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Magia y Religión: El espíritu de la mies en Europa

Resumen: Aunque algo extenso, este escrito es un resumen de la costumbre, muy generalizada, de llamar “la madre”, ”la doncella”, ”la abuela”, ”la vieja”, ”la reina”, etc a la última gavilla segada, a la que solía vestirse y ataviarse de muñeca, dándosela un culto mitad festivo y mitad mágico, puesto que los granos de esta gavilla eran siempre símbolo de fertilidad, de buen parto de vacas o yeguas, o incluso de feliz matrimonio de la muchacha que la segaba.
Ritos que influían en las costumbres de siega, pues cuanto tenía simbolismo despectivo, y se entregaba al segador más lento, nadie quería ser el último; o cuando tenía significado positivo, y era segada por una muchacha, ésta venía a ser una reina de las fiestas de la siega.

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Autor: Rafael Gonzalo Jiménez

Aunque algo extenso, este escrito es un resumen de la costumbre, muy generalizada, de llamar "la madre", "la doncella", "la abuela", "la vieja", "la reina", etc a la última gavilla segada, a la que solía vestirse y ataviarse de muñeca, dándosela un culto mitad festivo y mitad mágico, puesto que los granos de esta gavilla eran siempre símbolo de fertilidad, de buen parto de vacas o yeguas, o incluso de feliz matrimonio de la muchacha que la segaba. 

Ritos que influían en las costumbres de siega, pues cuanto tenía simbolismo despectivo, y se entregaba al segador más lento, nadie quería ser el último; o cuando tenía significado positivo, y era segada por una muchacha, ésta venía a ser una reina de las fiestas de la siega. 

Magia y religión

XLIX. - El espíritu de la mies en Europa

Signifique, o no, Deméter la madre de la cebada, lo cierto es que, hasta finales del siglo XIX, muchos países han creído en una especie de espíritu de las mieses, simbolizada siempre en la última gavilla que se segaba, de la que esperaban buena suerte para la cosecha siguiente, casarse, etc. Incluso que auyentara los ratones de los graneros. 

No merece la pena un estudio pormenorizado de esta creencia país por país, pero voy a referirme en este escrito sólo a Europa, excluyendo los pueblos latinos, y en unos se consideró este espíritu del cereal entrado en años (la madre, la abuela), y en otros joven (la doncella). 

En Alemania, Francia y algunos países eslavos era "la madre", y desempeñó un importante papel en las costumbres de la recolección. La última gavilla era llevada alegremente a casa, y colocada en el granero. En algunos sitios se hacía con ella un muñeco de labrador, o una muñeca que se vestía de mujer, y se empapaba de agua. En otros era la mujer, entre 50 y 55 años, que más años de casada llevara, la que representaba a la madre del cereal. O la muchacha más bonita. En todos presidía la cena y los bailes de fin de cosecha, y permanecía en el granero, al menos hasta que terminara la trilla. Hubo pueblos que la llevaban a la iglesia. Los segadores más rápidos tenían preferencias y honores en todas estas ceremonias, y en la Alta Bretaña, si era casado, se le entregaba una gavilla madre, que era una doble muñeca, con la más pequeña dentro. Había lugares en los que lo traído a casa era la última gavilla segada, y en ese caso se metían piedras dentro, para hacerla más pesada, y se la solía llamar la gran madre. 

En Prusia Oriental, Silesia, Irlanda, etc. era llamada abuela. En Suabia, Prusia Occidental, Alemania del norte, Polonia, Lituania, etc. la vieja. Y, en forma de gavilla o muñeco, era dada al segador más lento, o a la mujer que ató el último haz, entre risas y burlas, por lo que nadie quería ser el último. 

En Suecia, Baviera y otros lugares se ataba el último haz a quien lo segó, y así regresaba a la aldea. 

En Escocia, si se segaba la última mies después del 1 de noviembre, quien la recibía era Carlin o Carline, el viejo o la vieja; pero si se segaba antes era la doncella, o si era segada con el sol puesto la bruja, y en este último caso traía mala suerte. En las islas Hébridas y montañas de Escocia era la "vieja esposa", y dada a los caballos en la cosecha siguiente. 
En Rusia, Bulgaria, Austria e Inglaterra la última gavilla era llamada la reina, y vestida de mujer era tirada al río, o quemada, siempre con fines fertilizantes. 

Estas costumbres no sólo se practicaban durante la siega, sino también durante la trilla en las eras. Y en algunos lugares de Suecia, si aparecía por allí una mujer forastera, era considerada espíritu del grano, y se le ataban espigas alrededor del cuerpo, poniéndosela guirnalda de flores en la cabeza, y llamándosela Mujer de la Mies. 

En algunos lugares de Francia era la mujer del granjero la que representaba al espíritu del cereal, y con la última gavilla atada al cuerpo era llevada a la era envuelta en una sábana, en parihuelas, y empujada hasta que pasaba por debajo de la máquina de trillar. 

Los pueblos que concebían al espíritu del grano joven hacían con las últimas gavillas muñecas llamadas doncellas, o muñecos llamados bastardos, y la mujer que agavillaba el último haz era la madre del grano, y tenía que fingir parir un niño, que era el atado al último haz; por lo que en partes de Alemania del Norte se llamaba niño a la última gavilla, o al muñeco hecho con ella. 

En Escocia el último puñado de mies segado era llamado Kirn, vestido de muñeco o muñeca. Y solía ser segado con los ojos vendados. En la serranía escocesa era Maidheanbuain, doncella motilona; y si era segada por persona joven, se casaba antes de la próxima cosecha. En Escocia del norte la guardaban hasta Navidad, y en algunos lugares era siempre segada por la moza más joven. 

En 1830 aún había alquerías de Escocia en que la doncella era partida en dos por una muchacha, y mientras la partía todos los segadores lanzaban al aire sus hoces. Vestían y adornaban después a la doncella de muñeca, y la colbaban del techo de la cocina, donde la dejaban años, con un papel prendido indicando el año de esa cosecha. 

En otros sitios la doncella era paseada en procesión, y conservada después siempre por la señora de la hacienda, hasta que era dada como pasto al primer potrillo que naciera; o dada en Navidad a yegua o vaca preñada. 

No faltaron sitios en los que la última gavilla segada, y la jovencita que la segaba, eran "la novia". Y otros en los que "un novio-avena" y una "novia-avena", ambos forrados de paja, bailaban como novios, y llevados en carreta eran los reyes de la fiesta, que solía terminar quitándoles las pajas al novio, entre el regocijo de todos. Costumbre tan extendida en Sajonia y Silesia, que otros pueblos casaban al "novio y novia trigo". 

En algunos pueblos de Escocia las primeras gavillas segadas eran "la vieja", y se entregaba al segador que terminaba el último; mientras la última gavilla era "la doncella", y quedaba en poder del dueño.

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