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El “papable” Francis Arinze
El Cardenal Francis Arinze, uno de los que más suenan como sucesor de Juan Pablo II, nació el 1º de noviembre de 1932, en Eziowelle, Arquidiócesis de Onitsha, Nigeria. Es hijo de un jefe tribal de religión animista. Se convirtió al catolicismo en la adolescencia. Estudió en el Seminario de Nuewi (Nigeria), en el Seminario de Enugu, (Nigeria). Recibió el orden sacerdotal el 23 de noviembre de 1958, en Roma. Continuó sus estudios, de 1958 a 1961, en Roma, en la Pontificia Universidad Urbaniana. Posteriormente, de 1961 a 1963, se desempeñó como profesor del Seminario de Enugu y fue secretario regional de la Educación Católica en Nigeria Oriental. Continuó sus estudios en la Universidad de Londres (1963 a 1964). El 6 de julio de 1965, a los 32 años de edad, Pablo VI lo nombró Obispo titular de Fissiana y coadjutor de Onitsha (Nigeria), siendo consagrado el 29 de agosto de ese año por Charles Heerey, arzobispo del lugar. En una publicación chilena, el 2 de abril de este año, se dice que en sus menos de veinte años como arzobispo de Onitsha su feligresía creció un 65%. Su tesis doctoral se centró en el sacrificio en la religión Ibo (la de sus ancestros). Además es autor de varios libros, entre los que se cuentan Iglesia en Diálogo, Conocer otros creyentes y Religiones para la paz. El mismo Papa lo puso al frente del Arzobispado de Onitsha (26 de junio de 1967). Asistió a la I Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos (Ciudad del Vaticano, 1967); a la I Asamblea Extraordinaria del Sínodo de los Obispos (Ciudad del Vaticano, 1969) y a la IV Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada en el Vaticano en 1977. De 1979 a 1984 presidió la Conferencia Episcopal de Nigeria. En el ínterin, en 1982, fue elegido vicepresidente para Africa de las Sociedades Bíblicas Unidas. El 8 de abril de 1984 fue elegido pro-presidente del Secretariado para los No Creyentes. Llamado por Juan Pablo II a la Curia Romana, el arzobispo Arinze renunció al gobierno pastoral de la Arquidiócesis Onitsha el 9 de marzo de 1985. Poco después el mismo Papa lo elevó al cardenalato (25 de mayo de 1985), recibiendo el atributo como tal (la birreta roja) y la diaconía de San Juan de la Pigna, el 25 de mayo de 1985. Su carrera en la Curia vaticana fue meteórica: presidente del Secretariado para los No Creyentes (1987), participante de la II Asamblea Extraordinaria del Sínodo de los Obispos (Ciudad del Vaticano, 1985), de la VII Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos (Ciudad del Vaticano, 1987) y de la VIII Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos (Ciudad del Vaticano, 1990). En 1991 Juan Pablo II lo envió especialmente a la celebración del I Centenario de la Introducción del Catolicismo en Kenya. En la primavera boreal de 1994 asistió a la Asamblea Especial para Africa del Sínodo de los Obispos, celebrada en el Vaticano, Meses después participó de la IX Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos. Un año después el Papa lo envió a la celebración del X Aniversario de su visita a Rabat (Marruecos). Optó por el orden de los presbíteros y su diaconía fue elevada pro hac vice a título. Finalmente, fue nombrado presidente del Pontificio Consejo para el Culto Divino y Sisciplina de los Sacramentos, uno de los dicasteríos más importantes, su actual cargo. El año pasado leyó, en nombre del Papa, la carta apostólica Mane nobiscum Domine con motivo del Año de la Eucaristía 2005. Según la publicación chilena, “Arinze es un hombre tranquilo y divertido a quien le encanta reir, y los deportes, especialmente el fútbol y el tenis. Pero cuando se trata de doctrinas, es tan obstinado como Juan Pablo II. El nigeriano no tiene problemas en cuanto a leerles a los auto-indulgentes occidentales la ley de orden público”. DECLARACIONES DEL CARDENAL ARINZELa misión de la Iglesia En una homilía de fines del 2004 o comienzos de 2005, dijo: “La
misión de la Iglesia es acercarse a todo ser humano, para que todos conozcan al
único y verdadero Dios, y al que él ha enviado, Jesucristo (cf. Jn 17, 3). La
Iglesia trabaja para que todo hombre pueda encontrar la salvación en
Jesucristo, el único Salvador de toda la humanidad. El evangelio de Jesucristo
hace posible que todos los pueblos puedan adorara, alabar y glorificar a Dios,
pedirle perdón por sus pecados y suplicarle por sus necesidades espirituales y
temporales. En
la misma entrevista, agregó otra definición reveladora: “La
Iglesia que celebró el Concilio de Trento es la misma Iglesia que celebró el
Vaticano II. En la profesión de fe que rezamos en la misa decimos: «Creo en la
Iglesia, una, santa, católica y apostólica». Y la Iglesia en la que nosotros
creemos, como he dicho, es un Cuerpo vivo, no es un museo vaticano, no es un
frigorífico eclesiástico…” Respecto
del canto gregoriano, dijo: “Cuando
era arzobispo de Onitsha insistía con los sacerdotes en que en todas las
ciudades hubiera por lo menos una celebración dominical en latín. Se les debería
garantizar a los fieles esta posibilidad de elección. No hay que pensar que el
latín es algo que está bien alabar pero no utilizar, o que el gregoriano debe
reservarse para las comunidades monásticas… Algún motivo habrá si los
discos de canto gregoriano realizados por algunos monasterios han tenido tanto
éxito entre el público joven. Estos muchachos no conocen el latín, pero el
canto gregoriano, a menudo compuesto por santos, tiene el poder de elevar el
alma humana.” En
cuanto a los templos, también formuló declaraciones interesantes: “la
iglesia-edificio debe ser también un símbolo de la Iglesia-sociedad, de la
Iglesia jerárquica. “Tradicionalmente
dentro de la iglesia-edificio está el espacio para el altar donde oficia el
celebrante, para el tabernáculo donde se encuentra el Santísimo y para el ambón
desde donde se proclaman las Lecturas, y este espacio es llamado comúnmente
santuario; y luego está el espacio para el pueblo de Dios. Esta distinción
debería ser normal y tendría que respetarse. A los que no les gusta la
separación entre el altar y el pueblo de Dios y a los que dicen que toda la
iglesia-edificio es santuario y que no hay una parte más santuario que otra,
les respondo: tened cuidado, no prestáis bastante atención a la sensibilidad
de la Iglesia, a la historia y a la teología subyacentes. No se va a la iglesia
para que el sacerdote alabe la bondad de los fieles o para que estos se
congratulen por su capacidad, no se va a la iglesia para que sacerdote y fieles
se admiren recíprocamente, sino para adorar a Dios. La iglesia no es un teatro
en el que el público aplaude y la compañía se inclina agradecida…” La
Eucaristía Según Mons. Arinze, “La
celebración eucarística no es una celebración ecuménica porque es una
celebración interna de la Iglesia católica. Es la celebración más elevada de
la Iglesia y de los católicos que están en plena comunión de fe y costumbres
con el Papa y con los obispos en comunión con él. Una celebración ecuménica
es algo bueno cuando está debidamente aprobada por los jefes de las comunidades
religiosas cristianas involucradas. Un ejemplo, es una oración o un servicio bíblico
realizado por católicos, ortodoxos, anglicanos, luteranos y presbiterianos. Una
celebración ecuménica es algo muy diferente a la misa. “Está
claro que la celebración eucarística no es un servicio religioso para judíos,
musulmanes, hindúes, y seguidores de las religiones tradicionales. Aquello en
lo que creemos orienta la manera en que rezamos. (...) “El
sacrificio eucarístico es «la fuente y cima de toda vida cristiana» («Lumen
Gentium», 11). La Eucaristía se encuentra en el centro de la vida de la
Iglesia (Cf. «Ecclesia de Eucharistia», 3). La Eucaristía es el tesoro más
grande que tiene la Iglesia en la tierra: es Cristo mismo (Cf. «Presbyterorum
Ordinis», 5). ¿Puede sorprender el que la Iglesia preste atención para
proteger y salvaguardar la celebración de este augusto misterio y promueva su
culto? La
familia, el homosexualismo y temas afines El 18 de febrero último Mons. Arinze le dijo a EWTN que ni los políticos abortistas ni los activistas homosexuales deben recibir la Comunión- en la misma entrevista respecto del homosexualismo militante, expresó: “Estas
personas están manifestando abiertamente ‘Somos homosexuales, queremos
mantenernos como tales y queremos recibir la Comunión’. Entonces surge la
pregunta; el Catecismo de la Iglesia Católica responde que no se puede condenar
a una persona por tener una tendencia homosexual, y no los condenamos. Pero una
persona se condena cuando la practica. Es diferente por tanto, una persona que
solo tiene una tendencia y se esfuerza por vivir de acuerdo a la Ley de Dios.
Hay que respetar a la persona, pero hay que ser claros con la Verdad”. Agregó que “la Iglesia nunca ha aceptado la homosexualidad como algo normal. En las Escrituras está muy claro. Entonces ¿qué es lo que estamos examinando aquí? ¿Acaso queremos cambiar la Ley de Dios, la manera como Dios nos ha hecho?” En mayo de 2003, en la Universidad de Georgetown, Su Eminencia dijo: “En
muchas partes del mundo, la familia está bajo ataque”. “La familia sufre
los embates de la mentalidad anti-vida
a través de la anticoncepción, aborto,
infanticidio y eutanasia. Es banalizada por la pornografía, desacralizada por
la fornicación y el adulterio, agraviada por la homosexualidad, saboteada por
uniones irregulares y cortada en dos por el divorcio”. El
diálogo interreligioso En 2001, después del 11 de septiembre, en el Sínodo de Obispos, dijo: “La
relación de la Iglesia con las personas de otras religiones se funda en la fe
en Jesucristo”, aclaró el purpurado nigeriano. “Para la Iglesia el diálogo
o la colaboración interreligiosa se caracterizan por la esperanza, la esperanza
en que un día todo y todos se reconcilien en Cristo, Señor de la historia, y
anhelo de todos los corazones”. “En
el mundo de hoy, el obispo no tiene elección entre promover o no promover el diálogo
interreligioso. La pluralidad de las religiones es un hecho en gran parte de las
sociedades. Los movimientos de población han sido facilitados por los modernos
medios de transporte ya sea por motivos económicos, culturales, políticos o de
otro tipo”. (...) “Naturalmente
tiene (el obispo) que vigilar sobre las ideas teológicas en materia de diálogo
interreligioso en su área de competencia”. Pero sobre todo “debe alimentar a su pueblo con la rica doctrina del Magisterio”. Por último, Arinze explicó el sentido evangélico del diálogo interreligioso: “Un cristiano, al encontrarse con personas de otras religiones, es ante todo un testigo de Cristo. A través de ese cristiano, los demás creyentes deben ver, oír, vivir, tocar, hablar y trabajar con Cristo”. En 1999, como presidente del dicasterio sobre la materia, le envió a los obispos del orbe una sustanciosa carta circular que puede verse en http://es.catholic.net/ecumenismoydialogointerreligioso/392/63/articulo.php?id=9196. En abril de 1996 participó en el XV Congreso por el Amor, la Vida y la Familia de Human Life International (Cincinnati, Estado de Ohio), donde expresó en la misa inaugural, que presidió, que los cristianos y los musulmanes ya coexisten en muchas áreas del mundo, pero que “...existen serias razones por las cuales no deben simplemente coexistir”. Aconsejó formar con los musulmanes alianzas que lograrán la victoria para las fuerzas provida presentes en ambas religiones, dijo. “Deben reunirse para escucharse el uno al otro y para intentar comprenderse mutuamente”, dijo el Cardenal. “No podemos ni debemos pasar por alto las diferencias que existen entre cristianos y musulmanes”, que son “muchas y profundas”, pero “existen, felizmente, muchos puntos en base a los cuales comparten una misma preocupación por el amor, la vida y la familia”. El Cardenal Arinze recordó la postura de algunos países musulmanes en la Conferencia sobre Población y Desarrollo de las Naciones Unidas celebrada en El Cairo en 1994 como un ejemplo de cómo la cooperación entre musulmanes y cristianos puede dar fruto. Debido a la alianza por parte de estos países musulmanes con el Vaticano y con algunos otros países, las fuerzas provida se enfrentaron con éxito al plan de acción de los organizadores de la Conferencia, de extender la práctica del aborto y del homosexualismo a nivel mundial. “Estos son pasos en la dirección correcta”, concluyó el Cardenal Arinze. “No resuelven todos los problemas, pero es mejor encender una vela que maldecir las tinieblas”, sentenció, mostrando condiciones diplomáticas. En enero de 1998, al finalizar el mes de Ramadán, el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, le envió un mensaje de felicitación a los musulmanes de todo el mundo, mientras Juan Pablo II, realizaba su inolvidable viaje por Cuba. En él su presidente, el Card. Arinze, profundizó lo esbozado en Ohio. En efecto, véase la siguiente crónica de la agencia católica Zenit.org: «Cristianos y musulmanes, en el signo de la esperanza», considera que los musulmanes y los católicos deben aprender a trabajar juntos. Por ello, después de «aceptar nuestras diferencias», la Santa Sede invita a los musulmanes a hacer una «alianza de paz» por la que «renunciemos a la violencia como método para resolver los contenciosos». La misiva, firmada por el cardenal Francis Arinze, presidente de dicho dicasterio del Vaticano, asegura que «nosotros, cristianos y musulmanes, somos “buscadores de Dios”». Para fundamentar sus palabras, el purpurado nigeriano cita el Libro de los Salmos que describe la vida humana como «una búsqueda del rostro de Dios». «Todas las acciones que el creyente trata de realizar, como la oración, el ayuno y la limosna (…) son expresiones de una continua conversión a Dios. Se podría decir que la búsqueda de Dios es también un signo de esperanza». El mensaje considera que existen signos evidentes de esperanza: «el crecimiento de la solidaridad entre la gente de nuestro tiempo, especialmente para con los pobres e indigentes, el deseo de la justicia y la paz, el servicio voluntario, el regreso de la religión, la conciencia de la dignidad humana y de los derechos que se derivan de ella, la atención por el ambiente, etc.». Y en particular destaca el «diálogo interreligioso». Sin embargo, el cardenal pide que no se cierren los ojos ante la realidad. «No podemos apartar la mirada ante las dramáticas crisis de nuestro mundo: las guerras entre los diferentes países, las guerras civiles, el terrorismo en todas sus formas, la injusticia que está haciendo crecer la diferencia entre los ricos y los pobres, el hambre, la falta de seguridad, el desempleo -especialmente entre la juventud-, el problema de las drogas, la inmoralidad, el abroto. Y la lista podría continuar». En otra parte les dijo: “vivimos una era de la tecnología, donde los progresos en este sector transforman cada vez más la faz de la tierra y permiten al hombre lanzarse a la conquista del espacio. “Pero
el campo más apasionante y el más polémico de la tecnología -escribe
el cardenal- es el que se refiere al ser
humano, porque con su ayuda los hombres se esfuerzan por penetrar en todos los
misterios, de forma especial en el campo genético, que conlleva el riesgo de
exponer la misma vida humana y el respeto que se le debe”. “En este contexto el prelado, citando la constitución Gaudium et spes recuerda que “el mundo moderno aparece a la vez poderoso y débil, capaz de lo mejor y de los peor, pues tiene abierto el camino para optar entre la libertad o la esclavitud, entre el progreso o el retroceso, entre la fraternidad o el odio. El hombre sabe muy bien que está en su mano el dirigir correctamente las fuerzas que él ha desencadenado y que pueden aplastarle o servirle”. “El presidente del Consejo Pontificio para el diálogo interreligioso recuerda cómo la Biblia y el Corán coinciden en advertir contra la tendencia al protagonismo que caracteriza al ser humano. La Biblia, por su parte, habla de la inclinación del corazón del ser humano hacia el orgullo, y de igual forma la meditación coránica expone que el hombre siempre está tentado por ser el centro, olvidando a quien le ha creado”. Respecto de las sectas, no es un enemigo ciego de ellas, según se deduce de la siguiente crónica periodística de una reunión plenaria del Colegio Cardenalicio de abril de 1991: “El cardenal Arinze ... después de describir la tipología de lo que él llamó “nuevos movimientos religiosos” insistió en que no sería correcto caer en “condenas indiscriminadas o en generalizaciones aplicando a todos los movimientos los aspectos más negativos de alguno de ellos”. La
liturgia “queremos
responder al hambre espiritual y el dolor que muchos fieles nos han expresado a
raíz de celebraciones litúrgicas que parecen irreverentes e indignas de la
verdadera adoración al Señor. Podríamos resumir nuestro documento con
las palabras que recuerdan el final de las Eucaristías: ‘la Misa
hecha-a-tu-gusto ha terminado. Podéis ir en paz’”. El lunes 4, en el programa de radio de Enrique Vázquez (Radio Argentina), el famoso teólogo brasileño de la Liberación Leonardo Boff, respondiendo una pregunta directa de Vázquez, lo señalo entre los más “papables”, luego del cardenal arzobispo de Guatemala, Rodríguez Maradiaga, y antes que a su coterráneo el arzobispo de San Pablo, cuyas declaraciones para Clarín (ver edición del 2 de abril) lo sepultan como papable. Arinze
y los profecías Para los que creen o simplemente se interesan en las profecías, cabe señalar que Nostradamus predijo un Papa negro y que san Malagúiías, especializado en predicciones papales, anunció que el sucesor de Juan Pablo II sería el penúltimo pontífice de esta era y que sería “Gloria Olivae” (la gloria del olivo), nombre que le cuadra al cardenal nigeriano porque descolló en la pacificación de su país y porque busca el diálogo con el Islam, a quien se le atribuye infundadamente el terrorismo internacional de estos años.
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