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Carnaval dominicano, explosión de identidad

Resumen: Los de Santo Domingo, La Vega, Santiago y Monte cristi están entre los famosos. Con sus diferentes personajes, que retratan su identidad y cultura, Bonao, San Francisco de Macorís, Santiago y Moca se integran cada año a la celebración del carnaval.Es una de las manifestaciones más espontáneas de la sociedad dominicana, hoy en día convertida en producto de mezclas criollizadas y enriquecidas con valores propios.(E)
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Autor: http://www.mocacity.com

Los de Santo Domingo, La Vega, Santiago y Monte cristi están entre los famosos

 Con sus diferentes personajes, que retratan su identidad y cultura, Bonao, San Francisco de Macorís, Santiago y Moca se integran cada año a la celebración del carnaval.Es una de las manifestaciones más espontáneas de la sociedad dominicana, hoy en día convertida en producto de mezclas criollizadas y enriquecidas con valores propios.
En él, la dualidad marca todo: episodios tristes de la historia celebrados con alegría y bailes; el renacimiento frente a la muerte, el llamado a la fertilidad para un suelo agreste y la euforia como escape a la represión.
Se trata del carnaval dominicano, una celebración que paradójicamente ha calado más que la misma independencia nacional en la mente colectiva.
Esa misma dualidad permanece hoy tras más de cinco siglos del encuentro de dos mundos, ‘‘se han mantenido estas dos dimensiones: una expresada por la presencia popular en las calles y otra por los bailes en los clubes sociales o en lujosos hoteles, tan radicalmente distanciados como ayer’’, citando al sociólogo y folclorista Dagoberto Tejada en uno de sus artículos de Última Hora en 1997. Las 30 provincias y los 115 municipios de República Dominicana tienen manifestaciones de carnaval. Muchas de ellas no se realizan en febrero, sino en otra época del año y con otro sentido.
Por ejemplo, a finales de Semana Santa, en muchas comunidades del Sur se celebra la llegada de la primavera, solapada para la mayoría, pero muy viva en sus comunidades, algunas de las cuales queman las caretas y las incendian para dispersar luego sus cenizas en la tierra.
Más de 100 municipios del país celebran su carnaval
Existen manifestaciones folclóricas que se producen fuera de febrero, al final de Semana Santa y también para la fecha de la Restauración. Estas celebraciones se agrupan dentro del carnaval, pues tienen características similares en cuanto a la forma de celebración con disfraces, son organizados por un grupo de personas y cada una de estas manifestaciones tiene sus personajes y sus ceremonias.
Las Cachúas de Cabral, los Diablos Cojuelos de Santo Domingo, La Vega y Bonao, los Guloyas de San Pedro de Macorís, los Papeluses de Cotuí y los Toros y Civiles de Monte Cristi, los Lechones de Santiago y los Taimácaros de Puerto Plata, son sólo algunos de los personajes característicos por localidad.
La verdadera identidad dominicana es la de las masas, la de la mayoría que disfruta y participa de lo que considera suyo, sin prejuicios.
Y la razón de ser del carnaval no es sólo incomprendida por los que no se involucran en ella. La misma tradición en medio de la que crecen muchos de los mismos carnavaleros les permite expresar las emociones y el sentido que justifican su dedicación a esta fiesta, pero no siempre la connotación histórica y sociocultural que hay en su trasfondo.
El carnaval llega a la isla con la colonización española, cuya expresión sigue siendo común en muchos lugares de Europa. Según fichas informativas del Instituto Dominicano del Folklore (INDEFOLK), existía desde antes de 1520 y la llegada de los esclavos africanos enriqueció extraordinariamente estas celebraciones con música, canto, danza y capacidad creativa.
La ética cristiana de la época colonial estaba ‘‘acomodada a las esencias de un sistema monárquico, cruel y explotador en nombre de la paz, el amor y la justicia’’, según publica Dagoberto Tejada. Esta condición ‘‘se convertía en un obstáculo para una nueva visión del mundo, llena de progreso’’ por lo que ‘‘las festividades religiosas, sociales, culturales y patrióticas fueron grandes pretextos para crear catarsis sociales, necesarias en un ambiente asfixiante. Detrás de un disfraz la gente podía presentarse como realmente era o quería ser’’. Existían entonces dos dimensiones: una se expresaba en los clubes sociales o lujosos hoteles y otra en las calles. Hoy estas festividades siguen tan distanciadas como ayer.

Santo Domingo
El carnaval popular en Santo Domingo tenía su centro a mediados de siglo en el Parque Enriquillo, donde se reunían comparsas de Villa Mella, Sabana Perdida, Los Mina, Mendoza y Mandinga, así como de los solares del Almirante y Aguacate, donde vivían muchos negros de Curazao que ‘‘acompañándose de acordeón y güira, vociferaban hasta altas horas de la noche’’.
De los barrios de la Capital, definidos por Marcio Veloz Maggiolo como ‘‘factor fundamental de identidades urbanas y suburbanas’’, surgen los personajes de comparsas Se me muere Rebeca, Califé, Los Indios, Los Alí Ba-Bá (adoptados hoy en otras comunidades del país, como se vio recientemente en el carnaval de Santiago), Robalagallina, Los Waikiki, Los Africanos, etcétera, que se enriquecieron con los Diablos Cojuelos.

Cabral
En Cabral, una pequeña población de las cercanías de Barahona se festeja el Carnaval Cimarrón, con un sentido diferente del festival de carnestolenda europeo. Sus personajes más famosos son las Cachúas, nombre dado por la presencia de su cachos escondidos.
Con un mameluco coloreado y alas de murciélago, tienen una máscara sin pintura, a base de papel multicolor, de vejiga y crepé, en las que sobresale una enorme cabellera llena de sonido y colorido.
La celebración comienza el Sábado Santo y culmina el lunes después de Semana Santa con saludos a sus ancestros, sonando fuetes, dando repiques de purificación y quemando un Judas en el Cementerio de Cabral. El Judas simbólico se convierte en calié como advertencia de la libertad y como testimonio del tránsito de lo viejo y el nacimiento de lo nuevo.
Esto también se hace en Salinas, San Cristóbal, Peñón, Fundación, etcétera.

La Vega
Desde que entra el mes de febrero muchos dominicanos visitan domingo tras domingo la ciudad de La Vega para disfrutar del colorido, alegría y diversión que durante la temporada carnavalesca caracterizan a este pueblo.
Las personas que se disfrazan comienzan a diseñar sus trajes y caretas con meses de anticipación con la intención de ser la atracción del carnaval. Existen los que se hacen más de un traje, no importa lo que éstos les cuesten. Se acostumbra entre ese grupo ir anualmente con una vestimenta distinta, lo que ya también forma parte de su tradición.
Un aspecto que lo caracteriza, son los famosos fuetazos de los diablos. Las reglas están impuestas y quienes las violen se exponen a recibir fuertes latigazos, disfrutados por unos y sufridos por otros. Desde que inicia la temporada carnavalesca las calles de la ciudad comienzan a cerrarse todos los domingos desde las 12:00 del mediodía. Más de cien grupos e incontables comparsas participan y procuran brindar una linda fiesta a los que asisten al carnaval a gozar y compartir esta celebración que ha llegado a alcanzar gran notoriedad.
Cada uno de los personajes del carnaval se distingue por su singular vestimenta, aunque son los Diablos Cojuelos los más atractivos de la celebración. Grupos más conocidos son los Diablos Cojuelos, Los Pica Piedras, Las Hormiguitas, los Panitas, Los Bravos, Las Fieras, Las Monjas, Los Teletubis y Los Broncos. Así como evoluciona la moda, lo han hecho los trajes y caretas de los distintos disfraces que se utilizan en este esplendoroso carnaval. Actualmente, los atuendos de las personas que escenifican la fiesta vegana están confeccionados con vistosos colores y caretas que contrastan con cada vestimenta. Los disfraces son hechos por artesanos especialistas en este tipo de trajes, aunque hay quienes lo mandan a confeccionar fuera del país.

Santiago
Sin dejar de admirar el colorido de los trajes de ‘‘Lechón’’, la multitud que domingo tras domingo invade los contornos del Monumento a los Héroes de la Restauración, disfruta la genialidad de quienes recrean los demás personajes tradicionales del carnaval de Santiago, arropados por el olvido en muchos puntos del país.

La fiesta es con uvas, no con diablos
La capital cibaeña se desborda sin olvidar las flechas de los Indios, la piel sucia de Nicolás Den-Den, La Muerte en Yipe, el Hombre del Papelón, el Baile del Muñeco y otros personajes engrandecidos por la vistosidad y el ingenio popular.
Aunque el terremoto que atentó contra la ciudad en 1842 y los posteriores saqueos haitianos impiden precisar la fecha del inicio de las fiestas, este pueblo que orgullosamente conserva sus tradiciones carnavalescas aguantó los ‘‘vejigazos’’ y se entregó al éxtasis que acompañó el desfile de comparsas, carrozas y personajes del pasado domingo 24 por la avenida Las Carreras hasta llegar al Monumento.
Los Lechones, personajes característicos, surgieron como guardianes del orden en los viejos carnavales de Santiago. Iban delante de las comparsas para abrirles camino y evitar las bellaquerías de los muchachos’’, expresa Morel. En torno a las ‘‘armas’’ que usaban estos hombres ataviados con trajes brillantes, espejitos y lentejuelas, la historia registra lo siguiente: ‘‘primero llevaban una varita en la mano, moviéndola constantemente de un lado a otro’’ y, posteriormente, la cambiaron por un foete de cabuya, acompañado más adelante por las vejigas de vacas con las que ‘‘suenan’’ hasta al más bonito de los visitantes.

Carnaval de Moca
Desde el 1998 los mocanos han ido integrando a sus tradiciones el dinamismo de Los Chacales, Los Búhos, Los Cibernéticos, Los Indeseables, Los Coyotes, los diablos azules, Los Dragones, El Jinchaíto de Moca y otros tantos grupos que son el motor que le impregna el dinamismo y belleza a este carnaval.
La integración armoniosa de los jóvenes, mujeres y niños de todas las clases socialesl , así como la participación de las autoridades locales y el empresariado de manera general ofrecen apoyo y manifiestan su interés para hacer que este carnaval permanezca por mucho tiempo entre los mocanos.
El personaje principal es ‘‘El Jinchaíto de Moca’’. Según datos obtenidos, a principios del siglo XX, específicamente en Juan López, se radicaron familias como la Bencosme, Machado y Tejada, todas de procedencia canaria. Eran personas de color blanco, un poco gorditas, pelo lacio y ojos azules, las que utilizaban el agua del arroyo Juan López para su consumo doméstico.
Hubo una época en que se presentó una sequía tan fuerte que casi dio al traste con la existencia de dicho arroyo, que pasó a convertirse en una cañada interrumpida por largos tramos totalmente secos.
Al paso del tiempo, éste comenzó a contaminarse, pero como las personas que vivían allí no tenían otro medio para obtener agua, se vieron en la necesidad de utilizarla en las condiciones antes señaladas, lo que provocó que tomaran un aspecto que las hacía ver ‘‘hinchadas’’. Cuando fueron al pueblo, los moradores de la ciudad comenzaron a llamarles ‘‘los jinchaítos de Juan López’’.
El mote fue extendido a todos los mocanos, tanto que hoy cuando llega alguien de aquí a otro punto del país y hasta en el exterior, donde los dominicanos tienen colonias importantes, se dice ‘‘llegó un jinchaito de Moca’’. De este mote surge el súper personaje del carnaval mocano.

Salcedo
El bullicio, los gritos y el sonido de las víceras de las vacas convertidas en vejigas anuncian junto a ‘‘El Viejo y La Vieja’’ el inicio de lo que se ha convertido con el paso de los años en una de las tradiciones carnavalescas más coloridas de la región cibaeña, en cuyo eje protagónico hay que mencionar a uno de los personajes más pintorescos de Salcedo, conocido sólo por el sobre nombre de Jumea. En este carnaval se unen lo religioso y lo mágico para convertirse junto a los colores de los trajes de los enmascarados en algo esperado por todos los habitantes de esta tierra.
Esta fiebre popular llena de alegría y de múltiples colores las calles, callejones, campos y parajes desde comienzo de la década de los años 30, o tal vez, como aseguran algunos, desde la fundación misma de esta próspera tierra del Cibao.
El tradicional ‘‘Roba la Gallina del barrio El Cementerio, el ‘‘Loco de La Amargura’’ y otros personajes no muy tradicionales, hacen de estas fiestas un verdadero festival en donde se olvida por momento las dificultades propias de los habitantes.
Desde tempranas horas de la tarde de cada domingo de febrero y algunos del mes de marzo, al parque Duarte acuden todos aquellos que por una razón u otra se identifican con este derroche de alegría.
Personajes como El Mono Nicolás, El Macarao de Campo (este último consistía en un traje hecho con hojas secas de plátano, contrario al de ahora, que es con papel crepé de muchos colores), son elementos básicos de este carnaval

Santiago Rodríguez
Los jóvenes de esta provincia, ubicada en el centro de ‘‘la línea’’ no han querido quedarse atrás y se han convertido en los verdaderos protagonistas de esta fiesta carnavalesca.
Las Estebanas, Los Flecos, los Intocables y otros grupos emergen con fuerzas desde hace ya un tiempo.
Las Estebanas constituyen el primer grupo de carnaval de Santiago Rodríguez, cuyas comparsas están inspiradas en el chivo, un animal abundante en la región. Luego, surgieron Los Flecos, integrados por jóvenes valiosos de la ciudad.
Otro grupo, es Los Intocables. Tiene como propósito hacer del carnaval local un atractivo turístico. Actualmente hay seis grupos de Carnaval: las Estebanas, los Flecos, los Temerarios, Los Intocables, Las Chivas, y los Clásicos. Este carnaval se celebra en marzo con personajes de todo tipo, desde los pintorescos del pueblo hasta los tradicionales.
La joven Zayra Toribio, explica que en la historia de este carnaval existieron dos bandos: uno era del pueblo arriba, llamados ‘‘Los Caudíes’’ y los otros los del Pueblo Abajo. Los Caudíes estaba dirigido por Pepe Ramos, un señor que representaba la clase alta de la sociedad sabanetera, y que falleció hace algunos años.
Expresa que la primera fiesta de carnaval de Santiago Rodríguez fue celebrada en el Ayuntamiento Municipal en 1948.
Existe otra versión que dice que las raíces del carnaval en Sabaneta se remontan a los bailes de salón que se realizaban en los años 60 y 70 en las salas de fiestas del Club Francisco Bueno, o en alguna comparsa que la escuela primaria de esa época organizaba para festejar la independencia.

Río San Juan
El municipio de Río San Juan tiene un carnaval único. Es marino; su gente se inspira en las especies del mar y demuestran la autenticidad característica del mismo.
Se denomina Carnavarengue. Un encuentro con el mar, la ganadería, agricultura, donde al compás de la música, desfilan los diferentes tipos de disfraces y las comparsas evocadoras de las especies marinas que se la lucen en los alrededores de la Laguna Gri-Gri.
El público se interna ente los peces, iguanas, aves, manglares y árboles que sirven de albergue para la realización de este singular carnaval.
Este año, según los organizadores, las caretas tienen mayor colorido que en tiempos anteriores. Cuentan con aletas decoradas, inspiradas con corales, donde los artistas reforzaron la variante de la fantasía del mar, que en el pasado eran más firmes en la ganadería o los productos campesinos.
Carnavarengue viene celebrándose en esta ciudad desde el año 1997, el cual ha tenido un gran impacto a nivel nacional e internacional, recibiendo críticas positivas, tanto en el área comercial como turística.

Azua
Cada año Azua se viste de color para dar la bienvenida a la temporada de carnaval. Claro, éste, a diferencia de otros pueblos tiene más de un motivo para festejar. En febrero todos los caminos conducen a las principales avenidas del pueblo para por medio de vistosos y hermosos trajes, expresar la alegría que provoca la época. Pocas semanas duran colgadas estas vestimentas, pues en el mes de marzo, vuelven a la carga, pero esta vez para hacer honor al aniversario de la Batalla del 19 de Marzo.
Otro aspecto que reafirma que el Carnaval Regional de Azua Original, es trascendental y muy particular, es el toque internacional que en los últimos años sus organizadores les están dando, especialmente al que se celebra en febrero. Una muestra de ello, la constituye la participación de Cuba, Ecuador, Puerto Rico, Curazao y otros. Como otros pueblos del país, éste se ha destacado por sus espectaculares personajes de Diablos Cojuelos, los cuales en cada una de las temporadas citadas, exhiben hermosos y vistosos trajes que hacen de cada celebración un desfile de alegría y colorido.

San Francisco de Macorís
Realiza su carnaval mezclando costumbres y estilos de las poblaciones vecinas que se han proyectado con extraordinaria calidad en estas celebraciones culturales que nos sitúan en un mundo de fantasías lleno de emociones que fortalecen el alma.
La celebración del carnaval francomacorisano se realiza sin la presencia de un personaje que realmente lo identifique, pero se proyecta como una celebración especial, multicolor y con una participación juvenil que pretende ir incorporándose a este mundo de la alegría en medio de risas y caretas. Se nutre de los diferentes personajes del carnaval dominicano, principalmente nacionales, como ‘‘Roba la Gallina’’, el Califé, ‘‘Se me muere Rebeca’’ y otros. Existe un personaje que, aunque es una extrapolación de otro en Santiago, ya ha adquirido connotación de localista refiriéndose al mono ‘‘Nicolás Den-Den’’, que surgió personificado por un obrero de la construcción, quien vino a esta ciudad desde Santiago identificado como ‘‘Papalin’’ y se ubicó en esta población en el sector conocido en ese entonces como Rabo de Puerca, hoy Barrio Las Flores. El carnaval francomacorisano se ha desarrollado entre altas y bajas, y quizás ese ha sido el motivo de que no exista una auténtica celebración.

Monte Cristi
El famoso enfrentamiento entre los Toros y los Civiles de Monte Cristi es una de las manifestaciones más simbólicas y singulares. Los personajes no sólo desfilan, sino que crean todo un teatro en las calles. Esto sucede en Semana Santa, fuera de las fechas tradicionales. ‘‘Armados’’ con foetes (armas privilegiadas que representan el realismo, el coraje y la valentía), los toros pelean contra los Civiles y refuerzan sus cuerpos con cartones (antes lo hacían con yaguas), cubriendo los orificios de los ojos de las máscaras con tela metálica para protegerse de los fuetes. El enfrentamiento tiene un trasfondo de despojo, de purificación, de lucha y de libertad.

 

Trabajo enviado por:
Franklin de Js. Torres
www.mocacity.com
franklindejstorres@hotmail.com

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