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Algunas reflexiones sobre la ética en pediatría
RESUMEN Se
presentan algunas reflexiones sobre la ética en la Pediatría. Se define la ética
y la bioética médica. La bioética abarca la ética médica pero no se limita
a ella, relacionándose con los valores que surgen de la relación del médico y
la enfermera. Fueron abordados los conceptos sobre beneficencia,
autonomía y
justicia como los principios básicos o paradigma de la bioética y su aplicación
a la práctica pediátrica. Se plantean algunos de los dilemas éticos a los que
se enfrenta el Pediatra y el papel del Profesor en la formación del futuro
egresado de la Carrera de Medicina. INTRODUCCIÓN La
ética médica está siendo objeto de gran atención en la comunidad científica
y profesional en los últimos años. Goza de aceptación general la idea de que
sólo la técnica se muestra insuficiente para dar respuesta satisfactoria a las
necesidades de salud de las personas. La
salud como percepción humana, tiene un valor inestimable y aún a pesar de los
avances del desarrollo humano; en múltiples esferas de la vida, devolverle la
salud a una persona enferma, albergar la esperanza del restablecimiento o
aliviar en parte el sufrimiento, alcanza una extraordinaria connotación para
los enfermos y familiares que han depositado toda su confianza en la noble y
humana labor del médico. Pero
el concepto de salud – enfermedad no puede abarcar solamente la dimensión
biológica, sino además la síquica, social, cultural, espiritual y ética y
ello dependerá por supuesto de la concepción que del hombre se tenga. (1) Cada
sociedad tiene su sistema de valores en correspondencia con el momento histórico
en que vive y ellos cobrarán sentido en cuanto satisfagan las necesidades
materiales y espirituales de los hombres. De esos valores universales,
potenciales o específicos, se derivarán las normas éticas de los diferentes
grupos humanos. En el campo de la salud se traducirá en actitudes y
comportamientos consecuentes que unidos a la influencia del medio y a las pautas
de socialización del grupo de pertenencia y
la sociedad en su conjunto, originan los denominados problemas de salud.
(2) Cuando
nos referimos a la ética médica podemos hacerlo con un doble significado: como
dimensión humana esencial que le médico aplica a su práctica profesional a
partir de un conocimiento ético espontáneo, o como ciencia moral, racional que
analiza metódica y críticamente los comportamientos y decisiones de la práctica
médica. Es
la ética médica una manifestación particular de la ética que atiende a los
principios y normas que rigen entre profesionales, técnicos y demás
trabajadores de la salud y muy especialmente de la relación del médico y sus
pacientes, con otros profesionales, con todos los trabajadores de los servicios
de salud entre sí, con sus familiares, abarcando además otros aspectos como el
secreto profesional y error médico. (3) La
bioética abarca la ética médica, pero no se limita a ella, en su sentido
tradicional, trata los problemas relacionados con los valores, que surgen de la
relación entre el médico y el paciente. (4) La
bioética constituye un concepto más amplio basado en cuatro aspectos
fundamentales: (5) v Los problemas relacionados con valores, que surgen en todos los profesionales de la salud, incluso en las profesiones afines y vinculadas con la salud mental. v
Se aplica a las investigaciones biomédicas y sobre el
comportamiento, independientemente de que influyan o no de forma directa en la
terapéutica. v
Aborda una amplia gama de cuestiones sociales como las que se
relacionan con la salud pública, la salud ocupacional e internacional y la ética
del control de la natalidad entre otros. v
Va más allá la vida y la salud humana, en cuanto comprende
cuestiones relativas a la vida de los animales y las plantas; por ejemplo en lo
que concierne a los experimentos con animales y a demandas ambientales
conflictivas. La
ética forma parte inherente de cualquier relación entre el médico y el
paciente ¿Quién debe tomar las decisiones en Pediatría: el paciente, sus
padres o el médico? En esta especialidad este dilema se complica por la
variable competencia del paciente, los intereses a veces contrarios de los
padres y la tradición que impulsa a tratar a los niños de una forma más
paternalista de lo que sería aceptable en los adultos.
OBJETIVO Realizar
un análisis de algunos aspectos éticos relacionados con la práctica del
ejercicio de la Pediatría. DESARROLLO La
ética médica comienza desde la época de Hipócrates en los siglos V y VI
antes a.n.e. con el juramento hipocrático, por lo que además de llamarse padre
de la medicina es considerado padre de la ética médica. Los
preceptos de este juramento han llegado hasta nuestros días. A partir de 1971,
Van Rensselger Potter introduce el término de bioética como una disciplina que
debería enlazar las ciencias naturales y las humanísticas y a la que integró
posteriormente los problemas relacionados con la medicina, fundamentalmente como
consecuencia del impetuoso desarrollo tecnológico y su aplicación en los
pacientes. Muchos
son los problemas éticos a los que el Pediatra se tiene que enfrentar en su práctica
diaria donde se involucran de forma permanente la madre, pero también otros
familiares, amigos y en ocasiones hasta desconocidos. Es
por ello que la Pediatría tiene sobre su conciencia la responsabilidad moral de
brindar una atención esmerada pues su compromiso no es sólo con el niño y su
familia, es también con la salud pública cubana y el país en general. Los
continuos y fascinantes avances científicos técnicos de la medicina mundial
están alcanzando grandes éxitos en la lucha contra la enfermedad, pero también
se convierte en una amenaza para el ser humano. La ciencia y los científicos,
necesitan, cada vez ,más un mapa de principios morales que les oriente en el
servicio a la humanidad, porque no todo lo técnicamente posible es éticamente
admisible. La Pediatría es muy sensible a todo ello al verse capaz de sustituir
con la técnica funciones vitales (diálisis, transplantes, nutrición
parenteral) o cuando se enfrenta a cuestiones éticas en pacientes graves (técnicas
de soporte vital y de reanimación). Está claro que la tradición actual del médico
tendente a hacer todo lo que está al alcance de la mano para salvar la vida del
paciente, necesita de una cuidadosa reinterpretación, desde el momento en que
las posibilidades reales de perjudicar al paciente tienen un alcance que hace
unos años atrás eran de ciencia ficción. (6) En los fundamentos filosóficos de la bioética, vemos que existe una tríada de principios: beneficencia, autonomía y justicia, los cuales constituyen su regla de oro o La
beneficencia es el principio
moral de actuación del médico: lo principal es el bien del paciente, de la
humanidad. Incluye la ausencia de maleficencia: “primun
non nocere”. En
ella se expresa el respeto al paciente y sus familiares. En
este aspecto el pediatra cubano es un especialista abnegado y consagrado a su
trabajo, con estrechas relaciones no sólo con el niño sino con la madre o
acompañante, tiene conocimientos y habilidades y sabe aplicarlos correctamente
en el bien del niño; preocupado por las acciones preventivas y promocionales y
cuidadoso al someter al niño a investigaciones que puedan ser superfluas,
innecesarias o agresivas. El
pediatra es le médico que sabe escuchar lo referido por la madre o familiares,
les sabe informar e irradia afecto al niño infundiendo ánimo y cariño a los
familiares y eliminando la desesperanza. En ocasiones el exceso de la
beneficencia puede llevarlo al paternalismo. La
autonomía es el principio
moral que sustenta el comportamiento del paciente respecto a la atención a su
salud; donde hay que tener en cuenta el respeto a la integridad de las personas
y su derecho a decidir todo lo concerniente a la atención de su salud. El
paciente no es un objeto, como ser moralmente autónomo, no puede ser ignorado.
Sus valores y creencias deben ser respetados. En
Pediatría hay que tener en cuenta al niño y a sus familiares. Todo
procedimiento riesgoso, diagnóstico o terapéutico es debidamente informado al
niño (cuando se trata de un niño mayor) y a sus familiares, explicándoles a
éstos las ventajas y los riesgos del proceder. En nuestra especialidad el
consentimiento informado es la garantía del respeto a la autonomía. El
desconocimiento o relegación del
principio de la autonomía conlleva a la despersonalización de la atención médica
al no tener en cuenta al niño y sus familiares como personas y a su sistema de
valores. Las decisiones son pues compartidas entre el pediatra, el niño y sus
familiares. El
principio de justicia es el
que debe servir de guía a la sociedad para valorar éticamente la interrelación
y conflictos entre los dos principios anteriores, así como para evaluar la
atención de salud a la población en cuanto a la equidad, pertinencia y calidad
científico – técnica y humana. La
atención a la salud de todas las personas, sin distingos o barreras económicas
o sociales de ninguna clase, es un derecho humano reconocido y vulnerado
universalmente, al que la bioética no puede estar ajena. En la declaración de
Alma Atá (1978) se plantea la obligación moral de todos los estados de brindar
salud para todos; meta si bien
no alcanzada en el mundo en el año 2000 y pospuesta para el primer cuarto del
siglo actual, constituye un ejemplo claro de la aplicación del principio de
justicia. También
los programas de cooperación internacional en materia de salud patrocinados por
organismos internacionales o en el marco de la cooperación entre países ayudan
a llevar a cabo el principio de justicia. El desarrollo de la justicia
sanitaria, con participación de países ricos y pobres, en aras de reducir las
injustas asimetrías sociales y económicas producidas por la globalización
neoliberal, éticamente condenable son un rasgo más de la proyección de este
principio a nivel mundial. En
Cuba la atención sanitaria a la población ocupa el primer orden en prioridad y
en especial la salud del niño. Basta decir que el año 1970 se crea el Plan de
Reducción de la Mortalidad Infantil y en 1980 el Materno Infantil, gracias a
los cuales podemos con orgullo mostrar indicadores de salud comparables con países
desarrollados. Las
cuestiones éticas en el desarrollo de la Pediatría ofrecen matices muy ricos y
diversos y hay que saber descubrirlos y actuar sobre ellos. La experiencia
demuestra que con una misma carga asistencial, pediatras de la Atención
Primaria y de la Atención Secundaria no realizan por igual las actividades
preventivas y promocionales. Si bien es cierto que corresponde fundamentalmente
a los pediatras de la Atención Primaria abordar estos aspectos, los del área
hospitalaria necesitan tenerlo en cuenta si quieren garantizar la permanencia de
la salud que han recobrado sus pacientes al salir del hospital. No es difícil
captar el carácter ético que marca el contraste entre estas diferentes
actitudes. Introducir la actividad preventiva de manera científica a nivel de
la práctica hospitalaria ¿Es una afición o una obligación? Uno
de los dilemas a los que se enfrenta el pediatra es la atención al niño con
discapacidades motoras y mentales. En estos casos puede que el niño sea
rechazado o por el contrario sea sobrevalorado por la madre, pero en ambos casos
distorsiona la dinámica familiar y cambia el rumbo de los integrantes de la
misma; por lo que deben encontrar en el pediatra (y en todo el personal médico
y paramédico) la mejor atención, respeto, ayuda y compresión. (7) En
el caso de negación de los familiares del niño con su rehabilitación por
considerarla inadecuada (autonomía familiar) el médico debe luchar por hacer
reflexionar a los familiares, con sensatez o sentido común (predominando la
prudencia), sobre los beneficios que aporta una terapia rehabilitatoria, que
sitien no llevaría al niño a la normalidad, mejorará su calidad de vida,
llevando a cabo el principio de la beneficencia. El
manejo del niño maltratado merece atención especial por el pediatra, no sólo
aquel que obviamente acude por haber recibido algún acto de violencia o
maltrato físico, sino también aquellos que sufren de vejaciones y maltratos
sicológicos, abuso sexual y los casos del síndrome de Munchausen donde se le
inventan síntomas o estos le son provocados por algún tóxico, medicamento o
sustancia, o se alterna muestras de laboratorio para conseguir la atención de
la familia y el personal de salud, o no se atiende la alimentación, higiene o
salud del niño. Aquí el pediatra debe actuar con toda ética tratando de
resolver el problema al niño. (8) El código de ética señala que el médico guardará secreto de todo lo que el paciente le haya confiado y de lo que haya conocido en su ejercicio profesional. Sin embargo hay ocasiones que recoge excepciones a este deber: por imperativo legal, por razones de salud pública y en el caso que el silencio pueda dar perjuicio al paciente o a otro personal. Ejemplo claro de esto lo constituye un adolescente con VIH positivo que se niega a comunicarlo a su pareja y a dar a conocer la cadena de transmisión. Una
ética especial deben tener las investigaciones en niños donde existen normas
bien establecidas que no deben ser violadas. (9 - 10) La
diferencia entre la experimentación y la práctica clínica habitual es el
compromiso del investigador para con sus pacientes futuros o los intereses de la
sociedad, además de su responsabilidad hacia el paciente que es el sujeto
humano de la experimentación. La experimentación se define como la obtención
sistemática de información en beneficios de terceros. En la investigación
terapéutica existe la esperanza de que también pueda beneficiarse el paciente
/ sujeto, pero la incertidumbre acerca de riesgos y beneficios es normalmente
mayor que con la terapéutica habitual. Además la necesidad de obtener datos
suele ser mayor, por lo que el paciente se ve expuesto a mayores molestias o
peligro. Al
igual que en otros aspectos de la atención médica el consentimiento
informado del niño o su representante constituye el núcleo de protección
contra estos procesos. (11) Es necesario realizar las actividades pediátricas de promoción de salud y prevención de enfermedades, especial interés toma la alimentación en las primeras etapas de la vida, donde el pediatra se tiene que enfrentar a situaciones como el destete precoz bien por desconocimiento o por voluntad de la madre. El médico debe contribuir a crear un ambiente favorable y una relación pediatra – madre adecuada que garantice la calidad de la educación sanitaria y la recuperación de la lactancia materna. (12) El
papel del médico que todo los sabe y todo lo decide debe ser sustituido por el
guardián de la salud del niño y apoyo de la madre donde están de modo armónico
madre – niño – pediatra y donde podemos decir: “ya no hay solo una ética,
la ética del médico, regida por el principio de la beneficencia, sino también
la otra, la del enfermo, basada en el principio ético de la autonomía”. (13) En
la formación de los profesionales de la salud es muy importante la formación
ética. La educación médica en particular debe inculcar las normas del
pensamiento y conducta que ponen énfasis en el servicio a los otros antes que a
los beneficios personales. (14 - 15) De
esta forma la enseñanza de la Pediatría en el pregrado debe partir de la
responsabilidad de contribuir a la formación integral de los estudiantes para
lograr profesionales capaces no sólo desde el punto de vista científico – técnico,
sino además humano, social y ético. Considero que la asignatura Pediatría
posee por naturaleza propia condiciones que favorecen la consolidación de las
cuestiones éticas antes aprendidas. (16) Según
el profesor Ilizástigui: “Transformar el método clínico requiere cambiar
como los médicos piensan y sienten”. Es la transformación de ciertas
cualidades, hábitos y modo de comprensión. (17) Una
de las ventajas de nuestra asignatura es que tiene un gran componente práctico
y la práctica como actividad crea valores porque propicia la interacción del
alumno con el niño, con la madre, con el profesor, logrando la motivación y la
apropiación de los modos de actuación para poder resolver un problema ético
sin provocar iatrogenia al niño o a los familiares dentro del propio proceso
docente – educativo. (18 - 19) CONCLUSIONES Los
principios éticos tienen una connotación especial en la práctica pediátrica
porque las relaciones no se limitan a la del médico con el paciente ya que
estos sobrepasan el límite familiar, llegando en ocasiones a la comunidad. Se
cumplen los principios filosóficos de la bioética como son la beneficencia, la
autonomía y la justicia. En ocasiones el pediatra se enfrenta a problemas y
dilemas éticos de los cuales, con prudencia y profesionalismo, puede salir
victorioso. A
decir del profesor Jordán el pediatra es el médico del niño, el psicólogo de
los padres y el siquiatra de los abuelos.
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