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Cooperativas de Hotifruticultura
Cuando escribimos sobre cooperativismo nos referimos siempre a una genuina y autentica cooperación y no a meros simulacros o caricaturas de las mismas. Proponemos
ahora que la hortifruticultura nacional y latinoamericana se organice en su
propia clase cooperativa, que se aproximen todo lo posible a los principios
cooperativos y no se resuelva -en los hechos- en otra constitución de
entidades, final y solapadamente, puramente mercantiles. Pensamos
que el sector de hortalizas, verduras y frutas, a través de la cooperación,
llegue a ser competitivo, diversificado, con valor agregado local, produciendo
de tal modo un aporte favorable y más notorio
en lo social, económico, ecológico y paisajista. Es
cierto, estamos hablando de alimentos buenos, agradables para la completitud de
una vida sana. Se
puede asegurar también que resultan valiosas substancias orgánicas necesarias
para un mejor equilibrio de las diferentes funciones vitales, influyendo
particularmente –cada una- en una determinada de estas funciones. Sin
duda, cualquier alimento que sirva para proporcionar al organismo humano la
materia, el liquido y las energías que el mismo necesita para conservar la
vida, debe valorarse y desde esa perspectiva, procurar que todos los todos del
todo social tengan acceso a una dieta hortifruticula razonable y adecuada. Valores
nutreicos que acreditan nuestra pareja subestimación a frutas y hortalizas en
un país claramente inclinado a consumos carnicos. La cooperativa puede ofrecer soluciones a parcelas de reducidas dimensiones para facilitar una gestión adecuada y la formación de cuadros técnicos y eficientes administradores entre sus mismos asociados componentes, grados de financiamiento, autoseguros múltiples, racional mecanización; puede también ofrecer diversificación de variedades, prevención y solución a factores climáticos adversos, en lo técnico, en irrigación, en tratamientos fitosanitarios, en comercialización –mercado interno y externo-, en transporte y logística, en la difusión de los beneficios de una nueva cultura alimentaria, pero, fundamentalmente educación cooperativa y capacitación para la poda, la recolección, clasificación, empaquetado, etc.. La cooperativa puede superar obstáculos de desconfianza y tradicionalismo en los hombres y mujeres hortifruticultores, proporcionándoles escala, calidad -acreditando marcas y procedencias- y eficiencia a la vez que les libera de intermediarios. La cooperativa integrada con otras hortifruticulturas asociativas puede lograr infraestructuras adecuadas para valor agregado local industrializando estos productos primarios, -disecados, enlatados, frascos, bandejitas, etc.- Para todo esto y para mucho más será imprescindible que en lo inmediato se logren acuerdos asociativos, integraciones cooperativas para, entre otras cosas, establecer precios justos e influyendo en la producción, adecuándola al consumo y a las nuevas demandas de hoy. Es casi imprescindible impulsar políticas concurrentes para el más apropiado desarrollo de comunidades regionales y un entorno propicio para reimpulsar cultivos hortícolas y frutícolas orientados al bienestar general y a la salud de la población. Este sector fruti hortícola encontrara también un lugar privilegiado en actuales y futuros cinturones verdes de pueblos y ciudades, arreglados a un correcto plan estratégico urbano-rural que les diseñe, ubique, y promueva según las características autóctonas, introduciendo nuevos cultivos, rompiendo la estacionalidad y con una información satelital adecuada y oportuna de climas y mercados. Reitero, debemos ir por una cultura alimentaria sin exclusiones y funcional a un crecimiento humano integral y duradero. Se han destacado una serie de factores integrantes de la agricultura fruti hortícola y hemos apuntado las posibles soluciones que, a nuestro juicio, consideramos interesantes. Todos estos factores están estrechamente ligados y relacionados entre sí y las soluciones que puedan imaginarse serán comunes a todos ellos. En este sentido, el cooperativismo revive, renace como paradigma social y energía significativa de articulación entre vecinos y sociedad, mejorando las condiciones de vida de la ciudadanía. p.
Roberto Bertossi
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