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El Sistema Político de la Sociedad Venezolana
La
minúscula clase rica y la clase media alta, esencialmente blancas ,como muchos
intelectuales y periodistas, veían con pavor la perspectiva de ver subir en la
escala social a la gente de color, cobriza o negra ,que aquí, como en
toda América Latina, ocupa los lugares inferiores de la sociedad. Habría que
compartir privilegios (…) Así llegó la situación del 11 de abril. Una
confrontación de clase contra clase. Por un lado el Presidente Chávez, apoyado
por una parte mayoritaria del pueblo común; por el otro una alianza
neoconservadora: la burguesía que ocupaba las calles del barrio rico con
cacerolas, apoyada por la patronal; los medios de comunicación (prensa, radio y
televisión), ferozmente hostiles, mintiendo descomunalmente, inventando rumores
y calumnias, falseando las evidencias; y la aristocracia obrera movilizados por
la CTV, el sindicato considerado como el más corrupto de América Latina (…) Ignacio
Ramonet. Introducción. Transcurrido el siglo XIX
marcado por una pugnacidad sin límites que, a la postre, condujo a graves
situaciones de anarquía, muchas veces manifestada bajo la contemplativa mirada
de gobiernos débiles y de escasa representatividad -que luego dieron paso a
dictaduras más o menos consolidadas, o a sistemas autocráticos y
personalistas, que provocaron intensas y costosas guerras civiles- la sociedad
venezolana se aprestó, de una vez a adherirse a un proyecto democrático que
resguardara, en lo adelante, las garantías constitucionales y legales
suficientes que no permitieran un retorno a ese oscuro pasado. En diciembre de 1935, con
la muerte de Juan Vicente Gómez, se puso fin a una de las más férreas
dictaduras de la historia del país. Sus sucesores, Eleazar López Contreras
(1936- 1941) e Isaías Medina Angarita no pudieron evitar, a pesar de sus
marcadas acciones encaminadas a democratizar la sociedad venezolana[1],
que nuevamente la misma se viera en lo adelante sometida a continuos golpes de
estado protagonizados por juntas que se establecieron en el poder con carácter
provisional[2], hasta el ascenso por esta vía
a la Presidencia de la República del Coronel marcos Pérez Jiménez, uno
de los artífices de la asonada castrista de 1948. Desde entonces fueron
encarcelados y perseguidos todos los opositores, principalmente adecos y
comunistas como resultado de la represión desatada por el gobierno de turno. En 1957, ante los intentos
del dictador de realizar elecciones libres para decidir su reelección, se
produjo una ola de protestas y manifestaciones populares generalizadas, que
colocaron al régimen en una situación de desgaste progresivo, esto hizo que el
23 de enero del año siguiente llegara a su fin la etapa perezjimenista, abriéndose
nuevamente la esperanza para el pueblo venezolano de construir un sistema político
democrático, que en los sucesivo asegurara el bienestar social e
individual, y la estabilidad y gobernabilidad necesaria anhelada durante tantos
años. A partir de ese momento,
se fueron creando las condiciones para establecer el sistema político actual en
Venezuela, sobre la base del acuerdo puntofijista de 1958, que identificó toda
una etapa que se extendió hasta 1998, año en que asume la Presidencia de la
República Hugo Chávez Frías, líder del Movimiento V República que integraba
el Polo Patriótico. Este propuso al pueblo un cambio radical dentro de las
estructuras del aparato estatal, que ofreciera una verdadera alternativa frente
a las políticas neoliberales implementadas por los últimos gobiernos, y de esa
forma, avanzar hacia las más completa democratización de la sociedad con la
participación real y efectiva de los ciudadanos en la toma de las decisiones
políticas, esfera que había sido monopolizada hasta ese momento por los
partidos políticos. Los
elementos del sistema político venezolano. Entre los elementos
institucionales que se pueden identificar dentro del sistema político
venezolano se encuentran el estado, en cuanto su eslabón fundamental, las
organizaciones políticas como actores destacados dentro de la formulación de
las decisiones políticas de especial trascendencia, y las demás organizaciones
sociales que, aún cuando no tengan naturaleza política, influyen o inciden
dentro del sistema político de la sociedad. El
estado como poder público político. No se podría iniciar un
estudio sobre el sistema político venezolano sin tomar como base el análisis
del Estado, en cuanto su eslabón fundamental, signo de organización jurídico-política
de toda sociedad contemporánea, que al disponer del poder público de carácter
político, entre uno de sus rasgos fundamentales, se convierte en el centro de
la toma de decisiones políticas dentro de la sociedad y, además, en fuente de
disposiciones de carácter vinculante para esta última. Entre los fines esenciales
del mismo, de conformidad con lo preceptuado en el artículo 4 de la Constitución
de la República Bolivariana de Venezuela, promulgada el 30 de diciembre de
1999, se destacan la defensa y el desarrollo de la persona y el respeto de su
dignidad, el ejercicio democrático de la voluntad popular, la construcción de
una sociedad justa y amante de la paz, la promoción de la prosperidad y
bienestar del pueblo y la garantía del cumplimiento de los principios, derechos
y deberes reconocidos en el texto constitucional. De manera muy general, se
puede agregar que es un Estado, definido constitucionalmente, como ¨ Democrático
y Social de Derecho y de Justicia ¨, que ampara el bienestar de los
venezolanos. Pretende crear las condiciones necesarias para su desarrollo social
y espiritual, procurando la igualdad de condiciones, de manera que todos los
ciudadanos puedan desarrollar libremente su personalidad, dirigir su destino,
disfrutar los Derechos Humanos y buscar felicidad. Igualmente, los principios
de solidaridad social y del bien común, conducen al establecimiento de
ese Estado Social, sometido al imperio de la Constitución y las leyes. De esta
manera, se convierten un Estado de Derecho, que se nutre de la voluntad de los
ciudadanos, expresada libremente por los medios de participación política y
social para conformar el Estado Democrático. Se estructura
territorialmente como un estado federal descentralizado política y
administrativamente, expresando de este modo la voluntad de transformar al
anterior Estado centralizado en un verdadero modelo federal, con las
especificidades que requiere la voluntad del pueblo venezolano. Los estados se
deben regir por los principios de integridad territorial, cooperación,
solidaridad, concurrencia, y corresponsabilidad, que son propios de un modelo
federal cooperativo, en el que las comunidades y autoridades de los distintos
niveles políticos territoriales participan en la formación de las políticas públicas
comunes a la nación. Se integra, así, una esfera de gobierno compartida para
el ejercicio de las competencias en que concurren. Es, por lo antes expuesto,
que las acciones de los gobiernos de los municipios, de los estados y del Poder
Nacional se coordinan para garantizar los fines del Estado venezolano al
servicio de la sociedad. Estos son los pilares que fundamentan la acción del
nuevo Estado Bolivariano de la V República. La forma de gobierno
republicana y un sistema de gobierno presidencialista con correctivos
parlamentarios son otras de las principales características de la actual
organización estatal venezolana. La
organización del Poder Público Nacional. Según el artículo 136 el
Poder público se divide en: Poder Nacional, Poder Estadal y Poder
Municipal. A su vez el Poder Nacional se distribuye en: Poder Legislativo, Poder
Ejecutivo, Poder Judicial, Poder Ciudadano y Poder Electoral. Como se aprecia, la forma
de organización estatal de acoge a la antológica separación de poderes,
dogmatizadas por las democracias representativas burguesas, pero influenciada
por el pensamiento bolivariano que informa el contenido del nuevo Estado, se
introducen dos nuevos poderes autónomos orgánica y funcionalmente el Poder
Ciudadano[3]
y el Poder Electoral. Al
Poder Público Nacional se le atribuyen como asuntos de su competencia, entre
otros, la política internacional, la defensa, la vigilancia de los intereses
generales de la República, la seguridad y defensa nacional, el comercio
exterior, y la política macroeconómica financiera y fiscal, entre otras que
aparecen reguladas en el artículo 156. El
Poder Legislativo es ejercido por una Asamblea Nacional unicameral, integrada
por diputados elegidos en cada entidad federal por votación universal, directa,
personalizada y secreta con representación proporcional, según la base
poblacional de 1.1 % de la población total del país. Además las comunidades
indígenas tienen derecho a estar representadas por tres diputados. El mandato
de dichos representantes es de cinco años pudiendo ser reelegidos por dos períodos
consecutivos, como máximo. Una
peculiaridad del nuevo régimen parlamentario es la unicameralidad del nuevo órgano,
que rompe con una tradición bicameral, característica de los anteriores órganos
de este tipo. Habitualmente, el federalismo ha ido acompañado de una estructura
parlamentaria bicameral, pues de ese modo se ha pretendido asegurar la
representación por igual de cada estado, sin distinción por cantidad de
habitantes o poder económico, ya que, de otra manera, los estados pequeños
pudieran ser ¨ devorados ¨ por los más poderosos. Tampoco
puede olvidarse que las estructuras bicamerales tuvieron un origen aristocrático,
matizado por la burguesía toda vez que esta clase accediera al poder político,
intentándose asegurar en una Cámara Alta o Senado –no elegido por el voto
popular directo generalmente-, un muro de contención frente a las decisiones
que pudieran tomar los representantes de la cámara popularmente legitimada, la
Cámara Baja o de diputados. Una vez más se aseguraba que no fuera el pueblo
quien decidiera sus propios asuntos. Sin
embargo el constitucionalismo venezolano actual rompe radicalmente con estos
supuestos y configura la creación se un órgano unicameral, permitiendo la
representación poblacional y territorial. Además que se adecua a las nuevas
condiciones que exige la realidad venezolana, con el proceso revolucionario que
se lleva a cabo actualmente. Entre
algunas de las funciones que tiene atribuida la Asamblea Nacional están la de
legislar en materia de competencia nacional, proponer enmiendas y reformas a la
Constitución, ejercer funciones de control sobre el Gobierno y la Administración
Pública Nacional. Otras funciones son la de organizar y promover la participación
ciudadana en los asuntos de su competencia y aprobar las líneas generales del
plan de desarrollo económico social de la nación. El
Presidente de la República, asistido por un vicepresidente ejecutivo
designado por él, los ministros y otros funcionarios que determinen la
Constitución y las leyes, son los encargados de ejercer el Poder Ejecutivo. Es
el Presidente de la República, a la vez, Jefe de Estado y del Ejecutivo
nacional (Gobierno). Su actuación esta sujeta a la consideración de
correctivos parlamentarios, pues el órgano legislativo tiene potestades de
controlar su acción, como ocurre en el caso de la habilitación para dictar
decretos con fuerza de ley, que solo lo autoriza la Asamblea Nacional. El
mandato por el cual se elige al presidente de la república expira a los seis años,
siendo posible solo su reelección por un nuevo período de igual tiempo. Es
novedosa esta cuestión si se tiene en cuenta que durante la vigencia de la
anterior Constitución, promulgada en 1961, no se permitía la reelección
inmediata, sino luego de trascurrido dos períodos constitucionales de cinco años. El
Presidente de la República es responsable de sus actos y del cumplimiento de
las obligaciones inherentes a su cargo. Esta especialmente obligado a procurar
la garantía de los derechos y libertades de los venezolanos, así como la
independencia, la integridad, la soberanía del territorio y la defensa de la
República (artículo232). Otra
de las innovaciones en las estructuras del poder ejecutivo, es la creación del
cargo de Presidente Ejecutivo, como colaborador directo e inmediato del
Presidente de la República, aspecto que no altera el carácter de
presidencialista del sistema de gobierno venezolano. La inclusión de esta
institución en la Constitución estuvo precedida por estudios que se realizaron
en torno a introducir la figura de un Primer Ministro y, de este modo, reducir
el presidencialismo predominante y otorgarle mayor flexibilidad a la acción del
gobierno frente al Poder Legislativo, pretendiendo dotarlo de una especie de válvula
de seguridad que ayudara a superar las crisis políticas. Según los exponentes
de esta tesis, se crearía un régimen semi -presidencial, semejante al francés,
otorgando las ventajas del presidencialismo y el parlamentarismo. Otros
órganos que asisten o asesoran al Poder Ejecutivo son la Procuradoría General
de la República, en cuanto a la defensa y representación judicial y
extrajudicial de los intereses patrimoniales de la República, y el Consejo de
Estado, como órgano superior de consulta del Gobierno y la Administración Pública
Nacional, el que puede, además, recomendar políticas de interés nacional. Conforme
al artículo 253 de la Constitución, la potestad de administrar justicia (el
poder judicial) emana de los ciudadanos y se imparte en nombre de la República
por autoridad de la Ley. El sistema de justicia lo integran el Tribunal Supremo
Popular(compuesto por seis salas: Constitucional, Político Administrativa,
Electoral, de Casación Civil, de Casación Penal y de casación Social), los
demás tribunales que determine la ley, el Ministerio Público, la Defensoría Pública,
los órganos de investigación penal, los auxiliares y funcionarios de justicia,
el sistema penitenciario, los medios alternativos de justicia, los ciudadanos
que participan en la administración de justicia conforme a la ley y los
abogados autorizados para el ejercicio. De
acuerdo con el artículo 273 de la Carta Magna, el Poder Ciudadano es ejercido
por el Consejo Moral Republicano, integrado por el Defensor del Pueblo, el
Fiscal General de la República y el Contralor General de la República. El
Defensor del Pueblo, órgano similar al Ombudsman de origen escandinavo[4],
propuesto para reforzar la defensa y protección de los derechos y garantías
establecidos en la nueva Constitución, es otra de las novedades insertadas en
la misma. Debe velar por el efectivo respeto y garantía de los Derechos Humanos
consagrados constitucionalmente y en tratados internacionales, investigando de
oficio o a instancia de parte las denuncias que lleguen a su conocimiento.
Puede interponer acciones de inconstitucionalidad, amparo, habeas corpus, habeas
data, y las demás acciones y recursos necesarios para ejercer las mencionadas
atribuciones. El
Fiscal General de la República dirige al Ministerio Público y ejerce
directamente sus atribuciones con el auxilio de los funcionarios que determine
la ley. Debe, entre otras funciones, garantizar en los procesos judiciales el
respeto de los derechos y garantías constitucionales y ejercer, en nombre del
Estado, la acción penal en los casos que para intentarla o proseguirla no fuere
necesario instancia de parte, salvo las excepciones establecidas en la ley.
La Contraloría General de
la República debe efectuar el control, la vigilancia y la fiscalización de los
ingresos, gastos, y bienes públicos, así como las operaciones relativas a
estos. Además debe controlar la deuda pública, e inspeccionar y fiscalizar a
los órganos, entidades y personas jurídicas del sector público sometidas a su
control. Estos tres cargos
los designa la Asamblea Nacional para un período de 7 años, pudiendo ser
removidos por el propio órgano previo pronunciamiento del Tribunal Supremo de
Justicia, según lo establezca la ley. Aspecto novedoso en la
nueva Constitución de 1999 fue elevar, a rango constitucional, al órgano de
control electoral, el cual conforme a la Constitución de 1961, solo tenía
rango legal. En tal virtud se establece que el Poder Electoral se ejerce por el
Consejo Nacional Electoral como ente rector, y subordinados a este se encuentran
la Junta Electoral Nacional, la Comisión de Registro Civil y Electoral y la
Comisión de Participación Política y Financiamiento, con la organización
prevista en la ley orgánica respectiva. Entre sus funciones , definidas en el
artículo 293, esta reglamentar las leyes electorales, resolviendo las dudas y
vacíos que estas pudieran suscitar, declarar la nulidad total o parcial de las
elecciones; la organización, administración, dirección, y vigilancia de todos
los actos relativos a la elección de los cargos de representación popular de
los poderes públicos, así como de los referendos. Puede, incluso,
organizar las elecciones de los sindicatos, gremios profesionales, y
organizaciones con fines políticos en los términos que establezca la ley. La organización de los
Poderes Públicos Estadal y Municipal. En cuanto a la organización
del Poder Público Estadal, se reconoce la autonomía de la que gozarán las
entidades estadales, partiendo de la estructuración descentralizada de las
entidades políticas. De este modo los Estados tienen personalidad jurídica
plena, quedando obligados a mantener la independencia, soberanía e integridad
nacional y a cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes de la República. El gobierno y la
administración de cada estado corresponden al gobernador, quien ejercerá el
Poder Ejecutivo Estadal. Se elige para un período de cuatro años por mayoría
relativa de las personas que concurren a votar, y puede ser reelegido de
inmediato y por una sola vez para un período adicional. Además, rinde cuenta
anual y públicamente, de su gestión ante al contralor del estado y presenta un
informe de la misma ante el Consejo de Planificación y Coordinación de Políticas
Públicas y el Consejo Legislativo. Precisamente es este último órgano el que
detenta la facultad de legislar sobre las materias de competencia estadal, entre
otras que le sean atribuidas por la Constitución y las leyes, siendo una suerte
de Poder Legislativo a este nivel político-administrativo. Estará integrado
por un número no mayor de quince ni menor de siete legisladores estadales,
quienes se elegirán para un período de cuatro años, pudiendo ser reelectos
por dos períodos consecutivos como máximo. Además, cada Estado tendrá
su propia contraloría, autónoma y orgánica, que ejercerá el control, la
vigilancia y la fiscalización de los ingresos, gastos y bienes estadales, sin
menoscabo del alcance de las funciones de la Contraloría General de la República. En lo relativo a los
municipios, estos contarán con una estructura organizacional similar a la de
los Estados, ejerciendo el gobierno y la administración un alcalde. Este será
elegido para un período de cuatro años por la mayoría de las personas que
acudan a las elecciones, y podrá ser reelegido y de inmediato y por una sola
ocasión para un nuevo período. La función legislativa municipal corresponde
al Concejo, integrado por concejales electos en las condiciones de elegibilidad
que establezca la ley. También los municipios contarán con un Consejo Local de
Planificación Pública, presidido por el alcalde e integrado por los
concejales, los presidentes de Juntas Parroquiales y los representantes de
organizaciones vecinales y otras. La Contraloría Municipal
ejecuta las funciones en este nivel local, sin menoscabar el alcance de las
funciones de la Contraloría General de la República. Las organizaciones políticas
como protagonistas del sistema político venezolano. Otro de los elementos que
inciden el sistema político venezolano con un rol protagónico, lo constituyen
las organizaciones con fines políticos, del cual son un fiel exponente los
partidos políticos. Se amparan constitucionalmente en el artículo 67
–que reconoce el derecho fundamental de todos los ciudadanos a asociarse con
estos fines mediante métodos democráticos de organización, funcionamiento y
dirección-. Su legitimación se encuentra en la formulación de un nuevo Estado
sustentado, en un modelo de democracia representativa que reconoce las formas y
vías de participación política del pueblo, entre las que, por supuesto, están
las que aseguran su intervención en los asuntos públicos mediante este tipo de
organizaciones. El nuevo texto
constitucional desterró la denominación de partidos políticos que aparecía
en su antecesor de 1961[5],
reemplazándola por el de asociaciones políticas, propiciando y asegurando con
ello un amplio espacio de acción a las organizaciones políticas, que ya no se
reduce al estrecho margen en el que operaban los partidos. El pasado inmediato
de la historia venezolana podrá explicar como la causa esencial de que no
conste el término ¨ partidos políticos ¨, se debe al enorme rechazo que
estos provocaron en la opinión pública nacional, derivado de los abusos
que cometieron durante el período puntofijista. La consagración
constitucional de las asociaciones políticas se hizo garantizando la aplicación
de los principios democráticos en la constitución, organización,
funcionamiento e igualdad ante la ley, dado el interés público que realizan
las mismas. Además se establecieron, importantes limitaciones a la conformación
de cúpulas partidistas, a la estructuración vertical de las organizaciones políticas,
así como se previó el control del financiamiento de estas fijándose los límites
de gastos en las campañas electorales. Para ello se implementaron los
mecanismos de control que garantizaran la licitud de las contribuciones y el
manejo pulcro de las mismas. Entre lasa organizaciones
políticas que mayor protagonismo político y significación tienen en la
actualidad se pueden mencionar: ·
Movimiento V República (MVR) Por
su composición se asemeja más a un gran movimiento social con grandes
diferencias entre sus miembros, que a un partido político clásico. Su membresía
y los fundamentos de su cuerpo ideológico son heredados del Movimiento
Bolivariano Revolucionario (MBR- 200). Las bases de su doctrina se encuentran
principalmente en el llamado ¨ árbol de las tres raíces ¨, en referencia a l
pensamiento de Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora, quienes se
pronunciaron por la lucha anticolonial, el potenciamiento de las libertades y la
reivindicación de un destino propio sin injerencia externa. Se cataloga de
humanista, revolucionario y bolivariano, enarbolando una nueva concepción del
hombre y articulando una doctrina depositaria de los procesos revolucionarios
latinoamericanos. El 19 de abril de 1997 el MBR 200 en asamblea se reestructuró
y creó el nuevo movimiento para poder presentarse a elecciones, cambiando de
nombre ante la prohibición legal de que los nombres de los partidos no
incluyeran símbolos patrios. Se redefinieron así sus objetivos, lo que atrajo
a numerosos militantes de la izquierda revolucionaria. De este modo, se
conformó el MVR con la misión de cohesionar y expandir su estructura
organizacional, así como estimular un proceso similar en los demás factores
sociales y políticos de los que entonces constituía una alianza con otros
partidos, el Polo Patriótico. Se buscaba acumular el grado necesario y
suficiente de poder político, social y moral, mediante el control de las
instancias del poder estatal y por la vía de la convocatoria y realización
exitosa de una Asamblea Constituyente, organizar, desencadenar, y dirigir la
instauración de la nueva República Bolivariana de Venezuela, la V República[6]. Es
de significar que en el momento de su fundación y durante varios años se
trataba de un conglomerado de personajes e ideologías que giraban en torno a
dos ejes, el liderazgo de Hugo Chávez, y la imagen antisistema por excelencia
que irradiaba el partido. Es de resaltar, que las masas populares, aunque
responden frecuentemente a las acciones impulsadas por el Movimiento V República,
no forman parte propiamente de este, de lo que se infiere que más que un
partido de masas, es un partido de cuadros. En
sus orígenes lo integraban tres grupos bien diferenciados: el primero, un
relevante sector de militantes provenientes de la izquierda sindicalista,
exguerrilleros, antiguos miembros de la Unión Revolucionaria Democrática (URD),
activistas de otras opciones de izquierda, en especial la Causa R, e
intelectuales y académicos progresistas; el segundo, un ambiguo grupo menos
numerosos de exadecos y excopeyanos y otras personas que habían estado cercanos
al poder convertidos a la causa Chávez; y un tercer grupo formado por los
militares, compuesto por el sector más conservador del chavismo, hasta la
izquierda del ejercito, pasando por un grupo liberal que podría catalogarse de
generacionista. En
la medida que el partido se identificó con las necesidades del país, y se
afirmó en una verdadera línea de progreso, los elementos más conservadores
abandonaron las filas de la organización. Tras las elecciones de los órganos
de poder, previstas para el 2000, se produjo la división del chavismo. Un
nutrido grupo de militares y el sector dudoso y ambiguo, abandonaron el MVR y se
pasaron a las filas de partidos menores como es el caso de La causa R. ·
Patria para todos (PPT). Surgió
en 1997 como resultado de una escisión de L Causa R. Su plataforma ideológica
actual gira en torno a tres posiciones: el nacionalismo -de donde toma su
nombre- que parte de la necesidad de defensa de la soberanía en un mundo cada
vez más globalizado, el antineoliberalismo y la lucha por una democracia
verdaderamente representativa. En las elecciones legislativas de 1998 recibió
muy poco apoyo por lo efectivos electorales al solo obtener 4,45 de los votos.
Sin embargo, algunos de sus cuadros, como el caso de Aristóbulo Istúriz
-popular alcalde de Caracas a principios de los años noventa y en estos
momentos Ministro de Educación- y Alí Rodríguez – quien se desempeño como
Ministro de energía y Minas en el ejecutivo de Chávez, que actualmente
es el Presidente de PDVSA-, son de reconocida competencia dentro de la sociedad
venezolana y de los que, en mayor medida han colaborado con el gobierno
bolivariano. ·
Partido Comunista Venezolano (PCV) Nace
en la clandestinidad en 1931, conformado inicialmente por los estudiantes de la
Universidad Central de Venezuela, quienes en 1928 habían protagonizado un
levantamiento contra la dictadura de Gómez. A
los cuatro años fue reconocido por la Internacional Comunista, siendo a partir
de ese momento que comienza a ejercer firme oposición ante los gobiernos
autoritarios que se sucedieron, encontrando una fuerte resistencia por parte de
Acción Democrática, contradicciones que se agudizaron a partir de la firma del
Pacto de Punto Fijo, donde el PCV resultó marginado de toda posibilidad de
integrar el nuevo gabinete electo, quedando desplazado y aislado de forma
violenta de toda representación en el poder político. A partir de 1959, el
Comité Central del PCV aprobó la tesis conocida como viraje, que pretendía
agrupar las fuerzas cívico-militares para enfrentar la reacción. En 1961
aparecieron las nuevas guerrillas que se extendieron hasta 1965. En 1967
el Comité Central del PCV renunció definitivamente a la lucha armada y decide
presentarse a las elecciones venideras. ·
Acción Democrática (AD) Se
fundó en 1941 por Rómulo Betancourt y Rómulo Gallegos,
constituyendo la más importante fuerza de la IV República. Se ubicó, desde un
principio, en la órbita de la socialdemocracia latinoamericana, definiéndose
como partidarios del cambio social a favor de los trabajadores, la democracia
electoral y el nacionalismo continental. Desde su surgimiento contó con
el apoyo creciente popular por erigirse representante de los ideales de libertad
y democracia aspirados por el pueblo. Se mostró como la principal acción
electoral en las elecciones a la Constituyente de 1946, repitiendo la victoria
en los comicios presidenciales de 1947 y 1958. A partir de este momento, su línea
anticomunista se fortalece, lo que fue considerado por las masas como una traición,
trayendo como consecuencia directa divisiones en el seno del partido. La primera
de ellas ocurrió en 1960, en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR)
formado por la juventud más a la izquierda de Acción Democrática (AD),
y de algunos cuadros de dirección que terminarían acogiéndose a la lucha
armada. En 1962 se conformaría Acción Democrática de Oposición y, cinco años
después, los progresistas que quedaban en AD fundarían el Movimiento Electoral
del Pueblo, como la tercera y cuantitativamente más importante división
producida en las filas de la socialdemocracia. Durante los años subsiguientes,
la AD, de una organización de masas, se transformó en un partido electoral
desideologizado buscando aferrarse a posiciones centroizquierdistas después de
derrotar a sus rivales más progresistas. ·
Partido Social Cristiano (COPEI) La
Unión Nacional de Estudiantes, formada en 1936, dio origen al Comité de
Organización Política Electoral Independiente (COPEI) en 1946, encabezado por
Rafael Caldera. Más adelante este se dio a conocer como Partido Social
Cristiano COPEI. Durante la dictadura perezjimenista fue el único partido que
no fue ilegalizado. Con estrechos vínculos desde sus inicios con la Iglesia Católica,
tomó fuerza entre los sectores cristianos. La ideología demócrata-cristiana
de COPEI, llamada renovadora e la década del cincuenta y el sesenta, se
fundamentó primeramente en varios elementos procedentes del pensamiento católico,
a saber: la afirmación de lo espiritual en el hombre en cuanto reconocimiento
de su aspiración a un destino mejor; el respeto a la dignidad humana por encima
de cualquier decisión política; la preeminencia del bien común, entendido
como la constitución de un ordenamiento sociopolítico armónico, donde la
población pueda disfrutar de los beneficios de orden social; y la
perfectibilidad de la sociedad civil, pensada como la capacidad del hombre para
intervenir en la realidad y transformarla. La ideología copeyana en el ámbito
social concede importancia a un mayor énfasis en la cooperación que en el
conflicto, a una mayor valoración del trabajo que del capital, y a la
defensa de la propiedad privada como directamente emanada del derecho natural,
pero con una función social que el Estado debe garantizar interviniendo ante
las injusticias que sus excesos puedan crear. Después de 1958 COPEI se mantuvo
siendo el partido político establecido de total confianza de la derecha
venezolana. Si
bien los demócratas-cristianos acumularon siempre el voto de la centroderecha,
sus tendencias en determinados momentos se movieron hacia la derecha, y mientras
la sociedad venezolana se modernizaba y enrumbaba hacia el bipartidismo, la opción
COPEI alcanzaba variados apoyos hasta que, en la década del setenta, sufrió un
natural traslado hacia los votantes de derecha y extrema derecha. ·
Movimiento al Socialismo (MAS). Esta
organización se conformó como opción política en 1971 agrupando al sector
reformista del PCV, que proclamaba un comunismo de nuevo tipo. Ingresaron al
mismo viejos exguerrilleros, la casi totalidad de la juventud y una considerable
cifra de los líderes comunistas. Dentro de sus concepciones se manifestaban las
diferencias con el PCV, las que estribaban en la distinta comprensión de la
realidad internacional, en el carácter de la revolución nacional, en la manera
de percibir los problemas del país, en la política de oposición que debía
hacérsele al gobierno y las reformas para la construcción de una sociedad
socialista en Venezuela. El MAS concibió un programa ampliamente socialista,
encaminado a la búsqueda de la democracia con contenido socialista, sobre la
base de una crítica a la democracia formal, y a la reivindicación de la idea
de libertad, en oposición a su esencia en el llamado socialismo real. La
participación del MAS en el gobierno de Rafael Caldera en el período
comprendido entre 1993 y 1998, hizo que el mismo haya sido considerado como un
partido del sistema. Durante ese lapso cambió su orientación al pasar de las
posiciones del socialismo no comunista, a defender políticas neoliberales,
trayendo consigo la división entre sus cuadros de dirección y los votantes,
situación que quedó fehacientemente demostrada en las elecciones
presidenciales de 1998, cuando un por ciento de su membresía conllevó al MAS a
impulsar la propuesta de Hugo Chávez. Actualmente las tendencias de izquierda y
de derecha se manifiestan con fuerza dentro de la composición del partido, el
que ha transitado a una oposición radical ante el gobierno. ·
Convergencia Nacional (Convergencia) La
escisión que se produjo en el seno de COPEI y que dio lugar a la formación de
esta nueva organización política, sucedió en 1983, cuando muchos militantes
demócratas-cristianos decidieron formar su propio partido, ante la derrota
electoral sufrida por su candidato Rafael Caldera, en las presidenciales de ese
año. Lo que después constituyó una alianza de 16 organizaciones políticas
para apoyar a Caldera en las elecciones de 1993, incluyendo al MAS y al PCV,
culminó siendo un partido político de minoría, formado por viejos dirigentes
copeyanos bajo la dirección del propio Caldera. Surgido en medio de una
coyuntura circunstancial que al quedar rebasada, puede dejar sin cimientos
proyectivos a sus promotores -léase cuadros disidentes y líderes de
organizaciones preestablecidas-. A juicio de algunos analistas su destino
final pudiera ser su paulatina disolución, o la vuelta o reincorporación a las
organizaciones políticas de permanencia. ·
La causa Radical (La causa R) Surgida
más como movimiento social que como movimiento político en el más corriente
sentido de la palabra , dirigida contra el sistema bipartidista y fundada,
principalmente, por intelectuales que habían abandonado el PCV ante el fracaso
de la opción subversiva, inicialmente proponía un comunismo que emanara de las
masas y actuaba en espacios limitados suburbanos e industriales, teniendo como
objetivo la reconstrucción de la avanzada revolucionaria en Venezuela, luego
del fracaso de la lucha armada y de las restricciones demostradas por las
inflexibilidades de los partidos de corte leninista. Para las elecciones de
1998, la Causa R se había debilitado perdiendo impulso y apoyo social, pero en
los últimos tiempos ha emprendido una ligera oposición al gobierno de Chávez,
procurando la aproximación de determinados personajes dentro de la sociedad
para que estos atraigan votos , amén de que estén identificados o no con las
bases ideológicas del partido. La Causa R, se ha mantenido sobreviviendo de un
determinado números de votos antichavistas, pronosticándose que, en lo
sucesivo, tienda a desaparecer de la palestra de la izquierda venezolana. En
este orden también se destacan otras organizaciones políticas pequeñas como:
Podemos, vamos, Fuerza Liberal, Resistencia Civil, Voluntad Independiente de
Anzoátegui, Utopía, Solidaridad, bandera Roja, Primero Justicia entre otras. Expresamente
el artículo 67 de la Constitución prohíbe el financiamiento de las
organizaciones políticas con fondos provenientes del Estado. De este modo, se
cambió radicalmente el régimen de sostenimiento a los partidos políticos
previsto en la Ley Orgánica del Sufragio y Participación Política. Esta vieja
fórmula, resultado del puntofijismo, se argumentó con una pretendida intención
de evitar los desequilibrios que podría generar el financiamiento
exclusivamente privado, así como un eventual financiamiento público directo,
que solo beneficiara a los partidos de gobierno. En el fondo manipuló las
malversaciones de lo fondos públicos, ocurridas durante toda esta etapa por los
inescrupulosos oligarcas que controlaban el poder político. Otras
organizaciones sociales que intervienen en el sistema político venezolano. Junto
a las organizaciones políticas, otras de carácter social intervienen
activamente en el sistema político venezolano. Entre ellas se pueden mencionar
a los sindicatos, a los gremios profesionales y empresariales, las
organizaciones estudiantiles, de genero (feministas), ecológicas. Las mismas
constituyen en la actualidad verdaderos grupos de interés (o de presión, como
también se le conoce) en la escena política venezolana. Las
organizaciones sociales van a pretender influir, desde fuera, sobre el poder público
sin plantearse llegar a conquistarlo, caracterizándose, además, por la
ausencia de un programa ideológico global que supere sus interese sectoriales.
Estas no tienen fines especifica o únicamente políticos, pero siempre estará
presente cierto sentido o perspectiva política. Como bien señala el profesor
Fernández Bulté, puede ser que sus objetivos políticos sean directos,
inmediatos, declarados, enfáticos y visibles, como puede ocurrir en el caso de
los sindicatos; sin embargo, en otras organizaciones los fines políticos pueden
desdibujarse un poco y pueden aparecer disueltos[7].
No obstante, siempre que tengan el propósito de intervenir de alguna manera en
la toma de decisiones políticas o de influir en la adopción de las mismas, se
pueden considerar piezas claves dentro del sistema político de cualquier
sociedad. En
el caso de Venezuela, entre las organizaciones sindicales se hallan la Central
de Trabajadores de Venezuela (CTV), la Fuerza Bolivariana de Trabajadores (FBT),
y la Unión Nacional de Trabajadores (UNETE). Como organizaciones empresariales
se destacan: la Federación de Cámaras de Comercio (FEDECAMARAS), órgano
vocero de los sectores propietarios de la sociedad venezolana opositora al
proceso revolucionario encabezado por el Presidente Chávez. Otras
organizaciones importantes lo constituyen Clase Media en Positivo,
asociación civil que aglutina a este sector que se encuentra a favor del
proceso revolucionario y Patria Joven. Principales
características del sistema político venezolano. Comprender
con un mejor alcance los caracteres que identifican el sistema político
venezolano actual, impone la ineludible exigencia de efectuar un breve
acercamiento a su antecedente inmediato, el puntofijismo. Consolidado
sobre la base del denominado Pacto de Punto Fijo[8],
este modelo, que se extendió entre 1958 y 1998, significó el ejercicio de prácticas
del juego político entre los entonces actores del sistema político venezolano.
Se instauró de ese modo, lo que sería denominado un sistema populista de
conciliación de élites, donde la negociación y la acomodación de los
intereses de los sectores minoritarios, pero poderosos con capacidad para vetar
y desaprobar las decisiones fundamentales de la escena política o la
posibilidad de amenazar la estabilidad del sistema, condicionaron el
establecimiento de una democracia representativa. El
bipartidismo atenuado, resultado directo del mencionado Pacto, y que se acentuó
a partir de las elecciones presidenciales de 1973 entre los socialdemócratas de
AD y los socialcristianos del COPEI -institucionalizados[9]
y articulados de forma tal en aquel escenario político, como para mantenerse en
todo momento prácticamente alejados de toda confrontación y polarización
ideológica- generó, por ende, un compromiso de las cúpulas partidistas en la
solución concensuada de los conflictos. Este período se caracterizó, además,
por el presidencialismo, el caudillismo, y el personalismo; la malversación de
los fondos públicos; el clientelismo político; la monopolización de la
producción, concentrándose eminentemente en el petróleo; así como la
constante represión y persecución de los movimientos obreros, campesinos y
estudiantiles. La fórmula puntofijista provocó un entronizado elitismo (cogollocracia),
que alejó cada vez más a las masas de la participación en la toma de
decisiones, sentándose las bases para una partidocracia, cuyo único límite
fue el consenso de las organizaciones implicadas en dicho pacto. Durante su
vigencia no se ejerció oposición real por el partido contrario ante la
expectativa de ser bien tratado y, a sabiendas, de sus posibilidades de acceder
al poder a corto o mediano plazo. De
este modo ocurrió una extrema monopolización de la vida política por los
partidos, constriñéndose estos a la sociedad civil, al centrarse en interés
políticos electorales, perdiendo su arraigo popular, su atractivo ideológico y
su capacidad para satisfacer las necesidades sociales. Aparejado
a todo este fenómeno, la corrupción administrativa involucraba frecuentemente
a los miembros de los partidos, acentuando su descrédito ante los ojos del
pueblo. De este modo el poder oligárquico de los partidos políticos pervirtió
su papel de intermediario entre las masas y el Estado, perdiendo la legitimidad
y confianza ciudadana. A
su vez, el presidencialismo, el caudillismo, y el personalismo dentro del
sistema provocó que los líderes (caudillos) fueran los dirigentes políticos
que afirmaban su poder al interior de los partidos. Con ello se eliminó todo
disenso y se construyó maquinarias bien estructuradas de militantes ligados por
la fidelidad a toda prueba, a quienes se recompensaba con cargos políticos o
favores de otra naturaleza, compensaciones que obtenían los militantes leales
y de consecuente militancia en los partidos, concibiéndose un clientelismo político
sin paralelos en la historia venezolana. Se convirtió al estado en un gran
empleador de labores innecesarias, por cuanto los partidos ofrecían prebendas a
sus militantes como mecanismo de distribución de la riqueza pública. Fue así
como las políticas económicas y sociales alimentaban una clientela partidista
y electoral, que creó una forma de dependencia permanente entre el centro de
poder y la clientela. Incluso
la corrupción, la malversación de fondos públicos, la impunidad legal, la
ineficiencia y partidización infestó al sistema judicial venezolano,
resquebrajando la credibilidad de los venezolanos en sus instituciones, lo cual
aceleró un clima de irrespeto por las normas jurídicas que sustentaban la
sociedad. La
dependencia exclusiva del petróleo significó sostener el sistema en sus tres
pilares fundamentales, a saber: la renta petrolera, las cada vez más crecientes
expectativas sociales de solución de las dificultades que enfrentaban y el
aseguramiento de la representación y la legitimidad del sistema. Sin embargo,
esta economía sustentada en el modelo petrolero-además del control de precios
y los subsidios –encubría un proceso inflacionario que irrumpiría,
posteriormente, en la escena económica; además, la concepción equivocada de
los planes de desarrollo condujeron al incremento del endeudamiento público y
crearon una crisis financiera, fiscal, y socioeconómica sin precedentes[10]. El
modelo establecido de democracia representativa[11] se caracterizó por la
restringida participación popular en la toma de decisiones políticas mediante
la expresión del sufragio cuando se celebraran los comicios electorales, forjándose
un sistema político elitista y excluyente que mar ginó a la gran mayoría de
los ciudadanos. Las principales decisiones las adoptaban las élites gobernantes
y estos tenían asegurado sus intereses frente a los intereses generales. Es
en este entorno donde se articularon, como factores reales de poder, los
partidos políticos tradicionales, los grupos económicos y de presión, los
medios de comunicación, la Iglesia Católica, las Fuerzas Armadas e, incluso,
las individualidades poderosas de la sociedad venezolana, que garantizaron que
no serían afectados sus intereses por la regla de la mayoría en la formulación
de políticas públicas. Ante
la situación de decadencia del viejo sistema se planteó, como alternativa política,
la salida jurídica de la misma mediante una reforma general de la Constitución
vigente, basada en la falta de salidas institucionales ante la crisis de
representatividad de los partidos tradicionales. A esto se añadió el
agotamiento del modelo rentista y el debilitamiento de los órganos estatales,
todo lo que de conjunto erosionó con fuerza la legitimidad de las bases del
sistema. Se estaba en presencia sin dudas, del último intento desde dentro del
sistema de salvar las bases y pilares en los cuales se erigió durante casi
treinta años, denotando cuanto este había sido capaz de devorarse como
propuesta seria de construcción social. Sin embargo, el fracaso de dicho
intento, marcado por el ascenso al poder de la alternativa presentada por Hugo
Chávez, al pueblo, permitió que este accediera verdaderamente a un ejercicio
de su poder soberano, convocando una Asamblea Nacional Constituyente, que por
primera vez descansó en la legitimidad de la soberanía popular. Con
la aprobación y promulgación del nuevo texto constitucional, en diciembre de
1999, comenzaron a sentarse en Venezuela las bases de una democracia
participativa y protagónica –una democracia ¨ no excluyente ¨ sino ¨
incluyente-¨, que permite el acceso al pueblo a la adopción de las
decisiones políticas de la sociedad. El establecimiento de nuevos instrumentos
que viabilizan al efecto tal posibilidad[12],
y permiten al pueblo participar en la formación, ejecución y control de la
gestión pública, como vía que garantiza el completo desarrollo individual y
colectivo. Esto significa, sin dudas, el aporte más trascendental dentro del
sistema político venezolano actual, dado por el nuevo texto constitucional. El
nuevo sistema político se erige, además, en los pilares del nacionalismo
–como expresión de la defensa de la soberanía frente a la globalización y
la implementación de políticas neoliberales en nuestro continente-, en el
rescate del ideario y el pensamiento de Simón Bolívar, de Ezequiel Zamora y de
Simón Rodríguez y en la constante búsqueda de una sociedad humanista ,
bolivariana, revolucionaria, en la cual el hombre es el eje central de
transformación y desarrollo, con un sistema de gobierno que promueva los
valores de igualdad, justicia, libertad, fraternidad, solidaridad y la garantía
de los Derechos Humanos. En
esta nueva concepción se le reconoce al Estado un prioritario papel en el
enfrentamiento de los males que aquejan a la sociedad venezolana mediante políticas
públicas equitativas y con una inversión social adecuada. Este sistema político,
económico y social coloca al hombre como centro de atención y de su razón de
ser, posibilitando la satisfacción de las necesidades vitales para el pueblo,
en correspondencia con sus capacidades y esfuerzos, y permitiéndole condiciones
de vida dignas. La
política social del Estado debe tener como objetivo, entonces, la inclusión
real y efectiva de toda la población, lo que significa que se deben diseñar
políticas públicas encaminadas a potenciar el acceso a los bienes primarios y
básicos como la salud, la educación, el trabajo y la seguridad social, entre
otros. Debe
ser, como el aparato público, un ente rector, promotor y estimulador de
relaciones de cooperación entre los diferentes factores sociales y económicos,
en defensa de la gran mayoría, para impedir que estos sean tragados por las
minorías. Se
plantea de este modo, un proyecto de país, marcado por importantes retos y
compromisos con las esperanzas absolutas y fundadas en que el proceso
revolucionario devolverá a la nación una próspera abundancia y bienestar
individual y colectivo, dirigido a consolidar una verdadera igualdad, una
razonable eficiencia de las instituciones públicas, la transparencia democrática
de los poderes y las organizaciones políticas y sociales, así como la
responsabilidad del Estado en la integración social y económica. [1] López Contreras, a pesar de ser electo para la etapa de 1936 hasta 1943, solicitó que se modificara la Constitución para acortar el período a cinco años, es decir hasta 1941. Además presentó un programa de gobierno reorientado hacia la reorientación de la sociedad, autorizando la libertad de expresión, la existencia de partidos y sindicatos, el derecho a la huelga. En cuanto a Medina Angarita, durante su mandato se modificó nuevamente la Constitución, permitiéndose la creación de partidos denominados ¨ revolucionarios ¨ -se legalizó el Partido Comunista de Venezuela (PCV), y se creó Acción Democrática (AD)-, se estableció el sufragio universal y directo para los diputados –aunque todavía no para la presidencia-, así como que se le otorgó por primera vez el derecho a las mujeres para elegir y ser electas concejales. [2] El primero de estos golpes, ocurrido en octubre de 1945, derrocó a Medina Angarita e instauró una Junta Revolucionaria de Gobierno, presidida por Rómulo Betancourt, que convocó a elecciones para un nuevo Congreso que se realizaron en 1946, condicionando que en 1947 fuera elegido Rómulo Gallego como Presidente. Este último, a su vez, fue depuesto por otro golpe de Estado, encabezado por una Junta Militar en 1948, que acusaba al gobierno de incapaz para la solución de los problemas y a Acción Democrática (AD) de ser un partido sectario. [3] El Poder Ciudadano se inspira, en parte, en el Poder Moral, propuesto por Simón Bolívar en su Proyecto de Constitución, presentado en el Congreso de Angostura el 15 de febrero de 1819. Asimismo, el Poder Electoral se encuentra inspirado en el Proyecto de Constitución que El Libertador redactó para Bolivia en 1826. [4] Institución surgida en Suecia en 1809, que controla la arbitrariedad de los poderes públicos. Es una magistratura personal e independiente, nombrada generalmente por los órganos parlamentarios para controlar la correcta implementación de las leyes y para defender los derechos fundamentales de los ciudadanos en correspondencia con la administración. Su papel es el de disuadir y supervisar, por lo que no acarrea consecuencias jurídicas y se traduce en la denuncia pública, a través de informes anuales sobre la inactividad y abuso administrativo, luego sus decisiones carecen de carácter vinculante. Esta figura se encuentra actualmente muy difundida en los ordenamientos constitucionales del resto del Mundo. [5] La Constitución de 1961 en su artículo 114 reconoce el derecho de los ciudadanos de asociarse en los partidos políticos. 6.,Vid.,
Núñez Tenorio, J. R.: ¨ Hacia la V República: la democracia patriótica ¨,
en Cuadernos Bolivarianos. Materiales para el estudio No 1; Caracas,
2001; pp. 17-22. [7] Vid. Fernández Bulté, Julio; ¨ El sistema político de la sociedad ¨, en Matilla Correa, A., comp : Introducción al estudio del Derecho; (A. Matilla Correa, comp.), Ed. Felix Varela, La Habana, Cuba 2002, p. 22. [8] Firmado el 31 de octubre de 1958 entre AD, COPEI y URD, quedando excluido el PCV, que permitió un acuerdo de gobernabilidad entre las anteriores fuerzas políticas, posterior al derrocamiento de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez en 1958, intentando consolidarse las mismas en el poder. Sus elementos claves fueron el respeto a los resultados electorales, cualquiera que estos fuesen; el compromiso de competir dentro de las reglas del juego democrático y no regresar al fanático conflicto interpartidista (1945- 1948); conformar gobiernos de coalición con representación de todas las fuerzas políticas (salvo los comunistas), garantizando la necesaria ¨ cohabitación ¨ para la gobernabilidad y la administración; la creación de una Comisión Interpartidista de Unidad encargada de fiscalizar el cumplimiento del Pacto y la convicción de que la salida con éxito del autoritarismo solo podía consolidarse a través del reparto del poder entre los firmantes del acuerdo. De este modo, se pretendía asegurar un relativo balance de poder que debía evitar su excesiva concentración en manos de un solo partido político y de ciertas normas de convivencia democrática. El consenso se dio exclusivamente entre los partidos políticos, con el apoyo de la Iglesia y las Fuerzas Armadas, pero la participación de otros sectores sociales, imprescindible para la consecución de un verdadero consenso político, fue mínima. [9] Enfoque politológico orientado al estudio de la estructura y el funcionamiento de las organizaciones públicas, y que reconoce explícitamente el protagonismo del aparato estatal durante el proceso de toma de decisiones. Se enfrenta al conductismo por entender, a diferencia de este, que las instituciones no son simples arenas neutrales donde convergen las presiones de los distintos actores, ni que las políticas públicas dependen exclusivamente de la interacción política entre intereses e ideologías. En consecuencia, para los autores institucionalistas, el objeto de la disciplina no debería reducirse al comportamiento político, ni a quienes articulan este como partidos o grupos de interés, sino incluir al estado como tal. [10] Al final de la década de los ochenta, la implementación de las políticas neoliberales, iniciada por el entonces presidente Carlos A. Pérez, con el anuncio y puesta en marcha de un severo Programa de ajuste Económico –conocido como la política del Gran Viraje-, provocaron entre el 28 y 29 de febrero de 1989 el estallido social violento sin precedentes en Venezuela, y en las que ocurrió el saqueo y destrucción de los comercios ante el aumento de los precios del combustible y el acaparamiento que muchos comerciantes realizaron a la espera de la liberación de los precios anunciada por el gobierno, lo que se conoció por el ¨ Caracazo ¨, y en el que perdieron la vida más de mil personas. Este terrible suceso inauguró lo que se hizo llamar el quinquenio más dramático de la historia venezolana, y al que siguieron las primeras elecciones directas para gobernadores y alcaldes, los pronunciamientos militares del 4 de febrero y el 27 de diciembre de 1992, el fracasado empeño de promover una reforma general de la Constitución en ese mismo año, y que terminó con la decisión de la Corte Suprema de Justicia, el 20 de mayo de 1993, de suspender de sus funciones al presidente para juzgarlo por cometer delitos de peculado y malversación de fondos públicos. También estuvo caracterizado este período por masacres en las barriadas populares, suspensión de las garantías constitucionales, establecimiento de toques de queda, manifestaciones populares en todo el país, persecuciones políticas, allanamientos, espionaje telefónico, detenciones ilegales, creando un clima de verdaderas restricciones políticas. [11] Para Heinz Dieterich, el mito de las representatividad descansa en el reconocimiento de que la soberanía política de la democracia radica en el pueblo, pero dado que la mayoría no la pueden ejercer directamente, la delegan mediante elecciones en los representantes, quienes constituirán los órganos estatales, por ende, todos los poderes que emanan directa o indirectamente de la soberanía popular son poderes legítimos. Vid.: Democracia participativa y protagonismo social, Alcaldía del Municipio Libertador, Caracas, Venezuela, 2001, p.31. [12] El artículo 70 establece que serán medios de participación y protagonismo del pueblo en ejercicio de su soberanía en lo político: la elección de cargos públicos, el referendo, la consulta popular, la revocación del mandato, las iniciativas legislativas, constitucional y constituyente, el cabildo y la asamblea de ciudadanos y ciudadanas. MSc.
Solnés Expósito Lic.
Karel L. Pachot
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