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El mercado de capitales como alternativa de financiamiento para la pequeña y mediana empresa en Venezuela
Índice 3. Marco teórico
4. Marco metodológico
5.
El mercado de capitales como alternativa de financiamiento
para la pequeña y mediana empresa (PYME) en Venezuela 6. Conclusiones
y recomendaciones
El
mundo actual se caracteriza por una inédita y singular dinámica de
transformación, la que subvierte, en forma fundamental, el orden y legalidad de
un mundo que hasta hace poco parecía inconmovible. Aún más, cuando todavía
no se comprende a cabalidad la
dimensión y dirección de estos cambios, nuevamente el país esta sumergido en
un torbellino, en donde las ciegas fuerzas del acontecer histórico se apresuran
a cumplir otra tarea, con igual o mayor rapidez que las anteriores y con su ya
acostumbrada e implacable eficacia. Las
organizaciones en la sociedad actual, deben enfrentar innumerables desafíos
sobre todo hoy día que las mismas se desarrollan en un ambiente altamente
competitivo caracterizado por situaciones, producto de la globalización y el
deseo de permanecer y/o ganar nuevos mercados, lo que conlleva a optimizar
procesos, desarrollar tecnologías, mejorar estrategias de mercado y
posicionamiento, contar con buenos sistemas de financiamiento y por supuesto
poseer recursos humanos calificados, productivos y comprometidos con el giro del
negocio. Francés
(1999), refiere que “Latinoamérica
entró desde 1995 en la tendencia global, de inversiones promovidas por fondos
de capital de riesgo”, (p. 81). Estos fondos se distinguen con respecto a los
fondos provenientes de deuda externa y de inversiones extranjeras directas que
son tramitadas por bancos privados o multilaterales y empresas transnacionales
respectivamente. Desde
esta perspectiva, en los comienzos del siglo XXI cualquier país en vías
de desarrollo encuentra como fundamental el que su mercado de valores resulte
atractivo para los inversionistas nacionales e internacionales, conducir estos
flujos de capital hacia las empresas que se convierten en un virtuoso proceso de
inversión-rendimiento y de desarrollo-crecimiento, y de esta manera, todos los
participantes encuentren un ángulo de beneficio que acaba teniendo efectos
positivos a niveles inclusive sociales.
En
atención a la problemática desarrollada, la presente investigación, tiene
como propósito fundamental presentar al mercado de capitales como alternativa
de financiamiento para la pequeña y mediana empresa (PYME) en Venezuela, a fin
de permitirle el acceso al financiamiento de mediano y largo plazo a un menor
costo. En
tal sentido, las PYME se están convirtiendo en el modelo de la nueva empresa y
en un motor crucial del desarrollo económico. Las grandes empresas solitarias
que producían enormes cantidades de productos homogéneos están aparentemente
fuera de moda. Ahora, el nuevo paradigma es la red de empresas pequeñas y
medianas, articuladas entre ellas, o alrededor de una empresa mayor. Lo grande
ya no es el tamaño, sino la alianza. Visto
de esta forma, se puede observar como las firmas más pequeñas se encuentran
con recursos financieros limitados, carecen de créditos bancarios aceptables o
no califican para cotizar y obtener fondos en la Bolsa o directamente en los
mercados extranjeros y han sido, casi todas, abandonadas a sus propios recursos.
Por lo tanto, sus limitaciones económicas no les han permitido modernizarse con
el fin de crecer y competir tanto en Venezuela como en el exterior. Asimismo,
debido a los altos niveles y costos de sus deudas, han permanecido estancadas,
se han declarado en suspensión de pagos o han quebrado. En
tal sentido es importante diagnosticar y entender la necesidad de un mayor
desarrollo competitivo de las PYME, contribuyendo de igual modo en la ocupación
de mano de obra para así
incrementarla, utilizando materia prima nacional y obteniendo el progreso económico
de las regiones. Es
por ello que los requisitos fundamentales para el desarrollo de un mercado de
capitales dirigido a las PYME son la existencia de un entorno macroeconómico
favorable para la apertura y el crecimiento económico, dado el fenómeno de la
Globalización y la existencia de regulaciones idóneas y flexibles, revisadas
constantemente pero sustentadas en reglas de juego perdurables en el tiempo.
Este marco legal debe facilitar la existencia de un sistema que provea con
eficiencia mayor agilidad y seguridad a la transferencia de valores, con
capacidad de adaptarse al surgimiento de nuevos productos y la evolución de la
actividad económica y financiera. En
el desarrollo del presente trabajo, se utilizó la estrategia
metodológica de la investigación documental sobre el mercado de
capitales como alternativa de financiamiento para la pequeña y mediana empresa
(PYME), ya que este mercado es la interacción entre la oferta y la demanda de títulos
valores realizadas por determinadas personas ya sean natural o jurídica, y la
cual constituye un medio básico para la transferencia de recursos financieros,
a mediano y largo plazo, de manos de ahorristas hacia entes que conforman las
actividades productivas, tanto del sector público como del sector privado,
contribuyendo de esta forma al desarrollo económico de las regiones y por
consiguiente del país. El
trabajo se estructura por capítulos, con una parte introductoria, en la cual se
contempla el propósito de la investigación. El Capítulo I está referido al
planteamiento del problema, el objetivo general y los específicos, la
importancia y su justificación. En
Capítulo II, el Marco Teórico donde
se reseñan antecedentes, características de la pequeña y mediana empresa
venezolana y la importancia del Mercado de Capitales como alternativa de
financiamiento. Luego, el Capítulo III, se describe el Marco Metodológico, el
mismo incluye el tipo y diseño de la investigación
y el procedimiento utilizado en la Investigación, se continua con el Capítulo
IV que presenta al Mercado de Capitales como alternativa de financiamiento para
la pequeña y mediana empresa (PYME) en Venezuela, sus aplicaciones y el
desarrollo en el mercado venezolano, finalizando con las conclusiones y
recomendaciones que se derivan de la investigación. 2.
El problema
Planteamiento
del Problema [..1]El
comienzo del dos mil (2000) representara un factor de riesgo para todas las
empresas a escala mundial, la actividad económica sufre en los actuales
momentos grandes perturbaciones. Según Francés (1999), existen dos nociones
ampliamente aceptadas respecto de las cuestiones económicas en los años que
vendrán: En primer término, que están en marcha nuevas y poderosas fuerzas
particularmente la globalización y la tecnología de la era de la información
que están generando un gran cambio a ritmo acelerado y todo eso representa un
nuevo modelo. Y segundo, que
los mercados financieros y las economías de mercado reemplazaron a la economía
dirigista y relegan al gobierno a un plano de participación relativamente menor
en los asuntos económicos. En tal sentido, los requisitos fundamentales para el
desarrollo de un mercado de capitales son la existencia de un entorno macroeconómico
favorable para la apertura y el crecimiento económico, dado el fenómeno de la
Globalización así como la
existencia de regulaciones idóneas y flexibles, revisadas constantemente pero
sustentadas en reglas de juego perdurables en el tiempo. Dentro
de esta perspectiva, hoy día, las PYME juegan un papel importante en el
desarrollo de las economías modernas por diferentes razones tales como: son fáciles
de establecer, generan empleos, son grandes empresas en potencia, lo que invita
a reflexionar sobre el papel preponderante como motor de desarrollo económico
debido a su flexibilidad, capacidad innovadora, incentivo a la sana competencia
y generación de empleo. El
tema de las PYME, tiene una larga historia de apariciones en la discusión sobre
el desarrollo de las naciones. Rosales (1997) refiere que: En
los años sesenta (60) estuvo muy presente cuando los programas de desarrollo de
la comunidad estaban en boga; en los setenta (70) eran un aspecto central del
planteamiento ecologista y comunitarista que tuvo como uno de sus grandes lemas
lo pequeño es hermoso, (p. 38). En
tal sentido, las PYME se manejan en un entorno financiero en el cual se exigen
requisitos de solvencia, de capital, de rentabilidad y de afianzamiento que les
es difícil de llenar, siendo escasas las empresas dentro de este orden que
pueden cumplir con ellos. Para tal fin se han diseñado diferentes tipos de
estrategias y de políticas en el tiempo, gubernamentales y privadas, que no
llenan las expectativas como para que se desarrolle el potencial que para la
economía nacional puede significar un mercado altamente generador de empleo,
pilar del desarrollo económico por su relación de bajo capital versus puestos
de trabajo. Dentro
de esta perspectiva, en Venezuela, la economía se ha deteriorado en los últimos
años, al grado de que los resultados son: un crecimiento débil del empleo, un
subempleo acentuado y salarios reales considerablemente más bajos, todo lo cual
ha reducido y debilitado a la clase media del país. En
pleno año 2002 Venezuela carece de una economía diversificada, próspera,
desarrollada y sustentable; explotando fundamentalmente el petróleo y no así
sus recursos naturales, lo que produce una economía centralista donde el Estado
es el principal empresario generador de riqueza y fuente de empleo. En
atención a la problemática desarrollada, la presente investigación, tiene
como propósito fundamental presentar al mercado de capitales como
alternativa de financiamiento para la pequeña y mediana empresa (PYME) en
Venezuela, a fin de permitirle el acceso al financiamiento de mediano y largo
plazo a un menor costo, que permita
convertirlas en empresas altamente productivas. Kelly
(1996) señala que “las PYME se
están convirtiendo en el modelo de la nueva empresa y en un motor crucial del
desarrollo económico” (p. 28). Las grandes empresas solitarias que producían
enormes cantidades de productos homogéneos están aparentemente fuera de moda.
Ahora, el nuevo paradigma es la red de empresas pequeñas y medianas,
articuladas entre ellas, o alrededor de una empresa mayor. Lo grande ya no es el
tamaño, sino la alianza. Visto
de esta forma, se puede observar, como las firmas más pequeñas, se encuentran
con recursos financieros limitados, carecen de créditos bancarios aceptables o
no califican para cotizar y obtener fondos en la Bolsa o directamente en los
mercados extranjeros y ha sido, casi todas, abandonadas a sus propios recursos.
Por lo tanto, sus limitaciones económicas no les han permitido modernizarse con
el fin de crecer y competir tanto en Venezuela como en el exterior. Asimismo,
debido a los altos niveles y costos de sus deudas, han permanecido estancadas,
se han declarado en suspensión de pagos o han quebrado. Por
lo antes expuesto, el mercado de valores se presenta como una nueva alternativa
de financiamiento para las PYME Venezolanas, que podría generar nuevas
perspectivas de financiamiento y así
no depender del costosísimo crédito bancario, a veces inaccesible con la
necesidad de opciones para invertir en empresas con rentabilidad
y liquidez. Por
esta razón, es importante conocer su aplicación en Estados Unidos y México
donde el papel que juega en la estructura de negocios de esos países ha sido exitoso, esto con el propósito de
estructurar el mercado de valores para la pequeña y mediana empresa
Venezolana. El
financiamiento de las PYME a través
del Mercado de Capitales, requiere que estas se adecuen a las exigencias de La
Ley de Mercado de Capitales y Reglamentaciones, Normativas de la Comisión
Nacional de Valores, normativa de la Bolsa de Valores de Caracas, y otras
normativas relacionadas. Es de hacer notar que en este momento las normativas
mencionadas dificultan la participación de las PYME, por lo que para su inclusión
en dicho mercado se requiere hacer cambios en este aspecto. Esto
lleva a considerar lo atrasada que está la pequeña y mediana empresa (PYME),
dado que ésta no tiene acceso a la Bolsa de Valores, como una alternativa para
el apalancamiento financiero de sus operaciones productivas y de nuevas
inversiones, ya que existen en la Bolsa una serie de requisitos que impiden a la
PYME incorporarse al índice bursátil, por lo que
debe reestructurarse la legislación actual que las regule para que se
les permita una mayor participación. Lo cual pudiese representar un factor
transformador y reactivador de la economía nacional. En
tal sentido, lo que se desea es encontrar nuevas salidas para el financiamiento
de capital de estas firmas, pero con potencial de crecimiento. Para que
Venezuela alcance el éxito en sus esfuerzos de llegar a ser una nación de
primer mundo, se requieren nuevos conceptos de crecimiento, de manera que el país
pueda superar las limitaciones actuales de su potencial de recuperación
interno. Dentro
de este marco descrito y según los objetivos propuestos, se plantean las
siguientes interrogantes: ·
¿El mercado de capitales es una alternativa
de financiamiento para la pequeña y mediana empresa (PYME) en Venezuela?. ·
¿Cuales son las características
de la pequeña y mediana empresa venezolana?. ·
¿Cómo es el funcionamiento
del mercado de capitales en Venezuela?. ·
La aplicación del mercado de capitales para la pequeña y mediana
empresa en los Estados Unidos y México, ¿es eficiente?. Objetivos
de la Investigación Objetivo
General Analizar
el Mercado de Capitales como una alternativa de financiamiento para la pequeña
y mediana empresa (PYME) en Venezuela. Objetivos
Específicos ·
Describir las características de la pequeña y mediana empresa
venezolana. ·
Estudiar el funcionamiento del Mercado de Capitales en Venezuela. ·
Conocer la aplicación del mercado de capitales para la pequeña y
mediana empresa en los Estados Unidos y México. ·
Examinar el crecimiento de la pequeña y mediana empresa de los Estados
Unidos y México por su inclusión en el Mercado
de Capitales. Importancia
y Justificación En
los comienzos de este nuevo milenio, se hace evidente, que en este mundo
globalizado, lo que marca la diferencia entre las organizaciones deriva tanto de
las personas que realizan el trabajo, como, de la definición del trabajo en sí;
por lo tanto se encuentran, cada día,
más empresas que definen cuidadosamente sus competencias que les son necesarias
para ingresar a este mundo de
constantes cambios y donde crear ventajas competitivas es indispensable. Sobran
los motivos para justificar el análisis y la reflexión sobre las pequeñas y
medianas empresas. Sus problemas de crecimiento, sus exigencias gerenciales, su
relación con el entorno, exigen estrategias competitivas particulares. Desde
esta perspectiva, en los comienzos del siglo XXI cualquier país en vías de
desarrollo encuentra como fundamental el que su mercado de valores resulte
atractivo para los inversionistas nacionales e internacionales, conducir estos
flujos de capital hacia las empresas que se convierten en un virtuoso proceso de
inversión-rendimiento y de desarrollo-crecimiento, y de esta manera, todos los
participantes encuentren un ángulo de beneficio que acaba teniendo efectos
positivos a niveles inclusive sociales. Es
importante diagnosticar y entender la necesidad de un mayor desarrollo
competitivo de las PYME, contribuyendo de igual modo en la ocupación de mano de
obra para así incrementarla,
utilizando materia prima nacional y obteniendo el progreso económico de las
regiones. Pérez
(1994) señala al respecto que “las PYME constituyen una opción necesaria,
tal vez insoslayable, en desarrollo de las economías modernas”, (p. 72). La
investigación pretende aportar información y reflexiones que contribuyan a
entender la inclusión de las PYME en el Mercado de Capitales como estrategia
competitiva en la reactivación financiera de empresas que van a ser
clave en la economía venezolana, como ya lo es en muchas de las economías más
importantes del mundo. Es
importante que las PYME tengan acceso a nuevas fuentes de financiamiento, más
accesible y económicas que las que ofrece la intermediación bancaria
tradicional por su alto costo, basando su promoción y desarrollo directamente
en el mercado. En
Venezuela se ha investigado muy poco sobre las PYME y el Mercado de Capitales,
en conjunto, por lo que se considera que este trabajo será un aporte
significativo para el desarrollo de la Economía Venezolana, tomando como base
las investigaciones realizadas en Estados Unidos y México las cuales se pueden
adaptar a la economía Venezolana. Rhoads
(1997), afirma que: De
haber existido posibilidades de fondeo público de capital,
a través del Mercado de Capitales, muchas de las empresas pequeñas y
medianas no se habrían visto en dificultades, debido a niveles insostenibles de
pasivos, equipos anticuados y en muchos casos organizaciones administrativas
inadecuadas, (p.64). Inclusive
muchas de ellas han acabado dentro de las carteras vencidas de los Bancos, otras
se han declarado en quiebra y algunas no han podido crecer debido a la falta de
fondos suficientes para capital de trabajo. Esta
premisa apoya la formulación y el desarrollo de esta Investigación de tal
manera que permita a los empresarios mejorar la productividad, a través de la
formulación de una estrategia competitiva, que les permita el ingreso al
mercado mundial. Desde
el punto de vista técnico, este trabajo tiene apoyo en el uso de
aspectos teóricos que se confirmaron
dentro del contexto de las empresas venezolanas. Constituye
un soporte teórico para cualquier estudiante que desee obtener conocimientos
sobre el presente estudio, a través de la literatura empleada a la vez podrá
estimular a los mismos para seguir ampliando en futuras investigaciones de esta
naturaleza, para así desarrollar
elementos que permitan ingresar a las PYME en el mundo de la competitividad. El
presente trabajo es un aporte a la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez,
y a toda aquella persona interesada en la temática desarrollada, mientras que
para los autores de la investigación, aportó
conocimientos sobre la problemática existente en el financiamiento de la pequeña
y mediana empresa, el entorno del Mercado de Capitales, además de cumplir con
uno de los requisitos para optar al título de Licenciado en Administración,
mención: Recursos Materiales y Financieros. Antecedentes
Relacionados con la Investigación Se
aprecia claramente que los países más avanzados en comercio internacional
tienen mayor capacidad para invadir los mercados regionales. Sus grandes
empresas transnacionales y grupos de inversores toman las riendas de sectores
completos, la mayoría de los cuales son claves para la producción nacional. Las
PYME de los países pequeños en vías
de desarrollo, sólo tienen una alternativa: revisar sus estrategias y políticas
para lograr algún nivel de competitividad que les permita por lo menos
sobrevivir. Aunque las dificultades por el bajo nivel de competitividad son un síndrome
común en los países subdesarrollados, es importante el estudio de nuevas
formas de desarrollo y crecimiento. Se efectuaron consultas diversas de trabajos
de investigación, donde se hallaron temas relacionados con el problema
planteado en este estudio. En
tal sentido, Márquez (1998) señala
en su investigación sobre el financiamiento para la pequeña y mediana empresa
que la estrategia mas acertada es tender una red entre las instituciones públicas
y privadas, con el fin de ampliar el financiamiento de las PYME, y de esta forma
construir un futuro mejor para la pequeña
y mediana empresa y para la economía nacional la principal conclusión
del mencionado trabajo es: que las políticas estatales y regionales en el país
dirigido al sector de las PYME, deben contener apoyos crediticios, para
el estimulo económico de estas industrias que en muchos países
desarrollados como: España, Francia y Japón son la base de la economía
nacional. En dicho estudio se
evidencia que el mercado de capitales nacional no contempla
y normativamente dificulta la participación de la pequeña y mediana
empresa en dicho corro, por lo que es necesario una regulación que beneficie a
las pequeñas empresas y puedan ingresar al mercado de capitales como medio de
financiamiento y crecimiento empresarial. Gómez
(1998), refiere en su estudio sobre
el desarrollo económico y las PYME, que estas son concebidas en el nuevo modelo
económico nacional, como el naciente eje del desarrollo industrial, para lo
cual deben implementarse políticas industriales adecuadas que les permitan su
crecimiento y transformación en empresas de clase mundial. La principal
conclusión fue: las firmas más pequeñas, se encuentran con recursos
financieros limitados, carecen de modelos de desarrollo aceptables o no
califican para competir en mercados extranjeros por lo que se hace necesario el
apoyo económico para su inserción en la economía mundial En
tal sentido Cáceres (1998), señala que en ausencia de una política industrial
eficaz, a las PYME no les queda mucho margen de maniobra para sobrevivir en un
ambiente globalizado, por lo que es importante la implantación adecuada de políticas
que permitan el crecimiento de las PYME, como factor principal de la economía
venezolana. Concluye que: es importante que las PYME tengan acceso a nuevas
fuentes de financiamiento, más accesible y económicas que las que ofrece la
intermediación bancaria tradicional por su alto costo, basando su promoción y
desarrollo directamente en el mercado mundial. García
(1995) realizó una monografía titulada la Globalización MERCOSUR y Estrategia
para PYME, donde describe como la globalización genera un importante cambio
para la pequeña y mediana empresa y un nuevo reto que afrontar. Dentro
de este marco descrito, se puede concluir que las PYME deben desarrollar
estrategias competitivas para su crecimiento tales como: la creación del
mercado de capitales dirigido a este sector y a su vez articular acuerdos entre
el sector público y privado que les permitan construir cadenas en las que cada
eslabón incremente el valor de la producción y por ende el de la economía
nacional, y de esta forma ingresar en el mercado global. Los
trabajos anteriormente descritos sirvieron de soporte a éste estudio, para
conocer las características, financiamiento y oportunidades de mercado de las
PYME en Venezuela, Japón, España
y Francia, así como el crecimiento que pudieran experimentar en los mercados
externos a través del Mercado Común del Sur (MERCOSUR). La
Pequeña y Mediana Empresa en Venezuela La
diversidad de pequeña y mediana
Empresa, sumada a la infinidad de configuraciones empresa-sector-país, impiden
formular políticas industriales y gerenciales que puedan ser aplicables con
cierta extensión geográfica o sectorial. El calificativo de PYME abriga una
amplia gama de tipos de empresas con diferentes grados de desarrollo, Cualquier
política hacia el sector que ignore esto está condenada a una efectividad
reducida, como de hecho ha ocurrido, por estar diseñada para una empresa PYME
promedio o típica, como eufemísticamente algunas veces se etiqueta que no
existe en la práctica. Las
grandes empresas solitarias que producían enormes cantidades de productos homogéneos
están aparentemente fuera de moda. Ahora, el nuevo paradigma es la red de Pequeñas
y medianas Empresas, articuladas entre ellas, o alrededor de una empresa mayor.
Lo grande ya no es el tamaño, sino la alianza. Visto
de esta forma, se puede observar, como las firmas más Pequeñas, se encuentran
con recursos financieros limitados, carecen de créditos bancarios aceptables o
no califican para cotizar y obtener fondos en la Bolsa o directamente en los
mercados extranjeros y han sido, casi todas, abandonadas a sus propios recursos.
Por lo tanto, sus limitaciones económicas no les han permitido modernizarse con
el fin de crecer y competir tanto en Venezuela como en el exterior y han sido,
casi todas, abandonadas a sus propios recursos. Las
oportunidades y requerimientos de ayuda para la PYME se pueden analizar a través
de una tipología que discrimine, aunque sea parcialmente, el amplio espectro de
las mismas. Se han hecho intentos al respecto, clasificando las empresas según
diversos criterios. Uno
de los más extendidos “es el de hacerlo de acuerdo con el sector industrial
en el cual operan las empresas, agrupándolas en tradicionales, intermedias y
mecánicas”. (Oficina Central de Estadística e Informática, 1999). Este
esquema, sin embargo, oculta la diversidad de procesos productivos y de mercados
posibles de atender por la PYME, lo que hace difícil deducir cuáles son los
retos gerenciales que ésta debe atender para mejorar su competitividad. Otro
criterio que se aplica es el de clasificar a las empresas según el tipo de
tecnología empleada y su intensidad en mano de obra, en capital o en
conocimiento. En la búsqueda de un criterio apropiado para la pequeña y
mediana empresa, una primera indagación importante que se debe realizar tiene
que ver con su baja o alta propensión al crecimiento, manifestado éste en las
dimensiones básicas de la empresa: número de trabajadores o activos físicos. Si
el caso implica baja propensión al crecimiento, la gestión de la empresa debería
estar orientada a una continua reducción de los costos de operación, innovación
constante para lanzar y retirar productos o clientes, y preservación de una
capacidad de producción más o menos fija en el tiempo, aunque no
necesariamente con la misma tecnología de equipos o procesos. Pérez
(1994) refiere que “cuando la empresa tiene estratégicamente una alta
tendencia al crecimiento los retos de los gerentes son sustancialmente
diferentes de aquellos que enfrentan los de las empresas que no crecen” (p.
81) Las decisiones de ampliación
de capacidad, sustitución de tecnología, evolución de la organización,
planeamiento de materiales y desarrollo de recursos humanos, entre otros
aspectos, constituyen puntos importantes de la agenda de estos gerentes, aunque
ello no significa que se desdeñen los temas de la reducción de costos o la
innovación, sino que las prioridades y la dedicación de esfuerzos son
diferentes. Para
Rosales (1997), un aspecto importante es “que debe establecerse en las
empresas (pequeñas y medianas) cual es su menor o mayor grado de integración
(horizontal) a una cadena de producción” (p. 45) Es preciso distinguir entre inserción en una cadena de
producción o en una cadena de comercialización. En
el primer caso, la empresa incorporada vende su principal volumen de producción
a uno o pocos clientes, quienes lo emplean como insumo en sus respectivos
procesos de producción. La inserción en una cadena de comercialización es la
que se lleva a cabo cuando una empresa fabrica un producto y lo entrega a uno o
varios clientes para su comercialización. Una empresa puede tener poca
incorporación a una cadena de producción y, sin embargo, estar integrada a una
cadena de comercialización, este último caso también es una opción para
pequeñas y medianas empresas. La
escasa incorporación significa que la empresa opera abiertamente en el mercado
y debe conquistar continuamente a sus clientes, innovando sus productos y
procesos; desarrollando, en fin, una gestión de manufactura flexible y ágil. Cuando
la empresa decide insertarse en una cadena de producción lo puede lograr
convirtiéndose en un proveedor regular de uno o pocos clientes, con los cuales
tiene relaciones constantes, y debe responder a exigencias como el cumplimiento
de especificaciones calidad en concordancia a la entrega puntual a sus clientes.
La
combinación de los criterios de crecimiento e inserción mencionados
anteriormente generan una tipología de PYME conformada por diversos tipos de
empresas como manufactureras, de servicio y agrícolas, entre otras., que
presentan, cada una de ellas, características propias a la vez que demandan
retos específicos para su gerencia. Crecimiento
de las PYME El
principal dilema que enfrenta la gerencia de toda pequeña y mediana empresa es
su actitud hacia el crecimiento. La escogencia, deliberada o no de algunas de
las opciones planteadas al respecto tendrá un importante efecto en la gestión
de producción que eventualmente marcará por largo tiempo la capacidad
competitiva de la empresa. El
romanticismo que a menudo rodea la fundación de una empresa impide analizar con
suficiente ponderación las consecuencias de una decisión, explícita o implícita,
de crecer. Crecer
o mantenerse siempre como una empresa pequeña en la dimensión básica: Número
de trabajadores es uno de los primeros dilemas enfrentados por los dueños-fundadores
de una PYME. Las opciones,
mutuamente excluyentes, plantean retos gerenciales diferentes. Bessant
(1998) refiere que: Si
la decisión es mantenerse siempre con las dimensiones de una PYME, un
importante reto gerencial será la reducción permanente de los costos de
operación de la empresa, particularmente los de producción, lo cual presiona
para una innovación continua de los procesos productivos. (p.43). Si
la empresa decide crecer, ello implica asumir el reto de controlar el
crecimiento para que éste no gobierne a la empresa. Resistir la atracción
fatal de aprovechar toda oportunidad que se presente, con el argumento de que no
se sabe si mañana existirá, sin evaluar el impacto y los recursos disponibles,
particularmente en la gestión de producción, ha sido una de las tareas más
difíciles en las empresas manufactureras y, en particular, en las pequeñas. La
decisión de crecer obliga a adquirir más equipos y a contratar más personal,
lo que exige una labor de supervisión y entrenamiento, y esto obliga a elevar
el punto de equilibrio de las ventas. En este caso, si el mercado está
asegurado y está creciendo, no hay problema. Pero, cuando la demanda cae o la
competencia aumenta con el desmantelamiento de las barreras arancelarias, la
situación se revierte. En
el caso de los trabajadores, a pesar de las situaciones rígidas y los costos
que imponen las leyes laborales, es más fácil revertir la decisión de crecer,
pues se puede disminuir la cantidad del personal, aunque los costos asociados a
ello no incluyen, por lo general, la pérdida de memoria y el entrenamiento que
formal o informalmente se le ha dado a los trabajadores despedidos. Si
se adopta la decisión de crecer, suponiendo que la misma es asumida estratégicamente,
los principales retos gerenciales están centrados en la escogencia de la
tecnología más adecuada, entendiendo por tecnología el conjunto de equipos y
sistemas de trabajo, así como de una selección de recursos humanos que permita
que éstos operen eficientemente los equipos. “Otro
reto importante es controlar el paso del crecimiento, advirtiendo a tiempo las
diferentes etapas de evolución y crisis por las cuales normalmente atraviesa
una empresa en crecimiento” (Baptista, 1995, p.51). El segundo dilema casi
existencial para una PYME es decidir la forma en que va a competir: sola o
acompañada con otras empresas. La resolución de este dilema depende mucho de
la disposición y actitud empresarial de los dueños-fundadores. Por supuesto,
la decisión de crecer implica asumir los gastos y riesgos de la misma, que a
veces se traducen en dificultades. Una
buena parte de las iniciativas para fundar empresas está acompañada de mucha
incertidumbre sobre la viabilidad de las mismas, y si a eso se le suman las
dificultades que conlleva el financiamiento inicial, no es raro que los
creadores de empresas, manufactureras busquen insertarse a una cadena de
producción establecida. Esta incorporación puede llevarse a cabo a través de
dos formas: con participación accionaría de otra empresa, o bien sin relación
de propiedad. A
veces una empresa pequeña o mediana es adquirida producto de algún Take Over
(fuera de bolsa) o de acciones de integración vertical de las empresas
compradoras y con ello se inicia un período de ajuste organizacional que
eventualmente implica reestructuraciones significativas en su cultura y su
tecnología. Otra
forma de inserción en una cadena de producción es mediante una relación
estratégica en la cual la PYME se
convierte en suplidora de partes y/o servicios de otra empresa en condiciones
estables y de intercambio continuo, manteniéndose la independencia accionaría. A
menudo, por la desigualdad financiera y de capacidad negociadora que tienen las
pequeñas empresas proveedoras de partes y/o servicios en relación con sus
clientes o con sus suplidores de materias primas, éstas tienden a constituir
organismos de agremiación para mejorar la capacidad de interlocución. Pero
muchas veces los gremios, sobre todo en mercados con larga tradición de
protección estatal, distorsionan sus objetivos y caen en la trampa de asentar
su defensa sobre la base de los costos del más ineficiente. Esto surge por el
temor de que la competencia deje fuera del gremio a los poco eficaces, lo que
trae como consecuencia que se reduzca el número de afiliados y, con ello,
disminuya la capacidad de negociación del gremio. Los
dilemas de insertarse o no y de crecer o mantenerse pequeña no se resuelven por
separado, sino que se influyen mutuamente. A veces, cuando una empresa se
integra a una cadena puede verse arrastrada por la estrategia de ésta y llegar
a crecer por imposición de la cadena y no por deseo expreso de los dueños
gerentes. La
decisión de hacer crecer o mantener pequeña a la empresa debería ser
profundamente meditada por los dueños gerentes. Al margen de los estudios de
mercado y de la factibilidad financiera de los proyectos que pueden crear fácilmente
ilusiones en los emprendedores, “hay consecuencias de la decisión que se tome
sobre el tipo de desarrollo de la empresa que perdurarán por largo tiempo en la
vida de ésta”. (Rosales, 1992, p.
81). Si
los dueños-gerentes abordan el tren del crecimiento adoptarán decisiones que
marcarán a la empresa por varios años, los retos gerenciales consistirán en
responder a las siguientes preguntas: qué nuevos productos o qué nuevos
mercados se pueden atender con esa fuerza laboral que es limitada en su
cantidad. Es
de observar que la decisión de mantener pequeña no excluye a la empresa la
inversión en equipos, más bien se puede dar el caso de requerir una reconversión
del proceso, automatizándolo para emplear una menor o igual cantidad de
trabajadores. La
consecuencia central de la decisión de no crecer estará en la capacidad de los
recursos humanos, los cuales en definitiva tendrán en sus manos el tema de la
competitividad y, por ende, de la sobrevivencia de la empresa. El recurso humano
pasa a ser el cuello de botella para mantener vigente, rentable y saludable a la
pequeña y mediana empresa. En las empresas que crecen, aunque el recurso humano
es indispensable, el mismo viene moldeado en su cantidad, su organización y su
calidad por las máquinas, los procesos y las plantas seleccionadas. En
opinión de los autores, las dos opciones de desarrollo que tiene la PYME,
crecer o mantenerse intacta en sus dimensiones, plantean retos disímiles para
los gerentes, y esos retos se reflejarán esencialmente en la flexibilidad
disponible para escoger el método de fijación de los precios de los bienes y
servicios que se van a producir. Monden
y Sakuray (1992) refiere que: Al
menos existen tres opciones para gerenciar los precios en las empresas,
independientemente de su tamaño. La primera opción, la tradicional, es la de
fijar los precios a partir del dato de los costos, al cual, se le agrega un
margen de ganancia, decisión gerencial, discrecional de los dueños-gerentes.
Una segunda opción es la de establecer el precio en función del mercado, del
cual estará el costo de producción. La tercera y última opción es la de
dejar que el margen de ganancia sea el resultado. (p. 78). Ahora
bien, la escogencia del método para manejar los precios va a depender mucho de
la estructura del mercado en el que operan las empresas.
En mercados monopólicos, las empresas fijan sus costos. En los
oligopolios, genera acuerdos sobre precios, también en función de los costos.
En los mercados competitivos, la influencia de los consumidores o la
proliferación de oferentes dificulta la concertación de precios, por lo que éstos
son fijados por el mercado. Las PYME, por lo general, no operan como oferente en
mercados monopólicos ni oligopólicos, aunque como consumidor de insumos
-materia prima, energía, licencias o tecnología- debe comprar a monopolios u
oligopolios. Como
oferente, la PYME a menudo se ve obligada a tomar el dato sobre el precio al
cual puede vender sus productos o servicios. Frente a la poca capacidad de
maniobra para fijar los precios la PYME se ve presionada a gerenciar los costos,
tratando de reducirlos. Dependiendo
de la estrategia de desarrollo seguida por la PYME, se tendrá mayor o menor
capacidad de maniobra para la reducción de los costos o para la fijación de
costos objetivos realistas. Una PYME que siga la estrategia de crecimiento debe
disponer de una capacidad flexible para reducir rápidamente
su estructura de costos ante la dificultad de transferirlos a los
precios de sus bienes y/o servicios. Una
opción para empresas pequeñas y medianas en crecimiento, sometidas a un
entorno competitivo de apertura económica, es la aparición de nuevas tecnologías
de producción, productos sustitutos es crecer aún más, creando nuevos
productos o incursionando en nuevos mercados. Ello
requiere, sin embargo, nuevas inversiones que, aunque no sean en la parte de
capacidad física, no están al alcance de un sector estructuralmente débil en
materia de financiamiento, por lo que éste debe buscarse fuera de la empresa
una alternativa de financiamiento, y éste podría ser el mercado de capitales. Cuando
la empresa permanece pequeña, deliberadamente o por las circunstancias del
entorno incorporadas en su estrategia, con independencia de la posibilidad o no
de fijar los precios, la reducción permanente y continua de los costos pasa a
ser el punto esencial de la gestión empresarial, y muy especialmente en
producción, dada la cuantía de los recursos humanos, de equipos y materiales
asignados a esa función. Política
Estatal de Apoyo al Desarrollo de la PYME en Venezuela Según
la Oficina de Planificación y Presupuesto (1999) las razones que justifican la
selección de las PYME como sector de desarrollo prioritario del país son las
siguientes: ·
Su elevada capacidad de empleo y de capital invertido. En este aspecto
hay que destacar que las PYME
emplea más de 3 a 4 veces trabajadores por unidad de capital que las grandes
industrias. ·
A pesar de las precarias condiciones en que se ha operado la evolución
de dicho sector durante los últimos años, la PYME ha sido capaz de generar alrededor del cuarenta (40%) de todo el empleo fabril. ·
Un tercio del valor agregado en la PYME está constituido por las
remuneraciones laborales, participación que duplica a la de los sectores
comerciales y financieros. ·
En contrapartida con lo anterior, se destaca la virtual exclusión de
dicho sector como destino crediticio del capital financiero privado, situación
que conspira contra su desarrollo. ·
El hecho ampliamente comprobado, de que en las modernas estructuras
industriales características de la forma que ha tomado el proceso de
globalización de la economía mundial en los países más avanzados, el sector
de la PYME se destaca como uno de sus constituyentes más importantes y dinámicos,
dentro de las redes productivas que se conforman alrededor de las grandes
empresas. Cabe
aclarar, sin embargo, que, en términos de sus recursos tecnológicos y de sus
formas avanzadas de gestión microeconómica, las PYME de aquellos países
presentan marcadas diferencias con las que privan en el mismo sector en
Venezuela. “Lo que implica que las correspondientes políticas verticales
deban atender, junto al necesario apoyo crediticio, otras acciones tendentes a
mejorar su dotación tecnológica y sus métodos de gestión”. (Rojas 1999, p.
13) Otros
dos aspectos importantes con relación al tratamiento de las PYME dentro de la
política industrial, son los siguientes: ·
En primer lugar que se hace necesario definir con claridad cuales son las
características cualitativas y los límites cuantitativos (tamaño del capital,
número de trabajadores, volúmenes de producción) que permitan una clara
definición de las empresas que van a ser ubicadas en el sector. ·
En segundo lugar, que la política industrial debe evitar considerarlas
como un sector separado del resto de la industria, más allá de la necesidad de
algunas medidas puntuales en un momento dado de la coyuntura económica, y con
objetivos más sociales y políticos que estrictamente económicos. En
este aspecto, el desarrollo que se ha comprobado como más promisor en otros países,
es el que vincula a las PYME con el desarrollo integral de la economía en su
conjunto, mediante su articulación en cadenas y redes productivas liderizadas
por el dinamismo de las grandes empresas eficientes que en ellas participan. La
discusión a fondo de esa toma de decisión constituye, a criterio de los
autores, un aspecto de crucial importancia para el desarrollo de toda la
estrategia industrial. La selección del conjunto de acciones específicas para
la concretización de la estrategia competitiva. se destacan las siguientes: Particularizar
en cada una de las políticas horizontales las formas específicas de apoyo a la
pequeña y mediana empresa. Aquí habría que destacar especialmente las políticas
de financiamiento, las de transferencia tecnológica y de modernización de las
formas de gestión, y las de formación de recursos humanos; las cuales serán
objeto de concertación con los representantes de dicho sector. Acciones
dirigidas a mejorar las condiciones de acceso a los mercados por parte de la
PYME tanto en el ámbito nacional como internacional. Particular debe ponerse énfasis
en este aspecto a la participación activa y programada de dicho sector en los
mercados que desarrolla el proceso de integración latinoamericano. Estrategia
Competitiva en la Pequeña y Mediana Empresa La
estrategia competitiva es el resultado de un proceso de planificación estratégica,
el cual está más o menos difundido en las grandes empresas. En el caso de la
pequeña empresa resulta abstracto hablar de valores, misiones y objetivos
estratégicos, pues ello no proporciona mayores indicaciones sobre lo que se
debe producir y en qué cantidades, o sobre cuáles son las tareas que se deben
llevar a cabo para soportar la estrategia competitiva de la empresa; en fin, no
proporciona herramientas para saber cuáles son las prioridades, cuáles son los
criterios de competitividad de los mercados en los que se opera, o se desea
operar, y cómo inciden estos criterios en el sistema de producción de la
empresa. El
gerente de una PYME necesita un concepto de estrategia competitiva que, por lo
menos, contenga los siguientes elementos: ·
Una definición de la misión de la empresa. ·
El menú de objetivos jerarquizados de la estrategia. ·
La estrategia de mercadeo. ·
La estrategia de manufactura. ·
Los criterios de competitividad de los mercados meta. Todos
estos elementos están interrelacionados y constituyen una red dinámica; así
es que si se produce un cambio en alguno de ellos, el resto también se verá
afectado. Esto obliga a evaluar las respectivas consecuencias, para así
concederle a la estrategia competitiva el carácter de proceso que ella reviste. Una
definición esencial para cualquier empresa que desea concentrar sus recursos y
esfuerzos en aquellas actividades y mercados que le resultan más convenientes,
es la relativa a su misión. La misión no sólo define el negocio ‑o los
negocios‑ en los que se actúa, o se ha decidido actuar, sino que
constituye un instrumento básico para la comunicación tan ansiada y solicitada
normalmente por los diferentes gerentes y empleados de la organización. Rosales
(1997) refiere, que “el concepto de la misión de la empresa encierra características
muy importantes”. (p. 93). Por
un lado, la misión define la razón de ser de la organización, más allá del
implícito propósito de hacer dinero, señalando, aunque de manera general y
atemporal, lo que se debe hacer. Por otro lado, la misión recoge de alguna
manera los valores de los principales actores de la empresa: accionistas,
directivos, gerentes y trabajadores. Existen
diversas metodologías para alcanzar la definición de la misión en una
empresa. Una de ellas, propuesta por Casilda y Ponce (1991), señala que es muy
importante para los gerentes de las diversas áreas funcionales conocer las
respuestas a tres preguntas básicas: ·
¿Quiénes son los clientes? ·
¿Qué necesidades serán satisfechas? ·
¿Con qué alternativas tecnológicas se satisfarán esas necesidades? Definir
la misión de una empresa a partir de las preguntas anteriores, ayuda a no
cometer alguno de los dos tipos de errores más frecuentes: la miopía o la
sobre diversificación. El
primer tipo de error ha sido ampliamente destacado en la literatura e impide a
la organización aprovechar oportunidades de su ambiente para las cuales dispone
de habilidades. Por ejemplo, una compañía poseedora de determinada tecnología
puede utilizarla para elaborar otros productos, distintos a los fabricados
normalmente, que vayan a satisfacer nuevos clientes (mercados) o necesidades
adicionales. Pero
una empresa que se limite a garantizar la fabricación sólo para los planes de
mercadeo y ventas, no contará con la eventual arma competitiva que le puede
significar el dominio tecnológico en el área de producción. La
sobre diversificación, por el contrario, puede conducir a diluir los esfuerzos
y recursos en una heterogénea mezcla de productos y tecnologías, imponiéndole
a la gestión de producción tareas contradictorias con la infraestructura y con
los procesos productivos disponibles. Así, un gerente de producción puede
estar sometido a la presión de producir al más bajo costo posible (para
responder a un presupuesto sancionado con tal propósito) y, al mismo tiempo, a
satisfacer demandas puntuales de especificaciones de productos que se deben
elaborar con la misma planta, pero hechos a la medida del cliente. Otra opción
consiste en ofrecer una misma tecnología para diferentes necesidades de los
clientes: por ejemplo, se pueden producir chips electrónicos para diversas
aplicaciones. Así
mismo, pueden emplearse diferentes tecnologías para una misma necesidad y un
solo tipo de cliente, que sería el caso de una empresa productora de equipos de
diagnóstico médico. Las
dimensiones, clientes y necesidades tienden a ser definidas a partir de estudios
que desarrolla el área de mercadeo; mientras que en la dimensión tecnología
es casi imprescindible la participación de los responsables de producción (si
los productos que comercializa la empresa para satisfacer las necesidades de sus
clientes reclaman un proceso de transformación). Así
como las necesidades determinan las características básicas que deben cumplir
los productos que se van a elaborar las cuales, por cierto, no deben ser de la
exclusiva consideración de los estudios de mercado, sino también del área de
diseño (ingeniería, innovación) de la empresa. La tecnología define el cómo
se van a producir los mismos, y la dimensión de los clientes da una idea, tanto
de los volúmenes altos, bajos como de requisitos especiales de los productos en
función del segmento meta. Cada
alternativa tecnológica plantea requerimientos gerenciales específicos,
recursos humanos, equipos y sistemas también específicos que deben ser
asignados a un conjunto delimitado de necesidades y/o clientes. Cualquier cambio
en alguna de las dimensiones repercute en las demás. Si
cambian las necesidades de los clientes, probablemente se precisarán
modificaciones en la tecnología de fabricación de los productos destinados a
cubrir esas nuevas necesidades; esto, en consecuencia, implica decidir si se
amplía la mezcla de productos para fabricar otros adicionales, destinados a las
nuevas necesidades, o si se sustituye un producto existente por uno nuevo. En
cualquiera de los casos, Pérez (1994) señala que: Tener
clara la misión de la empresa provee de consistencia a los propósitos y
acciones de las diferentes áreas funcionales de la organización, evitando así
que a producción se le impongan demandas que no reconozcan las limitaciones y
holguras que ella tiene. (p. 32). Determinado
el alcance de cada una de las dimensiones de la misión se puede obtener un
paquete tridimensional del negocio de la empresa
Una de las características de la misión, a menudo olvidada
particularmente por el área de mercadeo es la condición de largo plazo que la
misma debe tener. No
es posible cambiar la misión de una empresa como se cambia un plan de
publicidad o un plan de producción. Aun cuando exista una oportunidad en el
mercado, las debilidades de la empresa pueden impedir, en el corto plazo,
explotar dicha oportunidad, máxime si estas debilidades están localizadas en
el área de producción: un bajo nivel de calidad, insuficiencia en la capacidad
de producción, dependencia de proveedores o ausencia de recursos humanos
especializados, ya que estas deficiencias exigen tiempo e inversión de recursos
financieros significativos para ser eliminadas. Resistir
la tentación de un cambio en la misión de la empresa es un reto para los
gerentes de todas las áreas, sobre todo cuando no se tiene clara cuál es la
estrategia genérica ‑liderazgo en costos, diferenciación, o enfoque en
costos que sirve de soporte para esa misión, o cuando se pregona
como sucede con algunos fanáticos del mercado la satisfacción de las
necesidades de los clientes sin preguntarse a qué costo se hará eso. Objetivo
de la estrategia competitiva. Otro
elemento importante de la estrategia competitiva de la empresa es el objetivo
prioritario que la misma establece dentro de un determinado horizonte de
planificación. A diferencia de la misión, que es atemporal, el objetivo debe
concebirse para un período de tiempo finito y ser lo suficientemente explícito
para que todos lo entiendan. Si
se quiere, los objetivos pueden modificarse en un tiempo relativamente más
corto que la misión. Rosales (1997) señala que el menú de objetivos
disponible para cualquier empresa, aunque sorprenda, no es muy variado; sin
embargo, su jerarquización debe ser muy clara, puesto que habrá momentos en
los que no será posible satisfacer simultáneamente todos los que se hayan
planteado en algún programa anual, bianual o trienal. A continuación se
presentan los objetivos clásicos de una organización según Bessant (1998). ·
Crecimiento ·
Flexibilidad externa ·
Flexibilidad interna ·
Beneficio. ·
Acción social El
objetivo más perseguido por cualquier organización es el de obtener
beneficios. Sin embargo, a pesar de lo legítimo de tal aspiración, a veces eso
no es posible dentro de una estrategia competitiva que puede estar limitada, por
ejemplo, por las necesidades de captar primero cierto porcentaje del mercado
indispensable para cubrir los costos. En
ocasiones, la empresa por decisiones anteriores o por cambios en las condiciones
del ambiente -tal como les sucedió a las empresas de los países en los que la
crisis de la deuda se materializó a finales de los ochenta- presenta relaciones
financieras bastante adversas, que le restringen la flexibilidad para acceder a
nuevas fuentes de financiamiento para sus operaciones o incluso, para sus
inversiones. En
tal caso, la empresa se plantea como objetivos prioritarios librarse de estas
restricciones. En otras ocasiones se persigue disminuir la dependencia de
algunos proveedores, clientes o productos, antes que la consecución de los
beneficios, postergando éstos para una etapa posterior. En otras palabras, hay
que sobrevivir en un momento determinado para poder aspirar a un futuro exitoso. También,
eventualmente la empresa puede considerar, a través de su estrategia
competitiva, que antes de lograr un objetivo de beneficio, o incluso de
crecimiento, debe satisfacer un objetivo social que le permita crearse una buena
imagen en la sociedad para su acción futura. En las empresas públicas (a veces
de una manera explícita, aunque en otras oportunidades ello sea implícito),
suelen imponerse los objetivos sociales como proporcionar empleo y/o
precios por debajo de los costos. Existe
una antigua y permanente polémica en el ambiente académico acerca del número
de objetivos que en un momento determinado -por ejemplo dentro de una estrategia
competitiva para un período de tiempo finito- puede tratar alcanzar simultáneamente
una organización. Hay
quienes piensan que como la estrategia es un patrón de conducta que debe
mantenerse estable y claro por un tiempo relativamente extenso -dos, tres o más
años- ella debe indicar a toda la organización un sentido de dirección (una
meta) y una prioridad en materia de asignación de recursos, atención de
necesidades de los clientes, cobertura de mercados y otras acciones. Otros
piensan que cuando la empresa ha alcanzado cierto nivel de desarrollo
-excelencia- puede intentar objetivos múltiples, aunque jerarquizados según su
importancia. Aun
cuando pareciera que los objetivos de la empresa fueran la expresión financiera
de la estrategia competitiva y, en consecuencia, que el área de finanzas tiene
una influencia considerable en la determinación de los mismos, es necesario que
“producción y mercadeo sean tomadas en cuenta para evaluar tanto el impacto
que tendrán tales objetivos en las respectivas estrategias funcionales como la
factibilidad de cumplirlos”. (Casilda y Ponce, 1991, p. 31). Si
se ha decidido perseguir el objetivo del beneficio, este debe precisarse lo más
que se pueda, de modo que transmita a mercadeo y a producción, así como a las
otras áreas, las tareas prioritarias. Por ejemplo, debe definirse si el
beneficio que se pretende es absoluto o relativo, pues cada uno de ellos plantea
posibilidades de acción diferentes. Así,
tratar de buscar el máximo beneficio en términos absolutos no necesariamente
implica elaborar aquellos productos en los cuales los precios se puedan fijar
con más libertad para entonces obtener la mayor cantidad de margen bruto. Cuando
el objetivo que se persigue es el crecimiento, es conveniente también
concretarlo, pues no es lo mismo crecer en número de productos con ampliación
de la mezcla que en número de clientes, a los cuales se les va a intentar
vender los mismos productos que en ese momento se ofrecen a los clientes con los
que ya se trabaja. Para
Mendoza (1998): “Otra
opción posible de crecimiento consiste en aumentar la facturación a estos últimos
clientes ofreciéndoles los mismos productos, más otros adicionales o
sustitutos” (p. 72). La empresa que pretende alcanzar el objetivo de la
flexibilidad interna o externa, debe determinar el impacto que ésta tendrá en
producción y en mercadeo. Si lo que se quiere es reducir la deuda para mejorar
la relación deuda / patrimonio, la pregunta a la que hay que responder es la
siguiente: ¿cuál es la mezcla de productos que se debe fabricar y mercadear
para que los ingresos por ventas, además de cubrir los costos de producción y
ventas, dejen el suficiente margen para honrar las obligaciones financieras? En
el caso que el objetivo prioritario sea romper una dependencia que tiene la
compañía en relación con un proveedor de determinado insumo crítico para la
producción, ya sea por su costo o por su influencia en la calidad del proceso,
es conveniente visualizar el impacto que tendrá un nuevo proveedor o un nuevo
insumo en la operación del sistema de producción de la empresa, además de
evaluar la factibilidad de conseguir o desarrollar nuevos suplidores. Enfoques
del Mejoramiento Continuo Para
una PYME (tanto en su condición permanente, como en su etapa de tránsito hacia
la conversión en una empresa grande), la reducción continua de sus costos de
operación, producción, mercadeo, ventas, administración y finanzas constituye
una acción irreemplazable. Reducir
cada vez más los costos totales de la operación de la empresa es una de las vías
más expeditas para ampliar los márgenes de ganancias, en particular cuando la
capacidad de maniobra para fijar precios es reducida, ya sea por el
tipo de mercado que se atiende o por la dependencia que se tiene de un
cliente poderoso. Para
Monden y Sakuray (1992) siendo
“el área de producción la que absorbe los mayores porcentajes de la inversión
efectuada, tanto en activos fijos y circulantes como en recursos humanos, ella
marcará casi en esa misma medida la eficiencia global de la empresa”. (p.
44). Si bien el endeudamiento, tanto por su monto como por sus intereses, afecta
severamente la eficiencia de las compañías, a veces es una consecuencia
inevitable de la inversión que requiere el área de producción. Si
los activos para fabricar están sobredimensionados, subutilizados, operados
improductivamente y/o mal mantenidos, entonces la producción no alcanzará para
cubrir, además de los costos de producción, mano de obra directa, materia
prima, gastos generales de fabricación y los gastos de financiamiento. Estos
últimos se pueden reducir, a veces ilusoriamente, renegociando deudas u
obteniendo tasas preferenciales de refinanciamiento, pero si ello no está atado
a la eficiencia productiva, no hay garantía de obtener una mejora sensible y
duradera de la capacidad de sobrevivencia de la empresa. El
hecho de que el área de producción concentre la mayoría de los activos y los
recursos humanos de las empresas manufactureras, no implica que ella sea la única
responsable de la eficiencia de éstas. La gestión administrativa, el mercadeo
y el diseño de productos constituyen también áreas por las que se pueden
lograr las utilidades operativas. Un
proceso ineficiente en la gestión de compras, de administración de las
cobranzas, de recursos humanos o de mecanismos empleados para obtener y procesar
los pedidos, puede anular las ganancias brutas obtenidas en la planta o en el
taller. Para
Monden y Sakuray (1992): El
amplio espectro de actividades que tienen lugar en las empresas, inclusive en
las pequeñas, obliga a considerar cuidadosamente las bondades y limitaciones
del mejoramiento continuo que tan en boga se ha puesto, sobre todo a raíz de la
popularización del sistema japonés. (p. 83). El
mejoramiento continuo se ha pretendido convertir en un paradigma contrapuesto a
aquel que considera que las mejoras en la eficiencia de las empresas, en
particular de las manufactureras, se logran básicamente a través de saltos
cualitativos de alto impacto, como los que representan una nueva tecnología de
procesos o un producto totalmente distinto. El
manejo extremista de los paradigmas puede hacer a la gerencia prisionera de los
mismos, ya que los métodos de mejoramiento continuo o de salto tecnológico son
“medicinas” que deben aplicarse dependiendo de las situaciones específicas
de competitividad a las que esté enfrentando el paciente, o de las necesidades
de mantenimiento de salud para que una empresa siga siendo sana. Por
ejemplo, si una organización, (y
esto no es válido independientemente de su tamaño),
tiene una desventaja en materia de costos o porcentaje de productos
defectuosos que es muy grande con respecto a los competidores actuales o
potenciales, probablemente el mejoramiento continuo, que supone pequeños
incrementos de mejoras todos los días, no le garantice igualarse o superar a la
competencia. La
desventaja competitiva puede derivarse de que el equipo disponible es
extremadamente obsoleto, como ocurre con algunas empresas pequeñas en el sector
plástico, o de un factor exógeno a la empresa, como es el caso de los
sobrecostos a que son sometidos los
pequeños compradores de insumos suministrados por proveedores pertenecientes a
un monopolio o cártel. La
superación de la desventaja competitiva en estas situaciones requiere de
esfuerzos que van más allá de la simple mejora cotidiana de los diferentes
procesos administrativos y productivos que tienen lugar en cualquier organización.
Algunas de las acciones que junto con la reingeniería
puede ayudar de una manera sustancial a convertir a las empresas enfermas
en empresas competitivas son: la repotenciación,
el reemplazo o la actualización de tecnología de los equipos de
producción; la implantación de severas leyes antimonopolio de cadenas de
comercialización de insumos industriales que pertenezcan a un cártel o a un
monopolio, a veces del propio Estado. Si
la tasa de mejora que la empresa-paciente puede lograr con el mejoramiento
continuo es superior a la tasa de mejora de los competidores representados, éstos
en el caso de una PYME que permanece como tal, tanto por sus propios clientes,
como por otros proveedores potenciales y existentes,
entonces dicha estrategia es válida, aunque por ello no excluye que
deban acometerse en algunos momentos - por lo general al inicio de las mejoras-
cambios radicales típicos de un proceso de reingeniería, como pueden ser las
reformas de los sistemas de planificación, programación y control de la
producción, aseguramiento de la calidad y mantenimiento, entre otros. Existen
muchas definiciones en torno al paradigma del mejoramiento continuo: desde
aquellas que lo convierten en el mecanismo viable y accesible para que las
empresas de los países en vías de desarrollo cierren la brecha tecnológica
que mantienen con respecto al mundo desarrollado, hasta las que lo conciben como
una mera extensión histórica de uno de los principios de la gerencia científica,
establecida por Taylor, que asevera
que todo método de trabajo es susceptible de ser mejorado. Los
esfuerzos sistemáticos para mejorar la productividad, la calidad y la
flexibilidad en una empresa se orientan de acuerdo con un determinado enfoque
que marca la pauta en la asignación de objetivos y recursos para la consecución
de las mejoras. Este enfoque puede clasificarse partiendo de aspectos filosóficos,
prácticos o estratégicos y cada uno de ellos tiene su viabilidad y exigen
determinados requisitos para su exitosa gestión. ·
El Enfoque Filosófico Según
este punto de vista, para lograr la mejora continua en las actividades
productivas hay que promover la creación y el posterior sostenimiento de toda
una "cultura de la organización" que estimule, en todos los
trabajadores de la empresa, la adopción del "valor" que propugna
hacer las cosas correctamente. En el campo de la sociología y de la sicología
se han efectuado numerosos estudios y aportes que resaltan el papel que juega
una cultura de la organización adecuada para las empresas. La
visión filosófica del mejoramiento exige el desarrollo de un liderazgo,
personalizado en los dueños‑gerentes, que privilegie la mejora continua,
lo cual, además de servir de ejemplo al resto de los trabajadores, debe
motivarlos a través de la implantación de los factores higiénicos que señala
Herzberg (citado por Rosales, 1997) y del establecimiento de metas que
incentiven la motivación al logro. Como
propone Monden y Sakuray (1992) en
su modelo de gerencia de la productividad, la interacción de la cultura de la
organización con los sistemas duros (equipos) determina la eficiencia de la
empresa, y la interacción de dicha cultura con los recursos humanos de la
organización define el clima de trabajo; mientras que, la interacción de los
recursos humanos con los sistemas blandos (procedimientos, políticas, normas de
la empresa y otros) inciden en la eficacia de la empresa. La productividad de la
organización, que encierra el mejoramiento continuo, es el resultado de la
eficiencia, la eficacia y el clima de trabajo. Como
su nombre lo sugiere, el método filosófico hace énfasis en concebir la
productividad, la calidad y la flexibilidad como una manera de vivir, de
gerenciar, adoptando una postura ética de producir con el mínimo de
desperdicio, no sólo para la empresa sino para la sociedad, tal y como lo
propone la filosofía de Deming (1989),
en las cuales “la pasión por la excelencia se convierte en una filosofía que
guía la acción gerencial”.(p. 32). La
filosofía del mejoramiento continuo facilita la asignación de recursos para
los proyectos de mejoras, pues crea un ambiente favorable al estímulo y al
financiamiento de cualquier actividad de mejora. Incluir en los presupuestos las
iniciativas para mejorar, reclama un compromiso fuerte y permanente de los dueños‑gerentes,
quienes deben, incluso, estar dispuestos a obviar evaluaciones de retorno de la
inversión, con tal de demostrar el deseo de llevar adelante iniciativas de
mejoras. La
limitación más resaltante de la orientación filosófica se encuentra en que
aun cuando la motivación, el liderazgo y el compromiso por mejorar ayudan, si
los esfuerzos no se orientan a disminuir desventajas competitivas que se están
ampliando, o a explotar verdaderas ventajas competitivas, el consumo de recursos
y la pérdida de competitividad de la empresa pueden socavar la filosofía. Para
Rosales (1997): En
el caso venezolano, y de otros países en vías de desarrollo, dada la
generalizada expectativa de los empresarios por retornos rápidos de sus
inversiones, el horizonte de planificación es muy corto y ello afecta la
viabilidad del enfoque, puesto que éste conlleva la internalización de la
cultura pro mejoras en todos los trabajadores, y esto exige tiempo (mínimo
entre tres y cinco años). (p. 88). ·
El Enfoque Práctico Esta
manera de adelantar el mejoramiento se caracteriza por desarrollar
permanentemente el principio de la gerencia científica, según el cual todo método
de trabajo es susceptible de ser mejorado. Este principio es su filosofía y él
guía la toma de decisiones para el mejoramiento continuo. El enfoque práctico
se apoya en F. Taylor y en los trabajos de Fayol y los esposos Gilbreth sobre
movimientos y tiempos. En
este tipo de método se hace énfasis en la medición de actividades, recursos,
volúmenes de producción, efectividades, rendimientos y otros indicadores con
el fin de determinar desviaciones respecto a un estándar preestablecido, o con
el objeto de establecerlo. Este enfoque promueve el uso de un patrón para
identificar los aspectos vitales en los que se debe centrar la acción de las
mejoras. La
sencillez del punto de vista práctico al postular que todo procedimiento de
trabajo, manual o mecanizado, es susceptible de ser mejorado, facilita la labor
de implantarlo en cualquier organización y no requiere de mayores conocimientos
por parte de los trabajadores, sino una alta dosis de sentido común para
simplificar las actividades. A
pesar de las tergiversaciones y abusos de los postulados de la gerencia científica,
sobre todo en la administración de las relaciones obrero‑patronales, los
planteamientos de Taylor sobre la necesidad de racionalizar las tareas asignadas
a los trabajadores para facilitarles su trabajo siguen teniendo vigencia. De
hecho, el sistema japonés de manufactura lo que ha logrado es potenciar esta
racionalización, permitiendo que sean los propios trabajadores los que la efectúen
y que ello no sea del coto exclusivo de la gerencia. La
visión práctica del mejoramiento continuo se puede aplicar modularmente y no
necesita muchos recursos de coordinación centralizada, salvo los que implican
el adiestramiento de los trabajadores en el manejo de técnicas sencillas de
identificación y formulación de problemas, de representación gráfica de
procesos y de análisis de problemas en equipos de trabajo, por ejemplo. Al
comienzo de su implantación puede requerirse la contratación externa de
consultores que sirven como instructores y facilitadores de los procesos de
arranque, pero posteriormente la empresa va formando y empleando sus propios
instructores. Este
enfoque se ha popularizado mucho en el mundo occidental a partir de la década
de los sesenta con la diseminación del éxito japonés en materia de calidad.
Muchas empresas lo adoptaron inicialmente sin mayor compromiso por parte de la
alta gerencia, dejando la responsabilidad en los estratos inferiores de las
organizaciones. Al
empezar los trabajadores a generar iniciativas de mejoras que necesariamente
exigían el concurso de la alta gerencia, ésta no asumió su rol de apoyo,
produciéndose entonces frustraciones, particularmente en los mandos intermedios
y en los consultores. Tal situación llevó a uno de sus principales promotores,
Deming (1989), a no aceptar “la asesoría en materia de mejoramiento de
calidad hasta tanto no tuviera el compromiso de la alta gerencia para llevar a
cabo todas las tareas involucradas”. (p. 61) Uno
de los puntos débiles del pragmatismo en el mejoramiento continuos es
precisamente el punto fuerte del enfoque filosófico: el compromiso de la alta
gerencia y, en el caso de la PYME, de los dueños-gerentes. Esta falta de
compromiso gerencial para estimular la simplificación del trabajo, eliminando
actividades que no agregan valor y empleando una parte de los recursos humanos
que no está siendo utilizada plenamente (su cerebro y su sentido común)
ocasiona costos ocultos a las empresas y fuga de oportunidades y de potenciales
ventajas. A
la falta de visión de los gerentes para estimular las mejoras mediante el
enfoque práctico, se agrega la confusión reinante en muchas empresas sobre la
interrelación entre productividad y calidad que hace naufragar los intentos de
mejorar procesos. La
falta de armonía entre los conceptos de productividad y calidad conduce a que
cuando se realizan esfuerzos para mejorar la productividad, se deteriora la
calidad, al menos en alguna de sus múltiples dimensiones (especificaciones, estética,
puntualidad, entre otras) y viceversa. Tales
confusiones se derivan de la extrapolación en el tiempo de paradigmas que
tuvieron vigencia en el pasado, como el que postulaba que para competir había
que ser productivo (medición que se efectuaba por la cantidad de producto
obtenido en relación con la cantidad de recursos empleados), sin importar si
ese producto era precisamente el que pedía, en ese instante, el mercado. A
medida que la calidad se ha venido imponiendo en muchos mercados como el
criterio de competitividad prevaleciente, la productividad está dejando de ser
la condición necesaria y suficiente, para ser simplemente un requisito
(criterio de calificación para competir). La
mejora continua en el nuevo contexto competitivo hace énfasis en la calidad y
deja que la productividad sea una consecuencia de ella. Tal paradigma reclama
que el sistema de evaluación del desempeño de los trabajadores, la división
del trabajo, la asignación de objetivos y recursos, entre otros aspectos,
privilegien la obtención de productos de calidad, antes que el cumplimiento de
estándares de productividad. La
desventaja del enfoque práctico estriba en que no asegura que los escasos
recursos con los que, por lo general, cuentan las empresas pequeñas y medianas
serán invertidos para mejorar los procesos y actividades neurálgicas
imprescindibles para la sobrevivencia de la organización en el contexto del
mercado globalizado y de sus complejos retos. ·
El Enfoque Estratégico
Las
limitaciones de las visiones filosóficas y prácticas pueden superarse si se
adopta el mejoramiento continuo de acuerdo con un enfoque estratégico, en el
sentido de que sea incorporado dentro de la estrategia competitiva de la
empresa. Mediante
el planteamiento estratégico del mejoramiento continuo se puede balancear el
compromiso de la alta gerencia, exaltado por la filosofía gerencial que busca
la excelencia, con las bondades de las mejoras simples y continuas que pueden
generarse todos los días dentro de las diferentes unidades de la empresa, tal y
como lo contempla el enfoque práctico. Lo
que implica el enfoque estratégico es que la asignación de recursos destinada
a impulsar las mejoras, convocar el esfuerzo de los trabajadores y ponderar la
magnitud del esfuerzo requerido, debe estar enmarcada dentro de un planteamiento
estratégico que defina los mercados meta, identifique los criterios de
competitividad prevalecientes en ellos y determine las tareas prioritarias que
se deben llevar a cabo para tener éxito. Si
en los mercados meta en los que opera la empresa, o en los que desea
incursionar, es la rapidez y la confiabilidad en las entregas de los pedidos lo
que permite conquistar a los clientes y abatir la competencia, entonces ellos
pasan a ser los criterios de competitividad y la guía estratégica para las
acciones de mejoras, las cuales se estimularán con sentido filosófico y práctico
simultáneamente. La asignación de recursos para proyectos de mejoras se,
orientará prioritariamente hacia
aquellos que refuerzan o apoyan la estrategia competitiva de la empresa. El
método estratégico asegura que la inversión de los escasos recursos
disponibles, el énfasis en la motivación y el control de las mejoras estarán
orientados a garantizar el valor agregado de cara a los clientes (criterios de
competitividad). Con este enfoque se le proporciona un sentido de dirección,
coherencia y convergencia a los esfuerzos de los diferentes estamentos de la
organización. La
principal debilidad de este enfoque reside en la dificultad para identificar
acertadamente los criterios de competitividad de los mercados meta y/o las
tareas que debe cumplir la empresa para satisfacerlos. Cuando es posible ser
asertivo en la estrategia, el peligro reside en no detectar a tiempo los cambios
que se están produciendo en los mercados meta, específicamente en la aparición
de nuevas necesidades por parte de los consumidores, lo que origina cambios en
los criterios de competitividad. La
globalización creciente de las economías trae consigo el dinamismo de los
criterios de competitividad, obligando así, a las empresas, a revisar
constantemente su planteamiento estratégico y a decidir oportunamente si
cambian la estrategia o si la mantienen. En términos del mejoramiento continuo,
esto consiste, concretamente, en decidir si se mantienen o se cambian la
orientación y las prioridades de las mejoras. Implantación
de la Estrategia Competitiva Una
vez que se ha definido claramente la estrategia competitiva de la empresa, le
corresponde a la gerencia adelantar las tareas propias para su puesta en marcha.
Mientras en la fase de formulación estratégica, es posible apoyarse en
instrumentos técnicos y análisis cuantitativos, complementados con una buena
dosis de intuición, en la fase de implantación los retos gerenciales se
centran en la habilidad para ejecutar las tareas establecidas en el diseño de
la estrategia. Es
en esta segunda fase cuando la PYME puede materializar sus ventajas de
flexibilidad y agilidad en relación con las grandes empresas. Las menores
dimensiones en cuanto a trabajadores y unidades organizativas pueden facilitarle
a los dueños‑gerentes la comunicación rápida de las labores que deben
ejecutarse para cumplir con los objetivos estratégicos. Para
Mendoza (1998): Mantener
el ritmo, la secuencia y las prioridades en las actividades que conduzcan al
logro de dichos objetivos es una de las funciones indelegables de la dirección
de las empresas, para lo cual es necesario disponer de un sistema de información
sencillo que permita detectar oportunamente cuándo hay que introducir cambios
en la implantación de la estrategia. (p. 33). Si,
por ejemplo, el objetivo estratégico es mantenerse con las dimensiones de una
PYME, y los criterios de competitividad prevalecientes en los mercados meta son
los tiempos de entrega de los pedidos y el cumplimiento de especificaciones
(calidad de concordancia), será muy conveniente llevar un registro estadístico
del porcentaje de pedidos satisfechos dentro de los plazos de entrega prometidos
y con la calidad requerida por los clientes. La
diferencia entre las metas y los logros sugerirá si vale la pena introducir
cambios en el ritmo impuesto a las tareas contempladas en la estrategia, así
como en la secuencia y en las prioridades de la empresa. Cuando
la estrategia competitiva de la organización implica un crecimiento en sus
dimensiones, los requerimientos de información se centrarán en registrar y
evaluar los avances obtenidos en cuanto a número de trabajadores, cantidad de
clientes, porcentaje de mercado, entre otras variables que miden dicho
crecimiento. Como
toda estrategia, al iniciarse su implantación estará sujeta a desviaciones
entre lo que se puede hacer y lo que estaba previsto hacer. Es responsabilidad
de la gerencia determinar si las desviaciones son de tal magnitud que obliguen a
modificar la estrategia, para lo cual es menester averiguar primero cuáles son
las causas de esas desviaciones con el objeto de determinar si son o no
controlables. Uno
de los hábitos que es necesario erradicar de las pequeñas y medianas empresas
es el de pretender cambiar la estrategia ante el primer obstáculo que se
presente al llevarla a la práctica. Antes de cambiar la estrategia debe
intentarse la superación de los obstáculos con creatividad. Por supuesto,
cuando éstos son insalvables, es obligatorio reformular la estrategia e
instrumentar un plan de contingencia. Es en esos momentos cuando más se aprecia
en las empresas la guía que proporciona un adecuado liderazgo. Desarrollo
Competitivo de las PYME en América Latina Los
países latinoamericanos se caracterizan por una estructura industrial
polarizada por un estrato de grandes empresas con una alta cuota sobre el valor
agregado y, en el otro extremo, un amplio sector informal y de microempresas.
En América Latina, sin embargo, su peso es “considerablemente menor,
si bien no deja de ser relevante su participación en el empleo oscila entre un
tercio y un quinto del total, y su aportación al valor agregado bruto entre un
séptimo y un tercio del total”. (Organización de las Naciones Unidas para el
Desarrollo Industrial, ONUNDI, 1992, p. 3). La
estructura económica de gran parte de los países latinoamericanos es
excesivamente rígida e insuficientemente y diversificada, como consecuencia de
la polarización anteriormente señalada, lo que produce una considerable
vulnerabilidad del crecimiento económico, especialmente si las grandes empresas
están orientadas al sector primario exportador. Las
experiencias pasadas en la región muestran la fragilidad de dicha estructura
productiva. Por el contrario, los países más industrializados muestran cómo
un amplio segmento de empresas de tamaño pequeño y mediano hace posible el
aumento de la diversificación y flexibilidad del sistema ante situaciones
cambiantes de los mercados y de la economía; permite una mayor especialización
productiva; valoriza el potencial endógeno de los recursos productivos, en
particular del capital humano; y genera un mayor dinamismo de los mecanismos de
mercado. En
América Latina existe un amplio diferencial de productividad entre empresas
grandes y pequeñas empresas. “El
valor agregado por empleado de la PYME es, en los países de la región, menos
de la mitad que el de las empresas mayores”. (ONUNDI, 1992, p.5). Sin
embargo, en los países con alto nivel de desarrollo la productividad de la PYME
es sólo 20 puntos porcentuales inferior a la de la gran empresa. En el conjunto
de todo sistema económico, la presencia de niveles de eficiencia y
productividad comparables entre los distintos estratos de tamaño,
particularmente entre las PYME y las grandes empresas, es de vital importancia
para la articulación de los diferentes actores económicos. La
cohesión y fortaleza del tejido empresarial, entendido éste como el entramado
de relaciones entre entidades productivas de diferentes tamaños y sectores que
se complementan entre ellos, marca en gran medida el nivel de eficiencia y
competitividad sistémica de las naciones. El
dinamismo de la PYME en los países de América Latina es relativamente inferior
al del conjunto de la economía. La evolución de la PYME en América Latina
muestra las dificultades que estas empresas tienen para reaccionar positivamente
a las nuevas señales del mercado. En los países industrializados las PYME han
acompañado a las de mayor dimensión
en su modernización y sus nuevas estrategias comerciales. En
algunos de estos países el dinamismo de la PYME para Baptista (1995), “se ha
basado en el aumento de las exportaciones lo cual muestra cómo estas unidades
productivas pueden beneficiarse de un mercado abierto”. (p.71). La liberalización de los mercados y la política de ajuste
en las economías latinoamericanas, si bien permiten nuevas oportunidades de
negocio, han enfrentado a las empresas a una fuerte competencia de productos
tradicionales proveniente de otros países en desarrollo, agravada por una
reducción de la demanda interna. Tras
un largo período de políticas proteccionistas, y en ausencia de un mercado de
los factores suficientemente desarrollado, las PYME corren el riesgo de verse
recluidas a mercados marginales de carácter muy local. Ello no haría sino
acentuar la polarización de la economía, aumentar su vulnerabilidad e
inestabilidad, y dificultar el aumento de competitividad del sistema. El
sector empresarial, especialmente el de PYME, de los países de la región está
escasamente articulado, como consecuencia de la segmentación productiva señalada.
La debilidad de las organizaciones empresariales y la insuficiencia de
las instituciones de mercado que apoyen los esfuerzos de transformación de las
empresas son elementos que dificultan el desenvolvimiento de la actividad
productiva, afectando en particular a las empresas menores. En
efecto, mientras que las grandes corporaciones tienen mayor facilidad para
promover sus intereses e implementar políticas productivas adecuadas, las
empresas de menor dimensión necesitan de una organización social y económica
para poder desarrollar sus potencialidades. Para
González (1999), las experiencias internacionales “muestran una gran variedad
de instituciones, organismos de carácter privado, y entidades intermediarias
aglutinadoras de intereses y prestadoras de servicios” (p. 71). Esta capacidad
asociativa desempeña un importante papel en la articulación productiva y en la
catalización de mecanismos de mercado. Las
deficiencias estructurales de los mercados de los factores productivos en América
Latina afectan en mayor medida a las PYME. En efecto, el insuficiente desarrollo
de los mercados heredados de un período de proteccionismo económico agrava las
dificultades de las PYME para acceder a los factores básicos como capital
humano, financiación, tecnología e información.
Si
las PYME tienen unos costos de transacción más elevados para la adquisición
de dichos insumos, incluso en economías de mercado desarrollado, “en el caso
de las economías latinoamericanas, dichos costos llegan a convertirse en
barreras para el acceso a los factores básicos para la competitividad”. (González,
1999, p.71). Las
PYME dependen, en mayor medida que las grandes corporaciones, de un entorno de
servicios empresariales les permitan acceder a los recursos en condiciones
competitivas. El desarrollo de la economía de mercado requiere, por tanto, de
la expansión del mercado de los factores de manera que los haga accesibles
incluso para las unidades productivas de menor dimensión. Según
el Centro de Investigaciones en Ciencias Sociales (1991), un programa de las
PYME en América Latina encuentra su justificación no sólo por su importancia
económica y su objetivo de aumentar la competitividad de las economías de la
región, sino también en el papel de la PYME en ensanchar la base social que
participa en el proceso de desarrollo y de sus beneficios. Las PYME contribuyen
en forma determinante a la ampliación de la base empresarial, a la utilización
de los recursos y potencialidades endógenas de cada país y a la multiplicación
de las capacidades para generar ingresos. El
crecimiento del número de empresas competitivas de tamaño mediano y pequeño,
implica un desarrollo participativo y con equidad, de manera que puedan aumentar
las posibilidades de empleo y así mitigar antagonismos sociales,
fortalecimiento institucional de las entidades Públicas
de apoyo a la PYME contribuye a su vez a la de la sociedad civil y, en
definitiva, a la consolidación de procesos democráticos iniciados en la región. Todo
ello lleva a considerar que si bien las políticas de ajuste macroeconómico y
de apertura de las normas de la región son requisitos para su desarrollo deben
ir seguidas de políticas de tipo microeconómico que impulsen la competitividad
de las empresas y del sistema productivo, y que no son sino profundización de
los programas de reforma estructural. Las
políticas de ajuste han estado dirigidas a aumentar la libre competencia a través
de la liberalización de los mercados y la reducción de posibles distorsiones
en su funcionamiento. Para que un
mecanismo de mercado tengan un desarrollo eficiente y sean instrumentos para una
óptima administración de los recursos, son necesarias tres condiciones básicas:
(a) la existencia de un entorno político y regulatorio adecuados para la libre
concurrencia competitiva de todos los agentes económicos; (b) la presencia de
una masa crítica de actores, es decir, un número suficiente de oferentes y
demandantes de productos y servicios, que configuran el entorno empresarial y de
negocios, y que está formado mayoritariamente por empresas de tamaño
intermedio; y (c) la facilidad de acceso a los factores por parte del conjunto
de las empresas, independientemente de su dimensión. Una
acción dirigida a incorporar a la PYME al proceso de desarrollo, debería
ajustarse a la realidad de cada país, y “apunta a la mejor asignación de
recursos, a través de mecanismos del mercado, que permitan
mejorar la competitividad y la eficiencia
del sistema”. (Casilda y Ponce, 1991, p. 3).
El
Funcionamiento del Mercado de
Capitales en Venezuela
El
Mercado de Capitales en Venezuela, se origina a finales del año
cincuenta (50) cuando algunas compañías realizaron emisiones de Títulos
Valores para él público. Los cuales fueron adquiridos por algunos
inversionistas privados. En
1958 a raíz de la caída de Marcos Pérez Jiménez, el Mercado de Capitales
tuvo un descenso en sus operaciones dado que no era seguro para los
inversionistas ya que no ofrecían las suficientes garantías, lo que ocasionó
una fuga de dinero hacia el exterior, puesto que ofrecían mejores tasas de
interés que en el país. En
la década de los sesenta (60) específicamente en el año 1964 el Banco
Interamericano de Desarrollo toma la iniciativa de reunir personalidades del
sector privado con la finalidad de fortalecer y mejorar el funcionamiento
de los Mercados de Capitales en América Latina a fin de acelerar su
desarrollo económico. Como consecuencia de dicho estudio se crea en nuestro país
la necesidad de elaborar una Ley de Mercados de Capitales, la cual fue
promulgada el 31 de Enero de 1973 y modificada el 22 de Mayo de 1975, la cual se
encarga de regular la oferta pública de créditos emitidos conforme a la Ley
del Banco Central, la Ley General de Bancos y otras Instituciones Financieras.
Según
Gitman (1997): El mercado de capitales es
la interacción entre la oferta y la demanda de títulos valores realizadas por
determinadas personas ya sean naturales o jurídica, y la cual constituye un
medio básico para la transferencia de recursos financieros, a largo y mediano
plazo, de manos de ahorristas hacia entes que conforman las actividades
productivas, tanto del sector público como del sector privado.(p. 143). Clasificación:
El mercado de capitales forma parte del
mercado financiero, el cual se divide en: ·
Mercado Monetario (corto plazo) ·
Mercado de Capitales (mediano y largo plazo) El papel central que juega
el mercado de capitales es facilitar y abaratar el financiamiento; así como
mejorar la eficiencia en la distribución de los recursos productivos. En el mercado de capitales se transan títulos
valores. Estos se clasifican en: Títulos de renta fija (bonos, papeles
comerciales y obligaciones) y títulos de renta variable (acciones). Según Weston (1997),
estos títulos de acuerdo a su negociación se subdividen en “Mercado
Primario o de Emisión: Transacciones iniciales de valores recién emitidos, es
decir, cuando los títulos son colocados entre los inversionistas por primera
vez, y Mercado Secundario: Intercambio de valores ya emitidos y en circulación”.
(p. 561). La
importancia de un mercado de capitales desarrollado reside no sólo en su
incidencia sobre el nivel de ahorro agregado, sino en la racionalización y el
abaratamiento del proceso de inversión al canalizar recursos hacia agentes económicos
que promueven iniciativas rentables y que, en otras condiciones, no tendrían
acceso al financiamiento requerido para movilizar los recursos en la dirección
deseada. Por
otra parte, el desarrollo del mercado de capitales en valores de renta fija y
sobre todo de renta variable incide, en principio, en una mayor rentabilidad de
la inversión como consecuencia de un mayor control por parte del público. Por
la naturaleza de las operaciones del mercado de capitales son las empresas de
mayor tamaño relativo las que más disfrutan de sus beneficios de manera
directa, tanto en lo que se refiere a la disponibilidad como al costo de los
fondos financieros, sin embargo, en la medida en que la inversión mejora su
rendimiento y esto afecta positivamente el crecimiento económico global, los
beneficios se extienden a toda economía. Además,
al disminuir la presión sobre los mercados crediticios bancarios mejoran las
disponibilidades para la pequeña y mediana empresa. Adicionalmente, el desarrollo del mercado de capitales
mejora el rendimiento del ahorro al permitir diversificar la cartera y, por
tanto, atenuar los niveles de riesgo. En opinión de los autores de la investigación, generalmente se sostiene que los mercados de capitales son
unos de los factores básicos del crecimiento económico. En cada país las
instituciones correspondientes desempeñan el papel de intermediador entre
ahorradores e inversionistas y movilizan una proporción importante del ahorro
interno. El
papel central que juega el mercado de capitales es facilitar y abaratar el
financiamiento; así como mejorar la eficiencia en la distribución de los
recursos productivos. Habida cuenta que la mayor parte de la inversión es
financiada por entes nacionales, se puede sostener que el crecimiento económico
de los distintos países depende en gran medida de la capacidad y eficiencia de
los respectivos mercados de capitales. La importancia de un mercado de capitales
desarrollado reside no sólo en su incidencia sobre el nivel de ahorro agregado,
sino en la racionalización y el abaratamiento del proceso de inversión al
canalizar recursos hacia agentes económicos que promueven iniciativas rentables
y que, en otras condiciones, no tendrían acceso al financiamiento requerido
para movilizar los recursos en la dirección deseada. Régimen legal del Mercado de
Capitales Venezolano
El Régimen legal del Mercado de Capitales Venezolano es el siguiente:
Las disposiciones legales más importantes que regulan la actividad del mercado
de capitales están contenidas en la Ley de Mercado de Capitales, Decreto No. 36.565
(Extraordinario) del 22 Octubre de 1998 y
sus correspondientes Reglamentos Parciales, así como en las Normas dictadas por
la Comisión Nacional de Valores. La Ley de Mercado de
Capitales tiene como objetivo regular la emisión y colocación de títulos
valores en el mercado primario efectuado mediante el mecanismo de la oferta pública;
controlar, vigilar y fiscalizar los sujetos que intervienen directa o
indirectamente en la oferta pública de títulos valores, incluyendo dentro de
tal concepto a los corredores públicos de títulos valores, asesores de inversión,
emisores, las bolsas de valores y todas aquellas sociedades que hayan adoptado
alguna de las figuras corporativas previstas en la Ley de Mercado de Capitales
como por ejemplo, los fondos mutuales de inversión, las sociedades anónimas de
capital autorizado (S.A.C.A.) y las sociedades anónimas inscritas de capital
abierto (S.A.I.C.A.). Una de las características fundamentales de
la Ley de Mercado de Capitales es la amplia facultad normativa conferida a la
Comisión Nacional de Valores, lo cual en el fondo, ha representado una ventaja
para el mercado, pues “ha permitido ir progresivamente actualizando sus
regulaciones sin tener que acudir al Congreso donde cualquier reforma requiere
de mucho tiempo para llevarse a cabo”. (García, 1999, p.
81). El
organismo de control del Mercado de Capitales es la Comisión Nacional de
Valores el cual consiste en “un
organismo adscrito al antiguo Ministerio de Hacienda, hoy Ministerio de
Finanzas, creado con el objeto de
regular, vigilar y fiscalizar el mercado de capitales”. ( Baptista, 1995,
p. 181). La
Comisión Nacional de Valores no posee personalidad jurídica, autonomía
presupuestaria, ni patrimonio propio. Posee una capacidad de autodeterminación
bastante amplia ya que tiene facultades normativas, autorizatorias y
sancionatorias. Según
la Ley de Mercado de Capitales (1998) La Comisión Nacional de Valores está
compuesta por un Presidente, cuatro (4) Directores con sus respectivos suplentes
y un (1) Secretario Ejecutivo quienes integran el Directorio, y las diferentes
Direcciones Técnicas, entre las cuales conviene destacar: El Registro Nacional
de Valores, al cual está asignada la función de llevar un asiento de todos los
documentos y actos que según la Ley de Mercado de Capitales estén sujetos a
inscripción, tales como: ·
Los actos relativos a emisiones de títulos
valores. ·
Los actos relativos a la constitución y funcionamiento de
ciertas sociedades ·
Los corredores públicos de títulos valores y los contadores públicos
en el ejercicio de la profesión. ·
Los asesores para la adquisición de títulos valores. ·
Las personas naturales y jurídicas que lo soliciten y cumplan con los
requisitos establecidos en la ley. Los
entes sometidos al control de la Comisión Nacional de Valores son los
siguientes: ·
Las Sociedades Anónimas Inscritas de Capital Abierto
(S.A.I.C.A.). ·
Las Sociedades Anónimas de Capital Autorizado (S.A.C.A.). ·
Los Fondos Mutuales de Inversión y sus Sociedades Administradoras. ·
Los Fondos de Inversión y sus Sociedades Administradoras. ·
Los Corredores Públicos de Títulos Valores, asesores. ·
Otros intermediarios y Las Casas de Corretaje de Títulos Valores. ·
Las Sociedades Calificadoras de Riesgo. ·
Las Bolsas de Valores. ·
Los Agentes de Traspasos. ·
Las personas naturales o jurídicas que intervengan en la oferta pública
de títulos valores, en los términos de la Ley de Mercado de Capitales. En
tal sentido, el mercado de capitales en Venezuela representa una extraordinaria
alternativa para la canalización del ahorro, tanto interno como externo, para
el financiamiento de la actividad económica, a costos menores que en el sistema
financiero, de manera más flexible y a más largo plazo. Sin
embargo, en el caso venezolano en opinión de Francés (1999): El
mercado de capitales, salvo períodos aislados, ha jugado un papel secundario
ante el sistema financiero, donde han acudido tradicionalmente las empresas y el
Estado en la búsqueda del financiamiento requerido para su operación y expansión,
ante los bajos costos y fácil acceso que caracterizaban sus operaciones
crediticias, situación que se reviene absolutamente a partir de 1990, con la
liberación de las tasas de interés. (p.79). En
opinión de los autores, se trata de un mercado eminentemente accionario, cuyo
desarrollo se ha vinculado de manera estrecha con las necesidades de capital de
las empresas, en un marco económico y financiero que obliga a la reestructuración
de sus pasivos, fundamentalmente por el incremento del costo financiero a
niveles insostenibles para ellas. De esta manera, los períodos de mayor
crecimiento del mercado de capitales pueden identificarse con situaciones de
restricción crediticias, cuando privan medidas económicas generales que
estimulan la inversión y el ahorro. Es
por ello que Francés (1999) menciona que “en el período de 1986 a 1990 la
inversión en el mercado de capitales presenta los mayores niveles de
rentabilidad entre las distintas opciones abiertas a un inversionista
venezolano”. (p. 39). Situación que se comprende toda vez que se considera el
rendimiento de los productos y servicios del sistema bancario (tasas de interés)
y de las operaciones cambiarías (adquisición de divisas), aún cuando existe
el aprovechamiento de los procesos
de devaluación del bolívar. La
participación del sector público en el mercado de capitales ha sido reducida,
prefiriendo acudir al endeudamiento internacional, en primer término y,
posteriormente, al sistema financiero nacional. No obstante, las intervenciones
aisladas y poco coherentes mantenidas, donde destaca la colocación directa de
los Bonos Cero Cupón en la Bolsa de Valores de Caracas en 1990 y su efecto
explosivo sobre el crecimiento, demuestran la importancia que el desarrollo de
una estrategia de promoción y apoyo al mercado de capitales por parte del
Estado podría representar, así como la capacidad de absorción existente. Esta
reticencia del Estado a mantener una participación más activa en el mercado de
capitales, juega un rol vital en la percepción que del mismo mantiene los
cuadros políticos y decisorios, fundamentalmente por un problema de información
y cultura financiera, lo que ha generado una protección y apoyo excesivo al
sistema financiero en detrimento del mercado de capitales. Asimismo,
el desarrollo del mercado de capitales venezolano a partir del período en
estudio, ha estado signado por la incertidumbre y variaciones en las medidas
económicas aplicadas, y más
importante aún, “la inestabilidad política, económica y social que
caracterizó al período gubernamental concluido en 1993, lo que demuestra la
sensibilidad del mercado a factores exógenos”. (Francés, 1999, p. 42). La
inestabilidad e inseguridad conduce a los inversionistas a seleccionar opciones
aparentemente más seguras, tales como: instrumentos ofrecidos por las
instituciones financieras con rendimientos elevados o a la adquisición de
divisas como mecanismo de protección ante eventuales devaluaciones. En
resumen, se puede afirmar que los elementos que han condicionado el desarrollo
del mercado de capitales venezolano cubren una amplia gama que va desde
circunstancias económicas y políticas hasta las características mismas del
sector productivo nacional y, por ende, de las empresas emisoras. El
Mercado de Capitales dirigido a la Pequeña y Mediana Empresa en Estados Unidos
y México. En
los actuales momentos el mercado de capitales dirigido a la pequeña y mediana
empresa en México y Estados Unidos debe ser analizado para considerar, por lo
menos, una nueva categoría de casa de bolsa y de banca de inversión en
Venezuela. En la actualidad, no existe una clase de firma de valores autorizada,
Rojas (1999) refiere que “esta puede ser independiente o formar parte de un
grupo financiero, y puede especializarse en una o varias de las funciones de
inversión o financiamiento aprobadas”. (p.11).
Sin embargo, puesto que se trata de una firma de cobertura nacional que
puede competir en todos los campos de negocios autorizados para casas de bolsa
venezolanas por la Ley de Valores, debe regirse de acuerdo con normas sobre el mínimo
del capital. En
tal sentido, cada vez es mayor la necesidad de casas de bolsa y de la banca de
inversión local y regional que concentren sus actividades financieras y de
inversión en una región geográfica limitada. Se les podría restringir a
operaciones específicas; los requisitos mínimos de capital estarían acordes
con el tipo de negocio, riesgo y volumen. En la mayoría de los casos, los
accionistas y directivos de las casas de bolsas locales y regionales serían
residentes de su región y estarían familiarizados con los negocios de la
localidad, así como con sus administradores y propietarios. Los
suscriptores corporativos y market-makers (creadores de mercado) en valores
locales podrían interactuar en acciones de emisión limitada y escasa
bursatilidad. En la mayoría de los casos, constituirían la totalidad del
mercado; las transacciones se realizarían a través de computadoras personales
PC's y, cuando fuera aplicable, por teléfono. Las transacciones consumidas se
reportarían por las computadoras y medios de comunicación centrales, quedando
integrados en la red nacional electrónica de estaciones de trabajo dentro de
los 90 segundos siguientes a su ejecución. a continuación se detallara
brevemente como es la actividad bursátil dirigidas a las PYME en Estrados
Unidos y México. El
Mercado de Capitales dirigido a la Pequeña y Mediana Empresa en Estados Unidos El
Nasdaq Stock Market es el mercado de capitales electrónico, basado en
terminales de computadora, más grande de mundo. Fundado apenas en el año de
1971, el Nasdaq hoy representa más de la mitad de todas las acciones operadas
diariamente en los Estados Unidos de Norteamérica, y es el segundo mercado de
valores a nivel mundial en términos de monto en dólares operado. Más
empresas, norteamericanas y extranjeras, cotizan sus acciones en el Nasdaq que
en todos los demás mercados de Estados Unidos juntos. Ha sido, y continúa
siendo, el mercado de valores de mayor crecimiento en los E.U.A.. Durante los últimos
diez (10) años el volumen accionario operado en el Nasdaq ha crecido
trescientos ochenta (380) por ciento, mientras que el monto operado en dólares
se ha incrementado en setecientos
setenta y tres (773) por ciento.
(De La Guardia, 1996). El
Nasdaq Stock Market, Inc. es una subsidiaria propiedad de la National
Association of Securities Dealers, Inc. (NASD). Establecida bajo la autoridad
decretada por el 1938 Maloney Act enmendando el Securities Exchange Act of 1934,
la NASD es el organismo “de autorregulación de la industria de valores y es
responsable de la regulación y vigilancia del mercado Nasdaq, así como de
otros mercados de valores over the counter (fuera de bolsa) y de los
instrumentos que en ellos se cotizan”. (De la Guardia, 1996. p. 24).
La NASD, que opera bajo la supervisión de la Securities and Exchange
Commission (SEC), es el organismo de autorregulación más grande de los Estados
Unidos, contando entre sus socios a virtualmente cada agente y operador de
valores que atiende al gran público inversionista. El
sello distintivo del mercado Nasdaq es su uso innovador de la más avanzada
tecnología computacional y de telecomunicaciones, que apoya un sistema de múltiples
market-makers. Los
mercados Nasdaq se distinguen de las bolsas de valores y sus pisos de remates
por el uso de market‑makers, operadores independientes que compiten
abiertamente entre sí a través de terminales de computadora y sistemas de
telecomunicaciones que unen electrónicamente a las casas de bolsa. El
Nasdaq permite que sus empresas asociadas ejecuten operaciones para sus clientes
o por cuenta propia dentro de un ambiente de confirmaciones en tiempo real y
supervisión operativa automatizada. Cuando ocurre una transacción, el
comprador y vendedor ingresan su reporte operativo al Nasdaq “a través del
sistema Automated Confirmation Transaction (ACT) dentro de los noventa (90)
segundos después de la operación”.
(De La Guardia, 1996, p. 42).
El Nasdaq a su vez, disemina esta información a los servicios
informativos internacionales. Simultáneamente, la operación queda realizada y
confirmada, y se reporta electrónicamente a la empresa compensadora de valores
para su procesamiento y liquidación. Según
De la Guardia (1996) “existen actualmente 541 empresas registradas como market-makers,
unidas entre sí por una red de casi siete mil doscientos (7.200) terminales
interactivas” (p.43). Los market‑makers aportan su propio capital al
mercado al mantener continuamente cotizaciones tanto de compra como de venta de
las emisoras. La competencia entre muchos operadores estimula el crecimiento y
la eficiencia del mercado mientras que proporciona una base de bursatilidad a
través de su compromiso de recursos. El
Nasdaq proporciona transparencia operativa al distribuir las posturas más
cerradas de compra y de venta conocidas como o posturas intermedias, así como
los datos sobre la última operación realizada de todas las emisoras cotizadas,
a las casas de bolsa y otras entidades interesadas a través de las redes
informativas que en conjunto incluyen 300.224 terminales en más de 50 países.
Rhoads (1997) señala: “además de incrementar competencia y
bursatilidad, el sistema de market‑makers aumenta la visibilidad de las
acciones menos bursátiles y ofrece el sistema de valuación de acciones más
eficiente que se conoce”. (p. 37). Debido
a su estructura sofisticada y descentralizada, el Nasdaq se ha convertido en el
mercado de valores de mayor enfoque internacional en el mundo. Más empresas
extranjeras cotizan sus acciones en el Nasdaq que en todos los demás mercados
de Estados Unidos juntos. El interés a nivel mundial en la tecnología de
Nasdaq sigue en aumento. Países como Rusia han adaptado un sistema operativo,
por medio de terminales, tipo Nasdaq, como base de un mercado de valores geográficamente
disperso. Además, el NASD ha participado en pláticas para desarrollar un
mercado paneuropeo, tipo Nasdaq, que cotizaría las acciones de empresas pequeñas
y medianas en proceso de desarrollo. Sin
embargo, la bolsa de valores más grande del mundo es la New York Stock Exchange,
la cual fue fundada el 17 de mayo de 1792 cuando veinticuatro de los
comerciantes y hombres de negocios más fuertes y destacados de la ciudad de
Nueva York acordaron intercambiar acciones de sus empresas únicamente entre
ellos mismos y adherirse a tarifas uniformes. El concepto de un piso de remates
surgió de la necesidad de acercar al vendedor con el comprador en una época en
la que no existían las telecomunicaciones. Todo esto era compatible con la
tecnología que existía en ese momento. A partir de la fundación de la NYSE,
han surgido otras bolsas de valores, en Estados Unidos y el resto del mundo.
Todas ellas han tenido un común denominador, un piso de remates. Sin
embargo, no cualquier acción debe, o puede ser cotizada en una bolsa de
valores. Inclusive desde los primeros años, se requería que las empresas
cumplieran con ciertos requisitos antes de poder cotizar sus acciones en el New
York Stock Exchange, el American Stock Exchange, o cualquier otra bolsa de
valores que se haya constituido. Para
lograr cotizar sus acciones, una empresa requería de cierto monto de activos y
utilidades, y un número mínimo de accionistas. Conforme pasaba el tiempo, las
restricciones se hacían más estrictas. Las
empresas que no cumplían con los lineamientos de las bolsas de valores, o que
simplemente no querían cotizarse en una bolsa tenían la opción de lograr la
negociación de sus acciones físicamente over-the‑counter, en las
oficinas de los banqueros de inversión que surgieron para satisfacer la demanda
de capital de las empresas en crecimiento. Actualmente, las transacciones con
este tipo de acciones se llevan a cabo típicamente, por medio de un sistema
electrónico sofisticado que enlaza a compradores y vendedores. Por lo menos es
lo que sucede con las acciones cotizadas en el mercado Nasdaq. A pesar de ello,
el término over the counter sigue siendo aplicado a los sistemas basados en
computadoras, en vez de asignarse a cualquier operación de compra/venta de
valores no realizada en una bolsa de valores registrada. Una
bolsa de valores tradicional utiliza el sistema de especialistas, que otorga a
un especialista en particular el derecho exclusivo de crear o hacer un mercado
con un valor en especial. La función básica del especialista es la de mantener
un mercado ordenado mientras permite que órdenes públicas del valor en cuestión
se ejecuten entre sí. Esta labor se realiza en un recinto específico, llamado
piso de remates, donde acuden todas las órdenes para su ejecución en un
ambiente de tumulto. Como
contraste, el mercado Nasdaq utiliza el sistema de market‑makers enlazados
vía un sistema operativo computacional. Tantos como cincuenta market-makers
compiten abiertamente entre sí en muchas de las emisoras cotizadas activamente.
La remuneración de los market-makers se deriva del diferencial obtenido entre
sus operaciones realizadas para la clientela. El
Nasdaq fue desarrollado para dar visibilidad a un tipo de mercado que
anteriormente no la tenía. El uso de las computadoras hizo posible que se
diseminaran las posturas de los market-makers dispersos geográficamente en las
pantallas de Nasdaq. De esta manera, tanto los corredores como los
inversionistas pueden consultar las pantallas y enterarse de las posturas de
market-makers, y ellos mismos pueden ver las posturas de sus competidores y
mejorarlas con el fin de atraer a la clientela. La habilidad del sistema Nasdaq
en interactuar con otros mercados de valores en el mundo lo ha convertido en el
mercado más eficiente y efectivo del mundo. Mientras
que una bolsa de valores está limitada a las restricciones de su piso de
remates, el Nasdaq literalmente no tiene fronteras. Principalmente por este
motivo, el Nasdaq ha sido escogido como un modelo flexible para la mayoría de
los mercados de valores asiáticos y europeos que buscan desarrollar nuevas
opciones o mejorar sus mercados existentes. Rhoads
(1997) define a la figura del market-maker como: Cualquier
especialista autorizado para desempeñarse como operador, cualquier operador
desempeñándose como representante de una posición accionaria, y cualquier
operador dispuesto a comprar o vender acciones de una emisora para su posición
propia, de manera regular o continua, a someter posturas en sistemas operativos
o de otro tipo. (p. 43). Un
operador que con respecto a un valor en particular: (a) somete de manera regular
posturas competitivas de buena fe en un sistema operativo o reconocido; o (b)
proporciona posturas competitivas de buena fe al requerírselo; y está
dispuesto y posibilitado para efectuar transacciones de los valores sobre los
cuales ha sometido sus posturas. Por
lo anterior, las empresas que hacen los mercados en valores cotizados en la
Nasdaq están obligados a responder por sus posturas y ejecutar las
transacciones a los precios sometidos. En
términos amplios, las empresas market‑makers, (De la Guardia, 1999), se
dividen en seis grupos: 1.
Empresas excepcionalmente grandes, con cientos de oficinas y miles de
promotores, y generalmente altamente capitalizadas. Típicamente hacen mercados
en 500 y hasta 2.500 emisoras y cuentan con departamentos de operación de
enorme tamaño. 2.
Empresas mayoristas formadas por un grupo de empresas especializadas, ubicadas
en la zona metropolitana de la ciudad de Nueva York, que realizan la mayoría de
sus operaciones con otras instituciones. Operan de 1.000 a 5.000 emisoras, y
algunas se concentran en emisoras más Pequeñas e inactivas, otras en emisiones
nuevas, y otras en emisiones de alta bursatilidad. 3.
Empresas regionales que generalmente limitan sus actividades a una región geográfica,
realizando promoción de menudeo, análisis y banca de inversión. Operan entre
100 y 400 emisoras, generalmente de empresas locales. 4.
Empresas de banca de inversión, la mayoría de las cuales se ubican en la
ciudad de Nueva York y se dedican a la operación con emisoras grandes en cuyas
colocaciones han participado y que se consideran las blue chips del Nasdaq.
Generalmente operan con clientes institucionales. 5.
La categoría más pequeña la conforman empresas locales. Sus departamentos de
operaciones pueden tener apenas uno o dos operadores que se especializan en 10 a
50 emisoras. 6.
Otras empresas como pueden ser las conocidas como boutiques o que operan únicamente
con un tipo particular de clientela, o las que no caen dentro de las categorías
mencionadas. En
tal sentido, una empresa regional puede ser tan efectiva como una empresa de
mucho mayor tamaño, aunque tenga menos capital global, si destina los recursos
disponibles a una cantidad pequeña de valores locales. Este tipo de empresa no
siempre podrá competir en la operación de un número elevado de emisoras ni
podrá comprometerse a paquetes muy grandes de acciones, pero sí podrá ser muy
efectiva en la distribución de una acción que conoce bien. Se
puede observar, que las aplicaciones de las nuevas tecnologías han
revolucionado a todos los sectores de la economía mundial. Uno de los sectores
más beneficiados ha sido el de los servicios financieros, que se ha convertido,
casi de un día para otro, en una red electrónica mundial de terminales
interconectadas de pantallas múltiples. Todos los mercados que componen la
industria de servicios financieros dependen en menor o mayor medida, de las
tecnologías computacionales y, de telecomunicaciones para conjuntar a los
clientes y a los participantes de los mercados. El mercado Nasdaq debe tanto su
existencia misma como su liderazgo a esta misma tecnología. El
éxito del Nasdaq lo ha convertido en el modelo de varios mercados extranjeros
que han aplicado sus conceptos al estructurar mercados internos a las
necesidades y capacidades propias de esos países. El sistema Nasdaq es flexible
y proporciona a sus usuarios un mercado de valores con servicios completos que
utilizan tecnologías de informática para enlazarlos con otros usuarios en todo
el mundo. Los participantes pueden establecer y conectar estos mercados electrónicos
a otros de manera expedita, mejorando así las estructuras de mercado existentes
y adicionando nuevas donde no habían existido antes. El
Mercado de Capitales dirigido a la Pequeña y Mediana Empresa
en México. El
mercado de capitales para la pequeña y mediana empresa Mexicana comenzó sus
operaciones en julio de 1993. La razón principal de ser de un mercado
accionario es el facilitar la formación de capitales corporativos a través de
colocaciones públicas de acciones. Adicionalmente, deberá proveer un mercado
secundario eficiente que permita la cotización e intercambio de los títulos.
La Bolsa Mexicana de Valores (BMV), es el único mercado accionario de México,
ha realizado una labor admirable en facilitar la creación de capital a empresas
mexicanas a través de colocaciones accionarias, particularmente a partir de
1991. Sin
embargo, las emisoras han sido principalmente las empresas y grupos corporativos
más grandes del país; siendo éstas las beneficiadas de las abundantes fuentes
domésticas de capitales, así como de los altamente receptivos y líquidos
mercados internacionales. En
estricto rigor, los mercados accionarios de México aún muestran limitaciones
en cuanto a su influencia. A pesar de que constantemente se nos informa sobre el
comportamiento de acciones mexicanas cotizadas en mercados domésticos e
internacionales, el número de emisoras operadas es relativamente reducido y
representan únicamente a las empresas más grandes del país. Los
requisitos principales que deben cumplir las empresas que buscan
registrarse en la Bolsa Mexicana de Valores incluyen lo siguiente:
historial operativo mínimo de 3 años, un capital contable de 3 millones de
unidades de inversión (UDI´s), haber registrado una utilidad neta durante los
últimos 3 años, y la colocación pública inicial que deberá representar por
lo menos (30%) del capital social pagado después de la colocación entre un mínimo
de 200 accionistas. Dichos requisitos son independientes de la obligación de
cumplir con lo dispuesto en el Artículo 14 de la Ley del Mercado de Valores y
otros artículos relativos a1 registro y oferta pública de valores; así como
el apego a reglamentos internos de la Bolsa Mexicana de Valores y a otras
regulaciones aplicables. Una
colocación primara de acciones es aquella en la que la empresa emisora
autoriza, emite y vende acciones de nueva creación y el producto de la venta se
revierte directamente a la emisora. Se le denomina secundaria a una colocaci6n
accionaria cuando las acciones que se ofrecen al público inversionista ya están
en circulación con accionistas actuales, los cuales venden dichas acciones a
terceros y el producto de la venta es recibido por los accionistas vendedores. El
flujo de capitales durante el período en estudio también se vio influido por
el resultado del programa gubernamental de privatización, así como por los
fondos recibidos por las empresas cotizadas en Bolsa que efectuaron ofertas de
suscripción de acciones para incrementar capital, pero que no se consideran
ofertas públicas de acciones. Para
Rhoads (1997): Es
evidente que los mercados mexicanos de capitales han servido a muy pocas y
selectas empresas, contribuyendo así a la concentración de la riqueza y
excluyendo a una inmensa mayoría de empresas pequeñas, medianas y grandes en
todo el país, con enormes necesidades de capital. (p. 78). Para
lograr crecer y/o modernizarse, la mayoría de las empresas, han tenido que
depender de utilidades acumuladas o del crédito, el cual conlleva a las
dificultades ya expuestas. Por
esta razón, se reconoce la necesidad de incrementar el ahorro interno, tanto el
voluntario como el obligatorio, para complementarse con el ahorro externo e
invertirse en el desarrollo futuro del país. Sin embargo, el elemento que ha
faltado desde la introducción del actual modelo económico del país es el énfasis
en que por lo menos una parte del ahorro sea canalizado a la inversión en
acciones de forma permanente, así las empresas no dependerían tan
particularmente del crédito para financiarse. Esto
se puede lograr en parte con el desarrollo de un sistema de mercado de capitales
de mayor alcance y accesibilidad, al cual acudirían por igual todas las
empresas que cumplieran con los requisitos iniciales, sean pequeñas, medianas o
grandes. Glosario
de Términos Acción Accionista Agente Bolsa de Valores de Caracas Institución de carácter privado organizada
de acuerdo con la Ley venezolana para facilitar la negociación de títulos
valores autorizados por los organismos competentes y que actúan bajo la
vigilancia de la Comisión Nacional de Valores. Cartera de valores Conjunto de títulos valores en poder de una
persona natural o jurídica. Comisión
Nacional de Valores Organismo
creado por la Ley de Mercado de Capitales de fecha 16 de mayo de 1975,
dependiente del Ministerio de Finanzas (antiguo Ministerio de Hacienda) y el
Banco Central de Venezuela que tiene por objetivo la regulación, fiscalización
y control del mercado público de valores. Nasdaq Es
un índice accionario que recoge a los títulos valores, del sector tecnológico,
inscritos en la Bolsa de Valores de Nueva York.
Tiempo
Diferido Transmisión
de los datos, a partir de los 15 minutos de haber sido producidos en Tiempo
Real. Tipo
y Diseño de la Investigación En
toda investigación es de fundamental importancia que los hechos y relaciones
que establecen los resultados o los nuevos conocimientos tengan un grado de máxima
exactitud y confiabilidad por esta razón se presenta un procedimiento ordenado
que se sigue para establecer lo significativo de los hechos y fenómenos hacia
los cuales está encaminado el interés de la investigación. Para
lograr esto, es necesario determinar el marco metodológico, en todo trabajo de
investigación, el cual se define como “la instancia metodológica que alude a
conjunto de reglas, registros y protocolo con los cuales una teoría y un método
calculan las magnitudes de lo real”. (Balestrini, 1997,
p. 12). Este
constituye la médula del plan, el cual se
refiere a “la descripción de las unidades de análisis o de investigación,
las técnicas de observación y recolección de datos, los instrumentos, los
procedimientos así como de las técnicas de análisis”. (Balestrini,
1997, p. 12). “La
metodología incluye el tipo o tipos de investigación, las técnicas y los
procedimientos que serán utilizados para llevar a cabo la indagación” (Arias,
1999, p. 45). Debido a
que el propósito de este trabajo fue realizar un estudio para
analizar el mercado de capitales como alternativa de financiamiento para la
pequeña y mediana empresa (PYME) en Venezuela, se puede indicar que éste es
de tipo documental, con apoyo principalmente, en trabajos previos, información
y datos divulgados por medios impresos, audiovisuales o electrónicos,
permitiendo
conocer la situación, sobre la base de las características
del problema. El
análisis realizado se fundamenta en una investigación documental, debe señalarse
que la estrategia utilizada para obtener el contenido requerido, se enmarco en
la búsqueda y comprensión de la literatura recopilada, la cual es considerada
como significativa, puesto que aporta una información valiosa, para comprender
y evaluar el fenómeno o problema tratado. Para
Tamayo y Tamayo (l997), la Investigación Documental es: Una
variante de la Investigación Científica, cuyo objetivo fundamental es el análisis
de diferentes fenómenos (de orden histórico, psicológico, sociológico, etc.)
de la realidad a través de la indagación exhaustiva, sistemática y rigurosa,
utilizando técnicas muy precisas; de la documentación existente, que directa o
indirectamente, aporte la información atinente al fenómeno que estudiamos. (p.
48). De
acuerdo a la problemática tratada se tomaron en consideración los siguientes aspectos: ·
Características de las PYME. ·
El Funcionamiento del Mercado de Capitales Venezolano. ·
El Mercado de capitales dirigido a la pequeña y
mediana empresa en Estados Unidos y México. ·
El mercado de capitales como alternativa de
financiamiento para la pequeña y mediana empresa (PYME) en Venezuela. La
Bibliografía considerada es multitemática y sus fuentes proceden de: ·
Materiales de autores venezolanos residentes en el país y en el
exterior ·
Materiales de autores extranjeros sobre la temática en estudio. ·
Materiales publicados en el país en relación con el tema tratado. El
criterio de selección para la incorporación del material bibliográfico
clasificado, fue el cumplimiento de los objetivos General y Específicos. Por
otra parte, cabe considerar, que la investigación documental tiene su
importancia en las ciencias sociales, puesto que viene dada por su carácter
social, es decir la representación de la información que permite
conocer y trascender lo significativo del documento, y a su vez tiene por
objeto el estudio de los fenómenos a través del tiempo. En
opinión de los autores, cuando la fuente principal de información son
documentos y cuando el interés del investigador es analizarlos como hechos en
si mismos o como documentos que brindan información sobre otros hechos, se está
en presencia de una investigación que se tipifica como de Investigación
Documental. Según
Tamayo y Tamayo (1997), un Diseño Bibliográfico "es cuando se recurre a
la utilización de datos secundarios, es decir, aquellos obtenidos por otros y
nos llegan elaborados y procesados
de acuerdo con los fines de quienes inicialmente lo elaboran y lo manejan”.
(p. 70). En
la investigación planteada, cuyos objetivos están referidos al analizar el mercado de capitales como alternativa de
financiamiento para la pequeña y mediana empresa (PYME) en Venezuela
en la consecución de una visión conceptual de los elementos que intervienen en
ellas, el diseño que se aplicó fue bibliográfico. Procedimiento. Para
el desarrollo de la investigación trazada, y de acuerdo al planteamiento del
problema y los objetivos que se persiguen; se estudiaron
a través de una revisión hemero-bibliografica de las variables en
estudio.
El presente trabajo se realizó, utilizando en primer lugar el apoyo de fuentes
bibliográficas y documentales aplicadas al tema tratado, para de esta forma
cumplir con el objetivo fundamental de este trabajo. Para
el desarrollo de la investigación se cumplieron tres (3) etapas: 1.
La etapa inicial consistió en: Las
técnicas de recolección de información, que para Arias (1999) “son las
distintas formas o maneras de obtener la información". (p. 53). Conocer
y explorar todo el conjunto de fuentes útiles como libros, artículos científicos,
revistas, publicaciones y boletines diversos, ubicadas en bibliotecas,
utilizando los ficheros. Consulta de la literatura: selección y extracción o
recopilación de la información a través de las técnicas apropiadas, luego se
procesó la información a través del método deductivo. Se revisaron trabajos monográficos y de grado
relacionados con la investigación propuesta. 2.
La etapa intermedia comprendió: El
ordenamiento del material recabado para incorporar todo aquel que se considero
importante, lo cual se realizó a través de las técnicas de estudio las cuales
“se refieren a los medios que hacen manejables a los métodos de
pensamiento”. (Méndez, 1994, p.
18). 3.
En la etapa final, se realizó: La
ubicación y selección del material, luego se
inició el proceso de registro de información, a través de la técnica
del fichaje. Para Tamayo y Tamayo (1997) “las fichas de Trabajo son aquellos
instrumentos que nos permiten ordenar y clasificar los datos consultados y
recogidos, incluyendo observaciones y criticas.”. (p. 212)., la cual permitió
recabar toda la información proveniente de las fuentes documentales y bibliográficas,
que sustentaron el trabajo de investigación planteado. Generalidades. La
ausencia de un mercado de valores para empresas de baja capitalización en
Venezuela dificulta también la formación de nuevas inversiones productivas. Se
podría esperar que se incluyeran inversiones conjuntas de empresas
internacionales bien establecidas que buscaran inversionistas locales, así como
proyectos corporativos bien analizados y prometedores. Un
mercado de valores para empresas de baja capitalización podría facilitar la
colocación de ofertas públicas pequeñas. De acuerdo a Rojas (1999) “esto
sería posible pero dependerá de la estructura y el volumen potencial del
mercado”. (p.9). Es por ello que para el caso Venezolano se
hará necesario el desarrollo tecnológico y un marco legal acorde a las
exigencias internas, que facilite
el desenvolvimiento de las pequeñas y medianas empresas dentro del mercado de
capitales. La
operación de los mercados electrónicos es más económica que la de los
mercados convencionales con piso de remates. El costo de transacción en un
mercado electrónico debería ser considerablemente más bajo, lo que haría
posible negociar en valores de compañías registradas más pequeñas. El costo
de transacción en una institución grande y altamente estructurada, como la
Bolsa de Valores de Caracas, sería prohibitivo para un mercado de empresas de
baja capitalización. Para
Gómez
(1998),
en Venezuela, un nuevo mercado de valores para
empresas medianas y pequeñas “deberá ser de propiedad independiente, así
como operado de manera aislada de cualquier otro mercado de valores
organizado”. (p. 21). Su junta directiva podría consistir primordialmente de
empresarios de compañías medianas y pequeñas, representantes de Cámaras
Nacionales de Comercio y Miembros de la Comunidad Financiera Venezolana, quienes
se especialicen en valores de un mercado para compañías de baja capitalización.
Gracias a la sencillez de los mercados electrónicos, la inversión de capital
necesaria para establecer uno nuevo debe ser moderada. También en este caso,
sería necesario hacer un estudio de factibilidad. Aplicación
del Mercado de Capitales para las PYME Venezolanas. Venezuela
requiere desarrollar alternativas viables dentro de los mercados de
capital que proporcionen a cientos de empresas, medianas y pequeñas, capital
para crecer, así como una salida del círculo vicioso que presenta la
insolvencia continua de créditos a corto plazo. El presente estudio pretende
analizar nuevos enfoques que pudieran llegar a
servir de utilidad en la creación de un mercado de valores como
alternativa de financiamiento para las PYME
venezolanas. El
siguiente paso debería consistir en la creación de un mercado para compañías
mucho más pequeñas que el existente hoy en día. Un mercado electrónico para
empresas de baja capitalización podría facilitar la colocación de ofertas públicas
pequeñas. El incremento en el ahorro interno se traduce naturalmente en mayor
inversión y por ende, en mayor tasa de empleo. El ahorro extranjero seguirá
contribuyendo en forma importante al desarrollo futuro de Venezuela, pero deberá
complementar y no subsistir al ahorro interno. Se
requiere de un nuevo mecanismo de mercado de capitales para financiar
satisfactoriamente el crecimiento del sector de las PYME en el país.
Gómez (1998) refiere que “una alternativa apropiada y viable sería la
implantación de un sistema de mercado Over the Counter tipo NASDAQ” (p. 29).
El tipo de mercado de baja capitalización propuesto para Venezuela sería minúsculo en comparación con el de Estados Unidos,
pero sus estructuras operativas y legales serían semejantes. El
mercado NASDAQ en Estados Unidos es el mercado de valores electrónico más
grande del mundo. Mediante el uso innovador de tecnología de punta
computacional y de telecomunicaciones, el NASDAQ mantiene una red de operadores
conocidos como market‑makers que compiten libremente entre sí por medio
de terminales de computadora, en un ambiente operativo sin piso de remates físico.
Estos
market-makers compiten abiertamente para ejecutar sus órdenes capturando en el
sistema, a través de sus terminales, por lo menos el lote mínimo estipulado de
títulos acciones a los precios a los que están dispuestos a comprar o vender
esas acciones. Esta es una red internacional de remate totalmente visible y
transparente. Rhoads
(1997) señala que a través de su compañía subsidiaria de mercados
internacionales: NASDAQ
ha contribuido a la creación y desarrollo de varios mercados emergentes de
valores, incluyendo los de la Federación Rusa, Ucrania, Australia y la República
Popular de China. También ha colaborado en los procesos de modernización de
mercados desarrollados mediante consultorías, entrenamientos y transferencias
de tecnología. (p. 83). El
amplio alcance de los proyectos internacionales de NASDAQ ha permitido su
participación en programas de asesoría técnica relacionados con el desarrollo
de sistemas de compensación y liquidación, mercados por terminales y en la
creación de redes de información compartida; entre otros. Un
mercado tipo NASDAQ, conformado por empresas de baja capitalización, serviría
para unir a los muchos centros urbanos que existen en Venezuela mediante intermediarios regionales y nacionales dentro de una
red de cobertura nacional de terminales operativas con lo que se facilitaría el
desarrollo de mercados de capital locales y regionales y no se requeriría
recinto de remates en piso alguno. El mercado potencial consistiría en las
empresas medianas, pequeñas y hasta grandes. Muchas
empresas altamente endeudadas obtienen utilidades operativas, pero los costos
del servicio de su deuda son prohibitivos. Dentro de un sistema de mercado tipo
NASDAQ de baja capitalización, los bancos acreedores podrían promover que las
empresas medianas y pequeñas altamente endeudadas y que califiquen para ello,
sustituyeran deuda por capital realizando ofertas primarias de acciones. Esto
contribuiría a que los bancos lograran bajar sus índices de cartera vencida,
mientras que los empresarios lograrían capitalizar sus compañías. El
ahorro obligatorio a través de un sistema nacional de fondos de pensiones
ayudará a incrementar los niveles de ahorro interno, el cual se canalizará
hacia inversiones productivas. La
reacción de los inversionistas extranjeros ante un mercado del tipo descrito
sería de beneplácito, dada la posibilidad de tener una gran cantidad de
oportunidades de inversión en acciones venezolanas de fácil acceso y buena
liquidez. La operación internacional se efectuaría dentro de la red de
terminales donde las órdenes de compra y venta se consumarían directamente sin
necesidad de utilizar uno o varios intermediarios. Además, los múltiples
market‑markers aportarían al mercado una liquidez continua, incluso tratándose
de las emisiones más pequeñas. Usando tecnología actual, las órdenes
ejecutadas se confirmarían en menos de noventa (90)
segundos y los procesos de compensación, liquidación y custodia se
manejarían también electrónicamente. Una
gama más amplia de acciones venezolanas operadas
activamente estimularía asimismo la participación de fondos de inversión
nacionales y extranjeros. Francés (1999) opina al respecto que “los fondos
extranjeros de capital de riesgo estarían particularmente interesados, ya que
tendrían dentro de sus opciones de inversión las acciones de crecimiento de
medianas y pequeñas empresas que actualmente están fuera de su universo de
inversión”. (p. 84). Se podrían
crear también fondos de inversión regionales o especializados en una industria
o ramo específico, lo cual contribuiría a incrementar la demanda total del
mercado. En
tal sentido, las condiciones básicas requeridas para lograr el crecimiento económico
de las PYME venezolanas serian: el
nivel del ahorro total, particularmente el ahorro interno, necesariamente será
incrementarse durante los próximos años. Se requiere ahorro que pueda ser
canalizado a la inversión productiva. Los mercados de valores pueden realizar
una función importante en este proceso. Se crea riqueza por medio de los
mercados públicos de capitales cuando los valores de mercado superan los costos
originales. El valor de mercado, es decir, el precio al que una acción puede
ser vendida, está relacionado con el ahorro en el sentido de que los recursos
monetarios obtenidos de la venta de acciones se transforman en ahorro. El
ahorro privado, interno y del extranjero, puede estimularse de varias maneras.
Las tasas de inflación tienen que ser lo suficientemente bajas y sostenibles
para motivar al ahorro y convertirse en inversión productiva. Se deberán diseñar
reformas fiscales que revitalicen la actividad productiva, la inversión y el
ahorro. En este sentido, se deberán legislar modificaciones fiscales que
motiven a las empresas venezolanas a reinvertir sus utilidades en vez de
distribuirlas en forma de pago de dividendos. Otra consideración sería el
permitir la depreciación acelerada de nuevos activos fijos productivos, tales
como maquinaria y equipo. Esta medida contribuiría a fomentar nuevas
inversiones de parte de las pequeñas y medianas
empresas en Venezuela. En
este orden de ideas, el mercado de valores se presenta como una nueva
alternativa de financiamiento para las PYME Venezolanas. Es por esta razón, que
las empresas pequeñas y medianas necesitan capital para no depender del costosísimo
crédito bancario, a veces inaccesible con la necesidad de opciones para
invertir en empresas con rentabilidad y
liquidez. El
Desarrollo Económico Venezolano y la Pequeña y Mediana Empresa Las
prácticas proteccionistas aplicadas desde la década de los cincuenta como:
sustituciones de importaciones, mercado protegido, tasas de interés
controladas, moneda sobrevaluada, control de precios y ayuda financiera estatal
contribuyeron a crear muchas empresas diseñadas para atender el mercado
nacional. Cuando la crisis de los ochenta obligó a desmantelar esa política
económica, quedó en evidencia la deficiente gerencia de muchas empresas,
especialmente las PYME, y las necesidad de internacionalizarlas para que
pudieran penetrar mercados de otros países que compensarán las pequeñas
dimensiones del mercado nacional con los productos importados. Las
políticas públicas dirigidas a la PYME se limitaron durante muchos años a
otorgar financiamiento barato y fijar aranceles altos que la protegieran de la
competencia internacional. Pero, al mismo tiempo, no se exigió que esas
empresas fueran competitivas ni se brindaron programas de capacitación
empresarial y técnica; tampoco se establecieron plazos a la protección. Así,
se puso en práctica un apoyo deficiente para empresas poco eficientes que dio
argumentos a los detractores del intervensionismo estatal para desmantelar
cualquier protección a la PYME. Desde entonces, las políticas públicas han
oscilado entre el paternalismo estatista y el neoliberalismo salvaje. Francés
(1999) refiere que “la política económica de los gobiernos venezolanos entre
1989 y 1999 estuvo marcada por la apertura comercial que se inició a finales de
los años ochenta”. (p. 44). Esta política se tradujo en reducciones
arancelarias y en la formación de zonas de libre comercio, principalmente con
los países signatarios del Acuerdo de Cartagena: Colombia, Ecuador, Perú y
Bolivia. Durante la década de los noventa, que abarca el segundo gobierno de
Carlos Andrés Pérez (1989-1993) con El Gran Viraje y la segunda administración
de Rafael Caldera (1994-1999), principalmente a partir de 1996 con la Agenda
Venezuela, la política hacia la pequeña y mediana empresa (PYME) estuvo
reducida a medidas específicas y coyunturales que intentaron responder a sus
principales problemas: las dificultades para acceder al financiamiento y el
encarecimiento del crédito. Las
cifras de la OCEI, (1999), muestran que: Entre
1989 y 1995, el número de PYME se redujo de 9.977 a 8.055. Esta tendencia se
revirtió a partir de 1996; pero nuevamente aparecieron signos de decrecimiento
en 1998, debido a la contracción de la economía y el alza de las tasas de
interés. (p. 3). Las
estadísticas de la ONUNDI (1999), el gremio de las PYME, indican que 2.400
empresas cerraron o redujeron su capacidad de producción durante 1998, lo cual
implicó la desaparición de 350.000 empleos. Según los indicadores del mercado
laboral de la OCEI, había 2.226.083 artesanos, operarios en fábricas y
trabajadores en ocupaciones afines al sector industrial a finales de 1998, 23
por ciento de la población económicamente activa, de los cuales se encontraban
desocupados 303.143, equivalente a 13,6 por ciento de este grupo. En 1989, de
acuerdo con la OCEI, la PYME empleaba 189.760 personas 39 por ciento del total
de trabajadores de la industria fabril. En 1994, cuando concluyó el primer año
del gobierno del presidente Caldera, esa cifra se redujo a 172.794, mientras que
el porcentaje con respecto al total de trabajadores del sector industrial no
varió. Durante
la administración de Carlos Andrés Pérez, las PYME no participaron en el diseño
de la política de apertura comercial ni se diseñaron políticas que les
permitieran invertir en mejoramiento de tecnología, modernización de la
gerencia y desarrollo de productos. En el período del presidente Caldera, las
dificultades comenzaron con la crisis del sistema financiero de 1994, que se
inició con la intervención del Banco Latino y se extendió a más de una
decena de instituciones bancarias. Por un lado, resultaron afectadas las
empresas que tenían créditos con los bancos intervenidos; por el otro, se
suspendió el financiamiento a las PYME. La
situación no ha cambiado: las altas tasas de interés y los trámites o
recaudos que exige el sistema financiero no han permitido restituir el crédito
a las PYME. Además, el sector se vio afectado por la inexistencia de una política
de fianzas o garantías para las inversiones, sobre todo porque la única
institución destinada a este fin, la Sociedad de Garantías Recíprocas para la
Pequeña y mediana Industria (SOGAMPI), que desde 1993 enfrenta problemas
financieros, se creó, sin soporte legal ni reglas de supervisión financiera. En abril de 1996, cuando se
eliminaron los controles de cambio y de precios establecidos en junio de 1994,
la economía venezolana volvió a abrirse con la aplicación de la Agenda
Venezuela. En este programa económico se establecieron los objetivos de
diversificar la economía y fortalecer las PYME mediante cadenas o vínculos de
negocios con la gran industria en áreas competitivas o grupos líderes de
actividad: petróleo, petroquímica, metal y metalmecánica, eléctrico y
forestal. Además, se crearon fuentes de financiamiento mediante convenios entre
entes oficiales como el Banco Industrial de Venezuela (BIV), el Fondo de Crédito
Industrial (FONCREI), Corporación de Desarrollo para la Pequeña y Mediana
Industria (CORPOINDUSTRIA) y la Sociedad Nacional de Garantías Reciprocas para
la Mediana y Pequeña Industria (SOGAMPI), de manera que los préstamos para
mejoramiento y modernización se ofrecieran con tasas de interés entre 80 y 90
por ciento menores que las del resto del sistema financiero. Esta
acción buscaba revertir la tendencia que hasta 1996 mostraban las PYME: no
emprender mejoras productivas ni ejecutar programas de capacitación. Además,
se propiciaron convenios entre gobernaciones y entes financieros del Estado para
realizar actividades de entrenamiento, y se intentó que las PYME exportaran y
tuvieran mayor presencia en el mercado interno. Los
representantes de las PYME advirtieron ausencia de estímulos fiscales y políticas
de compras gubernamentales, situación que contrasta con la de Brasil, Colombia
o Trinidad y Tobago. En relación con las compras gubernamentales, la situación
se agravó cuando en el primer semestre de 1998, el sector público gobierno
central y Petróleos de Venezuela restringió su adquisición de bienes
nacionales: primero, por la limitación financiera que impuso la caída de los
ingresos petroleros; segundo, por la decisión de reducir la liquidez monetaria
o dinero circulante como manera de abatir la inflación. Rojas
(1999) señala que:
Un
reclamo adicional de pequeños y grandes industriales es la dificultad de
competir en mercados foráneos, debido a la política del Banco Central de
Venezuela de reducir la inflación mediante la sobrevaluación del bolívar, un
reclamo más contundente en momentos de caída en la demanda interna. (p. 32). Por
último, durante el gobierno de Caldera no se efectuaron las reformas educativas
que mejoraran la capacitación de los recursos humanos de las PYME y la gran
industria. Dentro
de esta perspectiva, el presidente Hugo Chávez fue el candidato presidencial
que más referencia hizo en su discurso y en su oferta electoral a la pequeña y
mediana empresa, aunque otras opciones presidenciales destacaron la necesidad de
fortalecer este sector. En la propuesta de Hugo Chávez para transformar a
Venezuela, las PYME fueron incluidas en un apartado sobre las medidas
relacionadas con la producción de bienes de consumo esenciales y con el impulso
a la economía. Se enfatiza su importancia por el volumen de empleo que genera
este sector y su aporte productivo y se ofrecieron políticas, tanto crediticias
como de incentivos. Una
diferencia entre el programa de Hugo Chávez y el de otros candidatos era la
participación de la PYME en el programa de desconcentración para el desarrollo
sustentable. Las cooperativas y las PYME son agentes capaces de frenar la
concentración de la población en la zona centro norte costera del país,
porque son los que más reinvierten localmente, estimulan inmediatamente al
mercado, crean circuitos económicos en sus regiones y generan democratización
del capital. En
tal sentido, las PYME deben incorporarse a las regiones con programas
determinados por tres ejes: Orinoco, Apure, Occidental entre Maracaibo, San
Cristóbal y Guasdualito y Oriental entre Porlamar, Puerto La Cruz, Maturín y
Ciudad Guayana. Incluso, se otorga importancia a los estímulos que las PYME
puedan recibir del Estado en particular, en los sectores del acero, aluminio, química,
petroquímica, petróleo y gas. El
gobierno de Hugo Chávez comenzó en un escenario económico de contracción: la
economía arrastra una caída de 1,7 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB)
al cierre de 1998 y durante el primer trimestre de 1999 muestra una contracción
de 9,8 por ciento del PIB comparado con los primeros tres meses de 1998. Al
mismo tiempo, el sistema financiero registra altas tasas de interés. Aunque se
ofrecen préstamos a las grandes corporaciones a 20 por ciento anual, estimación
de la inflación anual en diciembre de 1999, las PYME deben pagar tasas de 40
por ciento o más y cumplir trámites exigentes para conseguir financiamiento.
Esto determinó que el Ministerio de Industria y Comercio (MIC) retomara el
proyecto de Ley para las Sociedades de Garantías Recíprocas en el marco de la
Ley Habilitante, de manera que a estas sociedades se les otorgara el soporte
legal que necesitaban ante el Ministerio de la Secretaría de la Presidencia,
(OCEI, 1999). La
ausencia de base jurídica, sobre todo en lo relativo a la supervisión, nunca
generó confianza en el sistema financiero. Incluso SOGAMPI fue intervenida y no
ha logrado independizarse de los aportes del Estado, como fue la intención al
crearla en 1991 y recibir un capital semilla de los ingresos públicos, lo que
obligo a las sociedades de garantías recíprocas a regirse por los criterios de
supervisión que utiliza la Superintendencia de Bancos para el sector financiero
que permite la creación de este tipo de instituciones por sectores, regiones o
con capitales mixtos. Además, se acepta que las sociedades otorguen fianzas o
garantías a las compañías que soliciten créditos o préstamos a entes
estatales como CORPOINDUSTRIA o el BIV. La
intención del MIC es que la obtención de una garantía recíproca o fianza
permita a las PYME obtener préstamos a tasas de interés menor, por la
disminución o eliminación del riesgo de que las empresas incurran en mora. Existen
dudas sobre la efectividad de las garantías para el desarrollo de las PYME. La
Oficina de Asesoría Económica y Financiera del Congreso de la República
(1999) hizo las siguientes advertencias: ·
Dado que el retorno de la inversión es garantizado por el agente
fiador, no hay incentivo para que el prestamista supervise el desempeño del
prestatario. ·
El otorgamiento de garantías podría inducir un exceso de inversión
en actividades productivas que involucran un riesgo mayor. ·
El Ejecutivo tendría que absorber las pérdidas de aquellas sociedades
de garantías recíprocas caso SOGAMPI que se deriven de fracasos de proyectos
de inversión. ·
En una situación de inestabilidad económica, el otorgamiento de
garantías con respaldo de recursos públicos podría empeorar las cuentas
fiscales. En
tal sentido, la propuesta del sistema de garantías también se recoge en las
acciones de mediano plazo del Programa Económico de Transición
1999‑2000, elaborado por CORDIPLAN en 1999. En este programa se plantea la
unificación de los organismos financieros del Estado, de manera que conformen
un fondo único global que incluya asistencia técnica y financiera
especialmente para las PYME. Al igual que la legislación sobre garantías recíprocas,
la unión de los entes financieros públicos está incorporada en la autorización
que dio el Congreso al Poder Ejecutivo con la Ley Habilitante. Asimismo, el
referido programa incorpora postulados de la Agenda Venezuela: prioridad de
determinadas áreas productivas, sustentadas sobre ventajas comparativas y
competitivas, y la necesidad de propiciar vínculos entre la PYME y la gran
industria en las áreas de hidrocarburos, aluminio, forestal, frutas frescas y
derivados del mar. La
situación de crisis económica generalizada por la que ha atravesado el país,
ha obligado a que las instituciones, tanto públicas como privadas, se
transformen y tengan una visión mas articulada en su conjunto, abriendo espacio
para la concertación. Cabe destacar que desde el año 1999 a la fecha de
realización de este estudio, el gobierno nacional ha trabajado en la creación
de un contexto legal para promover el desarrollo y financiamiento de la PYME. Durante
el marco de la Ley Habilitante de 1999 fueron aprobadas
diez y ocho (18) leyes que se relacionan, tienden a regular y dar una
estructura jurídica a la PYME, siendo las siguientes: 1.
Ley Nº 1.547 para la Promoción y Desarrollo de la Pequeña
y Mediana Industria. 2.
Ley Nº 1.250 de Creación, Estimulo, Promoción y
Desarrollo del Sistema Microfinanciero. 3.
Decreto con Rango y Fuerza de Ley Nº 1.526, de reforma de
la Ley General de Bancos y otras Instituciones Financieras. 4.
Decreto con Rango y Fuerza de Ley Nº 1.552 de Reforma
Parcial de la Ley del Fondo de Crédito Industrial (FONCREI). 5.
Decreto con Rango y Fuerza de Ley Nº 1.274 de
Transformación del Fondo de Inversiones de Venezuela en el Banco de Desarrollo
Económico y Social de Venezuela. 6.
Banco Industrial de Venezuela. 7.
Decreto con Rango y Fuerza de Ley Nº 1.455 de Reforma
Parcial a la Ley del Banco de Comercio Exterior (BANCOEX). 8.
Decreto con Fuerza
de Ley Nº 1.550 de los Fondos y las Sociedades de Capital de Riesgo. 9.
Ley de creación del Fondo de Garantías para la Pequeña
y Mediana Empresa. 10.
Sociedad de Garantías para la PYMI (SOGAMPI). 11.
Ley de creación del Banco del Pueblo. 12.
Ley de creación del Banco de Desarrollo de la Mujer. 13.
Decreto con Rango y Fuerza de Ley Nº 1.532 de
creación del Fondo Único Social. 14.
Decreto con Rango y Fuerza de Ley Nº 1.440 de reforma
parcial de la Ley Especial de Asociaciones Cooperativas. 15.
Decreto con Rango y Fuerza de Ley Nº 1.469 de Zonas
Especiales de Desarrollo Sustentable (ZEDES). 16.
Decreto con Rango y Fuerza de Ley Nº 1.290 de Ciencias,
Tecnología e Innovación. 17.
Decreto con Rango y Fuerza de Ley Nº 1.127 de Reforma
Parcial de la Ley sobre Adscripción de Institutos Autónomos, Empresas del
Estado, Fundaciones, Asociaciones y Sociedades Civiles del Estado a los Órganos
de la Administración Central. 18.
Ley Marco que Regula el Sistema Financiero Público del
Estado Venezolano. Todo lo expuesto debe
considerarse bajo la estructuración que abordó la Fundación para el
Desarrollo de la Pequeña y Mediana Empresa en América Latina (FUNDES), en
función al diseño e implementación de políticas económicas para clarificar
el rol del estado en el contexto específico de operación, es decir no sólo la
organización del estado, sino también el origen y la evolución del sistema
normativo y regulatorio de la vida social y económica, con el fin de
desarrollar el sector de las PYME como apoyo fundamental para el crecimiento
sostenido de la economía venezolana. 6.
Conclusiones y recomendaciones Conclusiones Efectuado
el análisis bibliográfico de las variables en estudio se concluye que: Las
PYME son unidades de explotación económica que realizan actividades de
producción de bienes industriales y servicios conexos, con una carga laboral
relativamente baja que oscila entre 11 a 50 empleados promedio anual, con las
cualidades de generar niveles competitivos de producción que ayudan al
crecimiento económico y social del país, y que a su vez sirven de redes
articuladas para la distribución y comercialización a escala de los bienes y
servicios de las grandes corporaciones. Hoy
día, las PYME juegan un papel importante en el desarrollo de las economías
modernas por diferentes razones, entre las cuales se encuentran: son fáciles de
establecer, generan empleos, son grandes empresas en potencia y, si bien se
pueden producir bienes tradicionales. Sin
embargo, las necesidades de financiamiento para su funcionamiento y crecimiento,
no han sido abordadas eficientemente por los entes competentes , aunado a esto,
esta el difícil acceso a los
recursos financieros en el mercado de dinero, por los distintos requisitos
exigidos como solvencia, rentabilidad, patrimonio y afianzamiento que le son difícil
de cubrir al momento de solicitar un créditos a corto plazo, donde las tasas de
interés no son preferenciales, provocando su descapitalización y por
consiguiente se declaran en suspensión de pagos o
en quiebra. Por
lo antes expuesto, los autores consideran al mercado de capitales como una
fuente alternativa de financiamiento a largo plazo para las PYME venezolanas, ya
que este les permitirá generar
nuevas perspectivas de crecimiento y dejar de depender del costosísimo crédito
bancario, que en muchos casos se ha vuelto inaccesible. Es importante destacar
que en este momento las normativas que rigen al Mercado de Capitales y la Comisión
Nacional de Valores dificultan la participación de las PYME, por lo que su
inclusión en dicho mercado requerirá hacer cambios en este aspecto, entre los
cuales se pueden mencionar el capital mínimo requerido, niveles de facturación
y rentabilidad. Generalmente
se sostiene que los mercados de capitales son unos de los factores básicos del
crecimiento económico. En cada país las instituciones correspondientes desempeñan
el papel de intermediados entre ahorradores e inversionistas y movilizan una
proporción importante del ahorro interno. Habida cuenta que la mayor parte de
la inversión es financiada por frentes nacionales se puede sostener que el
crecimiento económico de los distintos países depende en gran medida de la
capacidad y eficiencia de los respectivos mercados de capitales. Por
esta razón, es importante resaltar el éxito que ha tenido la aplicación del
mercado de capitales en Estados Unidos y México donde han estructurado sus
mercados internos a las necesidades y requerimientos de los mismos. El sistema
NASDAQ es flexible y proporciona a sus usuarios un mercado de valores con
servicios completos, contando con
una legislación ajustada a las necesidades del mercado y con una tecnología de
punta que les permite enlazarlos con otros usuarios en todo el mundo. Por otra
parte el mercado de capitales
desarrollado en México, ha tenido una labor admirable al facilitar la creación
de capital a empresas Mexicanas a través de colocaciones accionarias, sin
embargo, no ha sido del todo exitoso, ya que las empresas
beneficiadas en su mayoría pertenecen a
los grupos corporativos más grandes del país. Con
apenas 23 años desde su creación el NASDAQ ha llegado a convertirse en el
mercado de capitales electrónicos más grande del mundo, llegando a realizarse
más de la mitad de las acciones operadas diariamente en los Estados Unidos de
Norte América. Siendo considerado como el segundo mercado de valores a nivel
mundial en términos de monto en dólares
operados. Recomendaciones Efectuadas
las conclusiones sé formularon las
siguientes recomendaciones: El
financiamiento de las PYME a través
del Mercado de Capitales, requiere que estas se adecuen a las exigencias de La
Ley de Mercado de Capitales y Reglamentaciones, Normativas de la Comisión
Nacional de Valores, y de la Bolsa de Valores de Caracas, y otras relacionadas,
es de hacer notar que en este momento éstas dificultan la participación de las
PYME, por lo que para su inclusión en dicho mercado se requiere hacer cambios
en el capital mínimo exigido, niveles de ventas e indicadores de rentabilidad. Un
mercado del tipo de NASDAQ de baja capitalización sería idóneo para Venezuela
en estos momentos. Los centros urbanos más grandes de la provincia
venezolana se unirían fácilmente por medio de los intermediarios financieros
nacionales y regionales, a través de una red nacional de estaciones de trabajo
computarizadas. No se requeriría un recinto físico de piso de remates,
substituyéndose por un sistema de mercado electrónico basado en terminales de
computadora. El mercado potencial consistiría de aquellas empresas pequeñas,
medianas y grandes en todo el país que calificarían para cotizarse en un
mercado venezolano para empresas de baja capitalización pero no en la Bolsa de
Valores de Caracas o Maracaibo, o que por alguna otra razón, prefirieran
registrarse en un mercado electrónico over the counter. 7.
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Palo Verde
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