La revolución del 8 de octubre de 1812, en la
que interviene activamente José de San Martín, no fue la
primera contra un gobierno patriota después del 25 de mayo de 1810,
pero sí la más importante hasta entonces.
Ella tuvo como características principales, primero el protagonismo militar,
con la intervención de los Granaderos y Arribeños al mando de
San Martín y Carlos de Alvear; y en segundo
lugar, la decidida acción de las logias masónicas que a partir de ese momento
se constituyeron en factotum principales del poder.
Ambos hechos se originan en realidad en Cádiz, donde la
actividad de las logias masónicas fueron un polo de atracción para los jóvenes
militares que veían en Francia al enemigo principal de la entonces débil España.
Allí es donde toma preeminencia la influencia de los masones británicos,
aliados necesarios para la lucha contra los “afrancesados” y contra el
absolutismo borbón.
Este es el origen de la adhesión de San Martín a los Caballeros
Racionales, logia de Cádiz, y luego la subordinación a la Gran
Reunión Americana de Londres. Esta última auspició y promovió el
viaje del núcleo de militares que llegó en la fragata “Canning” a Buenos
Aires. Entre ellos se encontraban San Martín, Alvear y José Matías
Zapiola.
El 8 de octubre entonces, no tuvo otro objeto que asegurar el gobierno a la
influencia del grupo masón, el que a partir de la Logia Lautaro
dominó por períodos intermitentes las riendas del poder. De todas maneras, el
único líder que se mantuvo fiel al objetivo inicial fue San Martín. El mismo
nombre de Lautaro implicaba, en código masón, el destino final: la
expedición libertadora a Chile. (Lautaro es el héroe nativo del poema
“La Araucana” donde Alonso de Ercilla y Zuñiga
relata la conquista de los territorios chilenos en el siglo XVI).
Este era el paso inicial para atacar Lima, corazón del poder
realista, plan que San Martín traía desde Londres.
Sin embargo, después del 8 de octubre éste se desilusiona ante la inexplicable
demora de la declaración de la Independencia por parte del gobierno de la
logia. Con la caída de Alvear y la asunción después de otro masón, Juan
Martín de Pueyrredón – que paradójicamente fuera desplazado en la
revolución el 8 de octubre del gobierno – quien, dándose a conocer como tal,
lo apoya en forma incondicional, el Libertador recupera el terreno perdido.
Sin embargo, su desobediencia a las órdenes de la logia de Buenos Aires en 1819
– que le urgía a volver con su ejército para defender al gobierno – lo
sumió en la situación embarazosa que debió soportar hasta concluir su campaña
en el Perú y que determinó su renunciamiento en Guayaquil.
Solo su manejo de las logias chilenas – con el apoyo de Bernardo O´Higgins
- lo preservó de contratiempos mayores.
Sin duda, los tonos grises en la vida del Libertador, ocultan parte de su real
dimensión como estratega y patriota.
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