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Bajo la sombra del Paraíso poético de Vicente Aleixandre

Resumen: El presente trabajo persigue un acercamiento a la poética de Vicente Aleixandre a través de un análisis del estilo funcional artístico en algunos de sus poemas del libro Sombra del Paraíso, considerado su obra capital
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Autor: Lic. Ronald Antonio Ramírez Castellanos
RESUMEN
RESUMEN

 El presente trabajo persigue un acercamiento a la poética de Vicente Aleixandre a través de un análisis del estilo funcional artístico en algunos de sus poemas  del libro Sombra del Paraíso,  considerado su obra capital.

Con el análisis se intenta abordar, mediante un enfoque estilístico, la diversidad temática en sus composiciones poéticas, partiendo de su concepción visionaria de un mundo idealizado por el poeta, contrapuesto a la verdadera realidad de su entorno vital, la realidad contemporánea, amén del tema único de toda la obra que conforman, la cual será tratada en un pequeño acápite dentro de este trabajo. Con todo se pretende demostrar que Vicente Aleixandre, a pesar de ser integrante del movimiento vanguardista de la generación del 27, fue el que más busco con su poesía el modo de evadirse del mundo.

Sombra del Paraíso y la obra de Aleixandre

La obra de Aleixandre comienza  verdaderamente con Pasión de la Tierra, libro de Poemas en prosa. Siguen luego Espadas como labios, La destrucción o el amor y Sombra del Paraíso. Esta obra en su conjunto representa un nuevo viraje para la poesía española. Pero es con su poemario Sombra del Paraíso que el poeta alcanza su plenitud de creación.

El único tema aquí de sus composiciones poéticas es el Universo, la Creación, la vida. En Espadas como labios se nos presenta como una horrible confusión y entrecruzamiento de fuerzas. En La destrucción o el amor como una genial combinación en que cada forma encuentra su principio, su devenir y acabamiento. Ya en Sombra del Paraíso es la imagen serena del existir del mundo, en su día original. Los poetas son aquí ángeles desterrados de su celeste origen. Y él, poeta, escribe desde su doble cansancio, desde su doble tristeza como un ente impuro de la difusa humanidad. Y a este mundo pertenece el poeta.

Sombra del Paraíso es una visión emanada y justificada por un humano deseo: el ansia de pureza, de elementalidad, de autenticidad que Aleixandre siente de un modo profundo en la radicalidad de su ser. Se mira lo elemental como el supremo modo de existencia. En Sombra del Paraíso se nos presenta la proyección de un mito: la existencia de un pasado remoto, de una edad dorada, un mágico edén, donde el poeta vivió, y que ahora, al hacer poesía , recuerda “sin saberlo”. El mundo poético de este Sombra del Paraíso gira sobre la idea de que el hombre ha nacido para ser un puro elemento de la naturaleza.

De este modo, Sombra del Paraíso contará desde una doble vertiente: desde el cansancio humano, desde el humano abatimiento (realidad vital) y desde la alegre contemplación del paraíso (visión del poeta). La postura primera será como el contraste de la visión, la fuerza que lo justifica: la angustia. Es lo que da hondura al tema paradisíaco.

El mundo lírico de Sombra del Paraíso es como ya lo define su título un mundo paradisíaco, donde los elementos de la Naturaleza –el río, el cielo, el mar, la noche, la isla, los seres, el amor- irradian su más pura y virginal belleza, como criaturas desnudas  de un mundo recién creado. En sus versos el poeta parece recordar con nostalgia la radiante hermosura, los celestes destellos de ese mundo evocado. Si oímos al propio poeta veremos como ese mundo de belleza fue habitado un día por él.

Al describir las visiones de ese mundo paradisíaco, lo ha hecho Aleixandre con apasionada melancolía  y con palabras iluminadas por ese mismo resplandor del mundo que evoca, y que no es un paraíso clásico, sino romántico: un paraíso de la juventud.

La Naturaleza y lo natural cobran  singular importancia en esta obra, contemplándose como la fuente de toda verdad. Los hombres que se alimentan de su vitalidad nutricia estarán a salvo. Los que se alejen de su honda llama perecerán. El tema de la naturaleza, tan central en esta lírica, parece ser tratado de modo directo y significativamente son numerosos los poemas que así lo realizan, desde muy diferentes situaciones y tonos: a la luna (Luna del Paraíso). El mar se cuenta 4 veces en Sombra del Paraíso (Destino trágico, Mar del Paraíso,  El mar, y La Isla) El sol (en  El sol e Hijos del Sol). Distintos aspectos de la Naturaleza: el cielo (El cielo), el campo (Adiós a los campos); el aire (El aire); la tierra (La Tierra); el río (El Río); el paisaje primaveral (Primavera en la Tierra); la lluvia (Lluvia); el fuego (El Fuego).

En este trabajo nos centraremos en el estudio más estrecho de algunos poemas, diez en total, de los cuales trataremos de acercarnos mediante un análisis estilístico –tal y como definimos en nuestros objetivos- a la diversidad temática de su concepción paradisíaca, teniendo como premisa fundamental la oposición entre mundo real- mundo virtual latente en la poesía de este libro. Los poemas seleccionados son los siguientes: Ciudad del Paraíso, Mar del Paraíso, Primavera en la Tierra, Poderío de la Noche, Noche cerrada, Diosa, Al hombre y esta trilogía de los Inmortales: La Tierra, El Fuego y el Aire,[1] destacando en ellos una variedad de temas en los que el hombre, la tierra y la naturaleza toda alcanzan  diferentes connotaciones semánticas, teniendo en cuenta, como ya expliqué,  la premisa fundamental de su obra.

Ciudad del Paraíso

A mi  ciudad de Málaga.

Siempre te ven mis ojos, ciudad de mis días marinos.

Colgada del imponente monte, apenas detenida

En tu vertical caída a las ondas azules

Pareces reinar bajo el cielo, sobre las aguas, intermedia en los aires

como si una mano dichosa te hubiera retenido, un momento de gloria, antes

de hundirse para siempre en las olas amantes.

Pero tú duras, nunca desciendes, y el mar suspira

o brama por ti, ciudad de mis días alegres,

ciudad madre y blanquísima donde viví y recuerdo,

angélica ciudad que, mas alta que el mar, presides sus espumas.

Calle apenas, leves, musicales. Jardines

donde flores tropicales elevan sus juveniles palmas  gruesas.

Palmas  de luz que sobre las cabezas, aladas,

mecen el brillo de la brisa y suspenden

por un instante labios celestiales que cruzan

con destino a las islas remotísimas, mágicas,

que allá en el azul índigo, libertadas, navegan.

 

Allí también viví, allí, ciudad graciosa, ciudad honda.

Allí, donde los jóvenes resbalan sobre la piedra amable,

 y donde las rutilantes paredes besan siempre

a quienes siempre cruzan, hervidores,  en brillos.

 

Allí fui conducido por una mano materna.

Acaso de una reja florida, una guitarra triste

cantaba la súbita canción  suspendida en el tiempo;

quieta la noche, mas quieto el amante,

 bajo la luna certera que instantánea transcurre.

 

Un soplo de eternidad pudo destruirte,

Ciudad prodigiosa, momento que en la mente de un Dios emergente.

Los hombres por un sueño vivieron; no vivieron;

Eternamente fúlgidos  como un soplo divino.

 

Jardines, flores. Mas alentando como un brazo que anhela

a la ciudad voladora entre monte y abismo,

 blanca en los aires, con calidad de pájaro suspenso

que nunca arriba. ¡Oh ciudad no en la tierra!

 

Por aquella mano materna fui llevado ligero

Por tus calles ingrávidas. Pie desnudo en el día.

Pie desnudo en la noche. Luna grande. Sol puro.

Allí en el cielo eras tú, ciudad que en él morabas.

Ciudad que en él volabas con tus alas abiertas.  

 

Mar del Paraíso.

 

Heme aquí frente a ti, mar, todavía...

Con el pecho de la tierra en mis hombros,

Impregnado todavía el efímero deseo apagado del hombre,

Heme aquí, luz eterna, vasto mar sin cansancio, ultima impresión de un mar que no                                         acaba, rosa del mundo ardiente.

 

Eras tu, cuando niño,

La sandalia fresquísima para mi pie desnudo.

Un albo crecimiento de espumas por mi pierna

Me engaña en aquella remota  infancia de delicias.

Un sol, una promesa

De dicha, una felicidad humana, una cándida correlación de luz

Con mis ojos nativos, de ti mar, de ti cielo, imperaba generosa sobre mi frente deslumbrada

Y extendía sobre mis ojos su inmaterial palma alcanzable,

Abanico de  amor o resplandor continuo

Que imitaba unos labios para mi piel sin  nubes.

 

Lejos el rumor pedregoso de los caminos oscuros

Donde hombres ignoraban su fulgor aun virgíneo.

Niño grácil, para mi la sombra de la nube en la playa

No era el torvo presentimiento de mi vida en su polvo,

No era el contorno bien preciso donde la sangre un día acabaría coagulada, sin destellos y sin numen.

Mas bien., como mi dedo pequeño, mientras la nube detenía su paso,

Yo trace sobre la fina arena dorada su perfil estremecido,

Y aplique mi mejilla sobre su tierna luz transitoria,

Mientras mis labios decían los primeros nombres amorosos.

Cielo, arena, mar...

 

El lejano crujir de los aceros, el eco al fondo de los bosques partidos por los hombres,

Era allí para mi un monte oscuro pero también hermoso.

Y mis oídos confundían el contacto heridor del labio crudo

Del hacha en las encinas

Con un beso implacable, cierto de amor, en ramas.

 

La presencia de peces por las orillas, su plata núbil,

El oro no manchado por los dedos de noche,

La resbalosa escama de la luz, era un brillo en los míos.

No aprese nunca esa forma huidiza de un pez en su hermosura,

La esplendente libertad de los seres,

Ni amenace una vida, porque ame mucho, amaba

Sin conocer el amor; solo vivía...

 

Los barcos que a lo lejos confundían sus velas con las crujientes olas

De las gaviotas o dejaban espuma como sus picos leves,

Hallaban en mi pecho confiado un envío,

Un grito, un nombre de amor, un deseo para mis labios  húmedos,

Y si las vi pasar, mis manos menudas se alzaron

Y gimieron de dicha a su secreta presencia,

Ante el azul telón que mis ojos adivinaron,

Viaje hacia un mundo prometido, entrevisto,

Al que mi destino convocaba con muy dulce certeza.

 

Por mis labios de niño canto la tierra; el mar

Cantaba dulcemente azotado por mis manos inocentes.

La luz, tenuemente mordida por mis dientes blanquísimos,

Canto; canto la sangre de la aurora en mi lengua.

 

Tiernamente en mi boca, la luz del mundo me iluminaba por dentro.

Toda la asunción de la vida embriago mis sentidos

Y los rumorosos bosque me desearon entre sus veredas frondas,

Porque la luz rosada era en mi cuerpo dicha.

 

Por eso hoy, mar

Con el polvo de la tierra en mis hombros,

Impregnado todavía el efímero deseo apoyado del hombre,

Heme aquí, luz eterna,

Vasto mas sin cansancio,

Rosa del mundo ardiente.

Heme aquí frente a ti, mar, todavía...

 

Primavera en la Tierra

 

      Vosotros, fuisteis

      Espíritus de un alto cielo,

     Poderes benévolos que prendisteis mi vida,

     Iluminando mi frente en los feroces días de la alegría juvenil

 

     Amé, amé la dichosa Primavera

     Bajo el signo divino de vuestras alas levísimas,

    Oh poderosas, oh externos dueños de la tierra.

    Desde un alto cielo de gloria,

    Espíritus celestes, vivificadores del hombre,

    Iluminasteis mi frente con los rayos vitales de un sol que llenaba

    La tierra de sus totales cánticos.

 

   Todo el mundo  creado

   Resonaba con la amarilla gloria

   De la luz cambiante .Pájaros de colores,

   Con azules y rojos y verdes y amatistas,

       Coloreadas alas con plumas, como el beso,

       Saturaban la bóveda palpitante de dicha

       Batiente como seno, como plumaje o seno,

      Como la piel tangente que los besos tiñeron.

 

      Los árboles saturados colgaban

      Densamente cargadas de una savia encendida.

      Flores pujantes,  hálito repentino de una tierra gozosa,

      Abrían su misterio, su boca suspirante,

      Labios rojos que el sol dulcemente quemaba.

 

      Todo abría su cáliz bajo la  luz radiante.

 

 

Las grandes rocas, casi de piedra o carne,

Se amontonaban sobre dulces montañas,

Que reposaban cálidos como cuerpos cansados

De gozar una hermosa sensualidad luciente.

Las aguas vivas, espumas del amor en los cuerpos

Huían, se atrevían, se rozaban, cantaban.

Risas frescas los bosques enviaban, ya mágicas;

Atravesados solo de un atrevido viento.

 

Pero vosotros, dueños fáciles de la vida,

Prendisteis mi juventud primera.

Un muchacho desnudo, cubierto de vegetal alegría,

Huía por las arenas vividas del amor

Hacia el gran mar extenso,

Hacia la vasta inmensidad derramada

Que melodiosamente pide un amor consumado.

 

La gran playa marina,

No abanico, no rosa, no vara de nardo

Pero conchas de un nácar irisado de ardores,

Se extendía vibrante, resonando, cantando,

Poblada de unos pájaros de virginal blancura.

 

Un rosa cándido por las nubes remotas

Evocaba mejillas recientes donde un beso

Ha teñido purezas de magnolia mojada,

Ojos húmedos, frente salina y alba

Y un rubio pelo que el ocaso ondea.

 

Pero el mar se irisaba. Sus verdes cambiantes,

Sus azules lucientes, su resonante gloria

Clamaba erguidamente hasta los puros cielos,

Emergiendo entre espumas su vasta voz amante.

 

En el mar alzado, gemidor, que dolía

Como una piedra toda de luz que a mí me amase,

Mojé mis pies, herí con mi cuerpo sus ondas,

Y dominé insinuando mi bulto afiladísimo,

Como un delfín que goza las espumas tendidas.

 

Gocé, sufrí, encendí agoniosos mares

Los abrasados mares,

Y sentí la pujanza de la vida cantando,

Ensalzando en el ápice del placer a los cielos.

 

Siempre fuisteis oh dueños poderosos,

Los dispensadores de todas las gracias,

Tutelares hadas eternas que presidisteis la fiesta de la vida

Que yo viví como criatura entre todos.

 

Los árboles, las espumas, las flores, los abismos,

Como las rocas y aves y las aguas fugaces,

Todo supo de vuestra presencia invisible

En el mundo que yo viví en los alegres días juveniles.

 

Hoy que la nieve también existe bajo vuestra presencia,

Miro los cielos de plomo pesaroso

Y diviso los hierros de las torres que elevaron los hombres

Como espectros de todos los deseos efímeros.

 

Y miro las vagas telas que los hombres ofrecen,

Máscaras que no lloran sobre las ciudades cansadas,

Mientras siento lejana la música de los sueños

En que escapan las flautas de la Primavera apagándose.

 

Poderío de la Noche

 

El sol cansado de vibrar en los cielos

Resbala lentamente en los bordes de la tierra,

Mientras su gran ala fugitiva

Se arrastra todavía con el delirio de la luz,

Iluminando la vacía prematura tristeza.

 

Labios volantes, aves que suplican al día

Su perduración frente a la vasta noche amenazante,

Surcan un cielo que pálidamente se irisa

Borrándose ligero hacia lo oscuro.

 

Un mar, pareja de aquella larguísima ala de la luz,

Bate su color azulado

Abiertamente, cálidamente aun,

Con todas sus vivas plumas extendidas.

 

¿Qué coyuntura, qué vena, qué plumón estirado

Como un pecho tendido a la postrera caricia del sol

Alza sus espumas besadas,

Su amontonado corazón espumoso,

Sus ondas levantadas

Que invadirán la tierra en una ultima búsqueda de la luz

Escapándose?

 

Yo sé cuán vasta soledad en las playas,

Qué vacía presencia de un cielo aún no estrellado,

Vela cóncavamente sobre el titánico esfuerzo,

Sobre la estéril lucha de la espuma y la sombra.

 

El lejano horizonte, tan infinitamente solo

Como un hombre en la muerte,

Envía su vacío, resonancia de un cielo

Donde la luna anuncia su nada enardecida.

 

 

      Un clamor lívido invade un mundo donde nadie

      Alza su voz gimiente,

      Donde los peces huidos a los profundos senos misteriosos

      Apagan sus ojos lucientes de fósforo,

      Y donde los verdes aplacados,

      Los silenciosos azules

      Suprimen sus espumas enlutadas de noche

 

       ¿Qué inmenso pájaro nocturno,

       Qué silenciosa palma total y neutra

       Enciende fantasmas de lucero en su piel sibilina,

       Piel única sobre la cabeza de un hombre

       Que en una roca duerme su estrellado trascurso?

 

       El rumor de la vida

       Sobre el gran mar oculto

       No es el viento, aplacado,

       No es el rumor de una brisa ligera lo que e otros días felices rizara los luceros,

       Acariciando las pestañas amables,

       Los dulces besos que sus labios os dieron,

       Oh estrellas en la noche,

       Estrellas fijas enlazadas

       Por mis vivos deseos.

 

     

       Entonces la juventud,

       La ilusión, el amor encontrado

       Rizaban un cabello gentil que el azul confundía

       Diariamente con el resplandor estrellado del sol sobre la arena.

       Emergido de la espuma con la candidez de la Creación reciente,

       Mi planta imprimía su huella en las playas

       Con la misma rapidez de las barcas,

       Ligeros envíos de un mar benévolo bajo el gran brazo del aire,

       Continuamente aplacad por una mano dichosa acariciando sus espumas vivientes.

 

      Pero lejos están los remotos días

      En que el amor se confundía en la pujanza de la naturaleza radiante

      Y en que un mediodía feliz y poderoso

      Hundía su pecho con  un mundo a sus plantas.

 

      Esta noche, cóncava y desligada,

      No existe mas que como existen las horas,

     Como el tiempo que pliega

     Lentamente sus silenciosas capas de ceniza,

     Borrando la dicha de los ojos, los pechos y las manos,

     Y hasta aquel silencioso calor

     Que dejara en los labios  el rumor de los besos.

 

    Por eso yo no veo, como no mira nadie

    Esa presente bóveda nocturna,

    Vacío repasador de la muerte no esquiva,

    Inmensa, invasora realidad intangible

    Que ha deslizado cautelosa

    Su hermético oleaje se de plomo ajustadísimo.

 

   Otro mar ha muerto, bello,

   Abajo acaba de asfixiarse. Unos labios

   Inmensos cesaron de latir, y en sus bordes

   Aun se ve deshacerse un aliento, una espuma.

      

 Análisis de los poemas.

 

En cuanto a la estructuración del poema, en Ciudad del Paraíso nótense tres momentos esenciales, elementos que aparecen como características de los poemas aleixandrinos a partir del libro Sombra del Paraíso. Estos momentos esenciales definen y aseguran la carga poética de los versos: el primer elemento, un planteamiento; el segundo, un desarrollo creciente –o lo que en el teatro o el cuento se define como nudo de la historia-; y el tercero y último, el final del poema. Si bien Aleixandre cuando va a comenzar una composición no suele  saber con exactitud el tema que en ella va a desarrollarse, percibiendo solo una emoción difusa que podría originar temas diversos[2], ya aquí, en Ciudad del Paraíso, desde el inicio se nota una definición del tema a tratar en la composición poética.

 

Para una mayor comprensión del análisis del poema, realizaremos esta subdivisión y quedaría de la siguiente forma:

 

Planteamiento: Estrofa I, versos del 1 al 7

Desarrollo: Estrofas  II a la VII, versos del 8 al 35

Final: Estrofa VIII, versos del 36 al 40

 

Esta subdivisión del poema nos permite detenernos muy bien en el análisis del sujeto lírico y de la composición poética del texto. Nótese, con la lectura del poema, una transposición esencial que nos encamina hacia la comprensión del tema lírico, la ciudad de la infancia idealizada por el poeta, divinizada; no por gusto el exergo o dedicatoria que encabeza el texto.

 

Ahora bien, ¿cuál es la  transposición poética que se nos plantea? La extrapolación de esa ciudad terrenal, la ciudad de la tierra hacia esa ciudad angélica, divinizada, en fin, la ciudad del paraíso.

 

La composición métrica de sus versos (alejandrinos en su mayoría), sin rima, permite al autor desenvolver sus evocaciones del pasado y divinizarlas, es decir, hacer latente esa transposición poética dentro del tema. Con la I estrofa, el sujeto lírico centra su mirada en la ciudad terrenal, la “ciudad de sus días marinos”, de su infancia. Que “reina bajo el cielo” nos remite a esta afirmación. Ahora bien, a partir de la II estrofa hasta el final hay un desdoblamiento del referente semántico, o sea, de la ciudad. “Pero tú duras, nunca desciendes...” es un ejemplo de la intención aleixandrina de la inmortalidad, de hacer perdurar esa ciudad, de mantenerla en el lugar encumbrado, de hacerla prevalecer en las alturas. Hasta el verso 10 “ciudad madre y blanquísima donde viví y recuerdo”, puede pensarse en la referencia a esa ciudad terrenal. Ya, a partir del verso 11 “...angélica ciudad, que, mas alta que el mar, presides sus espumas”, el sujeto lírico vive o describe el acto de ascensión de esa ciudad, de la necesidad de divinizarla, de hacerla participe de esa inmortalidad.

 

Si se realiza un campo semántico, nótese el alto numero de sustantivos –75 en total- prevaleciendo sobre los adjetivos, y dentro de ellos, la repetición de la lexía  “ciudad” –una 10 veces-, acompañada de adjetivos que denotan lo divino, lo celestial, ya sea por una intención semántica directa que califica el adjetivo o por la intención indirecta, que puede deducir a través de otros calificativos o acciones que nos remiten a una imagen divinizadora –el color, la acción de volar, etc-

 

Ciudad

 

Ciudad de mis días marinos (terrenal)

Ciudad de mis días alegres (terrenal)

Ciudad madre y blanquísima (terrenal-divinizada)

Angélica ciudad (divinizada)

Ciudad graciosa, ciudad honda (divinizada)

Ciudad prodigiosa (divinizada)

Ciudad voladora (divinizada)

Ciudad no en la tierra (divinizada)

Ciudad que en él volabas (divinizada)

 

Obsérvese el uso de sintagmas que a partir del verso 10 nos remiten a una imagen paradisíaca de la ciudad.

 

Tú duras:   inmortalidad

Nunca desciendes: permanencia en las alturas

Blanquísima: el color blanco denota pureza, lo angelical, lo celestial

Angélica:  divinizante

Labios celestiales: divinizante

Etc.

 

En Sombra del Paraíso, como ya referimos, es notable el contraste entre la realidad angustiosa de la vida terrenal y el instante de belleza y de plenitud ,efectuándose en sus composiciones poéticas de diversos modos. Pero en Ciudad del Paraíso, el tema divino, paradisíaco, se cuenta aisladamente a diferencia de esos poemas que componen el libro, casi de forma sui géneris, como un enfoque excepcional. Para expresar la belleza de este paraíso Aleixandre se apoya en la asignación a los seres del mundo real de cualidades irreales que les dan categoría notable, Los hombres serán “eternamente fúlgidos”. Las islas irán a la deriva, libres por los mares. La ciudad del paraíso volará en un cielo con sus “alas abiertas”. En este poema, como en otros, el poeta se dispone a contar el paraíso. El mundo conserva la limpidez original. Acaba de nacer. Los seres que lo habitan son inocentes, puros, elementales como la tierra misma. Es la felicidad de la tierra sin malicia. ¿Cómo obtiene Aleixandre esta visión? Haciendo trascender la infancia del hombre hacia la infancia del universo, la aurora del día, del mundo. Y esto se hace notable, no solo en el poema que nos ocupa sino en Mar del Paraíso y en Primavera en la Tierra

 

Allí también viví, allí..., nos dice el poeta. Hice referencia al principio de la forma o el enfoque excepcional con que el poeta denota su visión paradisíaca en este poema. Y tiene que ver con  lo que retoma de su infancia como paraíso. Porque esa ciudad es Málaga, lugar donde transcurrió su infancia, con el “pie desnudo” en el día y la noche. Es la infancia del propio poeta elevada a andaluz-paraíso.

 

Si con el libro Sombra del Paraíso las composiciones poéticas se cuenten desde dos vertientes esenciales: 1) desde el cansancio humano, desde el humano abatimiento (realidad vital) y 2) desde la alegre contemplación del paraíso (la visión del poeta), siendo la primera postura como el contraste de esta visión, la fuerza que la justifica, la angustia aleixandrina, ya aquí, en Ciudad del Paraíso, el cansancio del mundo lleva los ojos hacia la infancia del mundo; el cansancio del hombre le hace mirar a su infancia remota como un país lejano, tal y como me atrevo a reflejar en el siguiente esquema.

                                             Sombra del Paraíso

 

    Cansancio humano                                                alegre contemplación del paraíso

       Abatimiento                                                                  (visión del poeta)

     (realidad vital)                  contraste

                                        Ciudad del Paraíso

          Cansancio del mundo                                 infancia del mundo

 

  Cansancio del hombre                                                   infancia del hombre,

                                                                                    (remota en un país lejano: paraíso)  

 

                                              extrapolación

                                           acción divinizante   

 

Nótese que en Ciudad del Paraíso no se manifiesta el contraste de las dos vertientes que el sujeto lírico nos expone en el resto de las composiciones poéticas que integran a Sombra del Paraíso, sino que se produce una extrapolación del referente lírico, existe una mezcla de esas simbolizaciones. Aquí, su poesía, que opera directamente en la fantasía, adquiere tendencias humanizantes.

 

Cuando Aleixandre escribe que los seres paradisíacos eran “eternamente fúlgidos como un soplo divino” es evidente que asigna al humano una cualidad que no posee: ser siempre luminoso. Es la realización con el sueño de un anhelo del hombre: la inmortalidad, la juventud eterna. Se produce un acto de sublimación de un humano deseo.

 

Ya en la estrofa VII se cataliza lo que puede llamarse como un final climático de la composición poética, Esta estrofa produce el cierre de forma brillante, con mayor cohesión, apretando toda  su estructura en una cúspide ultima de elevación del tono expresivo:

 

Por aquella materia fui llevado ligero

Por tus calles ingrávidas. Pie desnudo en el día.

Pie desnudo en la noche. Luna grande. Sol puro.

Allí en el cielo eras tu, ciudad que en él  morabas.

Ciudad que en él volabas con tus alas abiertas  

 

Relación autor-texto.

 

 Vicente Aleixandre no nació en Málaga sino en Sevilla, pero sus momentos infantiles son malagueños, como fue el de Málaga  el primer mar que pudo contemplar y en el que hundió sus pies y sus manos de niño. En 1900 su padre, ingeniero, fue trasladado de Sevilla a Málaga, y con él toda su familia. Durante nueve años gozaría Aleixandre de ese paraíso, de ese mundo elemental y maravilloso del mar que luego llevaría a su poesía en uno de sus mejores libros. Y, desde entonces, Málaga y su mar quedarían grabados en su mirada, permaneciendo así, ocultos paraísos, hasta que el niño aquel se convirtió en poeta.

 

Pronto los recuerdos de su infancia malagueña comenzaron a revivir en su corazón y se hicieron versos en sus nuevos poemas. Según él mismo confesara:

Sombra del Paraíso (no lo he escrito nunca pero lo he dicho muchas veces) es el libro mío que, mas que ninguno, yo debo a Málaga.  Sin esa ciudad, sin esa ribera andaluza donde transcurrió toda mi niñez, y cuya luz debía quedarse en mis pupilas endeble; ese libro, que por tantas razones bien puede llamarse mediterráneo, no hubiera existido”[3] 

Una  vez leído el poema, se pensaría que la ciudad esta allí idealizada, embellecida por la nostalgia de una infancia feliz, como el sueño de una edad dorada ya inalcanzable. Cierto es que el poeta extasía sus propios  recuerdos, pero solo aquellos que de por sí contienen ya una impresión de dicha o de hermosura. Sí, en Ciudad del Paraíso Málaga está sentida y evocada con ebriedad de vuelo y de paradisíaca indolencia, no faltan en el poema los toques levemente realistas que completan la imagen y su impresión de misterioso hechizo:

 

 “ Calles apenas, leves, musicales. Jardines

 donde flores tropicales elevaron sus juveniles palmas gruesas.

Palmas de luz...”

 

“... las rutilantes paredes...”

 

“Acaso de una reja florida, una guitarra triste...”

 

Ciudad del Paraíso es, junto a Mar del Paraíso –el mar que baña las riberas de su ciudad de infancia- y El Rio, el mas hondo retrato poético de Málaga en el libro aleixandrino.

 

Siguiendo la línea anteriormente expuesta en el análisis de Ciudad del Paraíso, la estructura de esta composición poética nos devela una presentación visionaria manifestada en una evocación casi cinematográfica, o lo que bien podría decirse  una técnica poética en gran plano general. El planteamiento, versos del 1 al 7 de la I estrofa, nos introduce un sujeto lírico  en primera persona, reflejo del yo poético extasiado, nostálgico. Esta primera estrofa es sintética pero bastante profunda.

 

Heme aquí frente a ti, mar, todavía..., el comienzo de una evocación latente, pero una evocación que ha estado siempre en la permanencia subjetivista del poeta, y que ahora aflora. Con el polvo de la tierra en mis hombros/ impregnado todavía el efímero deseo apagado del hombre... Pocos poetas lograron sacudirse el polvo del camino, pero el de Aleixandre yace impregnado en el todavía, como un cansancio que agota, un polvo que es incapaz de sacudirse por si mismo, y lo hace a través de su poesía, con la invocación, con esa mirada hacia un pasado remoto, oculto pensamiento de una imagen que vuelve, ese efímero deseo apagado del hombre. El mar es luz eterna, mar incansable. Es una visión que renace; dice: ultima expresión de un amor que non acaba; la ultima expresión, pero no acaba, el amor no termina; y es ese amor infinito y nostálgico hacia las cosas que ya no vuelven, la infancia; si bien en Ciudad del Paraíso, se cantaba a Málaga, su ciudad natal, aquí se evoca al mar de Málaga, el mar de su ciudad. Rosa del mundo ardiente..., expresión poética de fuerte y trascendental connotación. Rara vez aparecen asociadas estas lexías: rosa y mundo ardiente, combinación efímera de una evocación que renace con fuerza, que brota. Es notorio resaltar cómo se asocian estos elementos de mar (azul) y rosa –mundo ardiente (rojo).

El eras tú, cuando niño... refuerza la evocación poética en este verso que inicia el desarrollo del poema. El mar es el bálsamo de sus pies de niño (pie desnudo). Y después remota infancia de delicias.  Es preciso destacar en esta estrofa la asociación de semas que  connotan, semánticamente, la utilización de efectos  y de contrastes para alcanzar la imagen visionaria de ese mar de la infancia, paradisíaco.  Y estos efectos se alcanzan se alcanzan con la luz. Aplicándose un pequeño semántico, encontraríamos que albo, espumas, sol, cándida correlación de luz, frente deslumbrada, resplandor continuo son correlativos a mar, cielo, dicha, felicidad; todo un cuadro expresionista que tiene un protagonista común: la naturaleza.

 

Si bien en Ciudad del Paraíso, mediante la evocación, se trasponía imagen de ciudad paradisíaca hacia ciudad de la infancia y viceversa, aquí en Mar del Paraíso se refuerza la extrapolación de la mirada poética hacia el pasado, pero con un enfoque diferente. Con las dos primeras estrofas, el poeta nos introduce, deslumbrándonos, en aquel mundo suyo, nos los hace saber, pleno de total inocencia, cuando dice  para mi piel sin nubes. Esta estrofa, llena del más efervescente iluminismo, de un cielo limpio, de un mar vasto y ardiente, sin sombras, es la más pura visión expresionista de la inocencia y de la infancia del mundo. Pero a este puro y virgen  expresionismo se le contrapone una realidad que late, subyace en los versos siguientes, atormentando al poeta, martirizándolo. Se contrapone luz-sombra, logrando un efecto de claroscuro bastante acertado, lo que connotaría semánticamente al mundo ideal (visión del poeta) con el mundo real (realidad vital)

 

Lejos el rumor pedregoso de los caminos oscuros... es el inicio de la contraposición, pero el  “lejos” es el énfasis de la distancia entre los elementos opuestos que son, en definitiva, los temas de todos los poemas aleixandrinos de este libro. “...hombres ignoraban su fulgor aun virgíneo.” ¡Cuánto énfasis en la necesidad de diferenciar los seres terrenales de  todos los seres paradisíacos!. Los primeros, incapaces de alcanzar y de apreciar lo bello, de palparlo; de todos los hombres de su entorno vital, un mundo paradisíaco había sido vivido, apreciado, deseado, y anhelado solo por él.

 

De nuevo las nubes: ...la sombra de la nube en la playa/ no era torvo presentimiento de mi vida en su polvo. Recuérdese “piel sin nubes” de la segunda estrofa. El sema “nubes” no puede asociarse, de ningún modo, a los elementos denotativos de luz, aunque las nubes de un día  precioso sean blanquísimas como las espumas de su mar paradisíaco. El poeta nos dice: la sombra de la nube en la playa; una nube capaz de proyectar sombra en la playa  es una nube carga  de tormenta, de lluvia plomiza, ennegrecida: equivalencia de los malos designios  de un  mundo que poco a poco se venía abajo, que crecía, ensombreciéndolo todo. Y más adelante se agudiza esta contraposición realidad vital- imagen paradisíaca, cuando el yo poético asocia estas confrontaciones de ambos mundos, resaltando la impureza del mundo terrenal, asfixiante y agotadora. Dice: el lejano crujir de los aceros/ el eco al fondo de los bosques partidos por los hombres/ era allí para mi un bosque oscuro pero también hermosos... De nuevo se recalca la distancia insalvable de esta contraposición cuando se repite el “lejos” (esta vez “lejano”)  junto a la palabra “eco”, el eco de un mundo supeditado a su imagen visionaria, su imagen paradisíaca.

Mar del Paraíso                               imagen visionaria                       realidad vital

(Extrapolación)                               mundo idealizado                      cansancio del mundo

Mar de Málaga                               infancia del mundo

 

 

 La intención del sujeto lírico en la estrofa siguiente apunta hacia una reverencia del mundo idealizado por él mismo. El poeta no es capaz de apresar ni de dañar la belleza de su paraíso natal, de su mundo (ni paradisíaco, ni terrenal) cuando dice: no apresé nunca esa forma huidiza de un pez en su hermosura/ la esplendente libertad de los seres/ ni amenace una vida, porque ame mucho: amaba/ sin conocer el amor; solo vivía...

 

Era capaz de apreciar la fuerza natural tal cual era, amarla, vivirla intensamente, a diferencia de los  hombres terrenales capaces de destruir lo que para él era un bosque hermoso, transformándolo en un monte oscuro. El poeta era capaz de apreciar incluso la belleza de lo feo ( simbolismo baudeleriano?) cuando dice de ese mismo bosque, sin árboles un monte oscuro pero también hermoso. Y  es, acaso, Aleixandre, un ente mas de esa naturaleza angelical, divina, diferenciándose así mismo de los seres terrenos?

 

¿Qué es este mar para Vicente Aleixandre? Acaso la distancia que separa los mundos contrapuestos, protegidos; el mar por el que navegan barcos y surcan gaviotas en un viaje hacia un mundo prometido, entrevisto, al que su destino convocaba con muy dulce tristeza. Es la perenne evocación de un mundo remoto que solo él vivió, perenne evocación de una infancia que añora y recuerda de sus años vividos.

 

Si bien, en Ciudad del Paraíso se cuenta el tema paradisíaco como una extrapolación del mundo real al mundo ficcionalizado, aquí en Mar del Paraíso ocurre lo mismo ocurre lo mismo que en otros poemas, a diferencia de este primero: se nos cuenta desde una perspectiva oponente de ilusión-desengaño, a partir de una primera instancia evocadora, nostálgica, referida al mundo de su infancia natal, al mar de su ciudad.

 

Veamos por ejemplo Primavera en la Tierra, que sigue esta perspectiva:

 

Los seres extraterrenos son vistos aquí como la iluminada visión que guía el destino de los  hombres. El yo poético  o sujeto lírico-poeta se sabe supeditado a la acción divina que rige su destino. El planteamiento de este poema nos introduce plenamente en este mundo ficcionalizado en donde la naturaleza paradisíaca nos asemeja a un país tropical. Entonces sobreviene su concepción puramente idealizada del amor. El arte mayor de sus versos permite esta imagen casi cinematográfica de la primavera, en donde se justifica este amor intrínseco al mundo regido por poderosas fuerzas externas desde un cielo de gloria.

 

Vosotros, fuisteis

Espíritus de un alto cielo,

Poderes benévolos que prendisteis mi vida,

Iluminando mi frente en los feroces días de la alegría juvenil

 

Amé, amé la dichosa Primavera

Bajo el signo divino de vuestras alas levísimas,

Oh poderosas, oh externos dueños de la tierra.

Desde un alto cielo de gloria,

Espíritus celestes, vivificadores del hombre,

Iluminasteis mi frente con los rayos vitales de un sol que llenaba

La tierra de sus totales cánticos.

 

El mundo creado gozaba pleno de luz. Es la primavera. La primavera colmada de colores, el renacer nuevo de un mundo puro y virgen. La asociación de colores vivos nos remiten a este aspecto irisado de la luz descompuesta en vida – terrena-paradisíaca?- del mundo aleixandrino. Pájaros de colores/ con azules y rojos y verdes y amatistas coloreadas con plumas como el beso... La yuxtaposición de estos elementos comparativos pone al desnudo la mas fina elaboración de una poesía desnuda, mostrándose a sí misma, egregia pasión desbordante del alma del poeta.  Todo habría su cáliz bajo la luz cambiante. Un solo verso para delimitar esta diferencia, esta oposición de mundo idealizado y la sucia contemporaneidad del poeta. Y entonces aquí, en Primavera en la Tierra, se produce una imprecación contra el mundo, las ciudades y los vestidos humanos. El hombre sigue siendo  ese elemento indisoluble de la naturaleza unitaria, y es “roca de piedra” metáfora que asocia la referencia a corazones impíos; o “roca de carne” para denotar la naturaleza más sensual del ente humano. Y las ciudades son “dulces montañas” que reposaban como cuerpos cansados, o vistas como absoluta maldad, efectos de los  efímeros deseos del hombre; y este, a su vez, con sus humanas vestiduras, representan la cubierta torpe de la radical desnudez de sus almas, mascaras estúpidas, tristes.

 

Y diviso las ruinas de las torres que devoran los hombres

Como espectros de todos los deseos efímeros

Y miro las vagas telas que los hombres ofrecen, mascaras que no lloran sobre las ciudades cansadas,

Mientras siento lejana la música de los sueños

En que escapan las flautas de la primavera apagándose.

 

Ahora bien, hasta aquí hemos visto cómo esa imagen paradisíaca aleixandrina se nos presenta desde una perspectiva que va desde lo angelical, lo divinizante hacia lo terrenal, la realidad contemporánea del poeta, en estos dos poemas últimos –a excepción de  Ciudad del Paraíso con su enfoque único de extrapolación lírico-semántica ya abordado- en donde se produce la oposición de ilusión-desengaño, partiendo de una evocación de la imagen virtual divinizada hacia una negación de la realidad terrenal, tal y como acotamos en este esquema:

 

             Ilusión                                                                     desengaño

 
Mar del Paraíso                                                                     realidad vital

Primavera en la Tierra                                                           contemporaneidad del poeta

 

Sin embargo, en Poderío de la Noche  y en Noche Cerrada  la visión paradisíaca es abordada como una imposibilidad  para el sujeto lírico-poeta o bien contada partiendo del principio del desengaño del poeta hacia la ilusión, es decir, la forma contraria abordada en los otros poemas anteriores.

 

En estas composiciones la línea temática gira en torno al predominio de la impureza terrenal viciada a través de la asociación de elementos semánticos que denotan el vacío terrenal, la impureza de la vida cotidiana, de ese mundo perdido en donde las fuerzas naturales subyacen dominadas por la tristeza y la oscuridad en la Tierra.

 

Poderío en la Noche nos adentra en el cansancio del astro-rey. El sol aparece cansado de vibrar en los cielos/ resbalando lentamente en los bordes de la tierra. Es el ocaso del mundo, su declinar constante lo que se anuncia, cual halo profético del yo poético insistiendo en la inminente oscuridad.

 

El éxtasis de la Naturaleza, visible en las características del mundo paradisíaco: el azul inspirado que cubre el cielo, en los “aires dichosos “ existe un “rapto de deseo”; el mar como “palabra entera que un cuerno grita”; las nubes enardecidas reflejando el mensaje de un sol de junio que abrasado “convoca” a los hombres; los pájaros ebrios de amor, de luz, en fin, el éxtasis de la naturaleza toda, ya no es la temática fundamental en estas poesías aleixandrinas. Aquí se contrapone la perdurabilidad de ese mundo viciado, lleno de elementos  que van connotando semánticamente  a través del negro esa sensación amarga de resignación ante la muerte y el declinar de los seres terrenos y de cada parte que conforman el mundo real.

 

No solo el sol parece agotado, fuerza generadora de la vida terrena; primer verso que arremete funesto; imprecación de un mundo destinado a morir viviendo. La luz “delira” cando ilumina el vacío de la prematura tristeza. Las aves ya no surcan extasiadas aquella primavera en la tierra sino que “suplican” al día su perduración, anhelado deseo constante de inmortalidad, de supervivencia. La noche se impone “ vasta, amenazante”. El cielo irisado –descomposición de colores perennes- adquiere poco a poco matices oscuros, de “vacía presencia”, sin estrellas. Las playas son solitarias aquí, en constante “lucha estéril” –lucha vana- entre la espuma (símbolo de blancura)  y la sombra (oscuridad). Es el horizonte más lejano que lo inalcanzable ya, solo como un hombre en la muerte. He aquí la sentencia de los terrenos condenados a pagar por siempre. Y es así el reflejo de ese mundo en donde nadie, al parecer, “alza su voz gimiente” ante el declinar de los colores, de la naturaleza toda.

 

Un clamor lívido invade un mundo donde nadie

Alza su voz gimiente,

Donde los peces huidos a los profundos senos misteriosos

Apagan sus ojos lucientes de fósforo,

Y donde los verdes aplacados,

Los silenciosos azules

Suprimen sus espumas enlutadas de noche

 

He aquí el refuerzo de la perdurable oscuridad, del poderío nocturno. La lejanía de los días en que el amor se confundía con la pujanza de la naturaleza  radiante es el ejemplo denotativo con que Aleixandre advierte la imposibilidad de alcanzar la imagen visionaria del Paraíso. Solo la noche tiene derecho a la perdurabilidad, perenne, constante, infinita, mientras el tiempo, lentamente, esparce la destrucción de las cosas, reducidas a polvo, a tierra misma, a cenizas, la destrucción del amor:

 

Esta noche, cómoda y desligada,

No existe mas que como existen las horas,

Como el tiempo que pliega

Lentamente sus silenciosos copos de ceniza,

Borrando la dicha de los ojos, los pecho y las manos,

Y hasta aquel silencioso calor

Que dejara en los labios el rumor de los besos.  (Poderío en la Noche)

Ah, triste, ah inmensamente triste

Que en la noche oscurísima buenos ojos oscuros,

Ve solo el terciopelo de la sombra

Donde resbalan leves las silenciosas aves.

Apenas si una pluma espectral rozara tu frente

Como un presagio del vacío inmediato.

Inmensamente triste tu miras la sombra en que respiras... (Noche cerrada)

 

 ¿Cuál es, entonces, la posición asumida por el sujeto lírico-poeta ante la inminente  amenaza de ese poderío nocturno “de negror invencible?” De impasibilidad y de resignación, acaso impotencia asumida que va consumiéndolo poco a poco:

 

Por eso yo no veo, como no mira nadie

Esa presente bóveda nocturna... (Poderío en la Noche)

 

Realidad inmensa, intangible, que no se puede cambiar, fatídico destino de un mundo a solas que el poeta pareciera que llevara a cuestas, como una carga pesada, abatiéndolo, consumiéndolo, como ese mar que va muriendo, que ya cesa....

 

Otro mar muerto, bello,

Abajo acaba de asfixiarse. Unos labios

Inmensos cesaron de latir, y en sus

Bordes aun se ve deshacerse un aliento, una espuma.  (Poderío en la Noche)

 

O de nostálgica resignación ante el Paraíso inalcanzable, lejano, de un sujeto lírico poeta en segunda persona:

 

Ah, cuán hermosos allá arriba en los cielos

Sobre la columnaria noche arden las luces,

Los libertados luceros que ligeros circulan,

Mientras tú las sostienes con tu pequeño pecho,

Donde un árbol de piedra nocturna te somete.   (Noche cerrada)

Los finales:

 

Si bien habíamos destacado en Ciudad del Paraíso la expresividad del tono poético en el sujeto lírico, denotando la belleza compositiva del texto, en la última estrofa (final climático), como contraste consignaríamos otro tipo de terminación contraria, que no escasea tampoco en las obras de nuestro poeta, según hemos podido constatar en otros poemas.  Es que, en los tres últimos analizados se percibe un apagamiento  progresivo de l tono, en su lento descenso de la voz, o lo que bien podríamos llamar final anticlimatico del texto poético.

 

Y miro las vagas telas que los hombres ofrecen,

Máscaras que no lloran sobre las ciudades cansadas,

Mientras siento lejana la música de los sueños

En que escapan las flautas de la Primavera apagándose.  (Primavera en la Tierra)

 

 Otro mar muerto, bello,

Abajo acaba d asfixiarse. Unos labios

Inmensos cesaron de latir, y en sus bordes

Aun se ve deshacerse un aliento, una espuma. (Poderío de la Noche)

 

 Ah, cuán hermosos allá arriba en los cielos

Sobre la columnaria noche arden las luces,

Los libertados luceros que ligeros circulan,

Mientras tú las sostienes con tu pequeño pecho,

Donde un árbol de piedra nocturna te somete.   (Noche cerrada)

 

Nótese lo adecuado de estas clases de finales para servir con exactitud a la inherente representación. N el ejemplo señalado de Poderío de la Noche un mar cesa de latir. En Primavera en la Tierra las flautas de la Primavera se apagan. Es natural que el acento poético se aplaque en lugar de ascender, se difumine en vez de condensarse.

 

 ¿Qué ocurre entonces en Mar del Paraíso?  Otro tipo de final que puede designarse como resumidor, pues por medio de este el poeta, en una estrofa postrera, traza de nuevo el cuadro que en versos anteriores ha desenvuelto.

 

Por eso hoy, mar

Con el polvo de la tierra en mis hombros,

Impregnado todavía el efímero deseo apagado del hombre,

Heme aquí, luz eterna,

Vasto mar sin cansancio,

Rosa del mundo ardiente.

Heme aquí frente a ti, mar, todavía...

 

El hombre del paraíso.

 

Hay desbordamiento de plenitud y pureza en el hombre paradisíaco. Pero Aleixandre no puede contar al ser humano paradisíaco sin ver en él cualidades muy distintas de las que enturbian al hombre virtual. Los seres del paraíso son una manifestación mas de la Naturaleza. La ciudad que los cobijaba era pura e inocente y despedía un dulce brillo (Vid Ciudad del Paraíso). La alegría que los colmaba era la misma que los vegetales:

                       

  “...un muchacho desnudo, cubierto de vegetal alegría.”

                                                    (Primavera en la Tierra)

 

La frente de la mujer será como puede ser la piedra; su cuello como un agua, su figura, en fin, tan esbelta como un árbol. El hombre edénico será “luminoso, juvenil y perennal” y la mujer será vista como  “casi divina”. En innumerables ocasiones, la imagen elegida para representara la amada será el río o el arroyo:

 

Un lecho de césped virgen recogido ha tu cuerpo,

Cuyas hondas descansan como un río aplacado. (A una muchacha desnuda)

 

No faltan momentos en que es el propio poeta el que se ve a sí mismo bajo la figura del hombre paradisíaco:

 

Después del amor, de la felicidad altiva del mar, reposado,

Tendido, imitando descuidadamente un arroyo,

Yo reflejo esas nubes...  (Plenitud del amor)

 

La musa alixandrina, exaltadora de todo lo que es naturaleza, se complace no solo en el directo cántico de esta, sino en el cántico de un héroe humano que llamaríamos hegemónico: el apasionado amante, pura emanación cósmica y  parecido, por tanto, al río, a la montaña, a la piedra.

 

Frente a la libre y desnuda naturaleza, el hombre ha construido maquinarias, ciudades que voltean su polvorienta perfidia en un torbellino estéril. Espejos, carruajes, aceros, torres: muertos residuos, escoria, espectros. Todo queda al margen de la autentica vida. Mas solo el amor salva al humano. En la poesía de Aleixandre el hombre es, ante todo, el amante. Y es que el hombre, al amar, recobra su verdadero ser, se elementaliza, enajenándose del convencionalismo superfluo de la inerte mascara que la sociedad le impone.

 

Sin embargo, en la obra poética que recoge esta Sombra del Paraíso, hay poemas en que los conceptos aleixandrinos sobre el hombre mortal se degeneran. El hombre en la tierra es una formación desproporcionada e impura de la naturaleza. Condenado a vivir en penas, el hombre terreno anhela constantemente la inmortalidad, vano deseo, y es despreciado por el propio sujeto lírico-poeta, visto como un escalón inferior de la base que culmina en ese Paraíso encumbrado, habitado por seres extraterrenos.

 

He escogido para demostrar esta afirmación a Diosa y Al hombre, de los cuales nos referiremos a continuación.

 

Diosa 

 

Dormida sobre el tigre

Su leve trenza yace.

Mirad su bulto. Alienta

Sobre la piel hermosa,

Tranquila, soberana.

¿Quién puede osar, quién solo

Sus labios hoy pondría

Sobre la luz dichosa

Que, humana apenas, sueña?

Miradla allí. ¡Cuán sola!

¡Cuán intacta! Tangible?

Casi divina, leve

El seno se alza, cesa,

Se yergue, abate; gime

Como el amor. Y un tigre

Soberbio la sostiene

Como la mar hircana,

Donde flotase extensa,

Feliz, nunca ofrecida.

¡Ah, mortales! No, nunca;

desnuda, nunca vuestra.

Sobre la piel hoy ígnea

Miradla exenta: es diosa        

 

Al hombre

 

¿Por qué protestas,  hijo de la luz,

Humano que transitáis en la tierra,

Redimes un instante tu materia sin vida?

¿De dónde vienes, mortal, que del barro has llegado

para un momento brillar y regresar después a tu apagada patria?

Si un soplo, orilla finita, exige tu vacilante forma

y calidad de dios tomas en préstamo,

no, no desafíes cara a cara a ese sol poderoso que fulge

y compasivo te presta cabellera de fuego.

Por un soplo celeste redimido un instante,

Alzas tu incandescencia temporal a los seres.

Hete aquí luminoso, juvenil, perennal a los aires.

Tu planta pisa el barro de que ya eres distinto.

¡Oh, cuan engaños, hermoso humano que con testa de oro

el sol piadoso coronado ha tu frente!

¡Cuán soberbia tu masa corporal sobre la tierra madre,

que cual perla te brinda!

Mas mira, mira que hoy, ahora mismo, el sol declina

tristemente en los montes.

Míralo rematar ya de pálidas luces,

De tristes besos cenizas de ocaso

Tu frente oscura. Mira tu cuerpo extinto como acaba en la noche

Regresa tú, mortal, humilde, pura arcilla apagada,

A tu certera patria que tu pie sometía.

He aquí la inmensa madre que de tí no es distinta

 y,  barro tú en el barro, totalmente perdura.

 

La Tierra

 

La tierra conmovida

Exhala vegetal,

Su gozo. ¡Hela: ha nacido!

Verde rubor, hoy boga

Por un espacio más nuevo

¿Qué encierra? Sola, pura

De sí, nadie la habita.

Solo la gracia muda,

Primigenia, del mundo

Va en astros, leve, virgen,

Entre la luz dorada.

 

El aire.

 

Aún más que el mar, el aire

Más inmenso que el mar, esta tranquilo

Alto velar de lucidez sin nadie.

Acaso la certeza pudo un día,

De la tierra, sentirte, humano. Invicto,

El aire ignora que habito en tu pecho.

Sin memoria, inmortal, el aire esplende.

 

El fuego.

Todo el fuego suspende

La pasión. ¡Luz es sola!

Mirad can puro se alza

Hasta lamer los cielos,

Mientras las aves todas

Por él vuelan. ¡No abrasa!

¿Y el hombre?. Nunca. Libre

Todavía de ti,

Humano, esta ese fuego.

Luz es, luz inocente.

¡Humano: nunca nazcas!

 

Análisis de los poemas.

 

 Diosa figura entre las composiciones poéticas que integran este mundo paradisíaco  aleixandrino. Para una comprensión del poema, divídase el mismo teniendo en cuenta los mismos elementos que se utilizaron para el análisis de Ciudad del Paraíso, quedando conformado de la siguiente forma:

 

Planteamiento: a pesar de que el poema debe ser visto como un todo único en su composición poética, necesariamente tenemos que ubicar la I estrofa del texto de los versos 1 al 5.

Desarrollo: versos del 6 al 19

Final: versos 20 al 23.

 

Todo el poema expresa como tema el éxtasis y la belleza del referente lírico proyectada a través de la imagen poética aleixandrina que alcanza el sujeto lírico con su evocación, con su visión paradisíaca de los seres extraterrenos de su mundo idealizado. Sin un conocimiento de ese referente, el recorrido de ese sujeto lírico nos remite hacia un instante dubitativo dentro de la poesía que nos hace meditar en qué sentido nuestra mirada recorrerá  o  comenzara a descubrir esa imagen poética que se nos presenta. Un momento de éxtasis total, como s el lector se dejara atrapar por el sujeto lírico al comienzo del poema.

 

 ¿Por qué ese instante dubitativo? La imagen poética que se alcanza, la proyección (referente) del sujeto lírico parece incierta al inicio del texto:  

               

Dormida sobre el tigre

Su leve trenza yace.

Mirad su bulto. Alienta

Sobre la piel hermosa,

Tranquila, soberana

 

He aquí un ejemplo acertado de un comienzo incierto marcado o determinado por un acostumbrado tanteo poético aleixandrino que posteriormente nos ira definiendo el tema del poema. No interesa hablar (o especular) de una (pre)concepción en el autor con certeza sobre esa imagen artística que alcanza el sujeto lírico en Diosa; si era sobre una diosa o no  lo que Aleixandre hablaría en este poema. Interesa hablar aquí de cómo, con cada detalle, armado a retazos metafóricos, se va construyendo esa imagen poética, ese referente lírico, partiendo de una sensación de incertidumbre que nos transmite el sujeto, el ojo omnisciente poético aleixandrino. Al menos la certeza de un referente femenino nos lo da la clasificación del genero en los adjetivos iniciales del planteamiento del poema. Y después, mas aun, ese instante dubitativo de los versos señalados que integran el planteamiento se refuerza con la pregunta de los versos siguientes, como si el sujeto se manifestara ante “narratarios” poéticos atentos[4].

 

Los versos heptasílabos permiten en Diosa una formación visionaria precisa del referente aunque a retazos. La adjetivación es prolifera, pero sí evidencia un predominio completo sobre los sustantivos. Si se aplica un campo semántico en torno a esto, nótese la presencia de 13 sustantivos, de los cuales solo 7 hacen alusión  al referente del poema –en negritas., no así en los adjetivos –20 en total- y de ellos 18 hacen referencia a la diosa que habla el poeta –también en negritas.   

 

Sustantivos                                                  Adjetivos

 

Tigre                                                             dormida         nunca ofrecida

Trenza                                                           leve               desnuda

Bulto                                                             hermosa         ígnea

Piel                                                                tranquila        exenta

Labios                                                           dichosa           soberbio

Luz                                                                humana        hircana

Seno                                                               sola

Amor                                                             intacta

Tigre                                                              tangible

Mar                                                               divina

Mortales                                                        leve

Piel                                                                extensa

Diosa                                                            feliz

 

¿Quién puede osar, quién solo/ sus labios hoy pondría/ sobre la luz dichosa/ que humana apenas sueña?...

 

A partir de aquí hay un instante de intensificación de la duda hacia el referente lírico, hacia la imagen que se va conformando; instante de dubitación que se refuerza con otro momento de sublimación, de encumbramiento, de exaltación de la imagen artística aun desconocida. Me permito este esquema, acaso palpable –comprensible- de este momento, a mi juicio, importante para la comprensión de la imagen del referente que el sujeto lírico-poeta nos esta demostrando:

 

               “narratarios” poéticos ------- sujeto lírico  ---------diosa

                  (mortales)                             (poeta)              (imagen paradisíaca)

 

“...Miradla allí. ¡Cuán sola! ¡Cuán intacta!  Tangible?...”  El momento de sublimación se produce a partir de este momento en que el sujeto lírico nos va revelando, a ratos, una visión casi inalcanzable, que solo él puede mostrar. El “miradla allí”, con esa temperancia imperativa, nos refuerza que la distancia entre esa imagen y los  “narratarios”  poéticos es un camino tan opuesto e inalcanzable como el de los mortales e inmortales. Un camino que solo ha recorrido y vivido – anhelado, vivido, deseado?- el propio poeta. Una imagen visionaria mas del Paraíso aleixandrino en donde el ideal de belleza alcanza la plenitud dentro de la poesía. El ideal de belleza en una criatura angelical, pero a su vez imponente, solitaria, intacta.

 

Si aplicamos un campo semántico los calificativos nos van dando la medida de lo que puede denotar esa imagen poética:

 

Hermosa--------------- belleza

Tranquila---------------paciente

Soberana---------------imponente, reinante

Sola---------------------soledad

Intacta------------------virgen

 Tangible?------------- que se puede tocar

Casi divina------------casi paradisíaca

 

Esta imagen parece develarse desde un sitio inalcanzable, desde un allí encumbrado, pero de difícil acceso, negado. El hecho de que la palabra tangible aparezca  entre signos de interrogación puede indicar un refuerzo de esa distancia,  de ese allí.  Se puede tocar esa imagen, que hasta ahora permanece intacta, virgen? Casi divina enfoca mas esa distancia entre l terrenal y lo paradisíaco, lo angelical. Nunca ofrecida es una aproximación del cierre climático  que nos da esa respuesta:

 

¡Ah, mortales! No, nunca;

desnuda, nunca vuestra...

 

Una imagen casi divina no puede ser manchada por la mano impía e indecente de los mortales (¡mortales a los que el sujeto lírico nos hace parecer, incluirnos, como si súbita e intensamente quisiera recordarnos, tras un repentino momento de éxtasis ante la imagen, que  procedemos de ahí, que se refiere a nosotros!) Y finalmente:

 

...Sobre la piel hoy ígnea

Miradla, exenta: es diosa.

 

En definitiva, una imagen que sigue intacta, que sigue soberana, paradisíaca, que no se puede tocar, y que solo los mortales podrán únicamente mirarla, apreciarla, porque es diosa:

 

  “narratarios” poéticos ------------ sujeto lírico ----------------- diosa

           (mortales)                              (poeta)                    (imagen paradisíaca)

                                                     allí

 

  

   Tierra                                       solo mirarla                               Paraíso

 

 

Si con Diosa el hombre es evocado desde una óptica inferior, conceptualizada en la propia visión del poeta, en Al hombre, el sujeto lírico está marcando constantemente el destino humano. Aleixandre va explotando la libertad descriptiva que permiten  los versos de arte mayor para referirnos  esta imagen poética del hombre contemporáneo.

 

El hombre aquí va redimiendo constante su “materia sin vida”. Tal vez su alma podría decirse. Es el hombre que ha pecado y que esta condenado a seguir haciéndolo, sin poder redimirse; y así lo anuncia el poeta cuando al preguntarle no halla explicación a su interrogante:

 

¿Por qué protestas,  hijo de la luz,

Humano que transitáis en la tierra,

Redimes un instante tu materia sin vida?

 

Para Aleixandre, el principio de que Memento homo qui pulvis es et in pulvis reverteris es mas que una predicción bíblica, es una concepción que precisa una respuesta más allá de, porque dubita, deja margen a dudas. Para él el hombre no solo ha venido del barro sino de otro sitio, de otro lugar, y así le pregunta: ¿De dónde vienes, mortal, que del barro has llegado... Para él la vida del hombre es efímera, corta, breve, de ahí el añorado sueño de perdurabilidad, de inmortalidad:  ...para un momento brillar y regresar después a tu apagada patria?

 

El hombre se reviste de omnipotencia, de majestuosidad reinante en la Tierra, semejante a las deidades: ... tu vacilante forma y calidad / de dios tomas en préstamo...  Y contrapone lo  luminoso, juvenil perennal a los aires  a  su mentalidad engañosa. El hombre es hermoso, reconoce, pero de temperamento astuto, irascible, pérfido.

 

Entonces ocurre un instante súbito en la composición poética: el hombre pierde su atención hacia si mismo y centra su mirada, dirigida por el propio poeta, al declinar del mundo, el mundo terreno conformado para él; y con este ocaso definitivo, el declinar del hombre mismo que ocurre de pronto, casi simultáneo.

 

Mas mira, mira que hoy, ahora mismo, el sol declina

tristemente en los montes.

Míralo rematar ya de pálidas luces,

De tristes besos cenizas de ocaso

Tu frente oscura. Mira tu cuerpo extinto como acaba en la noche

De nuevo la perenne oscuridad. Un mundo sin paraíso, mirado por la constancia del destino brusco, fatal. Y entonces, aquel principio de que Memento homo... se vuelve enfatizar a modo de acabamiento. El hombre vuelve  a la tierra de la cual en vida fue distinta a él:  tu planta pisa el barro de que ya eres distinto..., y que ahora con  su muerte ya no lo es:

Regresa tú, mortal, humilde, pura arcilla apagada,

A tu certera patria que tu pie sometía.

He aquí la inmensa madre que de tí no es distinta

Y solo así, muerto, hecho polvo en el polvo, el hombre queda:

...y,  barro tú en el barro, totalmente perdura.

Hay algo notable en todo esto si releemos detenidamente los dos textos líricos, Diosa y Al hombre. El sujeto lírico-poeta nos da esa sensación, una vez mas, de “apartamiento terrenal”, no individualismo a ultranza, sino de diferenciación propia, de él mismo, para con “nosotros” los mortales. Hay un estadío insalvable de espacio entre los “narratarios” poéticos y el sujeto lírico. Aquí, en Al hombre a imagen del referente lírico es el hombre, y también los “narratarios”. Se evoca al hombre, el poema está dirigido a él pero la evocación lírica es sutilmente acusadora, fina y cuidadosamente elaborada. El poeta parece ubicarse, no dentro ya de la naturaleza propia de los seres extraterrenos (presentes en Diosa, por ejemplo o en Primavera en la Tierra, o ausentes aquí en Al hombre), sino justo en un intervalo intermedio entre  “narratarios” poéticos  (seres mortales del mundo real) y seres paradisíacos  (de su mundo virtual). En Al hombre, la casi neutralidad del poeta –es decir, Aleixandre es capaz de desdeñar al hombre, desecha y censura sus acciones, sin olvidar que él es un hombre también- nos remite a un momento de recogimiento espiritual de si mismo, de una mirada interna y evocadora e su yo –no surrealismo o subjetivismo freudiano- de pequeño individualismo resignado y de andar solitario por el mundo agonizante: y entonces el propio poeta de ser “yo real” para convertirse  en “yo espiritual”, imaginario, y se cree capaz de censura a la raza humana de la cual parece no formar parte en lo sucesivo, mostrándose capaza de desdeñarla a tal extremo de borrar esta creación impura de la naturaleza terrenal, para conformar un mundo paradisíaco completamente deshabitado. Entonces se desata esa otra imagen visionaria del paraíso sin hombres que conlleva, inevitablemente, hacia otro concepto de su poesía en Sombra del Paraíso, encaminado hacia una visión pesimista de la humanidad.

 

Visión pesimista de la Humanidad o El  Paraíso sin hombres.

 

En este libro una pequeña exposición de poemas a los que el propio autor denomina Inmortales reflejan el despertar del poeta. Ocurre la oposición absoluta de este mundo de ensoñaciones y de belleza pero deshabitado, a diferencia de otros poemas en que los seres extraterrenos, extrapolaciones de la humanidad que anhela el instante superior de eternidad, habitan un mundo paradisíaco en condiciones superiores a la Tierra.

 

Pero este Paraíso sin hombres es sumamente superior al Paraíso de seres inmortales. En La Tierra, El Fuego y en  El Aire

 

 Los hombres no son una manifestación mas de la Naturaleza. La tierra que debe cobijarlos no lo hace ya; y sin ellos, parece renacer, exhalando el gozo de la plena pureza.

 

La tierra conmovida

Exhala vegetal,

Su gozo. ¡Hela: ha nacido!

Verde rubor, hoy boga

Por un espacio más nuevo

 

La tierra pide un nuevo espacio para vivir, diría que casi a gritos. Es la tierra inhabitada del mundo ideal-mundo real, virgen, purificada:

 

¿Qué encierra? Sola, pura

De sí, nadie la habita.

 

Es, sin dudas, el despertar del poeta. Conoce de las imperfecciones del hombre, reniega de ellas, como parecen renegar los elementos de la naturaleza misma. La luz del fuego es solitaria, como la Tierra, alzándose puro mientras las aves vuelan sin quemarse al pasar a través de sus llamas. Y es el fuego, creado para dar abrigo y protección a los hombres, el que debe permanecer libre todavía de tí, humano, intacto: Luz es, luz inocente...

 

Y el aire, el aire también ha perdido la memoria. Asignar cualidades reales a elementos inanimados de la naturaleza ya es de por si, una fuerza poética capaz de sostener esta visión irrefutable –para él- de la concepción pesimista de la Humanidad. El aire, también creado para dar vida a las criaturas de la tierra, permanece intacto, puro:

Aún más que el mar, el aire

Más inmenso que el mar, esta tranquilo

Alto velar de lucidez sin nadie.

Acaso la certeza pudo un día,

De la tierra, sentirte, humano. Invicto,

El aire ignora que habito en tu pecho.

Sin memoria, inmortal, el aire esplende.

 

Asistimos entonces al canto de un paraíso  más perfecto: un reino sin hombres, creaciones imperfectas de la Naturaleza, pecados de la impidez original de ella. La tierra avanzara entonces sola, pura de sí: nadie la habita. Solo la gracia muda, peregrina del mundo allí reina. Solo la luz original y dorada. Y la voz del poeta se carga de tristeza y de sabiduría para decir, en El Fuego:

 

                    ¡Humano: nunca nazcas!

 

Conclusiones:

En resumen, con este análisis estilístico podemos afirmar que:

- Los poemas analizados del libro Sombra del Paraíso ofrecen al lector diferentes enfoques del sujeto lírico- poeta de una concepción paradisíaca del mundo, partiendo de la dicotomía de mundo terrenal, la sucia contemporaneidad del poeta y mundo virtual, mundo idealizado.

-Ciudad del Paraíso nos presenta una imagen visionaria paradisíaca con un enfoque excepcional, muy distinta de otros poemas como Primavera en la Tierra y Mar del Paraíso.

-En este poema se denota una extrapolación del referente lírico a partir del propio desdoblamiento del sujeto lírico en

              sujeto lírico terrenal--------------------------sujeto lírico paradisíaco

-Con esto se produce una acción divinizante del mundo, ciudad, hombre e infancia terrenales en mundo, ciudad, hombre e infancia angelicales, paradisíacas.

-En Ciudad del Paraíso se produce una mirada del hombre hacia el pasado, hacia el recuerdo de la infancia. Aquí, el sujeto lírico opera directamente con la fantasía, pero con tendencia humanizante, con atisbos terrenales.

-Si bien en Ciudad del Paraíso, mediante la evocación, se trasponía imagen de ciudad paradisíaca hacia ciudad de la infancia y viceversa, aquí en Mar del Paraíso se refuerza la extrapolación de la mirada poética hacia el pasado, pero con un enfoque diferente

-La intención del sujeto lírico en este poema apunta hacia una reverencia del mundo idealizado por él mismo. El poeta no es capaz de apresar ni de dañar la belleza de su paraíso natal, de su mundo. Es capaz de apreciar la fuerza natural tal cual era, amarla, vivirla intensamente, a diferencia de los  hombres terrenales.

-Si bien, en Ciudad del Paraíso se cuenta el tema paradisíaco como una extrapolación del mundo real al mundo ficcionalizado, aquí en Mar del Paraíso ocurre lo mismo ocurre lo mismo que en otros poemas, a diferencia de este primero: se nos cuenta desde una perspectiva oponente de ilusión-desengaño, a partir de una primera instancia evocadora, nostálgica, referida al mundo de su infancia natal, al mar de su ciudad.

-Los seres extraterrenos en Primavera en la Tierra son vistos aquí como la iluminada visión que guía el destino de los  hombres. El yo poético  o sujeto lírico-poeta se sabe supeditado a la acción divina que rige su destino. El planteamiento de este poema nos introduce plenamente en este mundo ficcionalizado en donde la naturaleza paradisíaca nos asemeja a un país tropical. Entonces sobreviene su concepción puramente idealizada del amor.

-La imagen paradisíaca aleixandrina se nos presenta desde una perspectiva que va desde lo angelical, lo divinizante hacia lo terrenal, la realidad contemporánea del poeta, en estos dos poemas últimos –a excepción de  Ciudad del Paraíso con su enfoque único de extrapolación lírico-semántica ya abordado- en donde se produce la oposición de ilusión-desengaño, partiendo de una evocación de la imagen virtual divinizada hacia una negación de la realidad terrenal

-Sin embargo, en Poderío de la Noche  y en Noche Cerrada  la visión paradisíaca es abordada como una imposibilidad  para el sujeto lírico-poeta o bien contada partiendo del principio del desengaño del poeta hacia la ilusión, es decir, la forma contraria abordada en los otros poemas anteriores.

-En estas composiciones la línea temática gira en torno al predominio de la impureza terrenal viciada a través de la asociación de elementos semánticos que denotan el vacío terrenal, la impureza de la vida cotidiana, de ese mundo perdido en donde las fuerzas naturales subyacen dominadas por la tristeza y la oscuridad en la Tierra.

-En este libro una pequeña exposición de poemas a los que el propio autor denomina Inmortales reflejan el despertar del poeta. Ocurre la oposición absoluta de este mundo de ensoñaciones y de belleza pero deshabitado, a diferencia de otros poemas en que los seres extraterrenos, extrapolaciones de la humanidad que anhela el instante superior de eternidad, habitan un mundo paradisíaco en condiciones superiores a la Tierra.

-Pero este Paraíso sin hombres es sumamente superior al Paraíso de seres inmortales. En La Tierra, El Fuego y en  El Aire  los hombres no son una manifestación mas de la Naturaleza

Si con Diosa el hombre es evocado desde una óptica inferior, conceptualizada en la propia visión del poeta, en Al hombre, el sujeto lírico está marcando constantemente el destino humano. Aleixandre va explotando la libertad descriptiva que permiten  los versos de arte mayor para referirnos  esta imagen poética del hombre contemporáneo.

-El hombre aquí va redimiendo constante su “materia sin vida”. Tal vez su alma podría decirse. Es el hombre que ha pecado y que esta condenado a seguir haciéndolo, sin poder redimirse

-Entonces se desata esa otra imagen visionaria del paraíso sin hombres que conlleva, inevitablemente, hacia otro concepto de su poesía en Sombra del Paraíso, encaminado hacia una visión pesimista de la humanidad.

- La poesía de Aleixandre renovó el interés por la tradición poética  española y dentro del grupo de la generación del 27 fue el que más busco en la poesía el modo de evadirse del mundo.

 

Bibliografía consultada:

1-      Aleixandre, Vicente: Poesía. Editorial Arte y Literatura, Ciudad de la Habana,1988.

2-      ------------------------: Poesías completas. Editorial Aguilar, Madrid, 1960.

3-      Alonso, Dámaso:    Ensayos sobre poesía española. Revista  Occidente Argentina, Buenos Aires, 1946.

4-      Bousoño, Carlos:   La poesía de Vicente Aleixandre. Biblioteca Románica Hispánica. Editorial Gredos, Madrid, 1956

5-      --------------------:  Teoría de la expresión poética. Editorial Aguilar, Madrid, 1960

6-      Cano, José Luis:       La poesía de la generación del 27. Editorial Labor, S. A.  Calabria, Barcelona,1986.

7-      Dubsky, Josef:          Linguoestilistica Funcional, Universidad de Oriente. Facultad de Artes y Letras. Departamento de Lingüística, 1989.

8-      Rodríguez Adrados, Francisco: Lingüística estructural, tomo II.

9-      Ullmann, Stephen:     Lenguaje y Estilo .Biblioteca Románica Hispánica. Editorial Gredos, Madrid, 1956.  

Trabajo Final Integrado de Estilística y Literatura Española, 2002.

Ronald Antonio Ramírez Castellanos, 2002-02-01.

Todos los derechos reservados.

Copyright.

 

 


[1] En un trabajo anterior, El paraíso poético en dos poemas de Vicente Aleixandre, se abordó un enfoque estilístico de dos de los poemas que contiene Sombra del Paraíso: Ciudad del Paraíso y Diosa.  Este trabajo contiene al trabajo anterior, pero, claro está, más enriquecido y con un nuevo enfoque analítico. Así, esta segunda incursión por la obra capital de Vicente Aleixandre, complementa todo el estudio que este autor hiciera, atrapado por la imantada evocación poética de este hombre y por recomendaciones directas de una paciente profesora que, una vez más, me permite incursionar en este mundo poético, terrenal y paradisíaco.

[2] Muchas de las piezas poéticas tendrán la forma de un tanteo en Sombra del Paraíso, caracterizándose mas que en las piezas anteriores. Ese tanteo se concretiza más en una pregunta que parece dirigida al propio poeta como si con esto empezase a vislumbrar el tema. De las 52 composiciones de la obra Sombra del Paraíso, existen hasta 13 que se abren interrogativamente.

[3]  Apud Cano, José Luis: La poesía de la generación del 27, Editorial Labor. S. A., Calabria, Barcelona, 1986

[4]  Voy a apropiarme aquí de esta categoría narratológica, o mejor dicho, a pedir prestado, con el permiso Genette, puesto que en poesía no existe tal designación cuando se hace alusión al referente lírico.

Autor: Lic. Ronald Antonio Ramírez Castellanos

 

Fecha de realización: 2002

 

email: ronald@csh.uo.edu.cu

 

edad: 25 años.

 

estudios realizados: Licenciado en Letras, Universidad de Oriente, CUBA

 

TÍTULO: Bajo la sombra del Paraíso poético de Vicente Aleixandre.

 

categoría: literatura española.

 

Universidad de Oriente

Facultad de Humanidades

Departamento de Letras

BAJO   LA   SOMBRA   DEL  PARAÍSO   POÉTICO    DE   VICENTE  ALEIXANDRE

(ensayo)

AUTOR:

LIC.  RONALD  ANTONIO  RAMÍREZ CASTELLANOS

 

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