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Una fórmula matemática en la aplicación de la Ley Penal más benigna

Resumen: Antecedentes sobre el Divorcio - ¿Qué es la familia?. ¿Qué es el matrimonio?. Principales argumentos divorcistas y nuestra respuesta. Este documento tiene por objeto entregar información básica para demostrar la clara inconveniencia de una legislación de este tipo. Ojalá que sirva para crear conciencia sobre lo nocivo que resulta para las familias y para el conjunto de la sociedad la legalización del divorcio vincular.
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Autor: Gonzalo Verbal Stockmeyer
  1. Notas preliminares
  2. Introducción
  3. ¿Qué es la familia?
  4. ¿Qué es el matrimonio?
  5. Principales argumentos divorcistas y nuestra respuesta
  6. Apéndice
  7. Bibliografía

     

Notas Preliminares

Algunos sectores del país son partidarios de introducir en Chile el llamado divorcio vincular, es decir, la posibilidad de que un matrimonio válido pueda disolverse para contraer uno nuevo.

El 8 de septiembre de 1997 se aprobó en la Cámara de Diputados un Proyecto de Nueva Ley de Matrimonio Civil que contempla precisamente la introducción del divorcio con disolución de vínculo.

Este documento tiene por objeto entregar información básica para demostrar la clara inconveniencia de una legislación de este tipo. Ojalá que sirva para crear conciencia sobre lo nocivo que resulta para las familias y para el conjunto de la sociedad la legalización del divorcio vincular.

Primera Parte: La Familia y El Matrimonio. Aproximación Conceptual

I Introducción

Grandes pensadores de este siglo han sostenido que la humanidad vive una profunda "crisis de la verdad". Esto se materializa, entre otras cosas, en que las palabras ya no dicen lo que realmente significan. Por ejemplo:

     

  • Se habla de felicidad para referirse al placer sensible: hoy por hoy ser feliz se reduce al gozo pasajero, al "pasarlo bien", al hedonismo. No existe en la sociedad (en la gente en general) un concepto más trascendente de felicidad.

     

     

  • Se habla de libertad para referirse al libertinaje, al uso desordenado de la libertad. La libertad ya no consiste en la posibilidad de hacer el bien, sino en la facultad de hacer lo que uno quiera. Es decir, se reduce al llamado "libre arbitrio", a elegir entre decisiones desechables o revocables (p. ej.: "cerveza o bebida").

     

     

  • Se usa la palabra amor para referirse a "hacer el amor", al acto sexual que no necesariamente se da en el seno del matrimonio.

     

Y podríamos agregar un largo etcétera.

En este fenómeno también entran los conceptos de familia y matrimonio: éstos han ido perdiendo su sentido verdadero y por ellos, actualmente, se entiende cualquier cosa.

Por eso, al analizar el tema del divorcio, es fundamental que previamente respondamos a dos preguntas básicas:

  • ¿Qué es la familia?
  • ¿Qué es el matrimonio?

II ¿Qué es la familia?

La familia esta conformada por la unión indisoluble (perpetua) entre un hombre y una mujer y por los hijos que son fruto de esa unión.

La familia tiene dos características fundamentales:

1) Es una institución natural.

2) Es el núcleo fundamental de la sociedad.

Veamos que significan estas características:

1) Es una institución natural: Esto quiere decir que la familia no es un invento humano, no es una creación cultural.

Y la razón que fundamenta lo anterior es que la familia responde a lo que muchos autores (p. ej.: Javier Hervada) han llamado "inclinatio naturalis", o sea, inclinación natural del hombre. ¿En que consiste esta inclinación natural?: básicamente en dos aspectos:

a) Aspecto biológico: Perpetuación de la especie.

b) Aspecto ético: Educación de los hijos.

Estos dos aspectos están estrechamente unidos: no se trata sólo de tener hijos para "lanzarlos al mundo"; también hay que guiarlos (educarlos) en el camino de esta vida.

El filosofo español Angel Rodríguez Luño sostiene que "La familia es una sociedad natural, ya que responde a una inclinación natural del individuo: la perpetuación de la especie, que constituye el bien propio y necesario de la naturaleza humana".

2) Es el núcleo fundamental de la sociedad: Esto significa que la sociedad nace en la familia, que en ella tiene su fundamento originario.

Es conocida la frase de San Agustín: "La familia es el vivero de la sociedad".

Por su parte nuestra Carta Fundamental en su Art. 1º establece que "La familia es el núcleo fundamental de la sociedad". Además, en igual disposición, nuestra Constitución garantiza su protección y fortalecimiento.

Pregunta: ¿Existen los llamados "tipos de familia"?:

Los partidarios del divorcio sostienen que existen "tipos de familia", con lo cual quieren decir que la familia no sólo se sustenta en el matrimonio indisoluble y en los hijos que son fruto de ese vínculo, sino también en otras y variadas formas de unión (p. ej.: una abuela que vive con una nieta puede ser familia). Para esta teoría familia equivale a: "personas que viven bajo un mismo techo" .

Pero respondamos a la pregunta anterior: ¿Existen los llamados "tipos de familia"?: NO, porque las otras formas de unión (que no se basan en el matrimonio indisoluble) no responden de manera plena a la llamada "inclinatio naturalis": perpetuación de la especie y educación moral de los hijos.

El término familia se puede usar en un sentido analógico (p. ej.: al hablar de la "familia chilena", de la "familia del fútbol", etc.). Pero estos ejemplos no son verdaderas familias, no son familias en un sentido estricto.

Lo grave y peligroso de esta teoría es que busca la aceptación social y legal de otras uniones (p. ej.: uniones de hecho, uniones homosexuales, uniones polígamas, hogares unipersonales, etc.), a las que se les pretende otorgar el mismo status jurídico que el matrimonio (p. ej.: en algunos países se quiere legalizar el "matrimonio" entre homosexuales con la consiguiente adopción de hijos).

Y el primer paso para introducir en la legislación esta teoría de los "tipos de familia" es la introducción del divorcio vincular que, al modificar la noción de matrimonio en un aspecto esencial (en su carácter indisoluble), lo relativiza y abre la puerta a la aceptación social y legal de otros tipos de uniones.

III ¿Qué es el matrimonio?

Matrimonio es la unión indisoluble o perpetua entre un hombre y una mujer que tiene como fines la procreación y educación de los hijos, y el amor y ayuda mutua entre los cónyuges.

Como se desprende de la definición anterior, el matrimonio tiene dos categorías de fines:

1) Procreación y educación de los hijos.

2) Amor y ayuda mutua entre los cónyuges.

Veamos que significan estos fines:

1) Procreación y educación de los hijos:

a) Procreación: La palabra procreación significa que los cónyuges son cooperadores de la Creación.

El matrimonio tiene que estar abierto a la vida. De lo contrario, se desnaturaliza. Recordemos que el matrimonio es parte de la familia y que ésta responde a una "inclinatio naturalis" de tipo biológica: perpetuación de la especie.

En los tiempos que corren (de gran egoísmo individualista), a muchos les choca escuchar que un fin primario del matrimonio es la procreación. Pero se puede decir que ser hombre y ser mujer implican, respectivamente, la potencialidad de ser padre y madre. Es, por tanto, natural al ser humano (en la medida que se trata de un ente sexuado) tender al ejercicio de la función reproductora. Juan Ignacio Bañares, de nacionalidad española y experto en Derecho Matrimonial, ha dicho que aceptar a alguien como mujer y esposa o como varón y marido "significa a la vez decir te acepto como mujer-madre o como varón-padre".

En otras palabras, la apertura a la vida de nuevos seres humanos constituye una proyección de sí mismo y, a la vez, configura un proyecto común de vida entre los cónyuges que tiende a superarlos.

b) Educación: Nos referimos a la educación moral, a la que lleva al ser humano a distinguir lo bueno y lo malo. Por lo mismo, muchos autores afirman que la familia (sustentada en el matrimonio indisoluble), es una verdadera "escuela de virtudes" (p. ej.: en ella se aprende a querer, a usar la libertad, a asumir responsabilidades y compromisos, a obedecer, a trabajar, a ser sincero, etc.). También se dice que la familia es una "escuela de sociabilidad".

La procreación trae consigo la educación; no se trata de sólo de generar hijos como una maquina que produce productos en serie: hay que recibirlos, atenderlos y ello acarrea, entre otros aspectos, la función educadora. Bañares sostiene que la educación familiar no es otra cosa que la valoración de los hijos en su singularidad personal, como seres únicos e irrepetibles, con identidad propia.

2) Amor y ayuda mutua entre los cónyuges:

a) Amor: Es una de las palabras más manoseadas de nuestro tiempo: se habla, como ya dijimos, de "hacer el amor" para referirse al acto sexual que no necesariamente se da en el contexto de la unión conyugal. Y éste es un acto exclusivamente corporal, aunque puede ir acompañado de ciertos grados de afectividad.

El amor, en cambio, es una realidad esencialmente espiritual. Y lo es porque tiene su fuente en la voluntad que, junto a la inteligencia, constituye una de las dos facultades espirituales de la persona humana (facultades ambas que distinguen al ser humano de los animales o seres irracionales).

Con lo anterior no queremos decir que el amor no se exprese también físicamente (p. ej.: a través de sentimientos, afectos, manifestaciones exteriores, etc.). Claro que sí: "El amor comienza en el sentimiento, es decir, en la atracción de las personas y culmina en la unión de las personas en lo que es más íntimo de ellas: la unión de las almas. Por eso podemos afirmar que el amor se origina en los sentimientos, pero no se agota ni culmina en ellos".

Pero ¿qué es el amor?: sobre esto se han escrito toneladas de libros. Modestamente podemos decir que es pensar tanto en el otro –en el ser amado- al punto de llegar al olvido de sí mismo, es vivir para el otro, entregar nuestra vida al otro: nuestras virtudes y defectos, nuestras preocupaciones, nuestros años. El amor, en otras palabras, es precisamente lo contrario de egoísmo o egocentrismo. Amar es difícil, se debe aprender a amar.

Se ha dicho sabiamente que "la medida del amor es un amor sin medida" (San Bernardo) . Juan Pablo II afirma que "amar significa dar y recibir lo que no se puede comprar ni vender".

Bañares señala que el amor es donación al otro, compromiso en la totalidad de la persona. Se trata de hacer al otro mejor y más feliz.

b) Ayuda mutua: Es la consecuencia o aplicación material del amor. Se refiere a los cuidados personales que los cónyuges deben prestarse, especialmente en las adversidades de la vida matrimonial (p. ej.: frente a una enfermedad).

Javier Hervada afirma: "Ser marido y ser esposa comprende estar ordenado al servicio del otro cónyuge. Cada uno de ellos es ayuda del otro. Esta finalidad representa el sentido y la misión de servicio mutuo que contiene el matrimonio, en cuya virtud cada cónyuge se ordena al bien personal del otro".

Monseñor Juan Luis Cipriani señala: "El amor de los esposos como todo verdadero amor se prueba con el sacrificio, a la hora de la enfermedad, del dolor, de la dificultad económica, de la incomprensión social y de tantas otras dificultades que ofrece la vida de cada ser humano".

Para garantizar el cumplimiento de los fines arriba analizados, el matrimonio tiene dos propiedades esenciales:

1) Unidad o carácter monógamo.

2) Indisolubilidad o carácter vitalicio.

Veamos que significan estas dos propiedades:

1) Unidad: Significa que el matrimonio es un vínculo entre dos personas de distinto sexo.

En otras palabras, el matrimonio es un vínculo entre un solo hombre y una sola mujer: el matrimonio es uno con una.

Atentados contra esta propiedad:

a) Poligamia: Tiene dos facetas:

     

  • Poliginia: Unión de un hombre con varias mujeres.

     

     

  • Poliandria: Unión de una mujer con varios hombres.

     

b) Homosexualidad: Unión entre personas del mismo sexo.

Es importante distinguir entre tendencia homosexual y acto homosexual; la primera no es moralmente reprochable, la segunda sí. "Una cosa es sentir y otra consentir".

3) Infidelidad o adulterio: Relación sexual con terceros ajenos al matrimonio.

La unidad es un presupuesto de la educación de los hijos, porque los seres humanos no somos maquinas que podemos ser "conducidos" (educados) por diversas personas (p. ej.: hasta los 12 años por un padre, desde los 12 a los 15 por otro, etc.).

También es un presupuesto del amor, porque este fin exige exclusividad. Nadie, por ejemplo, puede decir que "ama a varias mujeres". Esto no sería verdadero amor, esto sería un engaño. Bañares dice que "el amor no es divisible".

El divorcio, digamos desde ya, le da carta de ciudadanía a la infidelidad, sobre todo cuando va precedido de leyes (como en Chile) que despenalizan el adulterio.

2) Indisolubilidad: Significa que el vínculo matrimonial dura mientras vivan los cónyuges, sin que pueda disolverse.

Atenta contra esta propiedad el divorcio vincular, es decir, la posibilidad de que un matrimonio válido (no anulable) pueda disolverse para contraer uno nuevo.

La indisolubilidad es una exigencia natural de los fines del matrimonio:

a) De la procreación y educación de los hijos: La certeza de que el matrimonio es para toda la vida motiva a los cónyuges a abrirse a la vida: a tener hijos. Por otra parte, está comprobado que para educar a un hijo se necesitan alrededor de 20 años. Y como generalmente las familias tienen más de uno, este tiempo se alarga notablemente, con lo cual se requiere que el matrimonio sea indisoluble.

b) Del amor y ayuda mutua: El amor es entregar toda nuestra vida, nuestra vida actual y nuestra vida futura. Nadie puede decir: "te amo hasta que las cosas anden bien". Esto no sería verdadero amor. Además, el divorcio desmotiva la entrega, la ayuda mutua (¿Para qué desgastarse tanto por el otro si mañana me puedo divorciar?).

Conclusiones de Javier Hervada en relación al matrimonio

1) No es un mero contrato civil ni tampoco una institución de Derecho positivo: Es, ante todo, una institución de Derecho Natural. Por lo tanto, su esencia (su indisolubilidad) no puede ser alterada por el legislador humano.

2) Es preexistente a cualquier legislación o legalidad: La función del Derecho Positivo es regular, dar publicidad y otorgar seguridad jurídica a lo que existe antes que él por naturaleza, es decir, al matrimonio (indisoluble).

3) Si el matrimonio es la forma específica de unión sexual entre varón y mujer que responde a la naturaleza humana y a la condición de persona, las demás formas de relación sexual son antinaturales por degradadas y degradantes, es decir, despersonalizadas.

***

En la primera parte de este trabajo, nuestra intención ha sido concluir que la indisolubilidad matrimonial tiene un carácter natural y no sólo religioso. Y en general así ocurre en materia moral; en efecto:

"Las cosas no son malas porque son prohibidas por la religión, sino que son prohibidas por la religión porque son malas".

En otras palabras, la religión no se opone a ciertas conductas por un mero capricho: se opone a ellas basada en sólidos fundamentos antropológicos (racionales); además de los fundamentos sobrenaturales o directamente revelados por Dios (p. ej.: en el Evangelio de Jesucristo).

En consecuencia, la indisolubilidad matrimonial no es sólo una exigencia que deban cumplir los fieles católicos, sino que se trata de un presupuesto esencial de todo matrimonio; sólo así se garantiza la estabilidad de las familias y la entrega desinteresada entre los cónyuges y respecto de sus hijos.

Joaquín García-Huidobro, filosofo chileno, ha dicho con gran sentido común: "también el robo y el homicidio están prohibidos por el Evangelio, y a nadie se le ocurriría decir que aquél que pide que se descubra y sancione a los responsables de un asalto a mano armada en despoblado, le está imponiendo sus convicciones religiosas a los delincuentes".

Segunda Parte: Principales Argumentos Divorcistas y Nuestra Respuesta

PRIMER ARGUMENTO: "El divorcio no produce los quiebres matrimoniales, sino que son dichos quiebres los que producen el divorcio. La ley de divorcio sólo se limita a solucionar la situación de los matrimonios mal avenidos, sin afectar al resto de las parejas":

RESPUESTA: Primero hay que distinguir entre divorcio legal –la ley que reconoce el divorcio- y divorcio judicial, es decir, el divorcio específico de un matrimonio X sancionado por un tribunal en virtud de una ley que lo autoriza.

Cuando existe el divorcio legal, obviamente cualquier divorcio judicial es consecuencia de un quiebre matrimonial previo. Sin embargo, así como el divorcio judicial es consecuencia de un quiebre matrimonial previo, este quiebre es –en muchos casos- efecto de la existencia del divorcio legal. En otras palabras, de no mediar una ley de divorcio muchos quiebres matrimoniales no se habrían producido.

Por lo tanto, el esquema correcto es el siguiente:

Divorcio legal = Quiebre matrimonial = Divorcio judicial.

Lo anterior se confirma claramente con la fuerza irrefutable de las estadísticas: en todas partes donde se ha instalado el divorcio legal, allí han aumentado casi exponencialmente los quiebres matrimoniales. En efecto, en las naciones que han legalizado el divorcio la cantidad de separaciones en relación al conjunto de matrimonios se elevó desde niveles en torno al 10 % a porcentajes que bordean entre el 30 y 50 %.

Estadísticas del Demografhic Yearbook de 1990 de Naciones Unidas

1) Bélgica: Entre 1971 y 1985 la tasa de divorcio ascendió desde un 10 % a un 32 %.

2) Francia: Desde un 12 % a un 40 %.

3) Holanda: Desde un 9 % a un 30 %.

4) Gran Bretaña: Desde un 17 % a un 44 %.

5) Dinamarca y Estados Unidos: Lideran los números de rompimientos con porcentajes casi del 50 %.

Comparemos ahora las cifras entre el año en que se dictó la Ley de Divorcio y 1990:

1) Alemania Federal: La Ley de Divorcio se dictó en 1976 con una tasa de rupturas del 22 %; en 1990 alcanzó al doble: 32 %.

2) Canadá: La Ley de Divorcio se dictó en 1968 con una tasa de rupturas del 8 %; en 1990 llegó a un 40 %.

3) Estados Unidos: La Ley de Divorcio se dictó en 1969 con una tasa de rupturas del 28 %; en 1990 alcanzó a un 50 %.

Esto es lo que los especialistas han llamado "plaga del divorcio", "espiral del divorcio" o "efecto bola de nieve del divorcio". La cuestión es clara: "el divorcio engendra divorcio".

Es innegable que el divorcio produce quiebres matrimoniales. Por lo tanto, no se limita solamente a solucionar los problemas de los matrimonios mal avenidos, sino que afecta a todos los matrimonios: a los presentes y a los futuros. Es evidente que una ley de divorcio incentiva el divorcio; del mismo modo, si se legalizará la marihuana, es obvio que aumentaría el consumo de dicha droga.

Por eso, podemos concluir que la ley de divorcio amenaza la estabilidad de todas las familias.

Pero ¿por qué el divorcio engendra divorcio? Los especialistas han aducido, básicamente, tres tipos de razones:

1) El hombre funciona por la lógica de los incentivos: Diversos estudios de la psicología moderna han concluido que "el ser humano para conseguir metas altas, necesita, al mismo tiempo, de exigencias altas". Por consiguiente, en la medida en que dichas exigencias se bajen, las metas conseguidas también disminuyen (p. ej.: si para aprobar un ramo universitario me basta un 2 en vez de un 4, es lógico que la calidad de mi estudio será peor en el primer caso que en el segundo).

Pues bien, esto mismo sucede en el matrimonio: si el matrimonio es desechable en vez de indisoluble, obviamente que el ser humano se esforzará mucho menos en el primer caso que en el segundo. No es lo mismo casarse bajo la convicción de "hasta que la muerte nos separe" que "mientras las cosas anden bien".

2) La aceptación legal trae consigo la aceptación social: Toda ley al permitir una conducta, le está diciendo a la sociedad que esa conducta es buena. Los especialistas (p. ej.: sociólogos del derecho) coinciden en que la ley tiene un efecto pedagógico o ejemplarizador que influye en la conciencia y conducta de las personas en la vida social.

Por lo tanto, es obvio que si la ley dice que es buena la disolución del matrimonio, las personas poco a poco pensarán así y comenzarán a actuar en consecuencia.

La mayoría de la gente no distingue entre moral y derecho; lo jurídicamente permitido se considera moralmente bueno.

3) Las crisis pasajeras se transforman en permanentes: Todos los matrimonios tienen crisis. Esto es una realidad innegable. El matrimonio no es una permanente luna de miel. Sin embargo, que existan crisis no significa que ellas desemboquen en quiebres definitivos.

Pero con el divorcio la solución a las crisis (más o menos intensas) es mucho más remota, porque los cónyuges, al tener a mano la posibilidad fácil del divorcio, se esforzarán mucho menos en solucionar sus problemas y se dejarán llevar por sus caprichos e intereses egoístas.

No obstante lo anterior, los divorcistas contra-argumentan:

"La indisolubilidad es un asunto de conciencia. Por lo tanto, si alguien aspira a casarse para toda la vida, una ley no tiene porque influir en su decisión personal".

Respuesta: Los seres humanos frecuentemente traicionamos nuestra conciencia: a pesar de que sabemos que algo es malo, igual lo hacemos.

El ladrón o el asesino, si son personas normales, saben que sus conductas son malas. Su conciencia les indica que obran mal, pero ello no les impide cometer delitos.

Las relaciones humanas no pueden sólo quedar entregadas al ámbito de las conciencias: pensar así es utópico: es olvidar que el hombre, no obstante ser bueno en cuanto naturaleza, tiene de hecho una tendencia al mal. Así lo confirma la historia y el más elemental sentido común.

La leyes deben prohibir las conductas moralmente malas y socialmente inconvenientes; no pueden pretender (ingenuamente) que los ciudadanos siempre van a obrar guiados por su recta conciencia.

Por otra parte, ninguna ley civil puede imponer conductas que repugnan los principios y valores más íntimos de las personas (p. ej.: morales, religiosos, etc.). Y generalmente las leyes de divorcio tienden a imponer una concepción del matrimonio (disoluble) que no es compartida por otras personas que creen en el matrimonio para siempre. Por eso, en base al principio del pluralismo, las leyes de divorcio deberían permitir el matrimonio opcional. En otras palabras, que las personas que creen en el matrimonio para toda la vida puedan renunciar a la posibilidad del divorcio. Esto es un mal menor para quienes creen que la indisolubilidad es un bien para el conjunto de la sociedad, pero cuando "los dados están echados" (cuando el divorcio es un hecho) lo lógico y justo es que se permita optar.

SEGUNDO ARGUMENTO: "Es necesario terminar con la hipocresía de las nulidades fraudulentas. El divorcio pondrá fin a dichos fraudes".

RESPUESTA: Primero hay que precisar que es erróneo hablar de "nulidades fraudulentas" y que, más bien, debe decirse "fraudes de las nulidades". Lo fraudulento es la acción de las personas que falsifican las causales de nulidad.

En efecto, todo contrato (y el matrimonio también lo es) tiene ciertos requisitos legales que de no cumplirse lo anulan, o sea, impiden que nazca a la vida jurídica. Un contrato nulo no es un verdadero contrato, sino sólo uno aparente. Del mismo modo, un matrimonio nulo no es un verdadero matrimonio, sino sólo uno aparente (p. ej.: si se descubre a posteriori que uno de los cónyuges no tenía la edad exigida para contraer matrimonio, ese matrimonio es nulo; o sea, se constata que nunca existió relación conyugal).

En consecuencia, la cuestión no es terminar con las nulidades; en ese caso habría que terminar con los contratos, es decir, con todas las relaciones humanas que generan derechos y obligaciones. Esto es imposible y completamente absurdo. Con lo que hay que terminar es con la conducta fraudulenta de las personas que pasan a llevar la ley y éste no es un problema de la ley misma, sino de control al cumplimiento de la ley (¡cosa muy distinta!).

Por otra parte, en Chile el fraude de la nulidad matrimonial se produce por la supuesta incompetencia del Oficial de Registro Civil. Uno de los requisitos formales del matrimonio en nuestro país es que sea celebrado por un Oficial Civil que corresponda al domicilio de, al menos, uno de los contrayentes. Lo que se alega, entonces, es que el domicilio de ninguno de los cónyuges correspondía al del funcionario que los casó. ¿Cómo se prueba esto? Mediante testigos que, en la práctica, mienten; lo que en jerga procesal se conoce como "testigos falsos".

Por lo tanto, si para terminar con este fraude se busca una solución legal, la cuestión es simple: extender la competencia de los oficiales civiles a todo el territorio nacional o, como ha propuesto el profesor Hernán Corral Talciani, "...establecer una prescripción de corto tiempo que extinga el derecho para invocar la nulidad por esta causal".

Por otro lado, la presencia de testigos que mienten es habitual en nuestro sistema judicial y en todas las justicias del mundo y, además, no sólo en los juicios de nulidad matrimonial (p. ej.: Juicios de Transito). En toda controversia judicial siempre hay testigos que mienten. Aquí se aplica el principio filosófico de "no-contradicción" que establece que "una cosa no puede ser y no ser a la vez y en el mismo sentido" (p. ej.: yo no puedo ahora y en este mismo lugar estar y no estar escribiendo este documento, porque sólo existen dos alternativas: o lo estoy escribiendo o no lo estoy escribiendo).

Del mismo modo, si dos partes litigan en un proceso judicial y ambas presentan testigos que dicen justamente lo contrario, es evidente que uno de los dos miente (p. ej.: es imposible que Juan haya matado y no matado a Pedro; o lo mató o no lo mató). Por eso, resulta insólito que los divorcistas se las den de "puritanos" en materia judicial cuando ellos saben que lo que buscan es otra cosa: el divorcio. Y esto de la "hipocresía de las nulidades fraudulentas" no es más que un eslogan para conseguir dicho objetivo.

Además, es irreal afirmar que el divorcio pondrá fin a los fraudes, puesto que la experiencia mundial demuestra que el fraude es una práctica frecuente en los juicios de divorcio. Las causales de divorcio son letra muerta y sólo se quedan en la "buena" intención del legislador.

Por ejemplo, una causal típica que establecen las leyes de divorcio en la actualidad es la separación de los cónyuges durante un número determinado de años. Para que proceda esta causal basta que los cónyuges se pongan de acuerdo y mientan (a través de testigos falsos) en cuanto al tiempo en que han estado separados, con lo cual se falsifica la causal. O también basta que uno de los cónyuges abandone el hogar y espere el transcurso del tiempo para solicitar unilateralmente el divorcio, con lo cual se fabrica la causal. En el primer caso, lo que hay, en la práctica, es un divorcio por mutuo acuerdo; y en el segundo lo que existe es un divorcio por repudio unilateral.

En consecuencia, la hipocresía no procede de quienes se oponen al divorcio, sino de quienes lo promueven:

1º Porque se escandalizan con la existencia de testigos que mienten cuando éstos se presentan en todo juicio y no solamente en los de nulidades matrimoniales.

2º Porque las causales de divorcio también pueden ser objeto de fraude a la ley: de hecho la mayoría de los divorcios mundiales son fraudulentos.

TERCER ARGUMENTO: "No se trata de promover el divorcio a ultranza, sino sólo de reconocer casos excepcionales en que la crisis matrimonial es absolutamente irreversible. La idea no es un divorcio fácil, sino uno restrictivo".

RESPUESTA: Este supuesto divorcio restrictivo es lo que los italianos (cuando legalizaron el divorcio en 1970) llamaron "piccollo divorzio" (divorcio pequeño), el cual, al poco andar, dejó de ser "piccollo".

No existe el divorcio excepcional o restrictivo básicamente por dos razones:

1º Porque de hecho las causales de divorcio pueden falsificarse o fabricarse (como acabamos de ver).

2º Porque legislativamente dichas causales se pueden ampliar (y de hecho así ha ocurrido en varios países del mundo).

En ambos casos –de hecho o de derecho-, se llega a un divorcio por mutuo acuerdo o incluso por repudio unilateral.

En la doctrina y legislación internacional en materia de divorcio se ha pasado, a partir de la década de los 80’, desde la concepción del llamado "divorcio-sanción" que es el otorgado como pena ante el incumplimiento de uno de los cónyuges de sus deberes maritales (p. ej.: al cometer adulterio y atentar contra el deber de fidelidad) a la del "divorcio-remedio" que es el concedido para solucionar los casos en que se ha roto irrevocablemente la comunidad de vida de los cónyuges.

La tesis del "divorcio-remedio" estima que el divorcio no debe ser concebido como una pena, sino como un camino de salida, un remedio para aquellos casos en los que el conflicto ha llegado a tal grado de agudización que resulta imposible mantener la unión conyugal.

Como este quiebre irreversible es difícil de precisar objetivamente, las legislaciones divorcistas han optado por constatarlo con la separación de cuerpos de los cónyuges –judicial o de hecho- durante un número determinado de años. ¿Qué ha ocurrido en la práctica?:

1º Que los cónyuges se ponen de acuerdo y presentan testigos que mienten para acreditar tal separación. Es decir, no se dan el trabajo de esperar los plazos exigidos por la ley.

2º Que incluso basta que uno de los cónyuges abandone el hogar para configurar la separación. Aquí estamos en presencia del llamado "divorcio-repudio" o unilateral.

Por eso, el dilema no es entre divorcio restrictivo o divorcio fácil, sino entre divorcio y matrimonio indisoluble. Todo divorcio siempre es fácil. Al final, siempre –por alguno u otro resquicio- se llega al divorcio fácil, ya sea por mutuo acuerdo o por voluntad unilateral.

CUARTO ARGUMENTO: "Los hijos de un matrimonio mal avenido sufren más que los de un matrimonio divorciado. Además, una adecuada explicación a los hijos puede eliminar el daño del divorcio".

RESPUESTA: No deja de sorprender el cinismo de los divorcistas.

Uno de los estudios más serios a nivel mundial, el realizado en Estados Unidos por la Doctora Judith Wallerstein ("Padres e Hijos Después del Divorcio"), detectó que tras producirse el divorcio todos los hijos que hasta entonces eran sanos experimentaron problemas emocionales y conductuales significativos, que perduraban hasta 15 años después de la ruptura. Se demostró que incluso en las familias conflictivas los niños encuentran un espacio más proclive para su desarrollo que el causado por el divorcio de sus padres. Los hijos de padres divorciados se sienten traicionados por sus padres, porque quebrantan las leyes no escritas de la paternidad: se supone que los padres deben sacrificarse por sus hijos.

Judith Wallerstein: "Maestros de todo el país me han dicho que sus alumnos suelen llegar a la escuela con ojos aterrorizados, diciendo que sus padres discutieron la noche anterior, tras lo cual preguntan: ‘¿esto significa que se divorciarán?’".

Esta psicóloga realizó un seguimiento a 130 hijos de padres divorciados durante 25 años. Llegó a la conclusión que –contrariamente a lo que se ha pensado tradicionalmente- el mayor impacto del divorcio se produce cuando los hijos llegan a ser adultos y no durante la infancia o adolescencia. "Uno de los hallazgos más inesperados de mi estudio fue que los hijos de familias divorciadas lo pasan más mal cuando cumplen 21, 22 o 23 años, es decir, cuando se convierten en adultos jóvenes y empiezan a pensar en relaciones, amor, sexo y matrimonio. Es ahí cuando surge el gran temor de que sus relaciones también fallen".

Su estudio también concluyó que los hijos del divorcio presentan problemas diversos (p. ej.: miedo, agresividad, depresión, apatía, retraimiento, dificultades de aprendizaje, etc.) y, por lo mismo, recurren al doble de tratamientos psiquiátricos y psicológicos.

En 1987 en Estados Unidos de todos los menores enjuiciados por delincuencia común, el 82 % provenía de familias rotas.

En Inglaterra se comprobó (estudio realizado por Kathleen Kiernam del Family Police Studies Centre y Martin Richards de la Universidad de Cambridge) que los hijos de padres divorciados abandonan la escuela o el hogar antes de tiempo en una proporción mayor al doble de la que presentan los hijos de familias intactas y también duplican la posibilidad de tener hijos extramaritales. También se descubrió que le pierden el respeto al matrimonio: conviven en proporción 4, 5 veces más que los hijos de matrimonios unidos.

Todos estos estudios son empíricos. Por lo tanto, no pueden ser desconocidos. Además:

1) La relación del niño con el nuevo cónyuge de sus padres (padrastro o madrastra) suele ser conflictiva.

2) El divorcio expone a los niños a mayor riesgo de maltrato por la razón anterior.

3) El divorcio de los padres estimula el divorcio de los hijos.

Obviamente, este drama también se produce en Chile en la actual situación. Los hijos de padres separados de hecho o "anulados" judicialmente sufren tanto como los hijos de padres divorciados: ellos no razonan la diferencia entre uno y otro caso, entre una y otra institución jurídica. Pero la diferencia es cuantitativa: mientras hoy (en Chile) las nulidades matrimoniales son una minoría –8, 5 % de los matrimonios- con el divorcio dicha tasa aumenta (como ya lo demostramos) a promedios del 20 o 30 % hasta llegar a la mitad de los matrimonios (como en EE.UU.).

El problema del argumento que rebatimos es que parte de un supuesto equivocado: de que todos los matrimonios mal avenidos y susceptibles de separarse "se están tirando los platos por la cabeza". Y la mayoría de las veces no es así, generalmente prima más la indiferencia, la falta de comunicación y de cariño, etc. Pero no necesariamente se trata de relaciones extremadamente violentas que hacen insoportable la vida en común. Éstos casos son los menos. Por lo tanto, es dable pensar que los hijos sufren mucho más cuando sus padres se separan que cuando están juntos.

En cuanto a la "adecuada explicación" bastaría contar una historia: unos padres le explican a su hijo que se van a separar, le preguntan si ha entendido, él contesta que sí, le preguntan que ha entendido, él responde: "el mundo es una porquería".

Como dice José Miguel Ibañez Langlois en su famoso libro 21 Slogans Divorcistas querer explicarle a un niño la separación de sus padres es como "explicarles la cuadratura del círculo". No se puede, en efecto, explicar lo inexplicable. Para ello, los niños tendrían que dejar de ser niños, tendrían que ser "hombres de hielo", sin sentimientos.

QUINTO ARGUMENTO: "Una buena ley de divorcio puede preocuparse de la situación de la mujer, especialmente en el plano económico".

Otra vez el cinismo –o derechamente la mentira- como arma de lucha de los divorcistas.

Diversos estudios han demostrado que el divorcio tiene básicamente tres efectos en relación a la mujer:

1) La aleja del hogar: El temor a quedar sola en el futuro, sin medios económicos, la obliga a entrar al mundo laboral, aunque no quiera.

No estamos en contra que la mujer salga del hogar a trabajar, lo que decimos es que el divorcio la obliga a hacerlo, aunque ella no quiera. Así como las mujeres tienen derecho a trabajar fuera del hogar, también tienen la legítima facultad de quedarse en la casa (lo cual también es un trabajo y muy importante). Ellas pueden, si así lo estiman, quedarse en la casa para efectos de una mejor administración del hogar y para dedicarse de manera más plena a la educación de sus hijos.

Pero el divorcio la impulsa con mucha mayor facilidad a trabajar fuera del hogar.

2) Promueve una actitud de egoísmo material entre los cónyuges: Desincentiva al marido a comprar una cosa o cualquier otro bien a nombre de ambos o de su cónyuge. Los regímenes patrimoniales de comunidad (como la sociedad conyugal de nuestro país) pierden importancia.

La legislación del divorcio hace mucho más frecuente las separaciones de bienes y las capitulaciones matrimoniales en las que se estipula, antes del matrimonio o en el acto del mismo, la forma en que se repartirán los bienes, indemnizaciones en caso de divorcio, etc. Esto es frecuente en los países donde existe el divorcio; de hecho, hay abogados especialistas en divorcio y contratos prematrimoniales.

3) Incrementa la llamada "Feminización de la Pobreza": La mujer se lleva la peor parte, porque tiene menos autonomía laboral.

La mujer se queda con los niños, el ex marido le da la menor pensión posible y tiene menos posibilidades de obtener un buen sueldo.

Estudio en California en el primer año del divorcio: Las mujeres con niños menores de edad obtuvieron una reducción de su nivel de vida en un 75 %; los hombres, en cambio, consiguieron un aumento de un 42 %.

Estudio del economista chileno Carlos Antonio Díaz: Citemos textualmente:

"En el caso de las mujeres la evidencia muestra que en la realidad un alto porcentaje de los esposos no cumple con su obligación de ayuda económica, más allá de cortos períodos de tiempo y en bajos montos. Según diversos analistas este resultado se explica básicamente por los siguientes motivos:

a) El cambio en la institucionalidad matrimonial. Diversos grupos sociales mantienen, y con éxito, que si el matrimonio es un contrato temporal no es justo imponer a una de las partes la obligación de ayudar económicamente a la otra una vez que la relación ha terminado.

b) Imposibilidad para muchos hombres de mantener dos o más hogares. Así la primera esposa debe competir con la segunda y los nuevos hijos.

c) Altos costos de fiscalización dificultan la cobranza".

En Inglaterra durante 1993, un 77 % de los hogares monoparentales (hogares en que sólo uno de los padres vive con sus hijos). tuvo que recibir ayuda estatal del sistema de seguridad social (Fuente: The Economist del 9 de abril de 1994).

El sociólogo español Diego Ruiz Becerril concluyó que en su país la capacidad adquisitiva de los hombres aumenta en un 10 %, mientras que la de las mujeres disminuye en un 27 %. Señala que el caso de las mujeres mayores es peor, porque se encuentran con menor preparación y educación que las jóvenes. Además, sostiene que muchos padres no cumplen con los acuerdos económicos (pensiones alimenticias).

Por otra parte, las leyes no tienen poderes mágicos, no pueden hacer realidad lo imposible. Por mucho que una ley diga que la educación es obligatoria no se puede obligar a los niños a ir al colegio, siempre va a existir deserción escolar. Vivimos en un país demasiado legalista; cuando existe un problema –cualquiera que sea- siempre se dice que se va a dictar una ley. Somos el único país del mundo en que las leyes se venden en la calle. Hay gente que piensa que "comprando una ley" puede encontrar la respuesta y consiguiente solución a sus problemas personales.

Pues bien, lo cierto es que en ninguna parte del mundo las leyes de divorcio han ayudado a mejorar la situación económica de la mujer. Muy por el contrario. Las disposiciones que se refieren a este punto, al corto andar, se transforman en letra muerta y quedan, otra vez, en la "buena" o "ingenua" voluntad de los parlamentarios; de los mismos que abrirán botellas de champaña cuando se dicte la ley, pero que jamás se acordarán de las partes afectadas (mujeres e hijos) como consecuencia de su voto en el hemiciclo.

Por último, hay que decir que las leyes de divorcio siempre desembocan –de hecho o de derecho- en el llamado divorcio-repudio, es decir, en la posibilidad de que uno de los cónyuges pida unilateralmente la disolución del vínculo. Generalmente, estas leyes exigen la simple constatación del "cese de la vida en común", con lo cual basta que uno de los cónyuges (normalmente el marido) abandone el hogar y espere el número de años que la ley le impone para solicitar de mutuo propio el divorcio. Con esta figura legal, la mujer pierde toda capacidad de negociación económica. En cambio, en la situación actual (a pesar del consabido fraude) la mujer puede negociar económicamente el rompimiento y quedar mejor parada en el plano monetario. Pero las leyes de divorcio no permiten esta situación.

SEXTO ARGUMENTO: "No se puede negar a las personas el derecho a rehacer la vida. Todo tenemos derecho a la felicidad".

RESPUESTA: Por su carácter sentimental, en un principio este argumento "llega". Sin embargo, las cosas no son tan así:

Está comprobado que las segundas uniones tienden mayormente al fracaso que las primeras. De hecho los especialistas llaman a los matrimonios entre divorciados "matrimonios de alto riesgo". En Estados Unidos donde el 50 % de los primeros matrimonios termina en divorcio, se rompe el 66 % de los segundos, o sea, 2 de cada 3.

¿Es posible rehacer la vida? Creemos que la vida no se rehace, se hace. Y se hace superando los errores y no cometiendo otros. Por lo demás, nadie parte de cero en la vida.

Por otro lado, este pretendido derecho de los cónyuges de rehacer su vida tiene como contrapartida el derecho a deshacer la vida de sus hijos. Y esto es completamente injusto: nadie puede pretender un derecho a costa de sacrificar el de otro, sobre todo cuando se trata de las personas más queridas.

Además, da la impresión que los que propician el divorcio identifican la felicidad con el placer, con el gozo personal y egoísta, puesto que "la manía de ser feliz es, psicológicamente, la mejor manera de ser infeliz, porque feliz es quien se entrega a los demás con olvido de sí mismo y sin pensar en la felicidad propia: a esa persona se le otorga la felicidad por añadidura".

Jurídicamente, este "derecho" a la felicidad es bastante dudoso, porque sólo existe derecho cuando puede exigirse a otro y ¿a quién se puede exigir el derecho a la felicidad? A la sociedad difícilmente. Ninguna sociedad –ningún sistema y ninguna ley- han hecho personas felices. La felicidad la construye uno, porque cada uno construye su propia vida.

El que reclama el "derecho a rehacer la vida" lo que quiere en verdad es que su nueva unión tenga el status social que tenía la primera: el status de matrimonio. Sin embargo, existe aquí una contradicción, porque lo que siempre le ha dado status al matrimonio es precisamente lo que se le niega: su carácter indisoluble.

Es importante aclarar que estar en contra del divorcio no significa una falta de compasión respecto de las personas que han fracasado en sus matrimonios. Nada de eso. Por lo demás, todo el mundo conoce a alguien (a algún pariente o amigo) que se ha separado. Y debe existir la mayor comprensión y apoyo para estas personas.

Sin embargo, no hay que confundir las cosas: el mal de pocos (de los pocos que en Chile rompen su matrimonio) no puede institucionalizarse y, de ese modo, dañar al conjunto de la sociedad. En este sentido, el destacado jurista chileno Jorge Iván Hubner Gallo sostiene: "Hay que tener presente al respecto que las leyes se dictan para el bien general de la comunidad. Los problemas o conflictos personales que afecten a los cónyuges, en casos particulares, no justifican, por muy lamentables que sean estas situaciones, la instauración de un régimen legal que fomenta la disolución de los matrimonios; socava la célula básica de la sociedad, que es la familia; perjudica a la mujer; y tiene graves consecuencias para los hijos".

El punto clave es que no se puede legislar en base a contemplaciones sensibleras por los problemas que afectan a una minoría y así, de paso, perjudicar a una institución esencial para el conjunto de la sociedad.

SEPTIMO ARGUMENTO: "Las rupturas matrimoniales son una realidad y la ley no puede esconder la cabeza como el avestruz".

El robo, el homicidio, la pedofilia, etc., también son una realidad y no por eso hay que legalizarlos. Lo mismo pasa con el trafico de estupefacientes, algunos pretenden legalizarlo para combatirlo (que curioso).

La ley positiva no debe regular la "realidad" que es, sino la que debe ser. El jurista chileno Máximo Pacheco Gómez en su conocida obra Teoría del Derecho sostiene que las normas de conducta (entre las que se cuentan las jurídicas) "no enuncian lo que ha sucedido, sucede o sucederá, sino lo que debe ser cumplido, aunque tal vez en la realidad no se cumpla ni se valla a cumplir".

Las leyes deben permitir las conductas moralmente buenas y prohibir las moralmente malas o socialmente inconvenientes. Este es un criterio básico de prudencia legislativa que, lamentablemente, nuestros parlamentarios no tienen para nada claro (así como van las cosas).

Y el divorcio, como ya hemos visto, atenta contra la naturaleza del matrimonio, socava la familia y produce efectos muy negativos para el conjunto de la sociedad. Por lo tanto, podrá ser una "realidad", pero no merece ser reconocido por mandato legal.

Por lo demás, ¿hasta qué punto las crisis matrimoniales están en Chile tan extendidas? La verdad es que en nuestro país la familia está sana: el número de nulidades asciende al 8, 5 %.

Como vemos, los fracasos matrimoniales en Chile son minoritarios y las leyes no están para regular casos excepcionales.

OCTAVO ARGUMENTO: "Las encuestas indican que la mayoría de los chilenos es partidario de la legalización del divorcio".

Existen dos tipos de encuestas:

1) Las llamadas encuestas dicotómicas (si/no).

2) Las encuestas con varias alternativas.

1) Encuestas dicotómicas (si/no): En estos casos, la pregunta frecuente es: ¿Está a favor o en contra de que se dicte una Ley de Divorcio?:

En contra A favor NS/NR Fuente

40, 9 % 55, 6 % 3, 5 % CEP, Dic. 1990

49, 2 % 44, 5 % 6, 3 % CERC, Jul. 1991

2) Encuestas con varias alternativas: La pregunta es: ¿Cree que la ley debiera autorizar el divorcio?:

En ningún caso En algunos casos NS/NR Fuente

25, 5 % 73, 7 % 0, 8 % CEP, Sept.-Oct. 1991

25, 0 % 46, 0 % 1, 0 % CNF, Ene. 1993

26, 0 % 74, 0 % 0, 0 % CEP, May.-Jun. 1995

Como vemos, no es tan claro que la "inmensa mayoría de los chilenos" sea partidario de introducir el divorcio. En el primer tipo de encuestas, las cifras son peleadas. En el segundo, la mayoría es partidaria de introducir el divorcio en algunos casos (divorcio excepcional). Sin embargo, nosotros sabemos (como ya lo demostramos) que esos "algunos casos" no existen, que son un mito.

Por otro lado, la mayoría de la gente no cuenta con los necesarios elementos de juicio como para pronunciarse sobre el divorcio. La mayoría de la gente no conoce los datos que se han aportado en estas páginas y en los numerosos estudios a que hemos acudido para escribirlas.

Conclusiones

En términos generales, podemos afirmar que el divorcio es un remedio peor que la enfermedad que pretende curar: todos los problemas que aspira a solucionar no sólo no los resuelve, sino que incluso los agrava.

En particular, podemos agregar lo siguiente:

1) El divorcio socava la familia: La "filosofía" divorcista estima que la familia es una institución cultural: "que es un invento humano". Se acoge, así, la teoría de los "tipos de familia" que autoriza el divorcio y cualquier otra forma de unión (p. ej.: uniones homosexuales).

Todo lo anterior implica que la familia deja de ser el núcleo fundamental de la sociedad y pasa, simplemente, a ser "una agrupación de personas que viven bajo un mismo techo".

2) El divorcio atenta contra la naturaleza del matrimonio: El divorcio no sirve para cumplir sus fines esenciales:

a) Procreación: Desincentiva la generación de hijos. ¿Para qué tener hijos si, probablemente, mi matrimonio fracasará?

b) Educación: Los hijos no pueden ser educados por ambos padres, por lo cual crecen con una serie de trastornos y desventajas. Incluso crecen con miedo a que sus padres se divorcien.

c) Amor: No es verdadero amor decir: "Te quiero hasta que las cosas anden bien".

d) Ayuda mutua: "Para que sacrificarme tanto por ti si, quizás el día de mañana, tú me dejarás".

3) El divorcio engendra divorcio: La experiencia mundial así lo atestigua. Por lo demás, es lógico que así sea: el divorcio promueve la ley del menor esfuerzo.

4) El divorcio no elimina el fraude procesal: Las mismas causales de divorcio pueden ser falsificadas y/o fabricadas por uno o por ambos cónyuges.

5) No existe el divorcio excepcional: Siempre se llega, de una u otra manera, al divorcio consensuado e incluso al divorcio-repudio.

6) El divorcio daña a los hijos: Crecen con enormes desventajas.

7) El divorcio perjudica a la mujer: Con la instauración del divorcio-repudio pierde todo poder de negociación en el campo económico.

8) El divorcio no sirve para rehacer la vida: No garantiza la felicidad. Por lo demás, no es la única vía para rehacer la vida.

9) El matrimonio chileno está sano: Sólo un 8, 5 % de la población se anula cada año.

Los divorcistas critican a los partidarios del matrimonio para siempre por no ofrecer soluciones a los problemas que afligen a nuestra sociedad en materia matrimonial. Pero esto no es así: diversos especialistas (p. ej.: profesores de Derecho Civil de nuestro país) han propuesto al Parlamento proyectos al divorcio tendientes a fortalecer la familia y, al mismo tiempo, abiertos a buscar formulas que ayuden a los matrimonios rotos. Sin embargo, el divorcio está de moda; podríamos decir que es un "dogma" de nuestro tiempo. Por lo demás, ¿qué solución ofrece el divorcio? La respuesta es una: "el divorcio sólo ofrece divorcio" y, de paso, todos los males que hemos intentado mostrar en estas páginas.

APÉNDICE

Cuatro razones para decir NO al divorcio

1) El divorcio atenta contra el derecho a casarse para toda la vida: Todo ser humano tiene derecho a unirse voluntariamente para toda la vida con otro y recibir de otra persona idéntico compromiso. Este es un derecho que merece ser reconocido social y jurídicamente.

Si se pretende el reconocimiento del matrimonio disoluble (del divorcio) un mínimo principio libertario debería reconocer el derecho a casarse para siempre. De lo contrario, viviríamos en una sociedad que no respeta el pluralismo que en ella de debe existir.

2) El divorcio fomenta las uniones de hecho: El divorcio no hace que la gente le pierda el "miedo" al matrimonio, sino el respeto. Con el divorcio, el matrimonio pierde categoría al equipararse jurídicamente al concubinato, con lo cual da lo mismo casarse o no. Está demostrado estadísticamente que el divorcio disminuye la tasa de nupcialidad y aumenta la de concubinato.

3) El divorcio crea inseguridad entre los cónyuges: La posibilidad de que uno de ellos solicite el divorcio, dificulta la entrega confiada el uno al otro.

4) El divorcio favorece la infidelidad: Genera una tentación mayor de "mirar para el lado". Y, por lo mismo, las personas casadas pasan a ser posibles "buenos partidos". Además, con la instauración del divorcio pierden todo sentido los llamados "deberes maritales", entre los que se cuenta la fidelidad conyugal.

El caso norteamericano: una escalofriante realidad

Estados Unidos lidera a nivel mundial la tasa de divorcialidad: un 50 % de los matrimonios se divorcian. Y un 66 % se redivorcia.

A partir de la década de los 90’, el gobierno norteamericano se ha comenzado a preocupar del tema, impulsando diversos estudios que, en conjunto, los especialistas han llamado "Efectos Sociales Del Divorcio".

La Revista Facetas, órgano cultural del gobierno de dicho país, ha recopilado algunos de esos estudios:

1) Estudio de la siquiatra Sheppad Kelam de la U. John Hopkins: Revela que en un tercio de las familias, la madre era el único adulto presente; en otra tercera parte, los niños vivían con ambos padres; y el resto se conformaba de hogares formados por otras personas (p. ej.: abuelos, tíos, etc.).

2) Secretaría de Salud y Servicios Humanos: Concluye que el nivel económico de los llamados "hogares monoparentales" (aquellos en que los hijos viven con uno solo de sus padres) es peor que los que han permanecido intactos. También revela que los hijos de padres divorciados están doblemente propensos a ser expulsados de la escuela.

La conocida revista económica The Fortune (10 de agosto de 1992), entrega las siguientes cifras alarmantes:

1) De los 65.000.000 de estadounidenses, el 22 % vive en hogares monoparentales (donde generalmente la mujer es la jefa de hogar).

2) Los padres de 2.750 niños se divorcian cada día.

3) Un 57 % de los que se divorcian tienen hijos menores de 18 años.

4) Dos tercios de las madres menores de edad, son solteras.

5) Cada día sobre 500 niños de 10 a 14 años comienzan a consumir drogas y sobre 1000 empiezan a ingerir alcohol.

6) Entre los 15 y 19 años la muerte por armas de fuego es la tercera causa, después de la muerte en choques vehiculares y en suicidios.

7) En 1990, 407.000 menores fueron removidos de la custodia de sus padres, por violencia y abuso sexual.

Frente a tan cruda realidad, Estados Unidos está intentando volver al matrimonio indisoluble. En efecto, desde el año 97’, en el Estado de Luisiana, las parejas que se casan pueden optar por el llamado "matrimonio blindado", es decir, pueden excluir voluntariamente la posibilidad del divorcio. Esta reforma, se está debatiendo actualmente en más de 20 estados de la unión norteamericana.

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 Gonzalo Verbal Stockmeyer

Verbal@surnet.cl

Verbis@hotmail.com

Estudiante de Derecho, Universidad San Sebastián, Concepción, Chile

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