Ilustrados comunidad mundial educativa
Inicio | Escribenos
User: Pass: Recordar ó (Registrate!)

| !Publicar Articulo¡

Hábitos alimentarios en las regiones Centro y Sudamericana y la cuenca del Caribe

Resumen: Es impostergable la necesidad de promover el desarrollo de adecuados hábitos alimentarios en el ámbito de Centro y Latinoamérica y en la Cuenca del Caribe, a pesar de todas las dificultades objetivas y subjetivas que ello conlleve, y así alcanzar metas nutricionales que promuevan un buen estado de salud, individual y colectivo, garante del desarrollo económico requerido para sustentar el bienestar social más pleno.(E)
1,135 visitas
Rating: 0
Tell a Friend
Autor: Dr. Richard Visser y Otros Autores

Resumen:

Es impostergable la necesidad de promover el desarrollo de adecuados hábitos alimentarios en el ámbito de Centro y Latinoamérica y en la Cuenca del Caribe, a pesar de todas las dificultades objetivas y subjetivas que ello conlleve, y así alcanzar metas nutricionales que promuevan un buen estado de salud, individual y colectivo, garante del desarrollo económico requerido para sustentar el bienestar social más pleno.

Indice

Introducción                                 

Desarrollo                                    

Bibliografía                                

INTRODUCCIÓN

Uno de los factores más importantes en la determinación del estado de salud de la población es su estado nutricional (1,2), el cual está en correspondencia directa con el grado de seguridad alimentaria que poseen los integrantes de la misma, es decir, aquel que se alcanza cuando todas las personas tienen, en todo momento, un acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer debidamente sus necesidades nutricionales y sus gustos y preferencias alimentarias a fin de llevar una vida activa y sana (3).

Asimismo, el mejor estado nutricional de una población no sólo depende de la disponibilidad global de alimentos que posibiliten, en la práctica, cubrir sus necesidades energético-nutrimentales, con independencia de los diversos factores económicos, geográficos, sociales y culturales que puedan afectar de manera negativa el acceso físico a los alimentos y la capacidad de las familias para comprarlos o producirlos (4-7).

La salud física, psicológica, mental y espiritual del ser humano está en dependencia del entorno económico, político, social,  cultural y educacional en el cual el mismo se mueve existencialmente y en cuyo contexto desarrolla un determinado estilo de vida, condicionado por tales  múltiples factores (8).

Uno de los aspectos más importantes del estilo de vida sano de una población es el desarrollo, a través de un proceso educativo correcto, de costumbres, hábitos y conductas alimentarías que posibiliten, en su conjunto, lograr y mantener un estado nutricional normal de los individuos (9,10).

 

DESARROLLO

Actualmente se acepta que, para buscar una solución lo más adecuada posible a los problemas alimentarios y nutricionales que afectan a la población, es necesario identificar correctamente sus factores condicionales, concentrándose  los esfuerzos en aquellos con posibilidades de ser atendidos por la comunidad y entre los cuales figura el educativo alimentario-nutricional, que tiene como propósito y objetivo el de aliviar, al máximo, los reales efectos negativos de un acceso disminuido a los alimentos y minimizar, tanto como se pueda, las consecuencias que pueda tener el acceso, desequilibrado, a fuentes de alimentación determinadas en situaciones particulares como de libre disponibilidad y una adecuada capacidad de compra individual (11). En consecuencia con ello, las intervenciones educativas destinadas a solucionar los problemas alimentario-nutricionales que afectan a la población, son reconocidas hoy como un complemento esencial de las acciones tendientes a mejorar la seguridad alimentaria familiar e individual y representan la estrategia principal en la prevención y control de las enfermedades crónicas no transmisibles relacionadas con la dieta en base del desarrollo y consolidación de costumbres, hábitos y conductas de alimentación correctas (9,11).

 

ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE HAMBRE, APETITO E INGESTA ALIMENTARIA.

En el ser humano, los factores que intervienen en la determinación de la elección e ingestión de los alimentos constitutivos de la dieta son múltiples y los mismos tienen un origen fisiológico y psicológico (12). El sustrato material y funcional de tales procesos es el cerebro quien se comporta como un gran integrador de señales de distintas naturalezas y que en definitiva equilibra el gasto y almacenamiento de energía con la ingesta de alimentos (13).

La cantidad de alimentos que ingiere el ser humano depende esencialmente  de la integración de respuestas sensitivas y cognoscitivas  del individuo y están en relación directa con el contenido energético y nutritivo de las sustancias alimentario-nutrimentales consumidas (12).

En el hombre su experiencia social y cultural actúan modificando, de manera importante, el efecto de señales directamente relacionadas con el estado fisiológico y metabólico.  Asimismo, factores puramente psicológicos como la presencia de otros comensales, situaciones sociales específicas, la ocasión, el acervo cultural, las creencias religiosas y factores hedonistas contribuyen de manera  importante al desarrollo de la sensación de saciedad (12,14).

A un nivel descriptivo, más simple, se plantea que cuando el organismo necesita realmente de energía y nutrimentos las sensaciones que identifican en lo fisiológico a la sensación de hambre aumentan su intensidad hasta que tal necesidad sea debidamente satisfecha.  Si la persona ha comido recientemente, las sensaciones que se tendrán serán débiles, mientras que las mismas serán relativamente fuertes y desagradables si no lo ha hecho desde algún tiempo antes (13,14).

La presencia asociada de elementos cognoscitivos o de tipo sensorial que resultan placenteros tenderá a aumentar la ingesta de alimentos y en caso contrario, ni siquiera las señales activadoras del reflejo del hambre, resultarán lo suficientemente fuertes como para obligar al individuo a consumir alimentos desconocidos, desagradables o aquellos prohibidos por una creencia religiosa o que proporcionen una visión, sabor u olor inapropiados (14).

Desde el punto de vista metodológico y conceptual los términos hambre y apetito deben ser debidamente diferenciados.  Si bien el primero no es más que la conciencia de la necesidad de ingerir alimentos (sensación prepotente) el segundo se corresponde con el “deseo de comer”, se asocia a los aspectos más placenteros de la elección e ingestión de los alimentos al tiempo que puede verse muy acentuado por el hambre en sí (12). 

El termino apetito se emplea con frecuencia para identificar las señales que guían o conducen al individuo a la elección y consumo de alimentos y nutrimentos específicos, pudiéndose expresar a través de diferentes conductas como la elección de componentes de la dieta de  una elevada densidad energética o de aquellos que permitan la satisfacción de necesidades de determinados nutrimentos en ese momento o a la satisfacción de deseos hedónicos como un sabor dado (12,14).

A partir del momento en que aparecen las señales de saciedad derivadas de los factores cognoscitivos y sensoriales, las diferentes categorías químicas alimentario-nutrimentales comienzan a generar sus propias señales postingestivas y postabsortivas de saciedad (13). En definitiva, el volumen, la composición, la velocidad de absorción y las consiguientes respuestas metabólicas que se desencadenan, influyen en el intervalo que marca el comienzo de la aparición de la sensación de saciedad, mientras que la duración de la misma y el espacio de tiempo transcurrido hasta la próxima ingestión de alimentos dependen, en su esencia, del complejo sistema de respuestas neuronales integrado en el subsistema nervioso central (14,15).

 

ASPECTOS GEOPOLÍTICOS, ECONÓMICOS Y SOCIALES RELACIONADOS CON LA ALIMENTACIÓN Y NUTRICIÓN.

En los países en vías de desarrollo y también en los considerados como, del “primer mundo”, ricos o desarrollados, existen imágenes familiares bien conocidas que reflejan un estado de nutrición inadecuado, cuyas consecuencias tienen una dimensión social.  Así por ejemplo, es frecuente observar que la curiosidad no se manifiesta en los ojos de muchos niños, que un número crecidos de ellos presentan una estatura mucho menor que la correspondiente a la edad, que existen jovencitos sin el aliento suficiente para espantar las moscas que pululan en las llagas de sus rostros, que hay adultos que cruzan por las calles con una lentitud exasperante, madres de 30 años que representan más de 60 y hombres,  mujeres, niños, jóvenes y adultos, que contienen en sus cuerpos una excesiva cantidad de grasa que compromete, de manera importante, la calidad de vida de los mismos.

En la actualidad se acepta que el ser humano es el factor más importante del desarrollo y que la calidad de la existencia humana es, precisamente, la medida última de ese desarrollo y que el más trascendente de los factores que afectan las condiciones y el estado existencial general de los individuos es una correcta alimentación, constituyendo el estado nutricional, individual y poblacional, el más determinante y decisivo de todos (16).

La mala nutrición, ya sea por exceso o por defecto, influye de manera desfavorable en el desarrollo mental y físico, en la productividad y los años de una vida laboral activa, todo lo cual repercute de manera adversa sobre el potencial económico del hombre como ser social.

Recientemente el concepto de capital ha sido extendido a los seres humanos. El desarrollo de esta nueva teoría fue alentado, en su esencia, por el descubrimiento de que “es mayor el incremento en la producción nacional en comparación con el incremento de tierras, de horas-hombre y del capital que se puede multiplicar en forma física.  Tal vez la mejor explicación para esta diferencia la constituya la inversión en el capital humano” (17).

En parecidos intentos para determinar los innegables beneficios económicos de la inversión en la salud, el costo de la prevención de una muerte se compara con los futuros ingresos del trabajador si hubiese vivido (18). También la inversión en el capital humano algunos la han determinado relacionándola con las perdidas que se producirían debido a la muerte en cualquier momento anterior a la jubilación del trabajador.  Ese capital abarca la salud, los alimentos, vestido, habitación, educación y otros gastos necesarios para educar lo imprescindible a una persona con el objetivo de que desarrolle al máximo su capacidad particular.  Tales costos también pueden ser evaluados en comparación con la debilidad, cuando la muerte no es precisamente un factor (19). 

Ya sea que la enfermedad tenga su traducción concreta en la perdida laboral de días laborables o en la reducción temporal o permanente de la capacidad de trabajo, la perdida calculada en la producción, aunada al costo de la atención médica, puede compararse con los gastos propuestos para evitar, en primer lugar, la aparición de la enfermedad (20).

De manera semejante, también se pueden comparar las ganancias que se obtendrán de los gastos en la alimentación y mejoramiento del estado nutricional.  La nutrición mejorada, sin lugar a dudas, eleva el flujo de ganancias por encima de lo que las mismas hubieran sido en el caso de una falta de incremento en el estado general de bienestar, individual o colectivo, sobre todo si gracias a dicha mejoría un trabajador ausente se reintegra a la fuerza laboral activa, se alarga el lapso de vida laborable, se supera un decaimiento que reduce su capacidad productiva, se logra que un niño vuelva a la escuela o mejore su grado de comprensión o retensión de lo aprendido y cuando se permite que un adulto asimile de manera más eficaz cualquier tipo de adiestramiento laboral o de capacitación en ese sentido (17-20).

Toda vez que el bienestar de una persona se estabiliza, los costos de alimentación y nutrición se convierten de inmediato en gastos de sostenimiento. Así las cosas, una mejoría en tal sentido y su mantenimiento ulterior,  puede contribuir a elevar o mantener el nivel de productividad de un miembro activo de la fuerza laboral o puede tomar la forma de inversión, por ejemplo, ayudar a elevar las ganancias esperadas en el transcurso de la vida activa futura de un niño de 2 años, de aquí la incuestionable importancia y trascendencia que tiene para el desarrollo económico de la sociedad, en un contexto del más pleno disfrute de felicidad de sus integrantes, el hecho de que se garantice debidamente un flujo alimentario, en cantidad  y calidad, que asegure el mejor estado nutricional posible de ésta (21,22).

En resumen, la alimentación y nutrición inadecuadas no sólo representan una consecuencia del subdesarrollo, sino también un factor que contribuye a él, una verdadera traba de la expresión del potencial del que se puede derivar  un  mejoramiento global para toda la sociedad, un verdadero “lastre” para aquellos grupos humanos en los cuales se ha logrado ya un desarrollo científico y tecnológico  notables pero que  han puesto poca atención al cuidado debido del aspecto alimentario-nutricional.  Si no se mejora la alimentación y la nutrición en las dos terceras partes menos favorecidas de la población mundial en estos momentos, puede retrasarse el desarrollo de los recursos humanos y el desarrollo de las naciones mismas, debiéndose aclarar que no sólo se trata de la calidad de vida, sino al mismo tiempo de la calidad de las personas.  A menos que los niveles actuales de mala nutrición no sean controlados en forma notable, ello puede representar, en un breve lapso de tiempo, un gran detrimento para el desempeño, el aspecto, el bienestar físico y,  tal vez,  de la capacidad mental de gran parte de la población mundial (23). 

En estos momentos de avance galopante de la Globalización Neoliberal, para evitar tales cicatrices se requerirán de nuevos puntos de vista e investigaciones, de nuevas entidades organizadoras en el contexto de una nueva disciplina y, lo que es más importante, una nueva preocupación por el problema y una nueva escala de acción concomitante a nivel planetario.  Es realmente triste disponer de la información  necesaria que justifique las asignaciones requeridas de recursos para dar solución a la problemática alimentaria y nutricional y no implementar las acciones correctas, al menos en una escala básica, a sabiendas que los esfuerzos aislados siempre serán una respuesta insuficiente e inaceptable porque este es el momento de pensar en que, a pesar de que algunos proyectos en el campo de la alimentación y nutrición humanas consigan algunos resultados positivos y útiles, el objetivo final debe estar dirigido mucho más allá: a conquistar, precisamente, metas más trascendentales (24-26).

 

GENERALIDADES SOBRE HABITOS ALIMENTARIOS

Sin lugar a dudas, las características organolépticas de los diferentes  componentes de la dieta o patrón alimentario, es decir, las referidas al color, sabor, olor y textura de los mismos,  que los identifican según su palatabilidad e influyen en su aceptación, intervienen, de manera importante, en el desarrollo y consolidación de costumbres, conductas y de los llamados hábitos alimentarios (27), conjuntamente con factores o elementos bien establecidos y reconocidos como creencias y tradiciones, medio geográfico, disponibilidad alimentaria, recursos económicos, religión, distintivos psicológicos y pragmáticos (28,29).

Dichos factores evolucionan a lo largo de los años en amplios espacios y constituyen, precisamente, la respuesta a los nuevos estilos de vida que siempre están acompañados de nuevos productos con los cuales se confeccionan las dietas dirigidas a satisfacer las reales necesidades de energía y nutrimentos de cada individuo (dieta sana o saludable, normal o balanceada), pero que desgraciadamente no se logra las más de las veces en la actualidad (30).

Los hábitos alimentarios también se relacionan muy directamente con las variaciones de los recursos económicos de cada persona o de las colectividades, con el contacto entre representantes de culturas alimentarias diferentes y ello puede condicionar que los cambios experimentados por patrones alimentarios ancestrales comiencen a ser significativos, como lo que sucedió respecto a los hábitos anteriores y posteriores al descubrimiento de América (31,32).

 

ASPECTOS IMPORTANTES DE LA DIETA NORMAL O BALANCEADA.

En la práctica no resulta nada fácil lograr que el ser humano adecue su dieta a los verdaderos requerimientos de energía y nutrimentos que necesita para mantener una estructura y función normales de las diferentes células de sus distintos tejidos y órganos del cuerpo y, por ende, desarrollar así la capacidad para integrar una función corporal total normal.

El atributo más valioso de la Naturaleza es la ENERGÍA. Ella puede considerarse como la medida de la capacidad que posee un sistema para realizar trabajo útil, en el seno del mismo o respecto a su entorno.  Así, gracias a la disponibilidad energética de los sistemas u organismos vivientes, éstos podrán realizar una mayor o menor cantidad de trabajo biológico, con una potencia o velocidad determinada y que les permitirá, en definitiva, adaptarse a las condiciones cambiantes del ambiente.

Desde el punto de vista alimentario y nutricional, la necesidad más importante que debe ser satisfecha con la dieta es la energética, condicionada la misma por el gasto energético del individuo el cual, a su vez,  está determinado en lo fundamental por el valor de la Tasa Metabólica de Reposo y la actividad física que éste realiza.

La necesidad energética del individuo se satisface mediante la ingestión de las llamadas categorías químicas alimentarias energéticas o simplemente alimentos energéticos: los carbohidratos o azúcares (de un 55 a un 60%), las grasas neutras (de un 25 a un 30%) y las proteínas (de un 10 a un 15%) y, según ésta, así será el resto de la composición nutrimental de la dieta ingerida,  en correspondencia con el concepto de Densidad Nutrimental o cantidad requerida de un nutrimento en particular por cada 1000 kcal de necesidad energética.

Una dieta balanceada es aquella que provee al individuo con la energía alimentaria y las cantidades requeridas de las diferentes categorías químicas nutrimentales necesarias para la realización de los diferentes tipos de trabajo biológico.  Ello se logra  cuando la misma resulta adecuada, suficiente, variada y equilibrada y proporciona, al mismo tiempo, determinadas cantidades y tipos de fibra dietética y es consumida con una frecuencia nunca menor de 6 ingestas parciales, cada una de las cuales ha de representar, en términos energéticos, la satisfacción de un cierto valor en porcentaje respecto a la necesidad total de energía del sujeto (desayuno 20%, merienda matutina 10%, almuerzo 30%, merienda vespertina 10%, comida  20% y cena 10%). Siempre y cuando los hábitos alimentarios del ser humano sean correctos, éste podrá lograr, en su práctica alimentaria y nutricional, una dieta saludable, sana, normal o balanceada, objetivo supremo de la Alimentación, Nutrición y Dietética como ciencias particulares que realmente son.

 

HÁBITOS ALIMENTARIOS GENERALES EN LAS REGIONES  DE CENTROAMÉRICA, AMÉRICA DEL SUR Y LA CUENCA DEL CARIBE.

En el conjunto de los pequeños países centroamericanos, de la cuenca caribeña y en la extensa área geográfica que integran las naciones sudamericanas se han identificado, un tanto esquemáticamente, los llamados “principales factores condicionantes de la conducta alimentaria o hábitos alimentarios regionales”.  Entre éstos figuran las características geográficas, la disponibilidad y elección de alimentos, la disponibilidad económica, el nivel cultural, el marco educativo, la publicidad o “marketing”, el marco social con su alta carga de costumbrismo, los tabúes religiosos, el marco familiar, las preferencias alimentarias, la educación nutricional, el resultado de los estudios de salud realizados, la infraestructura  social, las comunicaciones, la política, lo económico y los importantes aspectos tradicionales (27,28).

En América del Centro,  América del Sur y el Caribe una gran parte de la población sufre, en estos momentos, las consecuencias  biológico- funcionales negativas de la mala nutrición por defecto y otra parte importante está indudablemente sobre alimentada, expuesta a las enfermedades debidas al exceso de alimentación, observándose en ambos casos un sobredimensionamiento de los factores tradicionales, míticos y simbólicos en la determinación de la comida de cada día, con una intervención tan fuerte en las preferencias y aversiones que manifiestan los individuos por los alimentos que han llegado a constituirse  en los elementos primordiales definitorios de las formas de preparación, distribución y de los servicios alimentarios (29).

 Como en muchos otros lugares del mundo, en Centroamérica, América del Sur y el Caribe,  los hábitos alimentarios distan mucho de aquellos que son necesarios para alcanzar, en la práctica, una alimentación sana.  La falta de conocimiento que se tiene, en general, sobre el valor nutritivo de los alimentos es algo preocupante, lo que unido a la falta de recursos económicos de las grandes mayorías, con la inadecuada accesibilidad a los componentes de una dieta saludable y a una  predominante falta de disponibilidad de alimentos en los mercados hacen aún más sombrío el panorama de bienestar y salud de la región a corto, mediano y largo plazo (27,33, 34).

Asimismo,  nuevas tendencias negativas relacionadas con los hábitos alimentarios se observan cada vez con mayor frecuencia.  La distribución y el consumo de alimentos,  una forma muy expresiva para valorar el funcionamiento de la organización familiar, laboral y escolar, las propias relaciones sociales que se generan en relación con los alimentos, no son las más idóneas y se alejan sustancialmente de lo que deberían ser (34).

Algo semejante ocurre con las denominadas preferencias alimentarias que identifican e integran a los individuos en diferentes grupos: los de la comida basura o “junk food”; el de las comidas rápidas, integrado principalmente por adolescentes; el grupo tentempié o “snack” de muchos adultos; el “self service” o sírvase usted mismo, el cual ha transformado a las personas en camarero-comensales, por tan sólo mencionar algunos (35).

Los centro, sudamericanos y caribeños sufren en estos momentos las consecuencias de una evolución notable en sus hábitos alimentarios debido al impacto de los nuevos estilos de vida, condicionantes de cambios drásticos en la organización familiar y también a escala social, a lo cual se ha sumado el desarrollo de avanzadas tecnologías en el área agroalimentaria que han puesto a disposición de los consumidores los llamados “alimentos servicio”, especialmente concebidos para facilitar la preparación y consumo de los mismos sin tomar en consideración, las más de las veces, los reales valores nutritivos que deben poseer cada uno de los integrantes de la dieta ingerida (33,34).

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce en la actualidad que es una necesidad para toda el área de Centroamérica, Suramérica e incluso la Cuenca del Caribe, hacer un intenso trabajo educativo, de mejoramiento de las condiciones generales de vida, de acceso a espacios socioeconómicos que son muy reducidos en estos momentos, de trabajo y productivos más amplios y que, en un contexto de mayor grado de seguridad política posibiliten, en su conjunto, el rescate de las mejores costumbres y el cambio consecuente en los hábitos y conductas alimentarias, de los servicios de salud primarios y secundarios que, de continuar así, sumarán cada día más muertes, sobre todo en los primeros 5 años de vida y en la llamada “edad mayor”, a las que ya se cuentan por decenas de millares en esa región del mundo y se pronuncia al mismo tiempo en el sentido de que “ello sólo será posible aunando voluntades con la participación consciente de los gobiernos y de la población en general” (36-38).

La OMS, conjuntamente con otros expertos, plantea que hay que trabajar en el sentido de lograr que las personas comprendan y pongan en práctica, tanto como les sea posible, que tratándose de la alimentación solamente podrán desarrollarse hábitos alimentarios saludables en la misma medida en que se tengan conocimientos sobre el valor nutritivo de los alimentos y su inocuidad, siempre y cuando existan los recursos económicos requeridos para la adquisición de los mismos y haya una adecuada disponibilidad en el mercado de éstos.  No se trata de sugerir fríamente grandes cambios en las tendencias de consumo sino, más bien, reforzar las costumbres tradicionales de la población en su tránsito hacia el progreso que no radica, precisamente, en un consumo excesivo de grasas, de alimentos de origen animal como las carnes rojas,  de sal, de los llamados azúcares refinados con una casi ausencia de fibra dietética, de franco menosprecio al pescado y una marcada desatención por los vegetales y frutas frescas, aspectos éstos extraordinariamente frecuentes en toda las Regiones  (38-40).

Cuando los hábitos alimentarios son inadecuados la alimentación termina siendo deficiente, con disminución de la resistencia a las enfermedades,  retraso del crecimiento y desarrollo, con afectación de la productividad en el trabajo y reducción del rendimiento en los estudios y en los deportes, sin olvidar que también la alimentación excesiva y una vida sedentaria favorece la aparición de sobrepeso, obesidad, hipertensión arterial, ateroesclerosis, diabetes y cáncer (39), lo que se pone de manifiesto, de manera evidente, en amplios sectores, de bajos y elevados recursos económicos, en los países de Centro y Sudamérica y del Caribe en los cuales se precisa igualmente de prácticas higiénicas correctas en la manipulación de los alimentos (38).

El alcoholismo es una práctica inadecuada que se realiza por un número cada vez más elevado de residentes en la Región que, además de producir adicción, determina que los consumidores de bebidas alcohólicas (y de otras drogas) desarrollen hábitos alimentarios inadecuados, coman a deshoras o prefieran, incluso, la bebida a la comida.  También estas personas presentan alteraciones como aumento de los niveles de colesterol y triglicéridos en la sangre, predisposición a la obesidad y una importante disminución en el aprovechamiento biológico de algunas vitaminas y minerales (39,40).

En conclusión, es impostergable la necesidad de promover el desarrollo de adecuados hábitos alimentarios en el ámbito de Centro y Latinoamérica y en la Cuenca del Caribe, a pesar de todas las dificultades objetivas y subjetivas que ello conlleve, y así alcanzar metas nutricionales que promuevan un buen estado de salud, individual y colectivo, garante del desarrollo económico requerido para sustentar el bienestar social más pleno.

 

BIBLIOGRAFIAS

  1. FAO (1996). Guía metodológica de comunicación social en nutrición. Roma, Italia. 
  2. FAO (1996).  Informe de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación. Roma, Italia.
  3. Cumbre Mundial sobre la Alimentación (1996). Declaración de Roma sobre la Seguridad Alimentaria Mundial y Plan de Acción de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación.  Roma, Italia.
  4. Oshaug A., D. Benbouzid and J. Guilbert (1988). Educational handbook for nutritionists. WHO Geneva.
  5. FAO (1995). Manejo de proyectos de alimentación y nutrición en comunidades.  Guía didáctica. Roma, Italia.
  6. Kennedy E. and L. Haddad (1992). Food security and nutrition, 1971-91.  Lessons learned and future priorities.  Viewpoint. Food Policy.
  7. FAO/OMS (1992). Conferencia Internacional sobre Nutrición. Informe final de la Conferencia. Roma, Italia.
  8. FAO (1993). Directrices: Formulación de planes nacionales de acción para la nutrición. Roma, Italia.
  9. Cerqueira M.T. (1990). Recent approaches to nutrition education in developing countries. In: Report on FAO workshop on nutrition education through mass media. Roma, Italia.
  10. Hornik R. (1985). Nutrition education. A State of the Art Review. ACC/SCN Nutrition Policy Discussion Paper N° 1. FAO/UN. Rome, Italy.
  1. Gallardo L. y A. Praun (1985). Manual sobre metodología para la programación, desarrollo y evaluación de programas de educación alimentario-nutricional. Guatemala, Pub.INCAP E-1166.
  2. Castonguay T.W. y J.S. Stern  (1990). Hambre y apetito. En: Conocimientos actuales sobre nutrición. 6ª ed. Organización Panamericana de la Salud e Instituto Internacional de Ciencias de la Vida, Washington, DC, pp 16-27. (Publicación Científica 532).
  3. Anderson G.H. (1994). Regulation of food intake. In Shils M.E., J.A. Olson, and M. Shike  (eds), Modern nutrition in health and disease, 8th ed. Lea & Febiger, Malvern, pp 524-536.
  4. Rozin P, and T.A. Vollmecke (1986). Food likes and dislikes. Annu Rev Nutr 6:633-456.
  5. Leibowitz S.F. (1994). Specificity of hypothalamic peptides in the control of behavioral and physiological processes. Ann N Y Acad Sci 739:12-35.
  6. Sonia O. (2001). Intervenciones educativas en alimentación y nutrición. Un enfoque municipal. En:  Guía para la gestión municipal de programas de seguridad alimentaria y nutrición. C. Morón (ed), Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, Santiago de Chile.
  7. Schultz T.W. (1961). Investment in Human Capital. American Economic Review 3:1-4.
  8. Correa H. (1963). The Economics of Human Resources. Amsterdam: North Holland Publishing Co.
  9. Correa H. (1965). The Contribution of Better Nutrition and Health to Economic Development: A Comparative Study of Eighteen Countries. Tulane University.
  10. Berkowitz M. y W.G. Johnson (1970). Towards an Economics of Disability: The Magnitude and Structure of Transfer Costs. Journal of Human Resources 4:271-97.
  11. Health in the Americas (2002). PAHO Scientific and Technical Publication No. 587. Washington, DC: Pan American Health Organization.
  12. Nissinen A., X. Berrios, and P. Puska (2001). Community-based  non-communicable disease interventions: lessons from developed countries for developing ones. Bull WHO 79:963-70.
  13. Puska P. (2002). Nutrition and global prevention on non-communicable diseases. Asia Pac J Clin Nutr 11(Suppl 9): S755-8.
  14. McMichael A., and R. Beaglehole (2000). The changing global context of public health. Lancet 356:495-9.
  15. Beaglehole R., and D. Yach (2003). Globalization and the prevention and control of non-communicable disease: the neglected chronic diseases of adults. Lancet 362:903-8.
  16. Von Korff M., J. Gruman, J. Schaefer, S.J. Curry, and E.H. Wagner (1997). Collaborative management of chronic illness. Ann Intern Med 127:1097-102.
  17. Informe sobre la salud en el mundo (2002). Reducir los riesgos y promover una vida sana. Ginebra, Organización Mundial de la Salud.
  18. Macroeconomía y salud (2001). Invertir en salud en pro del desarrollo económico. Ginebra, Organización Mundial de la Salud.
  19. Contreras J. (1993). Antropología de la alimentación. Madrid, Eudema.
  1. Contreras J. (1995). Alimentación y cultura. Necesidades, gustos y costumbres. Ciencias Humanas y Sociales. Universidad de Barcelona.
  2. Ruz J. (1999). Razón dietética: Gusto, hábito y cultura en la conducta alimentaria. Sociedad Navarra de Estudios Gastronómicos.
  3. Fischler C. (1995). El omnívoro. El gusto, la cocina y el cuerpo. Barcelona, Anagrama.
  4. Harris M. (1998). Bueno para comer. Enigmas de alimentación y cultura. Madrid, Alianza Editorial S.A.
  5. French S.A. (2003). Pricing effects on food choices. J  Nutr 133:841S-3S.
  6. Meyer D. (2003). What’s eating Latin America? Foreing Policy Mar/Apr:89-90.
  7. Posten W.,  and J. Foreyt (1999). Obesity is an environmental issue. Atherosclerosis 146:201-9.
  8. Globalization, diets and noncommunicable diseases (2001). Geneva: World Health Organization.
  9. World agriculture towards 2015/2030 (2003). Rome: Food and Agriculture Organization.
  10. Pollan M. (2003). The (agri)cultural contradictions of obesity. New York Times Magazine, October 12, pp 41-8
  11. Nugent R. (2004). Food and agriculture policy: Issues related to prevention of noncommunicable diseases. Food and Nutrition Bulletin 2: 200-7.

 

Autores:

Dr. Richard Visser*

Dr. Troadio González**

Dr. Angel Caballero**

 

* Director del Visser Wellness and Research Center de Aruba

** Doctor en Ciencias Médicas. Instituto de Nutrición e Higiene de los Alimentos de Cuba

 

Datos del autor principal:

El Dr. Richard Visser es Director del Visser Wellness and Research Center de Aruba, realiza investigaciones en el campo de la obesidad infantil y desarrolla actividades científicas con el propósito de identificar el comportamiento de esta enfermedad para aplicar acciones preventivas de la misma y de promoción de salud en relación con estilos de vida saludables.

Articulos relacionados:
Alcoholismo Reflexiones sobre el tema
Resumen:
Se realiza una revisión de este problema de Salud en el cual nos encontramos con un perfil Biológico, por las implicaciones que sobre el organismo representa este problem...
Síndrome de Down
Resumen:
Introducción a la Genética. Causas poligénicas y multifactoriales. El síndrome de Down. El Cuidado Del Niño Con Síndrome de Down. La Familia.
Hiperplasia Benigna Prostatica (HPB) Un factor etiológico de la Insufiencia Renal Crónica (IRC) que debemos resolver
Resumen:
Es necesario un mayor conocimiento de la HPB por los médicos en general pues estamos cada día encontrando prevalencias más elevadas de IRC en la población adulta mayor y...
Tuberculosis Pleural y Pericardica. Presentación de un caso
Resumen:
En la década de los 80 hubo un incremento de la Tuberculosis a nivel mundial, que coincidió con la epidemia del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirido, con una alta inci...
Problemática de la enfermedad hipertensiva en el embarazo (ppt)
Resumen:
TA de 140/90 o más 2 veces consecutivas con 4 - 6 horas de diferencia (principalmente antes de las 12 sem. Embarazo)
Aumento de 30 MM/Hg en la presión sistólica y 15 ...
Copyright © 2011 ilustrados.com, Monografias, tesis, bibliografias, educacion. Tofos los temas y publicaciones son propiedad de sus respectivos autores ©