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Globalizacion economica fusiones y sindicalismo
Introducción. Las fusiones entre grandes empresas no suponen ninguna novedad en el modelo de sarrollo capitalista a lo largo del siglo XX. La novedad estriba en las dimensiones de estas fusiones, ya que se realizan en el marco de un proceso muy avanzado de globalización o mundialización económica. Con las fusiones, las empresas presiguen situarse en posiciones ventajistas en el "libre" mercado. La libre competencia como motor de la economía queda para los libros de textos y la divulgación o venta de ideología en los medios de comunicación. El capital está empeñado en una carrera de fondo a lo largo de todo el siglo por alcanzar posiciones de monopolio u oligopolio. Una buena parte de los grandes beneficios se han obtenido en los mercados "cautivos" (energía, suministro de agua, telecomunicaciones) y se mantienen cuando los "cautivos" se liberalizan para caer en las prácticas oligopolistas. Con las grandes fusiones, las empresas resultantes obtienen el factor principal que las hacen más proctivas y ganar posicones de mercado: el abaratamiento de los costes de producción en general y de lo costes laborales en particular, lo que afecta a las condiciones de vida de millones de trabajadores.
I. Las décadas del desarrollo y las fusiones industriales. A partir de 1914, Ford emprende la producción en serie de automóviles y con ello logra dar el salto de ampliar el mercado hasta abarcar inicialmente todos los EE.UU. Es el primer antecedente importante de gran producción, que harán del sector del automóvil la punta de lanza de las absorciones y fusiones, de la aparición de las multinacionales y su expansión durante las denominadas décadas del "desarrollo". En Bretton Wood, a punto de terminarse la Segunda Guerra Mundal, las potencias aliadas y los grandes poderes económicos crean el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el GATT, instituciones económicas para asegurar un nuevo orden mundial y la implantación de las empresas multinacionales en todos los mercados. Las décadas de los cincuenta, sesenta y setenta exportaran el modelo económico norteamericano a Europa y Japón, así como a algunos países asiáticos más y oceánicos (Australia y Nueva Zelanda) ; son los años del "desarrollo": consumo de masas y bienestar social para amplias capa de la población. En los sectores del automóvil, los electrodomésticos, bienes de equipo, alimentación, la industria química, nuclear y farmaceútica tiene lugar un proceso de absorciones de las empresas locales y nacionales por parte de las multinacionales que se instalan en cada país. Junto a las empresas de los EE.UU., las alemanas, francesas, holadensas, inglesas, japonesas, etc., se reparten el llamado mercado "libre" mundial. En los años setenta, la "era" del desarrollo entra en crisis en los países industrializados. El déficit fiscal en los Estados del bienestar (menos ingresos públicos que gastos), el aumento de los costes laborales debido a las luchas obreras protagonizadas por el obrero-masa (trabajador/a de la cadena de montaje) y la crisis del petróleo como consecuencia de basar la expansión industrial y el crecimiento del parque movil motorizado mundial en el uso de combustibles fósiles con tecnologías despilfarradoras, contaminantes y poco eficientes logran en su conjunto, que caiga la tasa de gancias del capital y de se desacelere de momento el avance imparable de las multinacionales mediante absorciones, fusiones, formación de grupos empresariales, etc. Las consecuencias del cambio de rumbo, de la nueva estrategia del capital, la están pagando hoy los más desfavorecidos de la Tierra:
EL CAMBIO DE "RUMBO"
La descentralización productiva va encaminada por un lado, a rebajar los costes laborales mediante la deslocalización de sectores industriales muy intensivos en mano de obra hacia países pobres sin garnatías sindicales, enmascarando dichas políticas en una nueva vuelta de tuerca que incorpora al "club" del desarrollo en los años ochenta a los "tigres" asíaticos (Corea del Sur, Taiwan, Indionesia, etc, ) y algunos países de América Latina (Brasil y Chile) que son socios, pero de segunda categoría. Y por otro, la descentralización productiva se lleva a cabo en el interior de los países industrializados desestructurando la gran fábrica fordista vaciándola de trabajadores combativos y fuertemente organizados, para diseminar la producción en el conjunto del territorio mediante las empresas auxiliares, las subcontratas, el trabajo clandestino y a domicilio, hiriendo de muerte al obrero-masa, disminuyendo los costes laborales de la clase trabajora con la aparición del paro estructural y masivo, la precariedad laboral y la desaparición de la solidaridad en la fábrica difusa, en el territorio de la producción. La introducción de las nuevas tecnologías (robótica, informática, telecomunicaciones) en la producción y los servicios han permitido el abaratamiento de costes productivos en general y ha expulsado a millones de trabajadores de sus antiguos empleos. Las reconversiones industriales de los años ochenta y los expedientes de regulación de empleo en los noventa son buenos ejemplos de ello. Pero estas nuevas tecnologías fueron diseñadas deliberadamente por los gobiernos, las multinacionales y las instituciones financieras, porque hacía posible la globalización económica: el paso (algo más que semántico) de las empresas multinacionales a transnacionales, la hegomonía del capital financiero, la constitución de los grandes mercados internacionales (TLC, UE, MERCOSUR, etc.) el oligopolio en sectores estratégicos de la producción y la distribución de mercancías, bienes y servicios. Las grandes fusiones son "hijas" de estas políticas. Una mayor eficiencia energética ha permitido que la factura pretolífera no aumente en demasía a pesar del incremento del precio de los crudos. En el sector de la automoción se ha pasado en en 30 años, de los motores "9 litros" a "3 litros" y en la industria, la cogeneración y la diversificación ha hecho posible, que la sustitución de mano de obra por todo tipo de maquinarias e ingenios que consumen energía no se vea reflejada en el recibo de la electricidad. Todo ello es posible por la regulación de precios a cargo de los estados, especialmente bajos de las energías para las grandes empresas y la automoción en general, a cambio de perpetuar el oligopolio de las empresas del sector. La sociedad del bienestar en los pocos países industrializados del mundo fue posible en el corto período de tres décadas gracias al expolio del "Tercer Mundo". La crisis fiscal de los años setenta fue trasladada en forma de deuda externa a los países pobres. Convertida la crisis en deuda pública del Estados del bienestar (dinero que prestan a las arcas públicas, los gran bancos con fuertes intereses), los países industrializados a su vez prestan dinero a los países pobres con intereses muy muy usureros y así poder trasvasar la riqueza de los países pobres a los ricos y poder mantener en ellos la sociedad del bienestar. La deuda externa se convierte en impagable a partir de mediados de los ochenta, por lo que después de bien exprimidos se abandonan a su suerte a continentes enteros (Africa) o se compra a precio de saldo las empresas nacionales de electricidad, telefonía, aguas, etc.. en otros (América Latina). Así es como la nueva organización del trabajo, la mejora de la eficiencia energética, la introducción de nuevas tenologías y la deuda externa han hecho posible la globalización de la economía mundial en unas pocas décadas.
II. Consecuencias de la fusiones en el proceso de globalización.
Las grandes fusiones tienen consecuencias funestas para la clase trabajadora. Agrandes rasogos veámoslas:
III. Resistencias y alternativas a la globalización. Con la solidaridad por los suelos y la mquinaria ideológica de control social más imponente en la historia de la humanidad, la tarea de resistir y encontrar alternativas al proceso de globalización no es una tarea fácil. Primero porque no se trata de recetas que sobre el papel se pueden escribir bien o mal, sino de poner en pie, en la práctica social dicha resistencia. Segundo porque la ideolofía dominante integra o excluye muhas de las posibilidades de cooperaciópn social que se situen fuera de la monetarización y del mercado- Pero mientras hay vida, ganas de vivir hay posibilidades de lucha. Estas son algunas de las cosas que se esdtán haciendo contra la globalización:
Sevilla, 22 de septiembre de 1999.
BIBLIOGRAFÍA MARTIN, H.P. y SCHUMANN. La trampa de la globalización. Ed. Taurus. Madrid. 1998. GEORGE, SUSAN. Globalización: una carrera hacia el fondo del barril. El Mundo, 21.09.99 José García Rey Secretario General de la CGT de Andalucía
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