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Bajo la sombra del Paraíso poético de Vicente Aleixandre
RESUMEN
El presente trabajo persigue un
acercamiento a la poética de Vicente Aleixandre a través de un análisis del
estilo funcional artístico en algunos de sus poemas del libro Sombra
del Paraíso, considerado su obra capital. Con el análisis se intenta abordar,
mediante un enfoque estilístico, la diversidad temática en sus composiciones
poéticas, partiendo de su concepción visionaria de un mundo idealizado por el
poeta, contrapuesto a la verdadera realidad de su entorno vital, la realidad
contemporánea, amén del tema único de toda la obra que conforman, la cual será
tratada en un pequeño acápite dentro de este trabajo. Con todo se pretende
demostrar que Vicente Aleixandre, a pesar de ser integrante del movimiento
vanguardista de la generación del 27, fue el que más busco con su poesía el
modo de evadirse del mundo. Sombra del Paraíso y la obra de Aleixandre La obra de Aleixandre comienza verdaderamente con Pasión
de la Tierra, libro de Poemas en prosa. Siguen luego Espadas como labios,
La destrucción o el amor y Sombra del Paraíso. Esta obra en su
conjunto representa un nuevo viraje para la poesía española. Pero es con su
poemario Sombra del Paraíso que el poeta alcanza su plenitud de creación. El único tema aquí de sus composiciones poéticas es el
Universo, la Creación, la vida. En Espadas como labios se nos presenta
como una horrible confusión y entrecruzamiento de fuerzas. En La destrucción
o el amor como una genial combinación en que cada forma encuentra su
principio, su devenir y acabamiento. Ya en Sombra del Paraíso es la
imagen serena del existir del mundo, en su día original. Los poetas son aquí ángeles
desterrados de su celeste origen. Y él, poeta, escribe desde su doble
cansancio, desde su doble tristeza como un ente impuro de la difusa humanidad. Y
a este mundo pertenece el poeta. Sombra del Paraíso es una visión emanada y justificada por un humano deseo: el
ansia de pureza, de elementalidad, de autenticidad que Aleixandre siente de un
modo profundo en la radicalidad de su ser. Se mira lo elemental como el supremo
modo de existencia. En Sombra del Paraíso se nos presenta la proyección
de un mito: la existencia de un pasado remoto, de una edad dorada, un mágico edén,
donde el poeta vivió, y que ahora, al hacer poesía , recuerda “sin
saberlo”. El mundo poético de este Sombra del Paraíso gira sobre la
idea de que el hombre ha nacido para ser un puro elemento de la naturaleza. De este modo, Sombra del Paraíso contará desde una
doble vertiente: desde el cansancio humano, desde el humano abatimiento
(realidad vital) y desde la alegre contemplación del paraíso (visión del
poeta). La postura primera será como el contraste de la visión, la fuerza que
lo justifica: la angustia. Es lo que da hondura al tema paradisíaco. El mundo lírico de Sombra del Paraíso es como ya lo
define su título un mundo paradisíaco, donde los elementos de la Naturaleza
–el río, el cielo, el mar, la noche, la isla, los seres, el amor- irradian su
más pura y virginal belleza, como criaturas desnudas de un mundo recién
creado. En sus versos el poeta parece recordar con nostalgia la radiante
hermosura, los celestes destellos de ese mundo evocado. Si oímos al propio
poeta veremos como ese mundo de belleza fue habitado un día por él. Al describir las visiones de ese mundo paradisíaco, lo ha
hecho Aleixandre con apasionada melancolía y con palabras iluminadas por
ese mismo resplandor del mundo que evoca, y que no es un paraíso clásico, sino
romántico: un paraíso de la juventud. La Naturaleza y lo natural cobran singular importancia
en esta obra, contemplándose como la fuente de toda verdad. Los hombres que se
alimentan de su vitalidad nutricia estarán a salvo. Los que se alejen de su
honda llama perecerán. El tema de la naturaleza, tan central en esta lírica,
parece ser tratado de modo directo y significativamente son numerosos los poemas
que así lo realizan, desde muy diferentes situaciones y tonos: a la luna (Luna
del Paraíso). El mar se cuenta 4 veces en Sombra del Paraíso (Destino
trágico, Mar del Paraíso, El mar, y La Isla) El sol (en
El sol e Hijos del Sol). Distintos aspectos de la Naturaleza: el
cielo (El cielo), el campo (Adiós a los campos); el aire (El
aire); la tierra (La Tierra); el río (El Río); el paisaje
primaveral (Primavera en la Tierra); la lluvia (Lluvia); el fuego
(El Fuego). En este trabajo nos centraremos en el estudio más estrecho
de algunos poemas, diez en total, de los cuales trataremos de acercarnos
mediante un análisis estilístico –tal y como definimos en nuestros
objetivos- a la diversidad temática de su concepción paradisíaca, teniendo
como premisa fundamental la oposición entre mundo real- mundo virtual latente
en la poesía de este libro. Los poemas seleccionados son los siguientes: Ciudad
del Paraíso, Mar del Paraíso, Primavera en la Tierra, Poderío de la Noche,
Noche cerrada, Diosa, Al hombre y esta trilogía de los Inmortales:
La Tierra, El Fuego y el Aire,[1] destacando
en ellos una variedad de temas en los que el hombre, la tierra y la naturaleza
toda alcanzan diferentes connotaciones semánticas, teniendo en cuenta,
como ya expliqué, la premisa fundamental de su obra. Ciudad del Paraíso
A mi ciudad de Málaga. Siempre te ven mis
ojos, ciudad de mis días marinos. Colgada del imponente monte, apenas detenida En tu vertical caída a las ondas azules Pareces reinar bajo el cielo, sobre las aguas, intermedia en
los aires como si una mano dichosa te hubiera retenido, un momento de
gloria, antes de hundirse para siempre en las olas amantes. Pero tú duras, nunca desciendes, y el mar suspira o brama por ti, ciudad de mis días alegres, ciudad madre y blanquísima donde viví y recuerdo, angélica ciudad que, mas alta que el mar, presides sus
espumas. Calle apenas, leves, musicales. Jardines donde flores tropicales elevan sus juveniles palmas
gruesas. Palmas de luz que sobre las cabezas, aladas, mecen el brillo de la brisa y suspenden por un instante labios celestiales que cruzan con destino a las islas remotísimas, mágicas, que allá en el azul índigo, libertadas, navegan. Allí también viví, allí, ciudad graciosa, ciudad honda. Allí, donde los jóvenes resbalan sobre la piedra amable, y donde las rutilantes paredes besan siempre a quienes siempre cruzan, hervidores, en brillos. Allí fui conducido por una mano materna. Acaso de una reja florida, una guitarra triste cantaba la súbita canción suspendida en el tiempo; quieta la noche, mas quieto el amante, bajo la luna certera que instantánea transcurre. Un soplo de eternidad pudo destruirte, Ciudad prodigiosa, momento que en la mente de un Dios
emergente. Los hombres por un sueño vivieron; no vivieron; Eternamente fúlgidos como un soplo divino. Jardines, flores. Mas alentando como un brazo que anhela a la ciudad voladora entre monte y abismo, blanca en los aires, con calidad de pájaro suspenso que nunca arriba. ¡Oh ciudad no en la tierra! Por aquella mano materna fui llevado ligero Por tus calles ingrávidas. Pie desnudo en el día. Pie desnudo en la
noche. Luna grande. Sol puro. Allí en el cielo eras tú, ciudad que en él morabas. Ciudad que en él volabas con tus alas abiertas. Mar del Paraíso. Heme aquí frente a
ti, mar, todavía... Con el pecho de la tierra en mis hombros, Impregnado todavía el efímero deseo apagado del hombre, Heme aquí, luz eterna, vasto mar sin cansancio, ultima
impresión de un mar que no
acaba, rosa del mundo ardiente. Eras tu, cuando niño, La sandalia fresquísima para mi pie desnudo. Un albo crecimiento de espumas por mi pierna Me engaña en aquella remota infancia de delicias. Un sol, una promesa De dicha, una felicidad humana, una cándida correlación de
luz Con mis ojos nativos, de ti mar, de ti cielo, imperaba
generosa sobre mi frente deslumbrada Y extendía sobre mis ojos su inmaterial palma alcanzable, Abanico de amor o resplandor continuo Que imitaba unos labios para mi piel sin nubes. Lejos el rumor pedregoso de los caminos oscuros Donde hombres ignoraban su fulgor aun virgíneo. Niño grácil, para mi la sombra de la nube en la playa No era el torvo presentimiento de mi vida en su polvo, No era el contorno bien preciso donde la sangre un día
acabaría coagulada, sin destellos y sin numen. Mas bien., como mi dedo pequeño, mientras la nube detenía
su paso, Yo trace sobre la fina arena dorada su perfil estremecido, Y aplique mi mejilla sobre su tierna luz transitoria, Mientras mis labios decían los primeros nombres amorosos. Cielo, arena, mar... El lejano crujir de los aceros, el eco al fondo de los
bosques partidos por los hombres, Era allí para mi un monte oscuro pero también hermoso. Y mis oídos confundían el contacto heridor del labio crudo Del hacha en las encinas Con un beso implacable, cierto de amor, en ramas. La presencia de peces por las orillas, su plata núbil, El oro no manchado por los dedos de noche, La resbalosa escama de la luz, era un brillo en los míos. No aprese nunca esa forma huidiza de un pez en su hermosura, La esplendente libertad de los seres, Ni amenace una vida, porque ame mucho, amaba Sin conocer el amor; solo vivía... Los barcos que a lo lejos confundían sus velas con las
crujientes olas De las gaviotas o dejaban espuma como sus picos leves, Hallaban en mi pecho confiado un envío, Un grito, un nombre de amor, un deseo para mis labios húmedos, Y si las vi pasar, mis manos menudas se alzaron Y gimieron de dicha a su secreta presencia, Ante el azul telón que mis ojos adivinaron, Viaje hacia un mundo prometido, entrevisto, Al que mi destino convocaba con muy dulce certeza. Por mis labios de niño canto la tierra; el mar Cantaba dulcemente azotado por mis manos inocentes. La luz, tenuemente mordida por mis dientes blanquísimos, Canto; canto la sangre de la aurora en mi lengua. Tiernamente en mi boca, la luz del mundo me iluminaba por
dentro. Toda la asunción de la vida embriago mis sentidos Y los rumorosos bosque me desearon entre sus veredas frondas, Porque la luz rosada era en mi cuerpo dicha. Por eso hoy, mar Con el polvo de la tierra en mis hombros, Impregnado todavía el efímero deseo apoyado del hombre, Heme aquí, luz eterna, Vasto mas sin cansancio, Rosa del mundo ardiente. Heme aquí frente a ti, mar, todavía... Primavera en la Tierra
Vosotros, fuisteis
Espíritus de un alto cielo,
Poderes benévolos que prendisteis mi vida,
Iluminando mi frente en los feroces días de la alegría juvenil
Amé, amé la dichosa Primavera
Bajo el signo divino de vuestras alas levísimas,
Oh poderosas, oh externos dueños de la tierra.
Desde un alto cielo de gloria,
Espíritus celestes, vivificadores del hombre,
Iluminasteis mi frente con los rayos vitales de un sol que llenaba
La tierra de sus totales cánticos.
Todo el mundo creado
Resonaba con la amarilla gloria
De la luz cambiante .Pájaros de colores,
Con azules y rojos y verdes y amatistas,
Coloreadas alas con plumas, como el beso,
Saturaban la bóveda palpitante de dicha
Batiente como seno, como plumaje o seno,
Como la piel tangente que los besos tiñeron.
Los árboles saturados colgaban
Densamente cargadas de una savia encendida.
Flores pujantes, hálito repentino de una tierra gozosa,
Abrían su misterio, su boca suspirante,
Labios rojos que el sol dulcemente quemaba.
Todo abría su cáliz bajo la luz radiante. Las grandes rocas, casi de piedra o carne, Se amontonaban sobre dulces montañas, Que reposaban cálidos como cuerpos cansados De gozar una hermosa sensualidad luciente. Las aguas vivas, espumas del amor en los cuerpos Huían, se atrevían, se rozaban, cantaban. Risas frescas los bosques enviaban, ya mágicas; Atravesados solo de un atrevido viento. Pero vosotros, dueños fáciles de la vida, Prendisteis mi juventud primera. Un muchacho desnudo, cubierto de vegetal alegría, Huía por las arenas vividas del amor Hacia el gran mar extenso, Hacia la vasta inmensidad derramada Que melodiosamente pide un amor consumado. La gran playa marina, No abanico, no rosa, no vara de nardo Pero conchas de un nácar irisado de ardores, Se extendía vibrante, resonando, cantando, Poblada de unos pájaros de virginal blancura. Un rosa cándido por las nubes remotas Evocaba mejillas recientes donde un beso Ha teñido purezas de magnolia mojada, Ojos húmedos, frente salina y alba Y un rubio pelo que el ocaso ondea. Pero el mar se irisaba. Sus verdes cambiantes, Sus azules lucientes, su resonante gloria Clamaba erguidamente hasta los puros cielos, Emergiendo entre espumas su vasta voz amante. En el mar alzado, gemidor, que dolía Como una piedra toda de luz que a mí me amase, Mojé mis pies, herí con mi cuerpo sus ondas, Y dominé insinuando mi bulto afiladísimo, Como un delfín que goza las espumas tendidas. Gocé, sufrí, encendí agoniosos mares Los abrasados mares, Y sentí la pujanza de la vida cantando, Ensalzando en el ápice del placer a los cielos. Siempre fuisteis oh dueños poderosos, Los dispensadores de todas las gracias, Tutelares hadas eternas que presidisteis la fiesta de la vida Que yo viví como criatura entre todos. Los árboles, las espumas, las flores, los abismos, Como las rocas y aves y las aguas fugaces, Todo supo de vuestra presencia invisible En el mundo que yo viví en los alegres días juveniles. Hoy que la nieve también existe bajo vuestra presencia, Miro los cielos de plomo pesaroso Y diviso los hierros de las torres que elevaron los hombres Como espectros de todos los deseos efímeros. Y miro las vagas telas que los hombres ofrecen, Máscaras que no lloran sobre las ciudades cansadas, Mientras siento lejana la música de los sueños En que escapan las flautas de la Primavera apagándose. Poderío de la
Noche
El sol cansado de vibrar en los cielos Resbala lentamente en los bordes de la tierra, Mientras su gran ala fugitiva Se arrastra todavía con el delirio de la luz, Iluminando la vacía prematura tristeza. Labios volantes, aves que suplican al día Su perduración frente a la vasta noche amenazante, Surcan un cielo que pálidamente se irisa Borrándose ligero hacia lo oscuro. Un mar, pareja de aquella larguísima ala de la luz, Bate su color azulado Abiertamente, cálidamente aun, Con todas sus vivas plumas extendidas. ¿Qué coyuntura, qué vena, qué plumón estirado Como un pecho tendido a la postrera caricia del sol Alza sus espumas besadas, Su amontonado corazón espumoso, Sus ondas levantadas Que invadirán la tierra en una ultima búsqueda de la luz Escapándose? Yo sé cuán vasta soledad en las playas, Qué vacía presencia de un cielo aún no estrellado, Vela cóncavamente sobre el titánico esfuerzo, Sobre la estéril lucha de la espuma y la sombra. El lejano horizonte, tan infinitamente solo Como un hombre en la muerte, Envía su vacío, resonancia de un cielo Donde la luna anuncia su nada enardecida.
Un clamor lívido invade un mundo donde nadie
Alza su voz gimiente,
Donde los peces huidos a los profundos senos misteriosos
Apagan sus ojos lucientes de fósforo,
Y donde los verdes aplacados,
Los silenciosos azules
Suprimen sus espumas enlutadas de noche
¿Qué inmenso pájaro nocturno,
Qué silenciosa palma total y neutra
Enciende fantasmas de lucero en su piel sibilina,
Piel única sobre la cabeza de un hombre
Que en una roca duerme su estrellado trascurso?
El rumor de la vida
Sobre el gran mar oculto
No es el viento, aplacado,
No es el rumor de una brisa ligera lo que e otros días felices rizara los
luceros, Acariciando las pestañas
amables,
Los dulces besos que sus labios os dieron,
Oh estrellas en la noche,
Estrellas fijas enlazadas
Por mis vivos deseos.
Entonces la juventud,
La ilusión, el amor encontrado
Rizaban un cabello gentil que el azul confundía
Diariamente con el resplandor estrellado del sol sobre la arena.
Emergido de la espuma con la candidez de la Creación reciente,
Mi planta imprimía su huella en las playas
Con la misma rapidez de las barcas,
Ligeros envíos de un mar benévolo bajo el gran brazo del aire,
Continuamente aplacad por una mano dichosa acariciando sus espumas vivientes.
Pero lejos están los remotos días
En que el amor se confundía en la pujanza de la naturaleza radiante
Y en que un mediodía feliz y poderoso
Hundía su pecho con un mundo a sus plantas.
Esta noche, cóncava y desligada,
No existe mas que como existen las horas,
Como el tiempo que pliega
Lentamente sus silenciosas capas de ceniza,
Borrando la dicha de los ojos, los pechos y las manos,
Y hasta aquel silencioso calor
Que dejara en los labios el rumor de los besos.
Por eso yo no veo, como no mira nadie
Esa presente bóveda nocturna,
Vacío repasador de la muerte no esquiva,
Inmensa, invasora realidad intangible
Que ha deslizado cautelosa
Su hermético oleaje se de plomo ajustadísimo.
Otro mar ha muerto, bello,
Abajo acaba de asfixiarse. Unos labios
Inmensos cesaron de latir, y en sus bordes
Aun se ve deshacerse un aliento, una espuma.
Análisis de los poemas. En cuanto a la estructuración del poema, en Ciudad del
Paraíso nótense tres momentos esenciales, elementos que aparecen como
características de los poemas aleixandrinos a partir del libro Sombra del
Paraíso. Estos momentos esenciales definen y aseguran la carga poética de
los versos: el primer elemento, un planteamiento; el segundo, un desarrollo
creciente –o lo que en el teatro o el cuento se define como nudo de la
historia-; y el tercero y último, el final del poema. Si bien Aleixandre cuando
va a comenzar una composición no suele saber con exactitud el tema que en
ella va a desarrollarse, percibiendo solo una emoción difusa que podría
originar temas diversos[2], ya aquí, en Ciudad
del Paraíso, desde el inicio se nota una definición del tema a tratar en
la composición poética. Para una mayor
comprensión del análisis del poema, realizaremos esta subdivisión y quedaría
de la siguiente forma: Planteamiento: Estrofa I, versos del 1 al 7 Desarrollo: Estrofas II a la VII, versos del 8 al 35 Final: Estrofa VIII, versos del 36 al 40 Esta subdivisión del poema nos permite detenernos muy bien
en el análisis del sujeto lírico y de la composición poética del texto. Nótese,
con la lectura del poema, una transposición esencial que nos encamina hacia la
comprensión del tema lírico, la ciudad de la infancia idealizada por el poeta,
divinizada; no por gusto el exergo o dedicatoria que encabeza el texto. Ahora bien, ¿cuál es la transposición poética que
se nos plantea? La extrapolación de esa ciudad terrenal, la ciudad de la tierra
hacia esa ciudad angélica, divinizada, en fin, la ciudad del paraíso. La composición métrica de sus versos (alejandrinos en su
mayoría), sin rima, permite al autor desenvolver sus evocaciones del pasado y
divinizarlas, es decir, hacer latente esa transposición poética dentro del
tema. Con la I estrofa, el sujeto lírico centra su mirada en la ciudad
terrenal, la “ciudad de sus días marinos”, de su infancia. Que “reina
bajo el cielo” nos remite a esta afirmación. Ahora bien, a partir de la
II estrofa hasta el final hay un desdoblamiento del referente semántico, o sea,
de la ciudad. “Pero tú duras, nunca desciendes...” es un ejemplo de
la intención aleixandrina de la inmortalidad, de hacer perdurar esa ciudad, de
mantenerla en el lugar encumbrado, de hacerla prevalecer en las alturas. Hasta
el verso 10 “ciudad madre y blanquísima donde viví y recuerdo”,
puede pensarse en la referencia a esa ciudad terrenal. Ya, a partir del verso 11
“...angélica ciudad, que, mas alta que el mar, presides sus espumas”,
el sujeto lírico vive o describe el acto de ascensión de esa ciudad, de la
necesidad de divinizarla, de hacerla participe de esa inmortalidad. Si se realiza un campo semántico, nótese el alto numero de
sustantivos –75 en total- prevaleciendo sobre los adjetivos, y dentro de
ellos, la repetición de la lexía “ciudad” –una 10 veces-, acompañada
de adjetivos que denotan lo divino, lo celestial, ya sea por una intención semántica
directa que califica el adjetivo o por la intención indirecta, que puede
deducir a través de otros calificativos o acciones que nos remiten a una imagen
divinizadora –el color, la acción de volar, etc- Ciudad
Ciudad de mis días marinos (terrenal) Ciudad de mis días alegres (terrenal) Ciudad madre y blanquísima (terrenal-divinizada) Angélica ciudad (divinizada) Ciudad graciosa, ciudad honda (divinizada) Ciudad prodigiosa (divinizada) Ciudad voladora (divinizada) Ciudad no en la tierra (divinizada) Ciudad que en él volabas (divinizada) Obsérvese el uso de sintagmas que a partir del verso 10 nos
remiten a una imagen paradisíaca de la ciudad. Tú duras: inmortalidad Nunca desciendes: permanencia en las alturas Blanquísima: el color blanco denota pureza, lo angelical, lo celestial Angélica: divinizante Labios celestiales: divinizante Etc. En Sombra del Paraíso, como ya referimos, es notable
el contraste entre la realidad angustiosa de la vida terrenal y el instante de
belleza y de plenitud ,efectuándose en sus composiciones poéticas de diversos
modos. Pero en Ciudad del Paraíso, el tema divino, paradisíaco, se
cuenta aisladamente a diferencia de esos poemas que componen el libro, casi de
forma sui géneris, como un enfoque excepcional. Para expresar la
belleza de este paraíso Aleixandre se apoya en la asignación a los seres del
mundo real de cualidades irreales que les dan categoría notable, Los hombres
serán “eternamente fúlgidos”. Las islas irán a la deriva, libres por los
mares. La ciudad del paraíso volará en un cielo con sus “alas abiertas”.
En este poema, como en otros, el poeta se dispone a contar el paraíso. El mundo
conserva la limpidez original. Acaba de nacer. Los seres que lo habitan son
inocentes, puros, elementales como la tierra misma. Es la felicidad de la tierra
sin malicia. ¿Cómo obtiene Aleixandre esta visión? Haciendo trascender la
infancia del hombre hacia la infancia del universo, la aurora del día, del
mundo. Y esto se hace notable, no solo en el poema que nos ocupa sino en Mar
del Paraíso y en Primavera en la Tierra Allí también viví, allí..., nos dice el poeta. Hice referencia al principio
de la forma o el enfoque excepcional con que el poeta denota su visión paradisíaca
en este poema. Y tiene que ver con lo que retoma de su infancia como paraíso.
Porque esa ciudad es Málaga, lugar donde transcurrió su infancia, con el
“pie desnudo” en el día y la noche. Es la infancia del propio poeta elevada
a andaluz-paraíso. Si con el libro Sombra del Paraíso las composiciones
poéticas se cuenten desde dos vertientes esenciales: 1) desde el cansancio
humano, desde el humano abatimiento (realidad vital) y 2) desde la alegre
contemplación del paraíso (la visión del poeta), siendo la primera postura
como el contraste de esta visión, la fuerza que la justifica, la angustia
aleixandrina, ya aquí, en Ciudad del Paraíso, el cansancio del mundo
lleva los ojos hacia la infancia del mundo; el cansancio del hombre le hace
mirar a su infancia remota como un país lejano, tal y como me atrevo a reflejar
en el siguiente esquema. Cansancio humano
alegre contemplación del paraíso (realidad vital)
contraste
Ciudad del Paraíso Cansancio del hombre
infancia
del hombre,
extrapolación
acción
divinizante Nótese que en Ciudad
del Paraíso no se manifiesta el contraste de las dos vertientes que el
sujeto lírico nos expone en el resto de las composiciones poéticas que
integran a Sombra del Paraíso, sino que se produce una extrapolación
del referente lírico, existe una mezcla de esas simbolizaciones. Aquí, su poesía,
que opera directamente en la fantasía, adquiere tendencias humanizantes. Cuando Aleixandre escribe que los seres paradisíacos eran “eternamente
fúlgidos como un soplo divino” es evidente que asigna al humano una
cualidad que no posee: ser siempre luminoso. Es la realización con el sueño de
un anhelo del hombre: la inmortalidad, la juventud eterna. Se produce un acto de
sublimación de un humano deseo. Ya en la estrofa VII se cataliza lo que puede llamarse como
un final climático de la composición poética, Esta estrofa produce el cierre
de forma brillante, con mayor cohesión, apretando toda su estructura en
una cúspide ultima de elevación del tono expresivo: Por aquella materia fui llevado ligero Por tus calles ingrávidas. Pie desnudo en el día. Pie desnudo en la noche. Luna grande. Sol puro. Allí en el cielo eras tu, ciudad que en él morabas. Ciudad que en él volabas con tus alas abiertas Relación autor-texto. Vicente Aleixandre no nació en Málaga sino en
Sevilla, pero sus momentos infantiles son malagueños, como fue el de Málaga
el primer mar que pudo contemplar y en el que hundió sus pies y sus manos de niño.
En 1900 su padre, ingeniero, fue trasladado de Sevilla a Málaga, y con él toda
su familia. Durante nueve años gozaría Aleixandre de ese paraíso, de ese
mundo elemental y maravilloso del mar que luego llevaría a su poesía en uno de
sus mejores libros. Y, desde entonces, Málaga y su mar quedarían grabados en
su mirada, permaneciendo así, ocultos paraísos, hasta que el niño aquel se
convirtió en poeta. Pronto los recuerdos
de su infancia malagueña comenzaron a revivir en su corazón y se hicieron
versos en sus nuevos poemas. Según él mismo confesara: Sombra del Paraíso (no lo he escrito nunca pero lo he dicho
muchas veces) es el libro mío que, mas que ninguno, yo debo a Málaga.
Sin esa ciudad, sin esa ribera andaluza donde transcurrió toda mi niñez, y
cuya luz debía quedarse en mis pupilas endeble; ese libro, que por tantas
razones bien puede llamarse mediterráneo, no hubiera existido”[3] Una
vez leído el poema, se pensaría que la ciudad esta allí idealizada,
embellecida por la nostalgia de una infancia feliz, como el sueño de una edad
dorada ya inalcanzable. Cierto es que el poeta extasía sus propios
recuerdos, pero solo aquellos que de por sí contienen ya una impresión de
dicha o de hermosura. Sí, en Ciudad del Paraíso Málaga está sentida y
evocada con ebriedad de vuelo y de paradisíaca indolencia, no faltan en el
poema los toques levemente realistas que completan la imagen y su impresión de
misterioso hechizo: “
Calles apenas, leves, musicales. Jardines donde
flores tropicales elevaron sus juveniles palmas gruesas. Palmas
de luz...” “...
las rutilantes paredes...” “Acaso
de una reja florida, una guitarra triste...” Ciudad
del Paraíso es,
junto a Mar del Paraíso –el mar que baña las riberas de su ciudad de
infancia- y El Rio, el mas hondo retrato poético de Málaga en el libro
aleixandrino. Siguiendo
la línea anteriormente expuesta en el análisis de Ciudad del Paraíso,
la estructura de esta composición poética nos devela una presentación
visionaria manifestada en una evocación casi cinematográfica, o lo que bien
podría decirse una técnica poética en gran plano general. El
planteamiento, versos del 1 al 7 de la I estrofa, nos introduce un sujeto lírico
en primera persona, reflejo del yo poético extasiado, nostálgico. Esta primera
estrofa es sintética pero bastante profunda. Heme aquí
frente a ti, mar, todavía..., el comienzo de una evocación latente, pero una evocación
que ha estado siempre en la permanencia subjetivista del poeta, y que ahora
aflora. Con el polvo de la tierra en mis hombros/ impregnado todavía el efímero
deseo apagado del hombre... Pocos poetas lograron sacudirse el polvo del
camino, pero el de Aleixandre yace impregnado en el todavía, como un cansancio
que agota, un polvo que es incapaz de sacudirse por si mismo, y lo hace a través
de su poesía, con la invocación, con esa mirada hacia un pasado remoto, oculto
pensamiento de una imagen que vuelve, ese efímero deseo apagado del hombre.
El mar es luz eterna, mar incansable. Es una visión que renace; dice: ultima
expresión de un amor que non acaba; la ultima expresión, pero no acaba, el
amor no termina; y es ese amor infinito y nostálgico hacia las cosas que ya no
vuelven, la infancia; si bien en Ciudad del Paraíso, se cantaba a Málaga,
su ciudad natal, aquí se evoca al mar de Málaga, el mar de su ciudad. Rosa
del mundo ardiente..., expresión poética de fuerte y trascendental
connotación. Rara vez aparecen asociadas estas lexías: rosa y mundo ardiente,
combinación efímera de una evocación que renace con fuerza, que brota. Es
notorio resaltar cómo se asocian estos elementos de mar (azul) y rosa –mundo
ardiente (rojo). El eras
tú, cuando niño... refuerza la evocación poética en este verso que
inicia el desarrollo del poema. El mar es el bálsamo de sus pies de niño (pie
desnudo). Y después remota infancia de delicias. Es preciso
destacar en esta estrofa la asociación de semas que connotan, semánticamente,
la utilización de efectos y de contrastes para alcanzar la imagen
visionaria de ese mar de la infancia, paradisíaco. Y estos efectos se
alcanzan se alcanzan con la luz. Aplicándose un pequeño semántico, encontraríamos
que albo, espumas, sol, cándida correlación de luz, frente deslumbrada,
resplandor continuo son correlativos a mar, cielo, dicha, felicidad; todo un
cuadro expresionista que tiene un protagonista común: la naturaleza. Si bien en Ciudad
del Paraíso, mediante la evocación, se trasponía imagen de ciudad paradisíaca
hacia ciudad de la infancia y viceversa, aquí en Mar del Paraíso se
refuerza la extrapolación de la mirada poética hacia el pasado, pero con un
enfoque diferente. Con las dos primeras estrofas, el poeta nos introduce,
deslumbrándonos, en aquel mundo suyo, nos los hace saber, pleno de total
inocencia, cuando dice para mi piel sin nubes. Esta estrofa, llena
del más efervescente iluminismo, de un cielo limpio, de un mar vasto y
ardiente, sin sombras, es la más pura visión expresionista de la inocencia y
de la infancia del mundo. Pero a este puro y virgen expresionismo se le
contrapone una realidad que late, subyace en los versos siguientes, atormentando
al poeta, martirizándolo. Se contrapone luz-sombra, logrando un efecto de
claroscuro bastante acertado, lo que connotaría semánticamente al mundo ideal
(visión del poeta) con el mundo real (realidad vital) Lejos el
rumor pedregoso de los caminos oscuros... es el inicio de la contraposición, pero el
“lejos” es el énfasis de la distancia entre los elementos opuestos que son,
en definitiva, los temas de todos los poemas aleixandrinos de este libro. “...hombres
ignoraban su fulgor aun virgíneo.” ¡Cuánto énfasis en la necesidad de
diferenciar los seres terrenales de todos los seres paradisíacos!. Los
primeros, incapaces de alcanzar y de apreciar lo bello, de palparlo; de todos
los hombres de su entorno vital, un mundo paradisíaco había sido vivido,
apreciado, deseado, y anhelado solo por él. De nuevo
las nubes: ...la sombra de la nube en la playa/ no era torvo presentimiento
de mi vida en su polvo. Recuérdese “piel sin nubes” de la
segunda estrofa. El sema “nubes” no puede asociarse, de ningún modo, a los
elementos denotativos de luz, aunque las nubes de un día precioso sean
blanquísimas como las espumas de su mar paradisíaco. El poeta nos dice: la
sombra de la nube en la playa; una nube capaz de proyectar sombra en la
playa es una nube carga de tormenta, de lluvia plomiza, ennegrecida:
equivalencia de los malos designios de un mundo que poco a poco se
venía abajo, que crecía, ensombreciéndolo todo. Y más adelante se agudiza
esta contraposición realidad vital- imagen paradisíaca, cuando el yo poético
asocia estas confrontaciones de ambos mundos, resaltando la impureza del mundo
terrenal, asfixiante y agotadora. Dice: el lejano crujir de los aceros/ el
eco al fondo de los bosques partidos por los hombres/ era allí para mi un
bosque oscuro pero también hermosos... De nuevo se recalca la distancia
insalvable de esta contraposición cuando se repite el “lejos” (esta vez
“lejano”) junto a la palabra “eco”, el eco de un mundo supeditado
a su imagen visionaria, su imagen paradisíaca. Mar de Málaga
infancia del mundo La
intención del sujeto lírico en la estrofa siguiente apunta hacia una
reverencia del mundo idealizado por él mismo. El poeta no es capaz de apresar
ni de dañar la belleza de su paraíso natal, de su mundo (ni paradisíaco, ni
terrenal) cuando dice: no apresé nunca esa forma huidiza de un pez en su
hermosura/ la esplendente libertad de los seres/ ni amenace una vida, porque ame
mucho: amaba/ sin conocer el amor; solo vivía... Era capaz
de apreciar la fuerza natural tal cual era, amarla, vivirla intensamente, a
diferencia de los hombres terrenales capaces de destruir lo que para él
era un bosque hermoso, transformándolo en un monte oscuro. El poeta era capaz
de apreciar incluso la belleza de lo feo ( simbolismo baudeleriano?) cuando dice
de ese mismo bosque, sin árboles un monte oscuro pero también hermoso.
Y es, acaso, Aleixandre, un ente mas de esa naturaleza angelical, divina,
diferenciándose así mismo de los seres terrenos? ¿Qué es
este mar para Vicente Aleixandre? Acaso la distancia que separa los mundos
contrapuestos, protegidos; el mar por el que navegan barcos y surcan gaviotas en
un viaje hacia un mundo prometido, entrevisto, al que su destino
convocaba con muy dulce tristeza. Es la perenne evocación de un mundo
remoto que solo él vivió, perenne evocación de una infancia que añora y
recuerda de sus años vividos. Si bien, en
Ciudad del Paraíso se cuenta el tema paradisíaco como una extrapolación
del mundo real al mundo ficcionalizado, aquí en Mar del Paraíso ocurre
lo mismo ocurre lo mismo que en otros poemas, a diferencia de este primero: se
nos cuenta desde una perspectiva oponente de ilusión-desengaño, a partir de
una primera instancia evocadora, nostálgica, referida al mundo de su infancia
natal, al mar de su ciudad. Veamos por
ejemplo Primavera en la Tierra, que sigue esta perspectiva: Los seres
extraterrenos son vistos aquí como la iluminada visión que guía el destino de
los hombres. El yo poético o sujeto lírico-poeta se sabe
supeditado a la acción divina que rige su destino. El planteamiento de este
poema nos introduce plenamente en este mundo ficcionalizado en donde la
naturaleza paradisíaca nos asemeja a un país tropical. Entonces sobreviene su
concepción puramente idealizada del amor. El arte mayor de sus versos permite
esta imagen casi cinematográfica de la primavera, en donde se justifica este
amor intrínseco al mundo regido por poderosas fuerzas externas desde un cielo
de gloria. Vosotros,
fuisteis Espíritus
de un alto cielo, Poderes
benévolos que prendisteis mi vida, Iluminando
mi frente en los feroces días de la alegría juvenil Amé, amé
la dichosa Primavera Bajo el
signo divino de vuestras alas levísimas, Oh
poderosas, oh externos dueños de la tierra. Desde un
alto cielo de gloria, Espíritus
celestes, vivificadores del hombre, Iluminasteis
mi frente con los rayos vitales de un sol que llenaba La
tierra de sus totales cánticos. El
mundo creado gozaba pleno de luz. Es la primavera. La primavera colmada de
colores, el renacer nuevo de un mundo puro y virgen. La asociación de colores
vivos nos remiten a este aspecto irisado de la luz descompuesta en vida –
terrena-paradisíaca?- del mundo aleixandrino. Pájaros de colores/ con
azules y rojos y verdes y amatistas coloreadas con plumas como el beso... La
yuxtaposición de estos elementos comparativos pone al desnudo la mas fina
elaboración de una poesía desnuda, mostrándose a sí misma, egregia pasión
desbordante del alma del poeta. Todo habría su cáliz bajo la luz
cambiante. Un solo verso para delimitar esta diferencia, esta oposición de
mundo idealizado y la sucia contemporaneidad del poeta. Y entonces aquí, en Primavera
en la Tierra, se produce una imprecación contra el mundo, las ciudades y
los vestidos humanos. El hombre sigue siendo ese elemento indisoluble de
la naturaleza unitaria, y es “roca de piedra” metáfora que asocia la
referencia a corazones impíos; o “roca de carne” para denotar la naturaleza
más sensual del ente humano. Y las ciudades son “dulces montañas” que
reposaban como cuerpos cansados, o vistas como absoluta maldad, efectos de los
efímeros deseos del hombre; y este, a su vez, con sus humanas vestiduras,
representan la cubierta torpe de la radical desnudez de sus almas, mascaras estúpidas,
tristes. Y
diviso las ruinas de las torres que devoran los hombres Como
espectros de todos los deseos efímeros Y
miro las vagas telas que los hombres ofrecen, mascaras que no lloran sobre las
ciudades cansadas, Mientras
siento lejana la música de los sueños En
que escapan las flautas de la primavera apagándose. Ahora
bien, hasta aquí hemos visto cómo esa imagen paradisíaca aleixandrina se nos
presenta desde una perspectiva que va desde lo angelical, lo divinizante hacia
lo terrenal, la realidad contemporánea del poeta, en estos dos poemas últimos
–a excepción de Ciudad del Paraíso con su enfoque único de
extrapolación lírico-semántica ya abordado- en donde se produce la oposición
de ilusión-desengaño, partiendo de una evocación de la imagen virtual
divinizada hacia una negación de la realidad terrenal, tal y como acotamos en
este esquema:
Primavera
en la Tierra contemporaneidad
del poeta Sin
embargo, en Poderío de la Noche y en Noche Cerrada la visión
paradisíaca es abordada como una imposibilidad para el sujeto lírico-poeta
o bien contada partiendo del principio del desengaño del poeta hacia la ilusión,
es decir, la forma contraria abordada en los otros poemas anteriores. En estas
composiciones la línea temática gira en torno al predominio de la impureza
terrenal viciada a través de la asociación de elementos semánticos que
denotan el vacío terrenal, la impureza de la vida cotidiana, de ese mundo
perdido en donde las fuerzas naturales subyacen dominadas por la tristeza y la
oscuridad en la Tierra. Poderío
en la Noche nos
adentra en el cansancio del astro-rey. El sol aparece cansado de vibrar en
los cielos/ resbalando lentamente en los bordes de la tierra. Es el ocaso
del mundo, su declinar constante lo que se anuncia, cual halo profético del yo
poético insistiendo en la inminente oscuridad. El éxtasis
de la Naturaleza, visible en las características del mundo paradisíaco: el
azul inspirado que cubre el cielo, en los “aires dichosos “ existe un
“rapto de deseo”; el mar como “palabra entera que un cuerno grita”; las
nubes enardecidas reflejando el mensaje de un sol de junio que abrasado
“convoca” a los hombres; los pájaros ebrios de amor, de luz, en fin, el éxtasis
de la naturaleza toda, ya no es la temática fundamental en estas poesías
aleixandrinas. Aquí se contrapone la perdurabilidad de ese mundo viciado, lleno
de elementos que van connotando semánticamente a través del negro
esa sensación amarga de resignación ante la muerte y el declinar de los seres
terrenos y de cada parte que conforman el mundo real. No
solo el sol parece agotado, fuerza generadora de la vida terrena; primer verso
que arremete funesto; imprecación de un mundo destinado a morir viviendo. La
luz “delira” cando ilumina el vacío de la prematura tristeza. Las aves ya
no surcan extasiadas aquella primavera en la tierra sino que “suplican” al día
su perduración, anhelado deseo constante de inmortalidad, de supervivencia. La
noche se impone “ vasta, amenazante”. El cielo irisado –descomposición de
colores perennes- adquiere poco a poco matices oscuros, de “vacía
presencia”, sin estrellas. Las playas son solitarias aquí, en constante
“lucha estéril” –lucha vana- entre la espuma (símbolo de blancura)
y la sombra (oscuridad). Es el horizonte más lejano que lo inalcanzable ya,
solo como un hombre en la muerte. He aquí la sentencia de los terrenos
condenados a pagar por siempre. Y es así el reflejo de ese mundo en donde
nadie, al parecer, “alza su voz gimiente” ante el declinar de los colores,
de la naturaleza toda. Un
clamor lívido invade un mundo donde nadie Alza su
voz gimiente, Donde
los peces huidos a los profundos senos misteriosos Apagan
sus ojos lucientes de fósforo, Y donde
los verdes aplacados, Los
silenciosos azules Suprimen
sus espumas enlutadas de noche He aquí el
refuerzo de la perdurable oscuridad, del poderío nocturno. La lejanía de los días
en que el amor se confundía con la pujanza de la naturaleza radiante
es el ejemplo denotativo con que Aleixandre advierte la imposibilidad de
alcanzar la imagen visionaria del Paraíso. Solo la noche tiene derecho a la
perdurabilidad, perenne, constante, infinita, mientras el tiempo, lentamente,
esparce la destrucción de las cosas, reducidas a polvo, a tierra misma, a
cenizas, la destrucción del amor: Esta
noche, cómoda y desligada, No
existe mas que como existen las horas, Como el
tiempo que pliega Lentamente
sus silenciosos copos de ceniza, Borrando
la dicha de los ojos, los pecho y las manos, Y hasta
aquel silencioso calor Que
dejara en los labios el rumor de los besos. (Poderío en la Noche)
Ah,
triste, ah inmensamente triste Que en
la noche oscurísima buenos ojos oscuros, Ve solo
el terciopelo de la sombra Donde
resbalan leves las silenciosas aves. Apenas
si una pluma espectral rozara tu frente Como un
presagio del vacío inmediato. Inmensamente
triste tu miras la sombra en que respiras... (Noche cerrada) ¿Cuál
es, entonces, la posición asumida por el sujeto lírico-poeta ante la inminente
amenaza de ese poderío nocturno “de negror invencible?” De impasibilidad y
de resignación, acaso impotencia asumida que va consumiéndolo poco a poco: Por eso
yo no veo, como no mira nadie Esa
presente bóveda nocturna... (Poderío en la Noche) Realidad
inmensa, intangible,
que no se puede cambiar, fatídico destino de un mundo a solas que el poeta
pareciera que llevara a cuestas, como una carga pesada, abatiéndolo, consumiéndolo,
como ese mar que va muriendo, que ya cesa.... Otro mar
muerto, bello, Abajo
acaba de asfixiarse. Unos labios Inmensos
cesaron de latir, y en sus Bordes
aun se ve deshacerse un aliento, una espuma. (Poderío en la Noche) O de nostálgica
resignación ante el Paraíso inalcanzable, lejano, de un sujeto lírico poeta
en segunda persona: Ah, cuán
hermosos allá arriba en los cielos Sobre la
columnaria noche arden las luces, Los
libertados luceros que ligeros circulan, Mientras
tú las sostienes con tu pequeño pecho, Donde un
árbol de piedra nocturna te somete. (Noche cerrada) Los
finales: Si bien habíamos
destacado en Ciudad del Paraíso la expresividad del tono poético en el
sujeto lírico, denotando la belleza compositiva del texto, en la última
estrofa (final climático), como contraste consignaríamos otro tipo de
terminación contraria, que no escasea tampoco en las obras de nuestro poeta,
según hemos podido constatar en otros poemas. Es que, en los tres últimos
analizados se percibe un apagamiento progresivo de l tono, en su lento
descenso de la voz, o lo que bien podríamos llamar final anticlimatico
del texto poético. Y
miro las vagas telas que los hombres ofrecen, Máscaras
que no lloran sobre las ciudades cansadas, Mientras
siento lejana la música de los sueños En
que escapan las flautas de la Primavera apagándose.
(Primavera en la Tierra) Otro
mar muerto, bello, Abajo
acaba d asfixiarse. Unos labios Inmensos
cesaron de latir, y en sus bordes Aun
se ve deshacerse un aliento, una espuma.
(Poderío de la Noche) Ah,
cuán hermosos allá arriba en los cielos Sobre
la columnaria noche arden las luces, Los
libertados luceros que ligeros circulan, Mientras
tú las sostienes con tu pequeño pecho, Donde
un árbol de piedra nocturna te somete. (Noche
cerrada) Nótese lo
adecuado de estas clases de finales para servir con exactitud a la inherente
representación. N el ejemplo señalado de Poderío de la Noche un mar cesa
de latir. En Primavera en la Tierra las flautas de la Primavera se apagan.
Es natural que el acento poético se aplaque en lugar de ascender, se difumine
en vez de condensarse. ¿Qué
ocurre entonces en Mar del Paraíso? Otro tipo de final que puede
designarse como resumidor, pues por medio de este el poeta, en una estrofa
postrera, traza de nuevo el cuadro que en versos anteriores ha desenvuelto. Por
eso hoy, mar Con
el polvo de la tierra en mis hombros, Impregnado
todavía el efímero deseo apagado del hombre, Heme
aquí, luz eterna, Vasto
mar sin cansancio, Rosa
del mundo ardiente. Heme
aquí frente a ti, mar, todavía... El
hombre del paraíso. Hay
desbordamiento de plenitud y pureza en el hombre paradisíaco. Pero Aleixandre
no puede contar al ser humano paradisíaco sin ver en él cualidades muy
distintas de las que enturbian al hombre virtual. Los seres del paraíso son una
manifestación mas de la Naturaleza. La ciudad que los cobijaba era pura e
inocente y despedía un dulce brillo (Vid Ciudad del Paraíso). La
alegría que los colmaba era la misma que los vegetales:
“...un muchacho desnudo, cubierto de vegetal alegría.”
(Primavera en la
Tierra) La frente
de la mujer será como puede ser la piedra; su cuello como un agua, su figura,
en fin, tan esbelta como un árbol. El hombre edénico será “luminoso,
juvenil y perennal” y la mujer será vista como “casi divina”. En
innumerables ocasiones, la imagen elegida para representara la amada será el río
o el arroyo: Un lecho
de césped virgen recogido ha tu cuerpo, Cuyas
hondas descansan como un río aplacado. (A una muchacha desnuda) No faltan
momentos en que es el propio poeta el que se ve a sí mismo bajo la figura del
hombre paradisíaco: Después
del amor, de la felicidad altiva del mar, reposado, Tendido,
imitando descuidadamente un arroyo, Yo
reflejo esas nubes... (Plenitud del amor) La musa
alixandrina, exaltadora de todo lo que es naturaleza, se complace no solo en el
directo cántico de esta, sino en el cántico de un héroe humano que llamaríamos
hegemónico: el apasionado amante, pura emanación cósmica y parecido,
por tanto, al río, a la montaña, a la piedra. Frente a la
libre y desnuda naturaleza, el hombre ha construido maquinarias, ciudades que
voltean su polvorienta perfidia en un torbellino estéril. Espejos, carruajes,
aceros, torres: muertos residuos, escoria, espectros. Todo queda al margen de la
autentica vida. Mas solo el amor salva al humano. En la poesía de Aleixandre el
hombre es, ante todo, el amante. Y es que el hombre, al amar, recobra su
verdadero ser, se elementaliza, enajenándose del convencionalismo superfluo de
la inerte mascara que la sociedad le impone. Sin
embargo, en la obra poética que recoge esta Sombra del Paraíso, hay poemas en
que los conceptos aleixandrinos sobre el hombre mortal se degeneran. El hombre
en la tierra es una formación desproporcionada e impura de la naturaleza.
Condenado a vivir en penas, el hombre terreno anhela constantemente la
inmortalidad, vano deseo, y es despreciado por el propio sujeto lírico-poeta,
visto como un escalón inferior de la base que culmina en ese Paraíso
encumbrado, habitado por seres extraterrenos. He escogido
para demostrar esta afirmación a Diosa y Al hombre,
de los cuales nos referiremos a continuación. Diosa
Dormida sobre el tigre
Su leve trenza yace.
Mirad su bulto. Alienta
Sobre la piel hermosa,
Tranquila, soberana.
¿Quién puede osar, quién solo
Sus labios hoy pondría
Sobre la luz dichosa
Que, humana apenas, sueña?
Miradla allí. ¡Cuán sola!
¡Cuán intacta! Tangible?
Casi divina, leve
El seno se alza, cesa,
Se yergue, abate; gime
Como el amor. Y un tigre
Soberbio la sostiene
Como la mar hircana,
Donde flotase extensa,
Feliz, nunca ofrecida.
¡Ah, mortales! No, nunca;
desnuda, nunca vuestra.
Sobre la piel hoy ígnea
Miradla exenta: es diosa
Al hombre
¿Por
qué protestas, hijo de la luz, Humano
que transitáis en la tierra, Redimes
un instante tu materia sin vida? ¿De
dónde vienes, mortal, que del barro has llegado para
un momento brillar y regresar después a tu apagada patria? Si
un soplo, orilla finita, exige tu vacilante forma y
calidad de dios tomas en préstamo, no,
no desafíes cara a cara a ese sol poderoso que fulge y
compasivo te presta cabellera de fuego. Por
un soplo celeste redimido un instante, Alzas
tu incandescencia temporal a los seres. Hete
aquí luminoso, juvenil, perennal a los aires. Tu
planta pisa el barro de que ya eres distinto. ¡Oh,
cuan engaños, hermoso humano que con testa de oro el
sol piadoso coronado ha tu frente! ¡Cuán
soberbia tu masa corporal sobre la tierra madre, que
cual perla te brinda! Mas
mira, mira que hoy, ahora mismo, el sol declina tristemente
en los montes. Míralo
rematar ya de pálidas luces, De
tristes besos cenizas de ocaso Tu
frente oscura. Mira tu cuerpo extinto como acaba en la noche Regresa
tú, mortal, humilde, pura arcilla apagada, A
tu certera patria que tu pie sometía. He
aquí la inmensa madre que de tí no es distinta y,
barro tú en el barro, totalmente perdura. La Tierra
La
tierra conmovida Exhala
vegetal, Su
gozo. ¡Hela: ha nacido! Verde
rubor, hoy boga Por
un espacio más nuevo ¿Qué
encierra? Sola, pura De
sí, nadie la habita. Solo
la gracia muda, Primigenia,
del mundo Va
en astros, leve, virgen, Entre
la luz dorada. El
aire. Aún
más que el mar, el aire Más
inmenso que el mar, esta tranquilo Alto
velar de lucidez sin nadie. Acaso
la certeza pudo un día, De
la tierra, sentirte, humano. Invicto, El
aire ignora que habito en tu pecho. Sin
memoria, inmortal, el aire esplende. El
fuego. Todo
el fuego suspende La
pasión. ¡Luz es sola! Mirad
can puro se alza Hasta
lamer los cielos, Mientras
las aves todas Por
él vuelan. ¡No abrasa! ¿Y
el hombre?. Nunca. Libre Todavía
de ti, Humano,
esta ese fuego. Luz
es, luz inocente. ¡Humano:
nunca nazcas! Análisis
de los poemas. Diosa figura entre las composiciones poéticas que
integran este mundo paradisíaco aleixandrino. Para una comprensión del
poema, divídase el mismo teniendo en cuenta los mismos elementos que se
utilizaron para el análisis de Ciudad del Paraíso, quedando conformado de la
siguiente forma:
Planteamiento: a pesar de que el poema debe ser visto como
un todo único en su composición poética, necesariamente tenemos que ubicar la
I estrofa del texto de los versos 1 al 5.
Desarrollo: versos del 6 al 19
Final: versos 20 al 23.
Todo el poema expresa como tema el éxtasis y la belleza del
referente lírico proyectada a través de la imagen poética aleixandrina que
alcanza el sujeto lírico con su evocación, con su visión paradisíaca de los
seres extraterrenos de su mundo idealizado. Sin un conocimiento de ese
referente, el recorrido de ese sujeto lírico nos remite hacia un instante
dubitativo dentro de la poesía que nos hace meditar en qué sentido nuestra
mirada recorrerá o comenzara a descubrir esa imagen poética que se
nos presenta. Un momento de éxtasis total, como s el lector se dejara atrapar
por el sujeto lírico al comienzo del poema.
¿Por qué ese instante dubitativo? La imagen poética
que se alcanza, la proyección (referente) del sujeto lírico parece incierta al
inicio del texto:
Dormida sobre el tigre
Su leve trenza yace.
Mirad su bulto. Alienta
Sobre la piel hermosa,
Tranquila, soberana
He
aquí un ejemplo acertado de un comienzo incierto marcado o determinado por un
acostumbrado tanteo poético aleixandrino que posteriormente nos ira definiendo
el tema del poema. No interesa hablar (o especular) de una (pre)concepción en
el autor con certeza sobre esa imagen artística que alcanza el sujeto lírico
en Diosa; si era sobre una diosa o no lo que Aleixandre hablaría en este
poema. Interesa hablar aquí de cómo, con cada detalle, armado a retazos metafóricos,
se va construyendo esa imagen poética, ese referente lírico, partiendo de una
sensación de incertidumbre que nos transmite el sujeto, el ojo omnisciente poético
aleixandrino. Al menos la certeza de un referente femenino nos lo da la
clasificación del genero en los adjetivos iniciales del planteamiento del
poema. Y después, mas aun, ese instante dubitativo de los versos señalados que
integran el planteamiento se refuerza con la pregunta de los versos siguientes,
como si el sujeto se manifestara ante “narratarios” poéticos atentos[4]. Los
versos heptasílabos permiten en Diosa una formación visionaria precisa del
referente aunque a retazos. La adjetivación es prolifera, pero sí evidencia un
predominio completo sobre los sustantivos. Si se aplica un campo semántico en
torno a esto, nótese la presencia de 13 sustantivos, de los cuales solo 7 hacen
alusión al referente del poema –en negritas., no así en los adjetivos
–20 en total- y de ellos 18 hacen referencia a la diosa que habla el poeta
–también en negritas.
Sustantivos
Adjetivos Tigre
dormida nunca ofrecida Trenza
leve
desnuda Bulto
hermosa ígnea Piel
tranquila exenta Labios
dichosa soberbio Luz
humana hircana Seno
sola Amor
intacta Tigre
tangible Mar
divina Mortales
leve Piel
extensa Diosa
feliz ¿Quién
puede osar, quién solo/ sus labios hoy pondría/ sobre la luz dichosa/ que
humana apenas sueña?... A
partir de aquí hay un instante de intensificación de la duda hacia el
referente lírico, hacia la imagen que se va conformando; instante de dubitación
que se refuerza con otro momento de sublimación, de encumbramiento, de exaltación
de la imagen artística aun desconocida. Me permito este esquema, acaso palpable
–comprensible- de este momento, a mi juicio, importante para la comprensión
de la imagen del referente que el sujeto lírico-poeta nos esta demostrando:
“narratarios” poéticos ------- sujeto lírico ---------diosa
(mortales)
(poeta)
(imagen paradisíaca) “...Miradla
allí. ¡Cuán sola! ¡Cuán intacta! Tangible?...” El momento de sublimación se produce a partir de este
momento en que el sujeto lírico nos va revelando, a ratos, una visión casi
inalcanzable, que solo él puede mostrar. El “miradla allí”, con esa
temperancia imperativa, nos refuerza que la distancia entre esa imagen y los
“narratarios” poéticos es un camino tan opuesto e inalcanzable como
el de los mortales e inmortales. Un camino que solo ha recorrido y vivido –
anhelado, vivido, deseado?- el propio poeta. Una imagen visionaria mas del Paraíso
aleixandrino en donde el ideal de belleza alcanza la plenitud dentro de la poesía.
El ideal de belleza en una criatura angelical, pero a su vez imponente,
solitaria, intacta. Si
aplicamos un campo semántico los calificativos nos van dando la medida de lo
que puede denotar esa imagen poética: Hermosa---------------
belleza Tranquila---------------paciente Soberana---------------imponente,
reinante Sola---------------------soledad Intacta------------------virgen Tangible?-------------
que se puede tocar Casi
divina------------casi paradisíaca Esta
imagen parece develarse desde un sitio inalcanzable, desde un allí encumbrado,
pero de difícil acceso, negado. El hecho de que la palabra tangible
aparezca entre signos de interrogación puede indicar un refuerzo de esa
distancia, de ese allí. Se puede tocar esa imagen, que hasta
ahora permanece intacta, virgen? Casi divina enfoca mas esa distancia
entre l terrenal y lo paradisíaco, lo angelical. Nunca ofrecida es una
aproximación del cierre climático que nos da esa respuesta: ¡Ah,
mortales! No, nunca; desnuda,
nunca vuestra... Una
imagen casi divina no puede ser manchada por la mano impía e indecente de los
mortales (¡mortales a los que el sujeto lírico nos hace parecer, incluirnos,
como si súbita e intensamente quisiera recordarnos, tras un repentino momento
de éxtasis ante la imagen, que procedemos de ahí, que se refiere a
nosotros!) Y finalmente: ...Sobre
la piel hoy ígnea Miradla,
exenta: es diosa. En
definitiva, una imagen que sigue intacta, que sigue soberana, paradisíaca, que
no se puede tocar, y que solo los mortales podrán únicamente mirarla,
apreciarla, porque es diosa:
“narratarios” poéticos ------------ sujeto lírico ----------------- diosa
allí
Tierra
solo mirarla
Paraíso Si
con Diosa el hombre es evocado desde una óptica inferior,
conceptualizada en la propia visión del poeta, en Al hombre, el sujeto lírico
está marcando constantemente el destino humano. Aleixandre va explotando la
libertad descriptiva que permiten los versos de arte mayor para referirnos
esta imagen poética del hombre contemporáneo. El
hombre aquí va redimiendo constante su “materia sin vida”. Tal vez su alma
podría decirse. Es el hombre que ha pecado y que esta condenado a seguir haciéndolo,
sin poder redimirse; y así lo anuncia el poeta cuando al preguntarle no halla
explicación a su interrogante: ¿Por
qué protestas, hijo de la luz, Humano
que transitáis en la tierra, Redimes
un instante tu materia sin vida? Para
Aleixandre, el principio de que Memento homo qui pulvis es et in pulvis
reverteris es mas que una predicción bíblica, es una concepción que
precisa una respuesta más allá de, porque dubita, deja margen a dudas. Para él
el hombre no solo ha venido del barro sino de otro sitio, de otro lugar, y así
le pregunta: ¿De dónde vienes, mortal, que del barro has llegado... Para
él la vida del hombre es efímera, corta, breve, de ahí el añorado sueño de
perdurabilidad, de inmortalidad: ...para un momento brillar y regresar
después a tu apagada patria? El
hombre se reviste de omnipotencia, de majestuosidad reinante en la Tierra,
semejante a las deidades: ... tu vacilante forma y calidad / de dios tomas en
préstamo... Y contrapone lo luminoso, juvenil perennal a los
aires a su mentalidad engañosa. El hombre es hermoso,
reconoce, pero de temperamento astuto, irascible, pérfido. Entonces
ocurre un instante súbito en la composición poética: el hombre pierde su
atención hacia si mismo y centra su mirada, dirigida por el propio poeta, al
declinar del mundo, el mundo terreno conformado para él; y con este ocaso
definitivo, el declinar del hombre mismo que ocurre de pronto, casi simultáneo. Mas
mira, mira que hoy, ahora mismo, el sol declina tristemente
en los montes. Míralo
rematar ya de pálidas luces, De
tristes besos cenizas de ocaso Tu
frente oscura. Mira tu cuerpo extinto como acaba en la noche De
nuevo la perenne oscuridad. Un mundo sin paraíso, mirado por la constancia del
destino brusco, fatal. Y entonces, aquel principio de que Memento homo... se
vuelve enfatizar a modo de acabamiento. El hombre vuelve a la tierra de la
cual en vida fue distinta a él: tu planta pisa el barro de que ya eres
distinto..., y que ahora con su muerte ya no lo es: Regresa
tú, mortal, humilde, pura arcilla apagada, A
tu certera patria que tu pie sometía. He
aquí la inmensa madre que de tí no es distinta Y
solo así, muerto, hecho polvo en el polvo, el hombre queda: ...y,
barro tú en el barro, totalmente perdura. Hay
algo notable en todo esto si releemos detenidamente los dos textos líricos, Diosa
y Al hombre. El sujeto lírico-poeta nos da esa sensación, una vez mas,
de “apartamiento terrenal”, no individualismo a ultranza, sino de
diferenciación propia, de él mismo, para con “nosotros” los mortales. Hay
un estadío insalvable de espacio entre los “narratarios” poéticos y el
sujeto lírico. Aquí, en Al hombre a imagen del referente lírico es el hombre,
y también los “narratarios”. Se evoca al hombre, el poema está dirigido a
él pero la evocación lírica es sutilmente acusadora, fina y cuidadosamente
elaborada. El poeta parece ubicarse, no dentro ya de la naturaleza propia de los
seres extraterrenos (presentes en Diosa, por ejemplo o en Primavera en
la Tierra, o ausentes aquí en Al hombre), sino justo en un intervalo
intermedio entre “narratarios” poéticos (seres mortales del
mundo real) y seres paradisíacos (de su mundo virtual). En Al hombre,
la casi neutralidad del poeta –es decir, Aleixandre es capaz de desdeñar al
hombre, desecha y censura sus acciones, sin olvidar que él es un hombre también-
nos remite a un momento de recogimiento espiritual de si mismo, de una mirada
interna y evocadora e su yo –no surrealismo o subjetivismo freudiano- de pequeño
individualismo resignado y de andar solitario por el mundo agonizante: y
entonces el propio poeta de ser “yo real” para convertirse en “yo
espiritual”, imaginario, y se cree capaz de censura a la raza humana de la
cual parece no formar parte en lo sucesivo, mostrándose capaza de desdeñarla a
tal extremo de borrar esta creación impura de la naturaleza terrenal, para
conformar un mundo paradisíaco completamente deshabitado. Entonces se desata
esa otra imagen visionaria del paraíso sin hombres que conlleva,
inevitablemente, hacia otro concepto de su poesía en Sombra del Paraíso,
encaminado hacia una visión pesimista de la humanidad. Visión
pesimista de la Humanidad o El Paraíso sin hombres. En
este libro una pequeña exposición de poemas a los que el propio autor denomina
Inmortales reflejan el despertar del poeta. Ocurre la oposición absoluta
de este mundo de ensoñaciones y de belleza pero deshabitado, a diferencia de
otros poemas en que los seres extraterrenos, extrapolaciones de la humanidad que
anhela el instante superior de eternidad, habitan un mundo paradisíaco en
condiciones superiores a la Tierra. Pero
este Paraíso sin hombres es sumamente superior al Paraíso de seres inmortales.
En La Tierra, El Fuego y en El Aire Los
hombres no son una manifestación mas de la Naturaleza. La tierra que debe
cobijarlos no lo hace ya; y sin ellos, parece renacer, exhalando el gozo de la
plena pureza. La
tierra conmovida Exhala
vegetal, Su
gozo. ¡Hela: ha nacido! Verde
rubor, hoy boga Por
un espacio más nuevo La
tierra pide un nuevo espacio para vivir, diría que casi a gritos. Es la tierra
inhabitada del mundo ideal-mundo real, virgen, purificada: ¿Qué
encierra? Sola, pura De
sí, nadie la habita. Es,
sin dudas, el despertar del poeta. Conoce de las imperfecciones del hombre,
reniega de ellas, como parecen renegar los elementos de la naturaleza misma. La
luz del fuego es solitaria, como la Tierra, alzándose puro mientras las
aves vuelan sin quemarse al pasar a través de sus llamas. Y es el fuego, creado
para dar abrigo y protección a los hombres, el que debe permanecer libre todavía
de tí, humano, intacto: Luz es, luz inocente... Y
el aire, el aire también ha perdido la memoria. Asignar cualidades reales a
elementos inanimados de la naturaleza ya es de por si, una fuerza poética capaz
de sostener esta visión irrefutable –para él- de la concepción pesimista de
la Humanidad. El aire, también creado para dar vida a las criaturas de la
tierra, permanece intacto, puro: Aún
más que el mar, el aire Más
inmenso que el mar, esta tranquilo Alto
velar de lucidez sin nadie. Acaso
la certeza pudo un día, De
la tierra, sentirte, humano. Invicto, El
aire ignora que habito en tu pecho. Sin
memoria, inmortal, el aire esplende. Asistimos
entonces al canto de un paraíso más perfecto: un reino sin hombres,
creaciones imperfectas de la Naturaleza, pecados de la impidez original de ella.
La tierra avanzara entonces sola, pura de sí: nadie la habita. Solo la
gracia muda, peregrina del mundo allí reina. Solo la luz original y dorada.
Y la voz del poeta se carga de tristeza y de sabiduría para decir, en El
Fuego:
¡Humano: nunca nazcas! Conclusiones: En
resumen, con este análisis estilístico podemos afirmar que: -
Los poemas analizados del libro Sombra del Paraíso
ofrecen al lector diferentes enfoques del sujeto lírico- poeta de una concepción
paradisíaca del mundo, partiendo de la dicotomía de mundo terrenal, la sucia
contemporaneidad del poeta y mundo virtual, mundo idealizado. -Ciudad
del Paraíso nos presenta una imagen visionaria paradisíaca con un enfoque
excepcional, muy distinta de otros poemas como Primavera en la Tierra y Mar del
Paraíso. -En
este poema se denota una extrapolación del referente lírico a partir del
propio desdoblamiento del sujeto lírico en
sujeto lírico terrenal--------------------------sujeto lírico paradisíaco -Con
esto se produce una acción divinizante del mundo, ciudad, hombre e infancia
terrenales en mundo, ciudad, hombre e infancia angelicales, paradisíacas. -En
Ciudad del Paraíso se produce una mirada del hombre hacia el pasado,
hacia el recuerdo de la infancia. Aquí, el sujeto lírico opera directamente
con la fantasía, pero con tendencia humanizante, con atisbos terrenales. -Si
bien en Ciudad del Paraíso, mediante la evocación, se trasponía imagen
de ciudad paradisíaca hacia ciudad de la infancia y viceversa, aquí en Mar
del Paraíso se refuerza la extrapolación de la mirada poética hacia el
pasado, pero con un enfoque diferente -La
intención del sujeto lírico en este poema apunta hacia una reverencia del
mundo idealizado por él mismo. El poeta no es capaz de apresar ni de dañar la
belleza de su paraíso natal, de su mundo. Es capaz de apreciar la fuerza
natural tal cual era, amarla, vivirla intensamente, a diferencia de los
hombres terrenales. -Si bien,
en Ciudad del Paraíso se cuenta el tema paradisíaco como una
extrapolación del mundo real al mundo ficcionalizado, aquí en Mar del Paraíso
ocurre lo mismo ocurre lo mismo que en otros poemas, a diferencia de este
primero: se nos cuenta desde una perspectiva oponente de ilusión-desengaño, a
partir de una primera instancia evocadora, nostálgica, referida al mundo de su
infancia natal, al mar de su ciudad. -Los
seres extraterrenos en Primavera en la Tierra son vistos aquí como la
iluminada visión que guía el destino de los hombres. El yo poético
o sujeto lírico-poeta se sabe supeditado a la acción divina que rige su
destino. El planteamiento de este poema nos introduce plenamente en este mundo
ficcionalizado en donde la naturaleza paradisíaca nos asemeja a un país
tropical. Entonces sobreviene su concepción puramente idealizada del amor. -La
imagen paradisíaca aleixandrina se nos presenta desde una perspectiva que va
desde lo angelical, lo divinizante hacia lo terrenal, la realidad contemporánea
del poeta, en estos dos poemas últimos –a excepción de Ciudad del
Paraíso con su enfoque único de extrapolación lírico-semántica ya
abordado- en donde se produce la oposición de ilusión-desengaño, partiendo de
una evocación de la imagen virtual divinizada hacia una negación de la
realidad terrenal -Sin
embargo, en Poderío de la Noche y en Noche Cerrada la
visión paradisíaca es abordada como una imposibilidad para el sujeto lírico-poeta
o bien contada partiendo del principio del desengaño del poeta hacia la ilusión,
es decir, la forma contraria abordada en los otros poemas anteriores. -En
estas composiciones la línea temática gira en torno al predominio de la
impureza terrenal viciada a través de la asociación de elementos semánticos
que denotan el vacío terrenal, la impureza de la vida cotidiana, de ese mundo
perdido en donde las fuerzas naturales subyacen dominadas por la tristeza y la
oscuridad en la Tierra. -En
este libro una pequeña exposición de poemas a los que el propio autor denomina
Inmortales reflejan el despertar del poeta. Ocurre la oposición absoluta
de este mundo de ensoñaciones y de belleza pero deshabitado, a diferencia de
otros poemas en que los seres extraterrenos, extrapolaciones de la humanidad que
anhela el instante superior de eternidad, habitan un mundo paradisíaco en
condiciones superiores a la Tierra. -Pero
este Paraíso sin hombres es sumamente superior al Paraíso de seres inmortales.
En La Tierra, El Fuego y en El Aire los hombres no son
una manifestación mas de la Naturaleza Si
con Diosa el hombre es evocado desde una óptica inferior,
conceptualizada en la propia visión del poeta, en Al hombre, el sujeto lírico
está marcando constantemente el destino humano. Aleixandre va explotando la
libertad descriptiva que permiten los versos de arte mayor para referirnos
esta imagen poética del hombre contemporáneo. -El hombre
aquí va redimiendo constante su “materia sin vida”. Tal vez su alma podría
decirse. Es el hombre que ha pecado y que esta condenado a seguir haciéndolo,
sin poder redimirse -Entonces
se desata esa otra imagen visionaria del paraíso sin hombres que conlleva,
inevitablemente, hacia otro concepto de su poesía en Sombra del Paraíso,
encaminado hacia una visión pesimista de la humanidad. -
La poesía de Aleixandre renovó el interés por la tradición poética
española y dentro del grupo de la generación del 27 fue el que más busco en
la poesía el modo de evadirse del mundo. Bibliografía
consultada: 1-
Aleixandre, Vicente: Poesía. Editorial Arte y Literatura, Ciudad de la
Habana,1988. 2-
------------------------: Poesías completas. Editorial Aguilar, Madrid, 1960. 3-
Alonso, Dámaso: Ensayos sobre poesía española. Revista
Occidente Argentina, Buenos Aires, 1946. 4-
Bousoño, Carlos: La poesía de Vicente Aleixandre. Biblioteca Románica
Hispánica. Editorial Gredos, Madrid, 1956 5-
--------------------: Teoría de la expresión poética. Editorial
Aguilar, Madrid, 1960 6-
Cano, José Luis:
La poesía de la generación del 27. Editorial
Labor, S. A. Calabria, Barcelona,1986. 7-
Dubsky, Josef:
Linguoestilistica Funcional, Universidad de Oriente. Facultad de Artes y Letras.
Departamento de Lingüística, 1989. 8-
Rodríguez Adrados, Francisco: Lingüística estructural, tomo II. 9-
Ullmann, Stephen: Lenguaje y Estilo .Biblioteca Románica
Hispánica. Editorial Gredos, Madrid, 1956. Trabajo
Final Integrado de Estilística y Literatura Española, 2002. Ronald
Antonio Ramírez Castellanos, 2002-02-01. Todos
los derechos reservados. Copyright.
Autor: Lic. Ronald Antonio Ramírez Castellanos Fecha de realización: 2002 email: ronald@csh.uo.edu.cu
edad: 25 años. estudios realizados: Licenciado en Letras, Universidad de
Oriente, CUBA TÍTULO: Bajo la sombra del Paraíso poético de Vicente
Aleixandre. categoría: literatura española. Facultad
de Humanidades Departamento
de Letras (ensayo)
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