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La esperanza bíblica
Indice Biblia, también llamada Santa Biblia, libro sagrado o Escrituras, de judíos y cristianos. Sin embargo, las Biblias del judaísmo y del cristianismo difieren en varios aspectos importantes. La Biblia judía son las escrituras hebreas, 39 libros escritos en su versión original en hebreo, a excepción de unas pocas partes que fueron redactadas en arameo. La Biblia cristiana consta de dos partes: el Antiguo Testamento y los 27 libros del Nuevo Testamento. Las dos principales ramas del cristianismo estructuran el Antiguo Testamento de modo algo diferente. La exégesis del Antiguo Testamento leída por los católicos es la Biblia del judaísmo más otros siete libros y adiciones (véase la tabla adjunta). Algunos de los libros adicionales fueron escritos en su versión primitiva en griego, al igual que el Nuevo Testamento. Por su parte, la traducción protestante del Antiguo Testamento se limita a los 39 libros de la Biblia judía. Los demás libros y adiciones son denominados apócrifos por los protestantes y libros deuterocanónicos por los católicos. El término Biblia llegó al latín del griego biblia o ‘libros’, forma diminutiva de byblos, el término para ‘papiro’ o ‘papel’ que se exportaba desde el antiguo puerto fenicio de Biblos. En la edad media, los libros de la Biblia eran considerados como una entidad unificada. Orden De Los Libros El Nuevo Testamento incluye los cuatro Evangelios; los Hechos de los Apóstoles, que es la historia de los primeros tiempos del cristianismo; las Epístolas, o cartas, de Pablo y otros autores; y el Apocalipsis o Libro de la Revelación. Algunos libros identificados como epístolas —en particular la Epístola a los Hebreos— son en realidad tratados teológicos. Uso Tanto la importancia reconocida como la real de la Biblia difieren de una forma considerable entre las diversas subdivisiones del judaísmo y del cristianismo, aunque todos sus fieles le atribuyen un mayor o menor grado de autoridad. Muchos reconocen que la Biblia es la guía íntegra y suficiente para todos los asuntos de la fe y de su práctica; por su parte, otros respetan la autoridad de la Biblia a la luz de la tradición o de la continuidad de la fe y de la práctica de la Iglesia desde los tiempos de los apóstoles. 2. Inspiración Bíblica La doctrina de la inspiración de la Biblia por el Espíritu Santo y de la infalibilidad de su contenido surgió en realidad durante el siglo XIX como respuesta al desarrollo de la crítica bíblica, estudios científicos que parecían poner en entredicho el origen divino de la Biblia. Esta doctrina sostiene que Dios es autor de la Biblia; por eso la Biblia es Su palabra. Los científicos bíblicos y los teólogos han propuesto numerosas teorías para explicar esta doctrina, que van desde un dictado verbal directo de las Escrituras por Dios, hasta una iluminación que ayudó al autor inspirado a comprender la verdad que expresaba, tanto si ésta era revelada como aprendida por la experiencia. Importancia E Influencia Es de público conocimiento que la Biblia, en sus centenares de diferentes traducciones, es el libro de mayor difusión en la historia de la humanidad. Es más: en todas sus formas, la Biblia ha sido influyente hasta llegar a extremos insólitos, y no sólo entre las comunidades religiosas que la consideran sagrada y la reverencian. En especial, la literatura, el arte y la música del mundo occidental tienen una enorme deuda con los temas, motivos e imágenes de la Biblia. Algunas traducciones al inglés, como la así llamada "Biblia Autorizada" (o versión del rey Jacobo, 1611) o la traducción de la Biblia al alemán por Martín Lutero (terminada en 1534), no sólo influyeron en la literatura sino que también promovieron el desarrollo de ambos idiomas. Estos efectos siguen vigentes en las naciones en proceso de formación, donde las traducciones de la Biblia a la lengua vernácula contribuyen a moldear las tradiciones lingüísticas futuras. Es notable que el cristianismo incluya dentro de su propia Biblia las escrituras íntegras de otra religión, el judaísmo. El término Antiguo Testamento (de la palabra latina para ‘alianza’) se aplicó a estas Escrituras sobre la base de las obras de Pablo y de otros primitivos cristianos, que diferenciaron entre la ‘Antigua Alianza’ que Dios estableció con Israel y la ‘Nueva Alianza’ sellada a través de Jesucristo (véase, por ejemplo, Heb. 8,7). Como la primitiva Iglesia creía en la continuidad de la historia y de la actividad divinas, incluyó en la Biblia cristiana los registros escritos de la antigua y de la nueva alianza. Literatura Del Antiguo Testamento En general los libros del Antiguo Testamento y las partes que los componen pueden clasificarse como narraciones, obras poéticas, escritos proféticos, códices legales o apocalipsis. En su mayoría, se trata de categorías amplias que incluyen diversos tipos o géneros diferentes de literatura y tradiciones orales. Ninguna de estas categorías se limita al Antiguo Testamento, ya que puede hallarse en otras literaturas antiguas, en especial la del Oriente Próximo. Sin embargo, es necesario subrayar que algunos estilos no quedaron al fin incluidos en el Antiguo Testamento. Las cartas o epístolas, tan importantes en el Nuevo Testamento, no se encuentran en el Antiguo en forma de libros separados (a excepción de la Carta de Jeremías en algunas tradiciones manuscritas). No es posible hallar tampoco autobiografías, dramas ni sátiras. Sorprende de una forma especial el hecho de que la mayor parte de los libros del Antiguo Testamento contiene varios géneros literarios. Por ejemplo, el Éxodo incluye narraciones, leyes y poesía; la mayoría de los libros proféticos incorporan narraciones y poesía, además de los géneros proféticos como tales. Narraciones Otros libros narrativos son: Rut, un breve episodio; Jonás, un relato didáctico; y Ester, una novela histórica o una leyenda festiva. Es probable que estos libros tengan su origen en cuentos populares o leyendas. En los libros deuterocanónicos pueden encontrarse algunos relatos didácticos: Tobías, Judit, Susana y Bel y el dragón. En los libros del Antiguo Testamento pueden hallarse muchos de estos y otros géneros narrativos. El Génesis, como la mayoría de las demás obras narrativas, está compuesto de diversos relatos individuales, muchos de los cuales circulaban de forma oral e independiente. Las historias patriarcales del Génesis (11-50) han sido denominadas leyendas, sagas y, con mayor precisión, sagas familiares. Muchas de ellas son etiológicas, es decir, que explican un lugar, una práctica o un nombre en términos de su origen. Obras Poéticas Características generales La poesía hebrea tiene dos características principales, una fácil de reconocer incluso en una traducción, y una segunda más difícil de discernir. La característica más obvia es el uso del parallelismus membrorum o paralelismo de versos u otras partes. Por ejemplo, el significado de un versículo puede reformularse o repetirse en un segundo versículo, como en Sal. 6,1: "Yahvé, no me corrijas en tu cólera, en tu furor no me castigues". Se trata, como resulta obvio, de sinónimos. Por otra parte, la segunda línea de la unidad puede exponer el aspecto negativo de la aseveración de la primera, como en Prov. 15,1: "Una respuesta suave calma el furor, una palabra hiriente aumenta la ira". En otros casos, la segunda línea puede ampliar o explicar la primera y en otras circunstancias el paralelismo es pura formalidad. Una importante ventaja de la mayoría de las traducciones modernas de la Biblia es que mantienen la forma poética del hebreo, permitiendo al lector disfrutar y comprender la estructura del original. La otra característica importante de la poesía hebrea es el ritmo, que parece haberse basado en el número de acentos en cada línea. Una de las métricas más fáciles de reconocer es la de la kiná (endecha o lamentación), en la que la primera línea tiene tres sílabas acentuadas y la segunda, dos. Los libros poéticos abarcan una gran diversidad de géneros. Los más difundidos son los diversos cantares de adoración (Salmos) y la poesía sapiencial. Además, la Biblia incluye un libro de poesía amorosa, el Cantar de los Cantares. Poesía lírica La literatura cultual (del culto religioso) de Israel era poesía lírica; es decir, poesía pensada para ser cantada. La mayoría de estos libros, aunque no todos, están recopilados en Salmos. Muchos son himnos: canciones de alabanza a Dios, a sus obras a favor de Israel o a su creación. Otros son lamentaciones de la comunidad o cantares de queja que, de hecho, son oraciones de petición, cantadas por el pueblo cuando se veía enfrentado a una situación difícil. Casi una tercera parte de los Salmos son lamentaciones individuales, cánticos utilizados por o en nombre de individuos al borde de la muerte o del desastre. Una vez que la nación o el individuo han sido salvados de sus infortunios, se cantan poesías de acción de gracias. Unos pocos salmos, como 2, 45 y 110 celebran la coronación de un rey en Israel como egregio siervo de Dios. Poesía sapiencial La poesía sapiencial incluye colecciones de refranes de sabiduría y poemas breves, como en Proverbios, y largas composiciones, como en Job, Eclesiastés y Eclesiástico. Los materiales sapienciales más concisos son proverbios, refranes y admoniciones, por lo general de uno o dos versos de longitud. Algunos eran sin duda refranes tradicionales o populares mientras que otros llevan el sello de la reflexión y la composición creativa. Proverbios 1-9 contiene un conjunto de poemas sobre la naturaleza de la propia sabiduría, mientras que Job es una composición poética larga en forma de diálogo enmarcado en un cuento popular. Eclesiastés es una obra un tanto inconexa y Eclesiástico es un libro escrito por un maestro judío que más tarde tradujo su nieto. La temática central de los refranes sapienciales abarca desde los consejos prácticos para una vida provechosa y próspera, hasta reflexiones acerca de la relación entre transitar por el camino de la sabiduría y obedecer a la ley revelada por la divinidad. A Job, al menos en cierto sentido, le atormenta el sufrimiento de los justos, en tanto que Eclesiastés es una triste reflexión acerca del significado de la vida por parte de alguien que se halla a las puertas de la muerte. Materiales Proféticos La mayoría de los libros proféticos hebreos contienen tres tipos de literatura: narraciones, oraciones y discursos proféticos. Por lo general, las narraciones son relatos o reseñas de la actividad profética, atribuidos al propio profeta o contados por una tercera persona. Incluyen descripciones de visiones, reseñas de acciones simbólicas, relaciones de actividades proféticas (como, por ejemplo, los conflictos entre los profetas y sus opositores) y narraciones o notas históricas. Uno de los libros de la colección profética, Jonás, es en realidad un relato acerca de un profeta, y contiene un solo versículo de mensaje profético (Jon. 3,4). Las oraciones incluyen himnos y peticiones, como las lamentaciones de Jer. (por ejemplo, Jer. 15,10-21). En la literatura profética predominan los discursos, ya que la actividad inherente del profeta consistía en difundir la palabra de Dios relativa al futuro inmediato. Los mensajes más comunes son profecías de castigo o de salvación. Tanto unas como otras están contextualizadas, como la mayoría de los discursos proféticos, por fórmulas que identifican las palabras reveladas por Dios; por ejemplo, "oráculo de Yahvé". Por lo general, la profecía de castigo explica las razones de éste en términos de injusticia social, arrogancia religiosa o apostasía y asimismo detalla la naturaleza del desastre, militar o de otra índole, que recaerá sobre la nación, grupo o individuo a la que va dirigida. Las profecías de salvación anuncian la inminente intervención de Dios para rescatar a Israel. Otros discursos incluyen las profecías contra las naciones extranjeras, discursos de aflicción que enumeran los pecados del pueblo, admoniciones o advertencias (véase Profecía). LEYES Según la tradición bíblica, la voluntad de Dios fue revelada a Israel a través de Moisés al establecer la alianza en el monte Sinaí. En consecuencia, todas las leyes —a excepción de las contenidas en Deuteronomio— pueden encontrarse desde Éxodo 20 hasta Números 10, donde se relatan los acontecimientos que tuvieron lugar en Sinaí. Los especialistas han detectado en las leyes hebreas dos modalidades principales, las apodícticas y las casuísticas. La ley apodíctica está representada por los Diez Mandamientos (Éx. 20,1-21; 34,14-26); (Dt. 5,6-21), aunque no se limita a ellos. Estas leyes, que por lo general se encuentran en compilaciones de cinco o más, son sucintas manifestaciones, inequívocas y sin ambigüedades de la conducta humana que Dios exige. En caso de ser positivas, se denominan mandamientos; si son negativas, se trata de prohibiciones. Por otra parte, cada una de las leyes casuísticas consta de dos secciones. La primera establece una condición ("Si un hombre roba un buey o una oveja, y los mata o vende...") y la segunda las consecuencias legales ("...pagará cinco bueyes por el buey, y cuatro ovejas por la oveja", Éx. 21,37). Por lo general, estas leyes se refieren a los problemas que pueden surgir en la vida rural y urbana. Las leyes casuísticas son similares en su forma, y a menudo en su contenido, a las normas recogidas en el Código de Hammurabi y otros códigos legales del antiguo Oriente Próximo. Escritos Apocalípticos Daniel es el único libro apocalíptico, como tal, de las Escrituras hebreas, y su primera mitad (capítulos 1 al 6) es en realidad una serie de historias legendarias. Sin embargo, partes de otros libros son en muchos aspectos similares a la literatura apocalíptica (Is. 24-27; Zac. 9-14; y algunas partes de Ezequiel). Entre los apócrifos, Esdras es un apocalipsis. El judaísmo de los dos últimos siglos a.C. y del primer siglo d.C. produjo muchas otras obras apocalípticas que nunca fueron consideradas canónicas. Entre ellas se incluyen Enoc, Guerra de los Hijos de la Luz y los Hijos de la Oscuridad, y el Apocalipsis de Moisés. Véase Pseudoepígrafos. Hasta hace poco tiempo, la mayoría de los especialistas sostenía que el desarrollo de la literatura y el pensamiento apocalípticos estuvo muy influido por la religión persa. Este punto de vista está siendo objetado por la identificación de las raíces de la literatura apocalíptica en el propio pensamiento israelita, en especial en la concepción del futuro por parte de los profetas, así como en las más antiguas tradiciones del Oriente Próximo. 4. La Evolución Del Antiguo Testamento No cabe ninguna duda de que todos los libros del Antiguo Testamento no tuvieron su origen en la misma época y en el mismo lugar. Por el contrario, son el producto de la evolución de la fe y la cultura israelitas durante al menos un milenio. En consecuencia, otra perspectiva literaria analiza los libros y sus elementos constituyentes en términos de sus autores y de su historia literaria y preliteraria. En la práctica, todos los libros atravesaron un largo periodo de transmisión y evolución antes de llegar a ser recopilados y canonizados. Es más: es necesario distinguir entre los puntos de vista tradicionales judíos y cristianos en cuanto a la autoría y datación de los libros, por una parte, y su historia literaria real como ha sido reconstruida por los especialistas a partir de las pruebas contenidas en los libros bíblicos y en otros lugares, por la otra. El presente artículo no tiene por objeto presentar una reseña detallada de la historia literaria del Antiguo Testamento. Muchos de los hechos reales se desconocen, la historia es larga y por lo general complicada, y las conclusiones más antiguas deben revisarse cada cierto tiempo a la luz de nuevos hallazgos y métodos de investigación. Sin embargo, es posible resumir el perfil general de dicha historia. Casi todos los libros del Antiguo Testamento recorrieron un largo camino desde el momento en que se pronunciaron o escribieron las primeras palabras hasta que adquirieron su forma definitiva. En este proceso participaron muchas personas, como narradores, autores, editores, oyentes y lectores. Y en este devenir les cupo un papel importante, no sólo a los individuos, sino a las diferentes comunidades de fe. Detrás de muchas de las actuales obras literarias pueden discernirse tradiciones orales. Por ejemplo, la mayoría de los relatos del Génesis circularon de forma oral antes de ser transcritos. Los discursos proféticos, hoy en forma escrita, se transmitieron primero de modo oral. De hecho, todos los Salmos, tanto si fueron escritos como si no, se compusieron para ser cantados o recitados en voz alta durante las ceremonias religiosas. Sin embargo, no sería prudente deducir que la difusión oral fuera tan sólo precursora de la literatura escrita, y que cesó una vez que se escribieron los libros porque está probado que las tradiciones orales coexistieron con el material escrito durante muchos siglos. El Pentateuco Las fuentes difieren en su vocabulario, estilo literario y perspectiva teológica. La más antigua es la Jehovística o Yahvista (J, porque utiliza el nombre divino Jahvé, transcrito también como Jehová, o Yahvé), que por lo general suele datarse entre los siglos X o IX a.C. La segunda es la Elohísta (E, porque utiliza el nombre general de Elohím para designar a Dios), y suele situarse en el siglo VIII a.C. A continuación está la Deuteronómica (D, limitada al Deuteronomio y a unos pocos pasajes de otros libros), de finales del siglo VII a.C. La última es la Sacerdotal (P, de ‘priest’, sacerdote en inglés, por su énfasis en la ley cúltica y en los asuntos sacerdotales), situada en los siglos VI o V a.C. J incluye una reseña narrativa completa desde la creación hasta la conquista de Canaán por Israel. E ya no es una narración completa, si es que alguna vez lo fue; su material más antiguo se remonta a Abraham. P se concentra en la alianza y en la revelación de la ley en el monte Sinaí, aunque sitúa ambos elementos dentro de una narración que se inicia en la creación. Ninguno de los autores de estos documentos, si es que fueron individuos y no grupos, fue un autor creativo en el sentido moderno del término. Más bien trabajaron como editores que recopilaron, organizaron e interpretaron tradiciones más antiguas, tanto orales como escritas. En consecuencia, la mayor parte del contenido de las fuentes es mucho más antiguo que las propias fuentes. Algunos de los materiales escritos más antiguos son pasajes extraídos de obras poéticas como Paso del Mar (Éx. 15), y parte del material legal tiene su origen en antiguos códigos. Una opinión reciente sugiere que los relatos individuales del Pentateuco fueron compilados bajo un epígrafe que aludía a diversas temáticas trascendentales (la promesa a los patriarcas, el éxodo, la travesía del desierto, Sinaí y la conquista de la Tierra Prometida), adquiriendo su forma básica en torno al 1100 a.C. En cualquier caso, el relato de las raíces de Israel se conformó en y bajo la influencia de la comunidad de la fe. Historia Deuteronomística El escritor (o escritores) de la obra tenía como objetivo registrar la historia de Israel, así como dar cuenta de la catástrofe que recayó sobre la nación a manos de los babilonios. Por un lado, trabajó como lo haría cualquier otro historiador, recogiendo y organizando fuentes más antiguas, tanto escritas como orales. Empleó materiales muy heterogéneos, incluyendo relatos de los profetas, relaciones de diversa índole, crónicas más antiguas e incluso registros de la corte. De hecho, suele derivar al lector a sus fuentes (por ejemplo, Jos. 10,13; 2 Sam. 1,18; 2 Re. 15,6). No obstante aplicó también la visión del teólogo, quizá de alguien que ya tenía firmes convicciones acerca del curso y significado de los acontecimientos que iba registrando. Estas convicciones hallaron su expresión en la forma en que organizó el material y añadió los discursos, que él mismo había escrito, en boca de los principales protagonistas (por ejemplo, Jos. 1). Creía que Israel había sido sojuzgada por Babilonia debido a la desobediencia a la ley de Moisés (como en Deuteronomio), en especial por adorar dioses falsos en altares paganos; creía asimismo que los profetas habían advertido del exilio mucho tiempo antes de que se produjera. Los Libros Poéticos Salmos se convirtió en el libro de himnos y oraciones del Segundo Templo de Israel, pero muchos de los cánticos son anteriores a la construcción del santuario. Contienen motivos, temas y expresiones que Israel heredó de sus predecesores cananeos. Muchas voces hablan en y a través de los Salmos, pero sobre todas se oye la expresión de una comunidad que se entrega a la oración. Muy pocos libros proféticos, si acaso, fueron escritos en su integridad por la persona con cuyo nombre han sido designados. Es más: en la mayoría de los casos, incluso las palabras del profeta original fueron registradas por otros. La historia de Baruc, escriba de Jeremías (Jer. 36 y también Is. 8,16) ilustra uno de los métodos con los que las palabras pronunciadas por los profetas se convirtieron en libros. Las diversas manifestaciones de los profetas deben de haber sido recordadas y recopiladas por sus seguidores y, según lo indicaran las circunstancias, transcritas. Más tarde, la mayoría de los libros fueron editados y ampliados. Por ejemplo, cuando Amós (c.7 55 a.C.) se utilizó en tiempos del exilio, se le dio un final nuevo y esperanzador (Am. 9,8-15). Isaías refleja siglos de la historia israelita y la obra de varios profetas y otras personalidades; Is. 1-39 se basa sobre todo en el profeta original (742-700 a.C.); los capítulos 40 al 55 son obra de un profeta desconocido del exilio, denominado Segundo Isaías (539 a.C.); y los capítulos 56 al 66, identificados con el Tercer Isaías, provienen de diversos escritores del periodo posterior al exilio. El Canon El Canon Hebreo La Biblia hebrea se fue convirtiendo en Sagradas Escrituras a lo largo de tres etapas diferenciadas. La secuencia se corresponde con las tres partes del canon hebreo: la Torá, los Profetas y los Hagiográficos. Sobre la base de las pruebas externas, parece evidente que la Torá o Ley fue aceptada como texto sagrado entre las postrimerías del exilio de Babilonia (538 a.C.) y el cisma samaritano del judaísmo, hacia el 300 a.C. Los samaritanos reconocen como Biblia sólo a la Torá. La segunda fase fue la canonización de Neviím (Profetas). Tal y como lo indican los encabezamientos de los libros proféticos, las palabras de los profetas que habían quedado registradas comenzaron a considerarse palabra de Dios. A todos los efectos, la segunda parte del canon hebreo se concluyó a finales del siglo III a.C., no mucho antes del 200 a.C. Entre tanto se compilaban, leían y utilizaban otros libros en el culto y el estudio. Hacia la época en que se escribió Eclesiástico (c. 180 a.C.), se había desarrollado la idea de una Biblia tripartita. El contenido de la tercera parte, Ketuvim (Hagiográficos), se mantuvo bastante fluido en el judaísmo hasta después de la caída de Jerusalén en poder del Imperio romano, en el 70 d.C. Hacia finales del siglo I d.C., los rabinos de Palestina ya habían determinado y cerrado la lista definitiva. En el proceso de canonización obraron tanto fuerzas positivas como negativas. Por una parte, la mayoría de las decisiones ya habían sido adoptadas de facto: Torá, Profetas y la mayor parte de Hagiográficos venían sirviendo como Escrituras desde hacía varios siglos. La controversia giró sólo en torno a unos pocos libros de los Hagiográficos, como Eclesiastés y Cantar de los Cantares. Por la otra, se escribían y difundían otros muchos libros religiosos, que aducían ser también la palabra de Dios. Entre éstos se incluían los actuales apócrifos de los protestantes (algunos de ellos deuterocanónicos para los católicos y ortodoxos, y otros apócrifos también para éstos), algunos de los libros del Nuevo Testamento, y muchos más. En consecuencia, la decisión oficial de establecer una Biblia debe considerarse como la respuesta a un planteamiento teológico: ¿según qué libros definirá el judaísmo su propia doctrina y su relación con Dios? El Canon Cristiano El último paso importante en la historia del canon cristiano tuvo lugar durante la Reforma protestante. Cuando Martín Lutero tradujo la Biblia al alemán, redescubrió lo que otros (destacando de modo muy notable san Jerónimo, el erudito bíblico del siglo IV) ya sabían: que el Antiguo Testamento original estaba escrito en hebreo. Eliminó de su Antiguo Testamento todos los libros no incluidos en la Biblia judía y los tildó de apócrifos. Esta medida tuvo por objeto volver al texto y al canon acaso más antiguos y por consiguiente mejores, y oponer a la autoridad de la Iglesia la autoridad de aquella versión más antigua de la Biblia. Véase Apócrifos; Libros Deuterocanónicos; Apócrifos del Nuevo Testamento. Los Textos Y Las Versiones Antiguas Textos Masoréticos No obstante, se conservan manuscritos hebreos más antiguos —masoréticos y de otra índole— de libros individuales. Muchos de ellos, que datan del siglo VI, fueron descubiertos a finales del siglo XIX en la guenizá (depósito en el que se guardan los escritos inutilizados o desechados para evitar que se profane el nombre de Dios escrito en ellos) de la sinagoga de El Cairo. Numerosos manuscritos y fragmentos, muchos de ellos de la era precristiana, fueron recuperados en la región del mar Muerto desde 1947 (véase Manuscritos del Mar Muerto). Aunque muchos de los manuscritos más importantes son bastante tardíos, en particular los textos masoréticos conservan una tradición textual que se remonta cuando menos a un siglo antes de la era cristiana. La Septuaginta Y Otras Versiones En Griego La versión griega más importante se denomina Septuaginta (en griego, ‘setenta’), porque la leyenda afirma que la Torá fue traducida en el siglo III d.C. por 70 (o 72) traductores. Tal vez, la leyenda sea cierta en algunos aspectos: la primera traducción al griego incluía sólo a la Torá y fue realizada en Alejandría en el siglo III a.C. Más tarde se tradujeron las demás Escrituras hebreas, aunque parece lógico que esta tarea fuese realizada por otros eruditos cuya pericia y concepciones eran distintas. Se emprendieron muchas otras traducciones al griego, que en su mayoría se conservan sólo gracias a fragmentos o citas de los primeros Padres de la Iglesia y otros. Entre ellas se incluyen las versiones de Áquila, Símaco, Teodoción y Luciano. El teólogo cristiano Orígenes (siglo III) estudió los problemas que presentaban estas versiones diferentes y preparó una Hexapla, una crítica textual en la que organizó en seis columnas paralelas el texto hebreo, el texto hebreo transliterado al griego, y las versiones de Áquila, Símaco, Teodoción y Luciano. Pešitta, Antigua Latina, Vulgata Y Los Targum Otras versiones que deben considerarse son los Targum arameos. En el judaísmo, cuando el arameo sustituyó al hebreo como idioma cotidiano, se hicieron necesarias traducciones, primero para acompañar la lectura oral de las Escrituras en la sinagoga, y más tarde transcritas al papel. Los Targum no eran traducciones literales, sino más bien paráfrasis o interpretaciones del original. Los dos Targum más importantes son el que tuvo su origen en Palestina y los revisados en Babilonia. En el último decenio se descubrió un manuscrito íntegro del Targum palestino, el Neofiti I, guardado en la Biblioteca del Vaticano. De los Targum babilónicos, los más conocidos son el de Onquelos (Pentateuco) y el de Jonatán (Profetas). Las versiones suelen ser testimonios cualificados, en ocasiones los mejores, del texto original. Además, incluyen importantes pruebas de la historia del pensamiento entre las comunidades para las que la Biblia constituía un texto fundamental. 6. El Antiguo Testamento Y La Historia En casi todas sus páginas el Antiguo Testamento reclama atención hacia la realidad y respeto hacia la importancia de la historia. El Pentateuco y los libros históricos contienen historias de salvación; los profetas hacen constantes referencias a hechos del pasado, del presente y del futuro. Como la historia de Israel se recoge en el Antiguo Testamento, llegó a organizarse en una serie de acontecimientos o periodos fundamentales: el éxodo (incluyendo los relatos desde los patriarcas hasta la conquista de Canaán), la monarquía, el exilio de Babilonia y el retorno a Palestina con la restauración de las instituciones religiosas. Separación Entre La Interpretación Y La Historia El Núcleo Histórico La historia antigua y el desarrollo de Israel Existe un considerable cuerpo de información relativo a la historia del antiguo Oriente Próximo a partir del III milenio a.C., aunque una historia detallada de Israel sólo puede comenzar en torno a los tiempos de David (1000-961 a.C.). Ello no significa que no haya nada que decir acerca de las épocas precedentes o que toda la información de los sucesos anteriores a David sea inexacta. Implica que es muy difícil separar las pruebas históricas de las interpretaciones posteriores y que se conocen con certeza pocos detalles. Los relatos de Génesis sobre los patriarcas, por ejemplo, no fueron concebidos como historia. La historia se refiere a acontecimientos públicos; las narraciones de los patriarcas son episodios familiares, en su mayor parte centrados en asuntos privados. Sin embargo, las pruebas arqueológicas han demostrado que el entorno o escenario de estos relatos puede proporcionar un cuadro bastante fidedigno de cómo era la vida durante la edad del bronce tardío. Los relatos sugieren que los antepasados de Israel eran seminómadas y aportan indicios acerca de sus creencias y prácticas religiosas. Un cuidadoso análisis de los registros bíblicos y un uso prudente de las pruebas arqueológicas permiten situar el éxodo desde Egipto en la segunda mitad del siglo XIII a.C. No obstante, se desconoce incluso la ruta del éxodo. Sobre este particular el Antiguo Testamento conserva al menos dos tradiciones relevantes. Es posible que no participaran todas las tribus de Israel, y lo más probable es que lo hicieran sólo las tribus de José. En Josué 1-12 y Jueces 1-2 se encuentran dos versiones diferentes de la entrada de Israel a la tierra de Canaán. Las sucintas manifestaciones que aparecen en Josué dan cuenta de que los israelitas, bajo el mando de Josué, conquistaron el territorio de manera repentina, mientras que Jueces 1-2 y otras tradiciones apoyan la conclusión de que cada tribu fue ocupando su territorio de manera gradual, y transcurrieron varias décadas, si no siglos, antes de que Israel adquiriese su territorio. Así, el periodo de las conquista y el de Jueces se superponen. Por lo general, durante los dos siglos posteriores al 1200 a.C., las tribus llevaron a veces existencias separadas y otras veces conjuntas, para convertirse en una nación (Israel); sólo tras un proceso gradual. La monarquía La monarquía surgió en torno al siglo XI a.C., en un clima de enfrentamientos internos y amenazas externas. Las luchas intestinas giraron en torno a la forma de gobierno adecuada para la nación. Mientras que algunos favorecían el estilo más tradicional de liderazgo carismático en épocas de crisis, otros deseaban una monarquía estable. Triunfó la monarquía debido a la amenaza exterior de los filisteos, superiores en el orden militar, que ocuparon cinco ciudades de la llanura costera. Saúl unió a las tribus e instauró la monarquía, pero murió junto a su hijo Jonatán en una batalla contra los filisteos. David se convirtió en rey, primero del sur y más tarde de toda la nación. Tras encargarse de eliminar de una vez por todas la amenaza filistea, instauró un imperio que abarcó desde Siria hasta la frontera con Egipto. Su reinado fue largo y próspero, aunque no carente de luchas intestinas por la posesión de su trono. Le sucedió su hijo Salomón, quien estableció una corte siguiendo el modelo de otros monarcas orientales. Salomón construyó un palacio y el gran Templo de Jerusalén, exprimiendo al máximo los recursos del país para realizar sus grandiosos proyectos. Los reinos de Israel y Judá asociarse entre sí, la vida del pueblo continuó tanto en Babilonia como en su país natal. El exilio fue un desastre que desde hace mucho tiempo los profetas habían anunciado como castigo divino, aunque la experiencia llevó a los israelitas a reconsiderar su propio significado como pueblo y a transcribir e interpretar sus antiguas tradiciones. Véase Cautividad de Babilonia. El periodo posterior al exilio En el año 538 a.C. el pueblo fue liberado de Babilonia tras haber sido instaurado el Imperio persa por Ciro II el Grande. Los profetas Esdras y Nehemías fueron los líderes de la época posterior al exilio, cuando se restablecieron las instituciones y se reconstruyó el Templo. Judá pasó a ser una provincia persa y sus habitantes gozaron de una relativa autonomía, en especial en el orden religioso. En algún momento durante este periodo la historia de Israel devino en la historia del judaísmo, aunque su fecha exacta es objeto de polémica. Para más información, véase Judíos; Judaísmo. A principios de la era cristiana, el pueblo había sobrevivido al surgimiento del imperio de Alejandro Magno (333 a.C.), a la revolución y al régimen de los Macabeos (168-165 a.C.) y al establecimiento del control romano sobre Palestina (63 a.C.). Tras ser sofocada una rebelión en el año 70 d.C., que provocó la destrucción de Jerusalén, su vida cambió por completo. 7. Temas Doctrinales Del Antiguo Testamento Los temas doctrinales del Antiguo Testamento son ricos, profundos y diversos. En estos escritos no puede hallarse una teología única, ya que surgieron de numerosos individuos y comunidades durante varios siglos. Reflejan no sólo una evolución del pensamiento, sino también diferencias e incluso conflictos de opinión. Por ejemplo, coexisten diferentes interpretaciones de la creación y en más de una ocasión los profetas desafiaron los juicios de los sacerdotes. Los temas del Antiguo Testamento son coherentes por sí y entre sí, aunque no se trata de una teología sistematizada. La canonización de la Biblia, aunque determinó una lista oficial, también reconoció una diversidad sustancial. El Dios De Israel El lenguaje característico del Antiguo Testamento acerca de Dios vincula el nombre de Yahvé con los acontecimientos: "Yo, Yahvé, soy tu Dios, que te he sacado del país de Egipto, de la casa de servidumbre" (Éx. 20,2). Israel reconoce quién es Dios más en términos de lo que ha hecho o hará que en términos de su naturaleza intrínseca. Así, la historia adquiere una especial importancia como esfera de la acción divina y de la interacción con su grey. La única salvedad significativa a esta acepción del lenguaje histórico se encuentra en la literatura sapiencial. La Alianza Y La Ley Otros dos temas fundamentales del Antiguo Testamento, la alianza y la ley, están relacionados de forma estrecha. Alianza posee numerosos significados, incluyendo un acuerdo entre naciones o individuos, pero sobre todo se refiere al pacto entre Yahvé e Israel sellado en el monte Sinaí. El lenguaje relativo a la alianza tiene mucho en común con el de los tratados del antiguo Oriente Próximo, ya que tanto aquélla como éstos se confirman mediante juramentos. Yahvé aparece tomando la iniciativa en el establecimiento de la alianza al elegir a un pueblo. Quizá la formulación más sencilla de la alianza es la frase: "Yo os haré mi pueblo y seré vuestro Dios" (Éx. 6,7). Se concebía que la ley se había otorgado como parte de la alianza, compromiso por el cual Israel se convirtió en el pueblo de Dios. La ley contiene normativas de conducta en relación con los demás seres humanos y reglas sobre las prácticas religiosas, aunque no transmite un código de instrucciones para afrontar todos los aspectos de la vida. Más bien parece señalar los límites que el pueblo no podrá transgredir sin romper la alianza. El Ser Humano Otro tema que aparece en los profetas y que resulta básico en otras partes es que Yahvé es un Dios justo que espera de su pueblo justicia y rectitud. Ello incluye la equidad en todos los asuntos humanos, la protección del débil y el establecimiento de instituciones justas. Al tratar éstas y otras materias, no es de sorprender que las Escrituras judías proporcionasen los cimientos de dos religiones universales, el judaísmo y el cristianismo. El Nuevo Testamento Texto, Canon Y Primeras Versiones Manuscritos Y Crítica Textual Comparar, evaluar y fechar los manuscritos; organizarlos en grupos afines y desarrollar criterios para evaluar cuál es el texto que tiene más probabilidades de corresponderse con el que en verdad escribieron sus autores, son tareas propias de los críticos. Para sus evaluaciones se sirven de miles de citas de las escrituras que aparecen en las obras de los primeros Padres de la Iglesia y en una serie de antiguas traducciones de la Biblia a otros idiomas. El fruto del trabajo de los críticos textuales es una edición del Nuevo Testamento en griego que ofrece no sólo el que se considera el mejor, sino que también incluye notas que indican versiones divergentes en los principales manuscritos. Estas variantes suelen aparecer en las traducciones como notas al pie en las que se indica qué opinaban sobre el particular otras autoridades antiguas (véanse, por ejemplo, Mc. 16,9-20; Jn. 7,53-8,11; He. 8,37). Las ediciones críticas del Nuevo Testamento griego han venido apareciendo con cierta regularidad periódica a partir de la obra del erudito holandés Erasmo de Rotterdam. Escritos Precanónicos El conocimiento de la literatura de este periodo se amplió en gran medida gracias al descubrimiento en 1945, de la biblioteca de un grupo cristiano herético, los gnósticos (véase Gnosticismo), en Nag-Hammadi (Egipto). Esta colección, escrita en copto, ha sido traducida y publicada. Los especialistas han prestado especial atención al Evangelio de Tomás; uno de los 12 apóstoles que pretende recoger los proverbios, 114 en total, que Jesús le transmitió en persona. El Canon Seguir el rastro de la historia de la evolución del canon del Nuevo Testamento tomando como guía los libros mencionados o citados por los primeros Padres de la Iglesia constituye un proceso incierto, ya que es más lo que silencia que lo que declara. Al parecer, el primer intento de establecer un canon tuvo lugar en torno al 150 d.C., por obra de un cristiano herético de nombre Marción, cuya aceptable relación incluía el Evangelio de Lucas y 10 epístolas paulinas, editados con una fuerte orientación antijudía. Quizá la oposición a Marción fue la que dio impulso a los esfuerzos tendentes a elaborar un canon aceptado de forma general. Tal vez hacia el 200 d.C., 20 de los 27 libros del Nuevo Testamento se consideraban autorizados. Aquí y allá prevalecían preferencias locales, existiendo algunas diferencias entre las Iglesias occidental y oriental. En general, los libros que durante un tiempo fueron objeto de polémica, aunque más tarde se incluyeron en el canon, eran Santiago, Hebreos, 2 Juan, 3 Juan, 2 Pedro y Apocalipsis. Otros libros que gozaron de amplia aceptación popular aunque al final resultaran rechazados, fueron Bernabé, 1 Clemente, Hermas y el Didaké; los autores de estos libros suelen ser denominados Padres Apostólicos. La carta pastoral 39 que san Atanasio, obispo de Alejandría, envió a las iglesias que se hallaban bajo su jurisdicción en el año 367, acabó con toda duda acerca de los límites del canon del Nuevo Testamento. En dicha pastoral, que se conserva en una colección de los mensajes anuales de la Cuaresma dictados por Atanasio, relaciona como canónicos los 27 libros que siguen siendo los constitutivos del Nuevo Testamento, aunque los organizó de forma diferente. Estos libros del Nuevo Testamento, en su orden actual, son los cuatro Evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan), Hechos de los Apóstoles, Romanos, 1 Corintios, 2 Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1 Tesalonicenses, 2 Tesalonicenses, 1 Timoteo, 2 Timoteo, Tito, Filemón, Hebreos, Santiago, 1 Pedro, 2 Pedro, 1 Juan, 2 Juan, 3 Juan, Judas y Apocalipsis. Primeras Versiones 8. La literatura del nuevo testamento Evangelios Sobre estos particulares es el Evangelio según san Juan el que más se distingue de los demás. En este Evangelio, Jesús aparece descrito de forma más obvia como divinidad omnisapiente, omnipotente y superior. Los otros tres se denominan Evangelios Sinópticos (vistos juntos) porque a pesar de sus diferencias, si se organiza en columnas paralelas el texto de Mateo, Marcos y Lucas, sus coincidencias son tales que pueden apreciarse de un modo visual, hasta tal punto que han generado numerosas hipótesis acerca de sus relaciones. La opinión especializada más difundida sostiene que Marcos fue el primer Evangelio que se escribió y sirvió como fuente inspiradora para Mateo y Lucas. Lo más probable es que estos dos últimos recurrieran a otros textos además de a esta fuente común, una hipótesis basada en la gran cantidad de material común que no se encuentra en Marcos. Esta fuente, que existe sólo en la teoría ya que no ha podido ser identificada, ha sido denominada Q, o Quelle (en alemán, ‘fuente’). En su prólogo el autor del Evangelio de Lucas dice haber investigado numerosas narraciones sobre Jesús (Lc. 1,1-4). Historia Epístolas Escritos Apocalípticos Formas Literarias En las obras de los especialistas bíblicos de antaño se prestaba gran atención a la parábola, que durante siglos fue considerada como una alegoría. A finales del siglo XIX el científico bíblico alemán Adolf Jülicher adoptó una nueva orientación para realizar la interpretación de las parábolas. Insistió en que las parábolas del Nuevo Testamento deben ser entendidas como símiles reales más que como alegorías. Así, sostuvo que los relatos de Jesús deben entenderse como ejemplos cuyo significado podía volverse a enunciar formulando temas o propuestas sencillas. Las parábolas han llegado a ser aceptadas como obras del arte literario con una fuerza y función similar a la de la poesía, por lo cual no deben destruirse parafraseándolas, resumiéndolas ni compendiándolas. Como arte literario, una parábola no se limita a presentar su argumento, sino que además actúa sobre el lector, creando, modificando o incluso rechazando una determinada concepción de la vida y de la realidad. También se están efectuando estudios académicos de otras formas literarias del Nuevo Testamento. La Historia En El Nuevo Testamento Determinación Del Contexto Cronológico Amplio No obstante, los especialistas coinciden en cuanto al contexto cronológico general. Los principales puntos de apoyo se encuentran en Lucas y Hechos, que sitúan la narración de la vida de Jesús y los comienzos de la Iglesia dentro del contexto de la historia judía y romana. El Evangelio de Lucas afirma que Jesús comenzó su ministerio en el decimoquinto año de reinado de Tiberio (Lc. 3,1), que sería el 28-29 d.C. Los cuatro Evangelios coinciden en que Jesús fue crucificado cuando Poncio Pilatos era gobernador de Judea (26-36 d.C.). El ministerio de Jesús tuvo lugar entre el 29 y el 30 d.C. si se acepta la versión de que duró un año, o entre el 29 y el 33 d.C. según la teoría de que se prolongó entre tres y cuatro años. Las Narraciones De La Infancia El resto del Nuevo Testamento guarda silencio acerca del nacimiento de Jesús. En el transcurso de la historia de la Iglesia, algunos cristianos han insistido en que las narraciones de la infancia deben tomarse de forma literal, mientras que otros las han considerado como uno de los muchos modos de expresar la creencia en la relación de Jesús hacia Dios como su Hijo. La tendencia del Nuevo Testamento a proclamar el significado de los acontecimientos sin presentar la versión del narrador sobre los propios hechos siempre ha dado lugar a la disensión entre quienes se dedican a la investigación histórica. Los Apóstoles Y La Iglesia Primitiva La mayor parte de la atención del registro que aparece en Hechos de los Apóstoles se centra en la figura de Pablo, un judío de Tarso que se convirtió al cristianismo en las cercanías de Damasco entre el 33 y el 35 d.C. Tras 14 años de silencio Pablo comenzó a escribir sus epístolas, realizando una obra misionera que le llevó por Siria, Galacia, Asia Menor, Macedonia, Grecia y Roma. Al parecer, sus días acabaron en Roma en los primeros años de la década del 60. Las epístolas de Pablo y Hechos ofrecen al lector algunos datos acerca de la vida de estas primitivas comunidades cristianas y sobre su relación con las culturas hegemónicas. Los demás libros del Nuevo Testamento aportan escasa información histórica y casi ninguna base para permitir una datación exacta. En general, parecen haber sido escritos por una comunidad de segunda o de tercera generación. En estos documentos, los seguidores inmediatos de Jesús ya han muerto, se han disipado el entusiasmo inicial y las expectativas del regreso definitivo de Jesús para terminar la historia y es evidente la necesidad de preservación, consolidación e institucionalización (véase Escatología; Segunda venida). Se identifica a los herejes y apóstatas, se los ataca y se insta a los miembros a adoptar una tenacidad que les permita enfrentar a las persecuciones por venir. La Segunda Epístola de Pedro, acaso el último de los libros del Nuevo Testamento que se escribió, muestra un vigoroso esfuerzo por restablecer las antiguas expectativas sobre el inminente final de la historia. Este intento de recuperar el celo y la convicción de tiempos pasados es, en sí mismo, el indicio del final de una época. 9. Principales Temas Del Nuevo Testamento Al igual que los temas teológicos del Antiguo Testamento, los del Nuevo tienen un contenido rico y variado. Dios Jesús Los Evangelios presentan el ministerio de Jesús como la presencia de Dios sobre la Tierra. Sus palabras revelaron a Dios y al modo de obrar de Dios con su pueblo; sus acciones demostraron el poder curativo de Dios al integrar el cuerpo, la mente y el espíritu; su martirio y muerte son testimonio del inquebrantable amor de Dios; y su resurrección fue la señal de que Dios aprobaba la vida, la muerte y el mensaje de Jesús. San Pablo y otros discípulos desarrollaron conceptos acerca de la muerte de Jesús como el sacrificio y la expiación por los pecados y presentaron la resurrección de Jesús como garantía de la resurrección de sus discípulos. Los documentos escritos durante la persecución (1 Pe., Ap.) interpretaron el sufrimiento de Jesús como modelo para los cristianos en la hora del martirio. Espíritu Santo Reino De Dios Salvación Pablo creía que en el cumplimiento último del propósito de Dios, la salvación alcanzaría dimensiones cósmicas. El reino de la redención coexistiría con el reino de la creación. Ello implicaba que al final, incluso las fuerzas del mal que, según el Nuevo Testamento, habitan los cielos, la tierra y las regiones subterráneas, se armonizarían con el benevolente plan de Dios. Esta visión final es diferente a la de Apocalipsis, donde el final se caracteriza por la reivindicación y recompensa a los santos, y la condena eterna de los perversos. 10. Conclusión La Resurrección Del Señor Y habida esta victoria, al tercero día el autor de la vida, vencida la muerte, resucitó de los muertos: y así salió el verdadero Josef de la cárcel del infierno por voluntad y mandamiento del Rey soberano, trasquilados ya los cabellos de la mortalidad y flaqueza, y vestido de ropas de hermosura y inmortalidad. Aquí tienes que considerar el alegría de todos los aparecimientos que entrevinieron en este día tan glorioso: conviene saber, el alegría de aquellos padres del limbo, que tantos años esperaron y suspiraron por este día; el alegría de la Virgen, que tanto padeció el día de la pasión, y tanto se alegró el de la resurrección; el alegría de las Marías, especialmente de la bienaventurada Magdalena, que tanto amaba este Señor y tanto se alegró de verle resucitado; el alegría también de los discípulos, que tan desconsolados estaban sin su Maestro, y tanta consolación recibieron en le ver; y con esto ruega al Señor te de a sentir alguna parte de lo que ellos este día sintieron. Y no sólo esta vez, mas otras muchas veces y de otras maneras les apareció el Señor por espacio de cuarenta días, comiendo y bebiendo con ellos: para que con estos argumentos confirmase nuestra fe, y con sus promesas esforzase nuestra esperanza, y con los dones que del cielo nos enviase, encendiese nuestra caridad. Apuntes de introducción a la biblia
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