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La identidad cultural en una proyección axiológica y formativa
Resumen En estas páginas
se presentan algunas ideas sobre la identidad cultural en su relación con la
formación de valores para contribuir a la elevación de la
preparación teórica de los maestros y profesores que tienen la hermosa
tarea de formar los niños y jóvenes conforme a valores que los conviertan en
genuinos herederos de la cultura local, regional y nacional; capaces de
desarrollar y defender su identidad cultural del peligro mayor que le amenaza. La humanidad ha
cumplido sus primeros 2000 años después de Cristo amenazada de un peligro
mayor; un país: Estados Unidos. Este pretende convertirse en metrópolis
universal y un modelo de cultura trata de imponerse como única cultura a escala
mundial. Los tambores de la globalización neoliberal tocan atronadoramente a
las puertas de los pueblos y naciones. Nunca antes la cultura se había visto
tan amenazada; las legiones del imperio romano en la antigüedad, las
expediciones de conquista y colonización de América y las ordaz nazis
arrasando y sometiendo pueblos
enteros son superadas en capacidad destructiva. Sus lanzas, barcos y bombas no
tuvieron el alcance y la velocidad de traslación que hoy tienen los mensajes en
Internet. Esta situación
repercute en el debate científico finisecular último, situando la problemática
de la comunicación entre culturas y el tema de la identidad cultural entre las
principales preocupaciones de especialistas de muy diversas disciplinas. En América
Latina y en Cuba esta problemática adquiere especial significado por su condición
de cultura fuertemente amenazada. En Cuba, los investigadores de importantes
centros de estudio de la cultura y universidades han profundizado en el tema y
sus resultados han sido divulgados en publicaciones periódicas y algunas
monografías. Todo el empeño dirigido a la preservación de la identidad
nacional cubana sería estéril si no se cultivan en la escuela los valores de
identidad por lo que lo realizado en el campo de la investigación y la
divulgación debe complementarse con la labor educativa en la escuela. Resulta
muy difícil determinar un primer momento o punto inicial en el origen del
concepto identidad cultural. Su formación está dada a través de una
continuidad de ideas que se han ido complementando y desarrollando en el tiempo.
El mismo toma fuerza y adquiere características especiales a partir del interés
diferenciador de los pueblos nuevos con respecto al eurocentrismo y al
panamericanismo. Su explosión en la década del 60 y 70 del pasado siglo,
cuando aparece en los primeros planos del quehacer científico el problema de la
comunicación entre las culturas, no es más que una re-explosión y
resurgimiento del mismo. La
identidad cultural no fue importada
como concepto y concepción a la América Latina, sino que nació de ella en el
siglo XIX. Se pueden destacar algunos momentos importantes en el desarrollo de
las ideas en torno a la identidad cultural, como son las expresadas por Simón
Bolívar y José Martí, las cuales pueden encontrarse en muchas de sus obras,
como el connotado discurso de Angostura y el artículo “Los Códigos
Nuevos”, publicado en Guatemala, 1877. Existe
una multiplicidad de definiciones de Identidad cultural pero, teniendo en cuenta
su grado de significación para un fin educativo como el que se propone, se
citan en extenso a continuación dos: Maritza García
Alonso y Cristina Baeza Martín en su libro Modelo teórico para la identidad cultural la definen de la
siguiente forma: “Llámese identidad cultural de un grupo social determinado
(o de un sujeto determinado de la cultura) a la producción de respuestas y
valores que, como heredero y trasmisor, actor y autor de su cultura, éste
realiza en un contexto histórico dado como consecuencia del principio
sociopsicológico de diferenciación - identificación en relación con otro(s)
grupo(s) o sujeto(s) culturamente definido(s).” (1996:17-18) La
investigadora Carolina de la Torre incorpora lo siguiente: “Cuando se habla de
identidad de algo, se hace referencia a procesos que nos permiten suponer que
una cosa, en un momento y contexto determinados,
es ella misma y no otra (igualdad relativa consigo misma y diferencia
–también relativa- con otros), que es posible su identificación e inclusión
en categorías, y que tiene una continuidad (también relativa) en el tiempo.
Todo lo cual no tiene que implicar ninguna concepción estática,
fundamentalista o esencialista. En el caso de
las subjetivas, habría que añadir que la identidad no solamente supone
que un individuo (o un grupo) es el mismo y no otro, sino, sobre todo, que tiene
conciencia de ser él mismo en forma relativamente coherente y continua a través
de los cambios.” (2002:29) Estos conceptos
refieren algunos rasgos importantes de la identidad cultural que permiten
comprenderla en su condicionamiento social, histórico y psicológico: primero,
aunque suele y puede hablarse de identidad haciendo referencia solo a los
objetos, el fenómeno total incluye al sujeto, el alter con el cual se comunica,
la herencia cultural de este y la actividad, de la cual los objetos son su
resultado; segundo, se habla de proceso y, por tanto, de cambio, es producto del
devenir histórico y atraviesa distintas etapas, continuamente se está
reproduciendo, situación que le permite desarrollarse, enriquecerse o
debilitarse e incluso desaparecer y tercero, se habla de tener conciencia de sí
mismo. Por tanto, cuando se habla del fenómeno de la identidad cultural más
bien se hace referencia a un conjunto de fenómenos que comprende. El
problema de la identidad cultural no puede reducirse al de la identidad
nacional. La identidad cultural refiere un proceso que tiene lugar en distintos
niveles. Puede hablarse de identidad respecto a un grupo primario (identidades
fenoménicas), una subregión, una región, una nación, una región
supranacional. La formación de identidades supranacionales es posible porque es
un fenómeno social que, a partir de la existencia de intereses culturales
comunes, permite la integración de grupos nacionales afines. Al abordar las
identidades regionales deben tenerse en cuenta elementos tales como: las
características del medio geográfico; el acondicionamiento que establecen
estas características a la relación del sujeto con el medio y a la propia
relación entre sujetos, y los aspectos demográficos. La identidad es
diferenciación hacia afuera y asunción hacia adentro. Existe la identidad
cuando un grupo humano se auto define, pero a la vez es necesario que sea
reconocido como tal por los demás. No significa completa homogeneidad entre sus
miembros, ella no niega la diversidad, la heterogeneidad en su seno; aunque
predomine lo común como regularidad. La identidad
presenta distintos niveles de concreción, se refleja en la vida cotidiana y en
la cultura popular y adquiere vuelos a través de la creación intelectual del
grupo portador. Esta producción, sin embargo, sería huera y vacía, si no
sentara sus bases en el elemento popular. Se
sustenta en la subjetividad humana, que constituye un factor de objetivación práctico
social de los valores. El individuo no solo se reconoce como miembro del grupo; sino que se percata de su cercanía con respecto a los demás
miembros de su comunidad. La identidad es
dialéctica y, por tanto, contradictoria. Tiene una "estructura dialéctica
compleja, en ella las formas superiores contienen o reflejan, de alguna manera,
las inferiores. La misma parte de elementos simples como ajuares domésticos,
las vestimentas, etc.; se manifiesta en la idiosincrasia, las costumbres, las
tradiciones y el sistema de valores; marca la cultura popular y se expresa teóricamente
en el pensamiento nacional y las creaciones artístico - literarias de la
comunidad humana. ”A. Laurencio (2001: 24- 25). La identidad
cultural tiene una estrecha relación con la axiología. Los valores son un
importante y auténtico componente de la identidad, aunque la escala de valores
que ella contiene no tiene que ser solo ética. La
identidad cultural es un macro valor que puede referirse a la ideología, la
espiritualidad y la conciencia de los grupos humanos. De esta forma los
estudios realizados por la axiología y otras ciencias en torno a los valores y
su formación aportan importantes referentes para proponer
una concepción didáctica dirigida a desarrollar la identidad cultural. El tratamiento de
los problemas axiológicos ha sido objeto de
análisis desde la antigüedad (Sócrates, Platón, Demócrito, Aristóteles)
en la medida
en que
el hombre fue
abordando los problemas éticos,
políticos y sociales, entre los más significativos. Las
concepciones en torno a los valores fueron modificándose en
correspondencia con las diferentes
interpretaciones filosóficas
de que fueron objeto. A
partir de la segunda mitad del siglo XIX la axiología
pasó a ocupar
un lugar propio,
independiente, dentro de la Filosofía Burguesa. Paciano Fermoso (1982) ubica
temporal y espacialmente el surgimiento de la axiología en la Alemania de fines
del siglo XIX, y agrega que es una disciplina filosófica colocada por
diferentes teóricos en diferentes campos: Metafísica, Ética, Estética y
Antropología Cultural. Ubica como sus escuelas iniciadoras la Austriaca y la
Neokantiana de Baden. La escuela Austriaca encabezada por Meinong (1853- 1921) y
Ehrenfels (1848- 1915) representó la tendencia subjetivista
y equiparó el valor al deseo despertado por las cosas. La escuela
Neokantiana de Baden (aquí coincide con Fabelo 1988) representada por
Wildenband (1848- 1915) y Riskert (1863- 1936) distinguió las ciencias
culturales de las ciencias naturales; para ellos los valores tienen un carácter
normativo y absoluto, valor y valer son las mismas cosas, pues el valer es un
valor ideal, universal y necesario, independiente de nuestra apreciación.
Fermoso hace referencia a los
movimientos axiológicos que tuvieron lugar en los finales del siglo XIX.
Los clásicos del
Marxismo no abordaron directamente los problemas axiológicos, pero sus
postulados sobre la correlación de lo objetivo y lo subjetivo
en el desarrollo social sirve de base para la comprensión de la
objetividad de los valores; el análisis crítico del sistema de valores del
capitalismo sirve de fundamento para la elaboración del sistema de valores
universales; la teoría científica de los valores económicos expuesta
magistralmente en “El Capital” y el postulado leninista sobre el papel de la
posición de clases del sujeto valorante en la valoración de un fenómeno
sirven de sustento para la elaboración de la teoría general de los valores. La
filosofía marxista, en busca de una concepción científica que diera respuesta
a los problemas axiológicos desarrolla un conjunto
de ideas, criterios,
posiciones y debates teóricos contrapuestos a lo sustentado por la axiología
burguesa. Es necesario reconocer la labor investigativa de filósofos de los países
exsocialistas, fundamentalmente de la antigua URSS. En el pensamiento
axiológico latinoamericano se expresan diferentes reflexiones en torno a los
valores y su modo de expresión ante la realidad socio - histórica que enfrenta
la comunidad de la región. Es importante destacar la
contribución en este campo de prestigiosos filósofos cubanos. El
análisis de los resultados de las investigaciones
realizadas relacionadas con los valores y su proceso de formación, así
como el estudio
de las principales tesis o
postulados que
están presentes en este campo; Fabelo Corzo (1989); Rodríguez (1989);
Pupo (1990); Chacón (1995), permiten esclarecer
desde posiciones teóricas
algunos presupuestos esenciales necesarios
para una mejor comprensión
de los problemas axiológicos. José Ramón
Fabelo Corso establece la diferencia y la relación entre valor y valoración y
aporta un concepto de valor que se asume como de gran importancia hasta este
punto de la investigación: “Por valoración comprendemos el reflejo subjetivo
en la conciencia del hombre de la significación que para él poseen los objetos
y fenómenos de la realidad. El valor, por
su parte, debe ser entendido como la significación socialmente positiva de
estos mismos objetos y fenómenos”. (1989: 18) Los
valores son
consustanciales al
humanismo; resulta
necesario en cualquier doctrina humanista abordar este problema. No pueden ser
analizados al margen de la práctica y el conocimiento humano, sino a partir de
las necesidades humanas que se
generan en ese mismo proceso. No se puede hablar de valor sin valorización,
todo lo cual se alcanza en la
actividad práctica cognoscitiva. Los
valores tienen un carácter
histórico - concreto, no son valores de por siempre, ni desde siempre. Por
un lado, expresan las
necesidades cambiantes del hombre y, por el otro,
fijan la significación social positiva de los fenómenos
naturales y sociales para
la existencia y el desarrollo progresivo
de la sociedad.
(Fabelo Corzo: 1989). El
problema de los valores puede entenderse a
partir de la relación
sujeto valorante - objeto de valor (entendido el
objeto en toda su dimensión, incluido el propio hombre). Metodológicamente
los valores pueden subdividirse en materiales y espirituales; en ellos se
expresa la dialéctica de lo objetivo y lo subjetivo. Los valores son siempre
objetivos por su contenido y por su función en la práctica social. “El pensamiento
axiológico va más allá del simple reflejo de las relaciones sociales, se
construye como complejidad en la que se entrelazan fenómenos de tipo colectivo
e individual. Dialéctica que
obliga a no fijarlo y reducirlo exclusivamente a su condicionamiento social, si
no a ir más allá, y comprenderlo como resultado de las interrelaciones del
individuo y la sociedad. Por ello,
en el pensamiento axiológico deben incluirse, de alguna manera, los sistemas
subjetivos de valores, en relación dialéctica con los valores objetivos de la
sociedad en su conjunto”. S. García (1999) Los
valores, en tanto constituyen expresión de
las necesidades del
sujeto, no pueden ser comprendidos y analizados al margen
de la subjetividad.
Aproximarse a estos elementos requiere de una fundamentación psicológica y
pedagógica. “...es
inadmisible cualquier pretensión teórica de distinguir los valores alejados de
la realidad sociocultural que los condicionan...”. Así, desde el plano
formativo los valores “deben asumirse como un conjunto de normas, cualidades o
requisitos a cumplir por un individuo en una sociedad históricamente
determinada, en correspondencia con las normativas axiológicas y los preceptos
éticos que ella misma defiende.” A. Laurencio (2002: 9) Cuando
la educación valoral es asumida como proceso formativo integral y su concreción
se advierte en la instrucción,
educación y desarrollo, entonces los valores adquieren tal magnitud que pueden
considerarse importantes bases sociofisiológicas de la educación. En
el aspecto pedagógico los valores constituyen un componente esencial de la
educación. Toda acción educativa presupone o refuerza una ética, escoge o
rechaza ciertos valores, representa una elección valoral y denota las
pretensiones axiológicas de su ejecución; en el orden gnoseológico,
la función educacional denota su proyección formativa, sustentada en
los recursos inalienables que
brinda un sistema de valores imperante. La objetividad científica impide la
confusión entre los juicios del conocimiento y los juicios de valor, que están
unidos inevitablemente en la acción. Esther
Baxter analiza el valor como “algo muy ligado a la propia existencia de la
persona, que afecta su conducta, configura y modela sus ideas y condiciona sus
sentimientos, actitudes, y sus modos de actuar.”
G. García (2002: 193). El valor es el significado social que se le
atribuye a las cosas en el proceso de la práctica social en una sociedad
determinada. En este sentido, adquieren relevancia al nivel de individuo las
orientaciones valorativas, que es el valor hecho consciente. Por
su parte Gilberto García Batista recomienda un conjunto de principios y
premisas para ser tomados en cuenta durante el proceso de formación de valores
en la escuela: Estos principios son:
Como
premisas propone las siguientes:
Atendiendo
al estudio realizado del fenómeno de la identidad cultural con una proyección
axiológico-formativa es atinado precisar que:
Glosario de términos: 1.
El sujeto de la cultura: se
refiere al hombre o grupo humano, socialmente organizado en cualquier nivel de
resolución sociológica, que se comporta como heredero, autor, actor y
trasmisor de una cultura condicionada geográfica e históricamente. 2.
El otro significativo: es otro
sujeto de la cultura que existe y opera en una cultura dada, que actúa como
alter en el proceso comunicacional. 3.
Sujeto de identidad: sujeto de cultura que, en
el proceso de comunicación con el otro significativo, se ha diferenciado de éste
y ha reconocido como sujeto actuante su identidad cultural. 4.
Actividad identitaria: un complejo proceso de
acciones materiales y espirituales, que lleva a cabo el sujeto de cultura en el
proceso de comunicación con otros sujetos de cultura. 5.
Los objetos de la cultura: son
todas las producciones materiales y espirituales que el sujeto de la cultura
elabora. 6.
Los objetos de identidad: son
producciones materiales y espirituales del sujeto de identidad objetivadas. 7.
La comunicación, es una
actividad básica en el proceso de identidad, a través de la cual los sujetos
(sujetos y otros significativos) se relacionan. 8.
La producción de respuestas y
valores, es la actividad donde se realiza el sujeto como miembro de una
cultura dada, donde revela su carácter de autor y actor de su cultura a partir
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Instituto
Superior Pedagógico “Blas
Roca Calderío” Granma.
Cuba. Autores: Licenciado
Joel López Rodríguez, Asistente.
Licenciada Rosa Suárez Téllez, Asistente.
Licenciada Lesbia López Álvarez,
Asistente.
Licenciado José Antonio López Álvarez,
Asistente. Fecha
de realización: Junio de 2005.
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