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Valoración teórica general sobre la pedofilia

Resumen: Definiciones conceptuales necesarias. El abuso sexual de niños más allá de la pedofilia. La investigación centró el análisis en el fenómeno de la Pedofilia y su preocupante auge mundial. Valorativamente establecimos las principales categorías asociadas al tema tratado, entre las que se encuentran el concepto de pedofilia, su diferencia con la pederastia, la categoría abuso sexual; especificando la definición conceptual de "niño", conjuntamente con el estudio de las consecuencias de las prácticas abusivas pedófilas para las víctimas.
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Autor: Msc. Marta González Rodríguez
  1. Resumen de la monografía
  2. Introducción
  3. Definiciones conceptuales necesarias.
  4. El abuso sexual de niños más allá de la pedofilia.
  5. Conclusiones
  6. Citas y referencias
  7. Bibliografía.

RESUMEN DE LA MONOGRAFÍA

La investigación centró el análisis en el fenómeno de la Pedofilia y su preocupante auge mundial. Valorativamente establecimos las principales categorías asociadas al tema tratado, entre las que se encuentran el concepto de pedofilia, su diferencia con la pederastia, la categoría abuso sexual; especificando la definición conceptual de "niño", conjuntamente con el estudio de las consecuencias de las prácticas abusivas pedófilas para las víctimas. Propusimos razonadamente la ampliación del concepto de pedofilia más allá de su sentido clínico original, basándonos para ello en la alta incidencia actual de este abuso sexual, debido a múltiples razones que no se reducen solo a una inclinación sexual desviada.

PALABRAS CLAVES: Pedofilia, abuso sexual, parafilia, niño victimizado, explotación sexual infantil, abuso pedófilo.

INTRODUCCIÓN

La crisis civilizatoria que ha caracterizado el nacimiento del tercer milenio genera una sociedad mundial en conflicto creciente, que presenta entre sus múltiples fenómenos desesperanzadores, el inaudito y preocupante auge de la pedofilia, como expresión corruptora y abusiva de niños, niñas y adolescentes, en el plano sexual.

El actual ejercicio de la pedofilia se ha extendido geográfica y poblacionalmente, pues ya no se circunscribe al individuo clínicamente diagnosticado como tal, se extiende a otras muchas personas que distan de ser verdaderos desviados sexuales; convirtiéndose así en una patología social de preocupantes dimensiones. Más que la manifestación de una desviación sexual aislada, la práctica pedófila se constituye en un fenómeno que refleja el alarmante deterioro moral de nuestras sociedades y de por sí exige una acción enérgica de los Gobiernos y de las diferentes instituciones de la sociedad civil.

Le presentamos a continuación una exposición detallada, en la que el análisis de la pedofilia como patología social se convierte en el hilo conductor del discurso. Nuestros razonamientos persiguen como meta establecer las relaciones concatenantes y potenciadoras que interactúan entre el crecimiento de la demanda pedófila del mercado sexual y el desarrollo mundial acelerado de la comercialización del sexo con niños.

DESARROLLO

I- DEFINICIONES CONCEPTUALES NECESARIAS.

I.1- Generalidades.

La sexualidad humana constituye parte integrante del desarrollo de la personalidad y se expresa mediante manifestaciones biológicas, psicológicas y sociales que evolucionan en correspondencia con el grupo etáreo a que pertenece el individuo. La sexualidad se encuentra presente en todo el ciclo vital humano y se caracteriza por ser un fenómeno permanente, sui-géneris y variable que comienza con el nacimiento y termina con la muerte, expresándose diferenciadamente de acuerdo con las distintas etapas de desarrollo del ser humano en cada sociedad, en cada cultura y en cada persona.

Precisamente en la etapa infantil, objeto de nuestra atención, la sexualidad se caracteriza por la autoexploración, el descubrimiento del propio cuerpo y la construcción de la identidad sexual. Si durante este periodo vital se introduce al niño en prácticas y actividades sexuales no adecuadas para su edad, se genera una violencia en la evolución saludable de su sexualidad; provocándose secuelas afectivas y cognitivas de repercusiones incalculables para su desarrollo futuro.

Esa violencia de entidad sexual y de nefastas consecuencias para los niños se comete, en muchos casos, por individuos adultos con determinadas características e inclinaciones sexuales anómalas, conocidos comúnmente como pedófilos.

En función de clarificar los términos que usaremos en el presente trabajo, nos dedicaremos a continuación a dimensionar conceptualmente varias categorías de importancia para el tema tratado y sobre las que no siempre existe acuerdo doctrinal.

El concepto de pedofilia se deriva del idioma griego y significa originariamente "amor por los niños". En la actualidad se considera la pedofilia como un trastorno sexual de índole clínica definido como "la atracción sexual del adulto por niños de cualquier sexo". Evidentemente la pedofilia como categoría clínica posee un horizonte limitado y específico, pues "el término pedofilia, en su sentido médico, designa al adulto que padece un trastorno de la personalidad consistente en mostrar un interés sexual centrado expresamente en los niños que aún no han llegado a la pubertad".

Considerada una parafilia típica, la pedofilia ha sido erróneamente identificada con la pederastia; aún cuando reconocemos la existencia de una evidente cercanía conceptual entre ambos términos. Definimos la pederastia como las relaciones homosexuales con penetración entre varones, sinónimo de sodomía. Deduciendo entonces que la pederastia como práctica homosexual masculina puede implicar entre sus manifestaciones la relación entre hombres adultos y niños, con lo que aparece la variante pedófila de la pederastia, estableciéndose así el punto de contacto entre ambas categorías. Desde otro ángulo analítico podría aceptarse una identificación factual entre versiones de ambos fenómenos, caracterizándose estos tipos específicos por la coincidencia en la existencia de niños víctimas del sexo masculino y de adultos varones como sujetos activos del abuso sexual.

El profundo conocimiento de los hábitos de comportamiento de los pedófilos propicia su reconocimiento y permite evitar en algunos casos, la consumación de su accionar irregular. La literatura psiquiátrica en comunión con la sexología moderna ha descrito hasta el detalle las formas de orientación sexual, las manifestaciones conductuales, los tipos o variantes fundamentales de la pedofilia, etc. Con respecto a ello la organización categorial de estos conceptos responde a una documentada práctica médica y sexológica, en la que se precisa la distinción de los pedófilos, por ejemplo, en cuanto a su preferencia sexual, dividiéndose en orientación heterosexual, homosexual o ambas; o en relación con las actividades pedófilas propiamente dichas, entre las que se enumeran y describen una amplia gama conductual que oscila entre las caricias y la penetración sexual violenta en cualquiera de sus modalidades. De igual forma se detalla exhaustivamente las dos variantes fundamentales de la pedofilia: la sentimental homoerótica y la agresiva heterosexual. En el análisis clínico de este tipo de parafilia se localizan determinadas líneas de comportamiento pedófilo, tales como: los seductores, los introvertidos, los sádicos, etc.

Aún cuando resulta importante y factible reconocer determinados hábitos comportamentales de connotación pedófila; se debe especificar el hecho de que las personas portadoras de este tipo de perturbación sexual no pertenecen exclusivamente a una clase o estrato social, y por el contrario, se distribuyen por todo el entramado social, comportándose como individuos aparentemente normales y en muchos casos con una plena integración social y comunitaria.

Dentro de los pedófilos, la mayor peligrosidad es portada por aquellos individuos en que los niños confían por naturaleza, a partir de ser amigo de su familia; realizar funciones relacionadas con la atención a la infancia, por ejemplo: profesor, sacerdote, etc.; o cuando desempeña alguna profesión idealizada por los niños, tales como: policía, bombero, etc. Este tipo de agresión sexual proveniente de personas supuestamente confiables genera cicatrices profundas, matizadas en el infante bajo la forma de sentimientos de culpa y angustia.

En un sentido preventivo vale demostrar especial cuidado y control en la selección del personal que labora en los organismos encargados de la niñez, pues algunos pedófilos buscan obtener empleo en esas entidades, con la malévola intención de tener acceso a niños y ganar su confianza, consumando posteriormente sus propósitos. Muchas veces estos trastornados sexuales se disfrazan de filántropos aparentemente deseosos de ayudar financieramente a la atención de los niños en países en desarrollo o en zonas donde se produce o recién ha concluido un conflicto bélico.

Resultan obvias las dañinas consecuencias que provocan en las víctimas el actuar pedófilo, independientemente de las diferentes formas que adopten sus actos. Sin embargo, con el fin de neutralizar los sentimientos de culpabilidad por estos daños y garantizar así su estabilidad emocional, los pedófilos desarrollan una especie de "construcción" psicológica distorsionada y supuestamente racional en torno a sus repugnantes acciones; racionalidad justificante elaborada a partir del cuestionamiento y replanteo conveniente de las percepciones sociales críticas hacia la práctica de sexo con niños, salvando así el fenómeno de la "disonancia cognitiva" generado por su comportamiento sexual desviado.

En aras de la negación de las nefastas consecuencias de sus actos, estos agresores racionalizan sus abusos, exhibiendo "actitudes y creencias distorsionadas que les permiten percibir que los niños son de alguna manera responsables de su propio abuso, y/o imaginarse que los niños no sufren daño cuando mantienen contactos sexuales, y/o que los niños cuentan con capacidad de otorgar libremente su consentimiento a las relaciones sexuales con los adultos, u obtener beneficios de las mismas".

I. 2- Definición de la categoría "niño". Posiciones al respecto.

Un punto focal de controversia entre los profesionales, ONGs y dependencias gubernamentales que trabajan el problema de la pedofilia, radica en la definición de niño y por tanto en la definición de la edad en que el individuo puede ser víctima de las prácticas sexuales pedófilas. La Convención de los Derechos del Niño en su primer artículo define como niño a "todo ser humano menor de dieciocho años de edad, salvo que, en virtud de la ley que le sea aplicable, haya alcanzado antes la mayoría de edad". El término niño alude un rango de edad cronológica que comienza con el nacimiento y termina en una edad tope determinada legalmente.

Por lo estipulado en la Convención se deduce que las legislaciones nacionales son los documentos definitorios de la edad legal que funciona como frontera entre la niñez y la adultez. La variabilidad de un país a otro, en lo que concierne a este aspecto, responde a tradiciones culturales y jurídicas; es así que legislativamente se implanta una edad tope para definir un grupo de individuos que por su incompleto desarrollo físico e intelectual no se encuentran capacitados para decidir aspectos fundamentales de su vida; esta incapacidad decisoria establece una incapacidad jurídica y consecuentemente el Sistema Legal les brinda protección especial o tutela penal contra violaciones de sus derechos, tales como ataques o abusos sexuales.

Teniendo en cuenta las diferencias de intereses entre las distintas ramas del Derecho, el Sistema Legal de un mismo país es variable en cuanto a la definición de la categoría niño. Existen diversas definiciones en términos de edad cronológica asociados a variados aspectos o actividades a realizar por el individuo. Así por ejemplo, se establece la edad de responsabilidad penal, la edad de votar en elecciones, la edad de trabajar, la edad para contraer matrimonio y precisamente del tope etáreo previsto en la legislación para la protección de las relaciones sexuales, se deduce la edad para otorgar libre consentimiento en los intercambios de entidad sexual. Es decir, al determinar legalmente hasta que edad el niño puede ser víctima de delitos contra la libertad sexual, por el solo hecho de ser niño, se está definiendo el límite a partir del cual la persona es libre de decidir con quién, como y cuando establece sus relaciones sexuales.

Siendo así, la definición de niño constituye una decisión legal y de ninguna manera puede ser interpretada a partir de si la persona desarrolló de forma precoz las características sexuales exteriores, tales como vello púbico, aumento de volumen de los senos, crecimiento de los genitales exteriores, etc. A menudo se ha usado ese desarrollo exterior prematuro como justificante en la victimización de niños que siendo menores en términos de edad cronológica poseen, sin embargo, un desarrollo corporal de persona adulta.

El uso persistente de imágenes de niños de corta edad como víctimas preferentes de los pedófilos, distorsiona en cierto sentido esas prácticas e implica una visión reduccionista en cuanto a las víctimas. La pedofilia como práctica no solo abusa de niños menores representantes indiscutibles de la inocencia infantil; por lo que una estrechez de visión de esa índole sugiere erróneamente que solo constituyen prácticas pedófilas aquellas que usan a seres de muy corta edad. Esta representación estereotipada de las víctimas de la pedofilia excluye a otros sectores infantiles que no poseen tan corta edad, pero siguen siendo niños necesitados de protección contra acciones infames, ignorándose también a aquellos niños prostituidos que han sido obligados a perder su inocencia. "Al cargar constantemente las tintas con respecto al abuso de los niños pequeños, pasivos y dependientes (...) se están reforzando las actitudes populares en las que se basan muchos explotadores para justificar racionalmente los actos de explotación sexual comercial de niños, por ejemplo, que un niño que no es pequeño, dependiente o sexualmente inocente no debería ser considerado niño".

I.3- Consecuencias de las prácticas pedófilas en los niños víctimas.

La mayor o menor gravedad de las secuelas que presenta el niño abusado sexualmente depende de varios factores, entre los que se encuentran: el tipo de agresión, la severidad de la violencia o coacción usada, el grado de relación con el agresor, el desarrollo de la personalidad del infante, la reiteración o no del abuso, el apoyo familiar, etc. Los efectos nefastos pueden ser de varios tipos y en función de ello adquieren diversas clasificaciones, por ejemplo: existen autores que dividen las secuelas del abuso sexual en: secuelas físicas y secuelas psicológicas. Otros parten del criterio clasificatorio proveniente de la duración de las consecuencias, son aquellos que fraccionan las mismas en dos grandes grupos con sus subdivisiones correspondientes, esas amplias parcelaciones son conocidas como: secuelas a largo plazo y secuelas a corto plazo.

No resulta objetivo de nuestro trabajo el análisis minucioso de las consecuencias de las prácticas pedófilas en niños, sin embargo no conseguimos sustraernos a la necesidad de mencionar someramente algunos de estos efectos traumáticos. En el plano físico se presentan los dolores corporales propios de las lesiones generadas en el transcurso del abuso sexual violento del niño, la posible transmisión de enfermedades venéreas, la adquisición del SIDA, los embarazos como subproducto del maltrato, etc.

Los efectos psicológicos por su parte, aunque no visibles, pertenecen al grupo de los más perdurables. Los trastornos mentales se manifiestan en los planos emocional, cognitivo y comportamental. Sin hacer distinción entre estos planos podemos enumerar, por ejemplo: los estados ansiosos y depresivos, el desarrollo de fobias asociadas a determinados estímulos recordatorios del abuso sexual, problemas en la autovaloración, autoculpabilización, sentimientos de indefensión, etc. En el plano comportamental manifiestan generalmente comportamientos agresivos, problemas de relación a partir de elementos hostiles hacia los demás, conductas sexuales promiscuas, etc.

En definitiva, el abuso sexual genera en los niños un deterioro marcado de la autoimagen y la autoestima; las víctimas magnifican su dolor y tragedia percibiéndose a sí mismos como seres estigmatizados. No resulta secreto que la acción abusiva sexual compromete gravemente el desarrollo de los niños y limita el acceso al pleno disfrute de sus derechos como seres humanos.

II- EL ABUSO SEXUAL DE NIÑOS MÁS ALLÁ DE LA PEDOFILIA.

La materialización del comportamiento pedófilo siempre implicará en sí mismo la existencia de un abuso sexual, consistente en la comisión de un acto sexual directo o indirecto sobre el niño, acción tendente a estimular y satisfacer sexualmente al adulto. El abanico de comportamientos sexuales abusadores se extiende desde las caricias o manoseos, hasta la penetración bucal, vaginal o anal. El abuso sexual contempla insito otras variantes como las prácticas pornográficas caracterizadas por fotografías y filmaciones en solitario o con interacciones sexuales entre infantes, aún cuando dichas prácticas no impliquen un contacto físico con el adulto abusador. La ocurrencia del acto abusivo se puede manifestar en contextos diferentes y en interrelaciones sociales muy diversas.

Los abusos sexuales deben ser analizados a partir de dos grandes categorías: la coerción y la asimetría de edad. "La coerción (con fuerza física, presión o engaño) debe ser considerada por sí misma criterio suficiente para que una conducta sea calificada de abuso sexual de un menor, independientemente de la edad del agresor. Por su parte, la asimetría de edad impide la verdadera libertad de decisión y hace imposible una actividad sexual común, pues los participantes tiene experiencia, grado de madurez biológica y expectativas muy diferentes. Esta asimetría supone en sí misma un poder que vicia toda posibilidad de relación igualitaria. Por consiguiente siempre que exista coerción o asimetría de edad (o ambos casos a la vez) en el sentido propuesto entre una persona menor y cualquier otra, las conductas sexuales deben ser consideradas abusivas. Este concepto tiene la ventaja de incluir también agresiones sexuales que cometen unos niños contra otros".

Afirmamos con anterioridad que el accionar pedófilo genera la existencia del abuso sexual infantil, aún cuando no resulta factible identificar simplistamente la pedofilia clínica declarada con los abusadores sexuales. El actual fenómeno del abuso sexual va más allá de la pedofilia, extendiéndose a un creciente sector poblacional del planeta convertido en abusadores sexuales de niños, a pesar de no poseer las peculiares desviaciones preferenciales de los pedófilos diagnosticados clínicamente. Ese progresivo conjunto de individuos, que sin sufrir una atracción sexual anómala demandan el uso de niños en sus prácticas sexuales, debe ser reconocido como un grupo que padece una pedofilia no clínica de entidad ocasional o episódica, que por sus dimensiones se ha constituido en una patología social de alcance epidémico mundial, generando enorme preocupación entre los gobiernos y la sociedad civil, por su trascendencia de inmenso deterioro moral y psicosocial.

En este momento del análisis cabe introducir un tercer concepto referido a los explotadores sexuales de niños, entendidos estos "como los individuos que se aprovechan injustamente de algún desequilibrio de poder entre ellos y una persona menor de 18 años con el fin de usarlos sexualmente, ya sea para obtener beneficios materiales o por placer personal". Esa definición de explotador sexual absorbe la categoría de abusador sexual, aunque si llegar a coincidir totalmente.

Así pues, a manera de resumen parcial podemos relacionar las tres categorías analizadas hasta el momento: la pedofilia, el abuso sexual infantil y la explotación sexual de niños; todas ellas constituyen un continuo conceptual que implica la progresiva ampliación de dimensiones con una correlativa identificación. La pedofilia como concepto clínico originario constituye apenas una manifestación del abuso sexual infantil, y este último a su vez forma parte de la categoría del explotador sexual. Observado de una manera más simple y graficada podríamos afirmar que no todos los explotadores sexuales de menores son ellos mismos abusadores sexuales, por cuanto existe una parte de esos explotadores que no accionan sexualmente con los niños, aunque si propician el contacto sexual de esos niños con una tercera persona, percibiendo por ello un beneficio económico. Esto se explica en tanto recordemos que el término de abuso sexual de niños solo contempla a aquellos individuos que reciben gratificación sexual directa.

Valorando la correlación identificativa de estos conceptos desde una óptica progresiva de lo particular a lo más general y en términos de acción individual, sustentamos que el pedófilo activo será siempre un abusador y un explotador sexual infantil; sin embargo, visualizándolo en sentido inverso, no todo explotador sexual de niños constituye un abusador sexual, ni a su vez todo abusador sexual será un portador del trastorno sexual pedófilo. El punto focal de coincidencia conceptual se produce por la razón de que todos convergen con su accionar en la victimización de niños.

El desarrollo progresivo de la demanda de niños para prácticas sexuales se produce por la ampliación escalonada de grupos de individuos solicitantes. "Se ha comprobado que los clientes que solicitan servicios sexuales infantiles pertenecen fundamentalmente a los siguientes grupos: pedófilos, los que sienten inclinación preferente por los niños, los usuarios habituales de servicios sexuales que recurren ocasionalmente a los niños, los cliente locales de la prostitución, turistas, personas en viaje de negocios, inmigrantes extranjeros, soldados, funcionarios públicos destinados en lugares aislados y otras personas".

Se evidencia que los horizontes del problema no se limitan a la pedofilia como categoría psiquiátrica. La cada vez más alarmante explosión del abuso sexual de niños cometidos por un gran número de hombres y mujeres que no son pedófilos clínicamente hablando, nos llama a la reflexión en cuanto a la conveniencia de redimensionar conceptualmente la pedofilia, concibiéndola como una patología social actual más allá de su definición médica y sexológica original; atemperándonos así a la realidad de un problema que desde hace tiempo supera con creces las desviaciones sexuales aisladas y extrañas al conglomerado social.

El enfoque sociológico de la pedofilia como patología nos obliga a la investigación etiológica del fenómeno y secuencialmente nos acerca, por tanto, al cuestionamiento de nuestras sociedades y a la toma de conciencia alrededor de la necesidad de una reacción oportuna y crítica ante la progresiva deshumanización, ante el consumismo frenético que nos esclaviza y nos "cosifica" y ante la degradación y la discriminación de sectores poblacionales en alto riesgo victimógeno, como son nuestros niñas y niños. Nuestro cuestionamiento crítico debe extenderse, entre otros aspectos, a la desenfrenada y distorsionada comercialización de la sexualidad, incentivante de la demanda del sexo rentado y de manera especial al control de la violencia en sus múltiples manifestaciones, ya sea física, emocional o sexual.

La violencia constituye un elemento cotidiano en la vida de las sociedades contemporáneas, es un fenómeno estructural asociado a los mecanismos de poder y a la propia construcción de las relaciones sociales. La violencia se desarrolla a partir de un condicionamiento histórico y su pretendida explicación etiológica resulta harto complicada, por cuanto sus características se adecuan a procesos e interacciones humanas generadas en ambientes específicos. La violencia social contemporánea en sus diversas formas, ya sea física, psicológica, simbólica, mediática, etc.; se encuentra asociada en el nivel personológico a frustraciones psicológicas y materiales producidas por situaciones de inequidad, por la búsqueda de estímulos violentos de determinadas personas hartas de placeres, por la marginalidad o en otros casos aparece como resultado colateral de una estresante cotidianidad.

Por ser un síndrome complejo de carácter perenne y extendido a todo el entramado social, la violencia se constituye en un fenómeno continuo y permanente, pudiendo generar esta habitualidad, una especie de insensibilidad social ante la frecuente ocurrencia de actos agresivos sexuales y más concretamente hacia la incidencia violenta que representa el abuso sexual en niños. Con todas nuestras fuerzas debemos instaurar un consenso en torno a considerar el abuso sexual pedófilo como una de las manifestaciones más dramáticas y extremas de las agresiones sexuales y a partir de ese consenso evitar que por lo explicado antes, en el enfoque valorativo social se entronice una indiferencia nada favorable a la lucha contra la pedofilia como patología social, lográndose en definitiva estimular los sentimientos de rechazo e intolerancia social hacia las acciones pedófilas.

CONCLUSIONES

En las páginas del presente trabajo procuramos dejar constancia lo suficientemente fiel de nuestra concepción de la pedofilia como un fenómeno de entidad y nocivo efecto social, materializado en el actual incremento de su gravosa incidencia. Las razones de este preocupante crecimiento se vinculan a mecanismos socio-estructurales de carácter criminógeno y como reiteradamente expresamos, se extiende a todos los estratos sociales y a la gran mayoría de los países del planeta.

Ante esta dantesca realidad representada por el apogeo de la pedofilia, la comunidad internacional se encuentra obligada a instaurar una agrupación de carácter mundial, que dirija las acciones destinadas a ponerle fin a este fenómeno. Solo cuando en los niveles nacional, regional e internacional se trabaje mancomunadamente, podremos hablar de una lucha que poseerá esperanzas de éxito.

El fantasma representado por el ejercicio de la pedofilia recorre el mundo, constituye un fantasma de pesadilla social que a grandes zancadas aplasta la inocencia, el bienestar, la dignidad y el sano desarrollo de la más joven generación de nuestras sociedades. Ya en los finales de este trabajo, cabe preguntarse entonces si estamos conscientes, si estamos dispuestos y si podemos ocuparnos seriamente de la disminución de esas denigrantes prácticas pedófilas. No hacerlo sería hipotecar el futuro de nuestros niños y de nuestras sociedades.

CITAS Y REFERENCIAS

Pequeño Larousse Ilustrado. 1996.

2 Informe provisional de la Relatora Especial de la Comisión de Derechos Humanos sobre la venta de niños, la prostitución infantil y la utilización de niños en la pornografía. Octubre de 1996. Párrafo No. 19. Disponible en Internet. http://www.unhchr.ch/Huridocda/Huridoca.nsf/.

3 Trastorno de índole sexual o desviación sexual. La Psiquiatría las clasifica en típicas y atípicas. Como parafilia típica, además de la pedofilia, se conoce el travestismo, el exhibicionismo, la zoofilia, etc. En la categoría de atípicas aparecen la coprofilia, la urofilia, la necrofilia, etc.

4 Variante pedófila caracterizada por el uso de niños varones como objeto de interés, con exclusión de las víctimas infantiles femeninas; se materializa principalmente mediante caricias que generan el máximo placer.

5 Variante de la pedofilia en que las relaciones implican una actividad heterosexual, mayoritariamente víctimizando a niñas con métodos que generalmente se caracterizan por mayor o menor dosis de violencia, pudiendo llegar en casos extremos al homicidio sádico.

6 Concepto psicológico que define las incongruencias existentes entre la creencias, actitudes y comportamientos del individuo, generando ansiedad y daño psíquico a partir de dificultades en la autovaloración. Ampliar en: O` Connell Davidson, Julia. (2001). El Explotador Sexual. Acápite No. 3. Internet. http://www.focalpointngo.org/yokohama/spanish/default.htm.

7 Julia O` Connell Davidson. (2001). Obra citada. Párrafo No. 22.

6 Julia O` Connell Davidson. (2001). Obra citada. Párrafo No. 97.

9 En: Colectivo de Autores. (2000). El abuso sexual del niño y su protección jurídico penal en Cuba. Ponencia al VI Evento Técnico de la Fiscalía Provincial de Villa Clara. Santa Clara. Págs 14-15.

10 Julia O` Connell Davidson. (2001). Obra citada. Párrafo No. 9.

11 Informe Provisional de la Relatora Especial de la Comisión de Derechos Humanos sobre la venta de niños, la prostitución infantil y la utilización de niños en la pornografía. Octubre de 1996. Presentado al quincuagésimo primero período de sesiones de la Asamblea General de la ONU. Párrafo 18. Disponible en Internet. http://www.unhchr.ch/Huridocda/Huridoca.nsf/.

12 Ver: Leal, Gustavo. (2000). Presentación de un panorama global de la violencia y explotación sexual contra niños y niñas en América Latina y el Caribe. En CD. "Derecho a tener Derecho. Infancia, derecho y políticas sociales en América Latina". Material de la UNICEF. Párrafo 26.

BIBLIOGRAFÍA.

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DATOS DE LA AUTORA:

Graduada de Licenciatura en Derecho en la Universidad de La Habana en el año 1982 y titulada de Master en Pedagogía de la Educación Superior desde el año 2000. Posee 20 años de experiencia en la labor docente universitaria. Pertenece a la Sociedad Cubana de Ciencias Penales de la Unión de Juristas de Cuba y a la Sociedad de Pedagogos de Cuba. Posee una vasta experiencia en la investigación; ha desarrollando sus pesquisas en el área criminológica, específicamente en la esfera microambiental delictiva, en el área de la Personalidad, en la Prevención Criminal y Victimal, en el Control Social Formal e Informal, en temas de Derecho Penal Especial y en la Enseñanza del Derecho.

 

 

Msc. Marta González Rodríguez

martag@sociales.uclv.edu.cu

Profesora de Criminología y Derecho Penal

Universidad Central de Las Villas.CUBA

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