|
Categorias
|
Caos Celular
(se
leerán contenidos similares a lo largo del texto) El
reloj biológico que controla la vida de todas las células es el telómero, (del
griego telos, final, y meros,
componente),
término acuñado por Hermann J. Muller en la Universidad de Edimburgo. El telómero
está situado en los extremos de los cromosomas, a manera de capucha,
protegiendo el final del cromosoma frente a la degradación, así como la unión
de los extremos del ADN por enzimas reparadoras. Previamente
a la división celular, la célula duplica su ADN, incluida la secuencia de
bases que constituyen el telómero. Sin embargo, en una célula normal, la
maquinaria de replicación no es capaz de copiar la totalidad de la secuencia
del telómero en una de las hebras del ADN en el cromosoma y como resultado, el
telómero se hace cada vez más corto en cada replicación. El desgaste del telómero
con la sucesión de ciclos celulares, impide su función protectora, con lo que
el cromosoma se hace inestable, originando errores en la segregación, aparición
de anomalías y diversos tipos de mutaciones. Las células que presentan estos
defectos, no solo son incapaces de duplicarse, sino que dejan de ser viables
activándose los procesos de apoptosis o muerte celular programada. El desgaste
del telómero limita la duración del ciclo vital celular de la mayoría de los
tipos de células. Sin
embargo, en el caso de las células germinales y embrionarias, de las que el
organismo no puede prescindir; existe un elemento capaz de restaurar la
secuencia del telómero para así prolongar la vida de la célula, manteniendo
su capacidad de multiplicación. Este elemento es una enzima extraordinaria, la
telomerasa, que es un complejo de proteínas y ARN. Durante cada ciclo de división
celular se produce un acortamiento de los telómeros, con lo que se pierden unos
50-200 nucleótidos. Ello se debe a la incapacidad de la polimerasa de ADN de
replicar los extremos de las moléculas de ADN. La telomerasa es muy activa en células
fetales, manteniendo un alto nivel de proliferación en ellas, pero muy poca
proliferación en las células de los tejidos de adultos. La
mayoría de las células suprimen la actividad de la telomerasa tras el
nacimiento, y no vuelve a reactivarse naturalmente nunca mas, por el contrario,
muchas células tumorales la reactivan. Aunque
por sí sola la telomerasa no causa transformación de células normales en
cancerosas, su reactivación coopera durante la carcinogénesis con mutaciones
en oncogenes como ras y genes
supresores como p53 y Rb.
Si la expresión de p53 se anula por
mutación, se produce lo que se ha denominado "la catástrofe genética",
con acumulación masiva de mutaciones. Como
parte del complejo telomerasa existe una enzima que se denomina transcriptaza
reversa telomerasa, la cual, empleando la plantilla de ARN del complejo,
cataliza la síntesis de la secuencia final del telómero. Los investigadores
han sido capaces de introducir en células tumorales en cultivo, un gen mutado
que induce la producción de una transcriptaza reversa telomerasa inactiva que
compite, inhibiendo la forma activa del complejo. Realizar esto in
vivo no parece sencillo, se han llevado a cabo con total éxito en cultivos
celulares. Por otra parte, el inhibidor resultó tanto más eficaz cuanto más
cortos eran los telómeros y no se sabe mucho acerca de la longitud de los telómeros
en los estadíos primarios de los tumores humanos, ni de la existencia de otros
mecanismos alternativos para mantener la longitud de los telómeros. Se
describe un acortamiento del tamaño del telómero con la edad en células
normales somáticas humanas, pero se encuentran estables en células tumorales,
lo que ha sugerido un papel de los telómeros en la muerte celular y en la
inmortalización de células neoplásicas. La
importancia de mantener el tamaño de los telómeros en las divisiones celulares
sucesivas evita el acortamiento de los telómeros, la pérdida cromosómica y la
muerte celular. En humanos, las células germinales expresan telomerasa y
mantienen el tamaño durante toda su vida. En cambio, los tejidos somáticos no
tienen telomerasa y por tanto, pierden progresivamente la longitud del telómero;
se calcula que los telómeros de las células de la piel y la sangre son más
cortos que el de las germinales, perdiendo unos 15 a 40 nucleótidos por año. La
hipótesis del envejecimiento celular e inmortalización gobernada por el telómero
postula que la presencia de telomerasa activa en células germinales permite
mantener telómeros largos y estables; pero la enzima se encuentra reprimida en
células somáticas, ocasionando pérdida del tamaño del telómero en las células
en división. En la primera fase de mortalidad denominada M1 o límite de
Hayflick, llega la pérdida de telómero a un punto crítico en uno o varios
cromosomas, disparando irreversiblemente el paro del ciclo celular. Algunos
eventos de transformación pueden causar que se haga un puente a M1 sin activar
la telomerasa. Cuando los telómeros están en el punto crítico de encogimiento
en varios cromosomas, las células entran en crisis (Fase M2). Son raros los
clones que escapan a M2 activando telomerasa, que estabiliza a los cromosomas y
adquieren una capacidad de crecimiento indefinida denominada inmortalidad. En
pacientes aquejados de Progeria, el síndrome de envejecimiento prematuro, se
observó que presentan un acortamiento significativo de los telómeros. Este
hallazgo ha llevado a la hipótesis de que el tamaño del telómero sirve como
un reloj biológico que regula el tiempo de vida de las células normales,
siendo pieza fundamental para entender el envejecimiento prematuro. También en
portadores del Síndrome de Down se ha visto un envejecimiento prematuro, calculándose
que pierden 133 pares de bases teloméricas por año, comparado con 41 en los
controles normales. Esta observación refuerza la hipótesis que en dicho síndrome
hay un acelerado recambio celular y consecuentemente una pérdida telomérica. Por
el contrario, las células tumorales, que tienen la capacidad de crecer
indefinidamente, expresan telomerasa, y sus telómeros no se encogen
progresivamente. De esta manera se ha descrito la presencia de actividad
telomerasa en numerosos tejidos tumorales, pero no en tejidos adyacentes
normales o en neoplasias benignas. El
cáncer es una enfermedad de proliferación celular descontrolada, y cualquier
mecanismo que puede detener este proceso, puede potencialmente detener la
progresión neoplásica. Por lo tanto, la inducción natural de la senescencia
mediada por el acortamiento del telómero sería un mecanismo natural para
prevenir el cáncer en especies que viven mucho tiempo. Sin embargo, el cáncer
surgiría de la pérdida de control de envejecimiento por el acúmulo, durante
la vida, de mutaciones puntuales en genes supresores y oncogenes, claves para el
control del crecimiento. La
presencia de telomerasa en diversos tipos de cáncer humanos y su ausencia en
muchas células normales, significa que la enzima puede ser un buen blanco de
drogas antineoplásicas. Los agentes capaces de obstaculizar la telomerasa podrían
matar las células tumorales (haciendo que los telómeros desaparezcan) sin
alterar el funcionamiento de muchas células normales. La mayoría de las
terapias anticáncer actuales no solo alteran las células malignas, sino también
las normales. Suelen ser, pues, bastante tóxicas. Además, dado que se detecta
telomerasa en muchos tipos de cáncer, tales agentes podrían intervenir contra
tumores muy dispares. Ante
posibilidades tan apasionantes, los laboratorios farmacéuticos no se han
cruzado de brazos. Sin embargo, urge dar respuesta a varias interrogantes. Debe
determinarse, por ejemplo, cuáles células normales (además de las ya
identificadas) fabrican telomerasa, y qué importancia reviste la enzima para
esas células. Si la telomerasa es allí crucial, las drogas que la bloqueen
pueden resultar tóxicas y, por tanto, inaceptables. El hecho de que los telómeros
sean ya más cortos en ciertas células tumorales puede, no obstante, obviar ese
problema. Los agentes inhibidores de la telomerasa pueden provocar que las células
cancerosas pierdan sus telómeros y mueran, antes de que las células normales,
con telómeros mucho más largos, pierdan una cantidad de telómero lo
suficientemente grande como para que sufran cualquier efecto adverso. Las
investigaciones sobre la telomerasa nos recuerdan que, en la aproximación científica
a la naturaleza, nunca puede predecirse cuándo o dónde se descubrirán
procesos fundamentales. Nunca se sabe en qué momento nos daremos cuenta de que
una roca es en realidad una piedra preciosa. Los telomeros, o estructuras que forman el final de los cromosomas, limitan las veces que una célula normal puede dividirse. Así, podemos imaginar que los telomeros se pierden como los granos de un reloj de arena con el paso del tiempo. En ausencia de mecanismos compensatorios, los telomeros se acortan de manera natural cada vez que la célula se divide y al llegar estos a una longitud critica, la célula deja de dividirse. La activación y acción de la telomerasa, la maquinaria celular encargada de fabricar nuevos telomeros, hace que se compense la perdida de los telomeros y que las células puedan dividirse indefinida o inmortalmente. Científicos develan cómo los telomeros más cortos inician procesos de caos molecular. Los fenómenos relacionados con la pérdida de la función de los telómeros, los extremos repetitivos de los cromosomas, depende de la longitud del telomero más corto en una célula y no de la longitud media, que es la que comúnmente se mide. Sin la función de los telómeros, los cromosomas de las células se pueden descolocar, revolviendo su información genética, frenando la división celular y llegando a desencadenar la muerte celular. Se ha
observado que activando la telomerasa, enzima que reconstruye los telómeros, se
alarga los telómeros más cortos justo lo suficiente como para que las
funciones celulares puedan ser restauradas, sin que para ello sea necesario que
aumente mucho su tamaño medio de longitud. Los telómeros cubren los extremos
de los cromosomas, protegiendo el interior, donde están las partes que
contienen los genes del cromosoma. En la mayoría de las células normales, los
telómeros se acortan cada vez que una célula se divide o replica, evitando a
veces la división celular. Las células del cáncer, sin embargo, se pueden
dividir casi indefinidamente porque la telomerasa se encuentra activada. También
las células que dan lugar al esperma y los óvulos poseen telomerasa para
mantener la integridad del genoma en generaciones venideras. La porción de RNA de la telomerasa posee nucleótidos complementarios a los presentes en el telómero y mediante una transcripción reversa realiza una copia del DNA a partir de su propia secuencia de RNA, que luego es fusionada a la porción terminal 3’ del cromosoma. La extensión del telómero por la telomerasa es requerida para contrarrestar el normal encogimiento del cromosoma que ocurre en cada duplicación celular. La replicación normal linear del DNA se realiza mediante la DNA polimerasa, iniciada en el lugar donde se une el "primer" y siempre en dirección del extremo proximal 5’ al terminal 3’. Considerando que la replicación semiconservativa del DNA, que luego es degradado y reemplazado por DNA sintetizado a partir del "primer", perdiendo algunos nucleótidos; así se va produciendo una brecha en la replicación que lleva al progresivo acortamiento de la longitud del DNA, recientemente formado, acortamiento que se hace más evidente con cada replicación. Por lo tanto la longitud del telómero está determinado por el balance entre el número de divisiones celulares y la actividad de la telomerasa. El mecanismo para mantener una porción cromosómica terminal estable es similar en diferentes organismos. La telomerasa o "Transferasa terminal del telómero" adiciona nucleótidos de novo, sin la necesidad de usar el DNA como plantilla, teniendo la habilidad de adicionar siempre el nucleótido correcto, a pesar de variar la terminación 3’; esto se realiza mediante un modelo de cuatro pasos: a. Telomerasa reconoce el sustrato en el telómero y la terminación TTGGGG se aparea con las bases del RNA de la región CAACCCCAA. b. El RNA es copiado hasta el final de la región de la plantilla. c. Mediante translocación se realiza la reposición de la secuencia terminal y se expone plantillas adicionales de secuencia para una segunda vuelta de síntesis. d. Otra vuelta de reproducción de la plantilla produce un enlongamiento de la secuencia terminal. La
reacción de la telomerasa requiere de un "primer" telomérico, de
sustancias buffer (Tris-acetato, Mg y glicerol), dTTP, y dGTP. Estos
requerimientos y los pasos descritos en el modelo de acción de esta enzima son
comunes a diferentes especies animales y humanos, lo único que cambia es la
secuencia de nucleótidos del telómero y por ende las secuencias del RNA de la
telomerasa. Existen dos teorías, que se complementan, para explicar el freno o
"stop" de la proliferación celular coaccionando por el acortamiento
gradual del telómero. Un modelo postula que el acortamiento límite del telómero
es interpretado por la célula como un daño del DNA, señal para inducir la
expresión del p53 y detener el ciclo celular. Otro modelo postula cambios en la
expresión de genes reguladores localizados en áreas sub-teloméricas. Estos
dos modelos no son mutuamente excluyentes y por el contrario ambos pueden
contribuir a la iniciación del proceso de senescencia. Las
características poco usuales de la telomerasa, su ausencia en células somáticas
puede ser un objetivo prometedor para buscar nuevas armas terapéuticas contra
el cáncer. La telomerasa realiza una función genética fundamental en el
mantenimiento del telómero en las células germinales y en otros tejidos
inmortalizados; constituyéndose en un blanco interesante, con alta
especificidad por células oncológicas. Su actividad de transcriptaza reversa,
similar a la de varios retrovirus como el del HIV la hace única entre las
enzimas de mamíferos y también se ofrece como potencial arma terapéutica
contra el SIDA. La inmortalización gobernada por el telómero postula que la presencia de telomerasa activa en células germinales permite mantener telómeros largos y estables; pero la enzima se encuentra reprimida en células somáticas, ocasionando pérdida del tamaño del telómero en las células en división. En la primera fase de mortalidad denominada M1 o límite de Hayflick, llega la pérdida de telómero a un punto crítico en uno o varios cromosomas, gatillando irreversiblemente el paro del ciclo celular. Algunos eventos de transformación pueden hacer que se haga un puente a M1 sin activar la telomerasa. Cuando los telómeros están en el punto crítico de encogimiento en varios cromosomas, las células entran en crisis (Fase M2). Son raros los clones que escapan a M2 activando telomerasa, que estabiliza los cromosomas, y adquieren una capacidad de crecimiento indefinida denominada inmortalidad. En pacientes aquejados de Progeria, el síndrome de envejecimiento prematuro, se observó que presentan un significativo acortamiento de los telómeros. Este hallazgo ha llevado a la hipótesis que el tamaño del telómero sirve como un reloj biológico que regula el tiempo de vida de las células normales, siendo pieza fundamental para entender el envejecimiento celular. También en portadores del Síndrome de Down, se ha visto un envejecimiento prematuro, llegándose a calcular que pierden 133 pares de bases teloméricas por año, comparado con 41 de los controles normales. Esta observación refuerza la hipótesis que en este síndrome hay un acelerado recambio celular y consecuentemente una pérdida telomérica. Por el contrario las células tumorales, que tienen la capacidad de crecer indefinidamente, expresan telomerasa, y sus telómeros no se encogen progresivamente. Esto debido a que las células neoplásicas se han apropiado de un gen cuya función normal es permitir que las células germinales eviten la mortalidad, presente en las células somáticas. Así se ha descrito la presencia de actividad de telomerasa en numerosos tejidos tumorales, pero no en tejidos adyacentes normales o neoplasias benignas. En algunos tumores, como el neuroblastoma, la actividad de la telomerasa se encuentra en valores bajos, coincidiendo con su estadío inicial, pero se eleva notablemente en estadíos avanzados. También en cáncer gástrico se ha relacionado la elevada actividad de la telomerasa con la menor sobrevida, contrario a los que tenían bajos niveles de telomerasa, en los que su tumor se comportó de forma menos agresiva. La expresión aberrante de telomerasa en las células cancerosas resulta de la mutación de las secuencias que normalmente regulan su expresión, y el tiempo de la mutación puede ser deducido del mismo telómero. Por ejemplo en tumores primarios de ovario que expresan telomerasa no es un evento inicial en la transformación cancerosa, por el contrario es un episodio genético tardío que permite la progresión tumoral confiriéndole inmortalidad a las células neoplásicas previamente transformadas. El
cáncer es una enfermedad de proliferación celular descontrolada, y cualquier
mecanismo que puede detener este proceso, puede potencialmente detener la
progresión neoplásica. Por lo tanto, la inducción natural de la senescencia
mediada por el acortamiento del telómero sería un mecanismo natural para
prevenir el cáncer en especies que viven mucho tiempo. Sin embargo el cáncer
surgiría de la pérdida de control de envejecimiento, por él acúmulo durante
la vida de mutaciones puntuales en genes supresores y oncogenes claves para el
control del crecimiento. MÉTODOS PARA
MEDIR TELÓMEROS Y TELOMERASA Las secuencias de DNA telomérico consisten en simples series de bases de nucleótidos repetidos varias veces, específicos de cada organismo; así los humanos poseen secuencias de seis nucleótidos (timidina, timidina, adenosina, guanosina, guanosina. = TTAGGG) repetidos entre varios cientos a miles de veces; (TTAGGG)n. En el momento del nacimiento, los telómeros están formados por aproximadamente 15,000 pares de bases, que se van perdiendo en cada división celular a un ritmo de 25 a 200 pares de bases de la porción terminal del telómero. Cuando éste fenómeno se repite 100 veces, la célula cesa de dividirse y muere. Se calcula que los telómeros de células de la piel y sangre son más cortos que el de las germinales, perdiendo un 15 a 40 nucleótidos por año. Las
secuencias hexaméricas que forman el telómero son sintetizadas por telomerasa
(EC 2.7.7), enzima ribonucleoproteica, denominada así por ser una proteína
unida a una fracción de RNA, aislada por primera vez en 1985 por Gieider y
Blackburn, y en humanos fue descrita por Morin cuatro años más tarde. TELOMEROS DE DIFERENTES ESPECIES
Mediante
los siguientes ensayos se puede medir, ya sea la actividad de la telomerasa o el
tamaño del telómero:
Esta prueba es muy sensible para detectar células cancerosas permitiendo detectar 1 célula que expresa telomerasa entre 10,000 células normales, prometiendo ser en el futuro una interesante prueba para diagnóstico o como marcador oncológico.
P/d: LA REPARACIÓN CROMOSÓMICA, OTRA FUNCIÓN DE LA TELOMERASA P/d: -Como
parte del complejo telomerasa existe una enzima que se denomina transcriptaza
reversa telomerasa, la cual, empleando la plantilla de ARN del complejo,
cataliza la síntesis de la secuencia final del telómero. -CUANDO
A SÓFOCLES, YA ANCIANO, LE PREGUNTARON COMO SE SENTÍA AL HABER PERDIDO LA
JUVENTUD, RESPONDIÓ: "POR SUERTE ME HE PODIDO ESCAPAR DE ESE TIRANO LOCO Y
FURIBUNDO"
Articulos relacionados:
|
