El silencio cósmico echa abajo
uno de los grandes mitos del SETI y también de la literatura fantástica: las
supercivilizaciones.
En las novelas y películas de ciencia ficción las supercivilizaciones son
aquellas civilizaciones que han alcanzado un altísimo desarrollo tecnológico
y han extendido su dominio a otras estrellas. Sería el equivalente a lo que
fue en su tiempo el imperio romano, un imperio que extendió su civilización
y su poder militar por amplios territorios ocupados por barbaros.
La idea de supercivilización
siempre ha estado unida al mito ovni. En realidad el SETI es la versión
" científica" de este mito. Si alguna vez nuestro planeta es
visitado por extraterrestes seguro que pertenecen a una civilización mucho
mas avanzada que la nuestra. El simple hecho de poder cruzar las distancias
interestelares ( años-luz ) ya pone de manifiesto su nivel tecnológico.
A partir de mediados del siglo
XX se extendió por el mundo la paranoia ovni.
Todo indica que el fenómeno ovni se ha desarrollado como un mito
perfectamente adaptado a la segunda mitad del siglo XX. Antes aparecían las
hadas, los gnomos...,.ahora, cuando gozamos de una civilización tecnológica,
aparecen unos ingenios en el cielo que dejan nuestros conocimientos en ridículo.
El mito extraterrestre está
tan enraizado en nuestra sociedad que la mayoría de las personas creen en los
ovnis (UFO) o, al menos, en la existencia de otras civilizaciones en otras
estrellas.
A ello han contribuido multitud de charlatanes, revistas pseudocientíficas,
malos programas de TV y, por supuesto, el cine.
Los fraudes descubiertos
demuestran hasta la saciedad la falsedad del mito, los ufólogos se
empecinaran por ese 1% de casos todavía no explicados. Esa es la raíz de su
delirio pseudocientífico.
En los años 60 el astrónomo
ruso Kardashev sugirió que el uso de la energía sería un indicador para
distinguir el nivel de una civilización. Estableció tres niveles. En el
primer nivel estarían las civilizaciones cuyo consumo de energía es del
orden de 10e16 watios, como la nuestra.
En el segundo nivel estarían aquellas que consumen una potencia semejante a
la emitida por la estrella ,10e26w. Y en el tercer nivel aquellas que alcanzan
un consumo equivalente al de toda la galaxia, de 10e37w.
Como toda actividad produce
calor, el astrónomo Dyson propuso la búsqueda de emisiones ¨anormales¨ de
radiación infrarroja que producirían biosferas artificiales ( grandes
estructuras) alrededor de la estrella. Dyson pensó que una supercivilización
precisaría gran cantidad de energía y por lo tanto intentaría aprovechar
toda la que emitiese su estrella.
Se han propuesto métodos muy
ingeniosos para detectar supercivilizaciones al margen de la radio. Por
ejemplo una supercivilización podría alterar el espectro de la estrella
espolvoreando millones de toneladas de algún residuo radiactivo de corta
vida. Podrían también provocar fuertes emisiones de rayos X aquellas
civilizaciones que, estando cerca de una estrella de neutrones, lanzaran hacia
ella asteroides. Los efectos relativistas producidos durante la caída servirían
para emitir señales a toda la galaxia.
Otro método para descubrir
supercivilizaciones sería por la estela emisiones de rayos x que dejaría un
cohete de propulsión materia-antimateria. Los viajes interestelares no serían
viables si no se consiguen velocidades "adecuadas" . Según nuestros
conocimientos ( teóricos ) la reacción de materia con antimateria permitiría
aproximarnos a velocidades casi lumínicas. Se ha calculado que el telescopio
Hubble podría detectar estas estelas de radiación hasta una distancia de 300
años-luz ( un volumen con 100.000 estrellas).
En 1980 los astrónomos F.
Valdes y R. Freitas estudiaron los puntos de Lagrange del sistema Tierra-Luna
en busca de artefactos dejados por alguna civilización. Se trata de puntos
que se encuentran en equilibrio gravitatorio y por lo tanto aseguran órbitas
muy estables durante largo tiempo. Por supuesto tampoco encontraron nada.
Según cálculos optimistas una
civilización como la nuestra podría llegar a establecer bases en otros
planetas en tres o cuatro siglos a contar desde el comienzo de la exploración
espacial. Suponiendo que las naves alcanzaran una velocidad de crucero de un
10% de la velocidad de la luz, se podría conquistar los planetas habitables
en un radio de 100 años-luz ( 1000 estrellas tipo solar ) en 4.000 años. Si
cada nuevo mundo participara a su vez en nuevas exploraciones se conseguiría
una expansión exponencial y se conquistaría toda la galaxia en unos 4
millones de años.

Nuestra galaxia existe desde
hace unos 10.000 millones de años. Una civilización que hubiese aparecido,
por ejemplo hace 1000 millones de años, habría tenido tiempo mas que
suficiente para extenderse por toda la galaxia.
Hasta el momento no se han
encontrado ni esferas Dyson, ni artefactos extraterrestres, ni otros indicios
de astroingeniería. Si estas supercivilizaciones existiesen ya habríamos
tenido conocimiento de ello, probablemente nos habrían colonizado. Nuestro
planeta es un oasis muy precioso, tiene abundancia d elementos pesados, y no
pasaría inadvertido para los exploradores cósmicos.
El silencio cósmico lleva a
plantear la conjetura de que, en el supuesto de que existan otras
civilizaciones mas antiguas que la nuestra, estas no se han convertido en
supercivilizaciones.
Podemos apuntar tres hipótesis por las que ninguna civilización de la
galaxia ha llegado a este nivel:
1- Que ninguna tenga la antigüedad suficiente, es decir, que todas sean jóvenes.
2- Que las civilizaciones inteligentes terminen todas mal. ¿Autodestrucción?
¿ Colapso energético ? ¿Desastre ecológico? ¿Impacto de meteorito? ¿Degeneración
de la especie? ...
3- Que el progreso científico-técnico tenga un límite y por lo tanto no
sean posibles avances mucho mas allá de lo que nosotros tenemos ahora. Entre
otras cosas, que los viajes espaciales entre estrellas sean inviables.
La primera conjetura resulta
poco convincente teniendo en cuenta que la galaxia existe desde hace muchos
miles de millones de años y que las estrellas que la forman se han formado en
diferentes momentos.
La segunda conjetura es una
visión muy antropomórfica, reflejo de la angustiosa situación por la que
pasa nuestro mundo, con sus problemas políticos, económicos, etc.
En los años de la "guerra fría" estuvo de moda la idea de que las
civilizaciones inteligentes son por naturaleza inestables y terminan
autodestruyendose.
Las especies animales en
nuestro mundo suelen vivir entre 2 y 4 millones de años.
La extinción de las especies es un fenómeno que afecta implacablemente a
todas. Una especie inteligente, aunque esta sometida a las mismas leyes de la
biología, tiene la posibilidad de burlar este destino o por lo menos
retardarlo gracias a la tecnología: manipulación genética, control del
ecosistema, etc.
Es absurdo pensar que a todas las civilizaciones, que habitan mundos
diferentes y por lo tanto con historias diferentes, el destino les depare el
mismo final.
La tercera hipótesis es, en mi opinión, la mas interesante de analizar.
Los límites del progreso.
Si nuestra civilización continuase progresando en ciencia y tecnología al
ritmo que lo ha hecho en los pasados tres siglos llegaríamos en los próximos
tres siglos a dominar los viajes por la galaxia.
Dado que no hemos recibido ni visitas ni señales de otras inteligencias
podemos suponer que o no existen o ,si existen, no tienen un desarrollo muy
superior al nuestro. Tal vez el progreso tenga unos limites.
En opinión de algunos escritores existen indicios para pensar que hemos
llegado, o estamos muy cerca, de alcanzar techo en el desarrollo científico y
tecnológico. Como bien dice el profesor F.J. Ynduráin no hay manera mas
entretenida de hacerse una idea del estancamiento tecnológico que comparar
las predicciones de los maestros de la ciencia ficción con la realidad de
ahora.
Las predicciones tecnológicas de Julio Verne y otros autores hasta principios
del siglo XX se vieron cumplidas e incluso superadas. Sin embargo las
predicciones hechas a partir de los años 50 han resultado fallidas, a veces
absurdas y otras veces excesivamente optimistas. La mayoría de los avances
tecnológicos pronosticados a finales de los 60 y principios de los 70 no
solamente no se han cumplido sino que parecen hoy mucho mas remotos. Un claro
ejemplo es la exploración espacial.
A principios de los años 70 se pronosticaba que antes de terminar el siglo XX
el hombre llegaría a Marte y habitaría de forma permanente la Luna. En estos
momentos ( año 2002 ) todavía no hay fecha para la primera misión tripulada
a Marte y a la Luna no se ha vuelto desde 1972

La fusión nuclear es otro
ejemplo de fiasco científico. Con el ensayo de la primera explosión de la
Bomba H, en 1952, se alcanzó otro gran reto de la ciencia. A partir de
entonces se empezó a divulgar los enormes beneficios que podría aportar la
fusión controlada de los átomos (los beneficios militares estaban ya
claros). Se decía que la energía de fusión sería una energía limpia, prácticamente
inagotable y barata. Con esta fuente de energía se solucionarían todos los
problemas del consumo energético en un futuro próximo.
En 1972 un destacado científico
de la Universidad de Princeton, Harold P. Furth, pronosticaba que la
demostración de la factibilidad de la fusión controlada llegaría a finales
de esa década y su aplicación comercial a finales de los 90. Desde entonces
hay una comunidad de varios miles de científicos trabajando en diferentes
proyectos de fusión con una gasto anual de 1000 millones de dólares. Tras un
cuarto de siglo hemos visto que todas las previsiones se han venido abajo.
En 1978 William E. Parkins, de
la sociedad Rockwell, escribió en la revista science que la fusión nuclear
como fuente de energía comercial sería siempre un mito. Este autor se
reafirmó recientemente en otro articulo publicado en la revista Physics Today
en marzo de 1997.Los problemas de ingeniería son insuperables. Despues de 40
años de continuos esfuerzos ningún reactor ha alcanzado su punto de
equilibrio.
Otras importantes predicciones
que también han fracasado son la revolución verde y el mito del fecundo océano
que acabarían con el hambre en el mundo.
Resulta curioso ver como el
avance de las ciencias se ha relentizado a pesar de que ahora hay mas
investigadores que nunca. Salvo Internet no hay nada nuevo que no existiera
hace 25 años.
Según calculos del historiador J.D. Bernal a finales del siglo XIX había
unos 15000 científicos dedicados a la investigación en todo el mundo. En los
años 60 eran 1 millón y a finales del siglo XX son 3 millones. La producción
científica ha finales del siglo XX no parece estar en proporción con la gran
cantidad de personas dedicadas. La conclusión es que crece mas rápidamente
el numero de científicos mediocres que el de científicos creativos y
geniales. Dicho en otros términos, a medida que crece la población científica
disminuye su potencial creativo. Vivimos en una sociedad que crece en cantidad
pero no en calidad.
Se ha dicho que el coste de la ciencia crece al cuadrado respecto al numero de
científicos ( en general) y estos crecen al cuadrado respecto a los científicos
geniales.
Como sucede en todos los fenómenos
de crecimiento exponencial llega un momento en que se alcanza el máximo y
luego comienza la curva descendente o en el mejor de los casos se sostiene.
Según algunos cálculos el desarrollo científico alcanzará su máximo a
comienzos del siglo XXI. La tendencia indica que hemos llegado a una situación
de rendimientos decrecientes. Quiere esto decir que hacen falta inversiones
cada vez mayores para obtener resultados cada vez menores.
Una ciencia cada vez mas cara y
con unos recursos limitados por la mayor demanda en gastos sociales tiene
pocas posibilidades de seguir creciendo.
¿Nuestro futuro es la decadencia?
¿Por qué los imperios decaen y desaparecen?
La decadencia de las civilizaciones ( o imperios) ha sido un tema que ha
preocupado a historiadores y filósofos de todos los tiempos. Sabemos que la
desaparición de imperios por causas catastróficas ha sido muy rara en la
historia. Las causas han sido mas bien de orden económico, social y tecnológico.
De un modo instintivo los seres humanos buscan un mayor consumo, creandose así
nuevas necesidades tan pronto como las viejas necesidades han sido
satisfechas. Esta actitud no puede durar indefinidamente puesto que si bien
las necesidades son infinitas los recursos son limitados. Al final surgen las
crisis y los conflictos sociales.
La historia no ofrece ningún ejemplo de imperio indestructible y sin embargo
todos los imperios han creído (o creen) que lo que les sucedió a los
anteriores no va a sucederles a ellos.
Un buen ejemplo es el Imperio Romano que tras brillar durante 1000 años
sucumbió no por el ataque de otras potencias ( que no existían) sino por un
proceso interno de decadencia económica.
Una de las causas que mas han
influido en la decadencia de los imperios ha sido la falta de innovación ante
los nuevos tiempos. Las innovaciones son para la sociedad lo que las
mutuaciones son para la biología. El éxito genera vanidad y
autocomplaciencia. Cuanto mas orgulloso se siente un imperio de su herencia
cultural mas reacio es a evolucionar, precisamente la clave de la
supervivencia. Pero la innovación, en el sentido de progreso tecnológico y
científico, podría tener un límite. Según algunos pensadores nuestra
ciencia estaría ahora cerca de tocar techo. De ser cierto esto nuestro futuro
sería la decadencia.
Los imperios galácticos
son un mito mas de la literatura de ciencia ficción.
Un imperio galáctico sería inviable por la simple razón de que es imposible
controlar un espacio en donde transmisión de un mensaje de un extremo a otro
tarda miles de años. Los viajes espaciales están sometidos al mismo límite
físico.
Una civilización que se extendiese por la galaxia se iría desmembrando con
el paso del tiempo y cada porción evolucionaría de manera independiente.
A comienzos del siglo XX el
padre de la astronautica rusa,Konstantin E. Tsiolkovsky,escribió:
¨La lúgubre visión que algunos científicos consideran el inevitable fin de
todo ser vivo de la Tierra no debería creerse axiomática. Lo mas selecto de
la raza humana nunca perecerá, con toda probabilidad emigrará de una
estrella a otra en su expansión¨ .
Esta visión tan optimista del futuro es compartida por muchos escritores de
ciencia-ficción y también por el publico en general. No cabe duda que los
viajes espaciales fascinan a todos como fascinaron las historias sobre la
conquista del oeste.
La era espacial comenzó de una manera brillante y espectacular pero, como
sucede con los fuegos artificiales, su luz duró poco. La exploración
espacial ha avanzado a una velocidad muchísimo mas lenta de lo que se preveía
tras la llegada del primer hombre a la Luna. Basta recordar cuantas veces se
ha pospuesto el tan anunciado viaje (tripulado) a Marte.
Muchos piensan que algún día la humanidad tendrá que abandonar este
exhausto planeta y colonizar otros mundos. Si eso llega, desde luego será en
un futuro muy lejano. Dadas las enormes dificultades que implicaría un éxodo,
siempre resultará mas fácil y mas barato solucionar los problemas de la
Tierra que embarcar a la humanidad en naves hacia no se sabe qué mundos.
El cosmos es en general un lugar muy inhóspito para la vida. Se ha dicho que
el espacio no es un lugar para ser explorado por el hombre sino por las
maquinas (robots).
Supongamos que no existen
imperios galácticos pero ¿por qué no tenemos evidencias al menos de
civilizaciones "sencillas" como la nuestra?
¿Por qué no captamos siquiera la fuga radioeléctrica que se produce de
manera inevitable?
Los seres inteligentes tienen
una curiosidad innata a saber, a descubrir. Civilizaciones encerradas en sí
mismas sería algo muy raro, salvo que la vida inteligente en otros mundos sea
muy diferente a la nuestra.
La respuesta nos lleva irremediablemente a la posición mas escéptica: muy
posiblemente estamos solos.