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Riesgos para la salud de la obesidad. Su tratamiento
Resumen La obesidad es el aumento del
peso corporal por exceso de lípidos. Su principal causa es exógena; es decir
por un incremento en la cantidad total de calorías ingeridas. Los pilares de su
tratamiento radican en dietas hipocalóricas y la realización de ejercicios físicos.
En este trabajo se abordan resumidamente los riesgos para la salud de esta
enfermedad crónica y la forma de combatirla.
Introducción Cuando
una persona come más de lo que necesita, el exceso de calorías se acumula en
forma de grasas (triglicéridos) en el tejido adiposo, principalmente debajo de
la piel y en el abdomen. Esto provoca un aumento del peso corporal y un abdomen
abultado, que independientemente de la alteración estética se considera una
enfermedad crónica. Esta patología, la obesidad, se caracteriza por un incremento del riesgo de la aterosclerosis (endurecimiento de las arterias), de las enfermedades cardiovasculares (primera causa de muerte), de la diabetes mellitus (azúcar en la sangre), de la hipertensión arterial, de los cálculos de las vías biliares, de la artrosis y de alteraciones ortopédicas, que comprometen seriamente la calidad de vida del paciente e incrementan sus probabilidades de muerte precoz. Por tanto, la prevención y la atención médica de esta dolencia, constituye un reto para los servicios de salud de todo el mundo, por su elevada prevalencia y enormes costos sociales y económicos. Una
manera sencilla de evaluar la obesidad es la determinación del índice de masa
corporal (IMC), calculado como el cociente del peso en Kg por la talla en metros
al cuadrado. Los sujetos normales presentan valores entre 18.5 y 24.9 Kg/m2.
Si el paciente está en el rango de 25-29.9 Kg/m2 se considera en
sobrepeso y por encima de 30 Kg/m2 como obeso. Si
la causa fundamental de la obesidad es exógena; es decir de origen dietético,
para bajar de peso se deberá aumentar el gasto de energía con una dieta
hipocalórica y el incremento de la actividad física. Síntesis
de triglicéridos en el tejido adiposo El exceso de calorías
ingeridas se convierte en triglicéridos (TG) en el tejido adiposo. Una fuente
de TG se aporta principalmente por los carbohidratos o glúcidos de la dieta,
que se transforman en grasas a través de intermediarios de la glucólisis.
También se pueden almacenar los ácidos grasos transportados en la sangre por
las lipoproteínas. Este es el fundamento de la restricción de estos
macronutrientes en la dieta de los pacientes que quieren bajar de peso. Dieta
hipocalórica Las dietas bajas en calorías deben contener pocas cantidades de nutrientes energéticos, en especial las grasas y los carbohidratos. No consuma alimentos fritos y reduzca marcadamente la ingesta de carbohidratos refinados como los pudines, los dulces en conserva, los helados, las natillas, etc. Aumente su consumo de vegetales y frutas frescas, que se consideran los alimentos más sanos porque aportan grandes cantidades de vitaminas, minerales y fibras dietéticas y escasas calorías. Las fibras de la dieta son los carbohidratos no absorbibles presentes en los vegetales que reducen los niveles de colesterol en la sangre y la aterosclerosis, aumentan el bolo fecal, disminuyen el estreñimiento y previenen la aparición del cáncer de colon. Ingiera
cantidades moderadas de carnes, con preferencia de pescado y de aves sin la
piel. Evite comer grasa de cerdo y manteca de coco, que son alimentos ricos en
ácidos grasos saturados, muy dañinos para la salud. Si es hipertenso no le
adicione sal de mesa a los alimentos. Trate
de dividir las comidas del día en pequeñas porciones para el desayuno, la
merienda, el almuerzo, la merienda y la comida o cena. De esta manera evitará
las molestas hipoglicemias (glucosa baja en sangre) y que el organismo se adapte
a un consumo menor de calorías y mayores dificultades para bajar de peso. Los
hábitos tóxicos deben eliminarse, especialmente el dañino hábito de fumar.
Reduce el consumo de café, que puede provocarte imsomnio (desvelo). Incremento
de la actividad física Las dietas reducidas en calorías deben acompañarse de un aumento de la actividad física y de los ejercicios. Al realizar ejercicios físicos se gastan las reservas de grasas almacenadas en el tejido adiposo y se baja de peso. El ejercicio también contribuye a una sensación de bienestar, aumenta la masa muscular, la elasticidad del tejido pulmonar y la capacidad cardiorrespiratoria, lo que permite una vida más longeva. En
la actualidad se recomiendan de 30 a 60 minutos diarios de ejercicios, todos los
días de la semana. Consideraciones
finales Estimado lector, si tienes algunas libras de más, piensa en los graves riesgos de la obesidad para tu salud. Por tanto, debes proponerte bajar de peso. No
pretendas reducir tu peso con facilidad. La obesidad es una enfermedad crónica,
cuya prevención o erradicación requiere de mucho esfuerzo y dedicación. El
tratamiento descansa en modificar estilos de vida con dietas saludables y
actividad física. No
te desanimes si no logras tus objetivos en un corto período de tiempo. Es
satisfactorio si bajas un 5-10 % de tu peso en un año, incluso si te mantienes
en el mismo peso. Por
último, si presentas alguna enfermedad asociada como la cardiopatía isquémica,
consulta con tu médico de familia. Bibliografía 1.
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AUTOR: Pedro Enrique Miguel Soca.
Profesor de Bioquímica. Facultad de Ciencias Médicas de Holguín.
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