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Cómo acabar con la guerra antidrogas y sus terribles consecuencias
No hay más que escuchar, leer y ver las noticias para darnos cuenta de las terribles consecuencias de la guerra contra las drogas ilegales: corrupción, capturas masivas, daño ecológico, desplazamiento de millones de personas por las batallas campales por el control de los territorios con cultivos ilícitos, extradición, duras penas de prisión, toxicidad agregada por la impureza de las drogas callejeras, y un enorme sufrimiento de los millones de víctimas de esta guerra insana. ¿Todo para qué? Para que los americanos y otros dejen de consumir drogas ilegales. Si es así, ha sido una guerra inútil y todo ese espantoso dolor de la guerra ha sido en vano, ya que el consumo no ha disminuido. ¿Cómo es que llegamos a esta situación? ¿Será posible acabar con la guerra antidrogas y sus terribles consecuencias? Responder estas preguntas es el objetivo de este artículo. Aunque la humanidad ha usado (y abusado de) ciertas drogas (tales como el alcohol, la coca, la marihuana, el opio y sus derivados, y el tabaco) durante siglos, el llamado problema de la droga (o abuso de drogas, o drogadicción, o farmacodependencia) es un invento del siglo XX con la promulgación de las leyes antidrogas y con la inclusión de la drogadicción en la lista de enfermedades mentales de las asociaciones psiquiátricas. Hasta ese entonces, no teníamos ningún problema de la droga, ni la palabra adicción tenía el sentido peyorativo y psiquiátrico de hoy. Los nazis llamaron el problema judío a la persecución y exterminio de millones de judíos. De igual modo, los poderes de hoy llaman el problema de la droga a la persecución de millones de comerciantes y consumidores de drogas ilegales. Por otro lado, adicción, etimológicamente, significa apego, dedicación. Las adicciones pueden ser buenas y malas, dependiendo de quien hable. Beethoven y Mozart eran adictos a la música, Dalí y Magritte a la pintura, y Borges y Neruda a la literatura. Los liberales son adictos al liberalismo, los conservadores al conservatismo, los católicos a la misa, los evangélicos a la Biblia, los musulmanes al Corán, los judíos a la Torah y así sucesivamente. Nada de eso convierte a dichas adicciones en enfermedades que tenemos que curar. Sin embargo, desde que empezamos a hablar de drogadicción, la simple palabra adicción ha sido corrompida hasta el punto de que cuando alguien dice que Fulano es un adicto todo el mundo enseguida piensa que Fulano consume drogas ilícitas. En otras palabras, no son las religiones ni los partidos, per se, los que hacen daño (aunque pueden hacerlo), sino las persecuciones religiosas y políticas. De igual manera, no son las drogas, per se, las que hacen daño (aunque pueden hacerlo) sino la persecución farmacológica. ¿QUÉ HACER? ¿Qué hacer, entonces, ante semejante panorama tan desolador? Quienes hablan de legalizar las drogas tienen perdida la mitad de la batalla por la libertad y la responsabilidad humanas, ya que legalizar es permitir, como cuando un padre deja que los hijos se acuesten más tarde para ver televisión. De modo que quienes hablan de legalizar las drogas ven al Estado como un padre a quien hay que pedir permiso para usar drogas. Por otra parte, el economista y Premio Nobel Milton Friedman, el escritor Carlos Fuentes, el filósofo Fernando Savater, el psiquiatra Thomas Szasz y otras destacadas personalidades mundiales han insistido en que la alternativa más inteligente para acabar con el problema de la guerra antidrogas(que no es lo mismo que hablar de acabar con el problema de la droga) es despenalizarlas. No obstante, esta propuesta ha sido acogida con oídos sordos por parte de los legisladores y con duro rechazo por parte de los poderosos políticos antidrogas quienes echan leña al fuego de la pasión antidrogas para conseguir votos en las elecciones, y quienes se encargan de mantener vigente la poderosa burocracia estatal de las agencias antidrogas. Por otro lado, estoy convencido de que si George Washington, Thomas Jefferson, Simón Bolívar, Francisco de Paula Santander, Benito Juárez, José de San Martín y Bernardo O´Higgins y demás padres de las patrias vieran a los ejércitos y las policías de las repúblicas utilizados en pelear esta guerra inicua e ilógica se estremecerían del dolor y se refugiarían rápidamente en sus tumbas. En 1919, los americanos añadieron la Enmienda XVIII, que prohibía el alcohol, a la Constitución de los Estados Unidos de América. ¿Cuáles fueron las consecuencias? Corrupción y criminalidad alrededor del alcohol, las que se acabaron en 1933, cuando fue derogada la Enmienda. De igual modo, postulo yo, el día que deroguemos las leyes antidrogas terminarán la corrupción y la violencia relacionadas con las drogas interdictas. Toda persona educada sabe hoy que el alcohol, el tabaco y las drogas psiquiátricas(en particular los llamados antipsicóticos) son drogas tóxicas con efectos adversos y hasta letales. Sin embargo, el alcohol y el tabaco son promovidos ampliamente , pero ahora con las advertencias obligatorias por ley que dicen “El exceso de alcohol puede ser perjudicial para la salud”, “ El tabaco es nocivo para la salud” y “Prohibida la venta a menores” ; y las drogas psiquiátricas son formuladas por médicos, muchas veces sin las advertencias sobre sus peligros. De la misma manera, me atrevo a imaginar, el día que deroguemos las leyes antidrogas, se acabe la guerra y las drogas sean de venta libre, al igual que el alcohol y el tabaco, llevarán advertencias que digan algo así como “ El exceso de cocaína puede ser perjudicial para la salud”, “La heroína es nociva para la salud”, y “Prohibida la venta a menores”. REFERENCIAS Gómez,F.L. “La guerra contra las drogas ilegales”, en “La libertad y el psicoanálisis”. Barranquilla: Editorial Antillas, 1998. Gómez, F.L. “El Holocausto Farmacológico”, “El opio: de medicamento bendito a droga maldita”, “George Soros y la guerra contra las drogas”, “Voltaire, Szasz y las drogas ilegales”, “Thomas Jefferson y el opio”, José María Aznar y las drogas ilícitas”, “La vacuna contra la cocaína: un absurdo científico”, “El nazismo y la guerra de las drogas”, “Julio Mario Santodomingo y el cáncer del narcotráfico”, y “El gran crimen político de la guerra de las drogas”, en “Asilo de cuerdos”. Barranquilla: Editorial Antillas, 2000. Gómez,F.L. “La enfermedad mental: mito o realidad” (05-marzo-04), en últimas novedades, en www.opinatio.com Gómez,F.L. “El internamiento psiquiátrico involuntario: ¿tratamiento o tortura?” (04-julio-04), en últimas novedades, en www.opinatio.com Gómez,F.L. “La enfermedad mental: un concepto anticuado” (7 de julio de 2004), en www.ilustrados.com Szasz, T.S. Ceremonial Chemistry: The ritual persecution of drugs, addicts and pushers. Garden City: Anchor Press/Doubleday, 1974. Traducida como “Droga y ritual.” Szasz, T.S. Our Rigth to Drugs: The Case for a Free Market. Syracuse: Syracuse University Press, 1992. Traducida como “Nuestro derecho a las drogas.” Szasz,
T.S. Taking Drug Laws Seriously
(2003), en www.szasz.com. RESUMEN La guerra contra las drogas ilegales, llevada a cabo para acabar con la drogadicción, ha tenido terribles consecuencias. Aunque la humanidad ha usado drogas durante siglos, el llamado problema de la droga es un invento del siglo XX. El asunto ahora no es cómo acabar con las drogas sino cómo poner fin a la guerra antidrogas para aprender a convivir pacíficamente. La opción más inteligente es derogar las leyes antidrogas. PALABRAS CLAVES Abuso de drogas. Drogadicción. Farmacodependencia. Guerra antidrogas. Leyes antidrogas. Medicina. Psicología. Política antidrogas. AUTOR Fernando Luis Gómez es médico psicoanalista graduado en Zaragoza(España) y licenciado en Boston (USA). Trabaja en su consultorio, en Barranquilla, Colombia. Además, es Profesor de Biología y de Neurofisiología en la Facultad de Psicología, Corporación Universitaria de la Costa. Tels. (57-5) 3561982 / 3459008
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