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Magia y Religión: Encarnaciones animales del espíritu del grano

Resumen: Escrito en el que resumo las distintas encarnaciones animales del espíritu del grano, según creencias que han perdurado en Europa hasta finales del siglo XVIII.

Este escrito contrasta con la crueldad de los pueblos primitivos, que vimos en el capítulo anterior, pero no son festejos de Carnaval, sino creencias mitad religiosas, mitad aún mágicas, mediante las que se sigue intentando la fertilidad de los campos, a base de respeto al espíritu que aún creen que tiene el grano.

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Autor: Rafael Gonzalo Jiménez

Escrito en el que resumo las distintas encarnaciones animales del espíritu del grano, según creencias que han perdurado en Europa hasta finales del siglo XVIII. 

Este escrito contrasta con la crueldad de los pueblos primitivos, que vimos en el capítulo anterior, pero no son festejos de Carnaval, sino creencias mitad religiosas, mitad aún mágicas, mediante las que se sigue intentando la fertilidad de los campos, a base de respeto al espíritu que aún creen que tiene el grano. 

Magia y religión

LII. - Encarnaciones animales del espíritu del grano

Entre los animales cuyas formas se supone que adopta el espíritu del grano está el lobo, el perro, la liebre, la zorra, el gallo, el ganso, la codorniz, el gato, la cabra, la vaca, buey o toro, el cerdo y el caballo; sin faltar el ciervo, el corzo, la oveja, el oso, al asno, el ratón, la cigüeña, el cisne y el milano. El origen de algunas de estas animalizaciones puede ser que, como se cree siempre oculto al espíritu del grano en las últimas gavillas, vieran salir algún animal de esos de ellas mientras las segaban; pero es menos probable que de esas gavillas haya salido nunca una vaca, buey, toro o caballo. Sí de la mies antes de segar. 

Como ya hemos visto, el segador que siega la última gavilla, o la mujer que la ata, son ahora la representación de uno de estos animales, que se siguen representando mediante muñecos. Y siempre este animal vive mientras haya mies sin trillar, por lo que es al finalizar la trilla cuando iban pasando el muñeco del animal al que aún estaba trillando. A veces el trillador del último haz representaba al espíritu del grano, y por tanto al animal; y si los que estaban trillando lo cogían le trataban como a tal. 

Por países, en Francia, Alemania, Silesia y países eslavos el espíritu del grano era concebido especialmente como lobo o perro, y en Feilenhof, Prusia Oriental, cuando veían un lobo corriendo por los campos miraban si llevaba el rabo tieso o arrastrando por el suelo:si lo llevaba arrastrando se alegraban, e incluso obsequiaban al lobo con algo de comer; si lo llevaba erguido, intentaban matarlo, porque el poder fertilizante del espíritu del grano estaba, en estos casos, en el rabo del animal. En Wanzleben, cerca de Magdeburgo, después de la trilla iban los campesinos en procesión conduciendo con una cadena a un hombre envuelto en paja al que llamaban el lobo; o en Guyena, Francia, como a la última gavilla llamaban coujoulage (carnero castrado), cuando habían segado la última mies llevaban un morueco castrado por todo el campo, al que llamaban lobo también. En Polonia paseaban un lobo disecado, o un hombre vestido con piel de lobo, en las cercanías de Navidad, recolectando dinero. 

En Austria y Alemania septentrional el espíritu del grano solía ser gallo, y entre los Wendas, Lusacia, el labrador ocultaba en la última gavilla segada un gallo, y el que encontraba esta gavilla tenía derecho a quedarse con él; en esto consistía el cierre del festival de la recolección, y la cerveza que se servía era la del gallo. En Westfalia hacían un gallo de madera, cartón, espigas o flores, e iba al frente de las carretas de mies. En Silesia presentaban al amo un gallo vivo en una bandeja. El principal plato de la cena de la cosecha era el gallo, y si volcaba un carro con mies "volcaba el gallo de la cosecha". En Frisia Oriental llamaban "la gallina clueca" a quien daba el último golpe a la trilla, y esparcían grano ante ella como si fuese una gallina. También mataban al espíritu del grano en forma de un gallo, que ponían en la última mies que iba a ser cortada, y perseguían por el campo, hasta enterrarlo en el suelo sobresaliendo sólo el cuello, que decapitaban. Cuando los gañanes traían el gallo de madera al labrador, éste les daba un gallo vivo, que mataban a latigazos, o decapitándole, tirándolo después al granero, o dándolo a la señora de la casa para que lo guisase. Si no volcaba ningún carro, los gañanes tenían derecho a matar un gallo del corral, por lo que era costumbre que en estas regiones la comida preferentemente dada a los gañanes fuera sopa de puerros con caldo de gallo. En Udvarhely, Transilvania, ataban un gallo vivo a la última gavilla, y lo ensartaban con un asador; después le desollaban y tiraban la carne, pero guardaban las plumas y el pellejo hasta el año siguiente, mezclaban el grano de la última gavilla con las plumas, y esparcían todo por el campo que se iba a labrar. 

En Escocia, parte de Alemania y Noruega el espíritu del grano solía ser liebre, eran liebres las que se entregaban para que custodiaran las puertas de las cocinas, y en Minnigraff quien cortaba la liebre (macolla con tres porciones trenzadas con nudo de espigas) era el primero en casarse. En Noruega quien mataba la "liebre" tenía que dar su sangre en forma de aguardiente; y en Lesbos tenían mejores cosechas quienes no recibían "la liebre" (última gavilla segada). 

En Kiel, Eisenach y otras ciudades de Alemania; así como en otras del Delfinado, parte de Francia y montañas de los Vosgos el espíritu del grano era gato, por lo que gato era la mascota de la siega, gato el que lamía las heridas de un segador herido, "gato" quien cortaba la última gavilla, y "gata" su compañera. Gato mataban a golpes de mayal al trillar "el gato de la mies" (última gavilla segada), y gato asado lo que comían el domingo siguiente, pues era el matado en la trilla. 

En Prusia, Baja Baviera y algunas partes de Estiria el espíritu del grano era cabra, cabra de madera con espigas en nariz y boca el fetiche de la siega, cabra la última gavilla segada, "cabras envueltas en paja" las mujeres que ataban la última gavilla, "cabra" quien la segaba, que en Thurgau llevaba esquila en el cuello en los festejos, vertiéndosele aguardiente por encima. Goabbir bhacagh, cabra coja, era la gavilla que se enviaba al segador más rezagado. Cabra adornada con flores era la que triscaba por el rastrojo en Grenoble al final de la siega, a la que se comía en la cena de la cosecha, excepto un trozo, que dejaban adobado hasta la cosecha siguiente. Piel de cabra era la esclavina del dueño que trabajaba con sus gañanes, y la que curaba los dolores de espalda. "Cabras" eran las últimas gavillas sin trillar, "cabra" el último trillador, cabra de paja era la que plantaban los jóvenes del Franco-Condado en los corrales del trillador rezagado, una cabra se tiraba al granero del último que trillaba en Ellwangen, Würtemberg; cabra de paja se tiraba al rezagado en trillar en Indersdorf, alta Baviera, y cabra disecada colocaban al que se retrasaba más de una semana en la trilla en Saverne, Alsacia. 

En muchas ciudades de Prusia , Francia y Turingia el espíritu del grano era vaca, toro o buey. Si algún segador se cortaba, tenía "cornada del buey". La última gavilla era buey relleno de estopa envuelto en espigas, y si tenía forma humana era búfalo. Vacas en forma de mujeres llevaban a la alquería los que habían segado la última gavilla; toro de paja ponían en Rosenheim, alta Baviera, al último en recoger la cosecha; bueyes o terneras adornados los que acompañaban las fiestas campesinas de siegas; "la vaca" era quien más se retrasaba en la trilla; vaca era el nombre de una efigie de vieja andrajosa que tiraban al pajar del último trillador; un buey mataban al terminarse la siega en Auxierre, y mugidos de ternero imitaban los que se quedaban sin cuerdas para atar sus gavillas. 

En algunas ciudades de Alemania y Francia el espíritu del grano era caballo o yegua, y por tanto "yeguas" eran las últimas gavillas, o lo que se ofrecía a los segadores rezagados. Un potro se comía en Lille la última gavilla, etc. 

En Turingia, Suabia, alta Baviera, Suecia y Dinamarca el espíritu del grano era cerdo o verraco, y por tanto "cerda" era la última gavilla, quien la segaba, lo último que se trillaba, etc. Cerdo se comía en la cena de siega, o budines de pasta de harina moldeados como cerditos. Espinazo de cerdo, con rabo, era lo que se llevaba a quienes sembraban cebada en Neuautz, Curlandia; y clavaban el rabo en el surco. Carne de cerdo se hervía el martes de carnaval en Salza, Meiningen, y sus huesos los mezclaban con ceniza y semillas. Sopas de guisantes con costillas de cerdo ahumado comían en Hesse el miércoles de Ceniza o el día de la Candelaria, y conservaban sus huesos hasta la siembra, para clavarlos en el sembrado, o mezclarlos con las semillas del lino. 

En Suecia y Dinamarca horneaban en Navidad hogazas en forma de cerdo, y su harina era de la última gavilla de la mies. Parte de estas hogazas se conservaban hasta la siembra, para mezclarlas con la semilla; y parte se daba a los caballos o bueyes que araban. En Suecia, también por Navidad, envolvían con pieles a un hombre que llevaba en la boca briznas de paja imitando cerdas erizadas de verraco, y una vieja con cara tiznada imitaba sacrificarle, tal vez porque en los primeros tiempos se sacrificó por estas fechas hombres disfrazados de verraco, y después cerdos. 

En la isla estonia de Oesel el día de Nochebuena hornean un pastel alargado que llaman verraco de Navidad, que preside la mesa hasta Año Nuevo. Día en que lo distribuyen entre el ganado. En otras partes de la misma isla es un cerdito asado, nacido en marzo, el servido en la cena de Nochebuena, y permanece en la mesa varios días, de pie sobre sus cuatro patas. En otras partes de Estonia el verraco de Pascua se hace con el primer centeno de la cosecha, tiene forma cónica, y una cruz impresa con hueso de cerdo; permanece en la mesa toda la Pascua, con una luz al lado. Los días de Año Nuevo y Epifanía, antes del amanecer, desmigajan un poco del pastel, y se lo dan al ganado. El resto se lo dan al ganado cuando sale a pastar en primavera. Hay sitios en los que también comen del verraco de Navidad los gañanes.

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