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¿Fin del imperialismo? Exposición sobre algunos problemas presentes en La sociedad transparente, de G. Vattimo

Resumen: Ya desde su paratexto, la obra de Vattimo califica a la sociedad de “transparente”. Podemos entender la idea de transparencia como autenticidad; podemos pensar en una lente fiel que permite ver a través de ella el objeto sin mistificar ni deformar la imagen de la cosa, por lo cual “la sociedad transparente” sería aquella que se dejaría ver, mediante un fenómeno técnico, en su verdad o en su misterio.
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Autor: Marisa Martínez Pérsico

Ya desde su paratexto, la obra de Vattimo califica a la sociedad de “transparente”. Podemos entender la idea de transparencia como autenticidad; podemos pensar en una lente fiel que permite ver a través de ella el objeto sin mistificar ni deformar la imagen de la cosa, por lo cual “la sociedad transparente” sería aquella que se dejaría ver, mediante un fenómeno técnico, en su verdad o en su misterio. Otra lectura de la “transparencia”, que no se contradice pero que encierra una idea distinta, es la idea de la transparencia como falta de sustancia, como lugar para ser llenado, como vacío. Desde el planteo de Vattimo, se pueden aplicar las dos lecturas de la sociedad, tanto la idea de “autenticidad” como de “vacío”. Podemos pensar en la apelación a un epíteto visual, la sociedad “transparente”, como si la sociedad se tratara de un fenómeno factible de ser aprehendido por la mirada, como pura imagen, pura exterioridad.

 

Sin embargo, si leemos el título del primer capítulo, vemos que el sintagma “la sociedad transparente” se encuentra entre signos de interrogación, como poniendo en duda tal afirmación. Lo que está haciendo Vattimo ahí es discutir implícitamente con teorías como las de Habermas y su tesis de la acción comunicativa. Lo que Habermas sostiene (principalmente en su libro Conciencia moral y acción comunicativa[1]) es que los medios masivos de comunicación son una oportunidad para construir una sociedad de comunicación transparente, sin obstáculos. Para Habermas, la modernidad es un proyecto no acabado y sostiene que “los sujetos capaces de lenguaje y acción sólo se constituyen como individuos porque al crecer como miembros de una particular comunidad de lenguaje, se introducen en un mundo de la vida intersubjetivamente compartido”. Lo que Habermas propone es que esta teoría ética de la acción comunicativa nos permita elaborar el concepto de una comunidad ideal de habla. Sabemos que este ideal de comunicación nunca podrá ser alcanzado, pero su función es la de corregir nuestros modos de comunicación. Una decisión justa es una decisión fundada en el consenso alcanzado mediante la argumentación racional de las posiciones de todos los involucrados”. Habermas retoma la perspectiva filosófica de Kant, que luego Vattimo criticará en su último capítulo “De utopías y heterotopías”. Vattimo sostiene precisamente lo contrario, que pensar en un punto de vista unificador de los discursos, es hoy una utopía en la cual los medios de comunicación han tenido mucho que ver, y que la modernidad sí es un proyecto realmente acabado.

 

Los conceptos fundamentales que aparecen en este capítulo son: modernidad, posmodernidad, realidad, nostalgia y emancipación

 

En primer lugar, Vattimo considera que la modernidad ha concluido. Según su definición, el rasgo fundamental de la modernidad con el cual se rompe, es la comprensión de la historia como proceso unitario.  Para justificar esto, retoma a Benjamin, quien sostiene que la Historia siempre se narra desde la óptica de los vencedores, desde el hombre occidental, es un pasado construido por los grupos y clases dominantes.

 

La modernidad termina cuando se rompe con la idea de historia como proceso unitario; desde Marx y Nietzsche no hay una historia única, hay imágenes del pasado propuestas desde diferentes puntos de vista; no se puede pensar que hay un punto de vista unificador de todos los restantes. Podríamos utilizar la alegoría del espejo roto que se suele utilizar para explicar en qué consiste el nihilismo para entender estas dos acepciones de “vacío” y “autenticidad” que subyacen a la idea de la transparencia, y que constituyen el epíteto de la sociedad posmoderna, para Vattimo. Un espejo testimonia o refleja las cosas como son. Si el espejo se parte en multitud de trozos, cada uno de ellos intenta reproducir la realidad que antes correspondía a la imagen única. Esta fragmentación de la realidad y de los discursos es lo que Nietzsche ha llamado nihilismo. El nihilismo es el efecto que produce la disputa librada por cada uno de los segmentos, por una lectura pretendidamente unívoca, en una competencia por constituir el testimonio más verdadero. En el caso de Vattimo, los trozos del espejo serían las múltiples visiones del mundo que transmiten los medios de comunicación, que compiten en un caos de informaciones; la realidad estaría dada por el cruce de estas diferentes imágenes.

 

La modernidad entiende la historia como progreso unitario, que tiende hacia un fin. Al caer esta idea de historio unitaria, cae la idea de progreso legítimo, en una única dirección. El prototipo de hombre moderno es aquel que confía en que el curso de la historia debe estar orientado por el progreso, vive y proyecta su vida para ello. Para él, el progreso garantiza que el día de mañana será mejor que el de hoy. En cambio, la posmodernidad surge del descreimiento, de la desconfianza y hasta el escepticismo. Ya no se cree que el progreso constituye necesariamente un bien para la humanidad. "El progreso se ha vuelto rutina", dice el filósofo italiano Gianni Vattimo en su libro El fin de la modernidad.

 

Además de esta ruptura con la concepción de historia y progreso como procesos unitarios, para Vattimo la modernidad se ha disuelto a causa del advenimiento de la sociedad de la comunicación.

 

Su tesis es que:

 

1)                 En el surgimiento de la sociedad posmoderna, los medios de comunicación desempeñan un papel fundamental.

2)                 Que los medios de comunicación, contra lo que se podría pensar, no hacen que la sociedad sea más transparente (y acá discute con Habermas) sino, por el contrario, más caótica.

3)                 Que en ese caos es donde residen nuestras esperanzas de emancipación.

 

¿Qué entiende Vattimo por caos?: “medios como el periódico, la radio, la TV han sido determinantes para disolver los puntos de vista centrales, y han promovido la multiplicación de visiones del mundo; en los Estados Unidos de los últimos decenios han tomado la palabras minorías de todo tipo, culturas y subculturas”. Él mismo reconoce que estas minorías no tienen poder económico ni político, que sigue en manos del gran capital, pero sí tienen libertad de opinión (aunque responden también a la lógica del mercado). Habría que pensar si esta libertad no es engañosa, si hablamos de libertad de opinión y representatividad o de libertad de acción. Vattimo sostiene que la toma de la palabra de las subculturas se liga con el fin del imperialismo (¿?) Es claro, con esta postura, que Vattimo demuestra que efectivamente pertenece a la sociedad de la comunicación, y en este sentido, coherentemente con su tesis, es un autor posmoderno.

 

Vattimo no censura ni reprueba este estado de cosas, sino que por el contrario, ve en esta pluralidad de informaciones y visiones promovidas por los medios de comunicación, la posibilidad, la “chance” para la emancipación del hombre (es decir, desde Eco, podríamos llamar su postura como “integrada”; presenta un gran optimismo con respecto a los efectos de la producción cultural de los medios). Y da un fundamento filosófico y existencial: “Filósofos nihilistas como Nietzsche y Heidegger (...), al mostrarnos que el ser no coincide necesariamente con lo que es estable, fijo y permanente, sino que tiene que ver más bien con el evento, el consenso, el diálogo y la interpretación, se esfuerzan por hacernos capaces de recibir esta experiencia de oscilación del mundo posmoderno como chance de un muevo modo de ser (quizás, al fin) humano”. Vattimo ve a la cultura de masas como una “chance” para la liberación del hombre. Para él, la emancipación está ligada a la oscilación entre pertenencia y extrañamiento que significa liberarse de las diferencias del dialecto propio, puesto que el permiso para hablar un dialecto particular en un mundo de dialectos distintos, de diferentes sistemas de valores y culturas plurales, le permite al hombre singular ser conciente de mi historicidad.

 

Podríamos pensar en el alcance de esta definición de “emancipación”, considerando si la información que transmiten los medios, aunque provengan de perspectivas plurales, se puede entender como un discurso inocente, desprovisto de una finalidad. Pensemos que él define “la realidad” como el cruce de diferentes visiones del mundo reproducidas por los medios. Esta definición no plantea conflicto entre la realidad que transmiten los medios y la realidad fáctica. Pensando así podemos caer en el error de suponer que la realidad de los discursos es equivalente a la realidad fáctica del estado de cosas que estos discursos publicitan, equiparar discursos transmitidos con discursos existentes, y lo peor, con discursos posibles Resulta llamativa esta definición de la realidad como un fenómeno aprehensible mediáticamente, cómo desplaza el método de percepción de la realidad desde la experiencia directa a la aprehensión mediatizada. (Otro tema para analizar serían las consecuencias que puede traer esta nueva percepción de la realidad para el conocimiento).

En este punto se percibe claramente un divorcio entre discurso y praxis, entre discurso y experiencia. Jean Baudrillard, en La sociedad de consumo, sostiene que “el canal técnico en el que se transmite la información por los medios de comunicación tiene la característica de aislar al individuo de la realidad al impedirle experimentarla”. El hombre, a través de los medios, elige entre opciones previamente seleccionadas y escoge entre variantes limitadas; estas opciones no siempre las puede verificar, por lo tanto cabría preguntarse hasta qué punto los medios de comunicación de masas se transforman en un instrumento de dominación o de liberación.

 

También podemos preguntarnos el alcance de su afirmación del “fin del imperialismo” como característica de la posmodernidad. Como fue dicho anteriormente, emancipación significa libertad de expresión, no libertad de acción ni decisión. Vattimo reconoce que la toma de la palabra por las minorías no significa que accedan a la decisión política y económica; podemos pensar que, por el contrario, se transforman ellas mismas al modo de circulación capitalista, convirtiéndose en materia de lucro, en mercancía. Vattimo está haciendo un corrimiento, está redefiniendo el concepto de “imperialismo”. No se refiere a imperialismo económico, para quien el verdadero “valor” estaría en la mercancía, en el fetiche (según la noción de valor marxista), en la transacción de estos valores y su impacto en las relaciones sociales. Está hablando de imperialismo ideológico, de que el nuevo orden de cosas dado en la posmodernidad rompe con las características del imperialismo ideológico que caracterizó, por ejemplo, a la modernidad y sus concepciones de la historia y del progreso unitario. Sin embargo, quedaría pensar qué lugar le otorga al imperialismo económico, que parece ser que recorta de su análisis voluntariamente, cuando en realidad la sociedad de la comunicación se transforma en una herramienta capitalista, y por ende, un elemento de dominación económica.

 

 

Lic. Marisa E. Martínez Pérsico (UBA)

marisamar@fullzero.com.ar

Todos los derechos reservados.

Se permite la reproducción parcial

con mención del autor.

 


[1] J. Habermas. Conciencia moral y acción comunicativa. Barcelona, Península, 1996.

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