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Jesus Cristo
El
Cristo hebreo, llamado comúnmente Jesús o Joshuá, nació aproximadamente en
el año 750 de Roma, cuando gobernaba el emperador Octavio Augusto. Fuentes históricas
y tradiciones bíblicas se cruzan de tal manera que se considera el nombre
asignado a Jesús para dividir a la historia humana en años antes de Cristo y
después de él, y así la era del Cristo hebreo pasó a ser la era común,
aplicable a todo el planeta. Las fuentes de la tradición oficial consideran la
vida de Jesús desde la visión de los cuatro evangelios admitidos como
verdaderos (Mateo, Lucas, Marcos y Juan), reconocidos como oficiales y válidos
por la doctrina cristiana en general. En dichas fuentes se encuentra en la
genealogía del Cristo hebreo el nombre del rey David, que engendró al sabio
rey Salomón, por el lado del padre, del simplemente llamado José, el cual se
casó con María, hija de Ana y Joaquín, que fue pastor. Pero las fuentes católica
y protestante se contradicen o desarrollan la historia general del Cristo hebreo
de acuerdo al punto de referencia del mismo o aspecto que destacan más. En ese
sentido, la católica destaca a María como a José, con una consideración
especial hacia María, al llamarla incluso “Madre de Dios”. Eso no sucede
con ciertas corrientes protestantes que condenan esa actitud, hablándose así
de idolatría, y con ello de desvirtuación de la esencia del mensaje monoteísta
“Adorarás sólo al Señor, tu Dios”. Tratando
de superar ese problema, vamos a desarrollar la vida y obra del Cristo hebreo
desde la misma perspectiva que se aplicó al caso del Buda Sidarta: en la medida
de lo racionalmente creíble y cómo se aportó al desarrollo y
perfeccionamiento de la humanidad. Dentro de la perspectiva podría estar la
versión de ciertos investigadores que hacen del Cristo nada menos que un rey
que, aunque no gobernó directamente, dejó sembrada su dinastía y sucesores
hasta la actualidad; pero creemos que no se trata de descubrir el secreto más
asombroso de todos los tiempos o algo por el estilo, pues lo que nos anima es
destacar y comprender el mensaje, a través de la vida y obra del Cristo hebreo,
dado que lo que al fin de cuentas queda e importa es el mensaje. La
tradición bíblica presenta el comienzo de la historia de Jesús con el
nacimiento en un pequeño pueblo llamado Belén o Belem, situado en Judea, cerca
de Samaria y Jerusalén. Hay coincidencia con el caso de Buda, respecto al
origen y carácter del nacimiento; esto es, la pretendida concepción por Dios
o la divinidad que germina en una mujer virgen para dar nacimiento a un vástago,
hijo de la tierra y del cielo. Mas si en el caso de Gautama, éste nació entre
riquezas y en la condición de príncipe, Cristo Jesús nació dentro de un
establo en la condición de hijo de carpintero e hijo de una hija de pastor. Otras
circunstancias extraordinarias acompañan al nacimiento de Jesús, así como el
de Gautama, con la llegada de ciertos reyes de Oriente para presentarle sus
saludos y reconocer su naturaleza de hijos de Dios o de la divinidad. Ahora
bien, en el caso de Cristo, la tradición nos habla de la huida a Egipto de la
familia bíblica, y la matanza de niños inocentes, decretada por Herodes,
llamado El Grande (en la actualidad tres días después de Navidad se celebra el
“día de los inocentes”), que temía perder su reinado de Judea al haberse
profetizado el nacimiento del rey de los judíos. Los evangelios no desarrollan
los tópicos de las etapas de la vida del Cristo de manera uniforme, pues un
hecho, como la huida a Egipto, no figura en todos los evangelios. Es por eso que
los evangelistas reconocidos por la doctrina cristiana en general nos dan
visiones fragmentadas de la historia de Jesús Cristo, más aún si hay un
silencio sepulcral en lo referente a la etapa de su vida juvenil y de
crecimiento intelectual, porque está presente la versión oficial de que creció
dedicado “a las labores de su padre”, el carpintero José, aunque en el
evangelio de Mateo, por ejemplo, se habla de la preparación de Jesús para la
vida pública, pero dicha preparación más se refiere a la obra de Juan,
llamado El Bautista, hijo de Isabel (pariente de María) y Zacarías. La imagen
de Juan Bautista se agiganta en su característica de “voz que clama en el
desierto”. Sin embargo, la imagen de Jesús crece mucho más, precisamente
gracias a la propaganda del mismo Juan, que eleva a Jesús a cumbres morales en
el cielo de Dios. Entonces, aun cuando la Biblia presenta a Juan sólo como el
precursor de Jesús, el Bautista dio el tributo más grande que pudo dar por el
mensaje de arrepentimiento y redención que predicaba: su vida. He ahí la
imagen de su cabeza llevada en una bandeja por Salomé, hacia la madre de ésta,
Herodías. Desde entonces consideramos que el Bautista tiene un lugar propio en
la historia de la especie, tanto como el mismo Jesús que, pese a la reducción
de la importancia de Juan por parte de la doctrina cristiana oficial, alabó o
destacó a Juan como uno de los más grandes hijos de Judea que se han visto
sobre la faz de la tierra. No
abundamos en detalles sobre la vida y obra de Cristo, pues de eso se encargan
los evangelios sinópticos antes citados, dada su aceptación general por la
sociedad en donde predomina el catolicismo de entre el cristianismo en general.
Más bien, a lo que vamos es a tratar de entender lo que pudo suceder en la vida
adolescente y juvenil de Jesús. La doctrina oficial al respecto prácticamente
calla, aunque se relata la imagen del Jesús niño que le dice a su madre, en un
templo, que estaba en “lo de su Padre”. Detengámonos en esa imagen de Jesús
a los doce años de edad señalados por la tradición. Dicha
imagen tiene relación con la excepcionalidad del niño Sidarta, en cuanto a
ejercer cierta capacidad de filosofar o pensar profundamente en cuestiones
complejas como el sentido de la vida, la identidad última de las personas, la
verdadera existencia de las cosas, etc. Eso ocurrió con Sidarta Gautama, y lo
mismo sucedió con Jesús Cristo, al haber sido hallado por sus padres en un
templo, conversando con un grupo de doctores de la ley judía, causando admiración
a éstos. Esta inusual escena de un niño dialogando o debatiendo con personas
adultas y enteradas, es lo que nos obliga a considerar el tema de la
excepcionalidad única de los supuestos Enviados por el Dios personal y único o
por la divinidad infinita; esto es, no se trata de niños comunes o normales que
crecen aprendiendo desde pequeñas a grandes experiencias, protegidos o no por
mayores. Es más, el evangelio de Lucas nos dice que Jesús, en la escena de
entre los doctores, crecía en sabiduría, como en estatura, y a favor ante Dios
y ante los hombres. Pero no se trata de un crecimiento guiado o incentivado por
escuelas o centros de enseñanza en donde tienen cabida todos los hijos, pues en
ningún momento se habla de un maestro o maestros que hubiesen formado a Jesús.
Al menos eso ocurre para con los evangelios oficialmente reconocidos como auténticos
o no apócrifos, por lo que se nos presenta la escena propicia para poder pensar
en la excepcionalidad supranormal o superior de Cristo, desde su niñez. Así
observamos al niño Jesús meditando sobre cuestiones abstractas de pre y pos -
existencia, absorto en sus pensamientos, mientras el resto de niños jugaba y reía
al impulso de las circunstancias más ordinarias. No se trata sólo de una
excepcionalidad intelectual, sino también moral, pues sus pensamientos terminan
por dirigirlo al dilema del dolor y la felicidad humana. Le interesan, entonces,
los enfermos, pobres, ancianos y desvalidos que él querrá hacerlos descansar,
aliviarles su dolor, curar, salvar, brindarles felicidad. Esa excepcionalidad
trazará el camino de dolor que ha de transitar el pensador para poder irradiar
su mensaje de curación y salvación, desde el mismo instante de la angustia del
presente desnudado ante sus ojos hacia la incertidumbre del futuro. Pretender
colocar a Jesús en un promedio común de niñez, de seguir la corriente del
impulso de los grupos, eso no es tan correcto que digamos, porque en la realidad
de nuestros días no todos los niños intelectualmente normales son de promedio
común, al haber excepciones, por ejemplo en el hecho de cazar o matar pájaros
con hondas o carabinas a manera de deporte de tiro al blanco, este hecho no es
seguido por la totalidad de niños. Ahí están los que se oponen a esa clase de
actitud, haciendo más bien todo lo contrario, al dárseles a los pájaros
cuidado y atención. Están también los caracteres distintos o diferentes: unos
son más tranquilos que otros, incluso más pensantes. En una sociedad
mediocrizada, tales excepciones son prácticamente anuladas, sino en la propia
niñez, sí en el crecimiento posterior de adaptación al mundo real. Sin
embargo, no se puede negar la autenticidad de las mismas, que pueden ser
conservadas e incluso acrecentadas por instituciones diversas. Es por eso que
consideramos cierta excepción en el caso de Jesús niño, aunque no podemos dar
fácilmente nuestra aceptación al hecho de que un niño ande diciendo que debe
estar en el templo, en medio de las cosas de su Padre Dios. Pero la tradición
es, como se dice, la tradición, que acepta al Jesús divino desde el mismo
hecho de existir hasta el hecho de perecer y resucitar de entre los muertos. Creemos
que Jesús fue formado por personas especiales dotadas de sabiduría y bondad,
para que de niño pudiese no sólo tener comportamientos excepcionales respecto
a la vida de los pájaros cazados por sus contemporáneos o algo por el estilo,
sino también un comportamiento aprehendido que hizo patente lo latente en él,
su actitud dispuesta a la bondad y a la verdad del hombre. De bondad tenía lo
suficiente que pudiese aflorar libremente. Era más bien en la verdad donde tenía
que adecuarse al medio en que vivía; es decir, tenía que hablar de Dios y de
la ley judía. Otro
elemento a considerar sería el invasor romano subyugando la tierra de sus
antepasados, pero el levantamiento sin la unión y decisión general de los judíos
era prácticamente suicida. También había que destronar a los falsos reyes
Herodes. Algunos textos, no precisamente reconocidos por la doctrina oficial, señalan
que Jesús tuvo adiestramiento con los esenios. ¿Quiénes eran los esenios?
Los esenios eran una secta o grupo de judíos cuya forma de vida era
semejante a una orden religiosa, pues llevaban una vida austera, practicaban el
celibato, vivían y tenían sus bienes en común. Su hábito normal era de color
blanco, como símbolo de la pureza de costumbres que profesaban. La comunidad
principal de los esenios estaba cerca de Engaddi, en la costa del mar Muerto.
Además, no practicaban los sacrificios cruentos que se hacían en los templos,
ni participaban en ellos, sino enviaban ofrendas y sacrificios incruentos. Su
vida irreprochable les granjeó el respeto de sus conciudadanos. Los
historiadores judíos Filón y Flavio Josefo atestiguan de ello.
Pudo
tener contacto con los esenios, dado el pacifismo practicante de Jesús durante
su vida, aunque el episodio del desalojo de los mercaderes del templo por manos
de él mismo puede hacernos pensar lo contrario y llevarnos a los
revolucionarios zelotes inclusive. Vamos por partes. Cristo quiere decir
“ungido”, y ungido quiere decir rey ... Empero, rey de qué reino, o, por último,
ungido por quién o por quiénes. La palabra Cristo está tomada del griego, y
significa, además de ungido, mesías o salvador. Incluso la palabra Jesús
implica salvación. Vayamos al Jesús ungido. El
ungimiento de Jesús dio lugar a la denominación crística; es decir, Jesús
pasó en adelante a ser el Cristo, en virtud de cierta unción que se le hizo.
¿Qué era o en qué consistía la unción?
La unción era el acto de aplicar una preparación de aceite (óleo) puro
de oliva con otros ingredientes fragrantes, como canela, casia y mirra. La
solución debía de preservarse y usarse para ungir sacerdotes y reyes en
especial. La aplicación se hacía generalmente sobre sus cabezas, y en el caso
concreto de Jesús ungido, tenemos ante nosotros la posibilidad de la verdad
histórica del Cristo; esto es, que fue realmente un rey ungido que, sin
embargo, no gobernó. Es que la palabra Cristo, como ya se dijo, está tomada
del griego, y significa ungido. Se trata de una denominación que si bien no
reemplazó totalmente a la palabra Jesús, sí apareció junto a ella al punto
de fusionarse y señalar, aislada, una mayor evolución de la persona humana en
el hijo de María y José. Por eso no podemos pasar por alto la intención
verdadera de aquella denominación, ni tampoco podemos reducirla al hecho de
haber sido ungido, por una tal María de Betania, sobre los pies con una libra
de ungüento de nardo puro de gran precio … porque en la Biblia María de
Betania es tan sólo una discípula más, aunque diferente a la identidad de la
Magdalena. Los hechos históricos no se imponen precisamente con criterios
idealistas de la humildad de la persona anónima individual que vale por sí
misma desde el solo hecho de ser humana. Es allí donde ingresa la posibilidad
del Cristo rey. Vamos a ello. Vamos a la hipótesis que considera a Jesús como
un heredero directo del reino de David, que, aunque no gobernó, logró huir de
la crucifixión para trasladarse a otras tierras, junto a su esposa (Magdalena)
y el hijo del maestro - rey en su vientre: la sangre real (el santo grial). Esa
es una hipótesis trabajada en investigaciones de años por diversos autores que
dedicaron mucho tiempo de sus vidas a tratar de descubrir la verdad histórica
tras la verdad de la teología cristiana. El resultado es concreto: Cristo fue
mortal, estuvo casado, tuvo descendencia que se trasladó a Europa y se perpetuó
desde los merovingios hasta nuestros días. La hipótesis señala que triunfó
la verdad de la teología por diversos factores en la lucha entre los
partidarios de la estirpe y los del mensaje cristiano. El mundo occidental
actual recibió la herencia oficial del mensaje cristiano debido al triunfo de
los partidarios del mensaje sobre los de la estirpe. La creación del Jesús –
Dios se debe a ese triunfo, y la Iglesia católica es fruto de ese triunfo, como
toda la expansión del cristianismo en el mundo actual. Dicho
triunfo fue posible apelando a todas las armas y argucias del caso, pues se
falsearon documentos, como se eliminaron testimonios históricos que revelaban
la verdad de Jesús Cristo, y hasta se callaron a testigos y partidarios de la
verdad histórica, con muertes y tormentos revividos en la oscura Edad Media de
la llamada Santa Inquisición. Es así que a los documentos o testimonios
comprometedores se les negó la condición de veraces y, a la par de la
destrucción de numerosos ejemplares, se les encuadró en el catálogo de los
libros espurios o apócrifos (index) elaborado por el “santo oficio” de la
iglesia católica romana. Con esos actos se pretendió anular y terminar con
todas las “herejías”; pero no sucedió lo que esperaban los inquisidores:
los documentos históricos sobrevivieron, y con ellos, los detractores de la
“iglesia universal”, al punto que se dividió la hasta entonces monolítica
Iglesia católica, para dar lugar a una diversidad de grupos que se elevaron a
su vez a la categoría de religiones, cada una con pretensiones de verdad
suprema. Los evangelios reconocidos fueron cuatro, para la comunidad cristiana
en general, como lo son en la actualidad; mas nada de eso puede negar la
información y divulgación histórica de otros evangelios, como el de Santiago,
el de Pedro, y hasta el de Marcos pero en versión distinta al oficial, entre
otros. Los
evangelios no oficiales precisamente presentan al Jesús humano o menos
abstracto que el presentado en las versiones reconocidas como oficiales, y son
acompañados por la tradición conservada por los partidarios de la estirpe …
Sin embargo, por más que las investigaciones señalen la verdad del Jesús histórico
como rey sacerdote que no gobernó, la versión de los evangelios bíblicos es
la versión oficial hasta el presente, y poco o nada parece importarle a la
mayoría de creyentes la profundidad histórica de las investigaciones que
desnudaron a los reyes títeres Herodes empeñados en anular y exterminar a los
verdaderos hijos de David que debían de reinar en Judea, como el intento de los
herederos legítimos por tomar el poder uniendo previamente a la comunidad judía
en una fuerza común contra los invasores romanos y los reyes títeres árabes
nombrados para sojuzgar a Judea … Eso propugna la síntesis de las
investigaciones históricas sobre el caso del Cristo hebreo, aunque la historia
judía indica que, en los años 66 y 132 de nuestra era, estalló la lucha
armada contra los romanos, participando la totalidad de Judea, aun cuando la
guerra fue concretamente ganada por los invasores en las dos oportunidades. Es
de destacarse también el hecho de que en el año 135 el emperador Adriano
decidió que todos los judíos fuesen expulsados de Judea, quedándose Jerusalén
convertida en ciudad romana rebautizada con el nombre de Aelia Capitolina. Pero
el pueblo cree lo que quiere creer, sobretodo tratándose de cuestiones del alma
humana, y todo intento frontal de convencer a laicos y sacerdotes católicos y
cristianos en general no hará más que empeorar la situación; esto es, se
perderá la esencia del mensaje por discusiones sobre cuestiones secundarias. El
mensaje de Jesús Cristo, sin dejar de lado el decálogo del antiguo testamento,
es claro y simple: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”, o,
dicho en otras palabras, “ama a tu prójimo como a ti mismo”. Puede
haber semejanza con apotegmas de otras religiones de distintas culturas, como la
hindú o la egipcia, pero lo mismo sucede con el decálogo del Sinaí en relación
con otras leyes sagradas del tiempo en que vivió Moisés; esto es, el “ama a
tu prójimo como a ti mismo” puede no ser exclusivo del cristianismo, mas es
el eje fundamental de su doctrina. Con él se constituye un sistema de moral en
donde la piedad y la justicia van de la mano, y aquí el cristianismo se acerca
al budismo, profundamente, pregonando ambos la paz y armonía universales.
Cristo, pensamos, debió de conocer previamente de manera profunda y amplia el
corazón, los sentimientos del hombre, del ser humano en general, con cierta
especificidad en los de su espacio geográfico. Es por eso que, considerando
cierta dosis de egocentrismo en el hombre, formula el amor a los demás en la
medida que nos amamos a nosotros mismos. No bastaba decir o dejar suscrito el ámense
unos a otros. Tuvo que considerar la explicación, el porqué de ese amor al común
de mortales de su tiempo. Como el hombre cuida su propia vida más que cualquier
otra cosa, el maestro formula y suscribe el nuevo mandamiento. Para dar cierta
vitalidad a su doctrina, pregona el ejemplo del hombre que da su vida, como
mejor muestra de amor, por un amigo. Ese es el inicio del cristianismo mártir
que afrontó la persecución y maldad de ocasionales enemigos, aunque
posteriores eventos mancharon la imagen de la nueva religión, por culpa de
hombres que también hicieron del cristianismo un instrumento de privilegios y
opresión. Jesús Cristo, con el nuevo mandamiento, no busca la opresión, sino
todo lo contrario, pues su objetivo es liberar al hombre del pecado,
independientemente de su condición económica o social. Esa ha de ser la
primera y fundamental liberación, porque la esclavitud no se reduce a las
cadenas que nos puedan colocar nuestros enemigos, dado que podrán colocarnos
cadenas, maltratar y torturar nuestros cuerpos; pero no podrán lograr nuestra
sumisión. Tampoco
se podrán obtener indulgencias haciendo cruentos sacrificios de sangre animal
en el altar de Dios, y es ahí donde aparecen los saduceos, más que los
fariseos, tomando aquello como bandera de batalla contra las palabras del
maestro. Se le acusará de transgresor de costumbres y de leyes sagradas, pero
tras esa ardorosa defensa de los saduceos están las relaciones estrechas que éstos
entablaron con los romanos, traicionando la libertad de su pueblo. Mas ante el
pueblo temeroso de Dios eso no se verá o apreciará fácilmente, por lo que se
pudo colocar a un amplio sector de judíos contra Jesús, dado que las sinagogas
eran más antiguas que el nuevo predicador. Si a eso agregamos los intereses de
los Herodes y de Roma misma, Cristo pudo ser acusado y tomado prisionero. Poco
importó si fue un heredero legítimo de la casa de David o simplemente un nuevo
visionario predicador o ambas cosas a la vez, pues igualmente fue tomado
prisionero y torturado para que diga la verdadera intención de su proceder. Es
en el dolor de la tortura que se prueban todas las teorías
o doctrinas posibles, la fidelidad a ellas y a los amigos o compañeros
que se puedan tener. Jesús Cristo tuvo que sentir el dilema penetrando en las
entrañas de su piel, pero todo indica que no traicionó lo que pudo traicionar,
porque a la muerte del maestro sus discípulos expandieron fervientemente el
mensaje de la nueva doctrina. Importándonos
sobretodo el mensaje del Cristo hebreo, detalles como la resurrección de la
carne pasan a segundo plano, aunque nos gustaría creer hasta cierto punto que
somos inmortales en el cuerpo; mas la vida misma muchas veces se encarga de
sentenciar creencias. Tampoco la reencarnación se salva de la justicia de la
vida, aun cuando se postula con ella la inmortalidad del espíritu y no del
cuerpo perecedero, y, en el caso de Cristo Jesús, se pretenda relacionarlo con
esta última creencia, en el ejemplo de las obras de Dios manifestadas en ciegos
y enfermos de nacimiento. Del mismo modo, tampoco se escapa la creencia del
“grito aterrador de la nada”. Sin embargo, en el caso concreto de Jesús
Cristo, tanto la hipótesis de la resurrección divina como la de la mera
sobrevivencia física poco pesan en el intento de comprensión del mensaje, pues
éste ya tuvo consistencia propia antes de la supuesta resurrección,
sobrevivencia o muerte en la cruz. Dada la inclinación del hombre de crear sus
propios dioses o ídolos, no nos debe extrañar la elevación de Jesús Cristo a
la categoría de Dios mismo, aunque la creación de los dioses humanos ayudó a
justificar posteriores eventos en las luchas por cualquier forma de poder
terrenal y no quedarse atrás respecto a los dioses de otras culturas. También
de Cristo se dijo que fue conviviente sexual de prostitutas, en la figura de
Magdalena; pero, así como en el caso de Sidarta Buda, eso no puede ser cierto,
pues de haberlo sido el mensaje sencillamente no habría sobrevivido. Pudo, sí,
tener contacto espiritual con prostitutas; esto es, relacionarse con ellas, mas
para su transformación en mujeres llenas de la santidad de la vida. Hay discusión
en torno a si Magdalena fue o no prostituta. Sin embargo, lo que sí consta es
que ella formó parte de los anunciadores de la buena nueva, del nuevo mensaje,
así como Pedro, que murió gritando, con voz de pescador, el nombre del
maestro, y Pablo que, según se dice, lo hizo pronunciando simplemente Jesús. Como
reza el mensaje de Cristo, Pedro, Pablo y de todos los cristianos: la Paz sea
con nosotros. * Capítulo del
libro “El Ocaso de los Maestros” de Iván Guevara Vásquez, publicado en el
Perú en Mayo del 2004 (Río Santa Editores, 216 pág.)
Iván
Guevara Vásquez D.N.I
18069920 Profesor
de derecho y metodología de la investigación científica en la Escuela de
Posgrado de la Universidad Nacional de Trujillo – Perú, y en la Escuela de
Posgrado de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega de Lima - Perú
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