los peninsulares, y quetenía contactos con las fuerzas del cambio entre el campesinado del interior,entre ellos, Fermín Montalvo, Adolfo Babilonia y Flores Cachaco. 19

Soto Villanueva recibió por vía de un telegrama unas órdenes estrictas delGobernador Manuel Macías y Casado de que llevara consigo todo el equipo posiblepara contribuir a la defensa de Arecibo. La inminencia de la Toma de Arecibo portropas invasoras urgía más que cualquier hecho y se pidió que el equipo decampaña y cuarteles confiados a él llegaran a Arecibo en el menos tiempoposible.

A Soto Villanueva, el fatulo defensor del Oeste puertorriqueño, Macías ledijo que avanzara con los encargo por tren, en hito de mayor premura. Alegando,con anticipado temor, que podría ser cañoneado por el mar (sic), SotoVillanueva partió a Las Marías, pueblo que no tendría más importancia estratégicaque Arecibo, si la prioridad se señaló como apoyar eficientemente a lacapital, según un plan agresivo de España contra el invasor. «Las Maríasera como boca de lobo, callejón sin salida; área mala para esconderse si loque se quiso fue huir. Esta plaza fue buena para hacerse rendir» (EcheandíaFont).

Quizás, en aras de tal salida, Soto Villanueva dispersó, por igual, unaparte de sus hombres por Maricao. «En este juego del gato y el ratón, ¿sobreque lógica se justificaría meterse en Maricao, perder el tiempo allí? Lacapital fue lo que estuvo siempre en juego» (ibid.) En la bifurcación deLos Consumos, camino que corría por la derecha hacia Maricao y, por laizquierda, hacia Las Marías, la columna española de Soto Villanueva hizo altoen la finca de cafetales de la familia Nieva y cuando el administrador de lahacienda le informó sobre cierto monte y camino por el que llegarían losnorteamericanos, si es que vendrían, él apresuró fingidamente su salida,antes urdiendo su conveniente accidente, con el que se excusó para librarse deresponsabilidades, según testimonios Montalvo y Echeandía Font. Sí, al cruzarsobre un puente, camino al almacén de café donde pensaba esconderse, se cayópor accidente. «Y se hizo el gallo bobo para que lo cargaran» (FontEcheandía).

10. Las veleidades de Soto Villanueva

 

... Soto se escondía de la acción con descaro. El capitán de voluntarios, Arocena lo dijo por muchos años y fue por lo que se hizo republicano, pro-yankee, 'Cava un hoyo y entiérrate'. También Bascarán cuando lo miraba con miedo, se lo decía. Lo choteaba... Con Arocena, lo que pasó no fue que era cobarde, sino que aquí ya andaban quemando y, como era vecino de Doña Lola, de Mirabales, y de los Elizaldi, dijo que primero salvaba a los suyos y después a España. Entonces no le retiraron el respeto: sic., Entrevista con Delfín Bernal Toledo. Notas. 20

El entrevistado Miguel A. Montalvo, cuyo abuelo Fermín Montalvo Valentínencabezó una partida muy temida en el barrio Pozas, proveyó las coplas quecitaré y de las que M. González Cubero, Doña Lola Prat, Delfín Bernal y elLcdo. P. A. Echeandía, completaron y refrasearon algunas líneas. Según contaríaMontalvo, Fermín oyó tales coplas en bocas de voluntarios del Batallóndisuelto (guerrilleros a pie) y que dejaron la lucha porque: «... susfamilias estaban pasando hambre».

Al darse la derrota española en Hormigueros, frente a las narices de SotoVillanueva y viéndose que él no bajó a reforzar la resistencia, la gente delbarrio Pozas que se había reclutado para pelear volvió a sus hogares y algunosformaron una partida, «por si los americanos llegaran Pozas, matarlos apalos». 21

Por otra parte, el Lcdo. Echeandía Font explicó que el guerrillero Bascaránpertenecía, posiblemente, al batallón disuelto y fue testigo de ciertoincidente que el Capitán Rivero Méndez describió en su libro sobre la GuerraHispanoamericana: la discusión entre el Coronel Antonio Osés y SotoVillanueva, en que el primero lo llamó cobarde. Insinuó que suspresuntas costillas rotas eran machucones de miedo (Montalvo, loc. cit.)

Al principio, considerada la caída de Soto, desde una altura no mayor dediez pies, en la hacienda de Nieva, el Teniente Osés creyó que no fue tal unhecho fingido, pero detalles percibidos terminaron desengañándolo. Lo sucedidono fue grave.

Esta sospecha suya se confirmó por otros incidentes en la casa del AlcaldeOlivencia y de Blandín.

Soto Villanueva permanecía en la casa de Cirilo Blandín cuando Osés decidióque se avanzaría hacia Guacio, buscándose ya, para entonces por recomendacióndel coronel Salvador Suau, un paso transitable (el Vado de Zapata), que sehallaba donde el río Mayagüecillo se unía al Guacio. En fila india, AntonioOsés cruzó casi toda la columna de sus hombres, sin conocer con cuántaprontitud había avanzado el enemigo Gilbreath y Burke con sus tropas.

Ya, a estas alturas, entre los dirigentes mayores de las milicias en Pepino,comienza el miedo a las balas, la deshonra de España, «ahí se acabó todoy lo que se hizo fue echarse en cara todos por qué no peleaban, beber ron ymatar el hambre» (González Cubero).

Sí, se oyó fusilería y cañonazos en Pepino y fue en la Loma de LaMaravilla. Sólo Olea permaneció en la Loma, pero sin recibir órdenes decontestar el fuego a los gringos. Osés y el segundo teniente Lucas Hernández(que no habían cruzado todavía el río Guacio) reunieron a unos 60 hombresrezagados que contestaron el fuego durante 15 minutos.

La compañía del capitán González, la guerrilla montada y la gente almando de Salvador Suau, huyeron en estampidas, ocultándose entre los árboles.Cada quien se escondió donde pudo sin un plan de acción, durante ese medio díade vergüenza militar española.

Fue el 13 de agosto que, históricamente, es conocido como el Desastre delGuacio.

11. El trunco ajusticiamiento de Soto Villanueva

El pánico de la huída ante la agresiva fusilería de los invasores fue talque las tropas españoles dejaron el campo, a ambas orillas del río Guacio,regado con pertrechos, armas, mochilas, capacetes y equipo militar. El mismoBascarán fue forzado a escapar y lo haría rumbo a Lares. Desde temprano en lamañana, ese mismo día, 13 de agosto, miembros de una partida sediciosa, altiempo que iban invocándose unas coplas de Carmelo Cruz o de J. Barreiro, avanzóhacia la casa de Blandín, para ajusticiar a Soto Villanueva. Se gritaba ¡VivaPuerto Rico Libre!

Soto sacó su pistola para defender su vida; pero Cirilo Blandín lo detuvode disparar e hizo una elocuente defensa de la necesidad del estado de orden ycivilidad, condición que sería necesaria para ganar el respeto de losinvasores norteamericanos «y todas aquellas reformas que estaban en la mentede los alzados contra España». (Echeandía Font)

Por eso, Blandín convenció a la dirigencia de la partida de marcharse ysalvó la vida a Soto Villanueva, quien habría sido linchado por la turba.Muchos de los que se personaron (y atestiguaron el incidente) provenían de LasMarías, donde entraron y robaron «pollos y gallinas» a Los Velez(hacienda abandonada, por las que se habían peleado muchos descendientes de lafamilia Prat-Velez y Hermida).

En afán colaboracionista y como intérprete para una brigada de exploradoresestadounidenses, estuvo, por igual, el Dr. Vicente Lugo Viñas. El acompañaba ala caballería de Valentine, a la que seguía el paso, de cerca, como reesfuerzoy retaguardia, la brigada de infantería de Theodore Schwan. Por un camino deherradura, llegaron al Valle del Río Guacio, centro de combates.

Poco antes, por caminos del barrio Calabazas, los médicos de la Cruz Roja deSan Sebastián, Dr. José A. Franco Soto y Dr. M. Rodríguez Cancio avanzaron acaballo y llegaron al Vado de Zapata, en las cercanías de Guacio. Habían oídodisparos de fusil y cañonazos, hacía pocas horas.

En esta ocasión, Osés alegaría, como antes hizo Soto Villanueva, hallarseenfermo para cruzar el río y ponerse a salvo de las tropas americanas, conquienes mantuvieron fuego de retirada. El segundo hombre al mando de la defensadel Oeste pidió al Dr. Rodríguez Cancio que se comunicara con losestadounidenses para rendirse. Aquí se completaría el Desastre de Guacio.

Como médicos de la Cruz Roja, por el carácter neutral del cargo, lasolicitud de Osés de rendirse junto a su soldadesca (y que fuesen ellosemisarios del mensaje), fue tarea que se les vedaba cumplir. Los médicosinformaron que habían visto tropas estadounidenses rumbo a la casa-hacienda deBlandín. En el camino, por Calabazas, atendieron a un artillero herido y quemurió finalmente. También presenciaron la rendición de un grupo de españoles,entre ellos, un sargento del Batallón Alfonso XIII. Le informaron, además,que junto con Lugo Viñas habían visitado el cuartel que Schwan instaló en lospredios de Vegas de Blandín, es decir, su hacienda.

No hubo necesidad de que ni Rodríguez Cancio ni Franco se dieran a la tareadel choteo, máxime cuando ellos dos, simpatizantes de la autonomía bajo España,habrían favorecido que no fuesen Osés y su gente capturadas y, aún, lesofrecieron un caballo para que él no caminara, sin tan enfermo se sentía. Setrataba del dirigente y responsable de toda una tropa. A pocas horas, Osésmismo se entregó, yendo con este fin a la casa de Gerardo González; quienordenó que se preparara un arroz con pollo para el enfermo. Fue en este hogardonde Lugo Viñas y una tropelía prestada por Teodoro Schwan arrestarían a Osés,al teniente segundo Lucas Hernández y sus hombres, para un total de 56prisioneros de los yankees en la sola tarde, el 13 de agosto. Adicionalmente, enGuacio, las tropas invasoras incautaron 53 fusiles Mauser, 44 fusiles Remington,10,000 cartuchos de bala, un botiquín, 8 mulas, el caballo de Soto Villanueva yuna gran cantidad de mochilas.

De regreso a San Sebastián, como a las 5:00 de la tarde, los doctores de laCruz Roja se reencontraron con Osés, hallándolo en la casa de Gerardo González.Se extrañaron de «verlo tan buen dispuesto». El respondió que ya seencontraba mejor. Sólo el estrés de la guerra y el hambre lo tuvo enfermo.Echeandía Font adujo que, en conversaciones con el Dr. Franco, éste buscaba envano recordar lo que Carmelo Cruz y el gallego Barreiro habían escrito sobreSoto Villanueva para los apuntes de un libro que escribiría (la novela históricaJuan recuerda su pasado), pero que olvidaba las coplas porque «tratándosede cobardes todo se olvida».

Cuando finalmente expliqué a Echeandía Font que yo conocía tales coplas ya quienes las recordaban aún y que yo las incluiría en esta monografía, mientrevistado se emocionó mucho al yo leérselas, me pidió unas copias y selamentó, visiblemente mortificado, que el doctor Franco no viviera aún paraescucharlas.

12. «España se fue de bruces»

Echeandía Font tenía razón al aludir como autor de las coplas a JoaquínBarreiro, gallego independentista, que tenía una revista humorística, ElCarnaval, en calidad de editor y director de la misma, donde Carmelo Cruz,Epifanio Méndez y el fino poeta Ramón María Torres, hicieron travesurasliterarias anónimas y atacaban el régimen, por lo menos, en los albores de lahistoria literaria de San Sebastián. Barreiro fue acusado ante las tropas españolesde instigar sus ideas anarco-sindicalistas, colaborar con las PartidasSediciosas y sabotear los telegramas de la Oficina Local de Telégrafos a sucargo. «Un títere manejado por Cabán Rosa». Los informes dicen queBarreiro, telegrafista oficial de Pepino, se pasó a las líneas americanas yevitó así el arresto.

Las coplas que se le adjudicaron a Barreiro dicen:

Bascarán se está riendo
de que Soto se cayera,
pero el golpe verdadero
ni España lo perdonara;
Rodríguez mandó la Cruz * (Roja)
cuando el Guacio se creció
y ante las aguas crecidas
el cobarde se juyó.
España se fue de bruces
en el Vado de Zapata...
( ...incompleta...)
En la casa de Cirilo,
lo mismo que de Olivencia,
Osés a Soto le dijo:
sóis cobarde, sinvergüenza,
y verte quisiera yo
como al gringo de la jeta...

Por lo que estos versos son importantes es por confirmar que JuanchoBascarán fue testigo de varios incidentes de extraña conducta entre laoficialidad militar que, posiblemente, motivarían su retiro de la alianzacolaboradora con los españoles. Ilustraría que Carmelo Cruz estuvo enteradodel resentimiento colectivo contra las tropas invasoras (de ahí, vérseles como'al gringo de la jeta', verso contrapuesto al que hablara sobre el 'americanocomo hombre caballero / que tiene fuerza y dinero'). Aquí habría querecordar que este trovador supo sobre un incidente trágico ocurrido durante laestancia de tropas americanas en El Tendal; un soldado estadounidense quelimpiaba su arma mató accidentalmente uno niño pepiniano que curioseaba por elárea. El ejército pidió una disculpa ante Rodríguez Cabrero; pero aún asíse produjo mucho encono en la comunidad (González Cubero, loc. cit.)

El resbalón sobre el puente (que fracturara huesos a Soto Villanueva) sehizo símbolo de la burla colectiva a la caída del régimen («España se(iría) de bruces»), tal como Soto. Los versos captaron la memoria históricade las gentes, lugares de combates y desencantos anímicos. Se aludió aOlivencia, el alcalde ex officio de Utuado, que hospedó a Soto cuando sufrióla caída.

En una ocasión, por ejemplo, cuando Osés planificaba la retirada en casa deOlivencia y habiéndosele ya concedido el mando, al Soto Villanueva solicitarque «se le permitiera seguir en una camilla a la cabeza de la columna parano caer en manos enemigas», el Teniente Olea, en gesto más audaz y leal ala lucha contra los invasores, dijo que: «Más que en la retirada, debemospensar en enfrentar al enemigo y dar lucha en Las Marías, donde la gente estáintranquila».

Se refería a que había oído ya sobre las quemas y robos. Durante el calorde la discusión, Antonio Osés habló despectivamente de Soto, acusándole dementir sobre sus heridas y amenazándole con dejarlo. La madre del alcalde, queescuchaba en otra habitación, tomó valor e intervino al oir las alegaciones decobardía que se echaban unos y otros: «Cobardía es que abandonen al jefeherido y que, para peor deshonra, lo hallen escondido en la casa del Alcalde».

El Teniente Olea accedió a que se le llevara, pero que no fuese la tropa laque se distrajese «en los menesteres de cargarlo».

Olivencia pidió que dejaran algunos hombres con su madre porque temía a lasacciones de las partidas y Bartolomé Mayol y a José Lorenzo Casellas,funcionarios municipales, en propiedad, «no se les halla por ninguna parte».La razón: «se habían pasado al bando gringo» (Echeandía Font).

Al arreciar unas lluvias al siguiente día, Soto Villanueva se alojó con lafamilia Blandín y no quiso salir más, sino a rendirse.

Varios guerrilleros murieron en la crecida del río Guacio y le dijeron aSoto: «¿Cruzas o te quedas?» y él no se hizo de rogar, cuandoofrecieron llevarle al lugar seguro.

Sobrevivir a la guerra provocó una actitud renuente y esnobista. Sería unsuicidio enfrentarse al invasor que, con sus hechos, ya había probado queabatiría muy fácilmente a naciones mayores que la isla. Las declaraciones dePascual Cervera para la prensa española, alegando sus pocas «esperanzas desuperar con nuestras escuadras» las mismas proezas de Dewey en Manilabastaron, es decir, al medirse equitativamente la capacidad técnica del poderíonaval norteamericano con la naval española, ya se tendrían las señales delcomportamiento que, por sentido común, se vería entre los paisanos en la isla.No hay loco que coma lumbre.

No fue cobardía que los españoles lo comprendieran, mucho menos que, en susniveles locales, en las colonias pobres y aisladas, los milicianos loapalabraban con actitudes confirmativas.

Parte II

1. La desilusión y el discurso anarquista

En la primera parte de esta monografía, discutimos que, siendo Ministro deGobernación en España, el orador liberal Nicolás María Rivero, elbandolerismo en Andalucía fue reprimido en 1870. El Ministro de Gracia yJusticia, con el gobierno de P. M. Sagasta, Vicente Romero Girón hizo lo mismoen 1883, sucedido por Aureliano Linares, entonces ex-liberal que dio una vueltaen redondo como diputado tras su alianza con el conservador Cánovas delCastillo.

Un pepiniano fue fiscal durante los enjuiciamientos criminales relacionados aLa Mano Negra: Juan Hernández Arvizu.

Una familia local de apellido Moreno (que sabía de esa participación deHernández como fiscal) lo invitó a disertar en el Casino sobre el tema yprendió una mecha de discordias que duraría un decenio.

¡Y la ironía del proceso represivo en España fue que los golpes más rudoscontra las clases campesinas que clamaron por una organización bienhechora,mediante luchas activas y reinvindicadoras, los propinaron los políticosliberales! Se utilizaron funcionarios liberales criollos que, como en Pepino, sejactaron de sus aportes a la paz y el orden y ganaron el incrédulo desfavor desus pueblos nativos en Ultramar. Entonces, hubo quien dijera como su crítica aHernández Arvizu, «la Colonia no pide funcionarios, pide servilones,guabinas con sangre fría» (Prat). El insospechado resultado fue que seutilizara la mención de La Mano Negra, aún proscrita por la boca deHernández, Rivero y Romero Girón, para dar castigo a la España represora delcampesinado andaluz.

El anarquismo en España fue revolucionario, no por el uso de la violenciaque en si fue el recurso invocado por todas las clases (ya sea aquella querefugió sus intereses detrás del golpismo militar y los caprichos de lasguerras civiles), o el clero y la burguesía; fue revolucionario, en el sentidode que las voces más elocuentes del anarquismo español y el republicanismoradical, en última instancia, no propusieron el reformismo y sus clamores, sinoel reemplazo de la estructura social-política básica de aquella sociedad decaciques, misma que Cánovas del Castillo había perfeccionado como sistemapolítico. Quienes se hicieron protagonistas colectivos, al arrancar elmovimiento anarcocampesino y el cantonalismo, de viso radical, fue la clase másoprimida. Esto fue cierto en las colonias en el fin de siglo, aunque se dijera:«Esa gente pobrecita que, como niños van, a donde les llama cualquier agitador»(M. L. Rodríguez Rabell, loc. cit.).

Contrario al espontaneísmo exhibido en su organización en Pepino, hay queindicar que, en las agitaciones de Jerez de la Frontera y las influencias delmovimiento cantonalista de 1873, se había ofrecido un discurso ideológicoarticulado como guía, al que se fue añadiendo una interpretación y motivaciónque no provino de improvisaciones, sino del contexto especializado de cadasituación histórico-concreta y la fuerza moral importante que llevaba tras sí.

Uno de los líderes, Fermín Salvochea (1842-1907) se educó en Inglaterra;tenía formación y experiencia republicana y, antes de afiliarse al anarquismo,fue diputado de las Cortes Constituyentes de 1869 al 1871 y Alcalde de Cádiz.«No fueron bandoleros; rateros o camorristas, con caras pintadas, detrás delos cuales estaba un Vizconde... Simplemente, no fue así. Si con esos cuentosvino Juanito Arvizu (¿...?, sic.), me perdí de poco con no ir al Casino yescucharlo». 22

Salvochea tradujo a Kropotkin al español, no los folletines de Ponson sobreRocambole. Y, pese al idealismo liberal del Gobierno de Sagasta, Salmerón y PíMargall, él concluyó que los campesinos y los pobres de las ciudades tienen elderecho ético y moral a la violencia, a su uso revolucionario, a dar «fundamentoracional a su probabilidad de aprovechar las posibilidades reales de la libertady felicidad humanas», adecuando sus medios para alcanzar ese fin.

En este proceso, cuando la libertad se dispone a entrañar un cambio «eincluso una negación radical de la vida vigente», la violenciarevolucionaria es una forma defensiva frente a la violenciacontrarrevolucionaria, incluyendo «la función moral de la coersión, elpoder coercitivo de la ley, ya sea que se sitúe por encima de la soberanía oque se identifique con esta última»). 23

2. El eco local: «Todo comenzó en el Casino»...

En el pueblo del Pepino, antes y después de 1898, hubo quienes opinaron quelos anarquistas serían, potencialmente, los verdaderos reinvindicadores de losderechos campesinos en España. Entre éstos que así lo pensaron estaban JuanTomás Cabán Rosa, Joaquín y Pascasio Moreno, 24 Manuel P. González,25 Avelino Méndez Martínez (quien fuera padre del futuro Alcalde,Don Andrés Méndez Liciaga), Carmelo Cruz, 26 el maestro Lino Guzmán27 y otros. Pero ellos, a pesar de las metas solidarias con elpensamiento agrarista, español y puertorriqueño, sucumbieron a una especie deilusionismo autonomista o separatista, condenado a logros improbables y, en elmejor de los casos, tardíos.

Ambos ideales quedaron prontamente en el aire. El autonomismo bajo la banderaespañola serviría a unos cuantos líderes puertorriqueños para fascinarse conun segundo sueño guajiro: el autonomismo, ahora bajo el ala delos EE.UU.; pero, en el marco irremediable de la colonia, las mentespuertorriqueñas soñaron en grande. Unos con la república; otros con elfederalismo estadounidense. Aureliano y Avelino Méndez, por ejemplo, pasarondel separatismo recalcitrante al anexionismo. Y con esta misma fascinación seentretuvieron José Julio Henna y Roberto H. Todd en San Juan.

Al finalizar el régimen militar en Puerto Rico, con la aprobación del ActaOrgánica de 1900, o Ley Foraker, aquellos tientos y asomos defederalismo de 1899 madurarían en el unionismo y se desintegrarían, poco mástarde, en el liberalismo ambivalente.

El marasmo político finisecular fue tal que, aún después delrestablecimiento del orden civil, se tardaría más de una generación en poneral país sobre sus pies, con madurez de objetivos. «Todo el negocio de laspartidas se chaló», diría Prat y recordó que el capitán Arocena, quientenía una bandera española, ajada y revolcada por el campo y que le llevó asu casa para que ella la volviera a coser, decía: «Todo el mundo estásacando vientre de mal año. Los autonomistas sólo quieren comer a costillasdel yankee. Creen que ellos (los yanquis) van a traer abundancia y lo que traeránes una larga miseria».

La gente sin medios económicos necesitaba empleos. Con el régimen de España,en esta hora crucial, el trabajo escaseaba.

Lo que a Prat pareció una locura fue que Clementina Urrutia, más aguerridaque ella sobre los asuntos de la política, «enarboló la bandera en unacasuca de El Tendal» (Pueblo Nuevo) y como símbolo, ¿de qué? La profecíade Arocena la comprendía muy bien: el que se aliaba a los invasores buscaríasu propio bien: saciar hambres atrasadas o formar con ellos el nuevo eje depoder. El beneficio propio: zorra que ha desollado.

3. La zorra: ¿una revista anarquista?

Utilizando otra vez la metáfora de la zorra (que parecía influencia dejadapor los discursos de Clementina Urrutia en mítines socialistas y anarquistasde El Tendal), Prat comentaría que la democracia y el progreso de todos es «unacosa que nunca se ha visto y que no va a llegar: son como una zorra con dosrabos». Si alguna vez existió en Norteamérica, o en Grecia, la democraciay la justicia social, grandes temas que trajo la Proclama Miles para dar papillaa todo un pueblo, éstas habían dejado de existir material y moralmente. ¿Quéhabría en su lugar?

Una lucha de lobos, es decir, componendas y políticas vandálicas de guerray expoliación contra otras naciones para el saqueo de sus materias primas. Enla década de 1890, hizo su aparición la corriente de pensamiento geopolíticoen la Sociología y que, en rigor, por su despliegue y aplicación en el mundo,no fue otras cosa que un culto de adoración a la monarquía británica, a suinfluencia en los EE.UU. y a la complicidad con el dominio imperialangloamericano y su sistema parasitario después del asesinato de McKinley. ADolores Prat le estaban hablando en chino y le bastó saber que en Norteaméricahabía mucha miseria; la creyó porque Urrutia que viviera allá se lo dijodesde los huesos, su experiencia en Nueva York.

Al explicar sobre la Gran Urbe y contraponer su visión (más fatalista queplacentera) al ilusionismo que la gente del campo mostraba fue interesante suinvocación del enemigo menos obvio. Uno que siempre está detrás del poder deWashington y que frenará el progreso del pobre en todo siglo. Quienes hablaronsobre el anexionismo y el protectorado norteamericano para la isla de PuertoRico, voces como la de Cheo Font y Aurelio Méndez Martínez, no lacomprendieron ni se enteraron jamás.

La Venecia del Norte (nombre que alude a Inglaterra) es la zorra queazuza a los hijos (naciones) de perdición. De ésto trata un artículo, ocuento, que Prat recordara, contado por boca de Urrutia, y que es una alegoríasobre la monarquía inglesa y grupos anti-estadounidenses que alrededor del Príncipede Gales (más tarde, Eduardo VII), lanzaron esa operación mundial de lasguerras geopolíticas. Guerras que estallaron entre 1894 al 1917 y que fueron elastuto plan de la Monarquía (la Zorra inglesa) para enemistar entre sí anaciones que tomaban el modelo de cooperación y de fomento del bienestargeneral que, en su momento, encarnó el país estadounidense.

Son muchos los países y las facciones que la Zorra azuzó unos contra otros.En Estados Unidos, la Constitución federal, modelo y principio de grandezauniversalmente aclamada, dio motivo a muchas de las zorrerías inglesas que seanticiparon con odio por los EE.UU.. Las provisiones especiales sobre esclavitudy derechos de los Estados que se abrogaron los confederados revelaalgunos paralelismos con la historia de las partidas. Durante el régimen español,los portavoces de los agricultores y comerciantes más prósperos tenían lasmismas actitudes que los confederados de Jefferson Davis, R. R. Lee y A. H.Stephens.

La Confederación americana había sido el títere de la monarquíabritánica y sus valores políticos y sociales. La expansión de la esclavitud yla propagación de formas conexas de corrupción se ejemplificaron en el PartidoDemócrata de Martin Van Buren, Andrew Jackson, James Knox Polk, el usurpadordel Suroeste (héroe del expansionismo a costa de los mexicanos), FranklinPierce, otro expansionista y quien muriera en la oscuridad después de erráticasy vacilantes políticas que consolidaban el poder de los esclavistas), JamesBuchanan, ex-presidente vacilante ante la necesidad de abolir la esclavitud y,cuando fue Ministro en Gran Bretaña, uno de los credores del plan secreto de1854 para adquirir a Cuba y propulsar, con ayuda de proslavery Democrats,la extensión de la esclavitud.

La derrota de la Confederación ha sido llamada la Segunda RevoluciónAmericana, porque, de algún modo, fue el regreso a la imagen de los EE.UU. comoencarnación del principio de Bienestar General del pueblo llano, todas susclases y de la comunidad de naciones. Este principio se instituye en el Preámbulode la Carta Magna. Tan fundamental concepto fue planteado y examinado porel pueblo puertorriqueño que entró al coloniaje de una nación que en suConstitución consagra el principio y en la Proclama Miles prometiócompartirlo.

Los únicos testimonios orales que magnifican la alusión a la Zorra como códigode lenguaje político en el Pepino del primer decenio del siglo XX correspondena los ofrecidos por Dolores Prat, el Dr. Rabell Fernéndez y Montalvo Valentín.La pregunta ¿Qué cree usted de la Zorra de (Urrutia o Dioña Luce)----? por lo general, insolente y sarcástica cuando se hacíasorpresivamente; tenía para los interesados en el asunto, un contexto real, conun planteamiento que debería validarse con buenas razones. La alegoría delinglés que divide y vence; de la Zorra con que se alude al poder geopolítico yla nueva sociología política burguesa estaba en boca de muchos.

En el abismo de olvidos y memorias por rescatarn que aún vive este pueblo,la entrevistada D. Prat nos hablaría sobre una mujer, cuya primera llegada alPuerto Rico fue por la vía de Cuba, país que dejara tras tratos (¡no estáclaro si amorios!) con Gerardo Forest. Urrutia vivió en Nueva York y regresaráhuyéndole a la influenza que mataba a miles en la época. Ella trajo libros yrevistas. Dolores Prat llegó a la conclusión de que Clementina Urrutia, mediahermana de Pedro Ortiz y, por tanto, su pariente, sería antillanistacomo prefiriera decir antes que utilizar el término separatista; fueanarquista, pero de tradición que ella (Prat) no conoció porque se habíacocido en los EE.UU. y para Eulalia Prat, quien compartiera sus pocos libros einquietudes con su hija Dolores, «el anarquismo es español como mi mare»,«de modo que a la Zorra casi no la toqué; yo le dije a Clementina, mira y téncuidado con la gente con que llegaste».

Y, al advertir ésto, se refería a la familia de gitanos, es decir, a lavieja que con su hijo se hicieron huéspedes sospechosos del Hotel Juliá y «quelo mismo, por unas monedas dadas, te leía el Tarot que te hablaba sobre elImperio de las Tinieblas, los países de la perdición y la explotación delpobre por los demonios... Te hablaba del voto de la mujer» (sobre elcapitalismo y el sufragismo). Dolores sentía miedo de ella; a ClementinaUrrutia por consejo le había dicho: «El mundo está lleno de zorras yfantasmas, zorras con dos rabos y espectros».

Seguramente, este pesimismo no fue compartido por todos, pero fue elideologema flotante en las mentes de muchos pepinianos como Prat. Ya se hablabade que, en Puerto Rico, la colonia norteamericana traería como únicasoportunidades que los puertorriqueños se movilizaran como carne de cañón paralas guerras de EE.UU. o trabajos en la Gran Manzana o en cañaverales de Hawaiio Filipinas. Con la metáfora de la Zorra, Doña Luce y Clementina loprofetizaban. Para ellas, los cachorros y fotutos de Confederación fueronTheodor Roosevelt y Woodrow T. Wilson.

Símbolo de esta tragedia de expectativas amargas y de reformismo desesperadofueron las gestiones de dos Comisionados puertorriqueños ante el Congreso delos EE.UU.: Federico Degetau y Tulio Larrinaga, ambos autonomistas bajo el régimende España. Degetau fue el primero en gestionar que se concediera la ciudadaníanorteamericana a los habitantes del país que había quedado, prácticamente,sin ninguna ciudadanía. La petición no tuvo éxito. Con su sucesor, T.Larrinaga, sucedió lo mismo.

Pese a tres periodos de su representación como Comisionado en Wahington,D.C., la petición de mayor autogobierno insular en el marco federal y de laciudadanía estadounidense para los borincanos jamás fue exitosa ni se pudoreintroducir al Comité de Asuntos Insulares del Congreso. Doña M. Luisa(Bisa) Rodríguez Rabell recordaría que, en vísperas de la concesión de laciudadanía estadounidense, visitó a Doña Lola Prat en su casa de Mirabales yle informó sobre ese logro y cómo sería celebrado en la Plaza de Recreo.Entonces Prat le dijo: «¿De qué me preocupo yo? ¿Y qué debo festejar? Siyo voy a ser la última española de Mirabales y no sé para que le sirvirá auna vieja como yo esa ciudadanía».

4. Los factores externos

Para Urrutia, independentista, la ciudadanía estadounidense sería el findel sueño antillanista y de la continuidad del proceso emancipador. Entonces,en Pepino, muy poca gente entendía a lo que ella se refería cuando habló dela perversión del monroísmo. Esta doctrina, formulada por James Monroe,pretendía que los EE. UU. «would not entangle themselves in the broils ofthe Old World, nor suffer European powers to interfere in the affair of the New».La doctrina monroista, seguida por Cleveland y McKinley, fue iniciada por elPresidente John Quincy Adams en 1825, quien tuvo simpatías con el abolicionismoy se oponía a la anexión de Texas.

Mas, una vez aplicada, en su forma más negativa, a muchos descorazonaría.«The capture of Manila and the cession of the Phillipines to the United Statesin 1898, and still more the part of the Americans took in the World Wars haveabrogated a large part of this famous Doctrine». El monroismo sería tan sólouno de los factores originadores de frustración y cinismo. 28

Al principio, la clase intelectual borincana miró hacia Cuba como unahermana mayor, desde los tiempos de Lares. Los más honestos dirigentes, con laexcepción de De Diego, Luis Muñoz Rivera y R. Matienzo Cintrón, murierondemasiado pronto en el nuevo siglo y no fijaron sus nobles impulsos e idealescon sus personas. Lola Rodríguez de Tió, Pachín Marín, José de Diego, R.Matienzo Cintrón y el sabio Eugenio María de Hostos representaron los sueñosgrandes de antillanismo; pero, sin la derrota de España, estos logros sedemoraron para la misma Cuba y, sucesivamente, los primeros decenios de la Cubarepublicana se corrompieron por causa del intervencionismo estadounidense y lasinvocaciones a la Enmienda Platt por EE.UU. 29

Estos independentistas entendieron que el Estado soberano, ya no sujeto aldominio español ni a los EE.UU., sería el producto de la posibilidadprogresiva de la historia para darse las funciones públicas necesarias deautoprotección y organización contra cualquier otra extranjería colonial ointerventora. El Estado libre sería la culminación del desarrollo históricointerno. Asimismo, ellos visualizaron como el peligro más grande queprevaleciera dentro de la república la reminiscencia del pasado, la esencia noeliminada ni forzada a desaparecer de las clases antagónicas que se manifiestancomo el uso del Estado como instrumento político, o «maquinaria paramantener el dominio de una clase sobre otra» (V. I. Lenin, loc. cit, v. Nota#7).

Perdida la guerra, Puerto Rico, se sujetaría al gobierno militar del invasorque duraría más que el cubano. El 12 de abril de 1900, el Presidente McKinleyaprobó la Ley Foraker, primera ley orgánica de los EE.UU. en PuertoRico, tras el triunfo en la guerra. Esta ley desarticuló la infraestructura jurídicareformista de la nación en ciernes. Cuando se aprobó esa ley, Prat se prometióque sería española y empecinada por siempre. Como el viejo Arocena quehabía besado la bandera sucia y ajada de España (la que le dio alguna vez),ambos se burlaban de Muñoz Rivera que había jurado lealtad a España en 1896,cuando se anunció que murió Antonio Maceo, y que, sin embargo, contrario al Titánde Bronce de la Revolución de Independencia Cubana y gran disidente delPacto de Zajón, se entregaba como guabina al regocijo de su muerte para fingiruna lealtad que no llevaría él mismo a la tumba. Muñoz Rivera escribía en LaDemocracia: «Somos españoles y arropados en la bandera española, hemosde morir»; yuxtapuesta su idea, «Te voy a decir por quien moriría MuñozRivera, en cada lance por circo y maroma, por gastar la pólvora en salvas»(Prat).

Antes que la línea editorial del periódico El Regional de SanSebastián se volcara al unionismo y al muñocismo, algunas voces de laclase hacendataria española conservadora se pronunciaban en forma deeditoriales o cartas de reacción ante el pueblo. Respirando por la heridaes uno de esos documentos escritos que, en 1914, todavía reflejaba el fondoemocional dejado por las partidas de incendiarios en la psiquis colectivade la comunidad. Las partidas armadas y castigadoras (y el dulce amparoconcedido a ellas) fueron la manzana de discordia que dividió elquehacer de los primeros partidos en Pepino (Federal, Fusionista y la Unión).

De Diego, cuyo un punto de vista fue más definidamente independentista queel de Luis Muñoz Rivera) dejó el Partido Federal. Los republicanos acusaban alPartido Federal de excluyente y despótico y De Diego renunció a su ConsejoEjecutivo y protestó sus polLticas y lo mismo haría, poco después, ante elPartido Unionista, desde el que fue elegido a la Cámara de Delegados.

Muñoz Rivera, en afán de curar las disidencias internas que ocasionaba encualquier partido, hizo una visita al pueblo de Pepino y permanecIó en éstehasta el día de las elecciones en la que logró una mayoría de 2,608 votos;pero, localmente, nunca pudo ganarse el respeto del liderazgo local, ni deindependentistas ni de anexionistas.

5. Las herencias del caciquismo

Para las víctimas de las Partidas Sediciosas, muchas de los cuales fueronfamilias autonomistas sinceras, sólo que con fe en el proceso liberal español(tal vez ingenua fe, la misma fe que manifestara Baldorioty de Castro y De Diegocuando fueron partidarios del Partido Republicano Español), Muñoz Rivera fuela perfección del caciquismo. Y fue llamado Don Luis I, de Barranquitas.Es curioso que la crítica a Muñoz Rivera, en el sentido de que, con suscriterios de dirigencia, se había convertido en el muro de contención alavance de la independencia, al menos en este pueblo, se hiciera por miembros dela vieja clase hacendataria, en las miras de componte nuevo por los 'sediciosos'de 1898. Pascasio Moreno, Cecilio Echeandía Medina, Miguel Tomás LaurnagaSagardía, Domingo Liciaga, Jaunarena Azcue y J. M. Font Feliú, coincidían enla crítica. No les convencía de ser sincero, sino un lobo competidor que parecíadecirles a muchos: ¡Vúelvanse a España; aquí, con el nuevo régimen, sonintrusos faroleros!

A las partidas en Quebradillas, Camuy y Pepino, fueron las organizó elunionismo, como engendro creado por obsesiones controladoras y, en el peor delos casos, debilidad moral de la mayoría ante la violencia. Los tres pueblosfueron bastiones unionistas que se hicieron símbolos de vandalismo en PuertoRico, gracias a la artificial y bien orquestada guerra propagandística entregacetas, La Democracia, por un lado, y el El Tiempo. Esta de tendenciaanexionista.

Ciertamente, para muchos propietarios, cuya principal fuente de ingresos fueel café, la depresión y el tránsito al nuevo tipo de comercio y tarifas, conlos EE.UU. fue un golpe rudo. El café constituyó el 41% de la tierra cultivadaen la isla y su valor fue tres veces más que el derivado de la importación dela caña de azúcar. El campesinado--------

Mis entrevistados M. González Cubero y Rodríguez Arvelo dijeron que unafrase resumió la actitud política de los campesinos que se armaron y que seaplicara a cafetaleros peninsulares, burócratas y comerciantes unionistas: cuñasdel mismo palo. Con la frase, se acusó la estéril lucha de esos primerosdecenios del siglo y la superficialidad del debate político ofrecido por lagente en el poder. Unos, conformes con el recortado poder gubernamental y otros,con su poder económico en declive, ya presionados por la nueva dirección delpaís y rumbo de la economía durante una crisis orgánica.

Los rebeldes de 1898, los que realmente participaron y se quedaron realengosy en un limbo, porque no tenían simpatías ni con españoles (convertidosen barbosistas) ni con unionistas (que no querían ya a los socialistas yex-miembros de las partidas), quedaron aún en mayor perplejidad eincertidumbre. Haya sido Pascasio Moreno, Jacinto Oronoz Rodón o Cabán Rosa elque definiera así a las dos fuerzas en pugna, cuñas del mismo palo, ambasalimentadas por el reformismo, la frase halló resonancia y tuvo porconsecuencia el desprecio popular a los partidos de los ricos (es decir,Unionista y Republicano).

6. La sobrevaloración del miedo y la novedad

En la visión de sus críticos (es decir, latifundistas del cafetal), losunionistas adoptaron una tónica excluyente contra los hacendados peninsulares ycriollos. Azuzaron el odio contra ellos en vez de ir en pos de patriotismoamplio, inteligente, armonizador. En adición, pusieron toda la culpa deldesastre económico y político en el peninsular. Cómo se utilizaron las ínfulasde apellido y de cortesanía para acceder al poder como miembros natos de las Cámarasmotivo para las sornas del Unionismo. De hecho, las Constituciones españolas de1845 y 1876 acostumbró a la claque hacendataria, educada, próspera y nacida enEspaña, a invocar su grandeza, presunción de nobleza de sangre y serviciosprestados a la Corona, para integrar las Cámaras y el Senado. Un Estatuto Realde 1834 hizo de los Grandes de España un estrato superior de la monarquíamoderna que, aunque menos riguroso que los Veinticinco Grandes, «Primos delRey», amplió la representación conservadora y realista. Juan HernándezArvizu fue un ejemplo de estos privilegios.

De la tradición teatral y los sainetes, se tomaron los motivos parasatirizar a los representantes de 300 años de despotismo y colonialismo español.El soldado fanfarrón y presuntuoso es uno de esos tipos (plasmados,desde antes de 1800, en el teatro español) que las décimas de los alzados del1898 aludieron al mencionar a Guijarro y Raniero; la oratoria ridícula, l (comoen en Fray Gerundio de Campazas, -------

Durante los debates entre anexionistas, federalistas y unionistas, elfantasma de las quemas, robos y asesinatos se describía tan amarga eintensamente que los comisionados en Washington, D.C. recibían como bofetadaslas excusas frívolas y quejas reactivas del sector político anglosajón sobrela supuesta resistencia interna. Los EE.UU. quería menos desafío a su cómodaposición de colonizador. Larrinaga acusaba a los ricos anexionistas del paísde obstruir los esfuerzos del Partido Unionista y no sumar fuerzas hacia elmismo reclamo de gobierno amplio para los asuntos locales. «(He) held theview that anti-American sentiments and attitudes were fabricated to sabotagecongressional efforts to amend the Foraker Act».

Muy pocos entre los unionistas estaban dispuestos a pintar una escenacrudaasas dotesa asobre lo que fue la vida en los EE.UU. en tales fechas. Secreyeron la propaganda vigente sobre la tradición interna de los EE.UU. comobastión de libertades civiles, democracia, libertad económica y progresoindustrial. Los anarcosocialistas y socialistas sí estaban dispuesto adesmentir este cuadro ilusionante e informarse. A pesar de la admiración quedespertó el proceso inicial (la glamorizada idea de las Trece Colonias y elorigen cuáquero, o religioso-espiritual de su democracia y ética calvinistadel trabajo), la nación estadounidense estuvo en la mirilla de los cubanos,dominicanos y mexicanos, cuyas experiencias comunitarias no fueron tan halagüeñas.Si se pretendía como modelo a seguir, muchas cosas tendrían que resolverse;pero el análisis político-económico ante el trato que daba a muchas porcionesde sus nativos e inmigrantes fue alarmante, así como evasivo y oscuro.

El anexionismo glorificador de la América del Norte jugaba a la gallinaciega y, según convino, acusaba de antiyankee a los medianeros que no leentraban al negocio de la caña; sustituyendo el café, a partir de 1910, cuandoen Pepino, con capital de Eduardo Giorgetti y bajo su presidencia, se fundó laCentral Plata; pero, al mismo tiempo, para cerrar los ojos a lo que inspiró elcalificativo del Aguila del Norte, renunciaron a dar luchas por el bienestarsocial, en fin, las luchas necesarias para combatir el colonialismo y la pobrezadel campesinado. Temas sobre el cual, desde 1880, ya hablaba valientemente ensus discursos y libros Adolfo Medina González, así como sus hermanos Julio yZenón.

En la isla entera, como en Pepino, se jugó con el miedo. Temor a nuestrapropia civilidad. Según Rodríguez, cuando ocurrió un incendio en el mismoCasco Urbano o centro del pueblo y, prácticamente, el Viejo Pepino desapareció,había un temor enorme a que volvieran los días o los meses de terror queprodujeron las partidas. El hecho es que, a esta altura, es imposible verificarsi el incendio en la casa de Doña Mariana Rubio fue intencional, maliciosamenteprovocado; pero el fuego se propagó tan rápido que, para contener sus llamas,se tuvo que demoler 62 chozas en el sector Guayabal. Ese funesto día del 31 demarzo de 1906 inspiró que muchas personas pensaran que las Partidas Sediciosashabían cambiado del ataque frontal, avisado y técnicamente planificado, alprincipio del terror.

No fue la primera vez que, después del brote de bandolerismo y quemas de1898, surgiera un fuego misterioso y originador de más miseria. Por el relatode Echeandía Font y las páginas dedicadas por Méndez Liciaga en su Boceto,sabemos sobre el en su día famoso Fuego de Castañer y sobre cómo se supuso elúltimo ataque de las Partidas Sediciosas en Pepino. Más de un decenio después,José Aldea Rubio y Teresa Medina Medina, su esposa, alegarían que el Fuegode Castañer del 17 de febrero del 1899, lo mismo que el que consumiera lacasa de Mariana Rubio en 1906, fueron premeditados, no accidentes. Alimentó lasospecha el hecho de que José Castañer Márquez estaba casado con Juana MaríaJosefa Font Feliú, hermana de Cheo Font. Se sospechaba Estuvo como su creadorcriminal la mano negra de alguna partida. «La mucha insistenciaexageradora sobre el asunto de los comevacas y tiznaos dañó la confianza políticaen este pueblo» (Victor Cardona, loc. cit.)

Mi entrevistada Mariana Rivera Alers relató que José Castañer Márquez,propietario mallorquín en Lares y Culebrinas, visitó a sus padres VicenteRivera y Alejandrina Alers. Este hombre (don José) estaba muy asustado y temíapor su vida. Llegó a la casa de los Rivera Alers e invitó a don Vicente a serparte de una delegación que iría a visitar al Gobernador. Discutirían quéalternativas o cursos de acción debían tomarse para acabar el odio, laviolencia y frenar todo lo que estaba destruyendo a Pepino. Quiso seleccionar ala gente más querida y respetada del pueblo para tal trámite. Había pensadoen Pedro A. Echeandía Medina, Gabriel Martínez Fernández, Ramón DíazLiciaga y otros. La audiencia con el Gobernador no se realizó lo que deprimiómucho más a Castañer. Se suicidó, al fin de cuentas.

En discutir, si primero sería preferible solicitar audiencia con MuñozRivera u otros comisionados de los designados por el Gobernador americano, sedesperdició el tiempo. Aunque la gente por él contactada en Pepino venció elmiedo a las venganza que pudieran resultar y quiso ayudar, nada se hizo. «Conrazón, doña Lola Prat decía que la gente unionista, impertinente, mejor nodecirle ni trisito o zurra que es tarde». 30

Es que las razones aducidas como explicación del horrendo incendio del 17 defebrero de 1899 y que la comunidad bautizó como el Fuego de Castañer, fue lanegativa de Don José a demoler una residencia de su propiedad, por lo que elfuego se extendió innecesaria y vorazmente, no pudiéndose controlar. El puebloquedó en miseria. 31

Rivera Alers desmintió la versión sobre estos hechos que diera Font Echeandíacuando adujo que Castañer Márquez, avergonzado y despreciado por los vecinos,por su tardanza en demoler una residencia de su propiedad, se regresó a Méxicoy dejó abandonada a su esposa Francisca María Font y a su prole de tres hijos.Que fue ante la imposibilidad de rehacer su fortuna, por malos negocios en México,que él se envenenó. Rivera Alers dijo que él se mató en Pepino, deprimido,porque su gestión de conciliarse con las Partidas fracasó. «Los unionistaschantajearon a todo español con soltar a los tiznaos, porque así de puerca erala política de aquellos años» (Echeandía Font).

7. Los invasores como águilas

Desde seis décadas atrás, el movimiento independentista había observado lainsolencia y desparpajo con que William H. Harrison se referió a Simón Bolívar(1828); tocaron a uno de los ídolos de la América ya liberada de España y,desde entonces, los intelectuales de Sur América y el Caribe aprenderían ajuzgar críticamente toda acción política que procediera del Norte.Paulatinamente, con el despertar ocasionado por el insulto a Bolívar, por unpresidente estadounidense, esta nación fue herida sin piedad con la metáforadel águila o monstruo rapaz que crecería, aún comiendo de las entrañas desus propias comunidades étnicas o sus inmigrantes.

Este movimiento de colonialismo interno crecía terroritorialmente y elImperio del Aguila se supuso indetenible. En 1848, con Polk, quedó oficializadala adquisición por la Unión de Arizona, California, Colorado, Nevada, New México,Utah y Wyoming.

¿Y de qué símbolo sería éso? Del águila en expansión.

Descritas como minorías, aún estas gentes dentro del territorio, fueron políticamenteatacadas, cultural y sicológicamente desclasadas. «English settlers weredislocating, decimating, and assimilating the native populations of the easternand midwestern United States. The 'protection' offered to Mexicans under theTreaty of Guadalupe Hidalgo (1848) was broken by the United States in the sameway that they violated treaties wih the others indiginous nations». 32

A la vieja noción del Aguila del Norte, intervencionista y esclavista, se añadiríancada vez mayores críticas. En tiempos de los presidentes Chester Allan Arthur yGrover Cleveland: Norteamérica fue vista como excluyente y soberbia. Suobjetivo, uno que no cejaría, asaz obstinado. The United States could notassimilate and Americanize the Native Americans fast enough.

T. Larrinaga, F. Degetau y José Celso Barbosa conocerían años más tardeesta realidad, al juzgar el maltrato a los obreros, a los inmigrantes(especialmente, a los indígenas, mexicanos y chinos) y a «todos losrenuentes a la asimilación» y al propósito de advenir como ciudadanos.Eran, sin duda, sujetos del desprecio y de una petición dura y condicionante.«The savage shall become a citizen». Para este propósito, «a criticalstep in the Americanization of Southwest school was the removal of Catholicofficials from school boards and replaced with Anglo Protestants». (Dra.Susana Flores y Dr. Enrique G. Murillo, ldc. cit.). 33

El 29 de diciembre de 1890, ya no pasaría desaperciba a la atención delpensamiento anarquista en los EE.UU. ni al de América Latina, el más grandeconflicto entre indígenas nativo-americanos y tropas del ejército federal. La Matanzade Wounded Knee durante la administración de Harrison. Tampoco pasaríadesaparecibida en el decenio de 1890 lo que, en los estados del Sur, fueronconocidas como las Jim Crowe Laws (segregación de los negros en áreas,distantes de la población blanca, en el uso de oficinas públicas, servicios detransportación, hoteles, teatros, hospitales, etc.) y la infame doctrina jurídicade separate but equals.

8. Investigación de la rabia contenida

Conocido ya este contexto, procederé a hallar las voces para un relato que,por mi investigación, explique lo que Echeandía Font llamara «un momentoen que se llenó la cabeza a la gente, en pueblo y campo, de ideas foráneas ysocialistas»; «no fue sólo contra España, sino contra los americanos» (GonzálezCubero); «había gente con estudios que simpatizaba, diciendo que habíamoscaido en las garras del Aguila americana» (P. T. Labayen).

Es cierto que la primera condición que aflora, al utilizar la historia oralcomo metodología de estudio, nos llevará a un fondo emocional ante loseventos; pero es preciso definir las ideas que permearon la época, porque lageneralidad de quienes aportaron su relato a este trabajo coincidió en el hechode que se sintieron asombradas de que gente que había sido pacífica se politizóy participó. «Ellos sabían a lo que se metían» (González Cubero,loc. cit.).

A todas las personas entrevistadas, presenté como preguntas iniciales parasu aporte al relato memorante las siguientes:

(1) ¿Por qué fue importante para usted conservar, o no olvidar, lo que vioo supo acerca de los hechos (las partidas sediciosas) y de los que participaron?¿Le dio miedo o pena saber de tal asunto?

(2) ¿Tuvo gran interés, o un interés personal, en conocer sobre otroscasos o víctimas de las Partidas Sediciosas, o conocer quiénes participaron, opor qué? ¿Llegó a conocerlos personalmente, antes de que murieran?

(3) ¿En qué ocasiones, públicas o privadas, la gente o su familiacomentaba sobre esos hechos de sangre, o sobre los robos o los participantes?

(4) Quien le contó, ¿sentía odio y hostilidad por los agresores u otragente relacionada? ¿Cambió la vida de ellos, el modo de ganarse la vida, o eltrato con la gente?

(5) ¿Sabía usted sobre algo sospechoso o cuestionable en el carácter moralo la vida pública de la víctima? ¿Alguna razón para que tal personainspirara odio o rechazo en la comunidad? ¿Quién le dijo?

(6) ¿Oyó las décimas o coplas que se cantaban en 1898? ¿De quién las oyó?¿Supo si se repetían esas décimas alguna vez, al paso de los años?

(7) ¿Se interesó usted en hablar con sus padres y abuelos sobre cómo fuela vida (costumbres, creencias, oficios, instituciones, etc.) en los años enque ellos vivían? ¿Les pedía usted a ellos que le contaran sobre los hechoshistóricos y las gentes que ellos conocieron?

(8) ¿Ha sido usted una persona que se interesa por la política, sea por laelección de alcaldes, legisladores o gobernadores? ¿Vota o prefiere nohacerlo?

(9) ¿Piensa que la política es necesaria y útil, o que es un malnecesario? ¿Quién cree que es la persona que más sabe de política o dehistoria en este pueblo?

(10) ¿Hay alguna familia de Pepino que usted admire mucho porque ésta hayaservido a la comunidad, o porque conoce sobre sus méritos y que no haya estadoemparentada a la suya?

(11) Cuando ve el nombre de las calles del pueblo, o de escuelas, hospitaleso de la misma Plaza (Baldorioty de Castro), ¿sabe por qué se llaman así?

(12) ¿Oyó usted antes los términos o nombres de partidos políticos quefueran como los siguientes: conservador, unionista, liberal, autonomista,separatista, anarquista, republicano, etc.?

9. «A todos se nos cayó la casa encima; todos empobrecimos»

El año 1898 fue uno sobre el que los abuelos de mi generación de pepinianosguardaron muchísimas memorias, pocas veces contadas. Para muchas familiaslocales, unas peninsulares y otras criollas, fue el año de separaciones,despedidas y regresos a España. Laurnaga Sagardía, Hermidas, Rodón,Caballero, Alers, entre otras, se cuentan entre las familias en diáspora. Es elaño de la primera ilusión autonomista y de su derrumbe. El año deldescorazonamiento político del coronel Gerardo Forest, quien batalló hastaalcanzar rango de comandante en la manigua cubana contra España y regresó aPuerto Rico, para el triste encuentro con una realidad desmoralizadora paracualquier combatiente revolucionario.

El auxilio cubano para la liberación de Puerto Rico murió con Betances y DeHostos. La opción o sueño de libertad y soberanía en el contexto antillanistase hizo sal y agua. Cuba se inhabilitó para ser el ancla de esperanza a lasilusiones libertarias de Puerto Rico. En Pepino, como en Puerto Rico, GerardoForest fue parte de ese proyecto, por el cual vendió su botica en el pueblo ymarchó a servir la causa de las libertades antillanas. La Doctrina Rooseveltdio garrotazo de muerte a la esperanza puertorriqueña.34

Aún triunfante la revolución en Cuba, el fantasma del anarquismo y elracismo se dibujaron como factores para que Bartolomé Massó, electo en laConstituyente de Yara como presidente y primer veedor de la Constitución de laRepública, junto a su jefe militar Máximo Gómez, no triunfaran. EstaConstitución republicana estuvo precedida por tres años de dominio militarestadounidense, encarnado en la persona de Leonard Wood (21 de febrero de 1901y, poco después, con el contigente de más de 15,000 militares estadounidensesque hizo arbitraje de fuerza en la crisis constitucional (1906 a 1909) cubana.

En el contingente de militares y mercenarios de EE.UU. en Cuba, estuvo unpepiniano: Blanco Ortiz Vélez. 35

Al pisar tierra cubana, los norteamericanos todavía conservaron el temor dehallar más piratas que anarquistas (D. Dolores Prat) 30porque los revolucionarios antillanos tendrían tratos con las islas y cayosque, siendo otrora parte de España, se trocaron en poderío inglés por despojomilitar desde 1655 y por el Tratado de Madrid de 1670. El freno a lapiratería no se logró, entonces; pero el fin de la trata negrera en 1807 y eldecreto del fin de la esclavitud (1833) se anticipó por más de cuatro deceniosa conquistas similares en Cuba y Puerto Rico.

Vistas como naciones que arrastraron los pies, en materia de concederderechos humanos y civiles a los negros, «a las antillas llenas de piratas ya las Filipinas, llenas de malvivientes, como México de bandidos», se pedíaque fueran subyugadas como parte de la Marcha de las Banderas. A principios desiglo, EE.UU. se sentía con la autoridad moral para educar al mundo en cuantoderechos humanos. Propagandista de este ideal, con discurso feroz, el candidatoal Senado por Indiana, Albert J. Beveridge, glorificador del imperialismo,discursaría en 1899: «Sólo las almas timoratas le dicen no a la necesidadde nuevos territorios... William McKinley planta la bandera en islas de losmares, amplía el comercio, citadelas de seguridad nacional, y la marcha denuestra bandera continúa». El asesinato de McKinley por el anarquista LeónF. Czolgosz recrudeció los cantos de sirena de Beveridge.

Ni Cuba ni Puerto Rico tuvieron una infraestructura, comercial e industrial,por la que la inteligencia militar norteamericana, pensara que hallaría unaplaza forjada para el anarcosindicalismo. Por menosprecio, el anarquismo seasociaba en estas áreas, como en siglos anteriores, al fantasma delfilibusterismo: freebooter / filibustier, en francés.

Sin embargo, el anarquismo concebido así, como filibusterismo, importómenos a los militares estadounidenses que identificar a los revolucionariosantillanos a los que calificaron como proscritos. España colaboró en latarea de identificarlos y el anarquismo, cualquiera fuera la definición ideada,se descartó como peligro.

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36

Durante la administración de Ulysses S. Grant, surgió una crisis bancaria.Esta repercutiría en el mundo. 37 y se agravaría con el Pánicofinanciero de 1893 durante la administración de Grover Cleveland.

¿Qué produjo la depresión mundial de 1873 y el Pánico financiero de 1897,con su subsecuente depresión de cuatro años, en Puerto Rico?

El cierre de comercios, el alza de precios, el gasto en las partidasmilitares en España, etc. contribuyeron a brotes de hambre en la isla. Un casoespecífico en Pepino fue el del comerciante peninsular Antonio Pavía Conca,quien vendía al mayoreo alimentos y licores. Su modo de encarar la situaciónfue típico. El eliminó sus ventas a crédito y redujo sus compras a los pequeñosagricultores que lo surtían en Pepino. Sus medidas ante la crisis de 1898molestaron a muchos ventorrilleros.

Otro tanto hizo la Laurnaga y Co. y la más poderosa casa comercialimportadora, M. J. Cabrero y Co.

Uno de los fundadores la M. J. Cabrero y Co., dejó la empresa a cargode otros parientes y se mudó con su familia a España. Manuel Joaquín CabreroEcheandía, gerente de tal firma y apasionado autonomista, 38 huyó,anticipándose a la guerra irremisible. Es un hecho que si, al decir de Bernabé,«el autonomismo, que parecía muerto en 1898, gozaría de una segundaoportunidad sobre la tierra bajo el nuevo régimen colonial norteamericano», nosería con la ayuda de los más ricos.

La economía de la isla se resintió, pese a las nuevas libertades económicasque había concedido la autonomía, debido a la tensa situación internacional.Tarifas más altas para el azúcar, el café, el tabaco y los frutos menores,dictadas por la administración del Presidente William McKinley. Explica RafaelBernabé en su artículo Rebelión en las colonias: Puerto Rico 1898:

 

... Si bien las transformaciones que siguieron al '98 crearon el terreno para el nacimiento del movimiento obrero como nuevo agente social, también ayudaron a que viviera sus primeras décadas vinculado al sindicalismo conservador encamado en la American Federation of Labor. Por su lado, los sectores más beneficiados por la nueva relación (como los azucareros) prefirieron acomodarse al régimen existente. Los menos favorecidos (como los cafetaleros) no articularon más que débiles peticiones de reformas. En ambos casos, las clases poseedoras desplegaban una política de reforma colonial en el contexto de la relación de la no incorporación. 39

10. La gran estampida

De hecho, de los 162 peninsulares y extranjeros (con cartas de vecindad,expedidas para sus familias nacidas en Ultramar), domiciliados en Pepino, segúnel censo previo al 1898, quedaron 82 familias al año siguiente. El Censo deVecinos, ordenado por las autoridades norteamericanas, mostró la diásporamigratoria. La mitad de los peninsulares se largó para 1899 de regreso a Españao hacia otros pueblos. Y, por llevarse sus capitales líquidos, arruinaron alpueblo.

Muchos ricos propietarios peninsulares y criollos confirmaron la estampida,no sólo en el área occidental de la Isla, en todo Puerto Rico. El modelo hasido repetido históricamente como esencia misma del colonialismo económico. Elcolono salvaría sus capitales. En las horas cruciales, lo llevaría consigo,confiado en vivir ricamente en España.

En las plazas públicas por toda la isla, el Dr. Jorge Celso Barbosa, quiense pronunció por el anexionismo pitiyankee, denunciaba a estos hombresal decir: «...aquellos que desembarcaron en nuestras playas sin una peseta,casi niños, sin instrucción, pero con algunas cartas para los tíos en la isla»son los que ahora se van. «Y de dependientes, en pocos años, seretiraban del comercio del país y se regresaban a su querida patria, cargadosde honores, con títulos de marqueses y condes, comprados con sus ahorros, avivir lujosamente en alguna barriada hermosa» 40 de España.

11. Trisitos y chiripas

Las presiones del pánico financiero (1893-97), la depresión, las políticasmonroístas de Cleveland fueron preambulares. Las señales de zozobra y angustiamás dramáticas las trajo ya la invasión. En Pepino, los escenarios de lucha oamenaza se dejaron sentir desde el 3 de agosto de 1898 cuando el general RoyStone llegó de Adjuntas a Utuado. Un grupo de utuadeños (de los entoncesllamados pitiyankis, entre ellos encabezádolos Salvador Pérez Gerena yRamón Hernández Olivencia), se unieron como auxiliares a la tropelía yankee.Los pepinianos (que tanto habían cultivado el mito de Lares como ofrendaa la Patria y la necesidad del rechazo de los amos) se sintieron cercados,acechados y temerosos de que el pitiyanquismo surgiera como una mácula. Ya sehabía oído por las noticias de Utuado que el estigma ofendía y choteaba a loscobardes en el pueblo.

 

... antes de verse a los 'americanos' por primera vez no se confiaba en ellos, se sabía que eran fuertes, poderosos... por más que Avelino y su gente decía que estaban ayudando a Cuba para liberarla, se tenía miedo que acañanoran al país; la gente del Alcalde (Rodríguez) Cabrero, decía que los americanos hicieron unas matazones por el sur, que bombardearon a San Juan y que no iban a dejar una casa en pie. Al rato la creencia se acabó porque vinieron las chiripas (nota del autor: empleo; casual work) y de una racha a otra, que mi padre halló en que emplearse con los gringos, vaya usted a imaginar... Entrevista con M. González Cubero, loc. cit.)

Como en otros pueblos, en San Sebastián del Pepino declararon toques dequeda, se reclutaron a voluntarios y se planteó la disyuntiva más crucial: ¡Oespañoles o yankees! A la noticia de bombardeos norteamericanos en San Juan yla Toma de Guánica, el valor cívico se impuso sobre la pasividad. Ycomo dijera González Cubero, «pues, ya hubo que echar pa'lante como quiense prepara para un temporal».

La primera tarea de los invasores fue arreglar los caminos, de Adjuntas aUtuado, con el fin de materializar la toma del pueblo de Lares. Por la necesidady el miedo, el peonaje campesino sirvió al propósito de instrumentar lacaptura de Lares, que contaba para su propia defensa con una Compañía deVoluntarios provisionales, con 187 soldados, cuatro oficiales y un jefe. ElGeneral Roy Stone fue seguido por los utuadeños y curiosos que, en gestomasoquista, quisieron avizorar la captura. A éstos se les conocería como la partidadel pavo. En preparativos se consumieron los días del 4 al 7 de agosto.

La toma de Lares por los invasores no se materializó, de momento; pero Stoneavanzó hasta Arecibo y llegó casi hasta su plaza principal el día 7 deagosto. Pero, para ironía histórica, fue en Utuado donde acampó el másgrande contingente de soldados anglosajones visto en el Oeste de la Isla.

Por la entrevista que sostuve con González Cubero, pepiniano que alegaraque, con su padre, acompañó a la partida de curiosos (los del Pavo), serememoraría que, entre los 12 y 13 de agosto, el batallón del Regimiento deInfantería Número 19 marchó hacia Utuado. Llegó en la tarde del día 12.Hubo que hallar para las tropas alojamiento en casas particulares del pueblo.Muchos llegaron muy enfermos.

Otros dos batallones del Séptimo de Illinois, al mando del General Guy V.Henry y su Estado Mayor y, al tercer día, 14 de agosto, el escuadrón decaballería del Capitán Hoppin, se personaron.

En Utuado murieron dos milicianos estadounidenses, el sargento Sweeny y elsoldado raso Robinson; pero no por ninguna bala, sino por fiebre tifoidea. Estafiebre la contrajeron sesenta miembros de la Brigada Garretson, que Henrycondujo. La mitad del sexto regimiento de Massachussetts quedó fuera decombate.

12. La polarización final

Un poeta de Pepino hizo circular dos décimas, ilustrativas de la polarizaciónde los sentimientos en el área y de las expectativas que se tenían respecto lapresencia de tropas estadounidenses. Carmelo Cruz fue ese hombre: 41

 

La reina mandó un escrito,
y en el escrito decía
que primero moriría
que dar libre a Puerto Rico.
El americano dijo
como hombre caballero
que tiene fuerza y dinero
para un gran tiempo pelear
y si no llega a ganar
más tarde cae el sereno.

Si España gobernara
a Puerto Rico otra vez
yo mismo me asesinara,
de una vara me guindara.
¡Dios mío, no lo permitas
porque esa España maldita
al que coge lo desmuele!
porque creo que esos corsetes
que por compontes usaran
no hay cuerpo que los resista.

Durante el transcurso de estos días, según la inteligencia militar española,el pueblo más amenazado sería Arecibo. La prioridad táctico-estratégicadebería consistir en forzar la retirada de los yankees del pueblo de Utuado,donde se sabía que el General Nelson A. Miles, el mismo que desembarcara en Guánicael 25 de julio, tras zarpar de Guantánamo (Cuba) con un contingente de 3,300soldados en el barco USS Massachusetts, campeaba por sus respetos, en compañíadel General Guy V. Henry. En segundo lugar, se tendría que atajar a losinvasores en Las Marías, otro de los poblados del noroeste.

13. Cobranzas insaldables e ira desatada

En el asunto de su regreso a España se halló la familia de José GonzaloArocena y su esposa Ortensia Rodón cuando una nueva décima de Carmelo Cruzimpugnó sus pretensiones. José Gonzalo y Pedro Arocena y Ozores explotaban unahacienda cafetalera que lindaba con Los Velez en Mirabales. Cada vez que se ibaun peninsular del Pepino, dejaba por secuela su saldo de familias desamparadas.El abandono de las fincas por sus propietarios trajo el desempleo para elpeoneaje, el cobro de las deudas previas de los campesinos en sus tiendas dedespacho y ventorrillos y, en consecuencia, hambre y sufrimiento.

José Gonzalo logró irse; Pedro Arocena prefirió enfrentar a las tropasamericanas y servir al gobierno español. Como muchos españoles, la seguridadde sus familias, especialmente cuando ya estaban ancianos (más que el lucro lesanimaba a irse) fue la prioridad. Este fue uno de los casos. Caras opuestas dela moneda son las aquí relatadas: por ejemplo, los casos de las familiasIrigoyen, Martiarena Zarratea y Mantilla.

En el barrio Hoyamala, por ejemplo, la ida de Gumersindo Micheo e Irigoyen,co-socio de Pedro José Jaunarena y Azcue, otro navarrense y propietario deGuajataca, ocasionó que sus caporales salieran a cobrar a la peonada sus deudasatrasadas con Laurnaga y Co. y La Euskalerría, establecimientosde provisiones alimenticias y de mercancías secas, donde los jornaleros delcampo se surtían de compras para sus necesidades básicas.

¡Vengo a cobrar, porque don Gumersindo se va!, fue frase de pánicoentre peones que, al igual que sus amos, sufrían las depresiones de aquellos días.En todos, criollos o peninsulares, se vivía la zozobra ante la guerra inminentey las penurias de la crisis económica.

En Hoyamala, precisamente, se reunía Manuel González, Flores Cachaco, LinoGuzmán, maestro de escuelas en el barrio Guajataca, Carmelo Cruz y otrosvecinos, algunos de los cuales venían desde el pueblo de Camuy, en compañíade Pedro El Chino. En estas reuniones, se planteaban las quejas de centenares devecinos a quienes se exigieron los pagos de cuentas de fiado conestablecimientos españoles.

Se supo, por ejemplo, que el rico español Pedro Martiarena Zarratea, dueñode la Casa Martiarena y Co., establecida desde 1890, también estaba enplanes de regresar a España y, por tanto, él enviaba cobradores a sus deudoresdel litoral. Los socios y primos de Pedro Martiarena avisaban de tales cobros.

14. Monopolios, hambre y bancarrotas

El problema de los vecinos no fue su voluntad de pagar, sino la imposibilidadde saldar las deudas en el plazo requerido por los cobradores. Al mismo tiempo,ya no se concedía crédito a nadie con deudas pendientes, vendiéndose todo alcontado. Para agravar la situación, se inflaban los precios, aprovechándose lacoyuntura de la carestía de artículos.

El abastecimiento de carne estaba monopolizado por dos peninsulares. Habíamonopolios en la venta de ladrillos, herrería y servicio de descarado de cafépor máquinas. El expendio y venta de medicinas y cosméticos lo controlabanJorge María Font Rivas y Antonio Arcelay.

Estas iniciativas por parte de los almacenistas produjo la bancarrota de losventorilleros y de los más endeudados medianeros que vendían almenudeo. Obviamente, quienes más sufririrían fueron los jornaleros sin mediosde producción, dueños sólo de su trabajo y que, por la crisis, perdieron susempleos. Cundió el hambre como resultado del proceso.

Grupos campesinos, organizados espontáneamente, visitaron la Casa del Rey.Dijeron que la situación creada por las alzas de precios en artículos deconsumo básico, las pérdidas de empleo fijo y contínuo («sub-empleo»), el súbitocobro de deudas por la urgencia de partir de comerciantes y hacendadospeninsulares, eran demasiados golpes sumados a la angustia de la guerra. Entrelos miembros de la junta municipal del período autonómico, sólo Juan T. CabánRosa prestó oídos y atención a las quejas. Al alcalde Rodríguez Cabrero loocuparon demasiadas cosas como delegado del Gobernador español, «enmomentos difíciles» para la economía y la seguridad social, no sólo enel municipio local, sino en Puerto Rico entero. Como fórmula política, la razónde ser del Partido Autonomista quedaría borrada, si España fuera derrotada enla guerra.

Al iniciarse el choque entre los yankees y españoles, se cerraron máscomercios. Se aumentaron los precios, se despedió a empleados de fincas ypulperías. Los explotadores y malvivientes sacaron las uñas, agravando laindefensión de los más débiles. Se echó a suertes el hambre de miles defamilias del país, según las pasiones políticas. El odio a las castasprivilegiadas, por generaciones de disparidad y opresión estructural y política,se organizó como ideología de violencia. Esta fue la explicación que AvelinoMéndez Martínez y Joaquín Moreno dieron, de barrio en barrio, en Pepino. Ycon tales instintos de clase y ánimos de lucha se dispusieron a la organizaciónpolítica y a la guerrilla.

15. Ayuda mutua y organización espontánea

En el barrio Hato Arriba, Juan Tomás Cabán Rosa y los dirigentesguerrilleros Joaquín Moreno y Adolfo Babilonia, por consiguiente, citaban acentenares de campesinos. Los actos políticos se anunciaban como eventosregulares del autonomismo; ya había libertad de reunión y, por esencia, talesactos se legitimaban por haber sido convocados pacífica y voluntariamente.

Sin embargo, tales reuniones resultaban a la postre en conciertos de cortenacionalista, anti-españolismo encendido y condena al enemigo del Norte. Asílo fue, particularmente, cuando se supo sobre el bombardeo yankee sobre San Juany la toma de Guánica y Ponce por los norteamericanos. El temario discutidotambién se entendía con la funciones logísticas de una lucha de autodefensaen medio de una guerra.

Hato Arriba se convirtió en símbolo focal de la revolución en ciernes, el segundoGrito de Lares. Por la extensión de la fincas cafetaleras de Francisco JuliánLaurnaga Sagardía en ese barrio, impresionó el plan lanzado por el viejoManuel González (Soto) ante los campesinos durante su turno. Este pepiniano habíanacido en tales campos, aunque, en 1898, se avecindaba en Camuy. Con sus primos,en su mocedad, él intervino en la Rebelión de Lares y, más adulto, se dedicaríaal trabajo clandestino en favor de Cuba y el proyecto revolucionario de Betances(«La Pólvora»).

Sus desvelos revolucionarios lo llevaron a New York, Curaçao y Saint Thomas.«El se consideraba un pirata. Ese fue su tema favorito»: D. Prat.

El pueblo de Lares, cuna simbólica de la patria puertorriqueña por lossucesos de 1868, seguía siendo el símbolo de libertad. Al saberse sobre laproximidad de las tropas americanas, el 15 de agosto de 1898, y que la miliciaespañola abandonó Lares a su suerte, los campesinos pepinianos ganaron sunuevo estímulo para su odio anti-español y otro motivo para hablar sobre ladesvergüenza política y el falso honor de los funcionarios peninsulares.

El general Henry, establecido en Utuado, con su Estado Mayor y dos batallonesdel Sexto Regimiento de Illinois recibieron. instrucciones para el cesede fuego. Henry conversó con los utuadeños Bartolomé Mayol, José LorenzoCasalduc y Longino Mora, confiándoles el orden, y salió a ocupar a Lares. Elpueblo vecino urgía mantener el orden entre sus habitantes al no haberallí autoridad alguna, tras la huída de Virgilio Acevedo, alcade anterior aAurelio Méndez Serrano.

Longino Mora, último alcalde español de Utuado, cedió la autoridadmunicipal a Bartolomé Mayol, perteneciente a una cepa de españoles prósperosque estaba siendo objeto del odio en Pepino y para la que había una amenaza decastigo por las Partidas Sediciosas. Este nombramiento contribuyó a que sediera luz verde a la quema de sus propiedades. Una décima ya aludía aGuillermo Mayol como el componteable.

Al restablecerse el orden, bajo dominio estadounidense, en Utuado y Pepino,José Lorenzo Casalduc advino como el primer alcalde utuadeño del nuevo régimeny la familia Mayol desapareció de la vida política de Pepino.

Un telegrama, fechado el 16 de agosto y firmado por el Gobernador M. Macíaspidió al General Nelson Miles 42 que sus tropas (al mando de Henry)fuesen retiradas de Lares, ya que este pueblo fue ocupado una vez suspendidaslas hostilidades entre España y los EE.UU.. Se alegó la violación al DerechoInternacional. Miles accedió y ya para el 17 de agosto las tropas abandonaronLares, aunque su retirada se fraguó avanzando sobre Pepino y Utuado.

Para fines prácticos, Pepino, Aguada, Ciales y San Germán quedaron sindefensas españolas, desde el 18 de julio de 1898. El jefe de la guarniciónespañola, Capitán Espiñeira retiró sus tropas regulares y voluntarias. Lastropas invasoras fueron las que se hicieron cargo al darse quejas y alarma sobrelos brotes de violencia campesina.

En Mayagüez, el capitán americano, con 50 soldados de los suyos y el apoyodel anexionista Lugo Viñas, reclutados en Sábana Grande, tomaron el mandodurante la noche del 22 de junio. San Sebastián del Pepino, dependiente de laComandancia Militar de Aguadilla, sufrió con la desprotección por causa deincidentes en la región.

Una de las primeras coyunturas para la acción guerrillera se cuajó cuandoel alcalde de Aguada, Antonio Sánchez rindió por mottu propio la autoridad alos gringos, izándose la bandera americana en la Alcaldía y abriendo paso alprimer Regimiento de Caballería de Kentucky. Estos eventos tambiénviolaban el cese al fuego.

En otra ocasión, unos treinta Guardias Civiles españoles, llegados desdeAguadilla, tomaron preso al Alcalde traidor; por ende, se ocasionó un motínentre civiles y autoridades. El resultado del incidente fueron dos muertos y elarresto de Sánchez que, camino a San Juan, se agenció su escapada, a lasalturas de Bayamón.

16. Un plan de reparto de tierras

Aunque no se expresara teóricamente, a la luz de textos y autores, ManuelGonzález, representó el punto de vista más radical del anarquismo político:la tesis de Sergio Nechalev, íntimo amigo de Marx y Bakunin. La lucharevolucionaria legitima toda clase de actos. Y lo primero que se tendría quearrebatar a los opresores (y mencionaría a los peninsulares que más odió él,por su experiencia directa de trato, sería «la comida que falta a nuestroshijos; a Manuel Prat y Miguel T. Laurnaga jamás faltó la carne y el arroz; alpobre sí ha faltrado». ¡Robar reses: ésto sería el comienzo del planmayor, el reparto de la tierra!

González recordó la gesta de Lares. Avelino Méndez también hizo elogios.De aquellos alzados en Lares, así como de los mambises de La Damajagua y Yara,redundó benéficamente la conquista de la Abolición de la Esclavitud.

Se pensó en compontear a los que compontearon. Y se habló sobre loslatifundistas, con pasión muy vívida: e.g., rememorándose a Manuel Prat yAyats, Casildo Vélez del Río y Miguel Tomás Laurnaga. Se añadieron apropietarios aún residentes, entre ellos, a las familias Echeandía, Cabrero,Sagardía, Coll, Castañer y Font Feliú.

Bajo el orden de cambios que Manuel González propuso, «los terrenos delos Laurnaga y Sagardía se repartirían en parcelas para que no sufran dehambre los peones desnutridos de Hato Arriba ni sus familias» (Entrevistacon Lcdo. Pedro A. Echeandía Font). 43 Se verbalizó unsentimiento que parecía olvidado: el pueblo resentía el síndrome de catalanesracistas, ejemplificados con Prat, Alers, Pavía Conca y «Cheo» Font, los conlos Mantilla, considerados serafines, crema y nata del incondicionalismoen las Milicia Disciplinadas.

Estos pagarían en su pellejo por los compontes de Romualdo Palacios.

Para este vecino temerario, capaz de articular verbalmente la visión de laideología, «la violencia lleva al amor».

González Soto dejó establecida como conducta revolucionaria de corto plazomatar reses, comer vacas. Buen adepto de las nociones que El Chino 44compartía de la experiencia mujik de los rusos, rápido en susdecisiones, mutable como el aire, anheloso de novedades para enriquecer elnacionalismo aprendido de Betances, Manuel, el anarquista camuyano, halló otroscolorarios: ¡en fin, que propuso la república de obreros, amigos de todas lasnaciones, revolucionarios proletarios!

17. Cheo Font, «Pie de la Espada Blanca» y el ataque a Jaunarena

Y mientras lo escuchaba, Carmelo Cruz hilvanó las décimas rimadas que pasarían,de boca en boca, memorizadas por los campesinos de Hato Arriba en aquella tarde:

 

Me le dirás a Cheo Font
el pie de la espada blanca,
que ya El Pepino se arranca
al grito 'e Revolución
y que aquí, a la población,
no se debe de asomar
y a Victorino Bernal
le dirás con alegría
que junto a Antonio Pavía,
lo vamos a compontear.

Se decidió, entonces, efectuar un escarmiento ejemplar. Y se eligió como víctimaa Pedro José Jaunarena y Azcue (1859-1940), apoderado general de la sociedadmercantil Laurnaga y Compañía, Scrs., cuyas operaciones comerciales seremontaban a 1853.

Esta compañía tenía su edificio en el sector pueblo, por la Calle PadreFeliciano, y vendía ferretería y materiales de construcción. En otro de susedificios, Laurnaga, Scrs., por el camino oriental hacia Lares y Camuy, serefaccionaba café. Su casa comercial fue una de las principales cosecheras delproducto. En su carácter individual, el navarrense Pedro José tenía suextensa finca en Hoyamala; pero vivía en el barrio Guajataca, en otra fincacafetalera, donde ubicó su residencia de dos plantas. La planta baja seconstituyó en su comercio de alimentos secos y licores, La Euskalerría.

El 5 de septiembre de 1898, en medio de la crisis de la invasiónnorteamericana, P. J. Jaunarena sufrió el ataque de la partida durante lanoche. Todavía la tienda estaba abierta, pero se preparaban para cerrar. Como alos 8:00 de la noche, se oyó el arribo de docenas de jinetes, de los que sólouno entró, con machete a la mano. Colocó el mismo sobre la mesa y pidió unvaso de ron. El empleado de Jaunarena lo despachó; pero, comenzó a temercuando el campesino exigió que llamara al dueño, Pedro José, para que abrierala caja del dinero y entregara los libros de cuentas.

El empleado llamó a gritos a su patrón y, al oír su respuesta de que bajaría,su empleado salió huyendo de la tienda. Vana fuga. Afuera, a corta distancia,se halló a más de una docena de jinetes. No había escapatoria posible.Estaban armados con palos y machetes. Algunos bajaron de sus caballos y ledetuvieron al ver que huía y, después entraron con él a la tienda, golpeándolopor el menor motivo.

Al identificar a Jaunarena, Flores Cachaco, líder de la partida, lo despojóde la llave de la caja fuerte. Otros dos lo golpearon con los puños mientrasFlores abrió la caja fuerte para robar. Después exigieron los libros decuentas y deudas, no sólo de La Euskalerría, sino de los negocios deGumersindo Micheo e Irigoyen. Pedro J. Jaunarena y Francisco Laurnaga fueronencargados de cobrar a los deudores de Laurnaga y Co. por don Gumersindo.Ya habían sabido de las visitas de Jaunarena a muchos de los clientes deudores.

«También te las das de militar voluntario; pues, dáme los libros dedeudas que te voy a leer las tuyas, sargentito».

¡No tengo aquí tales libros!», advirtió Jaunarena a los forajidos.

Los sediciosos interpretaron su actitud como poco colaborativa y gritaban alexigir cada documento disponible. Se dispusieron a subir a la planta alta.Jaunarena temió por su esposa, Cleofe Ballester González, y se avalanzó sobreFlores Cachaco, quien parecía el dirigente de los sediciosos. Se enfrascaron enforcejeo, al pie de la escalera que daba a la planta alta. La violencia y losgritos hicieron que doña Cleofe bajara, a tiempo para evitar que Flores Cachacodecapitara a machetazos a su esposo.

Al atajar un machetazo que el agresor lanzó, el machete se hundió entre losdedos de la mano derecha de Jaunarena casi hasta la mitad del antebrazo. 45

Doña Cleofe vio que, con el cabo del machete, se seguía golpeando a suesposo. La intención fue matarle sobre el piso donde había caído. Ella seavalanzó sobre Flores Cachaco (o Casaco) para evitar el homicidio, mientrasotros miembros de la partida escalaban mercancías, picaban los libros decuentas y deudas y desordenaban todo, en búsqueda de dinero. Allí, al pie dela escalera, ante el cuerpo sangrante de Jaunarena Azcue, el agresor hizo empeñospor violar a la mujer. Pero la intervención de un miembro de la partidasediciosa, el maestro de escuela y compadre del herido, Lino Guzmán, lo impidió.

¡No la toques, no la toques, Cachaco!

Y aún hizo un gesto criminal final a fin de rematar a Pedro J. Jaunarena,quien a la fecha tenía 39 años, cuando la esposa gritó: ¡Déjenlo, déjenloque ya está muerto! En la confianza de que moriría, por la golpiza y lasheridas de machete, lo dejaron. Abandonaron el lugar. Sin embargo, don Pedrosobrevivió e hizo las acusaciones pertinentes. José de Diego, 46Fiscal del Distrito de Mayagüez, se encargaría de las investigaciones de laprocuraduría.

Este incidente fue tema de un articulo de Rubén Arrieta Vilá en una seriepublicada para el diario El Nuevo Día (San Juan, 2 de septiembre de1998), con motivo al cumplirse el primer centenario de la InvasiónNorteamericana, y el artículo de la serie Sangrante Verano de 1898 enGuajataca, resumía:

 

... Cuando el machete cayó sobre el vasco Pedro Jaunarena Azcue, éste levantó la mano derecha para cubrirse el rostro, por lo que el filo amolado cortó entre los dedos a lo largo de la mano y le hendió el brazo hasta el codo, desplomándose el herido. Yacía tendido a los pies del atacante que trató de rematarlo con un tajo a la cabeza... Los gritos de la esposa de la víctima resonaron por la Hacienda Euskalerria (Vasconia), nombre de la finca que fue escenario de la tragedia en el barrio Guajataca de San Sebastián del Pepino. Aquella fue una de las noches de terror que vivieron los ciudadanos españoles en 1898... A Jaunarena lo dejaron moribundo, a su pulpería sin provisiones, a la finca sin ganado, y a los ranchos quemándose. Para que no quedara constancia de las deudas registradas, picaron los libros a machetazos, lo que pudo haber sido una táctica premeditada para encubrir a personas que le adeudaban dinero al propietario... También cambiaron las marcas de las colindancias de la finca para reducir la extensión de la propiedad y expandir las de amigos en el vecindario... A los pocos días, varios soldados de Estados Unidos acompañaron un sobrino de don Pedro, llamado Pedro J. Labayen Jaunarena, a recuperar las bestias y lo que les habían robado.

18. El repudio a los Orfila y los Cardé

La violencia estuvo lejos de acabarse. Otra décima dio aviso de que laspartidas campesinas compontearían, al estilo guerrillero, a peninsulares yhacendados que preparaban su regreso a España y que habían servido al régimen,desde la Casa del Rey en Pepino. En las coplas cantadas e impresas quecircularon se hizo referencia a lo sucedido a Jaunarena lo que evidencia que seescribieron después del ataque a él:

¡Pobrecito Juan Orfila!
Ya la España se le fue.
Díle a Guillermo Cardé
que ya la piedra no destila
y que si no se espabila
pronto pagará la pena.
Y díle a Pedro Arocena
que, si de aquí no se va,
ya pronto le pasará
como a Pedro Jaunarena.

Entre los mencionados, Pedro Arocena y Ozores cobraba las deudas de losnegocios de José Gonzalo Arocena, su hermano. Por hacerlo, su nombre fuepropuesto por los guerrilleros Rosendo Serrano y Luis Vientós paraajusticiamiento; pero, dijeron que Moreno le protegía, requiriéndosele sóloque cediera la tierra en parcelas, según una propuesta del movimiento. Seinfiere de los testimonios de González Cubero y María. L. Rodríguez Rabellque la gente de la vecindad el día que el Capitán de Milicias Pedro Arocenasacó sus menguadas tropas frente al cuartel, juzgándose «al parecer, quedio el mínimo de batalla para defender el pendón español» (RodríguezRabell), «la gente que yo ví les echaba chiflas» (González Cubero) y quehubo una décima que elogió su valentía («bravo león de los que hay pocos»),pero que dejó de cantarse cuando se excedió en el arresto del Lino Guzmán.

Según los dirigentes de las partidas campesinas, el cuerpo de MiliciasVoluntarias que los capitanes Arocena, el Lcdo. Victor P. Martínez y elsargento Pedro José Jaunarena tenían en alta estima, equivocaron la funciónque se les asignara «y vez de ayudar al ejército de España, se formó parala tarea de cobrar deudas en favor de hacendados que se iban, sin disparar untiro en defensa de la población y contra el invasor yankee; por eso habíatanta desilusión». 47

Los norteamericanos jamás pensaron que hallarían resistencia por parte delos milicianos voluntarios puertorriqueños; alguien les había convendido detal cosa y se les dijo que, precisamente, entre nativos, la oficialidad invasorapodría hallar sus guías de campo para entrar a cualquier rincón de la montaña.El español se rendiría al mirar cualquier bandera multiestrellada. Quienarticuló este discurso fue el Dr. Lugo Viñas, agente de las tropasestadounidenses. Ni aún para Barbosa ningún pepiniano se atrevió a motejarcon el término pitiyanki a líder alguno; pero, con Lugo Viñas fue laexcepción.

¡Estos voluntarios no merecen ningún respeto!, dijo Viñas. Oídoesto por el poeta Ramón María Torres, quien estuvo presente cuando se efectuóla ceremonia del cambio de mando en la Alcaldía del Pepino, presidida por elcapitán Brackford, lo encaró, discutiéndole en tono airado y salpicándolecon el término.

También sentenciados, al quedar expuestos como los principalesmameyistas del Pepino, fueron Juan Orfila Pérez, nativo de Islas Canarias,co-socio con Lorenzo y Juan Orfila Pons, de la sociedad, SS. Mercadal yOrfila, 48 y Guillermo Cardé Orona, primer Teniente de la TerceraCompañía del Batallón de Voluntarios, Número 5, dependiente de laComandancia Militar de Aguadilla. La familia Mercadal, ausentista, tenía a susprimos Orfila como representantes locales. Se dedicaban al comercio y la bancaprestamista. 49

Antes de entregar el mando al régimen norteamericano, por exigencia de JuanT. Cabán Rosa, miembro de la alcaldía autonómica, se pidió al alcalde RodríguezCabrero que destituyera de sus cargos como Juez Municipal a Pedro Arocena y, dela Tenencia de Alcaldía, a Guillermo Cardé, por razón de que éstosutilizaron sus escaños para «presionar el cumplimiento de pagos» a lagente deudora. Este fue el significado codificado metafóricamente cuando se lesacusó de vivir de la «piedra que destila», la autoridad municipal.

Destituídos de sus cargos oficiales, se dijo que ya la piedra no destila,que España se les fue y, claro está, que la autoridad de España quedóabolida con la rendición por las tropas invasoras del General Miles. Las coplasrevelan la frontalidad del reclamo anticolonial:

 

Dile a Honorio si lo ves
preparando la maleta
que aquí el toque de corneta
no deja ningún interés...
Que de aquí ya se fue
aquel gobierno español.
Y a don Gullermo Mayol
le dirás con alegría:
Que ya bajó de Alcaldía
el pobrecito Juan Coll.

El ex-alcalde Coll y Grau y escribano municipal en 1898 fue natural deVilanova, ex-vecino de Geltrú, Barcelona, y «en su casa tenía dos cabrasdisecadas» (Font Ríos, loc. cit).

19. Incendios en fincas de Mayol Castañer y Vélez

Pedro Arocena no se amilanó por las amenazas de los comevacas; no se fue dePepino, como se le pidiera con amenazas. Se dedicó al cultivo de frutos menoresen su hacienda de Mirabales. Y, desde allí, fundó una simbólica resistencia,más sentimental que físicamente articulada, que la burguesía pueblerinallamaba la rancia estirpe criolla.De hecho, él repelió con algunos desus peones a la partida sediciosa que penetró su hacienda y, noche a noche, sepuso en vela contra tropelías de camuyanos que andaban en quemas ydesharretamiento de reses. Y fue él, junto con sus peones, los que vieron lasllamaradas que, en medio de la noche, provenían de Los Velez. Se habíaplaneado arruinar la barga y escuela de oficios de Manuel Prat de una vez;porque, éstas sobrevivieron a la quema durante los disturbios de Lares y, aúnsiendo unas instalaciones en abandono para 1898, todavía a la fecha de lasquemas, daban un testimonio de lo que quiso hacer el Viejo Prat «demasiadoconservador, orgullosamente español, para apoyar aBetances;-----------------------

De hecho, durante las jornadas de los miñones en Mirabales, Cidral y Juncal,al surgir la sociedad secreta La Cueva del Negro (también llamada LasGolondrinas), la práctica fue importada. ¡Se utilizaba la artesanía poéticapara que Juan B. Pérez del Río volcara sus antipatías contra los Vélez yPrat! O Anastacio Conejero contra la cabrerada.

Entre los Ortices, de Pozas, se recordó el incidente, en días de LasGolondrinas (1851), cuando Emilio A. Vélez del Río golpeó al Comisario JuanB. Pérez por adjudicar a Pedro Ortíz la violación de Felícita de Lugo, deAltosano. 50

Pedro Arocena no imaginó que la partida sediciosa que él y sus hombreshallaron en escapada, después de saquear e incendiar un hórreo en la haciendaLos Velez, ya había quemado la casa de Guillermo Cardé en el sector Pueblo yotra propiedad de los hermanos Mayol Castañer. Incendios provocados ese mismo día.

A esta altura, Avelino Méndez Martínez se había radicalizado a tal puntoque una décima lo aludió, por su nombre, como dirigente directo de una partidaarmada. A Juan Tomás Cabán, Lino Guzmán y al viejo González se les tuvo pordirigentes intelectuales de las Partidas:

Díle a Guillermo Mayol
ese cobarde inquilino
que si lo coge Avelino
él lo arregla con honor.

Guillermo Mayol Castañer fue uno, entre dos hermanos llegados deSoller, Palmas de Mallorca. Estaba recién casado desde 1896 con Rita AndreaNavas Iriarte. Su hermano Juan Mayol, casado con María Luisa Navas, se habíarefugiado en su casa del Pueblo, por temor al ataque de las partidas sediciosas.La casa de dos plantas fue quemada. Contrario a lo pensado por tales familias,la ubicación urbana de una residencia sentenciada, su proximidad al cuartel deArocena, no detendría a los alzados para cumplir con la agresión. GuillermoMayol fue visto como cobarde inquilino de la Casa del Rey y cobardeinquilino de la casa de su hermano Juan en el sector Pueblo. Se quemó a lapropiedad Juan, su hermano, por cómplice.

Hasta donde hemos podido investigar, esta familia de mallorquines estuvo muyinteresada en la política, siendo conservadores por tradición. La misma ramautuadeña de la familia dio un Alcalde (Bartolomé Mayol) durante el período de1894 a 1895. Bartolomé Mayol retomó el mando alcaldicio durante los momentos máscruciales de la invasión norteamericana en 1898.

Al intentar escapar por una ventana de la planta alta, María Luisa, laesposa de Guillermo, se accidentó. La caída tuvo, al parecer, la consecuenciade su parto prematuro, donde el niño nacido cuyo nombre fue Rafael, fue elrecuerdo, ingrato y permanente, de la experiencia. La caída no permitió elsano desarrollo neurológico de este crío. Rafael Mayol se convertiría con eltiempo en personaje pintoresco del pueblo («Rafa Te Ví»). Creció condeficiencias mentales. 51

20. Ideario y métodos de las partidas

A pesar del ensañamiento creado ante los llamados comevacas y tiznaos, éstosno quisieron víctimas inocentes durante sus operativos guerrilleros. Este es elpor qué los mensajes rimados sirvieron como pre-avisos para que los españolessalvaguardaran a sus hijos y esposas. De este modo, se evitaría el descréditodel movimiento y el perjuicio de los inocentes. Quemar fue ritual simbólico,además de una presión empírica: robar víveres un beneficio práctico. Fueuna manera forzada de abrir comercios que cerraron por el temor a carencias,productos de los toques de queda y la guerra de los EE.UU. con España.

Las décimas, simples, informativas y específicas, sin pretencionespoemáticas, fueron el vehículo propagandístico para denunciar las familiascontra quienes había algún resentimiento y el recurso popular de describir ellatifundismo, promocionando a su paso el reparto de tierras y divulgando con unacondena los abusos de algunos españoles. El Dr. Font Ríos ha dicho con razón:

 

«Estas coplas no son otra cosa que condenas a muerte que se le hacían a varias personas del Pepino por venganza.... nos dan claves sobre la venganza y suspicacia del pueblo... Las coplas del '98, posiblemente, son la obra literaria, desde el punto de vista histório, más importante del Pepino»...(pág. 9)

Las décimas de Carmelo Cruz (es poco probable que sean de Ramón MaríaTorres, porque entrevisté para este trabajo a quien conociera a Carmelo Cruz, «eljuglar que las cantaba y las hacía»: Arvelo Latorre; además la calidad líricade R. María Torres fue superior) imitaban el estilo guajiro que fue utilizadoen Cuba por los mambises, desde los tiempos de Narciso López. Con ellase avisaba el plazo para que los ajusticiables, o amenazados, huyeran y dejaransus propiedades. Consideradas las víctimas de las partidas, se infiere elcaracter selectivo del sujeto a compontear. Muchos ajusticiados fueron losmiembros de la clique militar vigente tan pasiva ante la invasiónnorteamericana como represiva en los tiempos del Gobernador Romualdo Palacios.Sin embargo, el gran número de peninsulares que dejara el pueblo fue lo quefortaleció el reclamo de repartos de tierra.

Al principio, la inquietud de los campesinos, en aras de algún logro, fuemodesta, reabrir los comercios y que cesara el cobro de deudas hasta quemejorase la situación del peonaje. En ésto apareció, como señal más clarade un programa anarco de revolución social, la intervención de oradores queinvocaban la jornada de ocho horas que había sido motivo de un levantamientocampesino en Jerez de la Frontera en 1892; se dieron las noticias de la muertede Cánovas del Castillo en 1897 y la necesidad de una cultura del trabajo y detribunales populares.

Pasar del espontaneísmo a la organización fue tarea a la que contribuyeronvarios hombres cultos, sumado a una serie de circunstancias, como el regreso dedesertores de batallones de voluntarios, desencantados con el episodiosangriento de Hormigueros. Lino Guzmán fue quien trajo a las reuniones decampesino el tema de la cultura del trabajo y la crítica a las estirpesy clanes que pretendían dominar al Pepino, como habían hecho siempre y, enparticular, desde que España amparó a las víctimas de las GuerrasBolivarianas a expensas del bienestar de los pepinianos originales.

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Juan Tomás Cabán

Manuel González

Determinar el número de involucrados en las partidas es difícil. Lahistoria oral da muy pocos testimonios sobre los agresores víctimas y de lasgestiones por acusarles ante las autoridades. Se ha dicho que han sidocentenares (lo que pudo ser decenas de atacantes); pero obviamente, si lasreuniones de los grupos agresores, son el justo parámetro de las simpatías, sise vale hablar de una porción de peonaje muy grande.

Aún así, en la reconstrucción posible de estos episodios de sublevación,es conclusivo el hecho de que hubo comevacas y tiznaos organizados en cuatro o másbarrios de Pepino: Hato Arriba, Pozas, Saltos, La Javilla, Juncal, etc., a losque se sumaban vecinos de otros barrios y pueblos, especialmente, Camuy y Añasco.

La tradición oral indica que los participantes se sentían parte de unarevolución en ciernes y, aún más nutrida y abiertamente organizada, si bienoperaba menos articuladamente que la treinta años antes arrancara con la JuntaRevolucionaria El Porvenir. En ese momento, Avelino Méndez decía que losEE.UU. concedería la independecia en el curso de un periodo más breve quelargo porque sabía de las aspiraciones de soberanía que estaban en el corazónde los puertorriqueños. Que la prioridad del momento sería educarse en cuantoa un nuevo modelo de sociedad, libre de injusticias y explotación-----------insert

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En Hato Arriba, el hacendado cafetalero Agustín M. Quintero Font Feliú(1868-1901) armó su propia contrapartida, ganándose el mote de «pie de laespada blanca». La espada blanca fue el símbolo de la burguesíaespañolista. Los guerrilleros campesinos de Hato Arriba para cumplir con lasamenazas hechas contra Font Feliú, Victorino Bernal y Antonio Pavía,reclutaron vecinos de los barrios Cidral, Calabazas y Altosano.

Siendo María R. Marciana Font, hermana de Cheo Font y prometida de CecilioEcheandía Vélez, Teniente Segundo del Quinto Batallón de Voluntarios,éste unió sus peones en la defensa de la propiedad de su futuro cuñado.Cecilio construía en cedro y aceitillo la casa, donde viviría con su prometiday ésta no fue quemada. 52

En el informe ante las autoridades judiciales, él identificó como atacantese incendiarios a Juan Mejías, Juan Vélez Mayo, Ramón López, tabaquero de LaCorcovada, Fillo y Rafael López, Ricardo y Francisco Ríos, Pedro Valentín yFermín Montalvo Valentín, Agustín Vélez y Narciso Tortilla. 53

Por razones de su juventud y las prerrogativas patrilineales, Echeandía Vélezdebía ser el heredero principal de su familia y futuro terrateniente másimportante del pueblo. Su padre, Pedro Antonio Echeandía Medina, tenía unafinca que cubría no menos de cuatro barrios: Magos, Guatemala, Robles yBahomamey, con extensión aproximada de 2,000 cuerdas. Al conocer que la demandade repartos de tierra, daba contenido a tales rebeliones sociales, Pedro Antonionombró a Segundo V. (Nene) Esteves, simpatizante de las partidas campesinas,capataz de su finca de Robles. Cuando la partida sediciosa, al comando de JuanMejías, se personó a quemar y preguntó por el dueño de «todo aquello»,Esteves salió al brinco, diciéndole:

¡Yo soy el dueño ahora! ¿Qué pasa?

Del mismo modo, ocurrió con el negro Magín Sosa, a quien Pedro A. Echeandíalo hizo su hombre de confianza en la hacienda El Farayón de Bahomamey.

Hombres de ideario separatista como Esteves y el propio Avelino Méndez sevolvieron, con tierras y poder, pro-anexionistas. Echeandía Medina, rico ypro-español de toda la vida, evolucionó del anexionismo esnobista (quepredicara Barbosa) al unionismo político, una de cuyas tendencias fue el idealde independencia de Puerto Rico. Avelino Méndez se hizo republicano anexionistapara apoyar la candidatura legislativa de su hermano Aurelio. 54

Pese a los continuados ataques a la residencia solariega de «Cheo» Font, enmuchas ocasiones, él dispersó las partidas a tiros, desde el techo, sin ayudade nadie. En esta residencia, ubicada en la Calle Hostos del sector Pueblo, sealbergaron sus hijos. Sus amigos Segismundo Torres Avilés, Victorino BernalToledo y sus fieles peones, al mando de Cirilo Hernández, hicieron ladiferencia en su hacienda y la casa campera en Hato Arriba, protegiéndola deasaltos y quemas.

Un día que, camino a la finca de Hato Arriba, Cheo Font fue para unainspección, su capataz Cirilo Hernández le propuso el cambio de caballos. Lasugerencia le salvó la vida.

¡Te conocen por El Indio, don Cheo!, dijo Cirilo, refiriéndose alcaballo. Un guerrillero de La Javilla se los topó y lanzó a Cirilo unmachetazo porque lo supuso Cheo Font. Como el cambio de monturas y bestias sehabía realizado, fue Cirilo el que cayó desplomado al piso, con una heridagrave a mitad de cuello. 55

21. Ataques a propietarios Flor Lugo, Agustín Sagardía y VictorinoBernal

Ocurrido ésto, la partida de La Javilla que acompañó al agresor se movilizórumbo a Añasco, al sector conocido como La Corcovada, para acciones contra lafamilia de Agustín y Teresa Sagardía, viuda de Félix Zagarramurdi, conhaciendas en Añasco y Lares. En la Corcovada, se quemaron esa noche variaspropiedades de Flor Lugo. Parte de los milicianos campesinos de La Javilla, sequedaron en los predios campiranos.

Habría otro golpe en la noche contra Victorino Bernal Toledo (1838-1918),natural de San Miguel de Abona, pueblo canario de la Isla de Santa Cruz deTenerife. 56 Este había sido concejal bajo la administración deJacinto Rodón, antes del gobierno autonómico.

Don Victorino era mediano propietario, con 60 años a la fecha del ataque.Había trabajado como mayordomo principal de la Hacienda Hato Arriba, creada porFeliú Font, patriarca de Clan Font, y quien llegó a Puerto Rico proveniente deSan Feliú de Guixols, Principado de Cataluña. Don Victorino poseía unas 150cuerdas de cultivo en el barrio Guajataca, sembradas de café, arroz, frutas yviandas. En sus tierras pastaban, 52 cabezas de ganado y había una grancantidad de cerdos y aves.

Para la familia Bernal Toledo, el sacrificio de la yunta La Maravilla constituyóla primera advertencia de peligro. Iba a proteger sus dos bueyes hermosos, coloramarillo, cuando decenas de hombres armados llegaron y desobedecieron suconsejo: Aunque se lo lleven to', pero dejen La Maravilla.

Antes de los incendios, tropelías de tiznaos se concentraban en desnucar losbueyes y reses, los cortaban en las patas, hiriéndolos en los tendones.Entonces, ya había que sacrificarlos. La Maravilla dio mucha carne; aunque lamayoría se perdió debido a que el gobierno hizo una investigación y era tantala gente involucrada, beneficiada de la carne de la yunta, que «por miedo aque hallaran de la carne en sus hogares, se deshacían de ella, botándola», relataríaDelfín Bernal.

La segunda ocasión que una partida campesina lo visitó, ya don Victorinohabía afilado su machete. Su propia hermana, doña Severiana Bernal, confirmóque se le atacaría por una delación de algún campesino que les apreciaba.Como precaución, él envió sus hijos con sus esposas a la casa de Cirilo Hernández,en el Sector Pueblo. Recogió varias pilas de arroz y de café y las puso ensacos sobre mulas y las envió a la casa de su hermana. Aseguró con trancas sualmacén de provisiones y se ciñó su revólver, que no entregó a pesar de laordenaza municipal que así lo pedía.

La partida fue organizada por campesinos del barrio Saltos. Sus principalesdirigentes fueron José González Mercado, Rosendo Serrano y Eleuterio Pagán,reclutado a la brava en el barrio Robles. Don Victorino no tuvo más remedio quemirar calladamente el asalto y esperar que se dispersaran en retirada paraproceder a salvar del fuego lo que pudiera quedar. La quema se realizó,principalmente, sobre corrales y el caserón del almacén. Efectivamente, desdeun claro del cerro, frente a las tres edificaciones de madera de su hacienda,don Victorino Bernal y un peón de su crédito vieron el destrozo perpetrado por«más de centenar de jinetes y de gente sin montar». Muchos traían lascaras pintadas, lo que no era necesario porque hacia esa hora de la madrugadahabía bastante oscuridad. La partida se detuvo frente a la casa. Dos jefes osubjefes del grupo discutieron:

No, no... A don Victorino no vamos a quemar.

La turba siguió de largo, al escuchar a Eleuterio Pagán, vecino de Robles,hacer una defensa del anciano.

Don Victorino se quedó en el claro del cerro en vigilia. No más de mediahora después sintió otro furioso gentío, ruido de galopes y pisadas. Volvióuna partida más crecida y enardecida que el grupo inicial. Se unió a lapartida original una brigada que había quemado los almacenes de la hacienda yla casa de Cheo Font Feliú y lo dirigía el jefe guerrillero del barrio HatoArriba, Joaquín Moreno. Hubo una fusión de grupos, al encontrarse entre losbarrios Capá y Voladoras de Moca, con el cuadro incendiario de Pepino. Muchosde los guerrilleros activos en este pueblo se daban apoyo numérico conguerrilleros de Utuado, Añasco y Camuy. Había células de rebeldes campesinos,mejor coordinadas que las partidas locales, con líderes como Juancho Bascaránen Mayagüez, Julio Tomás Martínez, Fruto Porrata y Rufino Jiménez en Utuado.

Desavenencias como la surgida ante la opción de quemar la hacienda de BernalToledo, o sea, la discusión entre Serrano y Pagán, pudieran significar elfracaso de muchos otros operativos. Joaquín Moreno impuso lo que creyó elcompromiso de la organización e hizo avanzar la partida. En el ataque contraBernal, los guerrilleros se escurrieron hacia muchas direcciones. Picaron lasescaleras de la casa para juntar leña que ardiera y extendiera el fuego.

Don Victorino salvó su vida ya que, al intentar disparar contra losguerrilleros que vio más cerca de sí, el revólver mascó milagrosamente lasbalas, sin delatar su presencia. Eran tantos que le habrían capturado y matado,al descubrir su escondite y su determinación a disparar.

Al ser buscada por las autoridades militares americanas, la cuadrillaagresora se refugió en el barrio Pozas, en la residencia de Fermín MontalvoValentín. Este destacó por sus habilidades de guerrillero y organizador. Lacasa y finca de Montalvo se convirtió en el cuartel de los guerrillerosantiespañoles que no quisieron salir de Pepino, ni dejar sus propiedades yfamilias, a pesar de la persecución militar. Al informar de las agresiones, elgobierno militar asignaba entre dos a cuatro soldados a la protección de lospropietarios. Prácticamente, disueltos los organismos municipales y enestampida las Milicias de Voluntarios de España, la población estaba indefensaante los actos de bandolerismo.

Para la gente de Pepino, el desastre total (que fue la guerra) se materializóel 13 de agosto ya que, aún cruzando el río Guacio por el vado de Zapata (enel área hoy conocida como la Vega del Combate,), la mayor parte de los1,400 soldados españoles y puertorriqueños cruzararon, pero fueron tiroteadasy cañoneadas por los soldados del Mayor General Theodore Schwan desde lasalturas de la Loma de la Maravilla, en un combate que duró dos horas, de 11:00de la mañana a 1:00 de la tarde. En tal ocasión, Schwan capturó a loscoroneles Julio Soto Villanueva y Antonio Osés Mozo, al Teniente segundo JuanHernández Martínez y otros 52 soldados. Aún aún, el informe oficial demuertos se redujo a 3 y 9 heridos del lado puertorriqueño y no se conocen bajasestadounidenses. 57

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En gran parte, la crisis de desilusión autonómica y separatista la produjoel revuelo causado por la acusación hecha contra Luis Muñoz Rivera, lídermayor y co-fundador del autonomismo, cuando fue detenido por la Guardia Civilespañola. El fue apresado cuando regresaba de Barranquitas, vía Aibonito, trasvisitar a su familia y se le acusó de pasarse a las filas invasoras. Estosucedió el 3 de agosto de 1898.

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Si uno de los líderes valientes, presidente del Gabinete Autonómico y comotal, jefe de la Guardia Civil, lo hacía a sólo dos días del General JohnRutter Brooke desembarcar en el pueblo Arroyo, ¿qué habría de esperar de loscriollos y peninculares?

22. Avelino Méndez, Pedro el Chino y Juancho Bascarán

Según el testimonio recogido de González Cubero, «el nombre de Juancho(Bascarán) llegó a ser tan temido que los gringos preguntaban por él; peroquien lo conoció fue Avelino Méndez y Pedro, el agitador que vino con LaGitana».

Recordaría por Valente o Valentino al soldado norteamericano que hizocircular por Pepino un aviso militar, que peticionaba el arresto e informessobre Juancho Bascarán y, seguramente, con este nombre se refería al Tenientede Caballería Valentine. 58

Bascarán, que peleaba contra los invasores, tenía guerreros ocultos a medialadera de la Loma de la Maravilla. Hombres de Valentine frustraron aBascarán que había preguntado en Los Velez, por sus dueños y capatacesy se enteraban que había arruinado y abandonado el país. En la finca enabandono que la familia tuvo en Las Marías, se había escondido la hija de la maestrita.Bascarán se detuvo allí con guerrilleros de los suyos; pero, al clarear yavanzar hacia el pueblo de Las Marías, se halló que Valentine regresaba alpueblo Se informó sobre la posición de las tropas españolas y se entrevistócon su superior Burke.

Bascarán logró escapar a todo galope, rumbo a la Loma de la Maravilla,donde si distrajo a los invasores y respaldó con su gente fuego de artilleríaespañola. Para seguir a Bascarán y tomar la Loma de la Maravilla, se ordenóla tarea al Mayor Gilbreath.

El papel de los tres coroneles (Soto, Osés Mozo y Hernández) en la defensade Mayagüez también fue cuestionado por españoles del Consejo de Guerra deOficiales Generales, reunido en Madrid, el 20 de septiembre de 1899, a más delos puertorriqueños. Del primero, los abogados defensores Eugenio de Eugenio,Federico G. de Salazar e Ignacio Axó, desmintieron que, en momento crucial, sealojara en la casa de Cirilo Blandín con muy pocos gábilos patrióticos. Otrocargo contra él fue cobardía y haberse vendido al enemigo por el equivalente,entonces, de $20,000.

Juzgado en España, Soto Villanueva salió libre de toda culpa debido ainformes sobre su conducta que se gestionaron del propio General Schwan. ElCoronel Osés también salió absuelto de cargos similares; aún así,moralmente, la imagen militar de España quedó tan sucia que, no sólo CarmeloCruz, hacía burla de ella, sino todo el que oyó las décimas.

Comevacas, tiznaos (e incendiarios) de las propiedades de BernalToledo, Flor Lugo y Font Feliú, fueron buscados por la policía municipal,hasta más de un año después de sus delitos. En una ocasión, con apoyomilitar norteamericano, el contingente perseguidor irrumpió en el rosario quese celebraba (en memoria de un guerrillero muerto en acción) en la casa de FermínMontalvo; pero los campesinos armados de macizos leños de madera que Montalvo ysu gente cortaron leños e hicieron garrores, en espera de visita como ésta,apalarearon a los intrusos, sacando a policías y soldados «a puros palos».59

Esta fue la primera derrota del Cuerpo de Policía Municipal creado,tan pronto se efectuó la toma de juramento del primer Alcalde, bajo el régimenmilitar norteamericano, y puesto bajo la dirección del Teniente Manano Rosa ydel sargento Ulpiano Méndez Martínez.

En la rememoración, escrita por Cecilio R. Font, de los ataques realizadoscontra las propiedades de Agustín María Q. Font-Feliú, se dice:

 

... En plena efervescencia de las partidas, Francisco Echeandía reunió un grupo de hombres con jachos o antorchas. Se fueron a las cuatro esquinas del pueblo y anunciaron que si las partidas quemaban los terrenos y propiedades de los Echeandía, ellos incendiarían el Pueblo (casco urbano)... Los terrenos de los Echeandía fueron respetados... La finca y terreno de Cheo Font fueron incendiadas. Cheo Font contempló desde lo alto de su casa, en la Calle Comercio, o Calle Hostos, cómo salía humo de la Hacienda Hato Arrriba, Aquel incendio sólo respetó un cuarto, que era donde se encontraba la imagen de la VIrgen de la Monserrate, venerada por generaciones por la familia Font. A esta imagen se le atribuyeron propiedades de carácter proteccionista... Francisco Echeandía (la foma vascuence ex Etexeandía) fue a parar a la cárcel de Aguadilla, junto a Cheo Font y Victorino Bernal. Esa ausencia fue aprovechada por las partidas para robarles el ganado, saquear sus propiedades e incendiar las haciendas... Cuando llegan los americanos a San Sebastián, bajo el mando del Capitán Brackford, las tropas pernoctan en los terrenos de la casa de Cheo Font. Al llegar las tropas americanas a Aguadilla, pregyntan por qué están presos Cheo Font, Francisco Echeandía y Victorino Bernal. Como no había ninguna acusación formal, fueron puestos en libertad. 60

El barrio Pozas se convirtió en la madriguera impenetrable de losguerrilleros campesinos. Allí, claro está, no todos fueron rebeldes ni todoscobardes para soportar tropelías. Un mediano propietario del área, criollo ycon nexos con las familias Prat-Alicea, Vélez Arvelo y Ortíz Alers, fue JuanFrancisco Arvelo. Su hacienda se convirtió en refugio de protección parafamilias despavoridas.

Aún gente inocente temía verse sujeta a alguna acusación injusta y que sequemara sus hogares sin aviso o por confusión. Viejos odios, agravios y deudas,surgían de la memoria social del campesinado.

Al mismo tiempo, el barrio Hato Arriba servía para convocar, orientar yanunciar, en nutridas asambleas públicas, el por qué de tales luchas yajusticiamientos. Allí Juan Tomás Cabán, Segundo Venancio Esteves y AdolfoBabilonia, líderes autonomistas respetados, dialogaron sobre las condicionespara la conciliación, el orden del nuevo régimen y el futuro de la soberanía.Avelino Méndez, «alto, flaco, temible», se pronunció por la luchaarmada. Otro líder del barrio, Joaquín Moreno, lo secundó. 61

23. Otras persecusiones

Cuando se intensificó la búsqueda de sediciosos y los españoles se aliarona los norteamericanos para tal tarea, se alegó que Avelino derribó de suscaballos a dos milicianos españoles que lo cercaron y los enfrentó a puños. Aúnse dijo que los mató. Después de este incidente, el cronista poético de lashazañas de Avelino, Carmelo Cruz, anunció los próximos ajusticiamientos:

 

Maldita una vez y mil
y mil millones de veces,
hijos de gente tan vil.
Muchos tuvieron que huir
como Mantilla y Ranero.
A ese par de mandarines,
que adivinen nuestros fines
y objetivos de aprehender,
capturar a Castañer
junto con Victor Martínez.

Dímele al puerco Arocena
que si de aquí no se va,
muy pronto le ocurrirá
lo que a Pedro Jaunarena.
A Mantilla y a Ranero,
ese par de serafines,
les dirás que nuestros fines
son de a Guijarro coger
y arrimarle a Castañer
junto con Víctor Martínez.

Díle a Braulio Caballero
que toda deuda se paga
y a Francisquito Laurnaga
que pronto perderá el cuero
A Juan Waré también
dirás, si te queda el heroísmo,
que se acabó el caciquismo
en la linda Borinquén.
Que se le acabó el Belén
que prepararon aquí.
Y a Mantilla también dí
que ya perdió la esperanza
de poder ver la matanza
de los hijos del país.

En la décima, se omite el primer apellido 'García' de Hipólito GarcíaMantilla, quien tenía mayor proyección en la comunidad pepiniana y fue elverdadero amenazado de la partida sediciosa, ya que había sido Teniente de la CuartaCompañía del Batallón de Voluntarios. La familia García Mantilla (Hipólito,Esteban, Josefina, etc.) se estableció en el sector urbano; pero, desde 1895,crearon avales económicos con el rico inmigrante vizcaíno Miguel Yparraguirre,con hacienda en el campo. Una Sucesión Hermanos Mantilla existía todavíaen 1910 en el barrio Juncal.

Según versiones de la época, solía llamarse serafines a los guardiasciviles, o miembros de los batallones españoles, que vestían de galasuniformadas y poseían instrucción formal como militares. El término serafinestambién se aplicaba a familias que pretendían noble y antiquísimo abolengo.En la escena pepiniana, las familias Arteaga López, García Mantilla y Ranero,se conocieron por tales jactancias. Treinta años antes de la rebelión de Laresy aún después, se había aludido a las hijas de Manuel Prat y Nicasia Vélezcomo serafines en consideración a la hermosura ellas (Leonora, Dominga yEulalia). Edelmiro lo fue por la extinta negra Cangara y, al poco tiempo, con elmismo vocablo se aludió a Pedro, El Cubano. 62

Francisco Ranero, agricultor y esposo de Isabel Ballester González (de prósperafamilia de la época), salió de El Pepino tras los incidentes sufridos por doñaCleofe Ballester. Se avecindaron en Santo Domingo; pero, posteriormente,regresaron a la isla, estableciéndose en San Juan. En cierta ocasión, HipólitoG. Mantilla y el serafín Ranero protegieron y evitaron la muerte de otro súbditoespañol de apellido Guijarro, propietario, que fue buscado por una partida.Mantilla, también propietario, poseyó una casa en el costado de la Iglesia Católicadel Pepino.

Braulio Caballero Ayala, como su hermano José María, fue miembro del CentroEspañol Incondicional. Nacidos en Pamplona, capital de la provincia deNavarra. Braulio se casó con la pepiniana Rita Echeandía Vélez y explotó unafinca en Calabazas. Fue socio menor de Laurnaga y Co., hasta el 29 demarzo de 1898. En tales fechas, pensaron en el regreso a España e hicieronventas de porciones de sus haciendas cafetaleras. Francisco J. Laurnaga vendíaal aguadillano Julio O. Abril y Arroyo otra porción significativa por igualmotivo. En su ensayo, La familia Font en el Grito, el Dr. Cecilio RafaelFont, explica que los hermanos Caballero Ayala «trataron de regresar a España,pero en Mayagïez el barco no pudo salir»(p. 10).

El hecho de que la familia Prat y Vélez se fue al extranjero y se arruinófinancieramente la libró de nuevas décimas, con aviso conspiratorio. Paraprotegerles de ataques, fue imprescindible la voluntad de Clementina Urrutia,quien tuvo una cita con Avelino Méndez Martínez y Joaquín Moreno.

Estos varones de guerra supieron, por vía de guerrilleros, sobre lasiniquidades de la cepa Vélez-Prat en el pasado. Bascarán y Flores Cachaco seinteresaron en escarmentar a tal familia. Hubo, entonces, quien rememorótiempos, tres o cuatro decenios atrás, cuando se dijo que don Manuel baleó ados negritos enfermos de viruela. 63

En las reuniones del Casino, el Lcdo. Víctor P. González, al recordar suvida estudiantil en Barcelona y lo que supo sobre Manuel Prat, lo tomó achacota y lo refería como el Maestre de Serrallonga. Esta referencia laconstruyó, con la ayuda de Luis Rodríguez Cabrero, humorista y periodista, queconoció, por sus lecturas, la historia trágica de Juan de Serrallonga(1587-1634), defensor de los derechos señoriales, con el apoyo del Conde Erilly uno de los nyerros más conocidos del norte de Cataluña y, sobre todo, lacomarca de Vich.

Para Rodríguez Cabrero, los desafueros en Mirabales que se adjudicaron aPrat en los años de la caída de Espartero y, localmente, durante laadministración del Alcalde Pedro A. Perea, lo hicieron una tardía y tristeversión del bandolero nyerro. El catalán Prat se pronunció en favordel absolutismo político, o monarquismo ilustrado, según las referencias queAndrés M. Cabrero diera sobre él, en el Casino lo compararon con el «engendrotrashumante de Serrallonga» (Luis Rodríguez Cabrero).

En Pepino, por la novedad de las noticias llegadas de España por viajeros yestudiantes al escribir a sus familias, se supo que Xic de les Barraquetes searmó en Sarriá (Barcelona), tras el pronunciamiento anti-republicano de Pavíaen noviembre de 1874. Con tal nombre (por «Xic»), se conoció a Juan MartíTorres, republicano recalcitrante, uno que Rodríguez Cabrero admiraba.Entonces, en el Centro Español Incondicional y la botica de Arcelay,fue Avelino Méndez Martínez quien recibió su bautizo con el mote de AvelinoBarraquetes. 64

Flores Cachaco supo sobre la barga de Manuel y la vida amorosa de Eulalia. EnCamuy, ex-peones de Emilio y Casildo Vélez llevaron a razón de leyenda lasnoticias de las bellas mirabaleñas de los Prat, los miñones que buscaron yentregaron a Silvio Alers, los duelos del pradejón, las mancebías de Pedro, elPotro y las excéntricas invenciones del catalán de Los Velez que lo mismofabricaba sus carrales para vino y calandrias en finas maderas que bacines paraque sus hijas no bajaran al patio a defecar o ducharse.

Sabida la muerte de Eulalia y la mala vida que su esposo dió a ella, FloresCachaco se antojó de machetear al mentado Alicea Pérez y darse una idea de lahembra bonita que Eulalia Prat-Velez fue. Iría a presentarse ante la hija quedejó, si bien ya estaba casada, según se informó. Y fue aquí que, por elcapricho de Flores Cachaco de conocerla y atormentar al padrastro con unarancheada, Pedro Arocena se topó con él y sus guerrilleros.

El Chino y J. Vélez Mayo, vieron las tropas yankees de paso por el Guacio yal capitán Arocena que las conducía a la casa de la familia Elizaldi. Pasabanpor Mirabales cuando la partida de Cachaco entró a la hacienda Los Velez. 65

¡Vienen los yankees!, alertó El Chino.

Los que escaparon hacia Añasco quemaron a Fermín Sagardía Torréns, 66educado en el Liceo de Mayagüez. Este tuvo una finca en Pepino, donde murió en1915. En la escapada de la partida, que se dispersó por distintos atajos deMirabales para confundir a los yankees y dar tiempo a escapar a Cachaco, seaprehendió a Lino Guzmán y se hirió de bala a Vélez Mayo que cayó delcaballo.

¡Ese hombre estuvo en el ataque de Jaunarena!, acusó Pedro Arocena.

¡Agárrenlo!

Guzmán auxilió a Vélez y lo hizo huír; pero el tiempo perdido en taltarea fue a sus expensas. Arocena lo capturó. El sargento Stephen propuso queGuzmán fuera identificado por Jaunarena mismo. Arocena y sus peones retuvierona Guzmán consigo. De regreso, a la casa de Arocena, en Mirabales, ellos fueronseguidos y amparados por las tropas de Stephen. 67 A la brigadaamericana, se la entretuvo con viandas, café y licor. Mientras se lesfestejaba, un peón de Arocena sacó del carbón encendido del anafre e improvisóuna fogatilla en el batey, frente al balcón.

What's the hell you're doing?

Arocena adivinó la inquietud. Y buscó dos piedras.

¡Si os gusta quemar, acostumbráos a lo caliente!

¡Hincó a Guzmán sobre las brasas con dos pesadas piedras en las manosatadas del reo! Lo empujó, arrodillándolo sobre carbones calientes. El maestroaguantó cuanto pudo sin gritar, pero después se quejó y dejó caer laspiedras. Cuando se le hizo recogerlas del medio de las brasas, sufrió lasquemaduras en sus rodillas y manos.

Stephen dijo que llevaría al reo hasta la Cárcel Municipal. Arocena loacompañaría como guía para que se conversara con Jaunarena. Antes sugirióotra nueva tortura, al estilo de las que fueron aplicadas por la España que élrepresentó como último juez de la Corona en el pueblo y capitán de milicias.En vez subir a las ancas de su caballo al presunto guerrillero, Arocena pidió auno de sus peones que lo amarrara al rabo de su mula. Y fue de este modo queLino Guzmán, el masón y separatista anti-español, llegó al villorio urbano,arrastrado buen trecho del camino,lacerado de quemaduras y con la promesa deArocena de hacerlo colgar.

Pedro J. Jaunarena Azcue convalecía de las heridas y golpes recibidos. Sepidió a él que hiciera su denuncia formal contra Lino Guzmán por ladrón,masón, salteador e incendiario, es decir, que lo identificara como otro desus atacantes. Y, por consideraciones de caballero y el agradecimiento de doñaCleofe (Guzmán la salvó del ultraje sexual), evitándose mayor vergüenza, elnavarrense no declaró cargos ni acusaciones contra él. 68

De todos modos, después de la angustia del asalto y la mutilación del brazode Jaunarena, como si ello no hubiera sido suficiente, al saberse del arresto deLino Guzmán y las humillaciones que Pedro Arocena hizo al maestro, otra partidasediciosa quemó parcialmente la residencia de Jaunarena, presuponiéndoledelator.

Ancianito en su hacienda en Altosano, el gran amigo de Manuel Prat y Emilio Vélezdel Río, Bernardino López de Victoria, comandante de cuartel bajo la Alcaldíade Pedro A. Perea y antecesor en la Alcaldía Ordinaria, fue obligado a huir desu casa que ardió en llamas. De él, se castigó la aplicación de los viejos Reglamentosde Jornaleros y su amistad con los esclavistas Alicea Güemes de Furnias ylos Vélez-Prat de Mirabales y Cidral. 69

Se incendió y atacó la casa de Ramón López de Linares, en el barrioMagos. Este y su anciano padre, Pedro López Valdivieso, resistió a tiros. Estacepa de López, naturales de Galicia, llegó a Pepino en 1886. Ellos noimaginaron que la muerte del rey Alfonso XII, el 25 de noviembre de 1885, traeríaotros cruentos alzamientos en España. No imaginaron que sería aquí, la tierrapepiniana a la que arribaron, donde verían señales de guerra y advendríancomo víctimas.

«El que huye de la guerra, más pronto la encuentra», decía BlancoOrtíz.

Casi un año de incidentes violentos, como los ocurridos en San Sebastián,se produjeron a partir de agosto en las cercanías. Una de las víctimas fue JoséBonifacio Delgado González (n. 1861), hijo de canarios, procedentes deVenezuela, y esposo de D. Antonia Delgado y Perdomo.

Hombre emprendedor, don José B. Delgado tenía terrenos en los barriosBuenos Aires y Cibao de Camuy, donde producía Ron Moscaba. Comprendíala indigencia y la escasez de alimentos que aún azotaba los barrios. Cuando sele invitó a pernoctar en Piletas y se le advirtió que «las cosas no estánbuenas en Cibao», el buen hombre dijo: «Yo tengo arma y además lo quequieran yo se lo doy; esos hombres sólo tienen hambre y en mi casa hay comidasuficiente»; regresó a su casa. Pese a esa comprensión y gentileza, JoséBonifacio fue atacado en su hogar, impíamente asaltado por peones que él conocía,herido de un machetazo por alguno de ellos, amarrado y empujado por unasescaleras, sufriendo violentas contusiones. Robaron dinero y armas de su casa.Falleció «por la mucha sangre perdida» y «no se pudo probar que uno delos arrestados fuera culpable del asesinato o que había participado en loshechos».

Esta memoria de 1898, escrita por Miguel Hernández Torres, es ilustrativasobre los elementos de ocultación que se asocian a esta etapa de crímenes yfrustración que permean la memoria histórica de las partidas.

 

... Mi primo Rafael (Delgado Simonet) y yo presentimos que, aunque muchas veces contada, los ancianos de la familia no han dicho todo lo que saben sobre esta historia... Hasta hoy no se saben más detalles del incidente pues todos los acontecimientos de esa triste noche se conocen sólo por la historia oral. A la fecha de hoy no se ha encontrado récord oficial del caso ni el acta de defunción. La muerte de Don Pepe no está registrada en el Libro de Defunciones de la Parroquia de Lares ni en el Registro Demográfico. Hemos buscado confirmación oficial de su muerte en otros pueblos, en libros de historia y en el Archivo Histórico de Puerto Rico sin éxito. Tampoco hemos podido confirmar dónde están sus restos. 70

Documentar este asesinato que, al parecer, no tuvo otro motivo que el hechode que Delgado fue como su padre (don Buenaventura Delgado León), miembro deuna compañía militar y, en 1892, ciudadano que había ascendido al rango deSegundo Teniente del Batallón Núm. 14 del Cuerpo de Voluntarios dePuerto Rico, es sintomático del mismo problema que confrontara cuando seinvestigan los incidentes de las Partidas Sediciosas en Pepino. De cierto quepregunté por documentos, expedientes policiales, actas de diverso tipo y, aúnlos nombres y paraderos de agresores e involucrados.

Luis Rechani Agrait especuló que fueron unionistas, digitados por caciquesen 1898, los que fueron responsables de los asesinatos:

 

... Quebradillas, San Sebastián y Camuy, son pueblos unionistas y, en los límites de los tres, hay un lugar nombrado El Cibao... Allí tenía una hacienda don José Delgado, puertorriqueño, anciano y falto de un brazo... Cierta noche se le presentaron las turbas unionistas, puesto que allí no hay republicanos, le dispararon un tiro de escopeta en el estómago y le asestaron heridas de machete hasta dejarlo muerto... Después pasaron al molino, donde dormía un español que le servía de mayordomo, le dieron un machetazo en el cuello que le separó la cabeza del tronco... Por aquellos sitios no hay republicanos; por allí, solo hay unionistas...

En un campo inmediato vivía con su familia el español Pedro Jaunarena. Otra noche se presentaron en su tienda varios individuos que lo solicitaban y, al acudir Jaunarena al llamamiento, del primer saludo de machete le llevaron la mano derecha y, del segundo, le hundieron el cráneo, salvándole la vida su esposa, que se lanzó como una leona sobre los facinerosos (L. Rechani Agrait, loc. cit.)

Don Héctor Detrés Olivieri, quien fuera en los años '70 el encargado deasuntos culturales del municipio de San Sebastián, se reía de mi insistenciaen inquirir sobre la existencia de documentos que las mismas partidasdestruyeron, enviados por sus jefes.

Detrés hizo sobre mi persona el comentario («eres el último inquisidor»)y comprendí, algo más tarde, su referencia literaria al inquisidor que losReyes Católicos enviaron a Fuente Obejuna, la villa cordobesa de Peñarroya(Pueblo Nuevo) que Lope de Vega incorporó a la literatura unversal al escribirsu comedia dramática en verso Fuente Obejuna (1618). En realidad,transcurrieron varios años para que yo comprendiera, con malicia, a qué sereferió don Héctor al nombrarme casi bromísticamente como el últimoinquisidor y estar al pendiente sobre este trabajo, cuya importancia entendía,pero que, por mi juventud entonces, él mismo dudara sobre mi habilidad parainvolucrarme con el tema. Supe, por cartas suyas, que grabar a mis entrevistadosle pareció útil; pero que se sentía incómodo de que yo pretendiera hacerlocon él; yo le pregunté muy frontalmente por qué tenía miedo el asunto de lasPartidas Sediciosas, si ya «es historia, es pasado» de algún modo.

La última carta que dirigí a él fue para informarle que, si publicaba algosobre Pepino, ya no sería ya sobre la invasión de 1898 y las PartidasSediciosas únicamente, sino sobre la historia del pueblo durante la década delPartido Liberal antes de Luis Muñoz Marín. La publicación (¡no sé por quéla urgencia de aquellos días en Pepino!) sobre las partidas tomaría mucho mástiempo.

Entonces, en respuesta, el 16 de septiembre de 1978, un año antes de morir,Detrés Olivieri me aludió otra vez como inquisidor, lo planteó en el contextodel libro de Lope de Vega y de las Partidas Sediciosas y me dijo que, setentaaños o más después de un gran dolor nadie se acuerda de los achaques.Todavía lo que quiso decir me inquieta. Si se leyera tal apreciación a la luzde Fuente Ovejuna, el código se vuelve significativo. ¿Sabría más de lo queme dijo sobre el tema? Si fue así se lo llevó a la tumba. Escribir sobre lasfamilias, históricamente poderosas del Pepino, es un desafío extraordinario.

No obstante, don Héctor Detrés, quien siempre quiso ser colaborativo con miinvestigación (e insistía en que sólo Echeandía Font y Andrés Jaunarena seexplayarían sobre las historias de 1898), proveyó dos coyunturas para mireflexión. Una, la presuposición de que el tema estaba agotado. Los documentospor los que yo preguntara no existen; fueron intencionalmente destruídos. AndrésMéndez Liciaga selló con el Boceto histórico cierto pacto con Narciso RabellCabrero y otros, con el fin de que crear borrón y cuenta nueva en tornoa todo el asunto de los tiznaos.

El Fuego de Castañer de 1899 y otro, acaecido en 1906, que fueadjudicado a las manos negras contra el Cuartel de Policía, se creyó una acciónintencionada para borrar vestigios de todo archivo público. Mas ciertamente talfue una interpretación especulativa e improbable.

El inquisor que pregunta, como función investigadora del crimen contra elComendador de Calatrava (que localmente, seguramente, para Detrés Olivieri yotros, fue el símbolo de la España ultrajadora y raptora de libertades), hallóun pueblo y dirigentes en silencio y complicidad. Este es el símbolo del Pepinoque dijo, ante mi pregunta y ante preguntas previas de las autoridades queinvestigaron sobre las turbas sediciosas de 1898:

¿Quién mató al Comendador?

¡Fuente Ovejuna, señor!

En conclusión, en esta comparación, defino una hipótesis. Más allá de laidea popular de que las autoridades estadounidenses solaparon los crímenes delas Partidas Sediciosas, es posible entrever que el Pueblo de Pepino, comootros, ejecutaron una respuesta similar a la villa de Fuente Ovejuna paraproteger la acción de sus turbas enfurecidas. Por los testimonios que ya fueronposibles, especialmente entre los familiares de las víctimas, se ofrece unavisión más amplia que la susodicha complicidad del invasor. En un pueblo dondedecenas de crímenes fueron cometidos, los causantes inmediatos tendrían algunapresencia, a pesar de que ésta fuese protegida por la complicidad social. Enuna sociedad democrática, no basta que, como en Fuente Ovejuna, el reyperdone a todos al conocer la causa de la rebelión. Decir que los crímenes olos castigos a los atropellos de los señores (los señores de la Españadecimonónica) quedaron impunes por decreto de Rey requirió cierto consenso decomplicidad y el proceso de su justificación.

¿Quién mató al Comendador?

¡Todo el Pepino, señor!

La sección octava de esta monografía explica la dificultad de investigar larabia contenida de este pueblo (es decir, estos relatores de un momento dolorosode la vida pepiniana les retrotrajo a una memoria histórica dura de tragar),ante mis doce preguntas básicas. Juzgar estos hechos es asunto que se enmarcaen dilemas de consciencia y violencia. Y la responsabilidad memorante decontarlo se equivale, en cierto modo, a la misma que sufre un paciente cuando essujeto a arousal therapy.

Para Andrés Jaunarena no fue fácil rememorar que su padre, Pedro José, fuevíctima y que la agresión, ciertamente impune, lo dejó soco, o sin uno de susbrazos; yo entendía que había emociones circulando en su psiquis según dabael relato. Lo mismo sucedió con Delfín Bernal. Para los deudos y parientes delas víctimas, la investigación del operativo y consenso de complicidadfue crucial; por eso sus memorias son más coloridas, emocionales y detalladas.Fueron gente dolida y sorprendida de que el liderato alcaldicio y político desu pueblo tramara como reacción la respuesta de Fuente Obejuna. Callar para quehaya un perdón a la larga; para no hacer sangrar más las heridas.

La complicidad (no persecución) fue el alivio general del que sebeneficiaron los sediciosos. Sin sanción ni castigo, ¿dolerían menos losactos y responsabilidades en las conciencias de los forajidos? Una colectividadsuele echar loas, endechar estéticamente, a mártires y héroes. Con laspartidas anárquicas esto no fue posible. Un silencio se impuso, se propuso y secultivó hasta que llegó un inquisidor como en el drama de---

En la literatura pepiniana, hay cierto vacío literario y documental sobreese periodo de choque emocional y violencia que Narciso Rabell refirió con lametáfora de los dos Pepinos, estructuralmente básicos: uno de señoresy otro de plebeyos, pero no en el sentido más despectivo del término. No degleba, sino de descontentos.

Los héroes del Grito de Lares han sido más visibles y memorables que losalzados del '98, no necesariamente porque las acciones de estos últimos fueronmenos razonables o comprensibles y su causa arrastrara menos voluntadesparticipativas. En su momento, Lares fue escándalo---

El hecho fue que el precio a pagar, tras la sedición campesina, fuecondicionado en la vergüenza y en la reprobación pública. Contrario a larevuelta de Lares (que trajo por secuela una intensificación del procesoabolicionista y el reconocimiento de nuevos héroes en el imaginario popular),las partidas no lograron nada, sino el odio de los señores, promesas deunionitas que jamás se cumplían, trabajos más rudos en la economía cañeray, como observara Manuel Méndez Ballester, tiempos muertos para eljornalero de la caña y subempleo en miseria.

Cuando me pregunto cuántas personas en Pepino, Hatillo, Lares, Camuy o elValle del Toa, pudieron participar en una partida campesina, armada, dispuesta acometer uno o más atropellos, o jugárselas a pesar de las esporádicasescaramuzas entre invasores y batallones con bandera de España, toques dequeda y la prohibición a la portación de armas, y al contrastar el númerode participantes (que los familiares de las víctimas han alegado alegan),pienso en varias posibilidades: los comevacas y tiznaos fueron un tropel numéricamentesignificativo y debió ser tomado en cuenta. No en balde Rabell Cabrero clasificóa este Pepino rebelde, como el pueblo que se contrapondría al sectorconservador y aún un tercer sector de pueblo y campo y gente urbana menosapremiado por el hambre. Como parte del proceso justificativo a sucomportamiento, ¿quién proveyó un marco moral para su contención?

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