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Vigilando los suelos del Cono Sur
INTA
y PROCISUR realizaron un seminario internacional en Marcos Juárez El
Seminario Internacional de Indicadores de Calidad de Suelos realizado entre el
20 y el 22 de abril en el INTA Marcos Juárez profundizó la inquietud e
iniciativa de las instituciones oficiales vinculadas al manejo del suelo en el
Cono Sur por evaluar indicadores de sostenibilidad para monitorear la
productividad y conservación de los suelos en el marco de un proceso de
agriculturización con balances de nutrientes decrecientes y avance del
monocultivo de soja. Entre
los días 20 y 22 de abril se realizó en el INTA Marcos Juárez el Seminario
Internacional de Indicadores de Calidad de Suelo organizado por el INTA y el
Programa Cooperativo para el Desarrollo Agroalimentario y Agroindustrial del
Cono Sur (PROCISUR) con la asistencia de 150 profesionales especializados de
Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay. Teniendo
como temas clave los indicadores de sostenibilidad en suelos bajo siembra
directa y los problemas de implantación y emergencia de cultivos en ese
sistema, este seminario tuvo
como objetivos identificar indicadores de calidad
y sostenibilidad en sistemas de producción con siembra directa permanente en
monocultivo de soja, rotaciones agrícolas y rotaciones agrícolas ganaderas,
discutiéndose su homologación. Se presentaron experiencias de los países del
Cono Sur relacionadas a temas como erosión hídrica, materia orgánica, balance
de nutrientes, infiltración, condiciones físicas, indicadores biológicos,
productividad, etc.
Se analizaron además los
problemas derivados principalmente de la compactación y densificación del
suelo que dificulta y demora la implantación y las primeras etapas del
desarrollo del cultivo, identificando los suelos y principales sistemas
productivos con esta problemática. Luz
roja en nutrientes
Según
el Dr. Roberto Díaz, directivo del PROCISUR y coordinador del proyecto
“Consolidación y valorización de la sostenibilidad de sistemas agrícolas
productivos bajo siembra directa”, el Cono Sur enfrenta un enorme desafío de
encontrar alternativas de diversificación productiva frente a la
monoculturización creciente liderada por el cultivo de soja. En ese aspecto,
destacó que “el crecimiento productivo da oportunidad a los sectores de
producción, investigación y transferencia de pensar propuestas de mediano y
largo plazo que permitan reorientar el sendero productivo actual anticipando los
problemas futuros”. Llamó la atención Díaz respecto a los balances de
nutrientes “muy negativos” que presentan la mayor parte de los sistemas
productivos dominantes en la región. “El balance negativo de carbono y nitrógeno
es especialmente preocupante por sus efectos indirectos y es allá donde el éxito
económico y productivo de los abonos verdes y las pasturas plurianuales con
leguminosas puede desempeñar un gran rol mejorando la sustentabilidad”,
remarcó. Explicó
Díaz que en la región, en menos de cuarenta años, creció de 20 a 65 millones
de hectáreas la agricultura en granos, incorporando más de un millón de
tierras vírgenes por año. “Prácticamente todo ese crecimiento a partir de
los 70 responde al incremento del cultivo de soja, ya que en cuarenta años el
área cultivada aumentó en un 320% mientras que el área agrícola de todo el
mundo lo hizo en un 15% en el mismo período”. Calificó
al seminario en Marcos Juárez como “una oportunidad inmejorable porque
siendo conscientes del proceso de intensificación agrícola en toda la región
del cono sur para lo cual el PROCISUR que es un organismo que coordina a los
“intas” de cada uno de los seis países, podemos desarrollar estos temas y
procurar tener un lenguaje común para tener un adecuado seguimiento de la
sostenibilidad de los suelos y analizar indicadores que sean sensibles y nos
revelen lo que está pasando para poder tomar las precauciones en materia de
sistemas de producción y de tecnología que estamos empleando. Por otra parte,
el INTA Marcos Juárez es el lugar más pertinente dado que es quien tiene la
experimentación más antigua y de más largo plazo de toda Latinoamérica en
materia de siembra directa, un experimento ejemplar que marcó una vanguardia
con lucidez para proponerlo hace tanto tiempo”. Sobre
el tema balance de carbono, el Ing. Carlos Galarza, del INTA Marcos Juárez,
apuntó que la producción agrícola pampeana argentina posee herramientas
fundamentales para transformar los suelos en eficientes destinos del dióxido de
carbono atmosférico. “La siembra directa, la fertilización y la combinación
de gramíneas y leguminosas de alta producción de rastrojos pueden generar un
incremento del carbono orgánico del perfil del suelo. Considerando sólo el
horizonte superficial, la directa en pocos años de cultivos con abundantes
residuos produce aumentos de materia orgánica. Para que este incremento se dé
en todo el perfil del suelo, al incremento de rastrojo debe sumársele un
balance de nitrógeno sin pérdidas de significación”, calificando de
igualmente importante este nutriente como al carbono, que en suelos en
equilibrio deben mantenerse una relación constante. “Si las extracciones con
las cosechas dejan balances negativos de nitrógeno, de poco sirve producir
grandes volúmenes de rastrojo”, sostuvo Galarza. Un
trabajo presentado en el seminario por otros técnicos del Area Suelos del INTA
Marcos Juárez estima que durante los últimos 100 años los suelos pampeanos
han perdido el 50% de su contenido original de carbono y nitrógeno orgánicos,
apuntando la preocupación existente sobre la sustentabilidad de los sistemas
agrícolas intensivos en el largo plazo, aún contándose con los beneficios del
sistema de siembra directa. Al respecto, los ensayos de la Estación
Experimental Marcos Juárez –de 30 años de antigüedad- en los cuales se
comparan distintas rotaciones de cultivos anuales y perennes con sistemas de
labranzas convencionales y siembra directa, indican claramente que los
contenidos de C y N orgánicos tienen niveles superiores cuando se utiliza
siembra directa, incrementándose más aún la diferencia frente a labranza
convencional cuando la rotación incluye una combinación de gramíneas con
leguminosas (maíz-soja, sorgo-soja, trigo/soja-maíz). A la vez los contenidos
más altos de esos nutrientes naturales fueron encontrados en las rotaciones agrícola
ganaderas donde se utilizan pasturas de alfalfa y se maneja el ciclo agrícola
con siembra directa. Indicadores
Especialistas de Uruguay presentaron un trabajo sobre al efecto de las rotaciones y el laboreo en la calidad del suelo, en tarea conjunta del INIA La Estanzuela con las experimentales argentinas del INTA de Balcarce y Marcos Juárez, analizando el impacto con la utilización de indicadores tradicionales como carbono orgánico y nitrógeno total y nuevos como potencial de mineralización de nitrógeno por incubación anaeróbica, y carbono y nitrógeno en la materia orgánica particulada. “Los indicadores son elementos necesarios para ver cómo se están haciendo las cosas y no tener que esperar treinta años para darse cuenta qué anduvo mal”, sintetizó el Ing. Alejandro Morón (INIA La Estanzuela, Uruguay) dando dimensión al objetivo principal del Seminario. “De esta manera uno puede anticiparse midiendo determinados aspectos del suelo para ver si el sistema de producción utilizado y el manejo están funcionando correctamente según lo que le está pasando al suelo. Tradicionalmente
el indicador utilizado es la materia orgánica, que es particular para cada
suelo no habiendo un valor único, pero este indicador no tiene mucha
sensibilidad, se necesitan muchos años acumulados
de determinado manejo para poder ver que va decreciendo o aumentando o se
encuentra estable. Junto con el INTA Marcos Juárez en los ensayos que cumplen
ahora 30 años medimos y evaluamos nuevos indicadores más sensibles comparando
resultados aquí y en Uruguay encontrando que efectivamente existen herramientas
nuevas que detectan más rápido los cambios”. Otros
trabajos estuvieron relacionados a la siembra directa y el uso de parámetros
microbiológicos como bioindicadores para evaluar la calidad del suelo y la
sustentabilidad de los agroecosistemas (Brasil), el mejoramiento de la formación
de micorrizas nativas y su posterior efecto sobre el cultivo de soja en el
aprovechamiento eficiente del fósforo disponible (Paraguay), degradación y
recuperación de condiciones de suelos del sur cordobés (Río Cuarto),
consecuencias del tránsito de equipos en húmedo sobre el suelo bajo siembra
directa (INTA Roldan y Oliveros), siembra directa en Chile, compactación y
cambios en la densidad aparente del suelo (Bolivia) y problemática en la
implantación en el sur de Brasil, y la selección de indicadores de calidad
para la región pampeana y avances en la aplicación de un sistema de información
geográfica (INTA Castelar). Según
el Ing. Hugo Marelli, Coordinador del Area Suelos y Producción Vegetal del INTA
Marcos Juárez y del Seminario, el aumento de la población mundial seguirá
creando en el futuro una gran presión sobre el recurso suelo para la producción
de alimentos, “y esta demanda requerirá en el futuro un alto nivel de
productividad del suelo, la adición de nuevas tierras y la restauración de
suelos degradado”. Apunta además Marelli que “la agricultura sustentable en
perspectiva de los próximos años deberá contemplar las fortalezas y
debilidades del agroecosistema y el uso de prácticas de manejo que respeten las
características específicas de cada suelo, y para ello los indicadores de
calidad deben ser medidos especialmente a través de la evaluación de las
propiedades físicas, químicas y biológicas y los cambios que generan los
distintos tipos de manejo, teniendo en cuenta los principios de productividad,
sustentabilidad y calidad ambiental”. A 30 años
de una idea
Durante
la realización de este seminario también se conmemoraron los 30 años del
comienzo de los trabajos de siembra directa en el INTA Marcos Juárez por parte
del Área Suelos y Producción Vegetal. Estos ensayos -que continúan desarrollándose
en la actualidad- son los más antiguos del país y posiblemente de América del
Sur y son referente para muchos trabajos técnicos compartidos con otras
instituciones a nivel nacional a internacional. Estuvieron
presentes en el acto los técnicos que desde el INTA y la actividad privada
estuvieron relacionados al inicio de las prácticas de los cultivos sin
labranzas a principios de la década del 70, que tuvo su piedra basal en el histórico
ensayo trigo/soja que hoy día funciona como un indicador fundamental de la
calidad del suelo con el paso de los años. “Se
combinaron varios factores, entre ellos una estación experimental relativamente
nueva, una zona de profesionales muy contactados a los productores y un área
con fábricas de maquinarias”, apunta Roberto Piterbarg, que en aquellos
tiempos era gerente técnico de Duperial para el producto Gramoxone. “Desde la
empresa donde yo trabajaba apoyamos la idea, y aquí fue donde se forjaron
muchos técnicos para mejorar este sistema”, enfatiza . El
Ing. Osvaldo Signorile, actualmente Jefe de la agencia INTA de Ucacha, fue otro
integrante del grupo impulsor de aquel primer ensayo trigo/soja en directa.
Asegura que “tantos años atrás no imaginábamos que esto iba a tener
semejante grado de adopción ni que iba a ser tan importante para la agricultura
argentina. Hoy vemos que la siembra directa está incorporada también
masivamente en las zonas tamberas clásicas con sistemas de alta producción
–7 a 8 mil litros de leche por hectárea-, aplicándola en verdeos, pasturas ,
maíz como silo o grano para alimentación y soja RR dentro de la rotación
tambera con gran éxito, esta última facilitando enormemente la limpieza de los
campos para hacer pasturas”. “Fue
una tarea de investigación y experimentación que desarrollamos con entusiasmo
y convicción”, evalúa el Ing. Mario Nardone, hoy fuera de la institución y
participando en AAPRESID, asociación que desde los 80 dio un nuevo empuje a la
siembra directa. “Tanto en la actividad privada o como docente universitario
tuve como tema central la siembra directa como un sistema de producción. Creo
que debemos ampliar el horizonte de visión en cuanto a esta práctica, y
acentuar en la sustentabilidad de los sistemas de producción donde no existen
fronteras porque la naturaleza no los tiene aunque los hombres sí. Es
importante considerar a los sistemas agrícolas, ganaderos y forestales
interactuando de manera de enriquecerlos tanto a nivel social, económico como
ambiental”. Nestor
Trentino, Jefe de la Agencia INTA Las Rosas, cuenta que como a todos sus colegas
extensionistas relacionados al tema, le tocó “bailar con la más fea”.
“Había que romper barreras y prejuicios para imponer una técnica que proponía
nada más y nada menos que revertir la costumbre de remover el suelo. Muchos
productores nos trataban poco más
que de “desorbitados” por dejar de utilizar la reja, el disco doble y la
rastra y rolo para poder implantar un cultivo. Recuerda además Trentino a Juan
Carlos Plá, empresario de Las Rosas que “fue uno de los que dio el
espaldarazo para que hoy sea la agroindustria
la que también pueda exportar esta tecnología a los países vecinos”. El
Ing. Jorge Cazenave era, en 1974, agregado agrícola en la embajada de EEUU, y
luego de asistir a una reunión en Pennsylvania con más de 1000 asistentes,
volvió entusiasmado por la novedad. “En ese año se cosechó por primera vez
el ensayo de Marcos Juárez.. Aquí me encontré con un grupo capitaneado por el
Ing. Alfredo Lattanzi que estaba realmente con muy pocos recursos pero
convencidos que había que buscar un nuevo sistema de labranza para evitar el
deterioro de los suelos. La siembra directa nos ha permitido pasar del medio
millón de toneladas de soja que teníamos en la década del 70 a los más de
treinta que tenemos actualmente, cosa que no hubiéramos podido lograr sin
deteriorar los suelos gravemente. Esto se debe a un montón de técnicos,
empresas y productores que se animaron a quienes quiero rendir mi tributo,
y a la EEA Marcos Juárez que fue capaz de seguir y empujar durante todo
este tiempo hasta hoy cuando la directa es ya un sistema de labranza más
corriente de la Argentina”, apunta Cazenave, quien diseñó entonces un equipo
llamado “barra portaherramientas”, que se anteponía a la sembradora
convencional, consistiendo en un set de cuchillas onduladas con peso extra. Los Ings. Alfredo Lattanzi y Hugo Marelli son quienes aún están en la experimental marcosjuarense y quienes mantienen junto a técnicos que se fueron incorporando con el correr de los años al Area Suelos y Producción Vegetal el trabajo en los ensayos históricos y en otros emprendimientos de investigación para perfeccionar el sistema. Recuerda Lattanzi que el doble cultivo trigo soja era en esos tiempos un sistema sumamente erosivo por la cantidad de labores que se hacían para sembrar la soja, además del tiempo que insumían demorando la siembra. “Los primeros ensayos dieron muy buenos resultados, la soja crecía igual o mejor que con labranza y el problema más serio era el control de malezas que complicaba a este cultivo. Con el paulatino entusiasmo de productores y fábricas de maquinarias se logró un avance que recién cuando estuvo disponible el glifosato se pudo hacer un muy buen control de malezas a costos cada vez más razonables”, apunta. Para Marelli, en aquellos tiempos fue importante además el apoyo de empresas de agroquímicos como Duperial y de maquinarias como Agrometal, Migra, Pierobón, Gharardi o Schiarre, que adaptaron máquinas convencionales y se sumaron a la “aventura” de los primeros pasos en directa. “Nada fue por generación espontánea sino que tuvieron una gran base de trabajo oficial y privada”, afirma. Andrés R. del Pino Andrés
del Pino Comunicaciones
INTA Marcos Juárez Abril
de 2005
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