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Tasa de Mortalidad Infantil. Un indicador sintético de bienestar y desarrollo social

Resumen: Se presentan algunos datos históricos, comentarios y reflexiones respecto al tema en los que se conceptúa el indicador como expresión de desarrollo económico y social.
Palabras clave: mortalidad infantil, desarrollo social.

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Autor: Aliño Santiago, M. e Ibargollen Negrín, L.

Se presentan algunos datos históricos, comentarios y reflexiones respecto al tema en los que se conceptúa el indicador como expresión de desarrollo económico y social.

Palabras clave: mortalidad infantil, desarrollo social.

 

INTRODUCCIÓN

Al hablar de desarrollo social de una localidad, país, región o grupo poblacional es mandatario considerar el comportamiento de las tasas de mortalidad infantil, mediante el análisis de sus  estadísticas.

Para personas no conocedoras del tema, el término “infantil” pudiera prestarse a confusiones, interpretando que se refiere a las muertes ocurridas en la etapa de la infancia, no obstante los entendidos en la materia, conocen bien que ha sido empleado con un carácter estadísticamente mas limitado expresando solo el número de defunciones de menores de un año por cada mil nacidos, que ocurren en un período determinado y en un lugar específico.

Su comportamiento guarda estrecha relación y refleja desarrollo social y económico, por lo que se utiliza como medida de bienestar social,  desbordando los límites del sistema sanitario de una nación y de la medición numérica de un grupo de defunciones.

 

Desarrollo

Las causas que provocan muertes durante el primer año de vida son diversas, y se relacionan tanto con problemas relacionados con el ambiente, la infraestructura socio-económica y sanitaria de la sociedad, como con los  aspectos biológicos propios del individuo, de su salud general o en particular de la salud sexual y reproductiva.

Prácticamente nada o casi nada de lo que tiene que ver con la mortalidad infantil, escapa al desarrollo social, pués aún los fenómenos que se pretendiera atribuir directamente al  sistema sanitario no quedan fuera de este marco.

Por ser éste un grupo de edad vulnerable y por lo que implica la  supervivencia durante este período, traduce mas que la calidad de atención a un sector de la población, la calidad de un sistema sanitario.

Es requisito indispensable de las tasas de mortalidad infantil bajas, que exista una plataforma sociocultural que le sirva de sustento, en la que las responsabilidades familiar, comunitaria y social juegan un papel preponderante.

El acceso a agua potable, saneamiento ambiental y educación son premisas de la salud y de la reducción de la mortalidad infantil, de manera sostenible.

También, la accesibilidad a los servicios de salud, lo que tiene mucho que ver con el entorno socioeconómico y ejerce una influencia indiscutible en el comportamiento del indicador.

Poder planificar el número de hijos y el momento del embarazo, recibir atención prenatal calificada, favorecerse de la institucionalización del parto, de los programas de vacunación y  de la puericultura son derechos de todos los seres humanos que deberían ser garantizados por los gobiernos.

La atención al niño enfermo con los recursos necesarios y suficientes, puesto a su disposición con oportunidad constituye pilar  esencial en el logro de la reducción de la mortalidad infantil.

En Cuba mas de cuarenta años de desarrollo de un proyecto social que pone como centro de atención a los seres humanos ha permitido alcanzar resultados concretos y positivos que son fruto del esfuerzo conjunto de la sociedad y de la prioridad estatal otorgada a la protección de la niñez.

Estas razones explican las bajas tasas y la tendencia sostenida al descenso en medio de las dificultades que ha vivido el país, las que no han impedido que se ubique entre los de mas baja tasa de mortalidad en el mundo.  

Cuando hacemos una ojeada a los antecedentes históricos de los  empeños de la humanidad por cuantificar el evento de la muerte, encontramos que se remontan a la Inglaterra del siglo XVII.

Se afirma que allí, en el año 1661, Graunt, realizó un estudio referido al comportamiento de la mortalidad, resultando de sumo interés la identificación por su parte como dato sobresaliente el hecho de que un tercio de las  defunciones ocurrían antes de que los individuos cumplieran 5 años.

Mas tarde, esta observación se enriquece con el reporte de Buchan  en  el siglo XVIII , quien arriba a la conclusión en su investigación sobre mortalidad, que las defunciones infantiles representaban la mitad de las ocurridas en la población general.

Queremos acotar que para ese entonces el término no tenía la significación actual y que tampoco era producto de un acuerdo internacional, por lo que las interpretaciones deben tener en cuenta este punto.

En la Francia de la primera mitad el siglo XIX , surge un estudiosos del asunto, Villermé, que además plantea  la relación entre el ingreso promedio y la tasa cruda de mortalidad general como expresión de  vínculo  entre ambos aspectos, lo que ya a mediados de siglo era de aceptación en toda Francia donde se establecían claros vínculos entre el incremento de las tasas y el de los indicadores de pobreza y condiciones ambientales desfavorables.

En las postrimerías de XIX, el propio Villermé , reformula su planteamiento a la luz de análisis y consideraciones nuevas y  la tasa de mortalidad infantil sustituye a la tasa cruda de mortalidad como indicador de salud y bienestar social.

En el año 1880  se construye una definición de mortalidad infantil que en sentido general fue aceptada universalmente.

La idea fue ganando adeptos y como producto de profundizaciones hechas alrededor del fenómeno, en el siglo siguiente, Newsholme asegura que el índice más sensible para medir la administración sanitaria y el bienestar social de un país, es la tasa de mortalidad infantil, la que es apreciada como indicador de salud  comunitaria, eficiencia económica y bienestar  moral colectivo.

Desde entonces se ha asumido como punto de mira y objeto de atención y acción  y su comportamiento ha sido considerado como parámetro sintetizador del estado de salud y el bienestar de la población.

En Cuba , en la segunda década del siglo XX se señalaba la mortalidad infantil como el problema sanitario mas importante que afectaba al país, el que fue vinculado a la situación social existente.

Profesionales médicos, como Lebredo, relevaron con visionario enfoque salubrista, el valor de la educación sanitaria, la lactancia materna  y  la higiene ambiental, subrayando la necesidad de atender los problemas que aquejan a la población cubana, desde el año 1917.

Cinco años después, Ángel A. Aballi, figura cimera de la medicina cubana y en particular de la pediatría, calificó como la mayor vergüenza de nuestra sanidad, la elevada tasa de mortalidad infantil  que era observada en aquella época.

Estas realidades se someten a un proceso de transformación radical a partir de 1959, momento en el que se producen notables cambios en la salud pública  cubana.

En el fragor de estos se integran en un sistema único los componentes antes dispersos, se descentralizan los servicios y se crean las condiciones para que accedan a ellos todos los cubanos y cubanas, eliminando las barreras geográficas, económicas, políticas, sociales y de cualquier otro tipo. 

Según cifras no confiables ya que se presupone esconden un subregistro obvio dada la organización o mas bien desorganización sanitaria del país, se calcula que para 1960 la tasa de mortalidad infantil del país era alrededor de 60.

Desde estos primeros años, se materializa la decisión gubernamental de priorizar la salud de la madre y el niño, implementándose acciones y programas que en la medida en que alcanzaban sus metas iniciales se iban trazando nuevos propósitos, cada vez mas ambiciosos.

Se establecen programas de inmunizaciones, y de lucha contra las gastroenteritis, que evolucionaron, a escalas mas avanzadas en el campo de la salud maternoinfantil, de tal manera que se norman un grupo de procederes en Pediatría, por considerarse necesario en aquel momento, a fin de aproximarse a un modelo de calidad en las actuaciones médicas, especialmente en el orden de la terapéutica, después se elabora en el oriente del país, un programa de reducción de la mortalidad infantil que mas tarde se implementa y generaliza a la nación.

Como consecuencia de dicha implementación se fue enriqueciendo y perfeccionando, sirviendo de antecedente a otro más abarcador que se pone en práctica en 1980, el que se bautizó con el nombre de Programa de Atención Materno-Infantil y que con actualizaciones y transformaciones a tono con las demandas de cada momento  se mantiene en la actualidad.

La experiencia acumulada y la posibilidad de buscar alternativas nuevas que permitieran seguir reduciendo la mortalidad infantil y mejorando la calidad de vida de la niñez, llevaron a efectuar diversos análisis de la estructura de mortalidad y factores relacionados, por lo que conocedores de la influencia del bajo al nacer en la mortalidad, los expertos en el tema diseñaron a  principio de los ochenta, un programa cuyo objetivo era reducir el bajo peso al nacer , el que de inmediato de puso en vigor en el país.

Los hogares maternos instituciones que surgieron como una respuesta a la necesidad de acercar las gestantes a las instituciones hospitalarias, a fin de lograr el parto hospitalario, devinieron en escenario fundamental de  recuperación nutricional de las embarazadas en la década del noventa y se convirtieron además en verdaderas escuelas de educación sanitaria para las madres entre cuyos objetivos fundamentales estuvo la promoción, fomento y protección a la lactancia materna y el autocuidado de la salud.

La apertura de salas de cuidados perinatales en un período anterior también puede ser considerada un estrategia acertada en la reducción de la mortalidad infanti, así como la instrumentada en la década del 80, con la inauguración y funcionamiento de  de las salas de cuidados intensivos pediátricos en todo el país, la introducción y generalización de la maduración pulmonar y el uso de surfacén, la inclusión en el programa de inmunizaciones de las vacunas antimeningocóccica primero y contra el H. Influenzae después y la formación de miles de profesionales médicos , de enfermería y otros técnicos de la salud.

A la par, fuera del sistema sanitario, se incrementaron las escuelas y con ello el nivel de instrucción de la población, se abrieron universidades, se desarrollaron instituciones dedicadas a la investigación cuyos resultados tributaron también a la salud maternoinfantil, se amplió la red de alcantarillados, la cobertura de electricidad y agua potable se incrementó, el acceso a la cultura y el deporte se hizo universal, los medios de comunicación masiva participan activamente de la promoción de estilos de vida mas saludable en general y en particular en la salud reproductiva, por solo citar algunos ejemplos.

Tantos las transformaciones dentro del sistema sanitario como en el resto de los sectores sociales tienen un denominador común y es el desarrollo socioeconómico y cultural de la nación, pero el énfasis está en la prioridad que la sociedad y el estado dan a la salud infantil. Lo cual sin dudas es también el resultado de una cultura de humanismo.

 

Conclusiones

El desarrollo social y económico es fundamental para la consecución de la reducción de la tasa mortalidad infantil, pero no es suficiente, ya que la igualdad de oportunidades de supervivencia y la prioridad que los gobiernos otorguen a la salud infantil y de las madres gestantes, es una determinante significativa.

Las principales causas de mortalidad infantil en el mundo, no son las afecciones perinatales, sino, la pobreza, producto de la desigualdad repartición de la riquezas, el discriminado acceso a  la paz, la nutrición, la educación y a servicios básicos de salud.

 

BIBLIOGRAFÍA

1.       Ministerio de Salud Pública. Dirección Nacional de Estadísticas. Factores de riesgo asociados a la mortalidad infantil. Ciudad de la Habana 1988.

2.      La Salud Pública en Cuba. Hechos y cifras. Dirección Nacional de Estadísticas. Minsap. La Habana, Cuba. 1993.

3.      Aldereguia, Henríquez, J. Córdova, Varar, L y Meizoso, E, Tendencias contemporáneas de la mortalidad infantil. Reservas para su disminución ulterior. Minsap. La Habana 1986.

4.      Ministerio de Salud Pública. Programa Nacional de Atención Materno-Infantil. La habana, Cuba, 1983

5.      Ministerio de salud Pública. Programa de reducción del Bajo Peso. La habana, Cuba.

6.      De la Torre Montejo, E., Colección de Temas de Pediatría. Tomo 5. ed. Pueblo y Educación, La Habana 2000.

 

 

Aliño Santiago, M. *      Ibargollen Negrín, L.**

 

* Profesora de Pediatría del ISCM de La Habana

Especialista de Segundo Grado en Pediatría

** Profesora de Pediatría del ISCM de La Habana

Especialista de Primer Grado en Pediatría

 

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