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OEA: El fin de una ficción
En un hábil juego de gambito, la Sra. Condooleza Rice tras un viaje relámpago,por los países que a Wasghinton importa en Iberoamérica,convenció que México retirara su candidatura a la Secretaría General de la OEA, que venía en la votación interna del organismo en tres oportunidades empatada, a favor del candidato presentado por Chile y, en la estrategia de su política hacia esta regiónlogró que fuera nombrado el ex Ministro chileno Dr. José María Insulza, ciudadano del único país de sudamérica que integra el ALCA con Estados Unidos, Canadá y México. La Organización de los Estados Americanos, fue el instrumento jurídico mediante el cual los Estados Unidos trataron de enrolar formalmente a los países iberoamericanos en su estrategia mundial que, desde los tiempos de la Guerra Fría viene aplicando, cada día con mayor intensidad. América Central y en Caribe ya estaban plenamente integrado en el “patio trasero” de la Casa Blanca. ALGUNOS ANTECEDENTESLas tentativas anteriores de estructurar un organismo multilateral panamericano -salvo el lítico y fallido intento de Simón Bolívar en 1826- había partido también desde Washington , aunque los primeros organismos interamericanos creados a instancias del empeñoso Secretario de Estado Blaine (1889), tenían un carácter más bien práctico y técnico y sus objetivos se limitaban al ámbito de la cooperación benévola en materia comercial, agrícola y sanitaria. La estrategia
geopolítica expansionista no faltaba y revelaba su verdadero cariz con la anexión
de Texas y parte de México, con la conquista de Cuba y Puerto Rico a España;
con la división del territorio de Panamá y, en términos generales, con otros
matices que se vieron reflejados en la conocida política regional del
presidente Theodore Rooselvel: “speak sofly and carry a big stick”, la
política del garrote. EL PAPEL DE LA OEA
Con la incorregible propensión a los “slogans evangelizantes”, Franklin Délano Rooselvelt y su Secretario de Estado Cordell Hull, conforme a la evolución de los tiempos políticos , resolvieron estructurar la “política del buen vecino”, aunque imprimieron un cariz más sutilmente coercitivo a la política iberoamericana. El objetivo: asociar a las naciones de este continente, de manera más activa, a la estrategia del Departamento de Estado, abandonando el antiguo estilo de manejarlas como “peones”. Al estallar la Segunda Guerra Mundial, todos los países iberoamericano -salvo la díscola Argentina- declararon la guerra al eje nazi-fascista, aunque posteriormente, lo hiciera en 1945 ante una Alemania Derrotada y un Japón tambaleante. De este modo el denominado sistema interamericano adquirió un novedoso matiz militar, importante antecedente del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (Río,1947) y al año siguiente, ampliado en la Carta de la OEA (Bogotá,1948). En el plano hemisférico la OEA se limitó a intervenir en episodios menores; supo ignorar la intervención de la CIA en el derrocamiento de Jacobo Arbenz en Guatemala; silenciosamente se abstuvo por buen tiempo en las reivindicaciones territoriales de Argentina (Malvinas), Guatemala (Belice), Venezuela (Guyana Esequiba); no se dio por enterada de las disputadas de Cuba y Panamá con Estados Unidos; hechos que señalan que la OEA fue y sigue siendo una entidad carente de vigencia política sólida, válida y reconocible. ¿Qué papel jugará la OEA ante la introducción de la discutida Constitución de la Unión Europea respecto a los territorio coloniales ultramarinos?. ¿Qué actitud tomará en el conflicto Malvinas, que no es considerada una colonia, y que Argentina mantiene negociaciones con Gran Bretaña y, ¿ahora lo deberá hacer con la aprobación del Consejo de Bruselas? El argumento de que una Iberoamérica unida podría enfrentar en No mejores condiciones al nuevo Imperio, es un sofisma. En política internacional, ciertos tipos de “unidad” no engendran fuerza, sino debilidad. No es por casualidad que el Departamento de estado siempre ha sido y lo seguirá siendo si la oportunidad se presenta, como en el caso ALCA, el promotor de la panamericanismo conforme a su concepción, fuera de todo consenso continental. Tampoco es
casual que el Banco Interamericano de Desarrollo y su apéndice en Argentina, el
INTAL, sean los más entusiastas promotores de la llamada “integración”
iberoamericana. Es que a través de estos organismos Estados Unidos pudo trabar
la posibilidad de los tantos y tantos, intentos de integración exclusiva entre
países iberoamericanos. El caso del MERCOSUR
(la”distracción” de la entonces Secretaria de Estado Sra. Allbrigt);
al igual que el apoyo y facilidades que Washington diera a
Chile para que se anexara al ALCA; responden a una estrategia geopolítica
con el fin de trabar la posibilidad de que las naciones con mayor capacidad de
actuación autónoma y regional, alienten la conformación de un bloque político
y económico, exclusivamente iberoamericano. El
geopolítico argentino Gral.(r) Guaglialmelli manifestó hace más de dos décadas que “en la práctica,. a través de la OEA, la
diplomacia estadounidense hace jugar en beneficio de sus objetivos el
caleidoscopio de rivalidades y contradicciones que dividen a las repúblicas
iberoamericsnas”. La última “jugada del Imperio”, fue forzar el nombramiento del francés Pascal Lamy como Secretario General de la Organización Mundial del Comercio, desplazando al candidato uruguayo Embajador Pérez del Castillo. Como
comenta la Rede Internacional Bece Rebia, con este nombramiento, seguirá
la férrea barrera en los grandes mercados, especialmente, el de la Unión
Europea. Continuará la batalla de los productores iberoamericanos, no en
competencia leal contra sus colegas europeos y estadounidenses; sino que, por el
contrario, la lucha proseguirá de manera desigual, en inferioridad de
condiciones, contra las poderosas tesorerías de los Estados Europeos”.
Bernardo Quagliotti de Bellis
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