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Recurso vital Valores Organizacionales
Los ejecutivos enfrentan el desafío de renovar
su compromiso con los valores, el cual se debe traducir en acciones concretas y
consistentes, manteniéndose abiertos a reconocer la necesidad de replanteárselos
si fuera necesario. Desde mediados de la década de los 80 se aprecia creciente interés empresarial y académico acerca de la relación entre los valores organizacionales y personales con la consecución de objetivos de las empresas. Algunas empresas pioneras en este campo como IBM, Ford, Toyota, Johnson & Johnson, y Hewlett-Packard, han visto evolucionar sus definiciones fundacionales, debiendo enfrentar los desafíos de un mundo inestable, incierto y sin fronteras para la competitividad. En 1990 The Economist (1) publicó una investigación acerca del tema de Visión, Misión y Valores, en la que se evalúa las culturas organizacionales más fuertes y con mayor coherencia en la práctica de los valores. La publicación que integra el aporte de diferentes investigadores, define a los valores como las creencias y principios morales que subyacen a la cultura organizacional, y que aportan significado a las normas y estándares de conducta de una organización. Charles Hill y Gareth Jones (2) ven a los valores
como parte de la filosofía corporativa, la cual establece patrones que orientan
Definir y asumir valores es tan delicado como establecer una declaración de misión organizacional. Más que conceptos abstractos e idealistas, de acuerdo a Jack Haas (3), CEO de Levis Strauss durante la década de los años 90, los valores hacen la compañía, en el sentido que establecen las conductas
deseables y necesarias, que más aportan al logro de resultados. Según la
exitosa experiencia de Haas, para que los valores se consoliden en el tiempo se
deben dar las siguientes condiciones: Una clara relación entre los valores definidos y los factores competitivos claves para la organización. La compañía 3M, que se define como una empresa innovadora es un buen ejemplo en este aspecto. La creatividad es fomentada en todos los empleados, los que pueden sugerir sus ideas de nuevos productos y aplicaciones en forma permanente, lo
cual se traduce en una altísima tasa de lanzamiento Consecuencia. Los valores son de escaso valor si no se
traducen La historia de la compañía
es conocida. En las últimas dos décadas ha debido revisar y replantear sus
definiciones ante las inevitables decisiones de desvincular personal. En otro
plano, si una empresa define como un valor fundamental la austeridad, muchos
ojos estarán pendientes del grado de solvencia en los gastos. Implementación. Resulta obvio que definir valores es mucho más simple que practicarlos. Para que ellos se legitimen y pasen a ser parte de la cultura, deben ser incorporados como parte de la toma de decisiones, y estar presente en los ritos y proyectos de la empresa. Cuando McDonalds (en Hill y Jones, Op, Cit) ofrece rapidez y limpieza en el servicio, no se queda en las palabras. La velocidad de atención del personal y el aseo permanente de los locales son estándares de operación universales, los cuales se inculcan fuertemente en la etapa de entrenamiento del personal, formando parte de las competencias recompensadas y valoradas. Todos los procedimientos internos y el diseño de productos y servicios tienen presentes las promesas asumidas frente a los clientes, que se deben traducir en conductas coherentes de los empleados. En el caso de Levis los esfuerzos para fomentar al trabajo de equipo y la participación se basan en importantes recursos destinados a seleccionar y capacitar a gerentes idóneos.
Resulta difícil definir cuál de estas tres
condiciones es más importante para la credibilidad y utilidad de las
definiciones de valores. Lo que sí parece claro, es que el fracaso de ellos está
fuertemente relacionado con la inconsecuencia entre el discurso y la práctica.
En un artículo del ejemplar de Noviembre de 1999 de la Revista Desafío (5)
varios expertos coinciden en la preocupante falta de coherencia entre el
discurso de las empresas en materia de preocupación por las personas, y sus
decisiones reales. La revista cita un estudio de la Universidad Católica de
Chile acerca de la inconsistencia entre la definición que la mayoría de las
empresas hace acerca de la importancia de sus recursos humanos, y las decisiones
que éstas toman en período de crisis. la Universidad Católica de Chile, explica que la
investigación demuestra como Según Jack Haas el más poderoso motor de los
valores de la compañía es Investigaciones realizadas por Daniel Denison (7)
en importantes compañías como Texas Instruments, People Express y Procter
& Gamble, corroboran la importancia de la coherencia entre discurso y práctica
para que En síntesis Hoy en día cualquier texto de gestión estratégica
o programa de estudios serio de administración incluirá definiciones en cuanto
a la importancia de definir la organización, como parte esencial de su identidad, de los objetivos que se propone y cómo alcanzarlos. En el caso de los valores, su condición de conceptos abstractos -para algunos, subjetivos- hace que las organizaciones enfrenten especiales desafíos para traducirlos en prácticas coherentes que los sustenten y les den vida. En un mundo de negocios ambiguo y cambiante, los ejecutivos enfrentan el desafío de renovar su compromiso con los valores, el cual se debe traducir en acciones concretas y consistentes, manteniéndose abiertos a reconocer la necesidad de replanteárselos si fuera necesario. El daño interno que se provoca a la cultura y al clima laboral al declarar una forma de pensar y actuar de otra
forma no es fácil de medir. REFERENCIAS (1) Do you need a Mission Statement?, The Economist Publications, Special Report 1208, 1990. (2) Administración Estratégica, Un enfoque
Integrado. Charles Hill y Gareth Jones. (3) Artículo Values Make the Company.
(4) IBM: Una Empresa y sus Credos. John Watson. Publicación Interna IBM Chile, 1995. (5) Revista Desafío. (6) Cultura de
Efectividad. José Giral. (7) Cultura
Corporativa y productividad organizacional. Daniel
R. Denison Boletín N º 13 - Año 2 recursovital@planvital.cl Diciembre 2000 por Rodrigo Fuenzalida May. Psicólogo,
Pontificia Universidad Católica de Chile. Profesor del Centro de Liderazgo de
la Universidad Adolfo Ibáñez. Consultor en Desarrollo Organizacional.
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