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Diferencias legitimadas. Género y relaciones de poder en la pareja conyugal

Resumen: Este trabajo analiza las relaciones de poder establecidas en los vínculos familiares desde una perspectiva de género. Esta perspectiva permite visualizar conductas de sometimiento femenino y mecanismos de manipulación. El género como instrumento conceptual de análisis permite observar desigualdades de poder institucionalizadas y la familia tradicional es uno de los espacios en donde se manifiestan y reproducen estas desigualdades. Abordo específicamente los dinamismos del vínculo de la pareja. Este escrito intenta ser una contribución en la conceptualización y en la instalación académica de la perspectiva de género como categoría de análisis que permite reflexionar sobre la práctica profesional de quienes trabajamos desde distintas disciplinas, con organizaciones familiares.
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Autor: Lic. Mirta Norma De Andreis di Lorenzo

Índice

Introducción                      

CAPÍTULO I

Haciendo género 

Concepto de género         

Los estudios de género

Re- significaciones de roles femeninos y masculinos

CAPÍTULO II

Modelando convenios

Pareja y relaciones de poder

Relatos de la clínica

Presentación de casos

Foucault y el poder

El darse cuenta

CAPÍTULO  III  

Conclusiones finales

Bibliografía

 

ABSTRACT

Este trabajo abordará las últimas conceptualizaciones teóricas sobre el concepto de género, como imprescindible para comprender la posición diferencial de mujeres y varones como miembros pertenecientes a organizaciones familiares en distintas sociedades.

Para este propósito me basé en un proceso de investigación bibliográfica y fuentes secundarias, incluyendo la consulta de fuentes de internet y revistas académicas.

Los últimos estudios, permiten reconocer la independencia analítica de los conceptos de género, sexo y categoría sexual. Esto es importante para entender el trabajo interactivo que significa ser una persona generizada en la sociedad.

Relacionaré estos conceptos teóricos,  con relatos extraídos de mi práctica profesional en entrevistas con padres de niños que asistí desde la disciplina de la psicopedagogía clínica. Estas fuentes primarias, delimitadas al contexto de mi tarea profesional, me permitieron la visualización de conductas que reflejan las conceptualizaciones abordadas teóricamente.

Agradezco a los profesores de los seminarios y asignaturas de la Maestría en Ciencias de la Familia y al Prof. Mstr. Hilario Wynarczyk por su valiosa intervención para la realización de este trabajo.

 

NTRODUCCIÓN

A partir del enfoque de género como categoría  de análisis  relacional, el texto plantea el abordaje de las relaciones de poder establecidas en los dinamismos vinculares de la pareja  dentro de la organización familiar. Las relaciones conyugales y en especial la institución matrimonial, con sus contratos y prácticas sociales, son un espacio, transitado por  quienes trabajamos con familias desde la Salud Mental. Estimo importante  interpretar  los dispositivos que son utilizados en estas relaciones, para producir- reproducir las relaciones de poder.

 
CAPÍTULO I

HACIENDO  GÉNERO

Concepto de Género

El concepto de género es central dentro de la teoría feminista. Esta perspectiva sostiene que a través de la historia todas las sociedades se  construyeron a partir de las diferencias anatómicas de los sexos y convirtieron esta diferencia en desigualdad social y política.

Surge a partir de la idea de que lo femenino y lo masculino no son hechos naturales biológicos, sino construcciones culturales que organizan legítimamente las prácticas sociales de la  realidad. En este sentido el concepto de género se toma  como una red de creencias,  actitudes, sentimientos, valores, conductas y actividades que diferencian a mujeres y varones. Tal diferenciación es producto de un largo proceso histórico de construcción social, que no sólo genera diferencias entre los géneros femenino y masculino sino que, a la vez, esas diferencias implican desigualdades y jerarquías entre ambos ( Burín 1996)

Estas construcciones culturales se concretan históricamente en sistemas de dominación masculina y subordinación femenina. Esta jerarquía sexual se materializa en los sistemas familiares patriarcales.

El término género intenta, dentro del cuerpo teórico del feminismo, reclamar un espacio propio que como categoría de análisis explique esta desigualdad entre mujeres y varones.

Me baso fundamentalmente en la conceptualización que sostiene:

El núcleo de la definición está en una conexión integral de dos proposiciones: el género es un elemento constitutivo de las relaciones sociales basadas en las diferencias que distinguen los sexos; y el género es una forma primaria de relaciones significantes de poder. Los cambios en la organización de las relaciones sociales corresponden siempre a cambios en las representaciones de poder, pero la dirección del cambio no va necesariamente en un sentido único (Scott 1999:37).

Dentro de este marco el concepto de género comprende cuatro elementos importantes. Primero  los símbolos culturales que evocan representaciones de mujeres y varones. Segundo, las normas que interpretan los significados de los símbolos y que son  expresados en el ámbito familiar, educativo, legal, religioso y político desde el discurso oficial[1].

Tercero, la necesidad de considerar que las relaciones de género deben ser estudiadas en los diferentes espacios de las prácticas cotidianas, las familias, las instituciones educativas, las relaciones laborales y la política. El cuarto elemento a considerar tiene relación con la identidad subjetiva y dentro de este aspecto el análisis elaborado  desde la teoría psicoanalítica realiza un aporte importante.  Estos cuatro elementos forman parte de la definición de género y ninguno de ellos funciona sin los demás (Scott 1999:61-64).

Este esquema propuesto por Scott para el proceso de producción de las relaciones de género puede ser utilizado para analizar otros procesos sociales en forma sistemática y precisa y con una mirada compleja.

Tomando la segunda proposición, mencionada en la cita  precedente, el género sería el espacio donde se entretejen y articulan las relaciones de poder significantes, legitimando las desigualdades y constituyéndose en el ámbito recurrente de la tradición occidental (Id.:64).

Considero importante, desde la Salud Mental, visualizar estas desigualdades naturalizadas, pero más aún reconsiderar el significado que las mismas tienen o no para los protagonistas dentro del espacio donde se producen las vinculaciones familiares.

 

Los estudios de Género

Estos estudios surgen a partir de la década de los setenta en Estados Unidos, generados por el Movimiento Feminista.

Es decir que llevan alrededor de treinta y cuatro años de debate teórico y metodológico dentro de los claustros universitarios y de la práctica institucional. En la década del ochenta se consolidan estos estudios dentro de la educación superior norteamericana.

De acuerdo a la bibliografía consultada (Montecino 1996) se podrían diferenciar cuatro etapas importantes en los estudios de género en este país. Una primera etapa en la cual surgen como disciplina autónoma dentro de los estudios académicos. En este momento se elaboran las nuevas  teorías, se construye un conocimiento acerca de las mujeres a pesar de que aún no existía un pleno reconocimiento y aceptación de los programas. Aún así con estas limitaciones se estableció un espacio referencial conocido.

Una segunda etapa donde ya son introducidos estos estudios dentro de otras disciplinas académicas, se introducen nuevos proyectos destinados a transformar programas de disciplinas universitarias y establecer estrategias interdisciplinarias. La Universidad de Arizona, en 1981 transforma los contenidos de ochenta programas de sus cursos.(Idem).

La  tercera etapa se caracteriza por la generación de currículos que sostienen la diversidad  y una apertura hacia la noción de multiculturalidad  facilitando la expresión de experiencias plurales y diversas de las mujeres. En este momento tiene gran importancia la voz de las mujeres negras que denuncian sesgos en los estudios de la mujer y el género por surgir de experiencias de mujeres de clase media y blanca. Es a partir de este momento que se inician largos debates que dan cuenta de la necesidad de contemplar las diferencias no solo de etnia, sino de clase, religión y otros.

En esta etapa se discuten académicamente la noción de subordinación universal de la mujer y la separación dicotómica entre esfera privada y esfera pública.

La cuarta etapa es la actual,  donde se globalizan e internacionalizan los estudios de género. Surge un especial interés en temas relacionados con otras realidades locales en distintas partes del mundo como género y deuda externa, tecnologías reproductivas, familias y trabajo.

Con respecto al trayecto recorrido por estos estudios en Europa son diferentes según los países. En Inglaterra están más institucionalizados que en Francia e Italia, y tienen una trayectoria más importante. Un referente destacado es  la Universidad de East London  que en los últimos años incorporó nuevos cursos de acuerdo a nuevas  realidades históricas emergentes  (Humm 1992)

En España en 1979 se crea el Instituto de Investigaciones Feministas de la Universidad Complutense de Madrid y el Seminari d`Estudis de la Dona de la Universidad Autónoma de Barcelona. En la década de los ochenta diversos Centros en otras Universidades.

En los países nórdicos los estudios de la mujer están representados en veinte universidades ya sea en forma de unidades especiales como integradas a otras disciplinas. La mayoría de las universidades establecieron centros especiales de estudios de género y de la mujer.

Estos centros con sus aportes,  permitieron una visibilización del rol de la mujer dentro y fuera de la academia (Bergman 1992).

La revista NORA ( Nordic Journal of Women´s Studies) es una publicación interdisciplinaria que se difunde en todas las universidades y centros de investigación.

En cuanto a difusión de este tema de género en Europa está expresado por la formación de redes continentales de estudios de mujer, que emergen a partir de la creación por parte de la Comunidad Europea de Erasmus, un programa que promueve el intercambio de estudiantes y la cooperación entre casas de altos estudios. En 1993 se formó la Red Interdisciplinaria de estudios de la mujer en Europa llamada NOISE, cuya misión central es crear un Diploma Europeo de Estudios de la Mujer, con un currículum europeo multicultural que intersecte raza, etnicidad y género ( Braidoti 1994).

En América Latina los estudios de género y de la mujer se inician fuera del ámbito universitario y en un período de crisis económicas y  políticas.

Las primeras iniciativas en los claustros universitarios se encuentran en México y Brasil. El PIEM (Programa Interdisciplinario de estudios de la mujer) del Colegio de México, nace en 1983 abocado a la investigación.

Brasil en ese mismo año introduce en universidades estatales y privadas algunos núcleos de estos estudios.

En el año 1986 en Puerto Rico surge el Proyecto Estudios de la Mujer del Colegio Universitario de Carey y se introduce la transformación curricular en disciplinas de  Ciencias Sociales tendientes a visibilizar la mujer y superar rasgos sexistas en los programas impartidos (Montecino 1996).

En ese año en CLACSO (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales ) se inicia un programa de Investigación y Formación sobre la mujer, cuya sede se sitúa en Buenos Aires.

En la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires desde 1987 hasta 1993, un grupo de 48 mujeres completan el programa de estudio y egresan con el título de Especialistas en Estudios de la Mujer. Se desempeñan actualmente muchas de ellas en el Consejo Nacional de la Mujer, realizando asesoramientos a diputados, senadores, administradores de gobierno. Realizan investigaciones, consultorías a organismos nacionales e internacionales (Bonder 1994:95).

Ya en la década del 90 surgen iniciativas de estudios de género con nuevas estrategias, como la Maestría en Psicología con orientación  en Género de la Universidad de las Américas en México y otra experiencia importante sucede en Perú con el Diploma de Estudios de Género que es otorgado por la Pontificia Universidad Católica.

También en Argentina, en la Universidad de Rosario, se aprueba la Maestría en Estudios de la Mujer (Idem).

A partir de la década de los 90 es posible observar una necesidad creciente de los estudios de género en las universidades latinoamericanas que brinden herramientas a los diversos profesionales para comprender integralmente la complejidad de los cambios y las nuevas formas que asumen las prácticas sociales. Se han asumido debates del primer mundo  sin atravesar discusiones intensas académicas y realizando muchas veces apropiaciones sin la debida reflexión teórica y metodológica.

La reflexión cobra sentido cuando surge de la propia práctica contextualizada. De lo contrario puede producir a mi entender la separación entre el discurso y la práctica profesional. 

El objetivo de la teoría feminista y los estudios de género es poner de manifiesto que los roles asignados históricamente a las mujeres no tienen un origen en la naturaleza, sino en la sociedad.

A partir de esta conceptualización los estudios de género se encaminan en el análisis crítico de las construcciones teóricas patriarcales y rescatan de la historia las voces de las mujeres. A partir de estas argumentaciones surgen nuevas formas de interrogar la realidad y explicar aspectos ocultos en las relaciones entre géneros re- significando los roles femeninos y masculinos (Bedia 1995).

 

Re- significaciones de roles femeninos y masculinos

Si los estudios de género posibilitaron  una lectura diferente de la realidad y de las relaciones entre varones y mujeres, considero necesario incorporar en su análisis lo que tanto unos como otras hacen así como el universo simbólico que legitima la relación entre ambos. Este universo simbólico está atravesado por variables de clase, edad, etnias  o  religión. Así la diferencia entre lo femenino y masculino se entrelaza con el contexto en el cual se estructuran los géneros. Surge de esta forma una noción de sujeto atravesado y constituido históricamente adquiriendo su subjetividad en un ethos particular (Montecino 1996).

Logramos el pase de un concepto reduccionista propio de los primeros estudios sobre el género, que planteaba a la mujer como subordinada total en todos los grupos humanos,  a otro planteo más pluralista que contempla elementos diversos que configuran los roles de hombres y mujeres del mundo. Salimos de esta forma del determinismo cultural.

Para realizar las re- significaciones de roles, es necesario develar los estereotipos de género, que reproducen y  refuerzan la desigualdad.

Los estereotipos varían según las épocas y las culturas, manteniendo algunas constantes. Más allá de la realidad de las diferencias sexuales, existen creencias de que "los sexos son diferentes en cuanto a una serie de caracteres variados" (Amorós 1995).

La idea de que las mujeres son intuitivas y los hombres racionales, es un ejemplo de esto.

Los estereotipos es necesario enmarcarlos en el contexto de definiciones sociales de sexo. Estas definiciones están representadas por valores, creencias, mandatos familiares y  normas compartidas y formadas a lo largo del tiempo. Las crisis políticas, económicas o sociales pueden endurecer o aflojar estas definiciones sociales. Estos procesos son dirigidos por individuos de elites masculinas dominantes y  que definen el mundo desde un espacio público reconocido, valorado socialmente y visible. Para definir lo valioso socialmente es necesario hacerlo desde este lugar de poder (Idem).

Las definiciones alternativas de lo valorado socialmente, se van implantando desde otros espacios menos visibles y con menor poder.Varones y mujeres desempeñan variados roles y ocupan esferas diferentes en la sociedad. En diferentes contextos culturales adoptará formas diversas, pero según los últimos hallazgos en los estudios de género no existe ninguna sociedad en la que las mujeres posean más poder que los varones (Amorós 1995).

Los sistemas de representación de los géneros en las distintas culturas son claves para la reproducción de los estereotipos femeninos y masculinos en una cultura determinada. Será necesario indagar en estos sistemas para elucidar y re-significar los roles.

En relación a las diferencias culturales,  un interesante estudio realizado desde la antropología sostiene que el género es una dimensión cultural de todas las sociedades y  que puede ser medida a través de un índice de masculinidad (MAS) Se obtienen valores relativos para comparar países. Sostiene que la cultura sexual es adquirida, aprendiendo sus consecuencias tan temprano que nunca conocemos nada más y no tenemos conciencia de otras posibilidades (Hofstede 1999).

 

CAPÍTULO 2

MODELANDO LOS CONVENIOS

Pareja y Relaciones de Poder

Desde esta perspectiva de la teoría de género  fue posible observar las relaciones de poder instaladas en las vinculaciones sociales entre hombres y mujeres. Mi enfoque está puesto en las características que adoptan en forma general en la relación de la pareja conyugal. Para esto es necesario considerar la relación cotidiana entre los miembros de la organización familiar, centrándose en la relación de pareja.

Me refiero a organizaciones familiares pertenecientes al mundo urbano moderno, siendo el hogar el lugar de referencia para sus integrantes (Jelin 1998).

En estos hogares no todos los miembros tienen el mismo grado de libertad, de responsabilidad y de autonomía.

Las mujeres (madres, amas de casa y trabajadoras) en general tienen a su cargo la responsabilidad de la organización doméstica y llevan adelante parte de las tareas cotidianas y la dinámica familiar.

Dentro de esta dinámica el grado de integración a las actividades varían de acuerdo al género, " Lo que se espera de la hija mujer niña es diferente de lo que se espera de la adolescente y, por supuesto, del adolescente varón" (Jelin 1996: 61).

El trabajo de producción cotidiano de alimentos (comprar y transformar) es una tarea que especialmente realizan las mujeres cuya compensación no es monetaria sino que está justificada como virtud social o amor maternal.

Por otra parte las nuevas tecnologías de confort doméstico, no eliminan las tareas de organización del consumo cotidiano que continúa en manos de las mujeres, siendo las decisiones respecto a bienes más durables manejados por los hombres o compartidos por la pareja.

Esta división del trabajo y de responsabilidades dentro de la organización doméstica  constituyen el eje central donde se expresan los vínculos y lazos familiares. Las relaciones de poder son claramente visualizadas desde la óptica del género porque es alrededor de estos conflictos donde se lucha por el poder.

Con frecuencia es difícil persuadir a los distintos miembros para que contribuyan en la labor doméstica. Estas prácticas están tan presentes que se vuelven invisibles y son tan cotidianas que parecen naturales.

Al hablar de relaciones de poder que se establecen entre los integrantes de la pareja, varón y mujer, observamos el ejercicio del poder de los afectos en el género femenino y del poder racional y económico en el género masculino. Esta distinción tiene implicancias en el ejercicio concreto del mismo dentro de la pareja en la familia.

Esta separación de áreas de poder entre géneros tuvo efectos de largo alcance. En las mujeres, el tener un poder centrado en el mundo interno de los afectos y el cuidado, se convirtió en un recurso dentro del ámbito doméstico, para regular y controlar las emociones dentro de la familia. Pero también "significó modos específicos de enfermar y de expresar su malestar" (Burín 1996).

Junto con el proceso de asignación de roles por género el papel familiar de las mujeres se centró en el cuidado de los niños y los hombres y esto fue dando como emergente prescripciones respecto a una moral familiar y maternal, propia de las mujeres.

Por otro lado la esperada pasividad y armonía del género femenino es parte constituyente de un imaginario colectivo formado a partir de la modernidad y que aún en este nuevo siglo instituye una forma socialmente aceptable del ser mujer. Esto forma parte de un encadenamiento de mitos, que en forma articulada, se expresan en muchas subjetividades femeninas.

Estos roles suponen condiciones particulares. Para el rol de esposa se espera pasividad, comprensión y generosidad. Para el de ama de casa, dominar los problemas domésticos, disposición sumisa a servir.

La relación conyugal, ha sido la forma instituida de control de la sexualidad de las mujeres y de su marginación (Burín 1996).

Un trabajo que ilustra el poder económico del varón (Coria 1989) habla del dinero sexuado y el mito de que el dinero es cosa de hombres. Está tan presente que se vuelve invisible. Es natural, sostiene la autora, que los hombres paguen la cuenta de un restaurante, o que sea considerado símbolo de virilidad y masculinidad. En realidad no se trata del dinero en sí mismo sino del uso que se hace de él y si es utilizado como un objeto transicional de sujeción y dependencia del otro. ( Idem).

Actualmente circulan en numerosas organizaciones empresariales el imaginario sostenido por hombres y mujeres acerca del ejercicio del poder.

Al estar en contacto con jóvenes estudiantes universitarios observo la circulación y el mantenimiento de numerosos estereotipos como " los hombres tienen más rápido poder de decisión", "las mujeres mejor que se queden en sus casas cocinando" o " las mujeres no sirven para administrar". Estos son sostenidos todavía por jóvenes de 20 a 30 años.

Finalmente quiero hacer referencia al sentido de lo privado dentro de las relaciones íntimas de las familias, cualquiera sea su forma. La concepción de la familia burguesa estaba atravesada por la tensión entre la autoridad del varón patriarcal y los derechos en la esfera pública. El tema de las relaciones de poder dentro de la esfera privada eran "privados", propios de un discurso de dominación y fuera de la mirada de las normas de la  justicia. Esto trajo muchas veces, abusos y violaciones a los derechos de sus integrantes. Los movimientos de mujeres y las luchas por los derechos está permitiendo una mayor flexibilidad y los espacios se tornan negociables (Jelin 1998).

 

 Relatos de la Clínica

Uno de los propósitos de este trabajo es plantear desde la práctica de la psicopedagogía clínica algunas características observadas en las conductas y los vínculos que desarrollan algunas parejas, en el espacio de entrevistas dentro del proceso de psicodiagnóstico y tratamiento psicopedagógico  de sus hijos.

Intentaré una lectura e interpretación que una estas conductas verbales y gestuales en la pareja parental y los conceptos elaborados teóricamente sobre las relaciones de poder.

Recorto, de algunas historias familiares, para los fines de este análisis, ciertas conductas repetitivas y semejantes[2] en los roles femeninos, que son observadas y analizadas desde la perspectiva del género.

En las familias que tomo, se diferencia nítidamente el espacio público (que en algunos casos es compartido por ambos cónyuges) y el espacio privado, en el que se mueven las mujeres y los hijos.

Existen actitudes, sentimientos y conductas del género femenino, que son semejantes en las diferentes organizaciones familiares.[3]

Enunciaré algunas de las más observadas. Privilegian los roles de "madres" y "esposas", como los "naturalmente" más importantes o únicos. Se perciben a sí mismas como "sacrificadas" en pos de mantener la armonía familiar por sobre todas las cosas. En las entrevistas, miran con frecuencia a sus esposos mientras están hablando, observando su reacción, frente a lo que ellas manifiestan. Soportan pasivamente descalificaciones que, sus maridos o hijos, hagan respecto a su persona. Manifiestan tener sentimientos de culpa, por las dificultades en el colegio, que tienen sus hijos. Este sentimiento, es reforzado por sus maridos, quienes delegan en su pareja toda la responsabilidad de la educación y control de los niños, ya que ellos no están en casa. Ocultan sistemáticamente los gastos que pueden "enojar" al marido (a veces, hacen alianza con algunos de los hijos o hijas). No defienden con criterio propio una postura o actitud, si son contradecidas por sus maridos y llegan a dudar de sus sentimientos. Se repite frecuentemente la conducta de "pedir permiso" para opinar durante las entrevistas (esta actitud no dicha se manifiesta a través de gestos, miradas o palabras). Raramente expresan en forma verbal, sus deseos o necesidades personales, sino que "cuentan" lo que les sucede a los hijos o al marido.

Es muy interesante observar en la dinámica familiar de estos casos, cómo estos roles estereotipados de lo esperable "femenino" y "masculino", son transmitidos a sus hijos, en los cuales se observan estas diferencias y desigualdades entre las subjetividades de  varones y mujeres y  en las relaciones entre hermanos.[4]

 

Presentación  de  Casos[5]

Caso 1.

Marisa tiene 35 años, es profesora de inglés, ejerce en un colegio secundario. Su marido, Ricardo, es ingeniero y gerente de una empresa. Tienen dos hijos. Juan de 12 años y Ana de 16.

El siguiente fragmento está extraído de una entrevista  a la que concurre sola:

Hoy no pudo venir Ricardo porque está con mucho trabajo, pero me dijo que le contara lo que pasó este fin de semana con Marisa.Y... no sé si Ricardo estará de acuerdo con esa fecha...Ricardo piensa que el problema de Juan. es…Ricardo es un poco nervioso...pero la verdad tiene razón...

Similares a éstas suelen ser todas las expresiones de Marisa. No habla de su trabajo como profesora. Marisa. es la interlocutora de su marido, cumple con sus directivas, lo entiende, lo justifica. Ricardo sabe, decide, la hace callar y la culpa. Cuando están juntos son frecuentes frases de este tipo:

-De ese tema mejor que hable Ricardo, lo explica mejor...bueno yo reconozco que a veces no sé imponerme con los chicos, sobre todo con Juan. ya me tomó el pelo.

-Mire, Licenciada. yo estoy seguro, que si Marisa me hace caso y no lo deja salir hasta que no termine los deberes, este problema no estaría.[6]

 

Caso 2

Susana, tiene 40 años, está casada con Jorge de 45 años y tienen dos hijos varones de 10 y 14 años. Terminó su secundario como bachiller, y trabajó hasta que nació su primer hijo. A partir de ese momento solo se dedicó a su hogar. El hijo menor, es derivado por la escuela, por presentar trastornos de aprendizaje.

El siguiente párrafo está extraído de la primer consulta, a la que concurre sola, y muy angustiada.

La casa es un desastre, a veces tengo que dejar todo para ponerme con él a hacer los deberes, buscar información....después a la noche se me junta todo, la comida, ordenar un poco todo lo que dejan tirado, al padre no le gusta cuando vuelve del trabajo que esté desordenado. Cuando termino de lavar los platos, ya están todos acostados. Si, estoy yo sola para atender a los tres, si por lo menos tuviera una hija mujer que me ayudara...Cuando el más grande discute sobre algún programa que están viendo con el padre, mejor que no opine porque me sacan corriendo...ellos saben todo...

En este discurso se refleja con nitidez la desvalorización de Susana por parte de su familia y por ella misma. Sus tareas invisibilizadas en el núcleo familiar no son importantes (Giberti 1998).

Por otra parte las conductas “micromachistas” (Corsi 1995) subordinan a Susana creando a su vez un fértil territorio para que ella desarrolle incondicionalmente su maternidad y sostenga toda la carga doméstica.

 

Caso 3

Elsa de 34 años, está casada con José hace 10 años. Tienen una hija de 8 años y un hijo de 5 años. Es maestra y trabaja por la mañana en una escuela cercana a su casa,. Cuando sale del trabajo, al mediodía, retira a sus hijos del colegio y regresa a su casa, donde ya dejó preparado el almuerzo la noche anterior, porque no pueden esperar, están "muertos de hambre".

En su relato expresa:

Al mediodía prácticamente como parada, no tengo tiempo, les sirvo a los chicos y me pongo a ordenar todo. Termino y estoy con los deberes de Carla (la hija de 8 años) que siempre hay algo que no entiende, que no sabe hacer, el chiquito con los dibujos animados en la tele a todo volumen, yo que tengo que corregir trabajos de mis alumnos. Cuando me quiero acordar tengo que preparar la cena, José a las nueve quiere comer y que los chicos ya estén bañados y a la cama. Pero cuando llega a casa no mueve un dedo. La semana pasa volando, los sábados hago limpieza general y los domingos generalmente vienen sus amigos, ven partidos, juegan a las cartas y yo atendiendo a todos. Bueno, que vamos a hacer, es la vida de la mujer...

En este relato, vemos reflejado como en los anteriores, esta característica de subjetividad femenina de "ser de otro" (Fernández 1989).

Las   últimas palabras de este relato nos muestran la resignación, la identificación con esta imagen que "debe" tener una mujer, con el silencio y con un suspiro al final de la frase, que encierra todo lo que siente Elsa y cada mujer que, como ella asume una actitud subordinada a los deseos y proyectos de los "otros" para quienes vive.

Marisa, Susana y Elsa y cada mujer que como ellas, tienen estos rasgos estereotipados que se han ido fijando históricamente y que por supuesto se van modificando lentamente, nos muestran como la cultura patriarcal marcó estas y tantas subjetividades femeninas.

 Es necesario considerar que los factores culturales, sociales, educativos, religiosos, y otros. se entrecruzan con las características individuales, familiares, psicológicas por lo cual el género no debe tomarse como un concepto que impida ver las diferencias particulares, sino como un instrumento que permite entender la subjetividad femenina "como un proceso multideterminado, que fue sufriendo variadas transformaciones a lo largo del tiempo y de los distintos grupos de mujeres" (Burín 1996: 56).

Todas estas conductas cotidianas y avaladas por nuestra cultura, en las que el fenómeno de la sexuación está presente, devienen en naturales. Esta naturalización de los roles femeninos, tornan invisibles las jerarquías de: toma de decisiones, uso del dinero, afectos, ámbito de trabajo, distribución de recursos, expresión del "saber", y demás.

 

Foucault  y  el  Poder

Es interesante,  cuando analizamos las relaciones de poder entre mujeres y varones, relacionar este aspecto, con las ideas de Foucault. Este autor, sostiene que las relaciones de poder son asimétricas y diferenciales, y que el poder se ejerce desde cualquier lugar que se ocupe en el contexto social. El poder circula, no se ubica en un lugar central de la sociedad.

Foucault afirma que existe una serie de campos de análisis para comprender el ejercicio del poder. Cuando dice:

Entre cada punto del cuerpo social, entre un hombre y una mujer, en una familia, entre un maestro y su alumno, entre el que sabe y el que no sabe, pasan relaciones de poder (Foulcault 1992:167).

 

Muchos de los escritos de este autor, aluden a que debemos tratar de romper las familiaridades admitidas y los autoritarismos que habitan la vida cotidiana.En este sentido, cuando se refiere a las relaciones de poder, define el ejercicio del poder como forma de gobierno singular, que estructura el espacio de acción de los otros.

 Lo interesante de su pensamiento es que incluye como condición, para que se pueda ejercer el poder, que exista libertad. El poder es ejercido sobre sujetos libres, de lo contrario hay esclavitud y no  relación de poder. Los espacios de movimientos que existen cuando hay libertad, es la puerta para poder luchar contra el poder.

Es en este punto, en el cual revaloriza el trabajo  de los intelectuales y profesionales que fundamentalmente deben asumir el compromiso de hacer visible lo invisible, hacer oír la voz de los que no tienen voz, permitir que surjan las singularidades (Ibidem).

En la cultura androcéntrica, es el varón quien legítimamente tiene el poder de tomar las decisiones. En el tema que tratamos, es la voz oficial de su familia, tiene el poder de exigir obediencia (porque debe proteger).

En los casos expuestos,  las acciones  de las mujeres y los varones, que implican relaciones de dominación - subordinación en la vida cotidiana, están naturalizadas en el entramado de los vínculos. Esto genera los sentimientos femeninos de malestar y agobio, algunos de los cuales enuncié.[7]

Por supuesto, las protagonistas, ignoran los reales motivos de sus sufrimientos, dando descripciones superficiales de la realidad. Si logran percibir un poco más allá de lo visible, de todos modos esto quedará sin ser puesto en "palabra", lo que genera más sufrimiento.

Es en este punto donde como profesionales de la salud, nos compete, la intervención para develar lo no visto y poder decir lo no- dicho permitiendo que en ese espacio de libertad se pueda encontrar la singular "verdad" de cada mujer, descubriendo que el sometimiento al "otro" cualquiera que sea, no está determinado por acondicionamientos naturales.[8]

El papel del intelectual no es el de situarse “un poco en avance o un poco al margen” para decir la muda verdad de todos; es ante todo luchar contra las formas de poder allí donde éste es a la vez el objeto y el instrumento: en el orden del “saber”, de la “verdad”, de la “conciencia”, del “discurso” (Foulcault 1992: 85)

 

El darse cuenta

Los aspectos de la subordinación femenina, son naturalizados, en el proceso histórico y social. El abordaje de género permite que se vean los mecanismos que producen- reproducen subordinación (Giberti 1998).

En  un  abordaje terapéutico es imprescindible pensar en cada situación singular la mejor forma de intervención que  permita, ayudar a  desactivar estos dispositivos, y tomar conciencia por parte de la mujer, del lugar que ocupa como objeto de otro que dirige y subordina.

Este darse cuenta permite sentirse  como persona oprimida y revelarse. Permite conocer- se como sujeto que tiene nuevos deseos. Permite intentar modificar aspectos de la relación conyugal  en otros términos donde la igualdad en la diferencia favorezca  el desarrollo plenamente humano de cada uno y una.

Hablar con el marido tampoco garantiza un cambio, pero sí implica un empezar a darse cuenta de lo que le sucede, revisando su posición, por ejemplo, preguntándose: "Y yo, ¿por qué soporto esta desigualdad...? (Giberti 1998: 273).

 

CAPÍTULO 3

CONCLUSIONES  FINALES

La ruptura de relaciones familiares y conyugales tradicionales, produce crisis. Se van modificando lentamente los contratos. Se acuerdan otros vínculos con características más democráticas y solidarias.

Nuevas familias emergen de este contexto en permanente cambio. Contexto complejo y diverso que no puede entenderse con una mirada lineal y simplista.

Una nueva realidad en la que se desarrollan las singularidades y las diferencias. Los límites son flexibles, quizás un tanto difusos, pero están presentes.

Dentro del contexto que nos toca vivir, como profesionales de la educación, de la salud y de lo social en general  tenemos un compromiso ineludible que es conocernos y reconocernos en nuestra propia posición de género .y revisar los prejuicios con los que fuimos formando nuestra subjetividad.

Capacitarnos permanentemente para realizar las intervenciones que se requieran  en cada caso. Reflexionar crítica y éticamente sobre nuestra labor profesional y nuestra vida cotidiana.

Desde este abordaje detectar la forma de circulación del poder en la pareja y visualizar las desigualdades, poniendo  en evidencia y en palabras mecanismos subjetivos que producen subordinación.

Las últimas investigaciones muestran que están cambiando las formas de subordinación femenina, pero continúa presente la desigualdad entre géneros. En los últimos años se produjeron cambios en las relaciones entre varones y mujeres cuestionando críticamente estas desigualdades en el ejercicio del poder.

En los casos empíricos expuestos se pone en evidencia la persistencia  en numerosas relaciones vinculares,  de una forma de  subjetividad femenina: ser de otro.

Es competencia de los profesionales que trabajan con familias desde distintas disciplinas, emplear una metodología de abordaje que facilite la modificación de los vínculos que reproducen las desigualdades entre varones y mujeres.

No podemos pensar que  con mostrar desde los aportes teóricos cómo son las relaciones intergenéricas es suficiente para hacer de estos planteos un aporte revolucionario. Lo que los convierte en verdaderamente revolucionarios es la práctica profesional y personal orientada a la transformación de las condiciones que subyacen debajo de estas relaciones.

Es necesario desmontar las relaciones de poder que se tejen en la interacción de varones y mujeres en la sociedad y pensar  nuevas maneras de interpretar las relaciones en la pareja conyugal a partir de la teoría del género.

En este sentido la teoría, como dice Foulcault, es una práctica que lucha para hacer aparecer el poder y “ golpearlo allí donde es más invisible y más insidioso” ( Foulcault 1992: 85).

 

BIBLIOGRAFÍA

Amorós Celia. 1995  Notas para una teoría nominalista del patriarcado. In: Revista de Investigación feminista 1. Universidad Jaume.Castellón
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[1] Documento extraido de internet, sin numeración de página.


[1] Las declaraciones normativas sostenidas por este discurso oficial rechazan otras voces alternativas, y la posición que surge como dominante es sostenida frecuentemente como la única y verdadera. Ejemplos de esto lo encontramos en grupos religiosos fundamentalistas contemporáneos, que someten a las mujeres a roles supuestamente más auténticos y  tradicionales.

[2] Observación efectuada en las entrevistas con familias, consultantes por derivación del Colegio, del médico  neurólogo, de la maestra particular o alguna otra fuente, debido a dificultades diversas que presentan los hijos en el aprendizaje.

[3] Familias atendidas en el año 1999. Clase media urbana del Partido de General San Martín. Villa Ballester. Buenos Aires .Responden al modelo tradicional patriarcal: "matrimonio legal permanente, sexualmente exclusivo, entre un hombre y una mujer, con hijos, donde el hombre es el principal proveedor y autoridad fundamental"

[4] Los varones suelen aliarse con el padre y critican a la madre, se ríen o hacen durante las sesiones gestos que expresan descalificaciones hacia la madre o la hija mujer.

[5] Los nombres propios aquí utilizados son de fantasía. Mantengo en reserva los nombres reales de los entrevistados

[6] Son expresiones textuales de los padres, que he recortado de las sesiones, para ejemplificar estas relaciones entre ellos.

[7] Estos sentimientos, las mujeres los expresan directamente, pero resignadamente, como "naturales" por ser madres y esposas

[8] Debo aclarar en este punto, que las intervenciones, es necesario hacerlas (cuando las condiciones de los vínculos en la pareja lo permiten) a veces en forma de preguntas "ingenuas"como ser: ¿ y si ese día su marido preparara la comida?...En algunos casos debo hacer la derivación a "terapeutas" o trabajar más con el /la hijo/a en forma individual, sobre el síntoma " problema de aprendizaje".

[9] Documento extraido de internet, sin numeración de página.

 

ESCUELA DE POSGRADO

PROGRAMA DE FAMILIA Y SOCIEDAD

Trabajo final presentado para cumplir con los requisitos para la obtención del título de Especialista en Problemáticas de las Organizaciones Familiares.

 

CURRICULUM VITAE DE LA AUTORA

Mirta Norma De Andreis di Lorenzo es Licenciada en Ciencias de la Educación, egresada de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, en el año 1980. Se especializó en el área de Psicopedagogía Clínica desarrollando su actividad profesional en la asistencia de niños y adolescentes con dificultades de aprendizaje.

Ejerce la docencia desde el año 1985 en la Universidad de Morón en diversas cátedras como profesora titular y adjunta.

mail: mdeandreis@ciudad.com.ar

 

Cátedra de Metodología y Taller de Tesis

Profesor Mstr. Hilario Wynarczyk

Diciembre de 2004

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