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La tradición pedagógica cubana: Reflexiones acerca de su vigencia

Resumen: Con el presente trabajo damos inicio a una serie de cuatro artículos relacionados con el desarrollo de la Educación en Cuba, en estos trabajos se recogen los principales momentos del devenir de esta actividad en el contexto de nuestro país y se hacen reflexiones que pueden ser de interés, ante todo, para estudiantes interesados en el conocimiento de la evolución histórica de los procesos educativos nacionales y su ejemplificación en el caso concreto de unas de las provincias cubanas.(V)
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Autor: Dr. Jose Alfredo León Méndez y MsC. Martha Beatriz Valdés Rojas

Resumen:

Con el presente trabajo damos inicio a una serie de cuatro artículos relacionados con el desarrollo de la Educación en Cuba, en estos trabajos se recogen los principales momentos del devenir de esta actividad en el contexto de nuestro país y se hacen reflexiones que pueden ser de interés, ante todo, para estudiantes interesados en el conocimiento de la evolución histórica de los procesos educativos nacionales y su ejemplificación en el caso concreto de unas de las provincias cubanas.

 

Desarrollo:

No sin razón se ha afirmado que: “La cultura cubana cuenta entre sus aportes más significativos con una pedagogía original. Esta se conformó durante un largo proceso de desarrollo –no exento de contradicciones-, y ha formado parte intrínseca de los momentos más fecundos de la historia política de nuestra Patria” (1).

A la vez, las concepciones pedagógicas que se desarrollaron en Cuba a lo largo de su historia, se fueron nutriendo de lo más positivo del pensamiento pedagógico universal y ellas dieron lugar al nacimiento y desarrollo de la cubanía misma. Para ello, tuvo que asumir, en su devenir, el encargo de fortalecerse y defenderse de las poderosas fuerzas que pretendían su disolución para que pudiera avanzar a etapas superiores.

En todo ese proceso evolutivo se distinguen diferentes etapas que, en mutua interrelación, propiciaron su conformación hasta dar lugar a un sólido proceso de continuidad histórica. En cada una de ellas se destacan diferentes momentos, con sus particulares y sus líneas generales de desarrollo acorde con el momento histórico. Este proceso será analizado con un marcado sentido de síntesis generalizadora para fijar sus rasgos más sobresalientes.

Como se conoce, Cuba fue la última posesión de España en tierras de América y durante más de cuatro siglos la mayor parte de su pueblo estuvo excluida del acceso a la educación y a la cultura. El país se había convertido en una factoría en la que imperaban fuertes relaciones feudales y esclavistas con grandes contradicciones clasistas.

El gobierno español que imperaba en el país, durante casi trescientos años no organizó un sistema escolarizado de educación, como vía para la formación y preparación de las nuevas generaciones.

En esta realidad se destaca la ausencia de libertad de los cubanos lo que hacía muy difícil que se desarrollaran ideas y gestiones concretas para el enriquecimiento espiritual del hombre. En ese contexto histórico, a la clase dominante, le bastaba para lograr sus fines el empleo de las llamadas formas no escolarizadas de la educación.

Eso explica que en este período las escuelas fueran muy escasas y las que surgieron eran de carácter privado y bajo una férrea dirección de la iglesia o de personas que salvo excepciones no poseían la preparación requerida para la dirección del proceso docente educativo.

Es fácil comprender entonces que la enseñanza no era una preocupación del Estado ya que a los gobernantes solo le interesaba la educación de los niños de la nobleza y del alto clero, el resto de la población no tenía acceso a tan importante derecho humano.

No fue hasta las primeras décadas del siglo XVIII que se observó alguna mejoría en el quehacer educacional del país, principalmente en los niveles de enseñanza media y superior. Hechos fundacionales se registraron en esta etapa como, el Seminario de San Basilio el Magno que se creo en Santiago de Cuba en 1722 y la Real y Pontificia Universidad de La Habana en 1728.

Luego de la toma de la capital del país por los ingleses (1762-1763) se aplicó en Cuba la política llamada de despotismo ilustrado y ello, unido a  otras circunstancias históricas,  dio lugar a que se  abrieran nuevas posibilidades para el progreso económico de la isla, al mismo tiempo,   estos hechos influyeron positivamente en el plano de las ideas políticas y en el ambiente cultural de la isla. Este proceso se consolidó a fines del siglo XVIII e inicios del XIX.

Como consecuencia del  auge económico  que se produce en  esta época, principalmente  en la industria azucarera, se observa en el país la  conformación de una burguesía criolla que fue adquiriendo  conciencia de su papel y que, a la vez,  se transformó en la primera clase social plenamente estructurada y en el primer núcleo dirigente de la nación.

La influencia de todos estos factores posibilitaron  que a partir de 1790 se fundaran diversas sociedades e instituciones, entre ellas la más conocida fue la Sociedad Económica de Amigos del País,  que vio la luz en La Habana en 1793. Esta corporación  tuvo a su cargo la organización de la enseñanza, hasta que en 1842 se dictó por el gobierno español la primera Ley General de Instrucción Pública que se promulgó en la Isla.

Una vez surgida esta Sociedad, por  real cédula, se le asignó como una de sus más importantes tareas la de: “fomentar, vigilar y dirigir la educación publica.”(2). Y también se reconoce que: “El principal mérito de esta labor fue su carácter organizado, definido como el primer sistema escolar primario que hubo en Cuba. Las escuelas aumentaron en número con el consiguiente beneficio para los niños, pero no variaron el contenido de las materias, su extensión y el método de enseñanza” (3).

La lucha que esta  institución realizó por mejorar la enseñanza  se ha reconocido como meritoria y como consecuencia de su intensa labor,  en 1816 se logró la creación de la  Sección de Educación en el seno de ella,  la que entre sus fines perseguía que la educación tomara un carácter práctico de aplicación inmediata en la vida y; “Respetar y hacer estimar a los maestros de primeras letras en lo que valen, por su digno ministerio” (4).

De manera muy general se puede resumir  el quehacer educacional que se realizó  en Cuba en el período de 1793 a 1842 en los siguientes aspectos:

·        Se establecieron  las primeras escuelas públicas de enseñanza primaria gratuita.

·        Se establecieron,  por primera vez requisitos de capacidad para ejercer como maestros.

·        Se instituyó la inspección de las escuelas

·        Se amplió el número de las materias de enseñanza.

·        Aparecieron métodos y procedimientos didácticos nuevos.

·        Se formuló el primer plan de estudio y el primer reglamento escolar.

·        Se hicieron esfuerzos por vincular a las capas influyentes y cultas con la educación del pueblo

·        Se trató de elevar la capacidad, el sueldo y la dignidad de los maestros.

Al respecto se ha señalado: “Todo lo anterior fue el reflejo y la consecuencia  de un salto de calidad en el desarrollo de una clase social que iba adquiriendo conciencia de sus intereses antifeudales y anticoloniales” (5).

En toda esta etapa predominó la injusticia y el oscurantismo, pero ello no fue una limitante para que se alzaran  voces que reclamaban por  una educación desembarazada del escolasticismo y proyectada hacia lo más avanzado del pensamiento de su época. Entre estos defensores del porvenir de la patria se destaca José Agustín Caballero (1771-1835) uno de los más entusiastas y activos miembros de la Sociedad Económica de Amigos del País. José Agustín fue  sacerdote, maestro, periodista y filósofo y ha sido calificado como el “Padre de la Filosofía  Cubana”, ya que se reconoce que fue  el primero que combatió desde su cátedra del Seminario de San Carlos el escolasticismo.

Este destacado educador fue representante   de la filosofía iluminista o de la Ilustración quien en 1795 escribió: “El sistema actual de la enseñanza pública de esta ciudad retarda y embaraza el progreso de las artes (humanidades) y las ciencias” (6)

Otra reflexión importante sobre  el estado de la educación la señaló el Padre José Agustín cuando  escribió en el  Papel Periódico de La Habana:   “(…) ¿Qué ojos filosóficos pueden ver sin lágrimas el estado deplorable en que se halla en nuestro país la educación de los hijos? Por donde quiera que se mire, no ofrece otra cosa que motivo de dolor y sentimiento” (7). 

Otro de los destacados educadores  de esta  época fue  el Presbítero Félix Varela y Morales (1788-1853), uno de los estudiantes en el Seminario de San Carlos  y San Ambrosio en donde recibió influencias directas del Maestro José Agustín Caballero  y como discípulo de él fue  un continuador  de la labor reformadora que ya este maestro había iniciado  en  Cuba.

Varela, posee el mérito de haber sido uno de los primeros representantes de las ideas independentistas y abolicionistas: “…Su devoción cristiana, su inagotable bondad, su claro talento y su vigorosa personalidad marcan un rumbo nuevo en la educación del país y en los destinos de Cuba”. (8)

Debido a la influencia que ejerció  Varela en la Educación  se conoce al período comprendido entre 1811 y 1830  como el “Período de Varela”. Y a él también se le conoce como  el primero que nos enseñó a pensar.

Son varios los puntos de  contactos que tiene la labor  y las ideas  de Félix Varela con nuestro tiempo y algunos de  ellos pueden resumirse en:

  • Como filósofo se enfrentó a la escolástica
  • Como maestro, enseñó deleitando,
  • Como hombre supo entender que sus deberes para con la patria no se limitaban a ser un buen maestro, sino que debía salir de los estrechos marcos del aula y entregarse a los demás.
  • Tuvo fe en la juventud y puso en ella la esperanza de nuestra liberación.

Otro ilustre pedagogo cubano del siglo XIX  que desplegó una intensa labor educacional fue José de la Luz y Caballero (1800-1862) quien  continuó  impulsando el desarrollo del método explicativo que ya había introducido Varela en la escuela,  pero que  lo enriqueció con un enfoque más práctico y experimental. Se le reconoce como un gran maestro que en su vida personal y pública demostró su aforismo de que: “Instruir puede cualquiera, pero educar solo quien sea un evangelio vivo” (9).

La magistral obra de este notable educador es  prolifera y en Cuba se han editado numerosos trabajos que reflejan el alcance y la trascendencia de la teoría y la práctica desarrolladas por él. En síntesis,  si se debe destacar la importancia que le concedió al papel que deben jugar  todos los factores sociales  en el  desarrollo de la educación, en este sentido señalo: “Contribuyamos, contribuyamos todos, y vosotros, sois los primeros cooperadores natos, padres, profesores y patriotas, cada uno por su parte, para alcanzar  el punto de perfección a que aspiramos” (10)  

Las ideas de todos estos educadores progresistas del siglo XIX en Cuba,  se concretaron en la  práctica con el ideal independista de cientos de patriotas que en 1868 demostraron con las armas en la mano que los esfuerzos de los maestros,  a los que se ha hecho referencia,  no fueron inútiles ya que en su afán de alcanzar la independencia y abolir la esclavitud se alzaron contra el gobierno colonial español que durante un largo período de tiempo había impedido el verdadero desarrollo de la cultura y la educación en la patria.

A pesar de que,  con esta contienda que se conoce en Cuba como la Guerra de los Diez años,  no se alcanzó la victoria,   si fue un antecedente de mucha  trascendencia para reiniciar la lucha por la verdadera independencia de la patria, cuyo organizador principal lo fue el  genial maestro  y Apóstol de nuestra independencia José Martí Pérez. (1853-1995)  quien alcanzó la cima del pensamiento de esta época, ante todo,  por sus posiciones  progresistas, independentistas  y antiimperialistas. A él se le conoce como el más universal de los cubanos.

Fue en este período histórico que se conformó  el ideario pedagógico  de José Martí, que en   el  plano  teórico logró el nivel más alto de generalización, ya que integró dialécticamente los principios planteados en  etapas  históricas anteriores a las nuevas condiciones, elemento este  que le permitió la evolución necesaria de su pensamiento educativo.

En el pensamiento del Apóstol se recogen numerosas reflexiones sobre el papel de la educación en la formación de las nuevas generaciones, algunas de ellas se transcriben para ilustrar el alcance y la actualidad de su pensamiento.

El alto concepto que Martí tuvo sobre la educación lo reflejó cuando dijo: “Educar es depositar en cada hombre toda la obra que le ha antecedido: es hacer a cada hombre resumen del mundo  viviente, hasta el día en que vive: es ponerlo a nivel de su tiempo para que flote sobre él, y no dejarlo debajo de su tiempo, con lo que no podría salir a  flote: es preparar al hombre para la vida.”(11).   

En otros de sus escritos sentenció: “Y pensamos que no hay mejor sistema de educación que aquel que prepara al niño a aprender por si…” (12).

Y sobre el papel de la educación en la existencia de todo ser humano expresó: “La educación empieza con la vida, y no acaba si no con la muerte” (13). En otro de sus  perdurables pensamientos dijo: “No fructifica la educación si no es continua y constante” (14). Y también que: “La educación es como un árbol, se siembra una semilla y se abre en muchas ramas” (15).

En relación con la importancia de la escuela en la educación de las nuevas generaciones  y su vinculación con la vida dijo: “En la escuela se ha de aprender el manejo de las fuerzas con que en la vida se ha de luchar” (16). Y en otro de su magistrales pensamientos indicó: “Escuelas no deberían decirse sino talleres…” (17) En este sentido también demostró con su pensamiento el lugar que debe jugar la institución escolar en la formación de valores en los jóvenes:    “Una escuela es una fragua de espíritus” (18).

A la vez, sobre la continuidad de estudios, aspecto este necesario para garantizar el desarrollo económico y social de cualquier estado indicó: “Debe ajustarse un programa de educación, que comience en la escuela de primeras letras y acabe en una Universidad brillante, útil, en acuerdo con lo tiempos, estado y aspiraciones de los países en que enseña” (19).

Al referirse a la educación vinculada con la vida de los  pueblos en Nuestra América hizo reflexiones como la siguiente: “Se está cometiendo en el sistema de educación en la América Latina un error gravísimo: en pueblos que viven casi por completo de los productos del campo, se educa exclusivamente a los hombres para la vida urbana, y no se les prepara para la vida campesina” (20).   

La combinación del estudio con el trabajo, aspecto este de mucha vigencia en la escuela cubana actual tiene profundas raíces en las concepciones de José Martí sobre la educación, quien   señaló desde el siglo XIX la necesidad de  vincular la teoría con la práctica, la escuela  con la vida y la enseñanza con la producción.

El Apóstol, que como se ha dicho  resumió lo más progresista del pensamiento cubano de entonces, no solo  defendió la enseñanza científica para todos, sino que  proclamó  la necesidad para Nuestra América, la América Latina, de una educación  que se sustentara,  en la realidad económica de los países de la región, cuyas riquezas y recursos  son principalmente agrícolas.  

En la escuela cubana actual se recogen y aplican las  sabias reflexiones  filosófico- pedagógicas de los  ilustres maestros y compatriotas del siglo XIX a los que se ha hecho referencia. Y de ellos  es figura cimera José Martí, por cuanto supo integrar magistralmente, en nuevas condiciones históricas, los ideales de la liberación nacional con lo más avanzados de la cultura y la educación.

Sin dudas, el ideario de José martí en defensa de los valores culturales y de la educación, constituyen referencias de plena vigencia para la gran patria latinoamericana.

Por otra parte, el final del siglo XIX deparaba a los cubanos una amarga experiencia,  después de 30 años de lucha por  la liberación nacional, iniciada por Carlos Manuel de Céspedes en 1868, continuada en la Guerra Chiquita de 1879 a 1880 y revitalizada pujantemente por la Guerra de Independencia de 1895, que organizó su máximo ideólogo y líder político José Martí, el colapso del colonialismo en la isla era inminente.

Fue entonces cuando, en 1898, los círculos de poder norteamericanos intervinieron militarmente en el  territorio nacional con el propósito de despojar al moribundo colonialismo ibérico de sus posesiones e impedir  la verdadera independencia de Cuba.

Como se recoge en la historia, el final de aquel siglo estuvo marcado por la primera guerra imperialista del mundo moderno causa por la cual,  Cuba, Puerto Rico, Guam y las Filipinas pasaban, en virtud del Tratado de Paris a nuevos amos: al gobierno norteamericano.

En el caso de Cuba se inició un período de ocupación militar norteamericana (1899) que se extendería hasta 1902. Esta intromisión extranjera tuvo la ignominiosa misión de establecer las bases para la dependencia neocolonial del  país durante el siguiente medio siglo.

 Esta ocupación militar facilitaba consolidar el control del comercio, el incremento de la penetración de capitales, la reorganización del sistema político cubano en función de los intereses de dominación neocolonial y la celebración de una asamblea Constituyente que diera al país una Constitución con un apéndice impuesto y que es  conocido como la  Enmienda Platt, instrumento que, entre otros fines, oficializaba la existencia de una base naval y el derecho a la intervención militar cuando fuera necesaria.

Se perseguía la creación de  las condiciones para la anexión de la Isla y para lograrlo las  autoridades norteamericanas pensaban que en un breve lapso, el propio pueblo cubano pediría “por aclamación” la unión a los estados Unidos.

Las fuentes documentales históricas recogen interesantes reflexiones sobre este propósito, en un de ellas se dice que: “Desde el mismo inicio de la ocupación, las autoridades norteamericanas detectaron en la educación pública una oportunidad sin paralelo de promover en Cuba el desarrollo de actitudes y valores compatibles con los objetivos más amplios de la política norteamericana” (21).

A mediados de 1899, en plena intervención norteamericana el gobernador yanqui en la isla, Leonard Word, expresó: “Considero (…) que un sistema colonial, tal y como existe en algunas otras partes del mundo, es lo más apropiado para Cuba. Los cubanos son excitables y, naturalmente, todavía no pueden comprender los beneficios que obtendrán de un gobierno seguro y benévolo (…) Llevaría tiempo alcanzar lo que todavía no es sino un deseo. Esto podrá lograrse solo lentamente, y la mejor forma de lograrlo es a través de un sistema de educación” (22)

En este contexto histórico la educación que  se diseñó para Cuba, según el cálculo yanqui, debía cumplir las funciones siguientes:

1-     Facilitar la transformación de las estructuras, económica, política y social, de manera que promovieran el control económico y político de la Isla por los Estados Unidos

2-     Favorecer la socialización del lenguaje, los valores y las normas norteamericanas y a su vez, promover la degradación ideológica de gran parte de lo cubano.

3-     Evitar que los cubanos comprendieran el lugar histórico que ocupaban en tiempo y espacio.

4-     Desdeñar toda identificación con culturas que no fueran la de los Estados Unidos y, especialmente, alejar a Cuba de aquellas sociedades de mayor afinidad con ella: las de Latinoamérica.

5-     Desanimar a los cubanos en sus intentos de mantenerse en contacto con un pasado histórico genuino.

6-     Buscar el respeto y la admiración por las normas norteamericanas y el desprecio y desaprobación por todo lo cubano (23).  

Es aleccionador destacar que todos esas intenciones de la educación diseñada por  la administración yanqui  fueron rechazadas y combatidas por el magisterio progresista del país, ante todo porque el pueblo  ya tenía formada una conciencia nacional: “(…) a la que contribuyó en buena medida, el ideario educativo cubano que se formó cautelosamente y en medio de intensas luchas ideológicas en los períodos históricos anteriores.” (24).   

No obstante, la  ocupación norteamericana y su influencia en los distintos sectores de la vida nacional significaron en la historia de la educación, entre otras cuestiones, la interrupción y tergiversación del legado pedagógico de avanzada producido por notables pensadores cubanos.

Todo ello vino a rematarlo la proclamación de la República a partir de 1902 y la elección de un presidente cubano escogido por pensar y actuar  en concordancia con los intereses norteamericanos. Desde entonces Cuba no fue más que una neocolonia yanqui y sus gobernantes actuaban bajo los designios de Washington.

La verdad fue ocultada ya que los  años de heroica lucha  del pueblo cubano por su independencia fueron matizados por una lectura histórica que explicaba que Cuba debía realmente su independencia a los Estados Unidos.

Durante la República Neocolonial, la influencia norteamericana en el ámbito educacional fue un mal que acompañó a otro peor: el creciente abandono de la escuela y la desatención de los servicios educacionales por parte de los distintos gobiernos a través de los cuales operaron mecanismos de dominación foránea.

En las primeras décadas de la República neocolonial se destaca la labor educacional realizada por importantes  educadores de la patria como lo fue  Enrique José Varona (1849-1933), quien desde finales del siglo anterior ya venía aportando notables ideas a la filosofía y la educación. Varona en su amplia obra abogó por el método científico y la observación, él señaló que nuestros profesores deben ser: “(…) hombres dedicados a enseñar como se aprende, cómo se consulta, cómo se investiga; hombres que provoquen y ayuden el trabajo del estudiante; no hombres que den recetas y fórmulas (…) un colegio,  un instituto, una universidad debe ser talleres donde se trabaja,  no teatro donde se declama” (25).

Numerosos son los  educadores de la época que realizaron una meritoria labor que perdura hasta nuestros días, por solo citar algunos mencionaremos a los  Doctores Carlos de la Torre  y Huerta y  Alfredo Miguel Aguayo. Ellos  desde  las  aulas y cátedras supieron instruir y educar a las generaciones que les correspondió formar  y dejaron sabias experiencias en el orden teórico y práctica  que hoy tienen vigencia.

De esta etapa de la historia de la educación en Cuba, se pueden extraer numerosas regularidades, pero las más significativas dan fe de la  escasez de escuelas públicas para garantizar la enseñanza a todos los habitantes del país en edad escolar, así como la existencia de métodos y procedimientos de aprendizaje  que no propiciaban la formación  que se necesitaba en aquel entonces. Por otra  parte,  los barrios más humildes  y populosos de las aglomeraciones urbanas no tenían suficientes escuelas y en las que existían, se agrupaba  el doble o el triple de los niños que podía atender un maestro.

La situación educacional en las zonas rurales del país se hacía mucho más compleja y sobre todo en  las  regiones montañosas y de  difícil acceso ya que  no tenían escuelas y por lo tanto centenares de miles de niños campesinos no lograban aprender ni siquiera las primeras letras.

En el orden material la situación era más caótica ya que las instalaciones escolares eran inadecuadas y no se contaba con los necesarios medios para llevar adelante .el proceso docente educativo.

Por otra parte, los recursos que el Estado asignaba  a la educación nacional no solamente eran escasos, sino que su administración y manejo se caracterizaba por el despilfarro, la malversación y el robo abierto de estos recursos. A su vez, el Ministerio de Educación y sus filiales eran centros de politiquería donde se maltrataba  y humillaba a los maestros y profesores vulnerando sus más elementales derechos.

Sin embargo, en la escuela pública cubana y en sus  mejores maestros se conservaron las más puras y progresistas tradiciones  de las luchas revolucionarias y libertadoras del pasado. Muchos educadores  trasmitieron el aliento mambí a las nuevas generaciones y lucharon contra  libros de  textos  que trataron de imponer los yanquis donde se  exaltaban  sus valores y su modo de vida. Consecuentemente,  en la escuela pública, donde ejercieron las tareas educativas cientos de   maestros que querían una patria distinta, enseñaron las gestas independentistas  de patriotas como  Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramante, Antonio Maceo, Máximo Gómez, José Martí y otros.

A la vez,  la vanguardia del magisterio cubano continuó luchando  contra los propósitos oficiales, defendiendo desde sus aulas con un gran poder creativo la tradición pedagógica progresista cubana, y escribieron  páginas  heroicas en defensa de los mejores intereses de la Patria. Entre estas figuras están los nombres de   Salvador Massip Valdés,  Sarah Ysalgué de Massip,  Gaspar Jorge García Gallo,  Juan Marinillo Vidaurreta, entre otros.

 Es fácil comprender entonces  que  la postura que adoptaron los cubanos de entonces y la conciencia ya desarrollada  por el pueblo triunfaron, en el  intento anexionista yanqui

En el breve recorrido histórico que se ha realizado sobre la evolución de la educación en  Cuba, no se puede pasar por alto el  análisis crítico que hizo Fidel Castro en la Historia me Absolverá  (1953)  acerca de la problemática social del país y en especial educacional que se vivió entonces, en estos conceptos  se aprecia claramente la influencia  de las nuevas concepciones y de la tradición martiana, por lo tanto se vislumbra que las ideas pedagógicas pasan a un plano superior.

En dicho alegato  Fidel denunció el estado deplorable de la educación  después de casi 50 años de predominio de la República burguesa. En este sentido expresó: “(…) a las escuelitas públicas del campo asisten descalzos semidesnudos y desnutridos, menos de la mitad de los niños de edad escolar, y muchas veces es el maestro quien tiene que adquirir con su propio sueldo el material necesario” (26).   

Se destacan a continuación algunos ejemplos que ilustran el estado de la educación en Cuba durante su etapa  neocolonial, estos  son:

  • La existencia de un solo centro de enseñanza industrial, con un nivel equivalente al de técnico medio, que era le Escuela Superior de Artes y Oficios. Funcionaban otros 16 centros, pero solo preparaban obreros calificados en cantidades muy reducidas.
  • La enseñanza agropecuaria presentaba una situación crítica, pues solo se contaba con seis granjas escuelas y un instituto forestal con escasa posibilidades de matrícula y recursos.
  • Un mayor nivel de desarrollo en las escuelas de comercio con estudios de economía y contabilidad debido al interés de las clases dominantes.  Existían 11 centros estatales y un número mayor controlado por organizaciones privadas.
  • La fundación de tres Universidades oficiales, que existían antes del triunfo de la Revolución: la Universidad de La Habana, fundada en 1728 y secularizada por la Corona española en 1842; la de Oriente, creada en 1947 y la Central de Las Villas en 1952.
  • La Educación Especial para impedidos físicos y mentales era virtualmente inexistente. Las pocas instituciones que funcionaban solo tenían un exiguo apoyo estatal y dependían fundamentalmente de patronos particulares. 

Con el fin de conocer el estado de la educación en el país,   desde el punto de vista cuantitativo,   en  el decenio de los años cincuenta del pasado  siglo se utilizan algunas cifras que en las páginas XXXVIII y XXXIX del informe general del censo de población, viviendas y electoral de 1953, en el capítulo llamado Características culturales,  se publicaron.

En este documento se dice que la  población escolar de 6 a 14 años que debía asistir a las escuelas del país era  de 1,2 millón de habitantes, lo que representaba  el 21,1% de la población total de Cuba. De esa cantidad solamente reportaban que concurrían a las aulas  el 55,6%, por lo tanto se ausentaban de las escuelas o no disponías de ellas un total de  547 mil niños, el 44,4 %.

Evidentemente, el  alto porcentaje de la población cubana,  en edad escolar,  que no asistía  a la escuela era  la causa fundamental del alto índice de analfabetos que arrojó el citado   censo de población.

En otra de sus partes  del documento se examina el fenómeno de la asistencia de los niños cubanos a las escuelas, teniendo en cuenta las zonas donde vivían, de este análisis se pueden extraer datos muy interesantes, por ejemplo,   de los 629 mil habitantes de 6 a 14 años en  edad escolar  que vivían en las zonas rurales, solamente asistía  a la escuela el 38.7 % y de acuerdo con la entonces división política administrativa del país, en la  provincia de Oriente se registraba  el punto más bajo de asistencia escolar de la población rural, con el 26,9 %. Por otra parte, la `provincia de la  Habana mostraba  el más alto porcentaje de asistencia rural, con el 63.8 %.

Según las estadísticas publicadas en este censo, la población de 15 a 19 años de edad que tenía el país era de  558 mil habitantes, de los cuales asistían  a la escuela 92 mil, significando ello que, menos del 17 %,  continuaban los estudios secundarios. La provincia de La Habana era la que registraba el  más alto porcentaje de asistencia  a clases de ese grupo de edad con el 30 %, y la provincia donde se producía el porcentaje más bajo era  Pinar del Río, con el 11.0%.

En el censo se dice que la población de10 años y más de edad en Cuba en aquel entonces se elevaba  a la cifra global de 4,4 millones de habitantes, de los cuales eran  analfabetos 1.0 millón, lo que representaba  un  23,6% de analfabetismo para el país. Considerando el analfabetismo en cuanto a la ubicación de la población por zonas, se destaca  que el 41,7 % de la población rural era analfabeta.

Sin embargo el drama social  era mayor pues había grandes masas de subescolarizados, ya que casi otro millón de trabajadores apenas poseía los niveles mínimos de  escolaridad.

A modo de Conclusiones generales se pueden destacar las siguientes:

El panorama educacional cubano existente hasta 1959, se caracterizó por la ausencia de un sistema científico y coherente en la educación; además, no eran objeto de atención la educación preescolar, la educación especial para niños con necesidades educativas especiales y la de adultos. En consecuencia, la  despreocupación de los gobernantes por la educación era casi absoluta.

En el pensamiento progresista cubano son numerosos los educadores que se pronunciaron por transformar la educación del país y convertirla en el motor impulsor de la sociedad. En este sentido fueron luchadores incansables para lograr este propósito,  Félix Varela Morales,  José de la Luz y Caballero, José Martí Pérez, Enrique José Varona Pera y otros.

Las regularidades fundamentales de la educación en esta etapa se pueden resumir en las siguientes características:

  • El  robo del presupuesto por los politiqueros de turno.
  • El caos técnico y administrativo.
  • La corrupción en todos los trámites burocráticos.
  • La venta de aulas y cátedras.
  • El predominio de una escuela privada que se levantaba sobre la empobrecida escuela pública como un  negocio lucrativo cada vez más jugoso.
  • El uso y abuso de todo tipo de prebenda.
  • Era manifiesto el carácter anticientífico de programas escolares y libros de texto. Muy especialmente los libros de Historia que falseaban la verdad de la tradición revolucionaria cubana e ignoraban la influencia nefasta del imperialismo norteamericano.

La consecuencia más significativa del estado en que se encontraba la educación en el país fue,  entre otras cosas más, que  había provocado el más completo descrédito de aquel Estado burgués, cuyo gobierno se desplomaba a impulsos de un pueblo dispuesto a cambiar aquella realidad.

Referencias bibliográficas.

(1) Chávez Rodríguez, Justo A. La tradición Pedagógica Cubana. Coincidencias  de las ideas con educadores latinoamericanos. Conferencia Especial en el evento Pedagogía `90. Palacio de las Convenciones, La Habana, 1953. Pág. 53

(2) García Galló, Gaspar Jorge. Bosquejo Histórico de la Educación en Cuba. Editorial Pueblo y educación, La Habana, 1978. Pág. 24

(3) Ídem, Pág. 25

(4) Ídem, Pág. 25

(5) Ídem, Pág. 26

(6) Ídem, Pág. 26

(7) Ídem, Pág. 26

(8) Chávez Rodríguez, Justo A. Del ideario Pedagógico de José de la Luz y Caballero. Editorial Pueblo y Educación. La Habana, 1992. Pág. 6.

(9) García Galló, Gaspar Jorge. Ob.cit. Pág. 31

(10) José de la Luz y Caballero. Escritos educativos. Tomo I  Pág 106. Citado por Justo A Chávez  en Bosquejo Histórico de las ideas educativas en Cuba. Editorial Pueblo y Educación. La Habana, 1996, Pág. 28

(11) Martí José. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975. Tomo 8, Pág. 281 

(12) Idem.  Tomo 8,  Pág.  421

(13) Idem. Tomo 18  Págs. .390-391

(14) Idem. Tomo 6.  Págs.  260-261

(15) Idem.  Tomo 7.   Pág.  154 

(16) Idem. Tomo 13.  Págs. 48-54

(17) Idem. Tomo 13.     Pág. 48  

(18) Idem. Tomo7. Pág.  154

(19) Idem.  Tomo 8. Págs.  298- 299

(20) Idem. Tomo 8. Pág. 18

(21) Louis A. Pérez: El diseño imperial: Política y pedagogía en el período de la ocupación de Cuba (1899-1902) Pág. 11

(22) Washington Evening Star, junio 20 de 1899.  Tomado del, El diseño imperial: Política y pedagogía en el período de la ocupación de Cuba (1899-1902) Pág. 11

(23) Chávez Rodríguez, Justo A: Ob. Cit. Pág 85. 

(24) Idem. Pág.  85

(25) García Galló, Gaspar Jorge. Ob.cit. Pág. 52

(26) Fidel Castro. La historia me absolverá. Pág. 87. Citado por Justo A Chávez Rodríguez en: La tradición pedagógica cubana. Coincidencias de las ideas con educadores latinoamericanos. En Conferencia Especial Pedagogía `90. La Habana, 1990

 

Bibliografía.

Expósito Baldomero, Rodríguez y otros: Apuntes del movimiento de los trabajadores de la educación 1899-1961. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1985.

Chávez Rodríguez, Justo A. Bosquejo Histórico de las ideas educativa en Cuba.  Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1996.

_______: Del ideario pedagógico de José de la Luz y Caballero (188-1862) Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1992.

García Galló, Gaspar Jorge. Bosquejo histórico de la educación en Cuba. Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1978

Ministerio de Educación. La educación en Revolución. Instituto Cubano del Libro La Habana, 1976.

_______: Conferencias especiales y mesas redondas. Pedagogía `90. “Encuentro de Educadores por un mundo mejor, La Habana, 1990

_______: La educación en Cuba. Pedagogía `95. “Encuentro por la unidad de los educadores latinoamericanos. La habana, 1995

_______: Breve Información sobre la educación en Cuba.  Ministerio de Educación. La Habana, 1975

Kolésnikov, Nicolái. Cuba: educación popular y preparación de los cuadros nacionales 1959-1982. Editorial Progreso Moscú, 1983

 

Datos de los autores.

Dr. José Alfredo León Méndez. Profesor Auxiliar. jleon@ispss.rimed.cu

MsC (DTE). Martha Beatriz Valdés Rojas. Profesor Asistente. mrojas@ispss.rimed.cu

 

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