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Tecnología y Medios de Comunicación: ¿Cambio en los Métodos o en los Contenidos?
Resumen Las
tecnologías de la información inciden sobre el ejercicio periodístico y sobre
los medios, posibilitando que surjan nuevas formas de hacer periodismo, y
mayores posibilidades de investigación. Pero existe un control por parte de
agentes políticos y económicos que evita un cambio en los contenidos. Dichos
cambios se hacen necesarios, y comienzan a manifestarse en los medios digitales
y alternativos, cuyos mensajes difieren mucho de los medios tradicionales. ¿Cambio
en los Métodos o en los contenidos? Actualmente
las nuevas tecnologías ejercen alguna influencia o implican cambios en la mayoría
de las actividades del mundo civilizado. Los avances tecnológicos que se
desarrollan y expanden con mayor celeridad son los referentes al manejo, obtención,
almacenaje, intercambio y difusión de datos e información. Esto ha supuesto un
importante vuelco en la labor de los comunicadores sociales y en el
desenvolvimiento de los medios de comunicación social de todo el mundo. En este
sentido podemos observar cómo la globalización y la tecnología hacen posible
que surja un nuevo perfil de periodista o comunicador, con muchas más
posibilidades para la investigación y el intercambio, así como también han
determinado la aparición en todo el planeta de medios de comunicación
alternativos y medios digitales y junto
a ellos, nuevas formas de hacer y percibir el periodismo. Pero a este respecto
podemos preguntarnos: ¿la innovación tecnológica ha profundizado y sincerado
el contenido de los
mensajes o simplemente ha transformado la manera en que se obtienen y distribuyen tales mensajes? A grandes
rasgos, todo parece indicar que se trata de un mero cambio en los métodos. Los
periodistas y medios de comunicación como parte de una sociedad tecnológicamente
avanzada tienen la obligación de ofrecer mensajes menos superficiales como
resultado de una investigación que se vislumbra muy accesible. La digitalización
del quehacer periodístico debería
“conducir a que la actual noción de noticia evolucione hacia otras
significaciones que contemplen la implicación, la contextualización y la
documentación del hecho, es decir, ir más allá de su limitada enunciación.”1
El
control de los mensajes en la “Sociedad de la Información” Los
defensores de la llamada Sociedad del Conocimiento, cuyo advenimiento atribuyen
a la aparición del poderoso sector de la informática coinciden en que las
“tecnologías también permitirán establecer un equilibrio en la participación
social de los ciudadanos, haciendo posible una mayor descentralización y
democratización del consumo social de la información, convirtiéndola en un
poder en manos de todos” .2 Pero ellos no parecen haber tomado en
cuenta dos factores de suma importancia: primero, la gran cantidad de
“basura” que se ha transmitido y sigue transmitiendo no sólo a través de
los medios tradicionales sino ahora también en la red; segundo, el control,
influencia y homogeneidad impuestos por las grandes empresas internacionales de
noticias, así como por los poderes económicos y políticos de las naciones.
Dicho control se ejerce con mayor facilidad cuanto más se lo permite la
tecnología y además limita la calidad y veracidad de la información que los
periodistas pueden brindar, más allá de la diversidad, facilidad, rapidez,
instantaneidad y accesibilidad que ofrecen las TIC. Por estas y otras razones,
para la Federación Internacional de Periodistas la globalización, el uso de la
tecnología y la concentración de los medios “pone el control de las fuentes
de información mundial en manos de un pequeño número de empresas,
restringiendo así la diversidad y el pluralismo”3, lo cual se
opone a la visión optimista antes expuesta. Un
claro ejemplo de lo anterior fue el papel de los medios durante la crisis del 11
de septiembre en el World Trade Center. ¿Qué uso hicieron los m.c.m de las
bondades tecnológicas a la hora de transmitir a los espectadores lo que allí
ocurría? La mayoría de los medios del mundo occidental se valieron de la
tecnología sólo para tener la capacidad de difundir un mensaje y punto de
vista único e instantáneo del atentado, eliminando cualquier posibilidad de
refutación y dejando de lado la posibilidad de una verdadera investigación de
los hechos, obviando para ese fin los recursos tecnológicos. Básicamente se
impuso como verdad absoluta que en el mundo árabe se anidaba el mayor peligro
terrorista del mundo, que Bin Laden era el culpable de todo lo acontecido, y que
era ineludible emprender una lucha implacable contra los enemigos de EUA y de la
Humanidad. Sin
embargo, serios investigadores se propusieron hacer un estudio exhaustivo de la
crisis del 11-S. Por ejemplo el periodista francés Thierry Meyssan, en su libro
La Terrible Impostura4 valiéndose principalmente de lo
difundido en los medios y de los sitios web oficiales de organismos de defensa y
de gobierno de los Estados Unidos, demuestra graves alteraciones, omisiones e
incongruencias voluntarias en los mensajes de los voceros estadounidenses, así
como de la prensa y televisión. Volviendo al tema que nos atañe, nos
preguntamos por qué las agencias de noticias se conformaron con esa verdad
escueta y no utilizaron todos esos hermosos y accesibles instrumentos que las
nuevas tecnologías ofrecen para investigar lo ocurrido en Nueva York y ofrecer
diversidad de puntos de vista e información fidedigna, de manera que esas
tecnologías se tradujeran en beneficios no sólo para medios y periodistas,
sino también para el ciudadano común, el público, tal como pudo hacerlo
aisladamente Meyssan. Esto
mismo ocurre con la guerra en Irak, con la situación política venezolana, con
la mayoría de los acontecimientos mundiales. Observando el asunto en el ámbito
global, nos damos cuenta de que mientras exista un poder que controle lo que se
puede decir y lo que no, o lo que debe o no ser investigado, las nuevas tecnologías
de la información no van a cambiar al comunicador social, al periodista o a los
medios en sus cimientos, sino que solamente van a facilitar y ampliar sus
posibilidades en cuanto a la manera de hacer periodismo, mientras que el
contenido siempre se verá limitado por factores políticos y/o económicos. El
necesario nuevo perfil del comunicador
Ahora
bien, si dejamos atrás la influencia de las TIC a gran escala y nos centramos
en casos más puntuales y discretos, pero no menos importantes, encontraremos
que la era digital ha posibilitado la aparición de una forma distinta de
concebirse a sí mismos algunos periodistas, y una manera más amplia y sincera
de desarrollar su profesión, hecho que trae consigo a un nuevo tipo de receptor
(el usuario), menos pasivo y más participativo que su predecesor. Aunque
existen muchas críticas hacia el fenómeno de la globalización, debe
reconocerse que este proceso ha permitido la propagación de la cultura tecnológica
a la mayoría de los países del mundo, aunque en unos con menor magnitud que en
otros. Esta diseminación tecnológica ha sido pieza crucial en la puesta en
marcha de modestos medios de comunicación, que por convención son llamados
“alternativos”, los cuales ofrecen la oportunidad de convertir al receptor
en usuario, si se trata de medios digitales, o en colaboradores, si hablamos de
medios comunitarios. Aunque se trata de una tendencia joven, puede verse que por línea general, en estos medios comunicacionales los contenidos sí se han diversificado y pluralizado, y se hace evidente en muchos de ellos el uso de la gran base de datos que representa la Internet para hacer investigación, así como también es notorio que los periodistas y otros profesionales se valen de la capacidad de intercambio intelectual que les proporciona la red. Asimismo la participación del público es crucial en los medios alternativos, sobre todo en los digitales, dado que sólo con estar conectado el usuario es capaz de transmitir una respuesta, de hacer propuestas, de manera inmediata. Según
el comunicador venezolano Enrique Rivas, reportero gráfico del diario Panorama,
“los medios alternativos no sólo son producto de la innovación tecnológica,
sino también de la imperiosa necesidad de mejorar, diversificar y hacer más
accesibles los contenidos, de hacer propuestas distintas a las manejadas por los
entes de comunicación masiva más poderosos”. Se hace necesaria entonces una
nueva generación de periodistas que sepan concebirse a sí mismos como
profesionales capaces de aprovechar los beneficios de la era digital para
constituirse no en un poder manipulador, sino en un poder intelectual que deje
de lado esa conducta mediática “prefabricada” que tanto vemos en la
actualidad, y se conviertan en verdaderos investigadores y educadores al
servicio de la comunidad mundial. NOTAS
(1)
Tomado de El futuro del periodismo frente a la digitalización de la
información. Trabajo publicado en http://www.academiaperiodismo.org.ar/publicaciones/ (2)
PINEDA, Migdalia. Sociedad de la Información. Nuevas Tecnologías y
Medios Masivos. Ediluz, Maracaibo, 1996, p.43. (3)
Puede verse en http://www.fiplaro.org.ve/globaliza.htm (4)
MEYSSAN, Thierry. 11 de septiembre de 2001. La Terrible Impostura.
Editorial El Ateneo, Buenos Aires, 2002. También puede consultarse en http://www.effroyable-imposture.net Autora: Morella
Rivas. Estudiante de Comunicación Social de la Universidad Rafael Belloso Chacín,
Maracaibo, Venezuela. E-mail: salmakys@yahoo.com
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