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La Argentina, ayer, hoy y siempre
El
objetivo principal de este texto es reflejar el pasado y el presente de nuestro
país para poder avizorar su futuro. Es
de gran importancia para nuestro crecimiento como pueblo que miremos hacia atrás
y que aprendamos de quienes nos precedieron en la lucha, ya que el hecho de
conocer el pasado, nos permite comprender el presente y proyectar el futuro. En
estos 200 años de vida independiente, Argentina ha tenido que esquivar todas
las piedras que se le han interpuesto en el camino, a veces por propias
ineptitudes, otras por factores externos. Sin embargo, la lucha no ha sido en
vano, porque a pesar de los sinsabores está latente su destino de gran nación. Remontándonos
en nuestra historia podemos mencionar a las invasiones inglesas como el
desencadenante para que comprendiéramos que aunque estábamos dominados, no nos
encontrábamos sometidos y así comenzaron a surgir los primeros rayos de
esperanza para lanzar nuestro primer grito de libertad. Luego
vinieron largos años de luchas internas tratando de llegar a
un acuerdo, ya que todos tenían como propósito ser libres, pero cada
uno poseía intereses opuestos. Finalmente
el 9 de julio de 1816 logramos la emancipación definitiva de la corona española
para comenzar a construir nuestro
propio destino. Al
recordar el pasado argentino surgen rápidamente en nuestras mentes nombres como
el de nuestro héroe máximo José de San Martín, Manuel Belgrano, Domingo
Faustino Sarmiento, Mariano Moreno, entre otros. Hombres que brindaron a la
patria lo mejor de sí mismos, sin otro interés que no sea el crecimiento como
Nación. Podemos
resaltar una frase dicha por el general San Martín, que refuerza lo dicho
anteriormente: “Mi existencia misma la
sacrificaría antes que echar una mancha sobre mi vida pública, que se pudiera
interpretar por la ambición”. Trascurre
el tiempo y con él destacados acontecimientos, van apareciendo figuras que
constituyen un período relevante en la historia Argentina, por ejemplo la
presidencia de Bernardino Rivadavia, el período de Juan Manuel de Rosas, uno de
los hombres más discutidos de la historia, odiado por muchos, amado por otros,
la figura destacable de los caudillos, la constitución del año 1853, las
presidencias de Urquiza, Mitre, Sarmiento, Avellaneda y Roca, la crisis económica
y la revolución de 1890. Así
llegamos a fines del siglo XIX, con un balance generalmente positivo para el país,
ya que después de muchos esfuerzos logramos encausar los problemas políticos,
económicos y medianamente los sociales. Entramos
en el siglo XX, un período en que Argentina atravesó momentos de gran bonanza
y otros de verdadera penurias. En
los primeros 30 años el país experimentó situaciones que contribuyeron a su
crecimiento económico, producto de los problemas que surgían en Europa,
incluyendo la primera guerra mundial, las exportaciones, en su mayoría de
alimentos incorporaban una fuente de divisa y nos hizo merecedores del apodo
“El granero del mundo”. Las fuertes corrientes inmigratorias que llegaban de
casi toda Europa fueron convirtiendo a nuestro país en un crisol de razas y le
dieron a la Argentina una fisonomía muy particular, ya que cada uno nos proveía
de su cultura y costumbres. La
implementación de la “Ley Sáenz Peña” donde se promulgaba el voto secreto
y obligatorio fue una de las grande conquistas de la democracia, pues el
ciudadano quedaba liberado de toda amenaza o promesa que podía influir sobre su
decisión falseando la pureza del acto electoral. La
cultura también juega un papel muy importante por estos años, el 25 de mayo de
1908 se inaugura el histórico Teatro Colón, nace la cinematografía, surgen
artistas plásticos y escritores como Enrique Larreta, Leopoldo Lugone,
Macedonio Fernández, entre otros. Con
la llamada década infame, que es la de 1930, se produce el primer golpe militar
del siglo presidido por el general Uriburo contra en ese entonces presidente Hipólito
Yrigoyen, comenzando de esta manera un período que nos ira marcando hasta el
retorno de la democracia en 1983. Los
sucesivos golpes militares fueron mellando nuestra democracia, en contados
intervalos los presidentes pudieron completar su mandato, ejemplo Agustín. P.
Justo y Juan Domingo Perón. Al derrocamiento de este último, en 1955,
siguieron el del Dr. A.Frondizi, en 1962, el Dr. A.Illia, en 1966, y el de
Isabel M de Perón, en 1976, o sea que durante 28 años no tuvimos períodos
completos de democracia. Con
este último derrocamiento se inicia en Argentina la etapa mas lúgubre de su
historia, pues el llamado Proceso de Reorganización Nacional, lejos de ser tal,
produjo la represión contra la “subversión” más sangrienta y terrorífica,
donde todo proceso legal fue dejado de lado dando lugar a un verdadero
terrorismo de Estado, ocasionando la desaparición de miles de personas en las
prisiones y las cámaras de tortura.
La
suerte parecía estar contra nuestra Patria, puesto que la irresponsabilidad de
quienes manejaban su destino nos llevaron a una innecesaria guerra contra
Inglaterra por la recuperación de las Islas Malvinas, donde fuimos derrotados
con la lamentable perdida de muchos compatriotas. Nuevos
vientos soplan desde 1983 en adelante, año en el que se restauró nuevamente la
tan deseada democracia, ante una crisis que dejo devastada a la República, con
una deuda externa sin precedente y de la que aún hoy
sufrimos sus consecuencias. En
diciembre de ese año asume el Dr. Raúl Alfonsín quien tuvo un gobierno muy
conflictivo, producto de las condiciones en que recibió al país. A éste lo
sucedió el Dr. Carlos Menem, quien reformó nuevamente la Constitución
Nacional en el año 1994, obteniendo así su reelección por un período de
cuatro años. Luego, en 1999, asumió el Dr. Fernando de la Rúa quien no llegó
a cumplir la totalidad de su mandato. Llegamos
al siglo XXI, un siglo que lejos de ser lo que vinimos proyectando nos encuentra
atravesando la peor crisis de nuestra historia, en lo político, económico y
social. Ante
este desalentador panorama surgen muchas preguntas difíciles de responder,
acaso, ¿no creen ustedes que merecíamos otro destino después de que muchos
hombres sacrificaron su propia vida para un futuro de gloria?, ¿dónde quedó
el impulso y la fuerza que como país alguna vez tuvimos?, ¿qué Argentina les
aguarda a nuestros sucesores?. Para concluir podemos decir que un país que tuvo y tiene a grandes personalidades en el ámbito cultural, científico, artístico, deportivo, educativo, varios premios Nobel e incalculables riquezas naturales y humanas, no debe estar en esta penosa situación , tal vez, nuestro peor defecto sea la falta de unidad entre nosotros mismos, cuando logremos cambiar ésto, seguramente tendremos ese gran y venturoso futuro que merecemos.
Daniela Andrea Patrone
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