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Alexandre Koyré
Los
materialismos en la historia de las ciencias y la filosofía Koyré
y el Materialismo
En
la historia ha habido muchos materialismos. No siempre advertimos la significación
de esto. Gastón Bachelard hizo el estudio de revisión conceptual en filosofía
de la materia más importante del siglo XX., en su estudio llamado “El
materialismo racional”, publicado en 1949. Ese trabajo de Bachelard
complementa y prolonga una dimensión de la filosofía de las ciencias en la que
había trabajado, y lo seguiría haciendo hasta el fin de sus días Alexandre
Koyré. Alexandre
koyré trabaja cuanto menos con cuatro materialismos, que se hallan insertos en
diversas filosofías de la naturaleza y en distintas ontologías. El concepto de
materia evidencia a través de los estudios de Koyré un temblor netzscheano,
una revisión de las actitudes
mentales, y si se quiere, una revolución epistemológica. La filosofía y la
ciencia relativa a la materia ha tenido importantes cambios, a tal punto que se
justifica plenamente el reclamo de Bachelard al decir que “los
filósofos han tratado a la materia como una anti-forma, la nada de la forma. Y
como para ellos la forma es ser, la materia resulta finalmente el no-ser. En
otras concepciones del idealismo ingenuo, la materia es un receptáculo de
irracionalidades no definidas, no definibles, no situadas, de irracionalidades
sin preámbulo alguno de racionalidad. O bien todavía la materia es un fondo
indiferenciado que aguarda las potencias diferenciantes de la acción humana.”1
Gastón
Bachelard es un filósofo de las ciencias que sin dudas también puede ser
considerado un historiador. Es la situación inversa a la de Koyré,
discontinuista como Koyré, pero de otro estilo filosófico. Bachelard ha tenido
como proyecto realizar una historia de las ciencias anacrónica, es decir,
situarse de tal manera que toda visión del pasado aparezca teñida
de las verdades nuevas del espíritu científico. Para Bachelard, es
indudable que “El pensamiento científico reposa sobre un pasado reformado.
Está esencialmente en estado de revolución continua”2.
Bachelard se sitúa en el polo anacrónico de la antinomia. Es por eso que uno
de los últimos materialismos, el que sobreviene hacia
1800 con Lavoisier, es el que
guía la mayor parte de sus estudios sobre el materialismo. Bachelard va hacia
los alquimistas del renacimiento para producir cuatro efectos: un de ellos es
devolver la memoria a la historiografía positivista, el segundo es evidenciar
la incompatibilidad de la naturaleza que implican, el tercero, sacudir el
concepto substancialista de la filosofía de la materia y el cuarto poner en
cuestión el criterio de racionalidad en las ciencias y la filosofía, abriéndolo
a la intuición de la durée, los símbolos y un psicoanálisis del conocimiento
objetivo. Alexandre
Koyré no desconocía los estudios de Bachelard, como lo demuestra una temprana
referencia a su obra en las primeras páginas de sus Etudes Galileenes3.
Así como Koyré prefiere una teoría errónea a un estadio preterorético,
Bachelard sostenía que los comienzos son falsos comienzos, sabiendo que las
preguntas primeras, metafísicas, dejan lugar a las preguntas científicas,
mejor formuladas, que desplazan a las primeras. Pero su actitud metodológica,
su filosofía de arte contextualista, quería develar los arcanos del pasado
afectando lo menos posible la permanencia situada en algún mundo posible de los
antiguos materialismos. Si trasladáramos el problema a la socioantropología,
encontraríamos que Bachelard es un etnocéntrico o sociocéntrico, cuyo
punto de referencia es la actualidad científica, que proyecta su cultura en
las sociedades estudiadas, y Koyré un antropólogo diltheyano que se aclimata
en las etnias (históricas) que recorre. Pero sería una muy mala caricatura ya
que ambos conocían muy bien las dificultades con que se encontraban al
deconstruir el trazo positivista y continuista de la historia de las ciencias.
El discontinuismo bachelardiano llega a problematizar la racionalidad heredada
por la zietgeist de su época, mientras que Koyré no dudó en la unidad
de la razón humana aún en la
diversidad de sus manifestaciones científicas, filosóficas, religiosas y aún
artística, compartiendo la tesis respectiva de su colega y amigo Emile Meyerson
en Identité et Realité4.
Mentalidades como las de Bachelard y Koyré no son frecuentes. Y sin embargo el
desarrollo del pensamiento científico que desplaza el pensamiento simbólico
parece ser uno de los signos epocales inequívocos de la modernidad. El
pensamiento simbólico mítico-mágico y religioso, por el contrario, traza los
signos de la postmodernidad, e lo que muchos ven más una pre-modernidad que una
“post”-modernidad. Como propuso Lyotard, si se trata de rescribir la
modernidad mentalidades como las de Koyré y Bachelard desarrollaron filosofías
posibles, actitudes mentales posibles para interpretar y actuar estos fenómenos,
Es por ello que al leer a Koyré encontramos diversos materialismos, que van
desde el naturalismo, hylozoísta, relatado especialmente en “Mystiques,
Spiritualls et Alchimistes” al realismo matemático de Platón y Demócrito,
en “Histoire de la Pensée Scientifique” y desde la espiritualización de la
materia en Kepler y Boheme hasta el descubrimiento de la nada y el vacío, lo
finito y lo infinito, en las cosmologías del siglo XVII, junto a las leyes de
una nueva Física, por Galileo, Descartes, Newton y Borelli. El
materialismo platónico y aristotélico El
materialismo de la filosofía clásica verdaderamente antigua que Alexandre Koyré
más toma en cuenta es el de Aristóteles. También se refiere a Demócrito.
Pero el debate analítico epistemológico se produce en Estudios Galileanos, en
el que Koyré contrapone, como ya lo había hecho el propio Galileo, a éste con
Aristóteles. Son dos materialismos, terciados a veces con un materialismo místico
surgido de la metafísica del cristianismo. El materialismo aristotélico tiene
características muy especiales, Después del trabajo de Koyré en Estudios
Galileanos, Thomas Khun trató de realizar una relectura comprensivista de la Física
de Aristóteles, produciendo innumerables problemas metodológicos y de orden
ontológico para compatibilizar el pensamiento aristotélico con los estándares
de intersubjetividad que la Física post-newtoniana ha producido, Koyré
nos dice muy explícitamente que se trata de dos materialismos. Aristóteles
no es infinitista, sino finitista. Allí hay una distinción relevante. El
concepto de movimiento de los cuerpos (aristotélicos) no está producido por
fuerzas exteriores. Aristóteles traza un mapa cosmológico en el que el
movimiento es solamente sublunar, mientras que en el cosmos supralunar se halla
el éter y las estrellas fijas. El mundo material aristotélico dispone del
concepto de lugar natural que traduce una concepción de orden estático5.
Además, la herencia platónica de que la forma determina a la materia se halla
metafísicamente concordante con la idea de lugar natural. La materia de la Física
aristotélica no admite la acción a distancia, dificultoso concepto que
contradice ciertas intuiciones de sentido común con realismo precientífico6.
En el mundo material aristotélico no encuentra sentido la noción de vacío, ni
la de que pudiera admitirse movimiento alguno en el vacío. El
materialismo aristotélico, en términos de sus razonamientos físicos, tiene
ideas que otros filósofos compartieron, aún en los tiempos que las
periodizaciones históricas han dado en llamar modernos. Tal es el caso del
movimiento que Aristóteles llamaba “antiperistático”, según el cuál, un
móvil cualquiera es movido si el motor penetra en su lugar7.
Quizás la física cartesiana retuviera un sentido similar al pensarse como una
física del pleno y del continuo, en la que todo depende de todo, y todo actúa
instantáneamente sobre todo. El
materialismo aristotélico no deja lugar a una epistemología integrada de física
y Geometría. En lo tocante a su explicación de la conservación del movimiento
hay que pensarlo sin distinguir velocidad de aceleración, y, según la
interpretación de Thomas Khun, a veces torna indiscernible la noción de cambio
con la de movimiento, Por lo demás, para explicar la continuidad del
desplazamiento de un móvil, Aristóteles decía que el medio –acuático o aéreo-
le proporcionaba también movilidad “empujando” al móvil. De esta manera,
tampoco podía distinguirse la resistencia del motor. La pesantez de los cuerpos
tiene en Aristóteles una significación absoluta y no relativa. La materia
aristotélica, es solidaria de la
forma, pero la forma no es solidaria de la cantidad sino de la cualidad. El
materialismo aristotélico no es, en fin, cuantitativo. Un materialismo que no
está desvinculado de la metafísica. Y allí, los conceptos de potencia y acto,
substancia y accidente, esencia y existencia, causa y efecto, y materia y forma,
conforman una filosofía de la materia que, aunque antigua no por eso menos
perdurable. Una materia particularmente filosófíca, según la ironía
bahelardiana, es decir, un materialismo superficial, que se queda en medio de
imprecisiones y generalidades, un materialismo que no ha aprendido a distinguir
ni a medir y calcular, fundado en intuiciones tan accesibles como engañosas. Un
materialismo que la modernidad galileana tornaría anticientífico. Pero la
materia había obtenido de “las potencias diferenciantes de la razón
humana” sus registros de intensidad, sus indicadores ontológicos. Esta
materia permanece tanto en la lejanía epistemológica como en la cercanía dialéctica:
tanto el cristianismo como los renacentistas nos ofrecen materialismos
diferentes, que tornan sin embargo, conceptos aristotélicos. El
materialismo espiritualista En
un libro sumamente interesante, y que ha sido ocas veces referido dentro de
nuestro conocimiento, excepto por Gérard Jorland, que Koyré publicó con el título
de “Mystiques, Spirituels, Alchimistes du XVIe. Siècle alleamand”,
encontramos estudios de cierta clase de materialismo muy poco estudiado o
conocido, de tinte místico y teosófico, con cosmologías impregnadas de
naturalismo hilozoísta. Este libro, en el que Koyré despliega una antropología
-como se manifiesta también en su estudio sobre Spinoza y Hegel- y una teoría
del conocimiento, se sitúa en un materialismo post-aristotélico a la vez que
mecanicistas y organicistas se aproximan formando compuestos teóricos
interrelacionados, dejan ver claramente su independencia de Newton y Pasteur, es
decir de otros materialismos posteriores. El cristianismo es un fenómeno histórico
y mitológico, en el que incluso su mitología se presenta como transhistórica.
“Habría pues, en la historia, un suceso histórico y transhistórico.
Kerkegaard ha percibido bien lo que semejante afirmación puede tener de
intolerable. La verdad eterna ha aparecido en el tiempo, escribía él. Esa es
la paradoja. Y aún más lo absurdo es que la verdad eterna se ha manifestado en
el tiempo, que Dios ha aparecido, que ha nacido, crecido, etc., que ha aparecido
como un hombre que n puede distinguirse de otro hombre”8.
La perplejidad de los historiadores y los filósofos es incesante. ¿Cómo puede
haber surgido lo eterno en el tiempo? se preguntan Kerkegaard y Gusdodrf. ¿No
es ése el mayor absurdo? El cristianismo trajo muchos cambios en la historia,
sin dudas. Retendremos por el momento sólo dos aspectos: el concepto de creación
ex nihil, y un nuevo materialismo. Alexandre Koyré explora esas dos
dimensiones de muchas maneras, y ese es un aspecto clave de su obra, junto al
concepto de infinito. Koyré no se queda con el tiempo histórico solamente. Ni
siquiera con el tiempo histórico internalista, o discontinuista. Koyré hace
intervenir, vale decir, recoge lo que hay de filosófico en la historia, y hace
intervenir la eternidad en la historia. Esto es, cierta forma de transhistoria,
o de meta-historia. La
eternidad no puede estudiarse sin las ideas filosóficas, mitológicas,
religiosas. No surgen fácilmente de las ciencias. Si el materialismo aristotélico
y platónico emplea la inteligibilidad del cosmos y el caos, lo que podemos
llamar el materialismo cristiano hace intervenir una relación de la materia y
el espíritu, del alma y el cuerpo, de lo temporal y lo eterno, conformando una
cosmovisión, una weltanschauung nueva. Jesús Cristo implica nuevas filosofías,
nuevas relaciones entre el hombre, la naturaleza, el espíritu y Dios. Un
problema que los teólogos han discutido, concerniente a la naturaleza del
cuerpo de Cristo nos revela que, aún cuando los misterios de la fe se impongan
al espíritu lógico de la razón, las ideas respecto a la materia provenientes
del aristotelismo y de los presocráticos iban a quedar conformando una
constelación de sentido, una ipisteme diferente. Alexandre Koyré trata el
debate entre monofocistas y nestorianos, respecto a la naturaleza del Cuerpo de
Jesús. Para los filósofos constituye un interrogante aceptar la muerte y
resurrección de Jesús sin considerar sobre la naturaleza inmortal o mortal del
Cuerpo de Jesús. Los
monfocistas sostuvieron que hay una sola naturaleza material en Jesús, mientras
que los nestorianos consideraron que su naturaleza material es doble (dificismo)
debido a que una de ellas es inmortal y otra mortal. Puede parecernos
extravagante la controversia, e incluso también extravagante que Koyré se haya
ocupado de ella9.
Sin embargo, nos parece sumamente interesante la situación filosófica por
algunos motivos que no han sido, a nuestro parecer, considerados
suficientemente. El materialismo del cristianismo es, sin dudas, un materialismo
espiritual en el que incluso la Materia es el Espíritu. Lo es al menos para el
rito que consagra la Eucaristía. Pero más aún, lo realmente interesante, es
que considerando a Jesús de una naturaleza afín a los hombres, hay allí una
antropología que establece ideas nuevas en relación con la materia, la
naturaleza, el alma y el espíritu. En sus versiones más helenísticas, el
Cristo es el Cristo-Logos10.
Pero el materialismo surgido de la aparición de Jesús en la historia n es
igual a ningún otro materialismo. En términos epistemológicos, hasta sociológico,
que la naturaleza de la materia pueda asimilarse, por lo menos en Jesús, a la
inmortalidad, idea socrática y platónica, nos hace pensar en que la eternidad
del cosmos, es decir, de la materia regida por un orden que la filosofía y la
ciencia indagan, se torna inmortal a través de la revelación, mitológica o
fideística. Es como si la materia tomara consciencia de su eternidad a través
de la eternidad de Dios. Por lo tanto, la naturaleza y también la ontología,
se revela como más cercana al hombre, Que Dios sea un deus agsconditus, o
más allá de las atribuciones con que lo caracteriza la teología y la metafísica,
o bien que se manifieste en hierofanías y kratofanías11
o a través de la revelación12,
no hace más que establecer una combinación entre espíritu, naturaleza y
materia. Por lo tanto Paracelso, Sebastien Franck, Caspar Schwenkfeld y
Sebastien Weigel tienen un materialismo espiritualista, y una filosofía de la
naturaleza hilozoísta. Alexandre Koyré, que conocía los materialismos que le
seguirían, a partir del siglo XVII. La creación estaba aceptada por místicos
protestantes y católicos, como lo estuvo antes por las primeras comunidades
cristianas y los agustinianos. El mundo mismo era Dios, según algunas
cosmovisiones. El propio Nicolás Copérnico llamaba al universo “Dieu
visible”13,
en una fuerte imagen que concierne al Creador, a la Creación, y al Hombre. La
eternidad estaba en el mundo, junto con el tiempo. Paracelso, a quien Koyré no
consideró idealista, sino un cierto tipo de realista, recordaba que el hombre
había sido creado de la materia. Luego, el conocimiento de la materia, de las
analogías del macrocosmos y el microcosmos, de los symptomes signatures14,
era el conocimiento filosófico de los metales y minerales a la vez que de los
procedimientos de purificación,
buscando sus virtudes y fuerzas dinámicas curativas. . . . . . . . . . . Hombre
reemplaza el tiempo natural a través de la industria, “acelerando los
procesos”. De esta manera el hombre arrebata el tiempo natural, se lo apropia,
pero pierde la eternidad en el desencanto de la historia. Alexandre Koyré se
refiere a ese mismo acontecimiento en “Del univers del á peu près a
L’univers de la precisión”. Pero no hay tal “desencanto” en el tono de
su ensayo. La idea de tiempo de la naturaleza en Mircea Elidae parece prefijada,
de manera apriorística, estática y como si el tiempo natural no fuera él
mismo, móvil. La idea de que el tiempo natural es evolutivo supone un cambio de
perspectiva: la naturaleza no es “propietaria” del tiempo, en todo caso, el
hombre, aún siendo espíritu, es también naturaleza, y participa del tiempo
con los procesos naturales. Hay, sin embargo, la idea de un tiempo otro,
irreductible a los procesos de aceleración “industriales”. Pero
un problema persistía: Si el mundo había sido creado... ¿Por qué el
tiempo? ¿Por qué la evolución? La evolución es una idea quizás
inevitablemente ligada al siglo XIX. ¿Cómo comprendían al tiempo hacia el
siglo XVI, cuando no se representaban todavía a la naturaleza, al universo
material, como regido por leyes? ¿Cuándo predominaba el mundo del “á-peu-près”
y no el universo de la precisión?. Asombrosamente, resulta tan artificial
preguntarle al pasado histórico por su propia comprensión del tiempo histórico,
como contradictorio para Kierkegaard y Gusdorf admitir el ingreso de lo
transhistórico en la historia, de la eternidad en el tiempo. Pero como siempre
admitió Koyré, el tiempo es dialéctico15.
En sus estudios sobre Hegel Koyré
elabora la noción dialéctica del tiempo. En cierta forma, Koyré elabora su
concepto del tiempo tomándolo de Hegel, y contraponiéndolo al tiempo
categorial kantiano. En Hegel encontrará algo más que en sus estudios analíticos
sobre el concepto del continuo. En su ensayo sobre Zenón dice que “No es
ciertamente un comienzo de explicación o de solución tratar el tiempo y el
espacio como “subjetivos” o como “apercepciones puras”, etc. Que ellos
sean reales o subjetivos, in intellectu ou extra intellectum, el problema queda
igual. Pues justamente la manera en que nosotros nos representamos el tiempo y
el espacio sin poderlos comprender es lo que nos deja estos problemas: es la
idea de continuo que nosotros no podemos asir”.15a La
idea de evolución que Koyré inserta en su reflexión a propósito de
Paracelso, es donde sitúa su pregunta por el tiempo. Su pregunta es una de las
más importantes de toda su filosofía de las ciencias. Y con variaciones,
se encuentra en sus estudios sobre Hegel, sobre
Galileo, sobre Newton, sobre Zenón. Sus más profundos y complejos
conceptos de evolución intemporal, de temporalidad ahistórica, y de devenir
intemporal están allí. Todavía en su lectura de Hegel, Koyré
referirá los tres momentos como Nacimiento, Muerte y Resurrección, según
una idea de Jean Whal. ¿Por qué esa mitología? Si como Agustín describía la
psyque como Memoria, Atención y Expectación, cabe pensar que Koyré encontraba
en la mitología y en la metafísica una Antropología. Desde este punto de
vista, el antropocentrismo (que posteriormente a los estructuralísmos, y
elaborado el concepto, comenzó a llamarse principio antrópico) dejó cabida a
una suerte de reabsorción de la producción cultural simbólica. La teosofía
de los filósofos nos permite comprender mejor su filosofía de las ciencias.
Tal vez, así como la ciencia de los antiguos puede resucitar, al menos del
Leteo del olvido, y Demócrito y Platón retornaron, así ocurra con la Filosofía
de las Ciencias. Sin duda, el Timeo no es el Sidereus Nuncius, y el atomismo de
Demócrito no es el de Neils Bhör. Pero e materialismo espiritualista que Koyré
vio en el cristianismo opera como diferente al materialismo aristotélico, y
también el del siglo XVII. Ese materialismo espiritualista es el que trae la
idea de la nada. El
materialismo renacentista El
mundo material hacia fines del renacimiento tenía características que desde
perspectivas modernas resultan simbólicas, animistas, mitológicas, y si
consideramos el estado de las ciencias hacia el siglo XIX, ese materialismo
precientífico, no es en fin, materialismo. Pero sin embargo había una filosofía
de la materia y de la naturaleza. La concepción de la materia resulta una
combinación de fuerzas bio-físicas con cierta cualidad mágico-simbólica. La
cosmología atribuía significación a fuerzas astrales, y la relación con el
universo transitaba por una relación de lo microcósmico y lo macrocósmico.
Los efluvios de fuerzas que se oponen unas a otras, y la encarnación de la
materia por fuerzas espirituales, y las tincturas y elementos como el sulfuro,
el mercurio y la sal, conformaban un extraño materialismo. Koyré –una vez más-
cuestiona que Paracelso haya sido “precursor” de Pasteur. En efecto,
Paracelso no incluía en su ontología medicinal a los microorganismos, sino un
universo material compuesto por gérmenes vivientes del universo. Pensando como
luego sería común en el siglo XIX, Paracelso atribuía evolución a la
materia. Del materialismo cristiano, que había hecho aparecer la eternidad al
lado, o en medio del tiempo, Paracelso retiene cierta idea de eternidad a través
de la evolución material. La naturaleza no era considerada en su época como
abierta a los cambios evolutivos, sino más bien algo que se hallaba fijo y
determinado de una vez para siempre. Pero Paracelso ve el tiempo en la
materia, es decir, ve la evolución, aún en los metales16.
Los gérmenes vivientes del universo se realizan sucesivamente en el tiempo, a
través de diversos grados. Explicando la multiplicidad de los metales y sus
etapas de evolución, Koyré pone a la vista la significación de la creación y
las criaturas, y el Cristo, mediador entre el creador y las criaturas, es Cristo
en el mundo de la materia y de la naturaleza. El mito llega a la historia como
la eternidad llega a la temporalidad. El mundo de la materia está compuesto por
elementos metálicos y fuerzas dinámicas, espirituales y astrales. Paracelso
combina imaginación y voluntad como una fuerza psíquica intelectual en la que
sin embargo distingue entre imaginación (fuerza positiva)y fantasía. El
resultado de esa epistemología se traduce en una actitud de naturalismo hylozoísta17.
Una racionalidad basada en el pensamiento analógico, como la han visto Koyré,
y luego Foucault y Paolo Rossi, y que asignaba sentido filosófico a la noción
de encarnación y valor cognoscitivo a la combinación de imaginación-voluntad.
Consideramos que el naturalismo hylozohísta tiene en la filosofía de las
ciencias de Koyré una significación considerable, ya que Koyré no es un
racionalista a la manera
popperiana, ni tampoco kantiana, sino más bien un lector de Dilthey y Lévi-Brhul
que no ha querido desencantar al mundo de percepciones limítrofes, entre la
fenomenología de la percepción y la lógica de lo finito y lo infinito, de lo
temporal y lo intemporal. El naturalismo hylozoísta nos da imágenes de la
materia provistas de una cierta interpretación o carga teórica previa, de la
imaginación-voluntad. Koyré describe la fenomenología paracelsista como
“una imagen que es un cuerpo en el que se encarna el pensamiento y la voluntad
del alma”18. El
materialismo renacentista se ocupa de la materia, una vez más, pero la idea de
encarnación, de espíritu encarnado, la idea de un Cristo que trae la eternidad
al tiempo, trae también otra noción de la materia. La materia de los
alquimistas, de los médicos místicos que experimentan con los metales, es
también tomar nota de los cambios materiales, de los procesos evolutivos, de la
relación antes inadvertida de la temporalidad de la materia. Los alquimistas
del materialismo renacentista no conocían todavía leyes físicas en la
materia. Por eso es que sus criterios para delimitar lo científico de lo no
científico son lazos e hipotéticos, por eso es que la coherencia filosófica
de las doctrinas no dispone de métodos para interpretar el campo de lo pensable y lo impensable. Solamente en una historia de larga
duración pudieron conocerse. El descubrimiento de la temporalidad en la materia
supondría alguna vez que el hombre tomara el lugar de la naturaleza, y los
procesos químicos se acelerarían hasta lo impensable. El tiempo de la materia
comenzaba a descubrirse hasta en sus elementos más imperceptibles y lentos,
como los metales. También el hombre reconocía así su naturaleza material y
contingente, pero asociada al dinamismo bio-mágico de las fuerzas cosmológicas.
Una pizca de eternidad insuflada en la imaginación-voluntad, y la materia
eterna, condensando y coagulando los cuatro elementos clásicos de la física
aristotélica -aire, agua, fuego,
tierra, sumados al sulfuro, mercurio y sal, encarnan las fuerzas que animan los
cuerpos vivientes. Las fuerzas vitalistas, filosóficamente hylozoístas, del
materialismo renacentista, permanecerían aunque bajo otros sistemas epistemológicos,
guardando el misterio de su presencia aún en el mundo físico newtoniano, que
admite y no explica la fuerza de gravedad y la atracción gravitatoria. La metafísica
del materialismo renacentista permanece también en Kepler, y en la filosofía
de las ciencias de Koyré, para quién el pasado hylozoísta es un tiempo
paradojal que no puede dejar de pasar, aunque siempre y en cada caso se halle
superado. No son Auguste Comte ni Inmmanuel Kant sino más bien Hegel y
Boheme con quienes esa forma de animismo resulta compatible con un materialismo
moderno que ha encontrado leyes, constantes, invariables en la materia. Pero
sobre todo, que ha aprendido a distinguir niveles fenomenológicos. La
posibilidad de determinar lo pensable y lo impensable reviste para el análisis
de Gérard Jorland el mayor interés para distinguir lo que Koyré llamaba
marcos de pensamiento, y que en sus últimos libros llamó también estructuras
de pensamiento. El materialismo renacentista no ofrece, en la interpretación de
Jorland, la posibilidad de discriminar lo posible de lo 19imposible.
¿Por qué, pregunta Koyré, aceptar la astronomía de los ptolemaicas y
rechazar su astrología? ¿Por qué aceptar los milagros cristianos y rechazar
los milagros paganos? La intervención de fuerzas sobrenaturales representa capacidad explicativa para una ontología en la que tiene
cabida un Dios creador. En tema central de todo este cuadro de ideas es,
finalmente, si Dios y la Naturaleza son palabras, nociones o conceptos que
remiten a una identidad de significación y sentido, como sostenían Sebastien
Frank, Valentín Weigel y las doctrinas filosóficas panteístas, o si se trata
de conceptos que remiten a entidades distintas, como sostenía Paracelso. Si
la separación entre la carne y el espíritu es decisiva, como sostenía Caspar
Schwenkfeld20,
entonces hay allí un espacio metafísico muy importante, cuya hermenéutica
indica que el espíritu es incapaz de encarnar. Y esa opinión tiene ecos
en la historia del conocimiento. Se trata de distintas formas de
materialismo, alguna de las cuales, por regirse por criterios simbólicos,
pueden recusarse como materialismos erróneos o precientíficos. Las filosofías
de lo simbólico no son muy frecuentes por su consistencia, ni tampoco fáciles,
por eso es que contamos los trabajos de Koyré a la par de las filosofías de
Mircea Elide, como el Tratado de las Religiones e Imágenes y Símbolos, los
estudios de Gustav Jung sobre los simbolismos –apoyados en la lógica de la
condensación y el desplazamiento-, y el más
reciente de Eugenio Trías que recrea el materialismo renacentista a través de
una filosofía del símbolo. De la mismo forma que Alexandre Koyré es
continuista respecto a lo que después se llamó “internalismo” y que es
mejor denominar lógica del descubrimiento científico, Pero discontinuista
respecto a los acontecimientos históricos en general, produciendo una
convergencia y una divergencia en el mismo movimiento de sutura y ruptura, de
unión y disyunción, Eugenio Trías en su filosofía de lo simbólico habla de
la “cesura dia-bálica” y de la unión “sym-bálica”, en un mismo
movimiento de unión y separación. A este respecto, Trías abreva en la obra de
Alexandre Koyré. Lo
Sym-bálico es aquello cuyas partes encajan y coinciden al lanzarse
conjuntamente (imagen, palabra, iconografía, copresencia del testigo y lo
sagrado ante la revelación hierofánica). La cesura dia-bálica es todo aquello
que, en el acto mismo de la unidad simbólica, establece la separación entre lo
que aparece y lo que se repliega en lo hermético. La filosofía de lo simbólico
resulta una recreación del eón renacentista bajo sus formas más universales y
pluriculturales, que van desde el budismo hasta el cristianismo, del judaísmo
al islam, de la tradición gnóstica y la mitología órfica a la hermenéutica.
La construcción racional de lo que une-y-escinde en Trías está inspirada,
probablemente en buena medida, en la filosofía de las ciencias de Koyré. El
idealismo alemán y el simbolismo espiritualista les son comunes. En cambio,
Koyré desarrolla el platonismo no-místico, de la geometría galileana y
hilbertiana, sobre todo en The Astronomical Revolution, y el platonismo místico
lo desarrolla más bien Trías en la geometría arquitectónica, en que la noción
de espacio simbólico y social, como habitat, como centro, morada, como alegoría
y mimesis, tiene una continuidad del espacio sacro y el espacio profano
estudiados por Mircea Elide y Georges Gsudorf. Pero en esa cosmovisión,
constelación de creencias en la zeitgeist renacentista la significación
de las mitologìas resulta el punto de partida para las ciencias y la filosofía,
las artes y las religiones, como entienden Georges Gusdorf, Renè Taton y
Eduardo Giqueaux21.
El
materialismo y la epistemología del siglo XVII En
el materialismo del siglo XVII, siglo en el que cambiarían los fundamentos
sobre los que se apoyaban las teorías filosóficas en sus tres aspectos
esenciales: ontológicos, de filosofía natural y metafísicos, las preguntas
primeras retornan. Aunque Koyré muy escasamente cite a Nietzsche, hay un eterno
retorno de las preguntas metafísicas, aún y sobre todo en el pensamiento científico.
Pero también hay cierta variación. Los filosofemas, formadores de sofismas-críticos,
paradojas y perplejidades, retornan a la base de la Filosofía de las Ciencias.
El tiempo metafísico, que transcurre en una doble dimensión de intemporalidad
y de eternidad, como lo que siempre estuvo allí, elabora preguntas nuevas sobre
objetos nuevos, tanto como pregunta santiguas sobre objetos antiguos. El
fundamento está en falta. La filosofía, que cada tanto ambiciona razonar sobre
la base de los primeros principios incuestionables, logra elaborar algunas
certezas y dar sentido a las búsquedas del espíritu humano. O deja flotar la
incertidumbre de lo que no exhibe más que su fenómeno caótico. La historia es
desorden, sólo la filosofía, que acepta la antinomia de lo anacrónico y lo
diacrónico, ordena la sucesión heterogéneas de acontecimientos. El mundo
material es Caos. La Historia es Caos. ¿Cómo inteligir un Cosmos en la
historia, en el mundo material incomprensible? Alexandre Koyré dijo en un pequeño
artículo que vale tanto como un libro que el Tiempo es el orden de la materia,
el orden de los acontecimientos de la historia. Hay
orden –es decir, hay cosmos- porque hay Tiempo. Su Filosofía de las Ciencias
es una Metafísica de la Temporalidad. En su breve ensayo “Le Temps”, de
1938, Koyré piensa en el tiempo como una forma universal del orden. Pero un
orden no atrapado a lo sucesivo, sino a la dialéctica de lo continuo y lo
discontinuo. Ya para Greg Cantor, la idea de continuo guarda estrecha relación
con la noción de número, pero la noción de tiempo es posterior a la de
continuo, y la supone, aunque no a la inversa22.
Alexandre Koyré no tiene una impresión cantoriana del continuo, aunque sí del
infinito actual. Y es que Cantor es todavía apriorista kantiano, mientras que
Koyré elabora unas cuantas fenomenologías de la temporalidad. El tiempo es
“aquello que transforma el Caos en Cosmos”, pero que tiene “ritmos
diversos” y “diferencias de duración”,
incluso “el tiempo inmóvil parece ser y no ser al mismo tiempo”.
Pero para la Teología, “Dios, que representa el grado más alto de la
realidad, es siempre conocido como intemporal”23.
Todas estas formas de la temporalidad, y algunas más que menciona Koyré en la
Física, se encuentran frente a la discontinuidad y la antinomia de lo anacrónico
y lo diacrónico. Hay una discontinuidad histórica que es la que nos muestran
diversas ontologías, con sus sistemas de pensables e impensables, sus criterios
de verdad y falsedad. Pero
esa discontinuidad funciona, en buena lógica, tanto de manera sucesiva como
sincrónica. De manera sucesiva, distinguimos los materialismos uno tras otro.
Pero de manera sincrónica, todos los materialismos coexisten una vez producidos
y sistematizados por la filosofía y las ciencias. Podemos decir que el
materialismo en tiempos de Demócrito no coexistió con el de Lavoisier, pero lo
inverso no es cierto. El materialismo de Lavoisier coexistió con el
materialismo del siglo XVII, con el Aristotélico, con el simbólico-místico
del Renacimiento, y con el materialismo espiritualista del cristianismo.
Solamente que el materialismo de Lavoisier resultó novedoso y de mayor alcance
explicativo y predictivo, con mejor estructura de consistencia teórica y
operativamente más apto para una metodología química que el de los
alquimistas. La experimentación no es lo mismo
que la experiencia, aunque ambos conocimientos comprendan la repetición de los
fenómenos. Por eso es que la discontinuidad, que parece entenderse más fácilmente
en el tiempo histórico sucesivo-lineal, es decir, cronológico, es mucho más
compleja cuando la historia de las ideas demuestra que todas las tradiciones de
investigación, todas las filosofías, están vivas, presentes y actuantes en
todos los momentos de la historia, como entendió especialmente Imre Lakatos.
Alexandre Koyré elaboró su concepto de discontinuidad antes que Thomas Khun,
su atento y mejor discípulo norteamericano elaborara su concepto de
inconmensurabilidad. Ya la idea de discontinuidad prefigura la idea de
inconmensurabilidad. Sol que la discontinuidad en Koyré tiene una metafísica
dialéctica de la temporalidad que traza su heurística y su hermenéutica,
mientras que la inconmensurabilidad de Khun tiene raíces kantianas y analíticas. Los
materialismos del siglo XVII han vuelto a descubrir a Arquímedes y Euclides.
Han vuelto a cierta forma de platonismo: el platonismo de las formas y la
geometría en Galileo, y el platonismo místico de Bruno. Es conocido el
esfuerzo de Koyré de trazar un perfil epistemológico más teórico
y apriorista, o aún hipotético-deductivista de Galileo, y menos
empirista y experimentalista con que era considerado antes de sus conocidas
tesis. El trabajo de Jean Françoise Stoffel –Lovain-la-Neuve, 1992, aún inédito,
que nos ha alcanzado su autor y a quien mucho agradecemos, vuelve a considerar
las tesis de Koyré respecto al apriorismo y el método experimental. Benedetti,
Tartaglia, Kepler y Newton, son todos materialismos distintos a los tres
anteriores: ni aristotélicos, ni del cristianismo pre-moderno, ni
renacentistas. Los materialismos del siglo XVII son, a partir de Galileo y también
Descartes, materialismos matemáticos. Un ensamble epistemológico que piensa la
materia cuantitativamente, no cualitativamente. Cálculos y proporciones. Desde
la Física hasta la Astronomía, pasando por la Música, lo que hay de común es
la aritmética y la geometría. ¿Le concedemos a la Música el grado de
materialidad en la misma medida que le reconocemos a la Física su grado de
materialidad? Hay intentos de Descartes muy interesantes. El tiempo medido,
con-mensurado, el tiempo físico, se revela durante el siglo XVII como nunca
antes. Si debiéramos decirlo brevemente: La primera afinidad del tiempo y el
movimiento, física, (aún en la ciencia medieval del ímpetus, con Jean Filopón,
Nicolás de Oresme y Buridan) se le agrega, como una segunda variable, la
velocidad. Esto ya es la física de Galileo, Tartaglia y Benedetti. A esa
segunda afinidad, la percepción afina su sentido empírico-intelectivo y
le agrega la aceleración. Es decir que al forjarse intersubjetividades, la
fenomenología de la percepción implicada debía hilar cada vez más fino el
concepto. La analítica de la razón iba encontrando cada vez más matices, como
la paleta de los pintores talentosos. Con el tiempo y el movimiento podía
hacerse física aristotélica, pero la velocidad y la aceleración suponen
escalas de medición tales como los relojes. El materialismo del siglo XVII es
el de Estudios Galileanos y Estudios Newtonianos. Las
matemáticas y el materialismo: La nueva Física Si
el Renacimiento, como afirma Taton, se mostró incapaz de crear un orden nuevo,
eso es debido, quizás a dos motivos: los incipientes intentos de desarrollar un
instrumental, y la dificultosa epistemología de una filosofía natural
cuantitativa. La materia no estaba pensada con correspondencias, o con
inmanencias matemáticas. Koyré ilustra muchísimo los experimentos de medición
del movimiento del péndulo, de la caída de los cuerpos, de balística. Pero
hay un tramo en que las matemáticas se tornan física, por lo menos en una de
sus ramas, la primera en desarrollarse: la estática. Sobre la base paradigmática
de Arquímedes, durante el siglo XVI Koyré sitúa a Simón Stevin, el nuevo
Arquímedes24.
En su concepción de la Física, Koyré dice que la Estática es una rama de las
matemáticas. Especial situación que de por sí supone un cambio de
perspectivas. Considerar de esta manera al menos un aspecto de las matemáticas,
es un cambio en el materialismo implicado. Esto implica Físico-Matemáticas,
que, como sabemos, fue el programa de investigación de Galileo y
Descartes, que con muchos obstáculos y fenómenos insalvables por la
teoría, con todo, logró explicar con arreglo a mayor predictivilidad y
coherencia interna los problemas del movimiento de los cuerpos. Luego de la Estática,
vendría la Dinámica, y la Cinemática. El nuevo materialismo había dejado en
el pasado, si no temporal, por lo menos a título de premisas o postulados erróneos,
las ideas “animistas” del Renacimiento. En cambio, las matemáticas establecían
un nuevo lenguaje, desarrollaban combinaciones algebraicas y se hallaban ligadas
a la materia de tal manera que Alexandre Koyré llegó a expresar este nuevo
predominio con términos fisicalistas: “fuerzas matemáticas25.”
Una nueva clase de materialismo, pero tan distinto a los anteriores, que las
nuevas bases del materialismo implicaban también otras ideas respecto al
sentido del Tiempo. La
cuestión de las condiciones exteriores Alexandre
Koyré no trabajó sobre encuadres sociológicos la Historia de las Ciencias. Si
bien la perspectiva de la historia de las ideas le permitía trazar ciertos
cuadros sociológicos, o creyó que la sociología fuera determinante para la
formación del pensamiento científico. Esto le valió la consideración de
“internalista” respecto al desarrollo y formación del pensamiento científico.
Particularmente, Koyré tiende a ver buena parte del
platonismo en la filosofía natural del siglo XVII. En Newtonian Studies
unos cuantos capítulos que están centrados bajo la consideración del nuevo
materialismo del siglo XVII, el que piensa matemáticamente, geométricamente,
la materia. El primer científico moderno fue, desde esta perspectiva. Nicolás
Copérnico. Copérnico estudia matemáticas y geometría con maestros como
Rethicus, y la filosofía de Platón en Bolonia y Roma. ¿Qué lo condujo a Copérnico
a pensar geométricamente? La pregunta se traslada a la cuestión de los
factores internalistas y externalistas de las ciencias. Koyré dijo al menos en
dos oportunidades muy claramente que las condiciones exteriores, tales como la
economía, el comercio, la agricultura, la navegación no determinaban el
surgimiento de mentalidades o espíritus matemáticos. En su historia de la
aritmética, compilada por René Taton dice: “En efecto, la influencia de los
factores exteriores a veces invocados por los historiadores es perfectamente
ilusoria. Así, la aparición del canon no ha provocado el nacimiento de la
nueva dinámica: todo lo contrario, es sobre la experiencia de los artificios en
que se han cansado de ensayar Leonardo Da Vinci, Tartaglia y Benedetti. Las
necesidades de la navegación, del cómputo eclesiástico, de la astrología,
habrían podido, y debido, provocar un efecto de corrección en las tablas
astronómicas –que no tenían lugar;- ellas no pudieron incitar a Copérnico a
dar vuelta el orden de las esferas celestes y a poner al sol en el centro del
universo. Las exigencias del comercio, la extensión de los cambios de moneda y
de relaciones bancarias provocaron ciertamente la difusión de los conocimientos
matemáticos elementales, y la contabilidad, pero no pueden explicar el progreso
espectacular de los algebristas italianos cumplido en la primera mitad del siglo
XVI ni tampoco el efecto de simbolización de las operaciones de la aritmética
y del álgebra pacientemente proseguido por los “cosistas” de los países de
lengua alemana”26.
A esa explicación Koyré la repitió algo más escuetamente en el breve ensayo
titulado “Perspectivas de la Historia de las Ciencias”, en 1961, uno de sus
últimos trabajos. “No fueron los harpedonautas egipcios, que tenían que
medir los valles del Nilo, quienes inventaron la geometría: fueron los griegos,
que no tenían que medir nada de nada”27. El
materialismo del siglo XVII es un materialismo en el que el platonismo ha
surgido, según la óptica de Koyré. ¿Qué platonismo? El platonismo místico
pertenece más bien al Renacimiento, excepto para la teosofía de Kepler y en
parte la de Newton. Pero el platonismo geométrico y matemático –aunque no místico-
está en esta nueva ontología. Ya Koyré decía que el Timeo no explica todo el
platonismo. Indudablemente. Pero, ¿Qué hay en el platonismo del Timeo que
pueda ser considerado moderno? Sabemos el recorrido de la tesis de Koyré:
Galileo era el paradigma de la ciencia experimental. La ciencia experimental es
el paradigma del positivismo. El positivismo no es idealista ni teórico, sino
experimental. Alexandre Koyré, al decir que Galileo era platónico, y que
nociones tales como el vacío, experimentos a priori de caída de los cuerpos en
el vacío, y luego el principio de inercia y la gravitación, corresponden a una
metafísica antes que a una física, traía de nuevo materialismo y una nueva
ontología. Los cuatro elementos: aire, agua, fuego y tierra, pertenecían a la
filosofía natural de los alquimistas. El siglo XVII les agregaría un
“nuevo” materialismo, el geométrico. Ya Platón en el Timeo declaraba que
la cosmogénesis integra lo mismo y lo diverso. Y que los ángulos, triángulos,
círculos, y otras figuras geométricas formaban el eidos o idea de las cosas,
tanto como los órganos, como el hígado, tenían un eidos. (Timeo, 53, a, b, c,
d, e) Platón negaba que hubiese vacío en el mundo material y natural, pero creía
que el mundo sensible era
inteligible a partir de las formas (eidos, figuras geométricas, números)28.
Para Cristian Huygens, observar que la refracción de la luz tenía leyes aritméticas
y geométricas, y que los cristales, como el de Islandia que suponía algunas
excepciones, implica un nuevo materialismo, el de la observación geométrica,
ya que las formas geométricas son tan materiales y corpóreas como las
cualidades, y aún, más constantes y regulares que aquellas, Y también para
Galileo, Descartes y Newton. Pero, ¿Cómo habían surgido el álgebra, las
ecuaciones, los signos matemáticos? Eso es un trabajo teórico hecho, después
de los antiguos griegos, por matemáticos italianos, como Luca Paccioli, Pietro
Brogi, Giorgio Chiarini, Nicolás de Cues, Cargano, Scipione del Ferro,
Tartaglia, Bombelli; árabes como Nasir al-din al-Tusi, Al-Kwarizmi, Ahmad Ibn
Yusuf, Abul-Wafa; alemanes como Johan Wemer, Georg Hartmann, Albrecht Dürer,
Reticus, Adam Riesse, Christoph Rudolff; franceses como Nicolás de Oresme,
Chuquet, Jacques Lèfébre, François Viète, Blaise Pascal, René Descartes;
judíos como Levi ben Gerson; polacos como Albert de Brudzewo, uno de los
primeros maestros de Copérnico, e ingleses como Bradwardine, Digges y Thomas
Moore. Para Koré no hay duda de que el antiguo tratado de los Elementos de
Euclides –con su sistema axiomático-, constituye una referencia
indispensable. David Hillbert, a fines del siglo XIX, también había creado un
nuevo sistema axiomático en Geometría. Pero Koyré repara en las signaturas
del lenguaje matemático: la invención de reglas algebraicas, la admisión de
numeraciones en principio absurdas o imposibles, como las de Cargano, la idea de
infinito y su dialéctica en Nicolás de Cues, el arte de la medida (práctica)
que renunciaba a precisiones inalcanzables, las notaciones de + y -, de raíz
cuadrada y cúbica, los números irracionales, y la teoría de las proporciones.
Respecto a la teoría de las proporciones, ya Aristóteles hablaba de
razonamientos por analogía refiriéndose a las proporciones. Hasta Kant llegaría
a conceptuar analogías matemáticas y analogías de la experiencia. Pero
este nuevo materialismo refunda las bases de la experiencia, es decir, produce a
la vez que postula un nuevo empirismo. Los datos observacionales que los
empiristas siempre consideraron el “non plus ultra” de la evidencia, parten
de una nueva reordenación. La geometría sumada a los instrumentos, como la
balanza el péndulo, la regla, el compás, y sobre todo el telescopio, producen
–combinados- nuevos datos observacionales, y por lo tanto una nueva
fenomenología, y si preferimos, un nuevo realismo. La geometría de por sí, el
telescopio de por sí, no producen las mismas impresiones (impressions, qualias,
fenómenos), pero al combinar en compuestos teórico-empíricos la masa de
cualidades y cantidades la formación y consideración de objetos es nueva. Si
además, esos nuevos fenómenos pueden reducirse a la constancia
de las leyes e invariables, el programa de las ciencias está frente a un
nuevo materialismo. Alexandre
Koyré, en la discusión entre cartesianos y newtonianos acerca del célebre
“hipótesis non fingo”, concluye que para los newtonianos, eran los
cartesianos (“ellos”) los que hacían hipótesis. Las matemáticas son
deductivas, pero en física y astronomía, también son predictivas. Entonces
resulta que algo del inescrutable futuro se torna accesible. Pronto lo
predictivo se tornaría sentido común y muchas leyes de la física, ignoradas
durante siglos, se explicarían en los programas escolares, al precio de dejar
ignorado su contexto de descubrimiento. La Historia de las Ciencias, en cierta
forma retoma sobre el contexto de descubrimiento para volver a formular las
preguntas antes de producir las respuestas clausurando la curiosidad. Hay un
entre-tiempo que va de las preguntas a las respuestas, a veces de muchos años
en la medida de la cronología histórica. Pero volver a formular las preguntas
luego de producidas las respuestas, esa actitud es parte de la filosofía de las
ciencias. ¿Cómo un conocimiento deductivo puede desarrollarse a través del
tiempo? ¿Cómo puede ese conocimiento tomarse cada vez más preciso? Los
entretiempos de la historia se redistribuyen y reorganizan constantemente en su
operatoria real, mientras que los tiempos fenoménicos parecen sucederse
libremente. Guillermo
Treboux – Historia y Filosofía de las Ciencias – Universidad Nacional del
Comahue – República Argentina – escribir a:
gtreboux2002@yahoo.com.ar
1 Gastón Bachelard, “El materialismo racional”, Ed. Piados. Bs. As. 1976 p. 19 y sigs. Estas ideas también se encuentran en “El compromiso racionalista” del mismo autor. Ed. S.XXI. México, 1973 2 “El pensamiento científico reposa sobre un pasado reformado. Está esencialmente en estado de revolución continua”. G. Bachelard, El materialismo racional, op. cit. p 193 3
En la Biografía Intelectual de A. Koyré, realizada por Jean Fr. Stoffel,
de la Universidad de Lovaina, Stoffel
denomina el “cenáculo de Meyerson” a un grupo de filósofos y científicos
entre los que cuenta a L. De Broglie, L. Brunschivicg, A. George, H.
Gounhier, P. Langevin, Lucien Lèvi-Brhul, A. Metz, Hélene Metzger, S.
Reinach y Gastón Bachelard y el propio Alexandre Koyré, Algunos de estos
filósofos también eran miembros del Instituto d’A. Rey y del Centre de
Synthèse. En menor medida también participaban del Comité d’A. Mieli
Abel Rey, H. Metzguer y F. Henríquez. Abel Rey escribió un libro llamado
“Le retour éternel et la philosopie de la physique”, hacia 1927, del
que Koyré,hasta donde conocemos, no se ocupó. Nos hubiera gustado conocer
su opinión. Jean Fr. Stoffel “Introduction à l’oeuvre d’histoire de la pensée
scientifique d’Alexandre Koyré”,1992, Louvain la Nueve, Bélgica, Tomo
1, p.45. 4
Para Emile Meyerson la correlación, la correspondencia “rapport”, entre
causalidad y ley, y entre causalidad e identidad es necesaria y evidente, y
hasta llegan a confundirse los significados entre los términos. La ciencia
“tiene por asunto (“but”) único conocer la relación entre los fenómenos,
las reglas, las leyes que los gobiernan” Emile Meyerson, 2002, ed. Vigdor
p.57. Pero “el principio de causalidad no es otra cosa que el principio de
identidad aplicado a la existencia de los objetos en el tiempo” E.
Meyerson ,2002, ed. Vigdor p.111 “La búsqueda de la ley está comprendida
en la búsqueda de la causa” E. Meyerson,2002, ed. Vigdor p.116. Pero hay
una exigencia más, que es la de “la identidad de los objetos en el
tiempo” E. Meyerson, 2002, op. Cit p.116. Meyerson envuelve
causalidad, ley, identidad en el mismo proyecto científico, y en la misma
filosofía de la racionalidad. El principio de razón suficiente alude a la
vez a la causalidad, a la ley y la identidad. La razón humana tiene unidad
puesto que todos estos aspectos van relacionados en todos los ámbitos de la
ciencia y de la filosofía, y aún, de la naturaleza y la cultura. Alexandre
Koyré toma particularmente la unidad del pensamiento humano, científico,
filosófico, artístico y religioso. También Gérard Jorland ha expresado
la unidad del pensamiento, como actitud, como método, y aún como proyecto,
en la Filosofía de la Historia de las Ciencias de Koyré. En ningún caso
se trata de algo concluido, terminado, sino de una apertura del espíritu a
la diversidad, creyendo que la unidad se produce en el recorrido, ya que los
trascendentales del ser (antinomias tales como lo uno y lo múltiple) no
pueden rebasarse, sino que la síntesis se produce por la naturaleza de la
razón, tanto de modo analítico y dialéctico como fenomenológico. Emile
Meyerson, Identité et Realité, Editions Vigdor (uso con licencia acordada
por télèchargement, 2002) Cap. 1, “La loi et la cause”. También Gérard
Jorland, 1981, La science dans la philosophie op. cit. p.42 y sgs. “La
unité de la pensée.” 5 Alexandre Koyré, Estudios Galileanos, op.cit.p.9 6 Alexandre Koyré, Estudios Galileanos, p. 12 7 Alexandre Koyré, Estudios Galileanos, p.19. 8
Georges Gusdorf, Mito y Metafísica, Ed. Nova,
Bs. As. 1960, p. 230 9 Alexandre Koyré, Mistyques, Spirituals et Alchimistes, op. cit. pgs. 26,
27, 28 y sigs. 10 Alexandre Koyré, Mistyques , Spiritualls et Alchimistes,op. cit. pgs. 54 y sigs, y 149 cap. Sebastien Weigel. 11 Las expresiones conceptuales y filosóficas de hierofanías y kratofanías han sido muy bien expuestas y desarrolladas en plenitud de significación por Mircea Eliade, a lo largo de casi todas sus obras.. La hierofonía es una manifestación de la divinidad, en lo que Koyré llamaba la expresión de la divinidad a través de los fenómenos naturales espiritualizados, es decir, promovidos a cierta significación por un estado interpretativo hilozoísta. Eliade reserva esta expresión no solamente a la naturaleza, -la conjunción naturaleza-espíritu- sino a los rituales celebratorios, tanto d ela tradición sacra como pagana. Particularmente, el interés filosófico de las kratofaníeas es el reconocimiento de un orden c'òsmico, algo similar a la idea más moderna de leyes naturales. Koyré no es muy afecto a la consideración ritualística de lo sacro, sino más bien a la contemplación libre del espíritu. A través de Sebastien Franck y Caspar Schwenckfeld expresa que existe en el hombre una disposición mística natural, el Cristo-Logos interior que se distingue de las manifestaciones de fé ritualísticas y gregarias, que son externas. Una vez. Más, Koyré expresa cierto distanciamiento de la sociología. Comparte con Elide, sin embargo, la valoración del significado de los fenómenos naturales como simbólicos y provistos de un misticismo naturalista. Koyré aparece así mucho más fenomenólogo que experimentalista. En relación al materialismo y la alquimia, el estudio de Dircea Elide “Herreros y Alquimistas” es un trabajo que amplía y complemente los de Oiré en “La philosohpie de Jacob Boheme” y “Mistyques...” Mircea Elide tiene una concepción animística del conocimiento al igual que una parte de la obra de Koyré. Pero Eliade se ocupa de destacar la weltanschauung del tiempo circular, especialmente. La comprensión del tiempo circular, propia de la percepción mitológica de la historia, no está deshechada por Koyré, sino que se halla complejizada. A través de la filosofía de Hegel, la comprensión del tiempo circular tiene todavía significació. Pero, podríamos decir que en Hegel el tiempo circular transcurre, y tiene cierta irreversibilidad por la conceptualizacón de la aufhebung. Mircea Elide, por el contrario, expresa una contraposición del tiempo de la naturaleza y el tiempo histórico. 12 El concepto de revelación que va ligado al intuicionismo y a la teosofía no es un concepto opuesto al de racionalidad. Koyré se aproxima así a Etienne Gilson, a quien le dedica su obra sobre Boheme en 1929. El filósofo que quizá mejor ha desarrollado el concepto de conocimiento y revelación a través de una filosofía del símbolo es Eugenio Trías. Si resulta algo irracional el intuitivismo en ciencias, una filosofía de la intuición exige, por el contrario, un aurduo uso de criterios racionales analíticos y reflexivos. Así se evidencia en “La edad del Espíritu”, Ed. Ensayos, Barcelona, 1994, de Eugenio Trías, que alude a Koyré frecuentemene en filosofía de las ciencias. 13
Nicolás Copérnico, Des révolutions des orbes celestes, tras, intr.. Et
notes par Alexandre Koyré, Diderot Ed. France 1998, p.41. 14
Alexandre Koyré, Mistyques, Spiritualls et Alchimistes, op. cit. p. 121 y
sigs. 15 Alexandre Koyré, Histoire de la Pensée Philosophique op. Cit.p. 30 y 31. En “Hegel en Jena”, en cambio, ya verá en la dialéctica una filosofía del tiempo y una fenomenología . 15a Alexandre Koyrè, Hiatorie de la Pensée Philosophique , op. cit.,pgs. 178 a 188. En cambio, Koyré no piensa como Hegel respecto a la identidad de la Historia y la Lógica, sino que considera que sus procesos dispares, por así decir, contrapunísticos. 16
Alexandre Koyré, Mistyques, Spiritualls et Alchimistes, op. cit. p.112 17
Alexandre Koyré, Mistyques, Spiritualls es Alchimistes, op, cit.p.78 18
Alexandre Koyré, Mistiques, Spiritualles et Alchimistes, op.cit.p.98 19 En un estudio inédito que nos ha restado Gérard Jorland , llamado, “La notion de révolution scientifique dans Alexandre Koyré”, EHESS, París, Jorland describe actitud mental renacentista de la siguiente manera: “Consideramos frecuentemente el estudio de Koyré sobre el Renacimiento que éste habría destruìdo la síntesis aristotélica, su metafísica y también su física. Hasta que una nueva ontología no emerja, solamente hacia el siglo XVII, el Renacimiento se habría quedado sin ontología, sin criterio que permita distinguir lo posible de lo imposible, lo real no era más que un caso particular lo posible, el que optimiza los co-posibles. Sin tal ontología, todo deviene posible, y es lo que explica, según Koyré, la credulidad del hombre del Renacimiento. Una ontología aparece entonces como un conjunto de principios que permite discriminar lo pensable de lo impensable. Y eso no es todo, una ontología permite discriminar en otra, en el interior de lo pensable, lo pensado de lo impensado. La existencia de un Dios creador es impensable para un Griego antiguo, y la historia de la física moderna tal como Koyré la ha reconstruido, comienza con la primera ley matemática del movimiento, la ley de la caída de los cuerpos que introduce inmediatamente lo que no cesará de constituir su impensado –la gravedad que resiste al mecanismo y que resiste a la gran unificación-. Lo impensado constituye una apertura en el interior de lo pensado que tiende a cerrarse y por tanto a incorporarlo aún sin advertirlo. Lo impensable es una apertura exterior a la ontología, de lo que esta considera falso o indiferente, denegado (dénué) a priori de toda existencia. La primer discriminación separa lo que puede ser verdadero de lo que es indudablemente falso. La segunda discriminación, en el modelo de Koyré, lo racional de lo irracional. Lo racional es simplemente lo que una ontología permite pensar; el pensamiento racional es pues un pleonasmo, el pensamiento es siempre racional desde que él determina al ser conforme a sus principios. La racionalidad científica no se distingue de otras racionalidades más que por la forma de sus principios: ella es matermáatica. Lo que no quiere decir que las ontologías sean equivalentes.” Traducción de Guillermo Treboux. 20ª Alexandre Koyré. Mistyques, Spiritualls et Alchimistes op. BIT. p.26. También se refiere Eugenio Trías a los monofisistas y dificistas, pero solamente para destacar la significación de la trinidad o triplicidad, vía negationis. Como en las tríadas Naturaleza, Cultura, Sociedad; Nacimiento, Muerte, Resurrección; Tesis, Antítesis, Síntesis, Memoria, Atención, Expectación; Padre, Hijo, Espíritu Santo; Presente, Pasado, Futuro. Así como Koyré describe la triplicidad del hombre, cuerpo, alma y espíritu, su triple vía que corresponde a la triplicidad del mundo y a la trinidad de Dios, aunque –una vez más- en tanto que analogías parciales: Eugenio Trías, La edad del espíritu y Ética y condición humana. Ed. Península, Barcelona, 2000. 21
Eduardo Giqueaux, El mito y la cultura, Ed. Castañeda, Bs. As., 1979. 22
“Car le continu, par lui même, échappe à toute determinatin de
grandeur, de nombre, etc. Nus ne pouvons distinguer en lui ni le grand ni le
petit, comme le dit Platon”. Alexandre Koyré, Remarques sur les paradoxes
de Zénon, Histoire de la Pensée Philosophique op. cit. p. 30. Paolo
Zellini, que dedicó un libro a la historia del infinito, dice respecto a
Cantor y el continuo: “Cantor avvrebbe in seguito toccato in modo
esplicito il punto essenziale: era l’idea di tempo ad essere
principalmente coinvolta in questa perspettiva. La convinzione che
l’apriorismo kantiano foie inataccabile per lomeno nell’idea del tempo
ricevette nel mondo più esplicito una catogórica smentita. Cosí, a propósito
del rapporto tra continuitá e tempo, Cantor stabili la netta prioritá
dell’idea dell continuo. “a mio avviso l’introduzione della nozione di
tempo o dell’idea di tempo non debe servire a sipiegare la nozione molto
più primitiva e generale del continuo...” Breve storia dell’infinito,
Paolo Zellini, Ed. Aldelphi,
Milano, 1996, p. 1 23 Alexandre Koyré, Le Temps, publicado por Armando Brissoni en la revista “Il Ponte”, t. XLIV, 1988, Nº 3, p. 160-168. 24 Alexandre Koyré dedica un estudio a Simón Stevin luego de un recorrido por la historia de las matemáticas, en el volumen de “La Science Moderne”, compilada por René Taton. Si hay una historia cuyo contexto de descubrimiento resulta tan oscura o claramente intuitivo como nos imaginemos, es precisamente la Historia de las Matemáticas. Koyré, com Hillbert, piensa axiomáticamente las matemáticas. Se ocupa particularmente del surgimiento y uso de los signos matemáticos, tan curiosos como la raíz cuadrada de 2, que tiende infinito, pero se equilibra con el cuadrado de la raíz. Sin embargo, el signo queda allí. La racionalidad matemática se torna retrospectiva una vez que una función matemática se ha establecido, como si siempre hubiera estado allí. Pensar contextualmente las matemáticas, como si olvidáramos los hallazgos posteriores, es singular y trabajoso. Emmanuel Lizcano (Imaginario colectivo y creación matemática, 1993. Gedisa, Madrid) lo ha hecho al reconstruir el álgebra de Diofanto. Las matemáticas que describe Koyré no son sociológicas, sino platónicas. 25
Alexandre Koyré, Newtonian Studies, op. cit. p.150 ¿Gravity is an
essencial property of the matter? 26
René Taton, La Science Moderne de 1450 a 1800, Sciences Exactes, par
Alexandre Koyré, Quadridge/PUF, 1995, p. 11. 27 Alexandre Koyré, Historia del Pensamiento Cientìfico, op. cit. p.384. 28 Platòn, Timeo,79 b.c. Trad. Garcìa Bacca, T. VI, 1980, Caracas. “ Pero una vez más consideremos cómo pasa la reswpiración, y sirviéndose de que causas llegó a ser lo que es. Pues es así: puesto que no existe de ninguna maner el vacío en el que pudiera adentrarse alguna cosa de las que se mueven, nuestro aliento se mueve hacia fuera (...) lo así expelido expulsa siempre a lo adyacente, y por tal necesidad, lo es hacia el sitio del que el aliento salió, entrando allí y rellenándolo, sigue el aliento, y todo esto pasa simultáneamente, cual rueda giratoria, por no existir, de ninguna manaera, el vacío.”
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