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La tradición pedagógica cubana: Reflexiones acerca de su vigencia
Resumen: Con
el presente trabajo damos inicio a una serie de cuatro artículos relacionados
con el desarrollo de la Educación en Cuba, en estos trabajos se recogen los
principales momentos del devenir de esta actividad en el contexto de nuestro país
y se hacen reflexiones que pueden ser de interés, ante todo, para estudiantes
interesados en el conocimiento de la evolución histórica de los procesos
educativos nacionales y su ejemplificación en el caso concreto de unas de las
provincias cubanas. Desarrollo: No
sin razón se ha afirmado que: “La cultura cubana cuenta entre sus aportes más
significativos con una pedagogía original. Esta se conformó durante un largo
proceso de desarrollo –no exento de contradicciones-, y ha formado parte intrínseca
de los momentos más fecundos de la historia política de nuestra Patria” (1). A la
vez, las concepciones pedagógicas que se desarrollaron en Cuba a lo largo de su
historia, se fueron nutriendo de lo más positivo del pensamiento pedagógico
universal y ellas dieron lugar al nacimiento y desarrollo de la cubanía misma.
Para ello, tuvo que asumir, en su devenir, el encargo de fortalecerse y
defenderse de las poderosas fuerzas que pretendían su disolución para que
pudiera avanzar a etapas superiores. En
todo ese proceso evolutivo se distinguen diferentes etapas que, en mutua
interrelación, propiciaron su conformación hasta dar lugar a un sólido
proceso de continuidad histórica. En cada una de ellas se destacan diferentes
momentos, con sus particulares y sus líneas generales de desarrollo acorde con
el momento histórico. Este proceso será analizado con un marcado sentido de síntesis
generalizadora para fijar sus rasgos más sobresalientes. Como
se conoce, Cuba fue la última posesión de España en tierras de América y
durante más de cuatro siglos la mayor parte de su pueblo estuvo excluida del
acceso a la educación y a la cultura. El país se había convertido en una
factoría en la que imperaban fuertes relaciones feudales y esclavistas con
grandes contradicciones clasistas. El
gobierno español que imperaba en el país, durante casi trescientos años no
organizó un sistema escolarizado de educación, como vía para la formación y
preparación de las nuevas generaciones. En
esta realidad se destaca la ausencia de libertad de los cubanos lo que hacía
muy difícil que se desarrollaran ideas y gestiones concretas para el
enriquecimiento espiritual del hombre. En ese contexto histórico, a la clase
dominante, le bastaba para lograr sus fines el empleo de las llamadas formas no
escolarizadas de la educación. Eso
explica que en este período las escuelas fueran muy escasas y las que surgieron
eran de carácter privado y bajo una férrea dirección de la iglesia o de
personas que salvo excepciones no poseían la preparación requerida para la
dirección del proceso docente educativo. Es fácil
comprender entonces que la enseñanza no era una preocupación del Estado ya que
a los gobernantes solo le interesaba la educación de los niños de la nobleza y
del alto clero, el resto de la población no tenía acceso a tan importante
derecho humano. No
fue hasta las primeras décadas del siglo XVIII que se observó alguna mejoría
en el quehacer educacional del país, principalmente en los niveles de enseñanza
media y superior. Hechos fundacionales se registraron en esta etapa como, el
Seminario de San Basilio el Magno que se creo en Santiago de Cuba en 1722 y la
Real y Pontificia Universidad de La Habana en 1728. Luego
de la toma de la capital del país por los ingleses (1762-1763) se aplicó en
Cuba la política llamada de despotismo ilustrado y ello, unido a otras
circunstancias históricas, dio
lugar a que se abrieran nuevas
posibilidades para el progreso económico de la isla, al mismo tiempo, estos hechos influyeron positivamente en el plano de las
ideas políticas y en el ambiente cultural de la isla. Este proceso se consolidó
a fines del siglo XVIII e inicios del XIX. Como
consecuencia del auge económico que
se produce en esta época, principalmente en la industria azucarera, se observa en el país la conformación
de una burguesía criolla que fue adquiriendo conciencia
de su papel y que, a la vez, se
transformó en la primera clase social plenamente estructurada y en el primer núcleo
dirigente de la nación. La
influencia de todos estos factores posibilitaron que a partir de 1790 se fundaran diversas sociedades e
instituciones, entre ellas la más conocida fue la Sociedad Económica de Amigos
del País, que vio la luz en La
Habana en 1793. Esta corporación tuvo
a su cargo la organización de la enseñanza, hasta que en 1842 se dictó por el
gobierno español la primera Ley General de Instrucción Pública que se promulgó
en la Isla. Una
vez surgida esta Sociedad, por real
cédula, se le asignó como una de sus más importantes tareas la de:
“fomentar, vigilar y dirigir la educación publica.”(2). Y también se
reconoce que: “El principal mérito de esta labor fue su carácter organizado,
definido como el primer sistema escolar primario que hubo en Cuba. Las escuelas
aumentaron en número con el consiguiente beneficio para los niños, pero no
variaron el contenido de las materias, su extensión y el método de enseñanza”
(3). La
lucha que esta institución realizó
por mejorar la enseñanza se ha
reconocido como meritoria y como consecuencia de su intensa labor, en
1816 se logró la creación de la Sección
de Educación en el seno de ella, la
que entre sus fines perseguía que la educación tomara un carácter práctico
de aplicación inmediata en la vida y; “Respetar y hacer estimar a los
maestros de primeras letras en lo que valen, por su digno ministerio” (4). De
manera muy general se puede resumir el
quehacer educacional que se realizó en
Cuba en el período de 1793 a 1842 en los siguientes aspectos: ·
Se establecieron las
primeras escuelas públicas de enseñanza primaria gratuita. ·
Se establecieron, por
primera vez requisitos de capacidad para ejercer como maestros. ·
Se instituyó la inspección de las escuelas ·
Se amplió el número de las materias de enseñanza. ·
Aparecieron métodos y procedimientos didácticos nuevos. ·
Se formuló el primer plan de estudio y el primer reglamento
escolar. ·
Se hicieron esfuerzos por vincular a las capas influyentes y
cultas con la educación del pueblo ·
Se trató de elevar la capacidad, el sueldo y la dignidad de los
maestros. Al
respecto se ha señalado: “Todo lo anterior fue el reflejo y la consecuencia
de un salto de calidad en el desarrollo de una clase social que iba
adquiriendo conciencia de sus intereses antifeudales y anticoloniales” (5). En
toda esta etapa predominó la injusticia y el oscurantismo, pero ello no fue una
limitante para que se alzaran voces
que reclamaban por una educación
desembarazada del escolasticismo y proyectada hacia lo más avanzado del
pensamiento de su época. Entre estos defensores del porvenir de la patria se
destaca José Agustín Caballero (1771-1835) uno de los más entusiastas y
activos miembros de la Sociedad Económica de Amigos del País. José Agustín
fue sacerdote, maestro, periodista
y filósofo y ha sido calificado como el “Padre
de la Filosofía Cubana”, ya
que se reconoce que fue el primero
que combatió desde su cátedra del Seminario de San Carlos el escolasticismo. Este
destacado educador fue representante
de la filosofía iluminista o de la Ilustración quien en 1795
escribió: “El sistema actual de la enseñanza pública de esta ciudad retarda
y embaraza el progreso de las artes (humanidades) y las ciencias” (6) Otra
reflexión importante sobre el
estado de la educación la señaló el Padre José Agustín cuando escribió en el Papel
Periódico de La Habana: “(…)
¿Qué ojos filosóficos pueden ver sin lágrimas el estado deplorable en que se
halla en nuestro país la educación de los hijos? Por donde quiera que se mire,
no ofrece otra cosa que motivo de dolor y sentimiento” (7). Otro
de los destacados educadores de
esta época fue el Presbítero Félix Varela y Morales (1788-1853), uno de los
estudiantes en el Seminario de San Carlos y
San Ambrosio en donde recibió influencias directas del Maestro José Agustín
Caballero y como discípulo de él
fue un continuador
de la labor reformadora que ya este maestro había iniciado
en Cuba. Varela,
posee el mérito de haber sido uno de los primeros representantes de las ideas
independentistas y abolicionistas: “…Su devoción cristiana, su inagotable
bondad, su claro talento y su vigorosa personalidad marcan un rumbo nuevo en la
educación del país y en los destinos de Cuba”. (8) Debido
a la influencia que ejerció Varela
en la Educación se conoce al período
comprendido entre 1811 y 1830 como
el “Período de Varela”. Y a él también se le conoce como el primero que nos enseñó a pensar. Son
varios los puntos de contactos que
tiene la labor y las ideas
de Félix Varela con nuestro tiempo y algunos de
ellos pueden resumirse en:
Otro
ilustre pedagogo cubano del siglo XIX que
desplegó una intensa labor educacional fue José de la Luz y Caballero
(1800-1862) quien continuó
impulsando el desarrollo del método explicativo que ya había
introducido Varela en la escuela, pero
que lo enriqueció con un enfoque más
práctico y experimental. Se le reconoce como un gran maestro que en su vida
personal y pública demostró su aforismo de que: “Instruir puede cualquiera,
pero educar solo quien sea un evangelio vivo” (9). La
magistral obra de este notable educador es
prolifera y en Cuba se han editado numerosos trabajos que reflejan el
alcance y la trascendencia de la teoría y la práctica desarrolladas por él.
En síntesis, si se debe destacar
la importancia que le concedió al papel que deben jugar todos los factores sociales
en el desarrollo de la
educación, en este sentido señalo: “Contribuyamos, contribuyamos todos, y
vosotros, sois los primeros cooperadores natos, padres, profesores y patriotas,
cada uno por su parte, para alcanzar el
punto de perfección a que aspiramos” (10) Las
ideas de todos estos educadores progresistas del siglo XIX en Cuba, se
concretaron en la práctica con el
ideal independista de cientos de patriotas que en 1868 demostraron con las armas
en la mano que los esfuerzos de los maestros, a
los que se ha hecho referencia, no
fueron inútiles ya que en su afán de alcanzar la independencia y abolir la
esclavitud se alzaron contra el gobierno colonial español que durante un largo
período de tiempo había impedido el verdadero desarrollo de la cultura y la
educación en la patria. A
pesar de que, con esta contienda
que se conoce en Cuba como la Guerra de los Diez años, no se alcanzó la victoria,
si fue un antecedente de mucha trascendencia para reiniciar la lucha por la verdadera
independencia de la patria, cuyo organizador principal lo fue el genial maestro y
Apóstol de nuestra independencia José Martí Pérez. (1853-1995) quien
alcanzó la cima del pensamiento de esta época, ante todo,
por sus posiciones progresistas,
independentistas y
antiimperialistas. A él se le conoce como el más universal de los cubanos. Fue
en este período histórico que se conformó el ideario pedagógico de
José Martí, que en el
plano teórico logró el nivel más alto de generalización, ya que
integró dialécticamente los principios planteados en
etapas históricas
anteriores a las nuevas condiciones, elemento este que
le permitió la evolución necesaria de su pensamiento educativo. En
el pensamiento del Apóstol se recogen numerosas reflexiones sobre el papel de
la educación en la formación de las nuevas generaciones, algunas de ellas se
transcriben para ilustrar el alcance y la actualidad de su pensamiento. El
alto concepto que Martí tuvo sobre la educación lo reflejó cuando dijo:
“Educar es depositar en cada hombre toda la obra que le ha antecedido: es
hacer a cada hombre resumen del mundo viviente,
hasta el día en que vive: es ponerlo a nivel de su tiempo para que flote sobre
él, y no dejarlo debajo de su tiempo, con lo que no podría salir a
flote: es preparar al hombre para la vida.”(11). En
otros de sus escritos sentenció: “Y pensamos que no hay mejor sistema de
educación que aquel que prepara al niño a aprender por si…” (12). Y
sobre el papel de la educación en la existencia de todo ser humano expresó:
“La educación empieza con la vida, y no acaba si no con la muerte” (13). En
otro de sus perdurables
pensamientos dijo: “No fructifica la educación si no es continua y
constante” (14). Y también que: “La educación es como un árbol, se
siembra una semilla y se abre en muchas ramas” (15). En
relación con la importancia de la escuela en la educación de las nuevas
generaciones y su vinculación con
la vida dijo: “En la escuela se ha de aprender el manejo de las fuerzas con
que en la vida se ha de luchar” (16). Y en otro de su magistrales pensamientos
indicó: “Escuelas no deberían decirse sino talleres…” (17) En este
sentido también demostró con su pensamiento el lugar que debe jugar la
institución escolar en la formación de valores en los jóvenes:
“Una escuela es una fragua de espíritus” (18). A la
vez, sobre la continuidad de estudios, aspecto este necesario para garantizar el
desarrollo económico y social de cualquier estado indicó: “Debe ajustarse un
programa de educación, que comience en la escuela de primeras letras y acabe en
una Universidad brillante, útil, en acuerdo con lo tiempos, estado y
aspiraciones de los países en que enseña” (19). Al
referirse a la educación vinculada con la vida de los pueblos en Nuestra América hizo reflexiones como la
siguiente: “Se está cometiendo en el sistema de educación en la América
Latina un error gravísimo: en pueblos que viven casi por completo de los
productos del campo, se educa exclusivamente a los hombres para la vida urbana,
y no se les prepara para la vida campesina” (20). La
combinación del estudio con el trabajo, aspecto este de mucha vigencia en la
escuela cubana actual tiene profundas raíces en las concepciones de José Martí
sobre la educación, quien señaló
desde el siglo XIX la necesidad de vincular
la teoría con la práctica, la escuela con la vida y la enseñanza con la producción. El
Apóstol, que como se ha dicho resumió
lo más progresista del pensamiento cubano de entonces, no solo
defendió la enseñanza científica para todos, sino que
proclamó la necesidad para
Nuestra América, la América Latina, de una educación que se sustentara, en
la realidad económica de los países de la región, cuyas riquezas y recursos
son principalmente agrícolas. En
la escuela cubana actual se recogen y aplican las sabias reflexiones filosófico-
pedagógicas de los ilustres
maestros y compatriotas del siglo XIX a los que se ha hecho referencia. Y de
ellos es figura cimera José Martí,
por cuanto supo integrar magistralmente, en nuevas condiciones históricas, los
ideales de la liberación nacional con lo más avanzados de la cultura y la
educación. Sin
dudas, el ideario de José martí en defensa de los valores culturales y de la
educación, constituyen referencias de plena vigencia para la gran patria
latinoamericana. Por
otra parte, el final del siglo XIX deparaba a los cubanos una amarga
experiencia, después de 30 años
de lucha por la liberación
nacional, iniciada por Carlos Manuel de Céspedes en 1868, continuada en la
Guerra Chiquita de 1879 a 1880 y revitalizada pujantemente por la Guerra de
Independencia de 1895, que organizó su máximo ideólogo y líder político José
Martí, el colapso del colonialismo en la isla era inminente. Fue
entonces cuando, en 1898, los círculos de poder norteamericanos intervinieron
militarmente en el territorio
nacional con el propósito de despojar al moribundo colonialismo ibérico de sus
posesiones e impedir la verdadera
independencia de Cuba. Como
se recoge en la historia, el final de aquel siglo estuvo marcado por la primera
guerra imperialista del mundo moderno causa por la cual, Cuba,
Puerto Rico, Guam y las Filipinas pasaban, en virtud del Tratado de Paris a
nuevos amos: al gobierno norteamericano. En
el caso de Cuba se inició un período de ocupación
militar norteamericana (1899) que se extendería hasta 1902. Esta intromisión
extranjera tuvo la ignominiosa misión de establecer las bases para la
dependencia neocolonial del país
durante el siguiente medio siglo. Esta
ocupación militar facilitaba consolidar el control del comercio, el incremento
de la penetración de capitales, la reorganización del sistema político cubano
en función de los intereses de dominación neocolonial y la celebración de una
asamblea Constituyente que diera al país una Constitución con un apéndice
impuesto y que es conocido como la Enmienda Platt,
instrumento que, entre otros fines, oficializaba la existencia de una base naval
y el derecho a la intervención militar cuando fuera necesaria. Se
perseguía la creación de las
condiciones para la anexión de la Isla y para lograrlo las autoridades norteamericanas pensaban que en un breve lapso, el
propio pueblo cubano pediría “por aclamación” la unión a los estados
Unidos. Las
fuentes documentales históricas recogen interesantes reflexiones sobre este
propósito, en un de ellas se dice que: “Desde el mismo inicio de la ocupación,
las autoridades norteamericanas detectaron en la educación pública una
oportunidad sin paralelo de promover en Cuba el desarrollo de actitudes y
valores compatibles con los objetivos más amplios de la política
norteamericana” (21). A
mediados de 1899, en plena intervención norteamericana el gobernador yanqui en
la isla, Leonard Word, expresó: “Considero (…) que un sistema colonial, tal
y como existe en algunas otras partes del mundo, es lo más apropiado para Cuba.
Los cubanos son excitables y, naturalmente, todavía no pueden comprender los
beneficios que obtendrán de un gobierno seguro y benévolo (…) Llevaría
tiempo alcanzar lo que todavía no es sino un deseo. Esto podrá lograrse solo
lentamente, y la mejor forma de lograrlo es a través de un sistema de educación”
(22) En
este contexto histórico la educación que
se diseñó para Cuba, según el cálculo yanqui, debía cumplir las
funciones siguientes: 1-
Facilitar la transformación de las estructuras, económica, política y
social, de manera que promovieran el control económico y político de la Isla
por los Estados Unidos 2-
Favorecer la socialización del lenguaje, los valores y las normas
norteamericanas y a su vez, promover la degradación ideológica de gran parte
de lo cubano. 3-
Evitar que los cubanos comprendieran el lugar histórico que ocupaban en
tiempo y espacio. 4-
Desdeñar toda identificación con culturas que no fueran la de los
Estados Unidos y, especialmente, alejar a Cuba de aquellas sociedades de mayor
afinidad con ella: las de Latinoamérica. 5-
Desanimar a los cubanos en sus intentos de mantenerse en contacto con un
pasado histórico genuino. 6-
Buscar el respeto y la admiración por las normas norteamericanas y el
desprecio y desaprobación por todo lo cubano (23). Es
aleccionador destacar que todos esas intenciones de la educación diseñada por
la administración yanqui fueron
rechazadas y combatidas por el magisterio progresista del país, ante todo
porque el pueblo ya tenía formada
una conciencia nacional: “(…) a la que contribuyó en buena medida, el
ideario educativo cubano que se formó cautelosamente y en medio de intensas
luchas ideológicas en los períodos históricos anteriores.” (24). No
obstante, la ocupación
norteamericana y su influencia en los distintos sectores de la vida nacional
significaron en la historia de la educación, entre otras cuestiones, la
interrupción y tergiversación del legado pedagógico de avanzada producido por
notables pensadores cubanos. Todo
ello vino a rematarlo la proclamación de la República a partir de 1902 y la
elección de un presidente cubano escogido por pensar y actuar
en concordancia con los intereses norteamericanos. Desde entonces Cuba no
fue más que una neocolonia yanqui y sus gobernantes actuaban bajo los designios
de Washington. La
verdad fue ocultada ya que los años
de heroica lucha del pueblo cubano
por su independencia fueron matizados por una lectura histórica que explicaba
que Cuba debía realmente su independencia a los Estados Unidos. Durante
la República Neocolonial, la influencia norteamericana en el ámbito
educacional fue un mal que acompañó a otro peor: el creciente abandono de la
escuela y la desatención de los servicios educacionales por parte de los
distintos gobiernos a través de los cuales operaron mecanismos de dominación
foránea. En
las primeras décadas de la República neocolonial se destaca la labor
educacional realizada por importantes educadores de la patria como lo fue Enrique José Varona (1849-1933), quien desde finales del
siglo anterior ya venía aportando notables ideas a la filosofía y la educación.
Varona en su amplia obra abogó por el método científico y la observación, él
señaló que nuestros profesores deben ser: “(…) hombres dedicados a enseñar
como se aprende, cómo se consulta, cómo se investiga; hombres que provoquen y
ayuden el trabajo del estudiante; no hombres que den recetas y fórmulas (…)
un colegio, un instituto, una
universidad debe ser talleres donde se trabaja,
no teatro donde se declama” (25). Numerosos
son los educadores de la época que
realizaron una meritoria labor que perdura hasta nuestros días, por solo citar
algunos mencionaremos a los Doctores
Carlos de la Torre y Huerta y Alfredo
Miguel Aguayo. Ellos desde
las aulas y cátedras
supieron instruir y educar a las generaciones que les correspondió formar y
dejaron sabias experiencias en el orden teórico y práctica que
hoy tienen vigencia. De
esta etapa de la historia de la educación en Cuba, se pueden extraer numerosas
regularidades, pero las más significativas dan fe de la escasez
de escuelas públicas para garantizar la enseñanza a todos los habitantes del
país en edad escolar, así como la existencia de métodos y procedimientos de
aprendizaje que no propiciaban la
formación que se necesitaba en
aquel entonces. Por otra parte, los barrios más humildes
y populosos de las aglomeraciones urbanas no tenían suficientes escuelas
y en las que existían, se agrupaba el
doble o el triple de los niños que podía atender un maestro. La
situación educacional en las zonas rurales del país se hacía mucho más
compleja y sobre todo en las regiones
montañosas y de difícil acceso ya
que no tenían escuelas y por lo
tanto centenares de miles de niños campesinos no lograban aprender ni siquiera
las primeras letras. En
el orden material la situación era más caótica ya que las instalaciones
escolares eran inadecuadas y no se contaba con los necesarios medios para llevar
adelante .el proceso docente educativo. Por otra parte, los recursos que el Estado asignaba a la educación nacional no solamente eran escasos, sino que su administración y manejo se caracterizaba por el despilfarro, la malversación y el robo abierto de estos recursos. A su vez, el Ministerio de Educación y sus filiales eran centros de politiquería donde se maltrataba y humillaba a los maestros y profesores vulnerando sus más elementales derechos. Sin embargo, en la escuela pública cubana y en sus mejores maestros se conservaron las más puras y progresistas tradiciones de las luchas revolucionarias y libertadoras del pasado. Muchos educadores trasmitieron el aliento mambí a las nuevas generaciones y lucharon contra libros de textos que trataron de imponer los yanquis donde se exaltaban sus valores y su modo de vida. Consecuentemente, en la escuela pública, donde ejercieron las tareas educativas cientos de maestros que querían una patria distinta, enseñaron las gestas independentistas de patriotas como Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramante, Antonio Maceo, Máximo Gómez, José Martí y otros. A la
vez, la vanguardia del magisterio
cubano continuó luchando contra
los propósitos oficiales, defendiendo desde sus aulas con un gran poder
creativo la tradición pedagógica progresista cubana, y escribieron páginas heroicas
en defensa de los mejores intereses de la Patria. Entre estas figuras están los
nombres de Salvador Massip
Valdés, Sarah Ysalgué de Massip,
Gaspar Jorge García Gallo, Juan
Marinillo Vidaurreta, entre otros. Es
fácil comprender entonces que
la postura que adoptaron los cubanos de entonces y la conciencia ya
desarrollada por el pueblo
triunfaron, en el intento
anexionista yanqui En
el breve recorrido histórico que se ha realizado sobre la evolución de la
educación en Cuba, no se puede
pasar por alto el análisis crítico
que hizo Fidel Castro en la Historia me Absolverá (1953) acerca de
la problemática social del país y en especial educacional que se vivió
entonces, en estos conceptos se
aprecia claramente la influencia de
las nuevas concepciones y de la tradición martiana, por lo tanto se vislumbra
que las ideas pedagógicas pasan a un plano superior. En
dicho alegato Fidel denunció el
estado deplorable de la educación después
de casi 50 años de predominio de la República burguesa. En este sentido expresó:
“(…) a las escuelitas públicas del campo asisten descalzos semidesnudos y
desnutridos, menos de la mitad de los niños de edad escolar, y muchas veces es
el maestro quien tiene que adquirir con su propio sueldo el material
necesario” (26). Se
destacan a continuación algunos ejemplos que ilustran el estado de la educación
en Cuba durante su etapa neocolonial,
estos son:
Con
el fin de conocer el estado de la educación en el país,
desde el punto de vista cuantitativo,
en el decenio de los años
cincuenta del pasado siglo se utilizan algunas cifras que en las páginas XXXVIII
y XXXIX del informe general del censo de población, viviendas y electoral de
1953, en el capítulo llamado Características
culturales, se publicaron. En
este documento se dice que la población
escolar de 6 a 14 años que debía asistir a las escuelas del país era de
1,2 millón de habitantes, lo que representaba el
21,1% de la población total de Cuba. De esa cantidad solamente reportaban que
concurrían a las aulas el 55,6%,
por lo tanto se ausentaban de las escuelas o no disponías de ellas un total de 547 mil niños, el 44,4 %. Evidentemente,
el alto porcentaje de la población
cubana, en edad escolar, que
no asistía a la escuela era la
causa fundamental del alto índice de analfabetos que arrojó el citado censo de población. En
otra de sus partes del documento se
examina el fenómeno de la asistencia de los niños cubanos a las escuelas,
teniendo en cuenta las zonas donde vivían, de este análisis se pueden extraer
datos muy interesantes, por ejemplo, de
los 629 mil habitantes de 6 a 14 años en edad
escolar que vivían en las zonas rurales, solamente asistía a
la escuela el 38.7 % y de acuerdo con la entonces división política
administrativa del país, en la provincia
de Oriente se registraba el punto más
bajo de asistencia escolar de la población rural, con el 26,9 %. Por otra
parte, la `provincia de la Habana
mostraba el más alto porcentaje de asistencia rural, con el 63.8 %. Según
las estadísticas publicadas en este censo, la población de 15 a 19 años de
edad que tenía el país era de 558
mil habitantes, de los cuales asistían a
la escuela 92 mil, significando ello que, menos del 17 %, continuaban los estudios secundarios. La provincia de La
Habana era la que registraba el más
alto porcentaje de asistencia a
clases de ese grupo de edad con el 30 %, y la provincia donde se producía el
porcentaje más bajo era Pinar del
Río, con el 11.0%. En
el censo se dice que la población de10 años y más de edad en Cuba en aquel
entonces se elevaba a la cifra
global de 4,4 millones de habitantes, de los cuales eran analfabetos 1.0 millón, lo que representaba un
23,6% de analfabetismo para el país. Considerando el
analfabetismo en cuanto a la ubicación de la población por zonas, se destaca que
el 41,7 % de la población rural era analfabeta. Sin
embargo el drama social era mayor
pues había grandes masas de subescolarizados, ya que casi otro millón de
trabajadores apenas poseía los niveles mínimos de escolaridad. A
modo de Conclusiones generales se
pueden destacar las siguientes: El
panorama educacional cubano existente hasta 1959, se caracterizó por la
ausencia de un sistema científico y coherente en la educación; además, no
eran objeto de atención la educación preescolar, la educación especial para
niños con necesidades educativas especiales y la de adultos. En consecuencia,
la despreocupación de los
gobernantes por la educación era casi absoluta. En
el pensamiento progresista cubano son numerosos los educadores que se
pronunciaron por transformar la educación del país y convertirla en el motor
impulsor de la sociedad. En este sentido fueron luchadores incansables para
lograr este propósito, Félix
Varela Morales, José de la Luz y
Caballero, José Martí Pérez, Enrique José Varona Pera y otros. Las
regularidades fundamentales de la educación en esta etapa se pueden resumir en
las siguientes características:
La
consecuencia más significativa del estado en que se encontraba la educación en
el país fue, entre otras cosas más,
que había provocado el más
completo descrédito de aquel Estado burgués, cuyo gobierno se desplomaba a
impulsos de un pueblo dispuesto a cambiar aquella realidad. Referencias bibliográficas. (1)
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Del ideario pedagógico de José de la Luz y Caballero (188-1862) Editorial
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La Habana, 1975 Kolésnikov, Nicolái. Cuba: educación popular y preparación de los cuadros nacionales 1959-1982. Editorial Progreso Moscú, 1983
Datos de los autores. Dr.
José Alfredo León Méndez. Profesor Auxiliar. jleon@ispss.rimed.cu MsC
(DTE). Martha Beatriz Valdés Rojas. Profesor Asistente. mrojas@ispss.rimed.cu
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