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Textiles Prehispánicos y Coloniales
Resumen: Vestirse y adornarse es probablemente una actividad universal en todas las culturas; que, además de proteger y embellecer el cuerpo expresan diversos textos que son decodificados en cada sociedad como indicadores de estatus, pertenencia étnica, profesión, sexo, edad, etc. En el mundo andino es un quehacer aún más relevante por razones domésticas y rituales.(V)
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Autor: Liliana Ulloa
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Vestirse
y adornarse es probablemente una actividad universal en todas las
culturas; que, además de proteger y embellecer el cuerpo expresan
diversos textos que son decodificados en cada sociedad como indicadores de
estatus, pertenencia étnica, profesión, sexo, edad, etc. En el mundo
andino es un quehacer aún más relevante por razones domésticas y
rituales.
Sabemos
por las fuentes documentales del período de conquista hispana que el
tejido desempeñaba el rol de arte mayor, que tenía fines mágico-religiosos
y que incluso en ellos se registraba parte de la historia. Los contextos
arqueológicos prehispánicos nos permiten reconstruír parte del
complicado sistema de códigos asociados a la vestimenta, así como también
saber de su tecnología, materia prima, formas e iconografía.
La
industria textil en Los Andes comienza en época temprana, incluso antes
que la alfarería y que los procesos agro-pastoriles. Se reconoce su alto
grado de complejidad técnica y estética, así como también la capacidad
de las tejedoras para identificar y trabajar diferentes materias primas,
tales como fibras de origen vegetal y animal, entre ellos totora,
junquillo, algodón, lanas, pelos, plumas. En su elaboración se empleaban
instrumentos para hilar, tejer y bordar, como husos, telares y agujas. Por
estudios etnográficos sabemos que las mujeres son las que tejen en los
tradicionales telares de cintura y de suelo y los hombres eran los
encargados de fabricar cordelería, sogas y hondas.
Desplegaron
gran habilidad en el uso de tintes de origen vegetal, mineral y animal. De
acuerdo a sus tradiciones culturales lograron combinar armónicamente los
hilados, con diferentes matices de colores. En otros casos las telas
fueron teñidas e incluso pintadas para lograr diseños realmente
excepcionales.
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Período
Arcaico (6000 aC - 1000 aC)
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Las
primeras evidencias de tejido están asociadas a bandas de cazadores y
recolectores marítimos que habitaron la costa entre 6000 y 2000 años
antes de Cristo. Torcían fibras vegetales y de camélido para
confeccionar faldellines y cobertores púbicos, bolsas de malla y esteras
para cubrir los cuerpos en ritos funerarios bastante complejos durante una
época conocida como Tradición Chinchorro.
Las
técnicas estructurales usadas en este período son el torzal o amarra,
que consiste en la instalación de un sistema fijo de hilados de urdimbre,
cruzados por una trama doble que los une, sin ser aún tejido a telar.
Hay
indicios del uso de colores rojo y ocre, en hilados de lana de camélido
utilizados para bordar la superficie de las mantas de fibra vegetal, así
como también aplicación de pigmentos en la superficie de (sobre) las
esteras formando figuras geométricas.
En
zonas altas de los Andes, pre-cordillera y altiplano, no hay antecedentes
de uso de fibras debido al clima lluvioso que no permite conservar los
restos orgánicos como sucede en los secos y salinos valles bajos de la
costa.
Al
mejorar su tecnología de subsistencia, aprendieron a transformar los
diversos recursos naturales en vestimentas y cuerdas más elaboradas. Con
técnica de torzal tejieron esteras e hilaron el algodón que utilizaban
para fabricar parte de los utensilios de pesca. Entre los años 2000 y
1000 aC. elaboraron peinados y turbantes con hilados teñidos de rojo y
ocre, además de mantas con técnica de torzal. La aplicación de tierra
de color en la superficie de las fibras, después de hiladas y tejidas se
hace más frecuente.
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Manta
de fibra vegetal con decoración pintada (Morro 1, ciudad de Arica)
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Faldellín
de fibra vegetal (La Capilla, costa de Arica)
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Período
Formativo (1000 aC- 500 dC)
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Entre
los años 1000 y 500 aC, correspondiente al período Formativo Temprano,
la textilería avanza paralelamente a la experimentación en el cultivo de
vegetales, el trabajo en cerámica y en metal. En esta época se conocen
en la costa los primeros tejidos a telar.
Desde la zona costera de Pisagua hasta la costa sur de Perú, podemos
apreciar asentamientos de pescadores cuya vestimenta consiste,
mayoritariamente de faldellines de fibra vegetal, taparrabos, mantas
afelpadas y bolsas de malla decoradas.
Entre
500 aC y 500 dC, se va consolidando la agricultura y el sistema de vida
aldeano tanto en los valles bajos como en la costa. Continúan destinando
el algodón para emplearlo como cordelería en el amarre o unión de los
complejos instrumentos de pesca y caza marítima.
En
el altiplano se desarrollaron grupos con organizaciones sociales y políticas
bien estructuradas que irradiaron su influencia hacia sectores aledaños,
especialmente los valles bajos y costas del norte de Chile y sur de Peru.
De esa época datan tejidos a telar encontrados en sectores del valle de
Azapa, con técnica de tapicería de ojal o kelim, formando figuras
humanas de frente y perfil, llamas y sapos. Se trata de camisas y bolsas
de hilados teñidos con tintes vegetales: azul, verde, ocre, rojo, y también
colores naturales como blanco y diversas tonalidades de marrón. En la
misma época se encuentran gorros y bolsas tejidas con aguja, en técnica
de anillado simple y doble decoradas con formas geométricas escaleradas,
en los colores ya mencionados y mantas afelpadas que imitan pieles de
animales.
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Detalle
de Bolsa Malla (AZ-71, Cementerio San Miguel de Azapa)
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Gorro
con decoración escalerada (AZ-70, Túmulos de San Miguel de Azapa
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Período
Medio (500 dC - 1000 dC)
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En
este período, influenciado por la cultura Tiwanaku, el tejido adquiere
una estructura iconográfica y decorativa notable. Se adoptan nuevas
tecnologías y también nuevas formas de organizar el espacio tejido, con
una clara demarcación de un centro, espacios intermedios, espacios
laterales y bordes. Se introduce el concepto de simetría, que se mantiene
hasta la actualidad en los tejidos andinos.
También se amplía la variedad de formas y usos como la inkuña, o paño
rectangular usado en ceremonias, el taparrabo trapezoidal confeccionado de
dos paños tejidos unidos en el centro, la chuspa, bolsa de uso ritual y
la bolsa-faja, todas con una magnífica variedad de colores verdes,
azules, ocres y anaranjados, además de los tonos naturales.
Es
importante destacar el gorro de cuatro puntas polícromo y/o bícromo, con
decoración geométrica y técnica de anudado entrelazado doble, y la faja
con trenzado plano, que amarra las camisas.
Las
camisas, prenda de uso tanto en hombres como en mujeres, son de forma
rectangular, levemente trapezoidal, tejidas a telar con ligamento faz de
urdimbre decoradas con grupos de listas de colores en los extremos
laterales. Una gran variedad de bordados se ubican alrededor y en la base
de la abertura de las mangas y de cuellos, cumpliendo la función de
decorar y a la vez reforzar esas zonas. En el valle de Azapa se encuentran
tres ejemplares de camisas con mangas. Los teñidos de reserva por amarras
formando rombos, círculos y líneas se aplican a camisas de esta época,
así como también la técnica de parches unidos cuidadosamente formando
complejas composiciones de rombos.
En
algunos sitios funerarios del valle de Azapa la vestimenta presenta un uso
intensivo y se encuentra muy remendada, lo que hace suponer escasez de
materia prima o poco acceso a comunidades de la puna, desde donde se obtenía
lana de llamas y alpacas.
Los
instrumentos utilizados para tejer en Los Andes en época prehispánica,
no son distintos a los usados por los campesinos en la actualidad. El
telar al suelo, para tejer la mayoría de las prendas y el telar de
cintura, usado para tejer fajas. Para apretar la trama usan la vichuña o
apretador, confeccionado con hueso de camélido.
Para unir, bordar y realizar tejidos de mallas usan diversos tipos de
agujas, de espinas de cactus, hueso y metal. El huso se utilizaba para
hilar la lana y el algodón. Estos eran generalmente de trozos de madera
con tortera de hueso, piedra, cerámica o madera.
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Detalle
de camisa teñida con amarras (AZ-1, Sector Cabuza del Valle de Azapa)
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Deformador
de cráneo con decoración listada (AZ-141, San Miguel de Azapa)
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Período
Intermedio Tardío (1000 dC - 1400 dC)
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Los
habitantes de los valles costeros desarrollan exitosamente una economía
mixta que combina la caza, pesca y recolección marítima con las
actividades agrícolas. La textilería alcanza en esta época su mayor
complejidad, especialmente en los aspectos iconográficos.
Representaciones
zoomorfas (serpientes, monos, camélidos, felinos, ranas, arañas y
otros), antropomorfas y geométricas, se organizan al interior de las
listas o en toda la superficie de las piezas, en la mayoría de los casos
usando la técnica de faz de urdimbre y urdimbres complementarias para las
zonas decoradas.
Se
mantienen en uso las formas mencionadas para el anterior período, y se
introduce la bolsa talega, usada hasta la actualidad por poblaciones
andinas para almacenar alimentos (quínoa o maíz en forma de grano o de
harina). Continúa el uso de la chuspa o bolsa utilizada generalmente para
contener hojas de coca y yerbas diversas. Al igual que la bolsa-faja, que
además de permitir el transporte de hojas de coca y otros elementos
rituales, también servían para amarrar la camisa, a modo de faja.
Las camisas son rectangulares y muy trapezoidales. Para lograr este efecto
intercalan urdimbres suplementarias a la altura de los hombros. El gorro
utilizado por estos grupos es hemisférico decorado y tejido con técnica
de anillado. También abundan las bolsas de malla de tejido compacto o
suelto, usadas para contener elementos asociados al tejido.
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Detalle
de Bolsa Faja con decoración zoomorfa (PLM 4, Costa de Arica)
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Chuspa
con flecos y decoración zoomorfa (PLM 2, Costa de Arica)
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Período
Tardío (1400 dC - 1500 dC)
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La
dominación incaica en los valles y costa produjo un cambio en el orden
social económico e ideológico, que se nota claramente en los tejidos. En
los rituales funerarios de este período los textiles son decorados a base
de listados muy simples, en colores naturales, con excepción de algunos
tejidos finos o cumbi destinados a la elite Inka que pueden haber llegado
a esta zona como ofrenda, desde los valles del sur de Perú.
Desaparece
la bolsa faja y se refuerza el uso de las talegas. Las bolsas chuspas son
decoradas con figuras geométricas simples e intenso uso del color rojo
anaranjado, además de los naturales.
El
gorro característico de esta época presenta forma de fez y se estructura
a base de un pabilo de lana grueso, poco torcido, enrollado en espiral, a
través del cual se entretejen los hilados que forman el diseño,
generalmente a base de ganchos y formas aserradas. Generalmente un
conjunto de plumas adorna la cara superior.
Entre los textiles de este período es necesario mencionar el quipu, que
consistía en un complejo sistema de cuerdas con nudos de diferentes tipos
y colores dependientes de un cordón principal. Se usaba como instrumento
de contabilidad y de acuerdo a la ubicación de los nudos permitía llevar
un censo de personas, tierras e incluso podían registrar hechos históricos.
Los
incas utilizaron los textiles en diversos contextos rituales, domésticos
y también con fines de estatus político y religioso. Los campesinos debían
tributar a sus jefes locales o curacas y al inca con turnos de trabajo en
tejido. El inca a su vez regalaba de sus trajes a los vencidos para
establecer lazos de dependencia basados en la reciprocidad. Grandes
cantidades de tejidos se regalaban a los soldados y otros se quemaban en
ofrenda a los dioses.
El
uso de los tejidos en prácticas funerarias y otras actividades rituales
ha permanecido desde épocas prehispánicas hasta la actualidad.
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Inkuña
con decoración listada y ajedrezada (PLM 6, Costa de Arica
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Bolsa
chuspa con decoración polícroma (PLM-6, Costa de Arica)
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Período
de Contacto Hispánico (desde 1532 dC)
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La
actividad textil en los Andes continuó teniendo gran importancia después
de la conquista hispana. Incluso tempranamente se descubre la importancia
de los tejidos como un bien transable en los mercados europeos. Por ello
continúa siendo parte del tributo indígena y se exportaba desde las
zonas de producción a otras regiones. (punto aparte)
Aún
cuando en las comunidades andinas se continuó tejiendo con las técnicas
prehispanas, paralelamente se introduce el telar europeo de pedales para
fabricar telas burdas como la balleta de color azul, verde o café. No
cabe duda que se pasó de un modo de producción familiar o comunitaria al
obraje o grandes talleres colectivos que como parte de las actividades de
las haciendas producían para los nuevos mercados coloniales.
En
el valle de Azapa, en el terreno adyacente al Museo Arqueológico y sobre
un cementerio prehispánico del siglo XI, se instalaron las casas de una
hacienda colonial. Excavaciones en los sectores de basurales han permitido
rescatar fragmentos de tela de balleta y de algodón, seguramente
destinado a los sectores populares y también hermosos vestidos
probablemente confeccionados en la región, pero con telas estampadas de
origen europeo. Las telas reflejan un mundo sesgado de clases y castas del
período colonial, así como la irrupción de los mercados internacionales.
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Vestirse
y adornarse es probablemente una actividad universal en todas las
culturas; que, además de proteger y embellecer el cuerpo expresan
diversos textos que son decodificados en cada sociedad como indicadores de
estatus, pertenencia étnica, profesión, sexo, edad, etc. En el mundo
andino es un quehacer aún más relevante por razones domésticas y
rituales.
Sabemos
por las fuentes documentales del período de conquista hispana que el
tejido desempeñaba el rol de arte mayor, que tenía fines mágico-religiosos
y que incluso en ellos se registraba parte de la historia. Los contextos
arqueológicos prehispánicos nos permiten reconstruír parte del
complicado sistema de códigos asociados a la vestimenta, así como también
saber de su tecnología, materia prima, formas e iconografía.
La
industria textil en Los Andes comienza en época temprana, incluso antes
que la alfarería y que los procesos agro-pastoriles. Se reconoce su alto
grado de complejidad técnica y estética, así como también la capacidad
de las tejedoras para identificar y trabajar diferentes materias primas,
tales como fibras de origen vegetal y animal, entre ellos totora,
junquillo, algodón, lanas, pelos, plumas. En su elaboración se empleaban
instrumentos para hilar, tejer y bordar, como husos, telares y agujas. Por
estudios etnográficos sabemos que las mujeres son las que tejen en los
tradicionales telares de cintura y de suelo y los hombres eran los
encargados de fabricar cordelería, sogas y hondas.
Desplegaron
gran habilidad en el uso de tintes de origen vegetal, mineral y animal. De
acuerdo a sus tradiciones culturales lograron combinar armónicamente los
hilados, con diferentes matices de colores. En otros casos las telas
fueron teñidas e incluso pintadas para lograr diseños realmente
excepcionales.
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Período
Arcaico (6000 aC - 1000 aC)
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Las
primeras evidencias de tejido están asociadas a bandas de cazadores y
recolectores marítimos que habitaron la costa entre 6000 y 2000 años
antes de Cristo. Torcían fibras vegetales y de camélido para
confeccionar faldellines y cobertores púbicos, bolsas de malla y esteras
para cubrir los cuerpos en ritos funerarios bastante complejos durante una
época conocida como Tradición Chinchorro.
Las
técnicas estructurales usadas en este período son el torzal o amarra,
que consiste en la instalación de un sistema fijo de hilados de urdimbre,
cruzados por una trama doble que los une, sin ser aún tejido a telar.
Hay
indicios del uso de colores rojo y ocre, en hilados de lana de camélido
utilizados para bordar la superficie de las mantas de fibra vegetal, así
como también aplicación de pigmentos en la superficie de (sobre) las
esteras formando figuras geométricas.
En
zonas altas de los Andes, pre-cordillera y altiplano, no hay antecedentes
de uso de fibras debido al clima lluvioso que no permite conservar los
restos orgánicos como sucede en los secos y salinos valles bajos de la
costa.
Al
mejorar su tecnología de subsistencia, aprendieron a transformar los
diversos recursos naturales en vestimentas y cuerdas más elaboradas. Con
técnica de torzal tejieron esteras e hilaron el algodón que utilizaban
para fabricar parte de los utensilios de pesca. Entre los años 2000 y
1000 aC. elaboraron peinados y turbantes con hilados teñidos de rojo y
ocre, además de mantas con técnica de torzal. La aplicación de tierra
de color en la superficie de las fibras, después de hiladas y tejidas se
hace más frecuente.
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Manta
de fibra vegetal con decoración pintada (Morro 1, ciudad de Arica)
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Faldellín
de fibra vegetal (La Capilla, costa de Arica)
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Período
Formativo (1000 aC- 500 dC)
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Entre
los años 1000 y 500 aC, correspondiente al período Formativo Temprano,
la textilería avanza paralelamente a la experimentación en el cultivo de
vegetales, el trabajo en cerámica y en metal. En esta época se conocen
en la costa los primeros tejidos a telar.
Desde la zona costera de Pisagua hasta la costa sur de Perú, podemos
apreciar asentamientos de pescadores cuya vestimenta consiste,
mayoritariamente de faldellines de fibra vegetal, taparrabos, mantas
afelpadas y bolsas de malla decoradas.
Entre
500 aC y 500 dC, se va consolidando la agricultura y el sistema de vida
aldeano tanto en los valles bajos como en la costa. Continúan destinando
el algodón para emplearlo como cordelería en el amarre o unión de los
complejos instrumentos de pesca y caza marítima.
En
el altiplano se desarrollaron grupos con organizaciones sociales y políticas
bien estructuradas que irradiaron su influencia hacia sectores aledaños,
especialmente los valles bajos y costas del norte de Chile y sur de Peru.
De esa época datan tejidos a telar encontrados en sectores del valle de
Azapa, con técnica de tapicería de ojal o kelim, formando figuras
humanas de frente y perfil, llamas y sapos. Se trata de camisas y bolsas
de hilados teñidos con tintes vegetales: azul, verde, ocre, rojo, y también
colores naturales como blanco y diversas tonalidades de marrón. En la
misma época se encuentran gorros y bolsas tejidas con aguja, en técnica
de anillado simple y doble decoradas con formas geométricas escaleradas,
en los colores ya mencionados y mantas afelpadas que imitan pieles de
animales.
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Detalle
de Bolsa Malla (AZ-71, Cementerio San Miguel de Azapa)
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Gorro
con decoración escalerada (AZ-70, Túmulos de San Miguel de Azapa
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Período
Medio (500 dC - 1000 dC)
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En
este período, influenciado por la cultura Tiwanaku, el tejido adquiere
una estructura iconográfica y decorativa notable. Se adoptan nuevas
tecnologías y también nuevas formas de organizar el espacio tejido, con
una clara demarcación de un centro, espacios intermedios, espacios
laterales y bordes. Se introduce el concepto de simetría, que se mantiene
hasta la actualidad en los tejidos andinos.
También se amplía la variedad de formas y usos como la inkuña, o paño
rectangular usado en ceremonias, el taparrabo trapezoidal confeccionado de
dos paños tejidos unidos en el centro, la chuspa, bolsa de uso ritual y
la bolsa-faja, todas con una magnífica variedad de colores verdes,
azules, ocres y anaranjados, además de los tonos naturales.
Es
importante destacar el gorro de cuatro puntas polícromo y/o bícromo, con
decoración geométrica y técnica de anudado entrelazado doble, y la faja
con trenzado plano, que amarra las camisas.
Las
camisas, prenda de uso tanto en hombres como en mujeres, son de forma
rectangular, levemente trapezoidal, tejidas a telar con ligamento faz de
urdimbre decoradas con grupos de listas de colores en los extremos
laterales. Una gran variedad de bordados se ubican alrededor y en la base
de la abertura de las mangas y de cuellos, cumpliendo la función de
decorar y a la vez reforzar esas zonas. En el valle de Azapa se encuentran
tres ejemplares de camisas con mangas. Los teñidos de reserva por amarras
formando rombos, círculos y líneas se aplican a camisas de esta época,
así como también la técnica de parches unidos cuidadosamente formando
complejas composiciones de rombos.
En
algunos sitios funerarios del valle de Azapa la vestimenta presenta un uso
intensivo y se encuentra muy remendada, lo que hace suponer escasez de
materia prima o poco acceso a comunidades de la puna, desde donde se obtenía
lana de llamas y alpacas.
Los
instrumentos utilizados para tejer en Los Andes en época prehispánica,
no son distintos a los usados por los campesinos en la actualidad. El
telar al suelo, para tejer la mayoría de las prendas y el telar de
cintura, usado para tejer fajas. Para apretar la trama usan la vichuña o
apretador, confeccionado con hueso de camélido.
Para unir, bordar y realizar tejidos de mallas usan diversos tipos de
agujas, de espinas de cactus, hueso y metal. El huso se utilizaba para
hilar la lana y el algodón. Estos eran generalmente de trozos de madera
con tortera de hueso, piedra, cerámica o madera.
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Detalle
de camisa teñida con amarras (AZ-1, Sector Cabuza del Valle de Azapa)
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Deformador
de cráneo con decoración listada (AZ-141, San Miguel de Azapa)
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Intermedio Tardío (1000 dC - 1400 dC)
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Los
habitantes de los valles costeros desarrollan exitosamente una economía
mixta que combina la caza, pesca y recolección marítima con las
actividades agrícolas. La textilería alcanza en esta época su mayor
complejidad, especialmente en los aspectos iconográficos.
Representaciones
zoomorfas (serpientes, monos, camélidos, felinos, ranas, arañas y
otros), antropomorfas y geométricas, se organizan al interior de las
listas o en toda la superficie de las piezas, en la mayoría de los casos
usando la técnica de faz de urdimbre y urdimbres complementarias para las
zonas decoradas.
Se
mantienen en uso las formas mencionadas para el anterior período, y se
introduce la bolsa talega, usada hasta la actualidad por poblaciones
andinas para almacenar alimentos (quínoa o maíz en forma de grano o de
harina). Continúa el uso de la chuspa o bolsa utilizada generalmente para
contener hojas de coca y yerbas diversas. Al igual que la bolsa-faja, que
además de permitir el transporte de hojas de coca y otros elementos
rituales, también servían para amarrar la camisa, a modo de faja.
Las camisas son rectangulares y muy trapezoidales. Para lograr este efecto
intercalan urdimbres suplementarias a la altura de los hombros. El gorro
utilizado por estos grupos es hemisférico decorado y tejido con técnica
de anillado. También abundan las bolsas de malla de tejido compacto o
suelto, usadas para contener elementos asociados al tejido.
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Detalle
de Bolsa Faja con decoración zoomorfa (PLM 4, Costa de Arica)
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Chuspa
con flecos y decoración zoomorfa (PLM 2, Costa de Arica)
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Período
Tardío (1400 dC - 1500 dC)
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dominación incaica en los valles y costa produjo un cambio en el orden
social económico e ideológico, que se nota claramente en los tejidos. En
los rituales funerarios de este período los textiles son decorados a base
de listados muy simples, en colores naturales, con excepción de algunos
tejidos finos o cumbi destinados a la elite Inka que pueden haber llegado
a esta zona como ofrenda, desde los valles del sur de Perú.
Desaparece
la bolsa faja y se refuerza el uso de las talegas. Las bolsas chuspas son
decoradas con figuras geométricas simples e intenso uso del color rojo
anaranjado, además de los naturales.
El
gorro característico de esta época presenta forma de fez y se estructura
a base de un pabilo de lana grueso, poco torcido, enrollado en espiral, a
través del cual se entretejen los hilados que forman el diseño,
generalmente a base de ganchos y formas aserradas. Generalmente un
conjunto de plumas adorna la cara superior.
Entre los textiles de este período es necesario mencionar el quipu, que
consistía en un complejo sistema de cuerdas con nudos de diferentes tipos
y colores dependientes de un cordón principal. Se usaba como instrumento
de contabilidad y de acuerdo a la ubicación de los nudos permitía llevar
un censo de personas, tierras e incluso podían registrar hechos históricos.
Los
incas utilizaron los textiles en diversos contextos rituales, domésticos
y también con fines de estatus político y religioso. Los campesinos debían
tributar a sus jefes locales o curacas y al inca con turnos de trabajo en
tejido. El inca a su vez regalaba de sus trajes a los vencidos para
establecer lazos de dependencia basados en la reciprocidad. Grandes
cantidades de tejidos se regalaban a los soldados y otros se quemaban en
ofrenda a los dioses.
El
uso de los tejidos en prácticas funerarias y otras actividades rituales
ha permanecido desde épocas prehispánicas hasta la actualidad.
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Inkuña
con decoración listada y ajedrezada (PLM 6, Costa de Arica
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Bolsa
chuspa con decoración polícroma (PLM-6, Costa de Arica)
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Período
de Contacto Hispánico (desde 1532 dC)
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La
actividad textil en los Andes continuó teniendo gran importancia después
de la conquista hispana. Incluso tempranamente se descubre la importancia
de los tejidos como un bien transable en los mercados europeos. Por ello
continúa siendo parte del tributo indígena y se exportaba desde las
zonas de producción a otras regiones. (punto aparte)
Aún
cuando en las comunidades andinas se continuó tejiendo con las técnicas
prehispanas, paralelamente se introduce el telar europeo de pedales para
fabricar telas burdas como la balleta de color azul, verde o café. No
cabe duda que se pasó de un modo de producción familiar o comunitaria al
obraje o grandes talleres colectivos que como parte de las actividades de
las haciendas producían para los nuevos mercados coloniales.
En
el valle de Azapa, en el terreno adyacente al Museo Arqueológico y sobre
un cementerio prehispánico del siglo XI, se instalaron las casas de una
hacienda colonial. Excavaciones en los sectores de basurales han permitido
rescatar fragmentos de tela de balleta y de algodón, seguramente
destinado a los sectores populares y también hermosos vestidos
probablemente confeccionados en la región, pero con telas estampadas de
origen europeo. Las telas reflejan un mundo sesgado de clases y castas del
período colonial, así como la irrupción de los mercados internacionales.
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