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Crítica del darwinismo a las causas finales y los argumentos teleológicos

Resumen: El argumento teleológico de Hume y el esencialismo. Crítica del darwinismo según Dewey. Críticas del darwinismo según Dennett.
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Autor: Federico Ast
  1. El argumento teleológico de Hume y el esencialismo.
  2. Crítica del darwinismo según Dewey.
  3. Críticas del darwinismo según Dennett.
  4. Conclusión.

     

Los argumentos teleológicos han sido utilizados tradicionalmente por las religiones judeocristianas para probar la existencia de Dios. El personaje de Cleantes en los Diálogos sobre religión natural de David Hume emplea un argumento de este tipo para probar la existencia de un Arquitecto Divino. Sin embargo, la irrupción del darwinismo en el siglo XIX ha significado un cuestionamiento a la posibilidad de plantear una teleología. La hipótesis del presente trabajo consiste en mostrar que el darwinismo vuelve inaceptables a los argumentos teleológicos. Para llevar a buen puerto nuestra exposición, utilizaremos el siguiente esquema: reconstruiremos el argumento de Cleantes, presentaremos la visión mecanicista y finalista del mundo que presupone el argumento y luego veremos sobre qué ideas filosóficas reposa esta concepción del universo. En una segunda parte demostraré por qué sostengo que el darwinismo ha venido a derribar las explicaciones teleológicas. Nos basaremos en el texto Influencia del darwinismo en la filosofía de John Dewey para probar que el darwinismo ataca las bases mismas del esencialismo sobre el que descansa la explicación fundada en causas finales. Luego, utilizaremos el texto La evolución, el error y la intencionalidad de Daniel Dennett para explicar por qué no es necesaria la existencia de una inteligencia consciente en el diseño del mundo. Una vez expuestos estos puntos se desprenderá la invalidez de los argumentos teleológicos pues habremos destruido las bases sobre las que reposan.

I- El argumento teleológico de Hume y el esencialismo.

a) Reconstrucción del argumento teleológico de Hume.

Tesis è existe un Diseñador Cósmico y su inteligencia es semejante a la humana.

     

  1. El universo se compone de una infinidad de partes que constituyen una "gran máquina".
  2. Todas estas partes mantienen una perfecta coordinación entre sí.
  3. La perfecta armonía entre estas partes es un medio para alcanzar un fin que es el buen funcionamiento del universo (Dios adecua medios a fines).
  4. El hombre adecua medios a fines, escoge los medios más adecuados para alcanzar sus objetivos.
  5. Cleantes establece un principio de inferencia que sostiene que "efectos similares se siguen de causas similares".
  6. De 3 y 4 podemos inferir que Dios y el hombre producen efectos semejantes (aunque de diferentes grados de perfección) puesto que adecuan medios a fines.
  • En virtud del principio de inferencia  , se puede afirmar que existe una semejanza entre Dios y el hombre.
  • Entonces, podemos inferir la existencia de Dios por una analogía con el accionar del hombre. Si vemos una casa, estamos viendo un objeto cuya causa es el hombre (pues ésta debe ser el resultado de una acción planeada, no es verosímil creer que se haya construido por casualidad). Del mismo modo, cuando vemos el universo, estamos viendo un algo cuya causa debe ser Dios pues tampoco es verosímil creer que ese complejo mecanismo se haya dispuesto de manera tan perfecta por pura casualidad. Ergo, el Diseñador Cósmico existe.

     

Conclusión è el Diseñador Cósmico existe y hay una semejanza entre la inteligencia humana y la divina.

De este argumento, podemos extraer qué visión del universo presupone Cleantes: una visión mecanicista comprometida con el finalismo. El aspecto mecanicista lo observamos en la concepción del universo como una "gran máquina" compuesta por una infinidad de partes que serían los distintos tipos de entes. El aspecto finalista del argumento es la creencia de que cada ente tiene una causa final, una razón de ser que permite que el universo sea un todo armonioso. Es por esta visión del mundo como un todo ordenado que Cleantes realiza una analogía entre la inteligencia humana y la Divina. En efecto, vemos que un reloj es un elemento compuesto por una serie de partes ordenadas de modo que el organismo tenga un buen funcionamiento. Según Cleantes, todas estas partes no podrían haberse dispuesto de ese modo tan perfecto por puro azar sino que fue necesaria la inteligencia del hombre para producirlo. Por analogía, Cleantes sostiene que el orden del mundo no podría haberse producido por azar sino que también fue necesario un diseñador que, mediante un plan, lo hubiera dispuesto de tal modo.

Aquí observamos la importancia que reviste la teleología en el argumento. Cada parte constituyente del mundo no se halla dispuesta en él de un modo puramente casual. Cada parte cumple un papel determinado, tiene un fin que cumplir en el universo del mismo modo que cada pieza del reloj tiene un fin que cumplir en el mecanismo para garantizar su buen funcionamiento. Cleantes adhiere totalmente a esta postura finalista al afirmar: "no hay idioma que pueda comunicar un sentido más inteligible e irresistible que el singular ajuste de las causas finales".

b) Características del esencialismo.

La visión del mundo basada en causas finales que presupone Cleantes es característica de la escuela metafísica esencialista. Cuando hablamos de "causa final", nos referimos a la causa final de algún ente, nos preguntamos por qué existe ese ente en el universo. Entonces, primero debemos ver qué entendemos por "ente".

El esencialismo sostiene que el ente se define por su esencia. Es la esencia la que hace que un ente sea lo que es y no otra cosa. Se supone que las distintas clases de entes subsisten en el tiempo y que el género al que pertenecen no se destruye ni se modifica. Esto se debe a que la esencia que lo define es inmutable. Las distintas especies que existen en el mundo tienen, cada una, una esencia propia. Por ejemplo, según Aristóteles la esencia de "hombre" es "animal racional". Esta esencia es inmutable y, por lo tanto, un hombre será siempre un animal racional. Cada hombre particular es un miembro de la especie que se define por la esencia de "animal racional".

¿Por qué existen los entes? La respuesta a esta pregunta nos lleva a la cuestión de las causas finales y la teleología. Según el esencialismo, la naturaleza no hace nada en vano. Un ente existe porque tiene un papel que desempeñar en esta gran máquina que es el universo. Un ente que no tuviera ninguna causa final que cumplir sencillamente no existiría. Expresando esto en términos del argumento de Cleantes, diremos que cada ente cumple con la función que le asignó el Diseñador Cósmico para que el universo sea un todo armónico. Es por esto que llamamos "teleológico" al argumento.

II- Crítica del darwinismo según Dewey.

Hasta aquí hemos presentado el argumento de Cleantes y la posición filosófica en la que se basa. Ahora, inspirándonos en Dewey, presentaremos dos críticas darwinistas que apuntan a destruir la visión mecanicista y finalista de Cleantes.

a) Crítica al mecanicismo.

Esta es una crítica darwinista a la posibilidad de concebir al mundo desde una perspectiva mecanicista. Hemos dicho que el esencialismo sostiene que las esencias son inmutables y que, por lo tanto, las especies no varían. Ahora veremos que esto no puede justificarse. El siguiente argumento representa la forma en que construimos los universales.

  1. Observamos que existen ciertas similitudes entre distintos particulares.
  2. Agrupamos los particulares con ciertas similitudes en "especies".
  3. Vemos que las especies se mantienen a lo largo del tiempo pues los particulares que permitieron formarlos mantienen básicamente las mismas características.

     

Conclusión è existe una esencia inmutable propia de cada especie.

Podríamos imaginar que éste fuera un argumento esgrimido por el esencialismo para probar la inmutabilidad de la esencia. No nos detendremos aquí a analizar si la conclusión se sigue de las premisas (en mi opinión no) puesto que no es el tema de este estudio. Lo que haremos es ver cómo la irrupción del darwinismo lo refuta. Desde mi punto de vista, el darwinismo ataca la premisa 3 pues Darwin sostiene que las especies no son invariables sino que cambian y evolucionan lentamente. Es justamente la lentitud de esta evolución la que podría hacernos creer que los géneros son inmutables. Sin embargo, esto no es cierto en el muy largo plazo que es donde puede percibirse sensiblemente la evolución. Una persona que hubiera vivido miles de años probablemente notaría que, por ejemplo, los perros que conoció en su juventud son diferentes de los que existen ahora. Ahora bien, si las especies varían, se estaría presentando un problema a la postura esencialista puesto que las esencias ya no serían inmutables. Según el mecanicismo, las distintas partes que constituyen el universo son los entes. Como las especies no cambian, cada ente ocupa un lugar determinado como pieza de esta gran máquina. Pero una vez que probamos que las especies varían, ya no tenemos entes fijos que puedan funcionar como piezas de la máquina y no puede concebirse al universo de un modo mecanicista. No podríamos ya suponer que el universo funciona de una manera análoga a la de cualquier máquina. Las piezas de una máquina no se modifican. Las partes del universo, luego de la irrupción del darwinismo, sí.

b) Crítica al finalismo.

Según los esencialistas, la noción de especie tiene dentro de sí la idea de propósito. Una especie dada existe porque tiene un rol que cumplir dentro del universo.

El darwinismo ataca esta concepción al sostener que las especies varían justamente porque no hay tal plan Divino. En efecto, el mecanismo de selección natural existe porque hay especies que no podrían sobrevivir si no evolucionaran para adaptarse a su entorno. Si una especie evoluciona, significa que no podía satisfacer el buen orden del universo manteniéndose en su anterior estado. Recordemos que Cleantes, al ver el orden del mundo donde cada ente cumplía con una causa final específica, infería que debía existir un Diseñador Cósmico que hubiera planeado ese orden. Según el darwinismo, las especies varían justamente porque no hay tal plan. Evolucionan para adaptarse a las nuevas circunstancias y esto introduce un elemento de azar en el mundo. La especie evoluciona de tal o cual manera según lo que las circunstancias dispongan. En una gran cantidad de casos, la especie puede no adaptarse a las nuevas circunstancias y acaba por extinguirse. Esto plantea una cuestión interesante contra la concepción mecanicista y finalista del universo. ¿Si cada especie cumplía con un determinado papel sobre la Tierra cómo puede explicarse que una de ellas desaparezca? ¿Acaso no tenía una razón de ser? ¿Por qué Dios crea una especie que no es necesaria para el buen orden del mundo? Si no quiere verse rebatido, Cleantes debe dar rápidamente una respuesta a estas incómodas preguntas.

III- Críticas del darwinismo según Dennett.

a) Posibilidad de una teleología sin esencialismo.

¿Cómo podría Cleantes responder a estas preguntas y salvar así a su argumento teleológico? Podría replicarnos lo siguiente: "Hasta aquí has demostrado que las especies podrían evolucionar y que las esencias ya no serían inmutables. Te lo concedo. Sin embargo, el núcleo duro de mi argumento aún sigue en pie. ¿Cómo sabes que el cambio que se registra en las especies no forma parte del plan del Diseñador Cósmico para asegurar el buen orden del universo? Mientras no refutes esto, el argumento teleológico sigue siendo válido".

Este es un brillante contraataque de los defensores del argumento del plan. Pareciera que la teleología aún podría sobrevivir luego del derrumbe del esencialismo. En efecto, ésta busca persistir a través de una conciliación con el darwinismo. Nuestro objetivo será ahora mostrar que la existencia misma de un plan Divino en la constitución del universo es injustificable. Acudiremos a Dennett para resolver esta última cuestión y derrotar definitivamente a Cleantes.

b) Refutación de Dennett a la necesidad de la existencia de un plan.

La respuesta a este problema se basa en que no hay necesidad de la existencia de un plan y que éste es, en realidad, fruto de la interpretación. Consideremos el siguiente argumento:

  1. El corazón tiene la función de bombear la sangre en el cuerpo de los animales.
  2. Si la sangre no circula, el animal no puede vivir.
  3. Hay animales vivos.
  4. Todos los animales vivos tienen corazón.

     

A partir de este argumento, Cleantes sostiene que el Diseñador ha puesto, conscientemente, el corazón en los seres vivos y le ha asignado una causa final bien determinada: bombear la sangre y hacer posible la vida. Cleantes observa que todos los seres vivos tienen corazón y de ahí infiere que la naturaleza es sabia pues ha creado al corazón con una determinada función sin la cual, la vida no sería posible. Por lo tanto, habría aquí un plan Divino que explica el por qué de la existencia de este órgano. En efecto, Cleantes diría que si consideramos al cuerpo del animal como el universo, veremos que su buen funcionamiento depende del buen funcionamiento del corazón que es una de sus partes que Dios ha creado con un propósito determinado.

Ahora bien, debemos analizar cuidadosamente si de la existencia del corazón con esa causa final, se desprende necesariamente la existencia del plan concebido por un Diseñador inteligente. La respuesta es negativa. Dennett sostiene que del hecho de que observemos que todos los seres vivos tienen un corazón no se sigue la existencia del Diseñador puesto que la selección natural podría haber tenido el mismo resultado.

Recordemos que según la teoría de Darwin, sólo los más aptos pueden sobrevivir. Es decir que, en algún momento podrían haber nacido seres vivos sin corazón. ¿Y por qué no los vemos? Esto es lo que explica la teoría de la selección. Estos seres no son aptos para sobrevivir y, por lo tanto, desaparecen sin dejar rastros. Todas las especies animales que observamos sobre la Tierra tienen corazón pues, en caso contrario, no hubieran podido sobrevivir. Esto tiene una fuerte implicancia para rebatir definitivamente la hipótesis del plan diseñado conscientemente. En efecto, según Dennet, la naturaleza podría estar operando bajo un método de "prueba y error". Los errores desaparecen rápidamente pues fracasan en la lucha por la subsistencia y sólo los éxitos permanecen. Esto explica por qué nunca hemos visto un animal sin corazón. Es un fracaso de la naturaleza que se ha eliminado así como se habrían eliminado miles de otros errores.

Según Darwin, esta es la dinámica que regula la vida sobre la Tierra. Las especies nacen, evolucionan y, las menos aptas, desaparecen. Entonces, vemos que ya no hay necesidad de pensar en un Diseñador que haya planeado al mundo conscientemente. Los mismos resultados pueden obtenerse a través de la selección natural donde no hay un planeamiento "a priori" sino que el universo se va regulando "sobre la marcha". Son las propias leyes de la selección natural las que explican los cambios que observamos en las especies y el hecho de que éstas evolucionen.

c) Explicación del error de Cleantes.

Una vez que hemos llegado a este punto, podemos comprender dónde reside el error de Cleantes cuando asegura que el universo es el resultado de un plan. El problema consiste en su visión basada en causas finales en el "mundo en sí", donde cada ente tiene una función que cumplir. Al ver que el corazón sirve para bombear la sangre del cuerpo, Cleantes cree que el corazón ha sido creado para ese fin. Por lo tanto, cree que la causa final del corazón es precisamente esa. Es decir que Dios habría imaginado la función que tendría el corazón en el mundo antes de crearlo, lo habría planeado anticipadamente.

Dennett sostiene que en la naturaleza, en el mundo en sí no hay funciones, sólo hay hechos. Los seres vivos tienen un corazón porque el mecanismo de la selección natural (a través de prueba y error) ha determinado que tengan corazón. Pero la función que le asignamos al corazón no viene del corazón mismo sino de nuestra mente, de nuestra intencionalidad que busca siempre respuestas al por qué. En otras palabras, las causas finales son puestas por la imaginación del hombre y no existen en el mundo en sí.

Podremos explicar mejor el origen de este error introduciendo algunos elementos de la Primera Parte de la Ética de Baruch Spinoza. Según Spinoza, los hombres desean alcanzar lo que les es útil. Entonces, consideran que las cosas del mundo son medios para obtener un fin útil. Podemos reconstruir el ejemplo del corazón en términos spinozistas:

     

  1. El corazón es útil para bombear la sangre y permitir la vida.
  2. El hombre no creó al corazón.

     

Conclusión è Dios creó el corazón para la satisfacción de las necesidades del hombre.

Spinoza critica a esta forma de pensar diciendo que las causas finales son puramente imaginarias y que lo que verdaderamente rige al mundo son las causas eficientes. Lo interesante de Spinoza en el marco de este trabajo es que nos presenta una nueva forma de comprender el error de Cleantes y de todos los argumentos teleológicos basados en la existencia de un plan Divino. Para Spinoza no hay funciones en el mundo en sí, las funciones las asigna el hombre cuando nota que ciertas cosas le son útiles. Por lo tanto, las causas finales son producto de la mente.

Conclusión.

Para concluir, podemos afirmar que ahora hemos destruido el último lugar donde podría refugiarse la teleología y así hemos probado nuestra hipótesis: los argumentos teleológicos no son aceptables pues nada indica que existan causas finales en el mundo mismo. El camino que hemos seguido para probar nuestra hipótesis ha sido el siguiente: hemos partido del argumento teleológico de Hume como un ejemplo de lo que deseábamos refutar. En segundo lugar, hemos visto qué visión del mundo presuponen los argumentos teleológicos tradicionales (mecanicismo, finalismo, esencialismo). En tercer lugar, hemos presentado las críticas del darwinismo hacia el esencialismo inspirándonos en el texto de Dewey. En cuarto lugar hemos desarrollado las críticas de Dennett hacia las explicaciones que presuponen un plan Divino. Por último, hemos presentado brevemente la crítica de Spinoza a las explicaciones basadas en causas finales. Luego de todo este camino, hemos llegado a la conclusión de que no puede justificarse la existencia de una teleología en el mundo en sí. Nada puede probar que las causas finales existan más allá de la mente. Por lo tanto, así queda descalificada la teleología como un modo de probar hipótesis. En el caso específico del argumento de Cleantes, si las causas finales son puestas por nuestra imaginación, no puede probarse que exista un Diseñador Divino (al menos a través de un argumento teleológico).

 

 

Federico Ast

Estudiante de Licenciatura en Economía y Filosofía de la UBA.

fedeast@fibertel.com.ar

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