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Lenguaje y conflicto
El
hombre es un ser trasgresor, se hizo hombre a partir de las prohibiciones
iniciales. La evolución biológico tal como la planteara Darwin no fue un
factor suficiente, es indiscutible que el hombre evolucionó, pero el factor que
lo hizo hombre es el lenguaje, y sólo con el lenguaje fue posible la prohibición,
y en éste, en últimas, dio forma y sentido a la cultura. Inicialmente
conviene distinguir con Saussure (1978) algunos conceptos de la lingüística
que ayudaron a despejar el meollo de este asunto, la relación lenguaje y
cultura, como determinante en la formación del hombre. Saussure distingue y
establece diferencia entre lenguaje y habla. Lengua la define como un sistema de
signos y patrón de uso, y habla, como la realización o uso. La
normatividad es la máxima expresión de una cultura y al mismo tiempo una
trasgresión del mundo natural; por eso la ambivalencia; el hombre se prohíbe y
se humaniza, pero es él, el primero en violar, en transgredir las normas que él
mismo se ha impuesto. Ahora bien, si no fuera así, el hombre sería un esclavo
del mundo natural o de su propia normatividad. El
encuentro del lenguaje y la cultura constituyen lo que Halliday (1994) llama
semiótica social o semiótica cultural. Es decir, una codificación de signos y
símbolos derivados tanto del pensamiento lógico como del imaginario mental.
Desde este punto de vista, el sistema social es un sistema de significados. En
el que los hablantes se comunican entre sí, formando un sistema social. “El
lenguaje es sólo uno de los medios aunque la gente representa los significados
inherentes al sistema social. En cierto sentido, estos también están
representados (es decir expresados) por el modo de andar de la gente, la ropa
que usa, sus hábitos alimentarios y las demás pautas de comportamiento; en
otro sentido, están representados (es decir, hechos metáforas) por el modo en
que la gente clasifica las cosas, por las normas que establece y por otros modos
de pensar” Halliday (1994:211) El
lenguaje es un sistema de signos que cumple una función cognoscitiva y de
comunicación entre los seres humanos, surgió en algún momento de la era
Antropozoica y ha evolucionado a la par con el mismo hombre. Sin lenguaje es
impensable cualquier actividad humana, aún la de pensar, tanto que el lenguaje
y el pensamiento están estrechamente relacionados. Todo
está contenido en el lenguaje, las herramientas en sí conforman un lenguaje,
son un código encriptado.
Independientemente del hombre, el lenguaje se levanta entonces como un lenguaje
de lenguajes, como un nivel suprior capaz de reducirlo todo a un sistema de
signos realizados en el habla. En
otras palabras, las herramientas son signos, y el lenguaje humano es un signo de
signos, un universo metafórico y simbólico. Por ello se ha definido la lingüística,
la ciencia del lenguaje, como un sistema de signos, pro no solamente del habla,
sino de los diversos modos de significar y de comunicar, como las modas, las
costumbres, el arte, el deporte, etc. El
verbo del ser humano es un mecanismo de acción y de comunicación, es el acto más
creativo de cualquier ser humano en el que se puede conjugar la acción con la
prohibición. Sin duda el lenguaje es un producto social y al mismo tiempo un
instrumento del pensamiento. Ahora
bien, “si yo fuera el único en el mundo no tendría lenguaje, ni habla y ni
siquiera habla”, señala Kart Vosseler. Insistimos, el lenguaje es un sistema
de signos que tiene sus propias reglas, por lo tanto, es extensivo a la cultura.
Con el nombre de cultura designamos todas las producciones materiales y
espirituales del hombre. Es decir desde las actividades más nobles hasta las más
aberrantes como la guerra. De
hecho, los hombres somos lo que somos gracias al lenguaje, somos en el lenguaje
en la medida que reflexionamos sobre lo que sucede. Sin lenguaje no hay
pensamiento, no hay reflexión, ni conciencia, no hay discurso. El hombre desde
el inicio de los tiempos se ha preguntado e indagado por la esencia de las
cosas, y en ese intento por explicarse las cosas ha tratado de relacionarse con
la naturaleza, inicialmente a través del mito, posteriormente por medio del
arte, la filosofía, y en la actualidad por medio de la ciencia. Comprender,
explicar, interpretar y penetrar los secretos de las cosas desde una perspectiva
racional sólo es posible mediante el lenguaje. Fueron, desde luego las
prohibiciones las que dieron origen al lenguaje. Ahora bien, los seres humanos
en su interés por relacionarse con la naturaleza y conocer sus secretos
“elabora” diferentes lenguajes que posibilitan acceder al menos al
conocimiento de las características esenciales de las cosas, obviamente que la
pretensión es conocer para transformar, aprovechar y obtener mejores
beneficios. Hay
muchos lenguajes: auditivos, visuales, táctiles, etc. Estos mecanismos de
comunicación entre los hombres, de utilidad creadora, indispensables para el
roce social, con el uso de signos se convierten en elementos simbólicos
de la cultura humana. En
síntesis, todo está atravesado por el lenguaje, lo simbólico rige nuestro
ser, no hay nada que esté bajo el imperio del lenguaje. Recordemos que el
primer uso del lenguaje fue la prohibición, por tal motivo el lenguaje se debe
usar con fines pacificadores, los seres humanos somos en la medida que
reprimimos la agresividad, es por medio del lenguaje que el hombre reprime la
sexualidad, y la primer prohibición antropológica fue la prohibición del sexo
con los parientes más próximos (con los hijos uterinos). El hombre es libre de
prohibirse y de realizar acciones, por tal motivo, debemos darle al lenguaje un
buen uso, el que permita el crecimiento moral y ético. Por
consiguiente, no es simple conjetura sostener que quienes estudian las normas,
deben velar por el buen uso jurídico del lenguaje. El abogado debe ser claro en
su comunicación dado que la práctica judicial, lo exige. En el ejercicio del
derecho es esencial poseer un excelente léxico. Porque el derecho se hace con
palabras, a través de la palabra, y siempre, en procura de dirimir un
conflicto. Sorprende
entonces, las recientes declaraciones de prensa del Alto Comisionado de paz,
doctor Luis Carlos Retrepo, prolífico psiquiatra y filosofo, autor de varios
libros en los que hace un llamado a concertar, crear un diálogo razonante sobre
todo con los niños, cuando lanza diatribas en contra de los negociadores que le
han antecedido en el cargo. Resulta preocupante que en un medio social como el
colombiano, sensiblemente afectado por el fenómeno de la violencia, y en el
cual el lenguaje cotidiano se torne amenazante, su discurso distorsione las
ideas expuestas en sus libros y se convierta en un incitador al conflicto. Por: Álvaro Mina Paz Docente de la Facultad de Derecho Universidad Santiago de Cali
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