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Hitler: ¿vivo?

Resumen: Se ha dicho muchas veces que la tiranía nazi es «un pasado que nunca pasará». Hace aproximadamente 70 años, Adolf Hitler fue nombrado canciller de Alemania. Apenas unos pocos supervivientes, y todos ellos ya de una edad muy avanzada, pueden acordarse de aquel infausto día. Las personas que tan sólo alcanzaron a vivir los días finales del régimen de Hitler son también muy ancianas. Y, sin embargo, parece que no pasa un solo día sin que Hitler aparezca en periódicos, películas y libros, en la radio o en la televisión, penetrando permanentemente en nuestra conciencia colectiva.
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Autor: Oliver Galeana Díaz y Otros

     

  1. Justificación

     

     

  2. Bibliografía

     

JUSTIFICACION

Se ha dicho muchas veces que la tiranía nazi es «un pasadoque nunca pasará». Hace aproximadamente 70 años, Adolf Hitler fue nombradocanciller de Alemania. Apenas unos pocos supervivientes, y todos ellos ya de unaedad muy avanzada, pueden acordarse de aquel infausto día. Las personas que tansólo alcanzaron a vivir los días finales del régimen de Hitler son tambiénmuy ancianas. Y, sin embargo, parece que no pasa un solo día sin que Hitleraparezca en periódicos, películas y libros, en la radio o en la televisión,penetrando permanentemente en nuestra conciencia colectiva.

Y éste es un fenómeno que no ocurre sólo en Alemania,donde se podría esperar, de alguna manera, que Hitler hubiera dejado una sombramuy alargada, sino también en otros lugares de Europa, de América y de otraspartes del mundo. De hecho, de cuando en cuando da la sensación de que nossentimos más poseídos por la Alemania nazi cuanto más nos alejamos en eltiempo de ella. Y esto es algo que no ha ocurrido con dictadores como Mussolini,Franco, Mao, Pol Pot o Stalin. A pesar de lo nauseabundo de sus respectivos regímenes,todos aquellos dictadores han dejado una huella muy tenue en nuestra concienciaactual. ¿Por qué las cosas son tan diferentes en el caso de Hitler?

Parte de la explicación se fundamenta, sin duda, en lapropia magnitud del legado de Hitler. Muy pocos de los observadores queasistieron a su momento de triunfo en 1933 -año en que logró hacerse con elpoder en todo el Estado alemán después de que el partido nazi hubiera sufridouna severa derrota en las elecciones generales previas- fueron capaces deadvertir el menor indicio de la escalada de calamidades que se avecinaba. Laizquierda interpretó su figura como la de un hombre de paja de las grandesempresas y presumió que habría de durar muy poco tiempo y que marcaría elcomienzo de una crisis terminal del capitalismo. El Daily Herald, el diarioizquierdista de mayor tirada en Gran Bretaña, llegó a describirle como unvulgar «payaso».

En los círculos de la derecha conservadora, Hitler tambiénfue ampliamente subestimado. En un principio, se pensó que él «no estaba a laaltura de su cargo». Muchos conservadores llegaron a suponer que pronto dejaríasu lugar a quienes siempre habían ostentado el poder en Alemania. Incluso despuésde los incidentes de junio de 1934, el Ministerio de Asuntos Exteriores británicotemía más al Prusianismo (el poder de quienes habían llevado a Alemania a laguerra en 1914) que al propio Hitler. Todos esos errores de interpretación -queestaban basados en prejuicios y que impidieron que se adoptaran medidas para darla debida respuesta a Hitler en aquellos mismos momentos- suenan hoy como algoextraño.

Si nos preguntamos por qué el nazismo sigue alimentandonuestra imaginación mucho más que los horrores del estalinismo, lo primero quehay que decir es que ninguna otra dictadura desencadenó nunca una guerramundial ni un genocidio comparable. La II Guerra Mundial configuró el resto delsiglo XX y el Holocausto se interpreta hoy como el episodio más característicode tan macabro siglo. Y la figura de Hitler fue la auténtica inspiración paraambas tragedias. Pero su legado histórico -monumental, a pesar de la escaladade perversión que supuso- no explica totalmente nuestra continua preocupaciónpor el III Reich.

De alguna manera, el nazismo alimenta nuestra imaginaciónmucho más que el estalinismo o que cualquier otra forma de dictadura.Mussolini, Franco e incluso Stalin aparecen ante nosotros como productos, más omenos inteligibles, derivados de sus respectivas sociedades y de sus sistemas deEstado. Sin embargo, para todos nosotros supone un verdadero acertijo explicar cómouna doctrina tan devastadora, tan carente del más mínimo humanitarismo, y un régimende una brutalidad tan sobrecogedora pudo llegar al poder en una nación moderna,económicamente avanzada y culturalmente sofisticada como Alemania. Todo ellodespierta un incesante interés y numerosos interrogantes. Porque detrás detodo ello subyace una ansiedad perenne: ¿podría ocurrir de nuevo?

Aunque no existe el menor temor a que el estalinismo puedavolver a despertar ningún atractivo popular, en nuestro mundo podemos encontrarmuchos indicadores de que algunas de aquellas estúpidas ilusiones quedesembocaron en los fascismos de Entreguerras no han desaparecido en absoluto.Incluso en Gran Bretaña, la preocupación implícita que existe actualmentetiene menos que ver con una vuelta a fascismos como el de la Italia de Mussolinique a esa suerte de revitalización del racismo, del antisemitismo y de laagresión imperialista que siempre se ha relacionado con la Alemania nazi. Enrealidad, nunca se dará ninguna vuelta a aquella política propia de los años30. Tanto la intolerancia racista como los atávicos chovinismos nacionalistasno se han erradicado. Y en la Europa del Este son peores incluso que en laEuropa occidental. Pero existen muy pocas posibilidades, o acaso ninguna-incluso ahora, en unos momentos en que una nueva guerra ha golpeado el mundo-de que esa especie de impredecible desastre apocalíptico, extraído del pasadopor elementos fanáticos, pueda aparecer de nuevo en el centro de la escena políticaeuropea. Es más probable que, mientras la seguridad se vea amenazada y crezcanlas tensiones sociales, los propios estados occidentales se conviertan en menostolerantes y liberales, tal como podemos apreciar en estos mismos momentos.

Si es verdad que la preocupación por el nazismo que aún sepercibe en nuestra sociedad desempeña un papel muy importante a la hora de queHitler y su régimen permanezcan como telón de fondo de nuestra atención, anuestras mentes podría acudir una especulación sumamente desagradable.Mientras todas las dictaduras son regímenes sórdidos, brutales e inhumanos (yninguno más que el de Stalin), el nazismo parece, incluso actualmente, estardotado de un fuerte atractivo negativo para muchos individuos. Este atractivorepresenta una estética del poder absoluto en la que la grandiosidad de la visióndel mal induce, por sí misma, a una compulsiva y macabra fascinación. Lasensación de poder perfectamente orquestado que transmitían las SS marchandodurante el desfile de El triunfo de la voluntad es lícitamente atemorizante,pero la imagen de aquellos presuntos miembros de una raza superior tambiénresulta tremendamente intrigante. Y es que la fascinación y la repulsión noson conceptos que estén demasiado alejados entre sí.

La memoria es, sin lugar a dudas, otra rama muy importante dela respuesta a nuestro acertijo. La II Guerra Mundial y el Holocausto dieronlugar a una presencia duradera de incontables víctimas del régimen de Hitler yde sus descendientes en muchos países del mundo. Ni Mussolini ni Franco nisiquiera Stalin dejaron tras de sí un legado internacional de tal magnitud a raízde sus fechorías. Muchos de los que sufrieron los rigores de Hitler sienten eldeseo de relatar sus propias experiencias antes de que sea demasiado tarde.

La conciencia que actualmente existe en Alemania a propósitodel nazismo no tiene nada de trivial. Que ha resultado imposible desprendersedel fantasma de Hitler es un hecho demostrado en estos últimos años por losintensos debates públicos que se han dado en los medios alemanes sobre lacomplicidad en la comisión de crímenes contra la Humanidad de soldados que noeran, en absoluto, miembros de las SS o por la cuestión de las compensaciones alos obreros esclavizados, obligados a trabajar para la economía de guerraalemana de aquella época. Para los jóvenes alemanes de hoy, que conviven conuna pequeña minoría de neonazis, la II Guerra Mundial no tiene nada que vercon esa propaganda barata que hizo fortuna a base de eslóganes como arrestos ygloria, con los que se intentaba dotar de un cierto glamour a la guerra demasas. Los que sí estuvieron involucrados en aquellas atrocidades son susabuelos.

La Historia de la Alemania nazi todavía interesa, y muyseriamente a los alemanes. En consecuencia, todos esos debates, tan frecuentescomo agrios, sobre el pasado nazi que se han venido sucediendo casi sininterrupción desde los años 60 han desempañado un papel muy importante en laconfiguración de la conciencia moral y política de la actualidad. La afirmaciónde que los alemanes no se han enfrentado jamás a su pasado nazi no puede ser másfalsa. La Alemania democrática de hoy se ha beneficiado, mucho más que lamayoría de países, de lo que supone aprender de los errores del pasado.

Nada ha desempeñado un papel tan importante en relación conel hecho de que Hitler y el nazismo permanezcan aún bajo escrutinio públicoque una creciente conciencia sobre el Holocausto. De manera parcialmentesorprendente, aquella persecución de judíos en la Europa ocupada tardó muchotiempo en penetrar en la conciencia pública. Tras el final de la guerra, lamemoria de aquella experiencia era, incluso para muchas de las víctimas quelograron sobrevivir, demasiado reciente y excesivamente dolorosa como pararevivirla y explayarse sobre ella. El juicio celebrado en Israel contra Eichmanny el de Auschwitz en Fránkfort atrajeron de nuevo el interés del público porel Holocausto a principios de los años 60. Pero este interés habíapermanecido enclaustrado durante mucho tiempo, reducido exclusivamente a los círculosacadémicos y a los supervivientes de la tragedia.

A causa de este interés tan ampliamente extendido por lafigura de Hitler, los editores siempre están dispuestos a publicar libros sobreestos temas, puesto que saben que se venden muy bien. Y los periodistas, a suvez, también están dispuestos a escribir artículos porque saben que lasrevistas desean publicarlos. Además, los productores de televisión quierenrodar documentales y películas sobre este mismo tema porque saben que existeuna importante audiencia para ellos. Algunos arcanos, como los aspectos máscaracterísticos de la parafernalia militar o las sórdidas especulaciones(ahora, prácticamente inexistentes) sobre la vida sexual de Hitler se airean sólopara el consumo público. Los nazis son un buen negocio. Póngase una esvásticaen la portada de una revista o de un libro y éstos se venderán. Y todo ello nosignifica sino que el III Reich sigue presente en el ánimo de la gente.Y, en consecuencia, la espiral continúa. Los medios de comunicación de masasexplotan ese mismo interés, a menudo tan espeluznante, que ellos mismos, y enprimer lugar, ayudaron a crear.

¿Supone esto algún perjuicio? En primer lugar, debemosreconocer el inmenso bien que han producido todas estas investigaciones. Desde1990, la apertura de los archivos del antiguo bloque soviético ha permitido unlanzamiento real de las investigaciones sobre el Holocausto en el Este deEuropa. Nos hemos enriquecido en conocimientos y comprensión del fenómeno.

Pero existe también un lado negativo en esta persistentepreocupación por Hitler y la Alemania nazi. Y esto nada tiene que ver con lasformas académicas de tratar la Historia y sí con una trivialización delnazismo en los medios de comunicación. Y toda esa serie incesante de telefilmessobre el III Reich ha contribuido en gran medida a ello. Ciertamente, hayalgunos documentales muy importantes y de una calidad excelente. Pero no perderíamosnada si muchas películas no se rodaran nunca porque con gran frecuencia nocontribuyen a profundizar en la comprensión del fenómeno. Además, con todaprobabilidad, sirven para reforzar los estereotipos ya existentes y paracontinuar expandiendo ciertos prejuicios antialemanes.

Así pues, existen numerosas razones que explican por qué elpasado nazi pervive aún entre todos nosotros. Pero algún día pasarádefinitivamente a la Historia. Por muy grande que haya sido su significación,en algún momento del futuro será posible contemplarlo con absolutaimparcialidad, de manera muy similar a como hoy en día todos contemplamos laRevolución Francesa. Sin embargo, ese día está aún muy lejano. Es muyprobable que, dentro de 10 años, cuando se cumpla el 80º aniversario de latoma del poder por Hitler, estemos preguntándonos todavía: ¿Es que lo deHitler no se va a acabar nunca?

BIBLIOGRAFÍA

VICTOR KARADY, "Los judíos en la modernidad europea"; Siglo XXI deEspaña Editores, 1ª Edición en castellano. Madrid, 2000.

JOSÉ RAMÓN DÍEZ E. "Historia contemporánea de Alemania" Ed. Síntesis.Madrid, España. 1 edición.1998. 303 pags.

LEXIKOTHEK VERLAG. "La realidad alemana", Ed. Lexikon InstitutBertelsmann. Verlag, Alemania. 3a Edición .1981. 438 pags.

J.M. CHARLIER. "Hitler y las mujeres". Ed. Planeta. México. 10ªedición. Julio 1992. 178 pags.

IAN KERSHAW, "Hitler". 1ª Edición, Editoria Biblioteca Nueva;Madrid, España, 2000

 

 

Autores:

Oliver Galeana Díaz

Nahum Romero Santana

Asael Mercado Maldonado

che_oliver@hotmail.com

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