Escrito en el que aludo a lo que he llamado teosofía mágica, y que no está muy lejos de la teología católica medieval, con Santo Tomás incluido diciendo que hay que quemar al hereje, porque aunque la fe es un acto de voluntad, una vez que se consiente (el mismo día de nacer, por creencia religiosa paterno-materna) ya no puede abjurarse de ella.
Indudablemente yo mismo admiro el saber del mago, o ilusionista, que nos hace ver lo que no existe, mediante lo que llamamos trucos aprendidos. Pero esos saberes no son los teóricos a los que aludo en este escrito, y que son tan falsos como los de cualquier religión, o incluso de cualquier teología o metafísica, si así lo prefieren.
Magia y religión
II. - Necedades teosóficas
Los nueve capítulos siguientes van a tratar de brujería, magia, nigromancia, alquimia, metapsíquica, inquisición, iniciación y alta magia, pero tengo que referirme únicamente a la europea, que es la única que conozco algo, y no como practicante, sino como algo erudito, ni siquiera aficionado. Por eso tengo que comenzar este escrito recordando que todos estos "saberes" son en realidad medievales, en unos siglos en los que la Iglesia Católica había instituido una teocracia que en nada envidiaba a la hebrea, con instituciones políticas (monarquía de origen divino) y estilos de vida (fe cristiana impuesta desde el nacimiento a la muerte, que era natural si no se abjuraba de ella, o por ser quemado vivo si se dudaba), todo respecto al pueblo, al creyente a la fuerza, pues Monarquía Absoluta, Nobleza y Clero, los tres Poderes de la época, ni siquiera creían, si nos atenemos a sus hechos y forma de vida, si bien practicaban todos la clásica guerra santa, que como ya he dicho fue invento judío, concretamente de los Macabeos, y desde el punto de vista más religioso de los asideos, y luego de los esenios, nazoreos, zelotas, sicarios, etc.
Estas mal llamadas "ciencias ocultas" que voy a estudiar no son, pues, ciencias, aunque sí puedan ser consideradas saberes, pues se aprenden, como cualquier oficio. No son, pues, ciencias encaminadas a resolver misterios, a no ser que volvamos a llamar misterios los religiosos que también hemos estudiado, y que repito son uno de los muchos ingredientes del cristianismo. Y como muestra de que no son ciencias, recuerdo la creencia, muy extendida en la Edad Media, de que Nicolás de Flames, librero parisiense, seguía vivo tras varios siglos de haber muerto físicamente, porque se distingue entre materia y espíritu en una forma absolutamente errónea y falsa.
Cuanto en estas ciencias, y en otras muchas, todas religiosas, se dice del pensamiento divino, que desciende al humano en forma de chispa, no es más que neoplatonismo, otros de los múltiples ingredientes del tan citado cristianismo. Pero siempre por invenciones humanas de los que yo llamo dioses-hombres.
El pensamiento humano como conjunto de vibraciones es otro invento, mediante el que se pretende y pretendía poseer el inventado pensamiento divino, todo misericordia, amor, justicia, etc. :un simple ideal humano.
Dicen estos indoctos que el mundo creado por Dios se basa en una ley sobre la evolución de la materia y del espíritu, inmutable, universal y armónica, con la vida terrenal en completa conexión con la voluntad divina. Pero yo me remito a mis escritos sobre Dios, energía total , de los que yo mismo he dicho que no creo en ellos, pero que siguen siendo la mejor intelección, hasta hoy, tanto de dios como del universo, mente humana incluida.
Y como muestra de estos pseudosaberes:Dios es amor; el amor es esencia y causa de la Creación, poder y sabiduría; amor, poder y sabiduría constituyen la trinidad en la unidad divina y cosmológica; el poder y la sabiduría divinas se convirtieron en materia y espíritu; el espíritu amó a la materia, la materia amó al espíritu, y ambos quisieron conocerse, engendrando con su unión el movimiento y la expansión, de los que nació la Creación, que es imagen concreta de la abstracción divina; la finalidad de la Creración es la conciencia; el amor divino ha creado las cosas mediante el poder y les ha infundido sabiduría mediante la voluntad; las cosas se desarrollan para ser conscientes; el símbolo numérico de la Creación es la Trinidad en la Unidad, y por tanto el 4.
La magia es, por tanto, tan religiosa y veraz como la religión, tachando siempre de materialistas y ateos a cuantos no creen en ella.
La actual critica que el hombre quiera descubrir planetas lejanos, sin saber lo que es el alma y el espíritu. Pero ya he dicho que ya en Salamanca, años cincuenta, consideré falsos e inventados todos los saberes teológicos y filosóficos, incluidos los metafísicos.
Cual toda religión, para ella todo es Dios, pero dioses que inventan, que son siempre humanos.
Se jactan de saber que lo que llaman alma no es molécula química, pero porque desconocen las transformaciones materia-espíritu de las que yo he hablado en mis escritos citados (Dios, energía total).
Dicen que la revelación es intuición, y en esto pueden acertar, pues es lo que yo suelo llamar invento humano.
La tradición del andrógino, hombre macho y hembra, es leyenda, excepto en el período fetal que estudia la embriología.
El alma no es chispa divina, encarnada y encarcelada en el cuerpo, aunque sea platonismo y neoplatonismo, que acepta y repite no sólo el cristianismo, sino todos estos pseudocientíficos que estoy llamando magos.
La serpiente puede significar vida en todos estos saberes, pero los hombres no somos concebidos porque el espíritu se sienta atraído por estas serpientes, símbolos también de sabiduría.
Los sentimientos de pecado e impureza que religiones y magias relacionan con el sexo no recuerdan descensos platónicos de espíritus puros en cuerpos materiales, preparando a los cuerpos para que reciban nuevos espíritus.
El himen femenino sí puede ser creación natural para que sepa usar del sexo, pero no porque la mujer fuera pura e incontaminada en el mundo del espíritu, reducida a materia por su ansia de conocer al hombre.
En muchas cosmogonías y religiones hay trinidades, como 1)la china del Tao (la razón) produciendo el Uno, que produce el Dos, quien a su vez produce el Tres, para que éste produzca todo; 2)la hindú de Brahma (el inmaterial), engendrando a Visnú (el Verbo católico), con Siva como amor no menos católico; o 3)la católica, en la que el Padre es el dios de los gnósticos, el Hijo es un iluminado ultraortodoxo judío que predicó el advenimiento del Mesías porque había llegado el Fin de los Tiempos; y el Espíritu Santo invento de los sabios fariseos de la Corte de Salomón, para explicar el espíritu que vagaba sobre las aguas en la genética creación del universo.
Estos magos han descubierto, sin embargo, el misterio de la trinidad católica, en su conocida frase el Padre Es Amor, porque dicen que el Padre es Creador, Es es Ser, Hijo o Verbo, y Amor es Espíritu Santo.
La divinidad no es fusión de lo masculino y lo femenino, aunque yo mismo haya dicho, en mis citados escritos, que la autofecundación divina puede ser explicada como unión consubstancial de energía y antienergía, a niveles cósmicos.
Cuando engendramos hijos no sólo le damos el cuerpo, sino lo que todos estos farsantes llaman espíritu.
Finalmente, ni el ser humano es Amor, porque se sienta Espíritu Santo, y ni siquiera es cierto que hayamos sido concebidos a imagen de Dios, porque la imagen de Dios es el universo, en cada etapa de su evolución e involución.