|
Categorias
|
La ONU y la guerra preventiva del imperio
Cuando
tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial surge un nuevo organismo
mundial llamado a reemplazar a la Liga de las Naciones, no pocos creyeron que
con la Organización de las Naciones Unidas (ONU) había llegado la culminación
de las guerras bárbaras e incivilizadas que habían abundado en el pasado histórico
de la humanidad. Muchos dijeron que por fin los conflictos armados serían drásticamente
sancionados por el organismo internacional, representativo de la generalidad de
países del mundo. La inservible Liga de las Naciones había terminado para dar
origen a la ONU, que, cual hijo brillante de mejores seres humanos, iba a llevar
al planeta a un sitial de humanidad y civilización nunca antes visto en la
historia. La Carta de constitución de la ONU era entonces el documento glorioso
del tiempo nuevo, y no había en el mundo mayor logro que trabajar en la misma
para beneficio de todos.
Pasaron
años y décadas, en plena Guerra Fría, y Vietnam, Corea y conflagraciones
menores en distintos puntos del Globo no parecieron mellar la credibilidad de
las Naciones Unidas. El Pacto de Varsovia y la OTAN fueron vistos como elementos
necesarios en el tablero de ajedrez de la guerra ideológica e indirecta entre
los Estados Unidos de Norteamérica y la Unión Soviética, hasta la desaparición
de ésta como conglomerado de repúblicas socialistas. Los
bombardeos sobre Serbia y Montenegro (la ex Yugoslavia) en el caso del problema
de Kosovo por parte de la OTAN tampoco parecieron restar credibilidad en el
papel de la ONU, con Estados Unidos como primera potencia y voz mandante en el
Consejo de Seguridad. Sin embargo, el 19 de Marzo del 2003 el gobierno
norteamericano ataca a Irak, luego de desobedecer una resolución del Consejo
que daba un plazo prudencial al régimen de Saddam Hussein para que los
inspectores de armas del organismo internacional culminen sus labores. Bajo el
lema de “guerra contra el eje del mal”, el régimen de George W. Bush atacó
sin piedad alguna la infraestructura de poder y entornos aledaños del país árabe
y musulmán, pues a decir de los voceros norteamericanos la Unión del norte tenía
que protegerse después de los sucesos del 11 de Setiembre del 2001 que
ocasionaron en medida terrorista la destrucción del complejo comercial
internacional más grande de los Estados Unidos y la pérdida de centenares de
vidas humanas. La
“guerra preventiva”, que comenzó con el derrocamiento del régimen talibán
en Afganistán, prosigue entonces con Irak que junto con Irán, Corea del Norte
y Siria constituye para el gobierno de Bush el llamado “Eje del Mal”. Y, según
las agencias de noticias internacionales, los más preclaros funcionarios
norteamericanos, como el Secretario de Estado Colin Powell, no tienen empacho en
señalar que Washington esperaba manejar el país petrolero después de la
guerra en pro del logro de un gobierno representativo, toda vez que la guerra
tuvo el nombre de “Operación Libertad Iraquí”. Haciendo tabla rasa del
principio de autodeterminación de los pueblos, por el cual un Estado o nación
es libre de constituir su propio tipo de régimen o forma de gobierno, los
Estados Unidos sentenciaron sobre el carácter de la ONU: organismo
internacional declarativo y fruto de una composición de fuerzas mundial de un
contexto histórico determinado. Si
antes las Naciones Unidas sirvieron hasta cierto punto de contrapeso o espacio
de reflexión al modo de un circunspecto Senado político, en medio de un mundo
bipolar como fue el que se dio durante la Guerra Fría, en la actualidad del
mundo unipolar, en donde existe solamente una superpotencia mundial, el papel de
la ONU esperaba asumir una nueva dimensión, que para desgracia de los
idealistas ha sido perfilado por los Estados Unidos de un modo crudo y brutal:
el mero carácter ornamental o el guardar las formas de un mundo civilizado. Al
igual que la Liga de las Naciones, tal función es el preludio de su inexorable
extinción. Este
panorama no beneficia en lo absoluto a la humanidad, mas es lo real. Estados
Unidos es ahora claramente la nueva Roma imperial, primer poder mundial que hace
lo que le da la reverenda gana con el único fin de obtener lo que busca.
Triste, pero cierto. Sólo que el gobierno norteamericano no sabe que, tal como
le sucedió al imperio romano, al final de todo quedará ruinas y polvo de su
otrora omnipresente poder y soberbia. Solamente ruinas y polvo. Iván
Guevara Vásquez D.N.I
18069920 Profesor
de derecho y metodología de la investigación científica en la Escuela de
Posgrado de la Universidad Nacional de Trujillo – Perú, 34 años (Trabajo
realizado en Abril del 2003).
Articulos relacionados:
|
