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Discapacidad en el adulto mayor

Resumen: A pesar de los enormes progresos médicos logrados en las últimas décadas, sigue dándose el hecho de que los últimos años de vida aún conllevan una salud y una discapacidad que empeoran con los años. El factor clave del envejecimiento saludable es la capacidad de conservar una vida independiente durante el mayor tiempo posible. Los programas eficaces de fomento del envejecimiento saludable y de prevención de las discapacidades entre las personas mayores darán como resultado una utilización más eficiente de los servicios sanitarios y sociales, y mejorarán la calidad de vida de las personas mayores pues les permitirán seguir siendo independientes y productivas.
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Autor: Dra. Yamilé Margarita López Pérez y otros Autores

Índice

Introducción

Desarrollo

Conclusiones.

Envejecimiento, discapacidad  y calidad de vida. Consideraciones finales

Conclusiones

Referencias Bibliográficas

 

Resumen

A pesar de los enormes progresos médicos logrados en las últimas décadas, sigue dándose el hecho de que los últimos años de vida aún conllevan una salud y una discapacidad que empeoran con los años. El factor clave del envejecimiento saludable es la capacidad de conservar una vida independiente durante el mayor tiempo posible. Los programas eficaces de fomento del envejecimiento saludable y de prevención de las discapacidades entre las personas mayores darán como resultado una utilización más eficiente de los servicios sanitarios y sociales, y mejorarán la calidad de vida de las personas mayores pues les permitirán seguir siendo independientes y productivas.

 

Introducción

El envejecimiento es un fenómeno complejo en el que cada individuo de un grupo poblacional, cada órgano o tejido en un sistema orgánico, y cada célula dentro de cada tejido, forman parte de un todo. Para abordar los retos derivados de esa complejidad, resulta esencial el establecimiento de líneas de investigación sólidas que ofrezcan respuestas a los problemas de salud de este importante grupo de población que, tanto por razones éticas como por su relevancia social, merece una atención muy especial. (1)

El envejecimiento puede definirse como un deterioro funcional progresivo y generalizado que ocasiona una pérdida de la respuesta de adaptación a la agresión y un aumento del riesgo de enfermedades asociadas a la edad. En otras palabras, la razón principal de que los ancianos enfermen con más frecuencia que los jóvenes es que, debido a su vida más prolongada, han estado expuestos a factores externos, conductuales y medioambientales que provocan enfermedades durante un período más largo que el de sus homólogos más jóvenes (2)

Entre los años 2000 y 2050, la proporción mundial de personas de más de 65 años se estima que alcance más del doble de la actual: del 6,9% al 16,4% (3) . La proporción de personas muy mayores (aquéllas mayores de 79 años) aumentará durante este período del 1,9% al 4,2%.(4) La población de personas centenarias en 2050 será 16 veces mayor que en 1998 (2,2 millones frente a 135.000), con la relación hombre-mujer de personas centenarias bajando a aproximadamente 1 por cada 4.(5,6).La Organización Mundial de la Salud estima que, al menos el 10 % de la población iberoamericana, está afectada por algún tipo de discapacidad y que, a la vista de los índices de crecimiento poblacional en América Latina y el Caribe, se prevé un notable aumento en el número absoluto de personas discapacitadas.

En el mundo, 600 millones de personas tienen algún tipo de discapacidad y el 70 % vive en países en desarrollo; cada año se agregan 10 millones de personas con discapacidad moderada o severa, o sea, 25000 cada día. (7,8). En Europa, el 10 % de la población tiene algún tipo de discapacidad; sin embargo, en Bélgica, según Eurotast, la tasa es de 12 %; en Italia y Alemania del 13 %, y en España del 15 %. Se considera que 1 de cada 5 personas al envejecer desarrolla algún tipo de discapacidad, y que 1 de cada 4 familias tiene un miembro discapacitado.

En Cuba, un estudio de prevalencia de 1995 arrojó que el 7 % de la población tenía algún tipo de discapacidad, correspondiendo el 6,4 % al sexo masculino y el 7,14 % al sexo femenino. Se determinó, además, que las principales causas de discapacidad son enfermedades crónicas no transmisibles y los daños en el sistema nervioso central, así como los trastornos mentales. Un estudio nacional aplicado  a personas con retraso mental y otras discapacidades, iniciado el 27 de julio del 2001 en el municipio Cotorro y extendido hasta el 27 de Abril del 2003 en la provincia de Pinar del Río, (9)demostró que el 52,27 % de las personas con discapacidad son mayores de 60 años.

A pesar de los enormes progresos médicos logrados en las últimas décadas, sigue dándose el hecho de que los últimos años de vida aún conllevan una salud y una discapacidad que empeoran con los años. El factor clave del envejecimiento saludable es la capacidad de conservar una vida independiente durante el mayor tiempo posible.

La puesta en marcha de programas eficaces para el  fomento de un  envejecimiento saludable y de prevención de las discapacidades entre las personas mayores, dará como resultado una utilización más eficiente de los servicios sanitarios y sociales, y mejorará la calidad de vida de las personas mayores al permitirles ser independientes y productivas.

Como se aprecia, existe una estrecha relación  entre los fenómenos de envejecimiento y discapacidad los que, a su vez, transitan por un conjunto de conceptos  que abarcan lo social, lo político, lo cultural y lo ético y que en su integralidad permiten  una vida más plena del ser humano.

 

En el presente trabajo nos  proponemos:

Ø      Establecer  la correlación entre envejecimiento y discapacidad desde el punto de vista clínico.

Ø      Determinar los factores conducentes hacia un envejecimiento saludable.

Ø      Establecer  el conjunto de acciones que contribuyen  a un envejecimiento saludable.

Ø      Caracterizar en líneas generales los aportes de Cuba en el tema objeto estudio.

Para ello nos  hemos  apoyado  en la revisión de una extensa bibliografía, el criterio de expertos  y las estadísticas proporcionadas  por los estudios a pacientes  con discapacidad, tomando en consideración, que resulta de indeclinable atención en el contexto científico mundial contemporáneo y el hecho de que en Cuba el problema del adulto mayor y los procesos de discapacidad constituyen uno de los programas prioritarios de nuestro sistema de salud, en conjunción con los diferentes proyectos sociales comunitarios emprendidos  en los últimos años.

 

Desarrollo

El envejecimiento constituye un fenómeno de la población y de la persona. Como fenómeno de la población expresa el éxito de la humanidad, dado que representa el resultado de los descubrimientos humanos y de los avances en higiene, nutrición, tecnología médica y conquistas sociales, entre otros. (6). Como fenómeno individual, el envejecimiento constituye una materia de estudio biopsicosocial. En otras palabras, la ciencia del envejecimiento es multidisciplinaria. El envejecimiento humano no puede describirse, predecirse o explicarse sin tener en cuenta los tres aspectos principales del mismo: el biológico, el psicológico y el  social. (10)

El Programa de la OMS sobre Envejecimiento y Salud defiende ahora un enfoque género-específico para el envejecimiento saludable (11). Un enfoque específico de género se refiere no sólo a las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, sino también a los papeles creados por la sociedad y que dan forma a las identidades de hombres y mujeres a lo largo de sus vidas.

Es importante distinguir el envejecimiento como proceso, del proceso de envejecimiento (12).El envejecimiento como proceso (“envejecimiento normal”) representa los cambios biológicos universales que se producen con la edad y que no están afectados por la influencia de enfermedades o del entorno. No todos estos cambios relacionados con la edad tienen consecuencias clínicas negativas.

Por el contrario, el proceso de envejecimiento está muy influido  por los efectos de los estados del entorno, del estilo de vida y de las enfermedades, que, a su vez, están relacionados con el envejecimiento o cambian por su causa, pero que no se deben al envejecimiento en sí. (13)

A menudo, lo que una vez se consideró que era una consecuencia del envejecimiento normal se atribuye ahora, más apropiadamente, a factores relacionados con el envejecimiento. En este contexto, las definiciones comunes del envejecimiento raramente separan los dos procesos.

El concepto de envejecimiento activo, fomentado ahora por la OMS, anima al “proceso de hacerse mayor sin envejecer mediante el desarrollo continuado de actividades físicas, sociales y espirituales a lo largo de toda la vida” (14).

Con el proceso de envejecimiento, la mayor parte de los órganos sufre un deterioro de su capacidad funcional y de su habilidad para mantener  su independencia. Cada etapa de la vida es importante, por consiguiente, el envejecimiento debe contemplarse desde una perspectiva que abarque todo el curso de la vida.

Con el continuo crecimiento de las poblaciones de la tercera edad en las sociedades modernas, la búsqueda de formas de conservar y mejorar las habilidades funcionales de las personas al envejecer, ayudarles a manejarse independientemente en la comunidad y, fundamentalmente, mejorar la calidad de sus vidas, se ha convertido en un asunto cada vez más urgente por cuanto la incidencia de muchas enfermedades y discapacidades crónicas aumenta con la edad. (15,16)

Existen tres fuentes básicas para las diferencias en el envejecimiento saludable: los determinantes hereditarios, las circunstancias socioeconómicas, el estilo de vida y otros factores conductuales. Las diferencias de género abarcan los tres campos. Los factores culturales y políticos también influyen en la salud del hombre al envejecer. (12)

Los determinantes hereditarios conceptualizan  los efectos de los factores genéticos sobre los componentes de la salud y el envejecimiento aún no se entienden. Se estima que únicamente un 20-25% de la variabilidad en la edad de fallecimiento viene determinada por factores genéticos (17,18)

El efecto de los factores hereditarios sobre la incidencia de afecciones crónicas parece disminuir a medida que aumenta la edad (19,20).

Los determinantes sociales y económicos del envejecimiento saludable abarcan una gran variedad de factores, incluidos el estado laboral, las condiciones y seguridad del trabajo,  la educación  desde edades tempranas, el entorno de vida y la permanencia en él, y las circunstancias familiares. Es probable que cada una de estas circunstancias actúe sobre la salud de forma distinta en cada etapa de la vida.

Los factores conductuales, como el consumo de tabaco, el ejercicio físico, las actividades diarias, el consumo de alcohol, la dieta, las prácticas de cuidado personal, los contactos sociales y el tipo de trabajo, son determinantes importantes del envejecimiento saludable.

El ejercicio se ha definido como una actividad regular que sigue un patrón específico y cuyo fin es el de lograr resultados deseables en cuanto al estado de forma, como un mejor nivel de salud general o de funcionamiento físico. (12)

Fontane (1990) describe la actividad física como un continuo del comportamiento físico que incluye:

1) actividades de la vida diaria

2) actividades instrumentales de la vida diaria

3) actividad y ejercicio en general

4) ejercicio para lograr una buena forma física

5) entrenamiento físico.

Aquéllos que empiezan a realizar ejercicio físico a edades tempranas tienden a seguir haciéndolo más adelante. Así, lo que una persona hace con su tiempo de ocio parece dar forma al ocio en sí y al desarrollo de éste.

A medida que aumenta la edad, la reducción de la actividad física y el creciente número de enfermedades crónicas que surgen frecuentemente, crean a menudo un círculo vicioso: las enfermedades y las discapacidades consiguientes reducen el nivel de actividad física lo que, a su vez, tiene efectos adversos sobre la capacidad funcional y agrava las discapacidades producidas por las enfermedades.

Un mayor grado de actividad física puede ayudar a prevenir muchos de los efectos negativos que tiene el envejecimiento sobre la capacidad funcional y la salud, aumentando su grado de independencia  y por tanto mejorando su calidad de vida. Esto podemos representarlo de la siguiente manera.

 

Los beneficios que podrían obtenerse de un ejercicio físico razonable tienen

considerablemente mayor importancia que los potenciales efectos adversos. Estos

beneficios incluyen una mejoría de la capacidad funcional, de la salud y de la calidad de vida, con la correspondiente disminución de los gastos en asistencia sanitaria, tanto para la persona misma como para la sociedad en su conjunto.

La clave para conservar la actividad física y la capacidad funcional depende de cada persona, aunque el entorno inmediato, las personas cercanas más  importantes y la familia, también desempeñan un papel crucial en la creación y conservación de un enfoque de vida positivo y activo. Por otra parte, la edad no constituye, en sí misma, un obstáculo para el ejercicio físico, pues éste puede contribuir a que se produzcan cambios positivos y mejorar el rendimiento físico de las personas de avanzada edad, de la misma forma que sucede en las personas jóvenes. (15)

Existen además los factores relacionados con el género, siendo  la longevidad una de las características principales del envejecimiento demográfico, se plantea que las mujeres tienen mayor predisposición a  sufrir afecciones  y discapacidades crónicas, especialmente en edades avanzadas ( 21).

Los factores culturales asignan distintos valores a los papeles que desempeñan las personas mayores en las diferentes culturas.

Las diferentes decisiones políticas moldean el entorno social y económico en el hombre que envejece desempeñando un papel importante.

Las creencias espirituales y las prácticas espirituales pueden tener consecuencias tanto sobre la respuesta de una persona ante determinado estado de enfermedad como sobre el resultado final de un proceso de enfermedad. Evidentemente, elementos espirituales como la adaptación y aceptación tienen consecuencias positivas sobre el curso de los cánceres, sobre los trastornos por abuso de sustancias nocivas para la salud, y sobre otras enfermedades; la ansiedad y la indiferencia son claramente factores negativos para la mayoría de las enfermedades.

Existen, además, factores relacionados con la persona y con su entorno físico y social que influyen en cómo puede envejecer una persona.

Dentro de los determinantes relacionados con los factores personales están los factores psicológicos como la inteligencia y la capacidad cognoscitiva (por ejemplo, la capacidad de resolver problemas y adaptarse a los cambios y a las pérdidas) son potentes predictores del envejecimiento activo y la longevidad (Smits et al, 1999). Durante el envejecimiento normal, algunas capacidades cognitivas (como la velocidad de aprendizaje y la memoria) disminuyen de forma natural con la edad. Sin embargo, estas pérdidas pueden compensarse por un incremento de la sabiduría, los conocimientos y la experiencia. A menudo, el declive del rendimiento cognoscitivo se desencadena por el desuso (falta de práctica), la enfermedad (depresión), los factores conductuales (consumo de alcohol y medicamentos), los factores psicológicos (falta de motivación, bajas expectativas y falta de confianza) y los factores sociales (soledad y aislamiento) más que por el envejecimiento per se.

Otros factores psicológicos que se adquieren a lo largo del curso vital influyen en gran medida en la forma en que las personas envejecen. La autoeficacia (la fe que tienen las personas en su capacidad para ejercer el control de sus vidas) está vinculada a las decisiones de conducta personal a medida que se envejece y a la preparación para la jubilación. La manera de enfrentarse con las circunstancias adversas determina lo bien que las personas se adaptan a las transiciones (como la jubilación) y las crisis del envejecimiento (como la pérdida de un ser querido y la aparición de enfermedades).

Los hombres y las mujeres que se preparan para la ancianidad y se adaptan a los cambios, se ajustan mejor a la vida después de los 60 años. Muchas personas siguen teniendo capacidad de resistencia a medida que envejecen y, por lo general, los ancianos no se diferencian de los jóvenes, de modo significativo, en su capacidad de enfrentarse a la adversidad.

Dentro de los factores psicosociales está la autonomía  o control  y el soporte social o conectividad.(10) La autonomía es uno de los principios  de la ética médica con carácter general propuesto por el filósofo  David Ross, quien entiende por tal  la capacidad percibida de controlar, afrontar y tomar decisiones personales acerca de cómo vivir al día de acuerdo con  normas y preferencias propias. (2,17)

Por tanto, autónomo es aquel individuo que tiene capacidad para autogobernarse a sí mismo y autodeterminar sus propias acciones y decisiones. Pero ocurre que esta autonomía nunca se presenta en estado puro, sino siempre en el umbral de los niveles, se podrá ser más o menos autónomo para actuar y más o menos dependiente para ejercer la capacidad de decisión.

El paciente anciano podrá ir perdiendo paulatinamente la capacidad de autogobierno y de relación. La pérdida de dichas capacidades, con la consiguiente

situación de dependencia, influirá negativamente en su competencia para decidir y actuar autónomamente. Por eso creemos que la autonomía debe ejercerse antes de que aparezca alguna enfermedad incapacitante.

Es lógico que en el proceso de envejecimiento el deterioro orgánico aumente de forma progresiva, sobre todo si a este proceso le acompaña alguna enfermedad neurodegenerativa. Cuando las limitaciones y deficiencias, aunque pequeñas, empiezan a multiplicarse en estas personas, disminuye su capacidad de autonomía, pasando a ser considerado como un "mayor dependiente". Por eso, como afirman algunos autores, la cuestión esencial es saber a partir de cuándo  la dependencia de las personas ancianas comienza a ser, además de un problema personal y familiar, un problema social.

Muchos ancianos van perdiendo capacidad y competencia, por eso surgen múltiples conflictos éticos cuando no sabemos qué decisiones y actuaciones son realmente autónomas. En este sentido, la autonomía siempre deberá ser respetada, salvo en los casos en que sus acciones sean claramente perjudiciales para el interesado o para los demás. No respetarla en el resto de los casos será, por lo general, señal de injusticia para con la persona afectada y de violación clara de sus derechos y libertades básicos. Toda persona anciana, mientras no se demuestre su incapacidad o su total dependencia, es una persona autónoma y como tal deberá ser tratada. Además, deberemos fomentarle al máximo su independencia, al menos, hasta donde sea posible.

Los problemas éticos se pueden plantear  en cualquier momento en que al anciano o a sus familiares se  les presente un conflicto que atente contra la dignidad o el respeto a alguien, incluidos ellos mismos, los cuales pueden ir desde obligar al anciano/a a permanecer aislado, a experimentar con él nuevos fármacos, abandonarlo o ser negligentes en su cuidado, a maltratarlo, a excluirles de algunos servicios asistenciales por razones utilitaristas, o a abusar de su estado de incapacidad mental.

A continuación  puntualizaré algunos determinantes  de carácter socioeconómico, físico, medioambiental, físico, cultural  que permiten garantizar la independencia y la autonomía en el adulto mayor.

Unos entornos físicos que tengan en cuenta a las personas ancianas pueden establecer la diferencia entre independencia y dependencia para todas las personas, pero son de especial importancia para las que están envejeciendo. Por ejemplo, los ancianos que viven en un entorno inseguro o en zonas con múltiples barreras físicas son menos proclives a salir y, por tanto, son más propensos al aislamiento, a la depresión, y también a tener un peor estado físico y más problemas de movilidad.

La seguridad de la vivienda es esencial para el bienestar tanto de los jóvenes como de las personas mayores. Los peligros domésticos que aumenten el riesgo de sufrir caídas deben ser solucionados o eliminados.

Las caídas de las personas mayores son una importante y creciente causa de lesiones, gastos de tratamiento y muerte. Los peligros del entorno que aumentan el riesgo de caerse son la mala iluminación, suelos resbaladizos o irregulares y la ausencia de barandillas donde apoyarse. Con mucha frecuencia, estas caídas se producen en el entorno doméstico y pueden evitarse.

El agua limpia, el aire puro y el acceso a alimentos sanos, son cuestiones especialmente importantes para los grupos de población más vulnerables, como los niños y las personas ancianas, y para quienes padecen enfermedades crónicas y daños en el sistema inmunitario.

El apoyo social, las oportunidades para la educación y el aprendizaje continuo durante toda la vida, la paz y la protección frente a la violencia y el abuso, son factores fundamentales del entorno social que mejoran la salud, la participación y la seguridad a medida que las personas envejecen. La soledad, el aislamiento social, el analfabetismo y la falta de educación, el abuso contra las personas de edad avanzada y la exposición a situaciones de conflicto, aumentan enormemente los riesgos de discapacidad y muerte prematura en las personas mayores.

 El apoyo social inadecuado no sólo se asocia a un aumento de la mortalidad, la morbilidad y la angustia psicológica, sino también a una disminución de la salud general y el bienestar. La interrupción de los vínculos personales, la soledad y las interacciones conflictivas son fuentes importantes de estrés, mientras que los contactos sociales de apoyo y las relaciones íntimas son fuentes vitales de fortaleza emocional.

Los bajos niveles de educación y alfabetización se asocian con un mayor riesgo de discapacidad y muerte entre las personas a medida que envejecen, así como con mayores índices de desempleo.

Existen tres aspectos del ámbito económico que tienen un efecto especialmente significativo sobre el envejecimiento activo: los ingresos, el trabajo y la protección social.

Un aspecto a considerar son las enfermedades crónicas,  que constituyen  causas importantes de discapacidad y resultan costosas,  además de reducir la calidad de vida.

Entre las principales enfermedades crónicas que afectan a las personas ancianas en todo el mundo (8, 12,22-24) se encuentran:

* Enfermedades cardiovasculares (como la cardiopatía coronaria).

* Hipertensión.

* Accidente cerebrovascular.

* Diabetes.

* Cáncer.

* Enfermedad pulmonar obstructiva crónica.

* Enfermedades músculo esqueléticas (como la artritis y la osteoporosis).

* Enfermedades mentales (principalmente, demencia y depresión).

* Ceguera y alteraciones visuales.

Cuando las personas alcanzan la vejez, entran en un período de sus vidas en el que están más expuestas al riesgo de contraer enfermedades crónicas, que a su vez, pueden traducirse en discapacidad. (12,25). En su gran mayoría las personas de edad siguen estando en buenas  condiciones físicas hasta bien entradas en la vejez. Además de poder realizar las tareas de la vida diaria, siguen desempeñando un papel activo en la vida comunitaria; así pues, el mantenimiento del máximo de capacidad funcional es tan importante para las personas de edad como el verse libres de enfermedades. (25-28)

El envejecimiento de las personas con discapacidad es un fenómeno nuevo, amplio y duradero que se podría definir como una “emergencia silenciosa” por lo que resulta fundamental preservar la independencia de las personas con discapacidad para evitarles una doble angustia: la discapacidad y la vejez.(7,26-28)

La independencia se entiende comúnmente como la capacidad de desempeñar las funciones relacionadas con la vida diaria, es decir, la capacidad de vivir con independencia en la comunidad recibiendo poca ayuda, o ninguna, de los demás. Este es un concepto muy importante,  ya que nuestros pacientes, por la incidencia de afecciones con limitaciones, crean una dependencia familiar a veces total ya que, en muchas ocasiones, no tienen independencia para las actividades de la vida diaria. Por eso,  debe ser una meta de todo nuestro personal de rehabilitación lograr  la  independización de nuestros ancianos.(8)

Abordar todos los aspectos que pueden influir en un envejecimiento saludable nos permite concluir que la buena capacidad funcional, la  autonomía y  el logro  de la independencia para las actividades de la vida diaria, trae como consecuencias, calidad de vida, control de las enfermedades crónicas no trasmisibles donde la práctica de ejercicios físicos, los cuidados personales,  la disminución de hábitos tóxicos como el cigarro, el alcohol, el tipo de trabajo que realiza el anciano son determinantes en  el alcance de  este objetivo. Por eso abordaremos las acciones  que permiten  orientarnos en cómo lograrlo.

Para llegar a un envejecimiento saludable  es necesario implementar un plan de acción   actuando sobre los diferentes factores (12)

Actividad física

Ø      Conseguir la concienciación de la importancia de la actividad física regular.

Ø      Proporcionar la oportunidad de disfrutar de grupos de ejercicio supervisado para orientación, estímulo y socialización.

Ø      Crear entornos agradables para realizar ejercicio, como senderos para caminar, carriles para bicicletas y parques en los que las personas se puedan ejercitar.

Nutrición

Ø      Prevenir los factores de riesgo de la desnutrición y la deshidratación a edad avanzada y de tomar medidas de prevención.

Ø      Fomentar la concienciación de que las personas mayores tienen necesidades nutricionales especiales y de que son vulnerables a la desnutrición.

Ø      Aumentar la concienciación del consumidor de los vínculos directos entre alimentación equilibrada y buena salud.

Ø      Ayudar a que haya comida sana disponible a precios razonables.

Ø      Exigir que el etiquetado mientras que una alimentación rica en potasio (ej. fruta fresca y zumos de frutas) sea protectora ante dicha enfermedad.

Ø      Seguir una dieta rica en fruta y verdura y baja en grasas animales y sal.

Ø      Animar a los proveedores a ofrecer comida saludable, adecuada a las necesidades de las personas mayores.

 

Fumar

Ø      Aumentar la  concienciación sobre el hecho de que fumar causa enfermedades cardíacas, importantes enfermedades respiratorias y varios tipos de cáncer como el de pulmón, el de garganta, el de vejiga y el de boca.

Ø      Prohibir todas las formas de publicidad y promoción del tabaco.

Ø      Informar a los adultos y a las personas mayores de que dejar de fumar es beneficioso en todas las etapas de la vida.

Ø      Aumentar los impuestos de los productos relacionados con el tabaco.

Ø      Fomentar campañas de educación sobre salud a través de los medios

Ø      Difundir información por toda la comunidad (colegios, lugares de trabajo, instalaciones deportivas así como en centros de salud).

 

Enfermedad cardiovascular (ECV)

Ø      Reducir  el consumo de sal y la actividad física para controlar la hipertensión.

Ø      Fomentar la concienciación sobre los principales factores de riesgo de ECV como hipertensión, alto colesterol en el suero,  el hábito de fumar y la inactividad física, que llevará a la obesidad.

Ø      Apoyar programas de salud pública cuyo objetivo sea el de reducir el consumo de cigarrillos, y que fomenten la actividad física y la alimentación sana.

Ø      Apoyar estrategias de prevención primaria.

 

Depresión

Ø      Llevar un estilo de vida más sano y más activo, física, mental y socialmente.

Ø      Buscar ayuda y buscar consejo en momentos críticos de pérdida y de crisis.

Ø      Aumentar la provisión económica para que las personas mayores puedan desarrollar actividades sociales y de ocio.

Ø      Formar al personal sanitario para diagnosticar las depresiones y tratarlas de manera eficaz.

 

Hipertrofia prostática benigna (HPB)

Ø      Aumentar la educación de profesionales y comunidades sobre la HPB con el fin de reducir la reticencia del paciente a la hora de informar sobre sus procedimientos disponibles que pueden aplicarse eficazmente a la mayoría de los pacientes.

 

Incontinencia urinaria

Ø      Potenciar el conocimiento público de los síntomas de incontinencia para

Ø      Animar a los afectados a buscar ayuda profesional.

 

Osteoporosis

Ø      Reducir significativamente la aparición de la osteoporosis.

Ø      Centrar los objetivos en fomentar un ejercicio físico regular, dejar de fumar, reducir el consumo excesivo de alcohol y tomar cantidades adecuadas de calcio y vitamina D.

 

Disfunción eréctil

Ø      Apoyar investigaciones centradas en la manera de conservar una vida sexual sana entre los hombres de la tercera edad.

Cáncer de pulmón

Ø      Las estrategias completas contra el tabaquismo constituyen uno de los principales plan de acción de nuestro sistema de salud. Debe continuar insistiéndose en  la implementación  de programas  más efectivos para  su erradicación en nuestra población.

Cáncer de estómago

Ø      Mejorar la higiene en la preparación de la comida y una adecuada conservación de los alimentos reduce el riesgo de cáncer de estómago.

Ø      Aumentar la concienciación del público para que no consuman alimentos que han estado mal conservados.

Ø      Ayudar a que existan alimentos correctamente preparados y conservados a precios razonables.

Cáncer de próstata

Ø      Fomentar y apoyar investigaciones nacionales y multinacionales para ayudar a investigar las mejores prácticas de detección y las subsiguientes opciones terapéuticas.

Cáncer colorrectal

Ø      Informar sobre las dietas que protegen contra la enfermedad y sobre las dietas que la agravan es importante recibir consejos regulares de los profesionales de la salud en cuanto a las estrategias de exploración.

Inmunización

Ø      Concienciar de las enfermedades que pueden prevenirse mediante la inmunización.

Ø      Nuestro sistema de salud garantiza los servicios específicos de inmunización.

Integración social

Ø      Proporcionar programas educativos durante toda la vida.

Ø      Fomentar la cohesión social y la solidaridad intergeneracional.

Ø      Establecer una legislación que proteja los derechos de los miembros mayores de la sociedad y que evite la discriminación.

Ø      Educar al público sobre la actitud y prácticas negativas resultantes de excluir socialmente a las personas mayores.

Ø      Fomentar la protección de la salud mental.

 

Seguridad económica

Ø      Mantener niveles de seguridad en cuanto a los ingresos y  garantizar a las personas mayores el acceso a una asistencia sanitaria adecuada.

Ø      Luchar contra la discriminación de las personas mayores en el lugar de trabajo.

 

Envejecimiento, discapacidad  y calidad de vida. Consideraciones finales

En el comienzo de la década de los ochenta, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó la clasificación de las consecuencias de las enfermedades, fijando los conceptos de deficiencia, discapacidad y minusvalía, así como las relaciones entre ellos, en la denominada Clasificación Internacional de Deficiencias, discapacidades y Minusvalías (CIDDM).(7,28-31)

 

Recientemente, en noviembre de 2001, se ha publicado la Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la Salud (CIF), donde se recoge, en un marco conceptual y con un lenguaje unificado y estandarizado, la definición y descripción de la salud y de los estados relacionados con ella. Esta clasificación revisada define los componentes de la salud y algunos componentes relacionados con la salud del «bienestar» (tales como educación, trabajo, etc.), de tal manera que los dominios de la CIF pueden ser considerados como dominios de salud y dominios relacionados con la salud. Estos dominios se describen desde la perspectiva corporal, individual y mediante dos listados básicos: Funciones y Estructuras Corporales y Actividades-Participación. Podría decirse que la CIF ha pasado de ser una clasificación de «consecuencias de enfermedades» (versión de 1980), a una clasificación de «componentes de salud». Supone un importante cambio cualitativo al invertir de forma radical la consideración negativa de las consecuencias de las enfermedades por situaciones positivas de los componentes de la salud. (29,32)

Toda persona con  discapacidad,  frente al fenómeno del envejecimiento, debe poder beneficiarse de las medidas necesarias para preservar su autonomía y favorecer su integración social; por ello, al correlacionar los términos de envejecimiento y discapacidad, aplicamos los principios éticos   de beneficencia, no beneficencia, autonomía y justicia. Nuestro principal objetivo   es hacer el bien al anciano y promover su bienestar orientando medidas que le permitan arribar a la tercera edad con salud plena, modificando patrones individuales y colectivos. Por tanto el no hacer daño es otro principio que siempre está vigente en relación  a cómo, conducir al anciano, respetando su capacidad de acción y su libertad para decidir sin persuadir, convencer  para la toma de decisiones. Por eso, para que una acción sea autónoma debe ser intencional, con conocimiento y sin control externo.

La discapacidad  es un proceso interactivo y evolutivo. Proporciona las “piezas de construcción” para poder crear modelos y estudiar los diferentes aspectos del proceso. (4,12)

Para aquellos que adquieran una discapacidad, las medidas de rehabilitación y adaptación de los entornos físicos pueden reducir, en gran medida, el nivel de discapacidad. Más aun, intervenciones específicas pueden ayudarles a mejorar su capacidad funcional y, por tanto, su calidad de vida.

 

En nuestro  país se comenzaron a desarrollar acciones dirigidas a preservar y mejorar la salud de los pacientes geriátricos , por lo que se estableció el Programa de Atención a la Tercera Edad, que contempla el cuidado del adulto mayor a través de múltiples actividades como son la creación de los Gabinetes Gerontológicos atendidos por equipos multidisciplinarios que además de tratar a los pacientes desde el punto de vista médico se tiene en cuenta todo lo relacionado con su integración a la vida social, además del desarrollo y apoyo a los programas de adiestramiento en el nivel profesional y técnico con énfasis en aspectos geriátricos y gerontológicos.

 

También, para la atención a estas personas, existen 196 hogares de ancianos, de los cuales 63 son diurnos a los que se les denomina como Casas de Abuelos con el 20 % de incorporación del total de los adultos mayores en 1997; también hay 25 600 personas incorporadas al Programa de Atención al Anciano.

 

Puede hablarse de muchos logros sanitarios que de una forma u otra repercuten en el mejoramiento de la calidad de vida de este grupo poblacional, tampoco se puede olvidar que entre los principales problemas de este período de la vida están la sociedad, la pérdida de las facultades, la inadaptación a la jubilación y la dependencia económica que lesiona la autoestima de los ancianos, ya que en estos casos se hace imprescindible conocer si las personas se pueden mantener integradas a las actividades comunitarias, sociales y laborales, o al menos, mantienen autonomía en las actividades del diario vivir.

 

Según un estudio realizado sobre la calidad de vida en pacientes con enfermedades crónicas oftalmológicas se concluyó que ellos perciben limitaciones en su funcionamiento físico en cuanto a la movilidad, dada por la deambulación lenta, que es la limitación más importante detectada por los afectados, además del sentimiento de minusvalía que experimentan en la esfera de la interacción social, y la percepción subjetiva de incapacidad e inutilidad por el efecto de la jubilación o de la deficiente jornada laboral.

 

Muchos pueden ser los padecimientos del ser humano que entorpezcan la calidad de su vida, como los que sufren afecciones reumatológicas que alteran su capacidad para moverse dentro y fuera del hogar; las afecciones urológicas que hacen depender de una sonda vesical o mantienen una incontinencia urinaria; las psiquiátricas que entorpecen para el desempeño en promover a sus necesidades y las geriátricas, entre otras, con la limitación para valerse por sí mismo, por lo que los programas y políticas de salud en Cuba, están encaminadas a través de las diferentes especialidades a mejorar las condiciones en que vive y se desarrolla la población cubana, además de las actividades de promoción y prevención que se realizan para evitar la aparición de enfermedades en unos casos y la complicación en el caso de otras.

En Cuba esto constituye una línea de trabajo contenida dentro de las políticas del Sistema de Salud, que desde los primeros años del triunfo revolucionario de 1959 ha emprendido numerosos programas encaminados a elevar el nivel de salud de la población, que ya se caracteriza por un patrón epidemiológico con predominio de las enfermedades crónicas no transmisibles. Sin embargo, aún debemos insistir en cuanto  a que nuestra población alcance una vida cuya calidad sea digna de ser vivida.

 Conclusiones

Ø      La población del planeta envejece y se prevé mayoritaria a muy corto plazo. Las estadísticas y los estudios internacionales mueven la reflexión hacia este tema y en Cuba no constituimos excepción  respecto a un problema que, como he intentado demostrar, resulta multidisciplinario. Lo importante es cómo llegar a un envejecimiento activo que reduzca al mínimo las discapacidades y permita al adulto mayor continuar insertándose durante un período de tiempo más prolongado en la vida social. Eso sólo será posible a medida que en el plano individual las personas concienticen la importancia de desarrollar actividades físicas, sociales y espirituales a lo largo de toda la vida.

Ø      Para lograr un envejecimiento saludable es necesario  garantizar un conjunto de factores socioeconómicos, físicos, culturales, políticos, espirituales que involucran al individuo  y la colectividad. En nuestro país trabajamos para lograr estos objetivos.

Ø      Las  discapacidades asociadas con el envejecimiento (visuales, auditivas, motoras) y la aparición  de enfermedades crónicas (hipertensión, accidentes cerebrovasculares, diabetes mellitus, cáncer, EPOC, entre otras,) pueden prevenirse o retrasarse con medidas de rehabilitación integral como son: la actividad física regular, la alimentación saludable, la eliminación de hábitos tóxicos,  la educación, información y divulgación  acerca de diversas enfermedades, la seguridad económica  y la integración social .Todos estos factores  correlacionan la independencia, autonomía, capacidad funcional y son, a su vez, una expresión de calidad de vida y,  por tanto, de envejecimiento saludable. También es necesario tomar en cuenta la eliminación de barreras arquitectónicas y el mantenimiento de un entorno físico y medioambiental adecuados.

Ø      La calidad de vida en el adulto mayor   está  determinada en gran medida por su capacidad para mantener  su  autonomía y  preservar  su  independencia, para  evitarles una doble angustia: la discapacidad y la vejez. Por eso, desde el nacimiento debemos estar preparados para enfrentar un momento inevitable de nuestras vidas en óptimas condiciones. Los planes de acción  que hemos enunciado conllevan una estrategia educativa que, combinada con campañas de promoción a través de diferentes medios (comunicación, red de instituciones educacionales y de salud, la comunidad, las organizaciones de masas, etc) pueden coadyuvar a mantener informada a la población y, por consiguiente, prepararse mejor para esta etapa.

Ø      Desde el punto de vista médico, es fundamental que el paciente participe en la toma de decisiones y posea independencia acorde a la limitación motora. Estos son aspectos  bioéticos importantes para lograr calidad de vida en el paciente  geriátrico discapacitado.

Ø      Cuba viene realizando ingentes esfuerzos en el campo de la geriatría y de la rehabilitación. Con el Programa de Atención a la Tercera Edad aplicamos los principios de la ética médica que condicionan un envejecimiento saludable   en nuestros ancianos.

 

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Este trabajo fue realizado en Abril del 2005.

 

Final del formulario

 

Dra. Tania Bravo Acosta.

Especialista de Segundo Grado en Medicina Física y Rehabilitación.

Profesora Asistente.

Centro de Investigaciones Clínicas .Ciudad de la Habana.

 

Dra. Yamilé Margarita López Pérez.

Especialista de  Primer  Grado en Medicina Física y Rehabilitación.

 

Dr. José Manuel Martín Dieppa.

Especialista de  Primer  Grado en Anestesiología.

 

Dr. Jorge Martín Cordero.

Especialista de  Primer  Grado en Medicina Física y Rehabilitación.

Profesor Asistente.

 

Dr. Orlando del Valle Alonso.

Especialista de  Primer  Grado en Radiología.

 

Dra. Isis Pedroso Morales.

Especialista de  Primer  Grado en Medicina Física y Rehabilitación.

 

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