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La identidad cultural en una proyección axiológica y formativa

Resumen: En estas páginas se presentan algunas ideas sobre la identidad cultural en su relación con la formación de valores para contribuir a la elevación de la preparación teórica de los maestros y profesores que tienen la hermosa tarea de formar los niños y jóvenes conforme a valores que los conviertan en genuinos herederos de la cultura local, regional y nacional; capaces de desarrollar y defender su identidad cultural del peligro mayor que le amenaza.(V)
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Autor: Lic. Lesbia López Álvarez y Otros Autores

Resumen

En estas páginas se presentan algunas ideas sobre la identidad cultural en su relación con la formación de valores para contribuir a la elevación de la  preparación teórica de los maestros y profesores que tienen la hermosa tarea de formar los niños y jóvenes conforme a valores que los conviertan en genuinos herederos de la cultura local, regional y nacional; capaces de desarrollar y defender su identidad cultural del peligro mayor que le amenaza.

La humanidad ha cumplido sus primeros 2000 años después de Cristo amenazada de un peligro mayor; un país: Estados Unidos. Este pretende convertirse en metrópolis universal y un modelo de cultura trata de imponerse como única cultura a escala mundial. Los tambores de la globalización neoliberal tocan atronadoramente a las puertas de los pueblos y naciones. Nunca antes la cultura se había visto tan amenazada; las legiones del imperio romano en la antigüedad, las expediciones de conquista y colonización de América y las ordaz nazis arrasando  y sometiendo pueblos enteros son superadas en capacidad destructiva. Sus lanzas, barcos y bombas no tuvieron el alcance y la velocidad de traslación que hoy tienen los mensajes en Internet.

Esta situación repercute en el debate científico finisecular último, situando la problemática de la comunicación entre culturas y el tema de la identidad cultural entre las principales preocupaciones de especialistas de muy diversas disciplinas. En América Latina y en Cuba esta problemática adquiere especial significado por su condición de cultura fuertemente amenazada. En Cuba, los investigadores de importantes centros de estudio de la cultura y universidades han profundizado en el tema y sus resultados han sido divulgados en publicaciones periódicas y algunas monografías. Todo el empeño dirigido a la preservación de la identidad nacional cubana sería estéril si no se cultivan en la escuela los valores de identidad por lo que lo realizado en el campo de la investigación y la divulgación debe complementarse con la labor educativa en la escuela.

Resulta muy difícil determinar un primer momento o punto inicial en el origen del concepto identidad cultural. Su formación está dada a través de una continuidad de ideas que se han ido complementando y desarrollando en el tiempo. El mismo toma fuerza y adquiere características especiales a partir del interés diferenciador de los pueblos nuevos con respecto al eurocentrismo y al panamericanismo. Su explosión en la década del 60 y 70 del pasado siglo, cuando aparece en los primeros planos del quehacer científico el problema de la comunicación entre las culturas, no es más que una re-explosión y resurgimiento del mismo.

La identidad cultural  no fue importada como concepto y concepción a la América Latina, sino que nació de ella en el siglo XIX. Se pueden destacar algunos momentos importantes en el desarrollo de las ideas en torno a la identidad cultural, como son las expresadas por Simón Bolívar y José Martí, las cuales pueden encontrarse en muchas de sus obras, como el connotado discurso de Angostura y el artículo “Los Códigos Nuevos”, publicado en Guatemala, 1877.

Existe una multiplicidad de definiciones de Identidad cultural pero, teniendo en cuenta su grado de significación para un fin educativo como el que se propone, se citan en extenso a continuación dos:

Maritza García Alonso y Cristina Baeza Martín en su libro  Modelo teórico para la identidad cultural la definen de la siguiente forma: “Llámese identidad cultural de un grupo social determinado (o de un sujeto determinado de la cultura) a la producción de respuestas y valores que, como heredero y trasmisor, actor y autor de su cultura, éste realiza en un contexto histórico dado como consecuencia del principio sociopsicológico de diferenciación - identificación en relación con otro(s) grupo(s) o sujeto(s) culturamente definido(s).” (1996:17-18)

La investigadora Carolina de la Torre incorpora lo siguiente: “Cuando se habla de identidad de algo, se hace referencia a procesos que nos permiten suponer que una cosa, en un momento y contexto determinados,  es ella misma y no otra (igualdad relativa consigo misma y diferencia –también relativa- con otros), que es posible su identificación e inclusión en categorías, y que tiene una continuidad (también relativa) en el tiempo. Todo lo cual no tiene que implicar ninguna concepción estática, fundamentalista o esencialista. En el caso de   las subjetivas, habría que añadir que la identidad no solamente supone que un individuo (o un grupo) es el mismo y no otro, sino, sobre todo, que tiene conciencia de ser él mismo en forma relativamente coherente y continua a través de los cambios.” (2002:29)

Estos conceptos refieren algunos rasgos importantes de la identidad cultural que permiten comprenderla en su condicionamiento social, histórico y psicológico: primero,  aunque suele y puede hablarse de identidad haciendo referencia solo a los objetos, el fenómeno total incluye al sujeto, el alter con el cual se comunica, la herencia cultural de este y la actividad, de la cual los objetos son su resultado; segundo, se habla de proceso y, por tanto, de cambio, es producto del devenir histórico y atraviesa distintas etapas, continuamente se está reproduciendo, situación que le permite desarrollarse, enriquecerse o debilitarse e incluso desaparecer y tercero, se habla de tener conciencia de sí mismo. Por tanto, cuando se habla del fenómeno de la identidad cultural más bien se hace referencia a un conjunto de fenómenos que comprende.

El problema de la identidad cultural no puede reducirse al de la identidad nacional. La identidad cultural refiere un proceso que tiene lugar en distintos niveles. Puede hablarse de identidad respecto a un grupo primario (identidades fenoménicas), una subregión, una región, una nación, una región supranacional. La formación de identidades supranacionales es posible porque es un fenómeno social que, a partir de la existencia de intereses culturales comunes, permite la integración de grupos nacionales afines. Al abordar las identidades regionales deben tenerse en cuenta elementos tales como: las características del medio geográfico; el acondicionamiento que establecen estas características a la relación del sujeto con el medio y a la propia relación entre sujetos, y los aspectos demográficos.

La identidad es diferenciación hacia afuera y asunción hacia adentro. Existe la identidad cuando un grupo humano se auto define, pero a la vez es necesario que sea reconocido como tal por los demás. No significa completa homogeneidad entre sus miembros, ella no niega la diversidad, la heterogeneidad en su seno; aunque predomine lo común como regularidad.

La identidad presenta distintos niveles de concreción, se refleja en la vida cotidiana y en la cultura popular y adquiere vuelos a través de la creación intelectual del grupo portador. Esta producción, sin embargo, sería huera y vacía, si no sentara sus bases en el elemento popular.  Se sustenta en la subjetividad humana, que constituye un factor de objetivación práctico social de los valores. El individuo no solo se reconoce como miembro del grupo;  sino que se percata de su cercanía con respecto a los demás miembros de su comunidad.

La identidad es dialéctica y, por tanto, contradictoria. Tiene una "estructura dialéctica compleja, en ella las formas superiores contienen o reflejan, de alguna manera, las inferiores. La misma parte de elementos simples como ajuares domésticos, las vestimentas, etc.; se manifiesta en la idiosincrasia, las costumbres, las tradiciones y el sistema de valores; marca la cultura popular y se expresa teóricamente  en el pensamiento nacional y las creaciones artístico - literarias de la comunidad humana. ”A. Laurencio (2001: 24- 25).

La identidad cultural tiene una estrecha relación con la axiología. Los valores son un importante y auténtico componente de la identidad, aunque la escala de valores que ella contiene no tiene que ser solo ética. La identidad cultural es un macro valor que puede referirse a la ideología, la espiritualidad y la conciencia de los grupos humanos. De esta forma los estudios realizados por la axiología y otras ciencias en torno a los valores y su formación aportan importantes referentes para proponer  una concepción didáctica dirigida a desarrollar la identidad cultural.

El tratamiento de los problemas axiológicos ha sido objeto de  análisis desde la antigüedad (Sócrates, Platón, Demócrito, Aristóteles) en la  medida  en  que  el hombre    fue abordando los problemas  éticos, políticos y sociales, entre los más significativos. Las  concepciones en torno a los valores fueron  modificándose  en correspondencia con las  diferentes interpretaciones  filosóficas  de  que fueron objeto.

A  partir de la segunda mitad del siglo XIX la axiología  pasó  a ocupar  un  lugar propio, independiente, dentro de la Filosofía Burguesa. Paciano Fermoso (1982) ubica temporal y espacialmente el surgimiento de la axiología en la Alemania de fines del siglo XIX, y agrega que es una disciplina filosófica colocada por diferentes teóricos en diferentes campos: Metafísica, Ética, Estética y Antropología Cultural. Ubica como sus escuelas iniciadoras la Austriaca y la Neokantiana de Baden. La escuela Austriaca encabezada por Meinong (1853- 1921) y Ehrenfels (1848- 1915) representó la tendencia subjetivista  y equiparó el valor al deseo despertado por las cosas. La escuela Neokantiana de Baden (aquí coincide con Fabelo 1988) representada por Wildenband (1848- 1915) y Riskert (1863- 1936) distinguió las ciencias culturales de las ciencias naturales; para ellos los valores tienen un carácter normativo y absoluto, valor y valer son las mismas cosas, pues el valer es un valor ideal, universal y necesario, independiente de nuestra apreciación. Fermoso hace referencia  a los movimientos axiológicos que tuvieron lugar en los finales del siglo XIX. 

Los clásicos del Marxismo no abordaron directamente los problemas axiológicos, pero sus postulados sobre la correlación de lo objetivo y lo subjetivo  en el desarrollo social sirve de base para la comprensión de la objetividad de los valores; el análisis crítico del sistema de valores del capitalismo sirve de fundamento para la elaboración del sistema de valores universales; la teoría científica de los valores económicos expuesta magistralmente en “El Capital” y el postulado leninista sobre el papel de la posición de clases del sujeto valorante en la valoración de un fenómeno sirven de sustento para la elaboración de la teoría general de los valores.

La filosofía marxista, en busca de una concepción científica que diera respuesta a los problemas axiológicos desarrolla un conjunto  de ideas,  criterios, posiciones y debates teóricos contrapuestos a lo sustentado por la axiología burguesa. Es necesario reconocer la labor investigativa de filósofos de los países  exsocialistas, fundamentalmente de la antigua URSS. En el pensamiento axiológico latinoamericano se expresan diferentes reflexiones en torno a los valores y su modo de expresión ante la realidad socio - histórica que enfrenta la comunidad de la región. Es importante destacar la  contribución en este campo de prestigiosos filósofos cubanos.

 El  análisis de los resultados de las investigaciones  realizadas relacionadas con los valores y su proceso de formación, así  como el  estudio  de  las principales tesis o postulados  que  están presentes en este campo; Fabelo Corzo (1989); Rodríguez (1989);  Pupo (1990); Chacón (1995), permiten esclarecer  desde  posiciones teóricas  algunos  presupuestos esenciales  necesarios  para  una mejor comprensión de los problemas axiológicos.

José Ramón Fabelo Corso establece la diferencia y la relación entre valor y valoración y aporta un concepto de valor que se asume como de gran importancia hasta este punto de la investigación: “Por valoración comprendemos el reflejo subjetivo en la conciencia del hombre de la significación que para él poseen los objetos y fenómenos de la realidad. El valor, por su parte, debe ser entendido como la significación socialmente positiva de estos mismos objetos y fenómenos”. (1989: 18)

Los  valores  son  consustanciales  al  humanismo;   resulta necesario en cualquier doctrina humanista abordar este problema. No pueden ser analizados al margen de la práctica y el conocimiento humano, sino a partir de las necesidades  humanas que se generan en ese mismo proceso. No se puede hablar de valor sin valorización, todo lo cual  se alcanza en la actividad práctica cognoscitiva.

Los  valores  tienen un carácter  histórico - concreto,  no  son valores de por siempre, ni desde siempre. Por  un  lado, expresan las necesidades cambiantes del hombre y, por el otro,  fijan la  significación  social positiva de los fenómenos  naturales  y sociales para  la existencia y el desarrollo  progresivo  de  la sociedad.  (Fabelo Corzo: 1989).

El  problema de los valores puede entenderse a  partir  de  la relación sujeto valorante - objeto de valor (entendido el  objeto en toda su dimensión, incluido el propio hombre). Metodológicamente los valores pueden subdividirse en materiales y espirituales; en ellos se expresa la dialéctica de lo objetivo y lo subjetivo. Los valores son siempre objetivos por su contenido y por su función en la práctica social.

“El pensamiento axiológico va más allá del simple reflejo de las relaciones sociales, se construye como complejidad en la que se entrelazan fenómenos de tipo colectivo e individual.  Dialéctica que obliga a no fijarlo y reducirlo exclusivamente a su condicionamiento social, si no a ir más allá, y comprenderlo como resultado de las interrelaciones del individuo y la sociedad.  Por ello, en el pensamiento axiológico deben incluirse, de alguna manera, los sistemas subjetivos de valores, en relación dialéctica con los valores objetivos de la sociedad en su conjunto”. S. García (1999)

Los  valores, en tanto constituyen expresión de  las  necesidades del  sujeto, no pueden ser comprendidos y analizados al margen  de la  subjetividad. Aproximarse a estos elementos requiere de una fundamentación psicológica y pedagógica. “...es inadmisible cualquier pretensión teórica de distinguir los valores alejados de la realidad sociocultural que los condicionan...”. Así, desde el plano formativo los valores “deben asumirse como un conjunto de normas, cualidades o requisitos a cumplir por un individuo en una sociedad históricamente determinada, en correspondencia con las normativas axiológicas y los preceptos éticos que ella misma defiende.” A. Laurencio (2002: 9)

Cuando la educación valoral es asumida como proceso formativo integral y su concreción se advierte  en la instrucción, educación y desarrollo, entonces los valores adquieren tal magnitud que pueden considerarse importantes bases sociofisiológicas de la educación.

En el aspecto pedagógico los valores constituyen un componente esencial de la educación. Toda acción educativa presupone o refuerza una ética, escoge o rechaza ciertos valores, representa una elección valoral y denota las pretensiones axiológicas de su ejecución; en el orden gnoseológico,  la función educacional denota su proyección formativa, sustentada en los recursos inalienables  que brinda un sistema de valores imperante. La objetividad científica impide la confusión entre los juicios del conocimiento y los juicios de valor, que están unidos inevitablemente en la acción.

Esther Baxter analiza el valor como “algo muy ligado a la propia existencia de la persona, que afecta su conducta, configura y modela sus ideas y condiciona sus sentimientos, actitudes, y sus modos de actuar.”  G. García (2002: 193). El valor es el significado social que se le atribuye a las cosas en el proceso de la práctica social en una sociedad determinada. En este sentido, adquieren relevancia al nivel de individuo las orientaciones valorativas, que es el valor hecho consciente.

Por su parte Gilberto García Batista recomienda un conjunto de principios y premisas para ser tomados en cuenta durante el proceso de formación de valores en la escuela: Estos principios son:

  • La unidad de lo afectivo y lo racional.

  • La unidad de la actividad con la comunicación.

  • La unidad de lo instructivo y lo educativo.

  • La elevación del carácter científico del contenido.

  • El carácter contradictorio entre la asimilación individual del sujeto en condiciones colectivas de ejecución.

  • La interacción de la ejecución con la vida social y el trabajo.

Como premisas propone las siguientes:

  • La formación de valores sólo es posible mediante acciones conjuntas;

  • Cada individuo es una personalidad y se autodetermina;

  • Ayudar no es decidir por otros y

  • Se violenta la ética cuando se tratan de imponer los valores.

Atendiendo al estudio realizado del fenómeno de la identidad cultural con una proyección axiológico-formativa es atinado precisar que:

  • La formación dentitaria de los niños y jóvenes debe insertarse en el trabajo  formativo integral de la escuela.

  • La formación de la identidad cultural solo es posible en el marco de las relaciones sociales, siendo la comunicación muy importante en este proceso.

  • Es básica la relación del estudiante como sujeto cognoscente y valorante con los objetos propios de su cultura  y de otras culturas.

  • En este proceso, junto al componente cognoscitivo, es necesario trabajar en el plano afectivo.

  • El trabajo debe ser variado, diferenciado e individualizado.

  • La labor debe estar dirigida a hacer coincidir los valores sociales con los individuales.             

  • No se recomienda imponer gustos y costumbres que pertenezcan al pasado y ya no tengan significación como tales para los educandos.

  • Se consideran como indicadores para evaluar la formación de valores de identidad en los estudiantes: el autorreconocimiento de ellos como miembros del grupo o comunidad social; su crítica, rechazo o aceptación de los elementos de otra cultura y su participación activa en la producción de valores materiales y espirituales de su propia cultura.

 

Glosario de términos:

1.      El sujeto de la cultura: se refiere al hombre o grupo humano, socialmente organizado en cualquier nivel de resolución sociológica, que se comporta como heredero, autor, actor y trasmisor de una cultura condicionada geográfica e históricamente.

2.      El otro significativo: es otro sujeto de la cultura que existe y opera en una cultura dada, que actúa como alter en el proceso comunicacional.

3.      Sujeto de identidad: sujeto de cultura que, en el proceso de comunicación con el otro significativo, se ha diferenciado de éste y ha reconocido como sujeto actuante su identidad cultural.

4.      Actividad identitaria: un complejo proceso de acciones materiales y espirituales, que lleva a cabo el sujeto de cultura en el proceso de comunicación con otros sujetos de cultura.

5.      Los objetos de la cultura: son todas las producciones materiales y espirituales que el sujeto de la cultura elabora.

6.      Los objetos de identidad: son producciones materiales y espirituales del sujeto de identidad objetivadas.

7.      La comunicación, es una actividad básica en el proceso de identidad, a través de la cual los sujetos (sujetos y otros significativos) se relacionan.

8.      La producción de respuestas y valores, es la actividad donde se realiza el sujeto como miembro de una cultura dada, donde revela su carácter de autor y actor de su cultura a partir de la herencia recibida.

 

Bibliografía

·        Aguilar Fons, María. Necesidad de considerar las especificidades territoriales en la investigación de la identidad cultural y posibilidad de determinar sus variables.    

          En: Modelo teórico para la identidad cultural, Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana “Juan Marinello”, La Habana, Cuba, 1996.

·        Álvarez de Zayas, Rita Marina. El desarrollo de la identidad y el curriculum de Historia. Ponencia en Pedagogía, La Habana, 2001.

·        Baxter Pérez, Esther. Educación en valores. Papel de la escuela. En: Compendio de Pedagogía. Editorial Pueblo y Educación, Ciudad de la Habana, 2002.      de la Torre, Carolina. Identidad e identidades. En: Revista Temas No 28, La Habana, 2002.

·        Fabelo Corso, José Ramón. Acerca de la teoría marxista – leninista de los valores.En: ¿Es ciencia la filosofía?, Editora Política, La Habana, 1988.

·        ---------------------. Práctica, conocimiento y valoración. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1989.

·        Fermoso, Paciano. Teoría de la Educación, una interpretación antropológica. Ediciones CEAC, S.A. España.1982.

·        García Alonso, Maritza; Baeza Martín, Cristina. Modelo teórico para la identidad cultural, Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan          Marinello, La Habana, Cuba, 1996.

·        García Batista, Gilberto. ¿Por qué la formación de valores es también un problema pedagógico? En: Compendio de Pedagogía. Editorial Pueblo y Educación,     Ciudad de la Habana, 2002.

·        García Jerez, Sonia. Modelo pedagógico para la formación de valores profesionales a través del componente laboral de carreras pedagógicas. Tesis en opción al  título de Master. Manzanillo. 1999.

·        Laurencio, Amauris. La Historia Local de Holguín y su proyección axiológica en la secundaria básica. Tesis en opción al grado científico de Doctor en Ciencias   Pedagógicas, Instituto Superior Pedagógico José de la Luz y Caballero, Holguín.

·        Pupo Pupo, R.  La actividad como categoría filosófica. Ciencias Sociales, La Habana, 1990.

·        ------------------------.  Emancipación e identidad en el pensamiento latinoamericano (siglo XIX y principios del XX). En: Filosofía y Sociedad tomo II, Editorial Félix   Varela, La Habana, 2001.

·        Sánchez Linares, Felipe y otros. Lecciones de filosofía marxista – leninista. Tomo II. Editorial Félix Varela, La Habana, 2003

 

Instituto Superior Pedagógico

“Blas Roca Calderío”

Granma. Cuba.

Autores: Licenciado Joel López Rodríguez, Asistente.

              Licenciada Rosa Suárez Téllez, Asistente.

              Licenciada Lesbia López Álvarez,  Asistente.

              Licenciado José Antonio López Álvarez,  Asistente.

Fecha de realización: Junio de 2005.

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