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Dulcinea – Aura – Dulcinea: A cuatro siglos, aún son ciertos los reflejos
RESUMEN: La
novela El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes
constituye hoy, aún después de cuatro siglos, modelo de creación. Aura,
novela corta del mexicano Carlos Fuentes, escrita en la segunda mitad de la
centuria anterior, da fe de ello. La gran novela de Cervantes establece
paradigmas para la literatura posterior que pueden analizarse tanto en sus usos
narrativos como en los problemas ideotemáticos que se sustenta. Se ha
pretendido mostrar en este estudio lo que puede ser un acercamiento comparativo
sobre personajes a pesar de la distancia del tiempo. Palabras
claves: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, Aura, Cervantes, Carlos
Fuentes, personajes, usos narrativos. ABSTRACT: The
Ingenioso Don Quijote de la Mancha, written by Miguel de Cervantes, constitutes
a model of creation nowadays, after four (4) centuries. Aura,
a short novel written by the Mexican Carlos Fuentes in the second half of the
previous century gives the reality of what we said before. This
great novel establishes paradigm for the later literature that can be analyzed
in its narrative usage as well as in the idiomatic problems. It has been an
attend to show what could be an approach to the comparison about the characters
in spite of the distance and the time. Key
words: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha,
Aura, Cervantes, Carlos Fuentes, caracters, narrative uses. A
cuatro siglos de la creación y quizás por una admiración sin límites
devenida en cariño hacia el loco de la triste figura, se siente hoy una
necesidad constante de recurrir a la novela como en uso de memoria afectiva
cuando se degusta “un bizcocho mojado” en té. O tal vez que sí, que la
semejanza o proximidad está ahí, que “el estéril y mal cultivado ingenio”
del notable manco español fructificó en un mexicano de este tiempo. El caso es
que vale la comparación, no en el deseo de medir fuerzas, sino en el interés
de acercar a dos grandes - a pesar de su distancia temporal - de la literatura
escrita en lengua castellana. El
ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, escrita en el siglo XVI, deja para
la prosperidad un modelo de novela que se mantiene imperecedera: cada lugar por
donde se mire, cada arista que atraiga la atención, es siempre un tema de análisis
atrayente, así se ha mantenido a lo largo de cuatro siglos y así será para
siempre. Miguel de Cervantes con ella se consagra y queda
convertido en maestro insigne de la novela y del idioma, paradigma de
toda la literatura que sobrevendrá después de él. ¿Qué
le corresponde entonces a Carlos Fuentes? Es por su parte el maestro de la técnica
narrativa que envuelve al personaje a partir del uso magistral de la segunda
persona, en una identidad tenebrosa, misteriosa por
momentos, que lleva al espacio una magia mítica alteradora de la
realidad y muy parecida al sueño, o mejor, a la pesadilla. Ahora bien, ¿qué
antecedentes tiene esta segunda
persona del narrador?, ¿no tendrá Cervantes
algo que ver con esto; por qué, si no, se le ha llamado creador de la
novela moderna? Por
otra parte es tentador pensar en el personaje femenino y su trayectoria para la
literatura, pues la dama ha sido desde la época clásica epopéyica, atributo
principal de un héroe cuyo código ético la consideraba ideal para ofrendar a
ella sus hazañas y sus victorias. Se vio asediada siempre por una fuerza ideal
de belleza física, no necesariamente moral – ella está llamada en muchos
casos por la pasión que la ciega a cometer desafueros éticos: Helena, Melibea,
Cunegunda, Enma Bovary o Doña Bárbara; esto último poco importa porque la
dama ha sobresalido más como personaje que como heroína, a no ser aquella romántica:
pálida, dulce y sobre todo inmaculada. La teoría literaria de las escuelas estructuralista y formalista aborda al personaje femenino dentro de una categoría: la función – “acción definida no por ella misma sino por su significación dentro del relato” – que en el caso de la práctica de Vladimir Propp1, formalista ruso, se corresponde con las esferas de acción del personaje. La función del personaje femenino – la dama (princesa, como la llama Propp) - se integra al /matrimonio/*, en carácter de premio al héroe, amén de su sentido de atributo. Desde
que llegamos a la novela de Cervantes, ya en su primer capítulo, nos
encontramos con Dulcinea del Toboso, surgida en nombre de la necesidad como
/marca/* del caballero andante amén de su carácter de función.
Limpias, pues,
las armas hecho del morrión
celada, puesto nombre a su rocín y
confirmándose a sí mismo, se dio (sic) a entender que no le faltaba otra cosa
sino buscar una dama de quien enamorarse; porque el caballero andante sin amores
era árbol sin hojas y sin frutos
y cuerpo sin alma (Cervantes
1967: 1039) Esta
es la manera en que aparece la amada que vislumbra ya desde aquí, una creación
obligatoria que va restando veracidad, que va enrolando paródicamente al
personaje en una magia imaginativa que, aunque se sustenta ciertamente en la
existencia de Aldonza Lorenzo, ha sido creada por un loco y se ha acuñado en la
irrealidad. Sancho
Panza, ya en la segunda parte de la novela gira caracteolológicamente de manera
tal que ya no es aquel “materialista” redomado del inicio, asume esta
irrealidad cuando necesita encontrarla – a la Dulcinea ideal - para complacer
a su amo. Y
es aquí, en el capítulo X de la II parte, donde vale la pena detenerse, porque
Sancho – narrador – Cervantes envuelven el texto de forma tal que, en un
discurso reflexivo aunque no extradiegético – cosa poco común -, la
necesidad de encontrar a Dulcinea determina un uso narrativo
de la segunda persona dentro de la variante en la que el personaje
conversa consigo mismo a manera de monólogo. Tal parece que el narrador ordena
imperativamente al personaje qué hacer, qué decisión tomar ante el evento
narrativo:
Y, ¿adónde pensáis hallar eso que decís, Sancho? ¿Adónde? (…) y
¿de parte de quién la vais a buscar? (…) y ¿sabéis su casa, Sancho? (…)
y ¿habéisla visto algún día? (Cervantes 1967: 1303) Pudieran
hacerse las mismas reflexiones en Aura, de Carlos Fuentes:
¿Por qué no tienes el valor de decirle que
amas a la joven? ¿Por qué no entras y le dices, de una vez, que piensas
llevarte a Aura contigo cuando termines el trabajo? (Fuentes 1994: 37) Evidentemente
hay cierto parecido en esta segunda persona y su vínculo con el encantamiento,
si pensamos que tanto Aura como Dulcinea son creaciones que parten de la
necesidad de amar y de no dejar morir el ideal, de aquí que la belleza de la
juventud pudiera ser quizás otro punto de contacto entre ambas obras y más que
esta belleza, la fuerza y la lozanía que llevan consigo la edad juvenil.
¡Viva el Dador!, que es moza de chapa, hecha y derecha y de pelo en
pecho y que puede sacar la barba del lodo a cualquier caballero andante o por
andar que la tuviera por señora (Cervantes 1967: 1220) o
quizás
al avanzar hacia
ti la mujer,
los muslos color de luna ; la mujer,
repetirás al tenerla cerca, la mujer, no la muchacha de ayer - cuando
toques sus dedos, su talle - no podía tener más de veinte años:
la mujer de hoy - y acaricies su pelo negro, suelto, su mejilla pálida -
parece de cuarenta. (Fuentes1994: 45) Aunque
Aura envejece por minutos en este discurso seudo indirecto libre, sobre todo a
partir del contacto del personaje
Felipe con ella, importa la dureza firme de su cuerpo de mujer joven - madura
pues la senectud, y es esta la magia de Fuentes, está asociada a un afán de
permanencia de belleza ideal muy difícil de esquivar. Otro
momento decisivo en la novela de Cervantes camina en este mismo sentido: en el
capítulo XXIII de la II parte, Don Quijote al igual que el amante de Aura, ha
caído en el sopor de un sueño accidentalmente o no, y en este mundo onírico
vuelve a merodear, en una mente alucinada, otra vez la mujer: Belerma es la
amante regia y hermosa de Durandarte - modelo de caballeros andantes -cuya edad
la desmitifica simbólicamente como dama; porque cómo pensar que la amada de un
gran caballero andante pueda ser vieja y
de tez amarillenta. Y
no toma ocasión su amarillez de estar con el mal mensil ordinario en las
mujeres, porque ha muchos meses,
y aun (sic) años que no le tiene ni asoma por sus puertas. (Cervantes 1967:
1350) Si
no menstrúa Belerma es porque ha envejecido a lo cual se
suman los dientes que “mostraban ser ralos y no bien dispuestos”
(Cervantes 1967: 1352), y esta imagen de acabamiento y destrucción físicas se
asemeja con mucho a “ver esas encías sangrantes de la vieja, esas encías sin
dientes”( Fuentes 1994: 42); ambas están en la visión atormentada de Don
Quijote y de Felipe, y tal parecen
superposiciones fotográficas de corte surrealista entre mujeres jóvenes y
vitales, y viejas y deterioradas. Es que para los dos textos alucinación,
encantamiento, vejez e ideal de juventud y belleza se entrelazan en un espacio mítico
que representa relaciones extraliterarias como bien pudieran ser la visión nostálgica
de la gloria perdida en Cervantes y el caos de un mundo deshumanizado en las
miras de Fuentes. Y
en estos razonamientos sobre visiones de ambos creadores pudiera hablarse todavía
de la relación que se establece entre la gloria perdida del militar, su sentido
del honor y la amada a la que se ofrendan las glorias, pues Dulcinea y Aura se
emparejan en un sentido de violencia que derrumba los sueños de ambos amantes:
tanto Don Quijote como Felipe son impotentes ante la imagen de Dulcinea como la
“mejor saladora de puercos del Toboso” que la pide dinero prestado a su héroe
y que – peor aún - este no tiene para prestarle; y de Aura que “degüella y
despelleja un chivo, quema gatos para excitarse sexualmente y cuida con dedicación
plantas narcóticas y venenosas”. Por
supuesto, esta visión conduce a la derrota del ideal y en los dos casos se
reafirma que la belleza y la juventud solo pueden dar frutos a través del
encantamiento, a través de la magia alucinada, a través de la visión onírica,
en un caso de un loco y en otro de un obcecado. No obstante, como ideal vale
porque ambos personajes logran sostenerse y constituir, dentro de sus mágicos e
intangibles mundos - como el título de la obra de Fuentes corrobora a manera de
imagen -, la perpetuidad humana pues para ellos ese es el ideal y ese, su valor:
lo imperecedero y eterno de la belleza del ideal del hombre. OBRAS
CITADAS Cervantes
Saavedra; Miguel: Obras Completas, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la
Mancha. Edición Aguilar, España, 1967. Fuentes,
Carlos: Aura, Alianza Editorial, Madrid, 1994. NOTAS 1.
La Narratología Hoy: El estatuto del personaje. Funciones de personajes. *
Funciones de personajes: matrimonio, marca.
UNIVERSIDAD
DE GRANMA FACULTAD
DE CIENCIAS SOCIALIES Y HUMANÍSTICAS DATOS
DE LOS AUTORES: Esther
Florentina Blanco Serrano, Profesora Auxiliar del Departamento de Idiomas de la
Facultad de Ciencias Sociales y Humanísticas y Directora de Información Científico
Técnica de la Universidad de Granma; Mario
Eugenio Rodríguez Aguilar, Profesor Auxiliar del Departamento de Marxismo –
Leninismo de la Facultad de
Ciencias Sociales y Humanísticas de la Universidad de Granma; Maritza Núñez Arévalo,
Profesora Instructora del Departamento de Idiomas de la Facultad de Ciencias
Sociales y Humanísticas de la Universidad de Granma Carretera
Central Manzanillo- Bayamo, Kilómetro 17 ½, Bayamo, Granma Cuba. Dirección
postal: Hermanos Marcano No 58 e/ José Joaquín Palma y Donato Mármol, Bayamo,
Granma, Cuba. CP 10100 1
E-mail: tete@udg.co.cu
y quijotete@yahoo.es
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E-mail: mera@udg.co.cu 3E-mail:
melizav@udg.co.cu
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