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Experimentación con embriones

Resumen: La discusión sobre el estatuto moral del embrión. Las paradojas de los valores simbólicos del embrión. El posible doble uso de la tecnología de células madre. La peculiaridad estadounidense. Clonación reproductiva: sus dilemas éticos.(V)
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Autor: Ana Gelfo

Indice
1. Introduccion
2. La discusión sobre el estatuto moral del embrión
3. Las paradojas de los valores simbólicos del embrión
4. El posible doble uso de la tecnología de células madre
5. La peculiaridad estadounidense
6. Clonación reproductiva: sus dilemas éticos

1. Introduccion

Estados Unidos: Nuevos "reglamentos" para la experimentación con embriones humanos permiten la destrucción de embriones vivos
En febrero del 2000, los Institutos de Salud de Estados Unidos (NIH) decidieron extender la fecha límite para que el público opine sobre la revisión de un conjunto de reglamentos para la investigación de células toti-potenciales (o células madres) de embriones humanos. La "novedad" de los nuevos reglamentos es que les permite a los investigadores no sólo obtener células de embriones muertos (casi siempre abortados), sino también matar embriones "no deseados" provenientes de las clínicas de fertilidad, para obtener de ellos este tipo de células y aún así poder recibir fondos, para su investigación, del gobierno estadounidense, es decir, de los contribuyentes.
Las células toti-potenciales son aquellas que, en los primeros días del desarrollo del bebé no nacido, pueden desarrollarse y convertirse en cualquier tipo de células humanas. Los que apoyan la investigación dicen que el embrión en esta etapa no es realmente un embrión, sino un "pre-embrión". ¿Alguna vez oyeron hablar de PRE-PERSONA? Dios nunca la reveló como creación suya.
La Dra. Dianne Irving, ex-investigadora de los NIH, afirma que "el producto inmediato de la fertilización [= concepción] es un ser humano con 46 cromosomas, un embrión humano, un miembro individual de la especie humana, y...ese es el comienzo del período embriónico".
Actualmente el Congreso de Estados Unidos prohíbe el uso de fondos federales para la investigación de embriones humanos. La investigación de fetos vivos todavía es ilegal. Pero los nuevos reglamentos le abrirían una puerta legal a este tipo de investigación, con el pretexto de que la investigación de células toti-potenciales de embriones humanos no caería bajo la ya mencionada prohibición.
Si los nuevos reglamentos son aprobados, los embriones "sobrantes" de las clínicas privadas de fertilidad serían destruidos, para de esa forma llevar a cabo la investigación en centros que reciben fondos del gobierno estadounidense, sin por ello incurrir, técnicamente, en una violación de la actual prohibición de la investigación con fetos vivos.
Ello probablemente da a entender que ha surgido una considerable oposición a los nuevos reglamentos. Sin embargo, este tiempo extra podría proporcionarles a los que apoyan estas investigaciones la oportunidad de tergiversar los comentarios del público, con el objeto de favorecer la aprobación de los reglamentos.
La Dra. Irving ha indicado también que el uso de estas células embrionarias no es necesario para la investigación de las células toti-potenciales.

2. La discusión sobre el estatuto moral del embrión

¿Es el embrión equiparable a una persona? ¿Pertenece a la madre? ¿Tiene valor por sí mismo? ¿Merece protección? ¿Qué nivel de protección? ¿Encarna sólo valores simbólicos? Si el embrión no es titular de derechos, ¿pasa automáticamente a la categoría de propiedad de alguien? ¿Tiene el mismo estatuto un embrión in útero que un embrión in Vitro? Estas son algunas de las preguntas que nos hacemos continuamente en el debate sobre la clonación y manipulación de embriones implanta torios, sobre todo desde que disponemos de técnicas de acceso y estudio a esta fase del desarrollo humano.
Aunque desde el punto de vista biológico la nueva vida humana comienza con la fecundación, la discusión se refiere a cuándo esa nueva vida tiene estatuto ontológico merecedor de protección, en última instancia, cuándo es equiparable a una persona, y por lo tanto, inviolable.
La idea de que el ser humano comienza en el "instante" de la fecundación, en el zigoto, ha de enfrentar varios hechos (empezando por el que no hay tal instante): la fecundación dura horas-días.
La activación del óvulo por el espermatozoide es anterior a la identidad genética, que no se logra hasta la formación del núcleo diploide (fase de 2 células del embrión).
Hasta el 4º día, las propiedades genéticas del zigoto-embrión dependen de las proteínas y ARN del óvulo.
Diego Gracia (1998) y Manuel Cuyás (1989) han resumido los distintos paradigmas histórico-filósoficos sobre el tema. El problema, como dice Cuyás, es que, por un lado, la solución escapa de las competencias de las ciencias naturales (en las que no caben conceptos como persona, etc.), y de la filosofía y teología, porque éstas no pueden determinar cuándo comienza a existir el individuo, el sujeto o la persona.
Sin pretender derivar hacia la cuestión del aborto, y centrándonos en el caso de los embriones preimplantatorios, son varios los autores que señalan importantes datos científicos que podrían usarse para no conceder estatuto moral alto a estas entidades.

¿Es el embrión preimplantatorio un ser humano individualizado?
La definición de persona de Boecio: "sustancia individual de naturaleza racional". Según esa definición, ¿es factible predicar de los embriones preimplantatorios que son personas?. Dos propiedades esenciales de "ser un individuo": unicidad: ser únicounidad: realidad distinguible de toda otra realidad.
Amplia evidencia experimental de que estas propiedades no se establecen antes del fin de la implantación (14º día):
Falta de unicidad del embrión preimplantatorio: existencia de gemelos monozigóticos (2 por mil de nacimientos), que se generan espontáneamente por división de un embrión antes de la anidación.
Falta de unidad: posibilidad de formación de quimeras postcigóticos humanos, derivados de la fusión de dos embriones. Tienen líneas celulares y tejidos derivados de cada embrión que participó en la fusión. Experimentos en animales permiten fusionar embriones distintos, incluso de especies diferentes, y de gemelación artificial por separación de blastómeros.
Por lo tanto, la propiedad indispensable de individualidad aún no está determinada en el embrión preimplantatorio. El concepto clásico de persona resultaría inaplicable.
Mientras exista posibilidad de gemelación, la identidad del ser humano no está determinada, y de ahí que no se pueda decir que exista ningún individuo en concreto. ¿Cómo podría existir alguien cuando la mera identidad del ser que nacerá al final aún no está determinada en la fase preimplantatoria?
Sin embargo, para algunos autores, aun admitiendo estos datos, el embrión humano tendría un altísimo valor, superior al de un cultivo de tejidos somáticos, debido a que tiene identidad humana y un elevado potencial de convertirse en persona. La cuestión difícil sería qué estatuto asignarle, y en qué fase cobra todos los derechos adscritos a la persona.
Algunos de los defensores de la inviolabilidad del embrión se centran en la idea de que tiene elevada potencialidad de convertirse en persona. Pero como veremos, los que se centran en la potencialidad conferida por su genoma se enfrentan a importantes réplicas filosóficas que en parte usan nuevos conceptos biológicos.

3. Las paradojas de los valores simbólicos del embrión

Es frecuente que los que no conceden estatuto moral significativo al embrión, señalen que sin embargo éste merece un respeto especial y una "consideración moral seria como forma en desarrollo de vida humana". De hecho, el informe de 1994 del Panel sobre Investigación en embriones humanos del NIH se basa en esto para establecer restricciones en la investigación.
Si previamente se ha argumentado que el embrión no tiene ni intereses ni derechos, ¿cómo se sostendría que merece respeto y alta consideración moral? Y a la inversa, si el embrión merece especial respeto, ¿no debería esto incluir el derecho a no ser sometido a una investigación que terminará con su destrucción?. Para algunos esta paradoja se resolvería por el hecho de los poderosos símbolos sobre la vida humana que adscribimos a los embriones de nuestra especie.
La oposición a crear embriones expresamente para investigación y su aceptación a experimentar con los sobrantes de programas de FIV (fecundación in Vitro) sería un ejemplo de línea simbólica, aunque evidentemente es difícil articular el significado simbólico que está en juego. El crear embriones para investigar sería un símbolo del deseo de no usar la vida humana solo como medio para los fines de otras personas.
Los valores simbólicos son personales y variables, y no ejercen obligaciones morales absolutas como las personas y las entidades vivas con intereses. Esta es la razón por la que subordinarlos eventualmente a objetivos de investigación no violaría deberes éticos.

Paradojas del argumento de necesidad científica:
1. Países y entidades que no lo ven así (sobre todo en Europa)
2. ¿Política pública basada en meras posibilidades de desarrollos futuros? El permitir esta investigación ¿garantiza obtener las respuestas a las preguntas que se estiman cruciales?
3. ¿La investigación que se propone, como por ejemplo la de infertilidad, justifica esa alta prioridad moral, por encima de la de los embriones? Véase en Carlos Lema y en Krimsky y Hubbard una crítica a la "justificación" médica de estas técnicas, frente a otros enfoques más sociales y menos "biologicistas". Se está creando una presión científico-médico-comercial para introducir estas técnicas, al servicio de nuevos deseos, que se pretende que el Estado proteja y permita colmar ("derechos reproductivos, etc).
4. El imperativo científico del progreso tiende a pasar por encima de preocupaciones morales o no morales. ¿Solo nos queda adaptarnos?
Necesitamos urgentemente algún tipo de acuerdo ético y legal para establecer de una vez una línea divisoria a partir de la cual el ser humano en desarrollo adquiera irreversiblemente estatuto merecedor de protección. Si seguimos enredados en criterios "extrinsecistas", quizá no nos quede más remedio que ser consecuentes y adscribirnos a las polémicas posturas del biotecista australiano Peter Singer, que justifica el infanticidio porque el niño aún no ha adquirido nivel psicológico de persona y carecería por tanto de intereses y derechos. La insistencia en adscribir valor moral a lo humano en función de su contexto y de valores externos adjudicados por otras personas no puede conducir más que a inseguridad legal, y en última instancia a una sociedad que sólo protege a aquellos que pueden levantar su voz o que puedan decir de sí mismos que son personas. Pienso que sin necesidad de volver al esencialismo aristotélico, cabe seguir la reflexión sobre los fundamentos de la dignidad humana para aclarar el estatuto moral de las fases prenatales y neonatales del ser humano.

¿Qué tipo de entidad es un embrión reconstituido por trasplante de núcleo?
La posibilidad teórica que ha llamado más la atención recientemente es la transferencia de núcleos somáticos del paciente a óvulos enucleados. Las desprogramación y reprogramación del núcleo seguiría en sus primeras fases la lógica a lo Dolly: se obtendría un zigoto y embrión artificial. Al llegar a la fase de blastocisto, se obtienen células de la masa celular interna (con lo que se destruye el embrión), y se cultivan en placa de Petri, obteniéndose ES con la información genética nuclear del donante. Finalmente, las ES serían tratadas para diferenciarse a distintos tipos celulares:
Neuronas dopaminérgicas en el tratamiento de Parkinson
Células beta del páncreas para diabéticos
Hepatocitos para pacientes con cirrosis hepática.
En resumen, esta es la idea de lo que se ha dado en llamar "clonación terapéutica": el uso de células clonadas a partir del propio paciente para la realización de autotrasplantes sin problemas de rechazo inmunológico.
En el esquema anterior queda claro que estamos ante una técnica de "doble uso", ya que el embrión artificial obtenido, transferido a un útero preparado, podría eventualmente originar un ser humano completo, en cuyo caso estaríamos ante una clonación reproductiva verdadera.
¿Tiene el mismo estatuto moral un embrión natural en relación a un "embrión reconstituido" a base de transferir un núcleo somático a un óvulo enucleado? ¿Qué clase de entidad y estatuto ontológico y ético tiene ese zigoto-embrión artificial, del cual podríamos derivar células madre pluripotentes capaces de diferenciación en líneas celulares y tejidos compatibles con el donante del núcleo? (Algunos, quizá para dar a entender su diferente estatuto ontológico y moral, han propuesto la denominación de nuclóvulo para la célula resultante de la introducción de un núcleo somático en un óvulo enucleado). No se puede olvidar que se trata de una entidad que no procede de reproducción sexual a través de fusión de gametos, que su información genética nuclear corresponde con la del individuo donante, presentando las mutaciones somáticas que la célula donante haya acumulado; además, su conversión en "embrión" depende de estímulos exógenos artificiales, no siendo totalmente una potencialidad endógena.
Como dice Harold Shapiro, la posibilidad de transferir y reprogramar núcleos somáticos para la clonación de animales (humanos o no) "puso en tela de juicio la opinión ampliamente difundida de que el embrión o el óvulo fecundado tenían una categoría moral superior a la de las células somáticas". Es decir, si al final resulta que es posible reprogramar las células diploides del organismo, o sus núcleos cuando se transfieren a entornos citoplásmicos adecuados, y convertir esas células en totipotentes, ¿no resulta extraño pensar que esas entidades celulares (eventualmente convertibles en embriones viables si se les suministran las señales adecuadas) adquieren automáticamente la dignidad de personas?. Es posible que incluso los defensores del valor moral del embrión natural procedente de fecundación no vean tan claro la necesidad de hacer lo mismo con las células totí potentes logradas artificialmente, si bien es bastante general la oposición a usarlas en clonación reproductiva.
McGee y Caplan han señalado que la idea de que alguna fase de desarrollo pueda establecer un barómetro moral no aclara nada los problemas morales a los que se enfrenta la investigación con células madre. De hecho, esta investigación lo que hace es ampliar el problema de definir los hechos básicos sobre los embriones, al que ellos se refieren como la cuestión de "qué es lo que hay en la placa Petri".
Estatuto moral y contexto: no siempre se puede vincular el estatuto moral de una entidad dentro del cuerpo humano con su estatuto fuera de él.
2. La noción de viabilidad clínica ha emborronado incluso el debate del aborto, debido a nuevas tecnologías.
No hay un criterio umbral de valor basado en el desarrollo.
La aclaración del estatuto ético-legal de los embriones "sintéticos" por transferencia de núcleos es importante, porque de su resolución en un sentido u otro se derivarán consecuencias para la aprobación o no de los experimentos correspondientes.
Un caso que plantea un problema ético espinoso sería el eventual desarrollo viable de embriones híbridos procedentes de la transferencia de núcleos humanos a ovocitos de otras especies. Un informe de que se había logrado de esta manera un embrión empleando como citoplasto un ovocito de vaca no ha podido ser comprobado. Intentos parecidos en ratones con transferencia interespecífica de núcleos no han dado resultados por ahora.

4. El posible doble uso de la tecnología de células madre

De confirmarse la facilidad de acceso y manipulación de las células madre, y teniendo en cuenta lo ya realizado y realizable en animales, la tecnología de células madre y de transferencia de núcleos somáticos con fines no reproductivos, podrían tener el efecto casi inmediato de incentivar aplicaciones reproductivas, es decir, cuyo resultado final fuera un nuevo individuo humano. Con ello se abriría:
Clonación de individuos ya nacidos
Quimeras humanas
Transgénicos humanos.

Evidentemente, aquí entramos en otro universo moral, ya que al menos hay que evaluar la legitimidad de traer al mundo individuos predeterminados en su constitución genética y de modos nada convencionales. ¿Se respetan derechos humanos básicos? ¿Atentamos a la dignidad de las personas? Esto será tratado más adelante.
El Informe (1999) del español CNRHA reconoce los posibles beneficios de la clonación no reproductiva, pero anima a avanzar en técnicas que no tengan que recurrir al uso y creación de embriones. Habría que aclarar y volver a redactar el art. 161.2 del Código Penal y de la ley 35/1988.
La investigación con embriones entre la Ley y el Mercado

País

Directrices legales sobre embriones en distintos países

Alemania

Situación legal

Australia

Prohibida

Bélgica

Permitida investigación con embriones, incluyendo la creación de embriones para investigación

Canadá

No autorización investigación académica, pero libertad en clínicas privadas

Dinamarca

No legislación. El MRC financia estudios sobre embriones sobrantes hasta 17 días. Creación de embriones para investigación.

España

Prohibida. Embriones sobrantes de FIV se destruyen enseguida

Estados Unidos

Investigación con embriones "no viables" sobrantes de FIV, de hasta 14 días. Para finales de 2000 se espera un informe del comité de reproducción asistida, que probablemente recomiende el uso en investigación de todos los embriones excedentarios, incluidos los "viables".

Francia

No financiación federal sobre embriones. Libertad en el sector privado. Algunos estados tienen regulaciones restrictivas, y otros la permiten hasta el día 14. Desde mediados de 2000 se suceden los intentos de permitir dedicar fondos federales a usar células madre.

Holanda

Permitida la investigación con blastómeros de hasta 14 días, pero no la investigación que suponga su destrucción. Consejo de Estado: recomendación para que se permita investigar en células madre con embriones sobrantes.

Noruega

Investigación sobre embriones sobrantes. Moratoria sobre creación de embriones

Reino Unido

Prohibida

Probable próxima aprobación de clonación no reproductiva

Permitida creación de embriones para investigación. Límite 14 días. Recientemente el Gobierno anunció que someterá al parlamento una Ley que permitiría la creación de embriones para clonación no reproductiva.

Suecia

Investigación con embriones sobrantes

En general, se puede decir que la situación en los países de la Europa continental es relativamente restrictiva, mientras que en los países anglosajones, especialmente en EEUU tiende a ser más permisiva. Sin embargo, cabe señalar que la mayoría de normativas se redactaron antes de la obtención de células madre embrionarias humanas, por lo que la percepción de sus beneficios podría llevar a modificar algunas leyes.

5. La peculiaridad estadounidense

Por su interés y por sus diferencias respecto de la perspectiva europea, resumimos el estado de la cuestión y las perspectivas en los EEUU: en 1993 el Congreso concedió al NIH la autoridad para financiar investigación sobre FIV y embriones. Sin embargo, tras el anuncio ese mismo año de un experimento de partición de embriones humanos, los NIH decidieron una moratoria hasta aclarar aspectos éticos, para lo que encargaron al Human Embryo Research Panel (HERP) un informe. Éste apareció en 1994, y delimitó algunas posibilidades de investigación que se estimaba aceptables para ser financiadas federalmente: investigación sobre embriones sobrantes de FIV, hasta los 14 días.
Creación de embriones ex profeso para investigar en áreas clave que presentan promesas científicas y terapéuticas.
Partenogénesis (activación de óvulos no fecundados) siempre que no se transfirieran al útero.Trasplante de núcleos somáticos a óvulos enucleados, sin transferencia del embrión resultante al útero.

Creación de líneas de células madre embrionarias.
Sin embargo, posteriormente el Congreso rescindió su permiso para la financiación de investigaciones con fondos federales sobre estos temas.
Recientemente, con la novedad de la transferencia de núcleos y las promesas de la "clonación terapéutica", está habiendo intentos de sacar adelante legislación federal que permita emplear fondos públicos, incluida la opinión favorable del Comité Asesor Nacional de Bioética (NBAC). El 15 de enero de 1999 el NIH determinó que la prohibición federal no cubría la investigación con líneas de células madre desarrolladas por otros. Pero el director de los NIH, Harold Varmus, anunció que el apoyo se volvía a posponer hasta que hubiera directrices y normativas. A mediados de 2000 se siguen produciendo novedades, ya que los NIH pretenden que se financien federalmente las investigaciones sobre células madre, pero no la obtención de las mismas, que quedaría en el sector privado.
El resultado de esto es que en EEUU, donde el sector privado no se ve afectado por estas discusiones federales, tiene de hecho vía libre para investigar en esta área, sin más control científico y ético que el que ellos mismos se quieran imponer y la normativa general que les sea de aplicación, mientras los biológos del sector público se ven "con las manos atadas", recurriendo en el mejor de los casos a subterfugios basados en convenios con empresas, que les suministran el "material". Geron (la empresa propietaria de la tecnología del Instituto Roslin que condujo a Dolly) reunió a un grupo de consejeros bioéticos independientes, sin ninguna vinculación con la empresa, y les encargó la elaboración de un Informe ético sobre la cuestión de las células madre que la empresa estaba desarrollando. Sin embargo, por mucho que el informe tenga puntos positivos, se pueden hacer varias críticas: al parecer, el informe se elaboró después o en paralelo a la investigación que dio origen a las células madre.

Su diseminación fue pobre en principio.
Críticas generales a los comités de ética de empresas (EAB) y comités internos de revisión (IRB): desconocemos los criterios éticos que emplean los IRB para revisar protocolos de investigación
Los comités de empresas privados son privados, pueden funcionar con normas impuestas de la empresa, no están obligados a ser abiertos y a diseminar toda la información
¿Cómo se resuelven los eventuales desacuerdos entre los EAB y los IRB?. El problema en EEUU entonces es: que aún no hay regulación federal que cuando la haya, lo más probable es que sólo afecte a la investigación realizada con fondos públicos. Los NIH no tienen autoridad sobre la pujante industria de FIV.
¿Dejaremos un mercado libre de productos reproductivos y embriones?. Que en última instancia, gran parte de la investigación en un tema ético y social delicado va a estar en manos de empresas privadas, cada una con sus propios criterios "éticos". No hay ninguna garantía de que la compañía haga caso a un comité que recomiende cosas que vayan en detrimento de su estrategia comercial. ¿Cómo se armonizarían las directrices de diferentes empresas? Lo que puede ser aceptable para una puede ser inaceptable para otra.
Incluso las clínicas privadas de FIV podrían hacer su propia investigación, sin pasar en absoluto por ningún comité. Ya el informe del HERP constató que gran parte de la investigación en FIV se realiza en las propias clínicas con material humano, sin ninguna evaluación. Estas clínicas carecen a menudo de experiencia solvente en investigación básica y biología del desarrollo.
¿Se crearán mercados libres u ocultos de embriones y células madre? No podemos minusvalorar la fuerza de los intereses comerciales. ¿Incentivos a embriones sobrantes? ¿Incentivos a crear embriones para investigar?
En resumidas cuentas, lo más probable es que en los EEUU termine por no haber leyes vinculantes para todos, sino normativas para el sector público y autorregulación para el sector privado, con todo lo que esto puede suponer: heterogeneidad de criterios privados, comercialización, presiones del mercado, etc. ¿Cómo es posible que se pueda dejar en manos del mercado cuestiones esenciales para los valores sociales y morales de una sociedad?
Es curioso que Paul Berg, al proponer que se aplique a la clonación el esquema que funcionó bien al comienzo de la era del ADN recombinante, no se dé cuenta de una difererencia fundamental con la situación al comienzo de la era de la clonación: mientras en la primera el sector biotecnológico privado y empresarial era casi inexistente e irrelevante, ahora la situación es la contraria. ¿Cómo se pretende dejar cándidamente a la buena voluntad de las empresas su propia regulación, ante las fuertes apuestas económicas en juego?
En última instancia, si lo único que cuenta es la autonomía individual, no contrapesada por responsabilidad social y criterios de justicia y bien común
[34], no habrá impedimentos legales para una variedad de prácticas:
Selección De Embriones Por Rasgos Triviales
Manipulación Genética De Embriones
Clonación Reproductiva
Si seguimos sin reflexionar en serio sobre los vínculos entre autonomía y bien común, sólo lograremos afianzar aún más la economía de libre mercado, que invade ahora ámbitos muy sensibles donde se juegan valores clave de lo que consideramos humano. ¿Queremos realmente que el mercado se inmiscuya cada vez más en estos ámbitos? Como dice Lisa Cahill, a lo más que llegará la bioética dirigida por el mercado es a pedir que todos los individuos tengan igual acceso a todas las novedades biotecnológicas y reproductivas que el propio mercado vaya generando.
En cambio, en Europa se tienen más en cuenta otros factores: dignidad humana, mayor valoración de los embriones, rechazo a la mercantilización de la vida y la reproducción, límites a las presiones del mercado sobre valores sociales y culturales. Y de manera coherente, las legislaciones afectan tanto al sector público como al privado.

6. Clonación reproductiva: sus dilemas éticos

El grupo de Yanagimachi y Wakayama, en el artículo reciente que informa sobre clonación de ratones a partir de núcleos de células madre, propone un posible esquema que permitiría la clonación ilimitada a partir de casi cualquier célula del organismo (al menos en esta especie):
Transferencia por microinyección de un núcleo de célula somática a un óvulo enucleado.
Se dejaría desarrollar el embrión in Vitro hasta una fase previa a la de implantación.
A partir de las células de la masa interna del blastocisto se pueden establecer cultivos estables (inmortales) de células madre (ES). Todas esas células contendrían el mismo genoma nuclear que el individuo donante, genoma que quedaría de esta forma "inmortalizado".
Las células madre pueden servir a su vez para:
Terapias celulares
Clonación reproductiva
Manipulación genética: se podrían generar ratones mutantes, incluso en homozigosis, en una sola generación, sin pasar por la generación intermedia de quimeras. Ello permitiría analizar las funciones complejas que dependen de varios genes.
Combinación de b) y c) para producir individuos clónicos transgénicos.
Si este protocolo funciona en ratones, no está lejano el día en que sean factibles técnicamente todas esas alternativas en humanos, sobre todo ahora que contamos con cultivos de células madre embrionarias de nuestra especie.
Dolly no es una copia idéntica de la "madre" que donó el núcleo (no se olvide que el óvulo contiene ese pequeño ADN de la mitocondria). Aunque ambas comparten el mismo ADN nuclear, las instrucciones genéticas de Dolly no experimentaron exactamente el mismo tipo y combinación de estímulos que los de su "madre nuclear". Esto se debe a los fenómenos de epigénesis, complejas series de interacciones entre los genes y el entorno, y aquí entendemos por entorno desde los factores presentes en el citoplasma del óvulo, pasando por los procesos de formación del embrión/feto, a su vez sometidos al peculiar ambiente uterino, y alcanzando a la vida extrauterina (estímulos al nacer, periodo de lactancia, relaciones con la madre, interacciones "sociales" con otros individuos de la especie, etc). En resumidas cuentas, el ADN no contiene un programa unívoco de instrucciones, sino que es flexible, y la expresión genética en cada individuo queda matizada por multitud de factores, quedando "abierta" con una finalidad adaptativa clara.

Clonación reproductiva en humanos
Como es sabido, cuando una técnica se pone a punto en un animal doméstico o de laboratorio, sólo es cuestión de tiempo y dinero el que pueda ser aplicada a humanos. Esta perspectiva es la que, obviamente, ha despertado esa mezcla de fascinación, ansiedad y temor en la opinión pública. El ciudadano actual percibe los adelantos científicos con cierta ambivalencia: si bien reconoce como positivos el avance del conocimiento y del bienestar, es igualmente consciente de que pueden acarrear problemas ambientales, y amenazar valores y creencias importantes para la cohesión social. El mito de Frankestein no es más que la plasmación simbólica del temor a que nuestras creaciones tecnológicas nos sobrepasen y nos dominen, una idea sistematizada por las recientes aportaciones de la filosofía y sociología de la ciencia y la tecnología.
Desgraciadamente, la mayoría de los medios de comunicación han perdido una nueva oportunidad de demostrar que pueden estar al servicio del debate social y del diálogo sobre bases racionales, primando la difusión de estereotipos trasnochados e ideas peregrinas. Pero por otro lado, algunas revistas científicas siguen empeñadas en querer demostrarnos que la racionalidad tecnocientífica es la forma más excelsa (¿quizá única?) de conocimiento auténtico, y que los otros criterios deberían rendirse a ella.
Lo que se juega en el debate sobre la clonación no es obtener copias de Einstein o de Hitler, (algo imposible, porque en cada individuo influye poderosamente el ambiente y la educación). Olvidémonos de anti-utopías de tipo Un mundo feliz. Tampoco me parece pertinente la postura de los comentaristas de la revista Nature, cuando despachan lo que ellos llaman "vagas aseveraciones sobre la dignidad humana", imputando a sus defensores el caer en ideas sobre determinismo genético. Efectivamente, nuestros genes no determinan nuestra individualidad ni nuestra dignidad como personas. Pero la auténtica oposición a la clonación en humanos no va por esos derroteros.
Evidentemente, un individuo clónico (aparte de no ser totalmente idéntico al original, por las razones ya apuntadas) tendría su propia individualidad, y es absurdo hablar en este sentido de "fotocopias humanas" (sobre todo en lo referente al carácter y conducta). Esto, insisto, no es lo esencial. Según mi opinión, el cogollo de la cuestión ya quedó brillantemente apuntado hace casi 20 años por Hans Jonas, cuando analizó lo que significaría existencialmente ser un clónico para el propio individuo afectado.
Independientemente de la influencia real que tengan los genes en la conducta humana (desde luego, no superior a la ambiental y cultural), el clónico se sentiría como individuo diseñado ex-profeso por terceras personas, y su situación, a diferencia de lo que se ha dicho, no es en absoluto equivalente a la de los gemelos idénticos. Mientras los gemelos comparten simultáneamente en el tiempo un mismo genotipo aleatorio totalmente nuevo, del que nadie sabe nada a priori, al clónico se le impone un genotipo ya experimentado anteriormente por otra persona. La clave de la crítica estriba en que esto crearía una situación asimétrica del clónico respecto del original: el clónico tendrá encima la "losa" de saberse fruto de diseño de otras personas, y su autopercepción se resentiría por ello. Todo el proceso de su autodescubrimiento y sus relaciones con los demás quedarán marcados indeleblemente. Una vez más: no se trata de determinismo genético, sino de la intromisión de un conocimiento perturbador en lo más central de lo que constituye la búsqueda que cada individuo hace de su propia personalidad. Cada uno de nosotros responde a la pregunta "¿Quién soy yo?" partiendo de un genotipo nuevo (con sus potencialidades desconocidas para todos) y del secreto. Pero el clónico tiene un prototipo ya vivido (no original), y tenderá a creer que sabe demasiado de sus propios límites y posibilidades: este mero conocimiento puede ser profundamente condicionador de su personalidad. ¿Dónde quedaría la aventura de sentirse único e irse descubriendo a sí mismo? Por estas razones, y al igual a lo que se ha propuesto para los avances en las técnicas de sondeo de propensiones genéticas, la bioética y el bioderecho están articulando y reclamando la proclamación de un "derecho a ser fruto del azar" y de un "derecho a la ignorancia", a no saber (o creer saber) demasiado de uno mismo por adelantado.
Comité de Ética francés: el crear individuos "…cuyo genoma no dependerá de la lotería genética, sino de la voluntad del hombre, es un atentado a las características esenciales de la persona humana".
El filósofo Fernando Savater, aludiendo a la clonación (pero aplicable también a la eugenesia positiva por ingeniería genética) declaró la gravedad de "obligar a un individuo a ser como otro quiera", añadiendo que "si de lo que se trata es de la libertad del individuo, es mejor que su origen se deba a la casualidad [genética] que al diseño". En este sentido se expresan otros autores, incluyendo importantes biólogos.
El reciente informe del Comité Español de Expertos sobre la Clonación lo ha expresado de la siguiente manera: "[L]a cuestión no es tanto qué rasgos nos gustaría a nosotros que tuviera un ser determinado, por ejemplo, nuestro hijo, sino cuáles son los que pudieran resultar compatibles con la dignidad del ser humano. Y si no sabemos contestar a esta pregunta de modo razonable, lo mejor que podemos hacer es respetar el actual estado de cosas. Cuando no se tienen razones suficientes para
actuar, lo más prudente es la abstención, es decir, el respeto".
Adicionalmente, la clonación plantea otro problema, el de privar al individuo clónico del derecho a una filiación capaz, como dice Savater, de "inscribirlo en el orden simbólico del doble origen masculino y femenino", tan importante en el desarrollo psicológico del individuo.
Y, por supuesto, paralelamente a estos argumentos, no deja de resonar un viejo principio ético básico de nuestra cultura: los seres humanos son fines en sí mismos, y no pueden ser solo medios para otros fines, por muy loables que éstos sean (incluyendo el avance científico). ¿Con qué autoridad y con qué sabiduría podríamos imponer a otros seres humanos nuestro diseño en su misma entraña biológica, a carecer de la referencia a un padre y una madre, a ser fruto de una unión sexual? ¿Seríamos capaces de experimentar ("a ver lo que sale") con otros seres humanos so pretexto de eliminar el azar biológico? ¿Quiénes somos nosotros para abrogar este mecanismo de lotería genética que lleva miles de millones de años funcionando, qué criterios usaríamos en su lugar, y quién decidiría? El debate de la clonación (junto con otros avances derivados de la biotecnología) va a ser un buen campo para poner a prueba la capacidad de nuestras sociedades para discutir racional y democráticamente sobre la posibilidad de encauzar la tecnología. ¿Tendremos en nuestras manos la oportunidad de ponerla al servicio de las profundas necesidades de la humanidad, o seguiremos deslizándonos por la pendiente del sonambulismo tecnológico?
Para los expertos que asesoraban al Gobierno alemán en relación a la clonación, ésta plantea problemas éticos novedosos que afectan a la ordenación básica de la vida y a la dignidad del ser humano. Habría que establecer de novo diques éticos derivados de fundamentos morales y jurídicos, debido a que hasta ahora, la propia Naturaleza imponía sus propios límites fácticos a ciertas intervenciones humanas.
Sin embargo, muchos expertos anglosajones van por otros derroteros. Para John Harris (que sigue en parte las ideas de Ronald Dworkin en el sentido de que la constitución de EEUU es base suficiente para proteger la libertad de los individuos en la elección de sus opciones reproductivas) existe un derecho de los individuos, amparable legalmente, a reproducirse con los genes que cada uno elija, y con los medios (incluida la clonación) que reflejen la idea de cada cual sobre la clase de personas que deberían venir al mundo, aunque esto suponga pagar el precio de que tengamos que soportar cierto grado de ofensa social por contemplar elecciones con las que no estamos de acuerdo. El presidente de la Comisión Asesora de Bioética de los EE.UU. confirma esta idea, que se refleja en el modo como se trató la cuestión de la clonación reproductiva en el correspondiente informe elevado al Gobierno. De este documento parece deducirse que, suponiendo que se resuelven los temas de seguridad de la técnica, y si no se demuestra que el niño clonado vaya a sufrir daños físicos o psíquicos, la Carta Magna norteamericana y sus Enmiendas podrían amparar la clonación. De alguna manera, se reconoce que los supuestos o posibles problemas éticos y sociales no serían justificación suficiente para que el Estado se inmiscuyera en el área de libertad e intimidad reproductiva. Estamos ante un punto clave de las discrepancias con otras propuestas, que precisamente se centran en las "ofensas sociales y éticas", que reflejan la complejidad de dimensiones simbólicas y culturales que contribuyen al bien común, y que no se pueden obviar precipitadamente. La misma reflexión jurídica europea incorpora, de una u otra forma, diversos mecanismos de compensación a la autonomía, basados en otros clásicos principios bioéticos, como no-maleficencia y justicia. En este sentido, desde siempre se ha se reconocido el interés y la necesidad de la comunidad política de configurar de alguna forma la estructura familiar. De todos modos, hay que reconocer que la argumentación sobre supuestos daños a las ideas sobre familia y sociedad no terminan de funcionar, al menos desde el punto de vista de cierta filosofía jurídica, ya que conceden supuestos "derechos de intangibilidad" a meras figuras jurídicas, no a personas. Insistir demasiado en este punto sin aportar razones convincentes puede enmascarar en algunos casos una simple estrategia conservadora al servicio de ciertas ideas, históricamente condicionadas, sobre un tipo de familia y de sociedad, y al servicio de ciertos intereses de grupo o clase. Quizá debamos buscar razones al menos prudenciales en los intereses y derechos del niño, que llegado el caso deberían predominar sobre la libertad reproductiva paterna.
Al menos en algunos países queda abierta la posibilidad de la ingeniería genética y la clonación de humanos, o al menos su no penalización. ¿Significa esto que ante la falta de prohibiciones se habría perdido la batalla ética? Ni mucho menos. Como bien expone el citado Informe de la Comisión de Expertos sobre la clonación, en el análisis ético de estas cuestiones hay que distinguir entre los planos exhortativo y prohibitivo. Si queremos avanzar en el progreso moral de nuestras sociedades, hemos de tener claro que las prohibiciones no son las únicas ni más adecuadas herramientas. Nuestras comunidades basadas en el pluralismo de ideas y valores no pueden aspirar a que determinados ideales del bien queden siempre respaldados por sistemas legales. La ley puede ser la expresión de un mínimo común denominador moral que garantice la paz social y los derechos individuales. Pero el objetivo de la ética va más allá, proponiendo e invitando a la "autorrealización personal y colectiva", en una búsqueda de lo mejor. Los argumentos esgrimidos más arriba contra la clonación reproductiva y la eugenesia positiva, tomados por separado, quizá no tienen fuerza suficiente para justificar su prohibición absoluta, y conjuntamente suponen argumentos razonables para actuar con extremada prudencia, aunque quizá no para impedirlas en un futuro, sobre todo cuando puedan presentar alguna justificación terapéutica. Queda por delante la tarea más fascinante y enriquecedora: reflexionar individual y colectivamente, formar el sentido de la responsabilidad, ejercer una crítica adulta de los valores sociales dominantes, y buscar la manera de promover los valores auténticamente humanizantes.
Para Bayertz, la autonomía de los padres incluye la libertad de decidir el número de hijos que desean tener por medio de medidas contraceptivas o "proceptivas" (mediante técnicas de fertilización asistida), pero no se puede prolongar en el sentido de realizar manipulaciones genéticas o reproductivas a voluntad con el propósito de configurar su dotación genética (modificación genética no terapéutica y clonación). Hay que proclamar, pues, el derecho a desarrollar la biografía vital partiendo de un genoma no manipulado ni que sea copia del genoma de otra persona anterior, viva o muerta. La razón es que estas manipulaciones atentarían al derecho del nuevo ser a no ser producto del diseño de otras personas, a no venir "prejuzgado", a no ser fruto de un plan o ideal de vida que otros (aunque sean sus padres) le imponen desde fuera, y que con ello crean unas expectativas que coartan radicalmente la posibilidad de autodescubrimiento, y por lo tanto, atentan a su libertad. De otra manera, se crearía una ilícita asimetría, por la que la autodeterminación de los padres entraría en radical colisión con derechos inalienables del hijo, que quedaría de esta forma "instrumentalizado", convertido en un objeto sometido a la voluntad de otros. La única manipulación moralmente válida sería la destinada a curar o prevenir una enfermedad en el individuo en cuestión, lo que incluiría la terapia génica germinal en el caso de que su puesta en práctica no supusiera el sacrificio de vidas humanas inocentes mientras se pone a punto la técnica.
La crítica antropológico-cultural y la misma filosofía del derecho pueden aportar herramientas que ayuden al desmontaje de ciertos presupuestos que están en la base de las paradojas en las que nos parece introducir la tecnología genética y reproductiva. Como ha mostrado Carlos Lema, la gramática jurídico-política del Estado moderno y del Derecho igual no admite crítica al deseo. El Derecho parece condenado a ordenar y encauzar los deseos y necesidades (no cuestionados) de individuos "atomizados", de modo que tales deseos quedan resguardados por la esfera inviolable de la intimidad. Pero ello se hace en nombre de un sujeto abstracto, del que se ha suprimido toda referencia (y crítica) al origen de tales deseos, borrándose la idea de que éstos pueden ser creados o manipulados. De hecho, la expulsión del deseo de la consideración jurídico-política lo que hace es remitirlo a la esfera del mercado. Y estamos asistiendo al fenómeno de cómo traer hijos al mundo entra decididamente en las fuerzas mercantiles, con las técnicas en el papel de creadoras de nuevos deseos a la hora de configurar la descendencia, y con el Derecho como garante de los llamados "derechos reproductivos" (asociados ya no a la fundación de una familia, sino como prerrogativas individuales). No es extraño, pues, que en este marco, el Derecho no pueda establecer límites a los deseos individuales, ni ubicarlos en referencia a bienes colectivos. Lo más que puede hacer es justificar a posteriori unos supuestos "deseos racionales" recurriendo a alguna variante de psicología o sociología empíricas, que a su vez no entran en la crítica del deseo ni de las condiciones sociales y culturales de las que éste surge. Igualmente, Beck ha señalado cómo diversos intereses sociales y económicos se sirven de las apelaciones a la "libre voluntad" para triunfar. Dicha libre voluntad alteraría las relaciones entre instituciones, valores sociales y tecnologías, transformándolas en una circunstancia privada.

Algunas declaraciones y normativas internacionales y nacionales
UNESCO: Declaración Universal del Genoma Humano y los Derechos Humanos, adoptada por la XXIX Asamblea General, el 11 de noviembre de 1997, y asumida por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 9 de diciembre de 1998.
· Art. 11: "Las prácticas contrarias a la dignidad humana, como la clonación reproductiva de seres humanos, no deben permitirse"
Consejo de Europa: Protocolo Adicional al Convenio para la protección de los derechos humanos y la dignidad del ser humano en relación con la aplicación de la biología y la medicina, sobre la prohibición de clonar seres humanos. París, 12 de enero de 1998. Fue firmado por 19 países europeos (no Reino Unido ni Alemania, aunque por distintas razones).
· Art. 1: "Se prohibe cualquier intervención que tenga por objeto crear un ser humano genéticamente idéntico a otro, ya sea vivo o muerto".
En estas dos declaraciones queda abierta, en principio, la permisibilidad de clonación no reproductiva ("terapéutica").
Parlamento Europeo, Resolución del 12 de marzo de 1997:
· 1. "Hace hincapié en que todo individuo tiene derecho a su propia identidad genética y en que la clonación humana está prohibida y debe seguir estándolo;
· 3. "Urge a todos los Estados Miembros a que prohíban la clonación de seres humanos en todos los estadios de desarrollo, independientemente del método utilizado…"
Países con legislaciones que explícitamente prohíben la clonación:
· Alemania (1990): punible incluso generar un embrión clónico, aunque no se transfiera.
· Argentina (1997)
· España: Código Penal (1995): Redacción confusa: Art. 161.1: "Serán castigados… quienes fecunden óvulos humanos con cualquier fin distinto a la procreación humana". Art. 161.2: "… se castigarán la creación de seres humanos idénticos por clonación u otros procedimientos dirigidos a la selección de la raza".
· Francia (1994): en referencia con la eugenesia. "Nadie podrá vulnerar la integridad de la especie humana".
· Reino Unido: Ley de Fecundación Humana y Embriología (1 noviembre de 1990): Permitido manipular y crear embriones hasta el día 14ª, con autorización gubernamental.

 

 

 

Trabajo enviado por:
Ana Gelfo
anagelfo@hotmail.com

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