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La racialidad en la Cuba contemporánea: ¿Un problema?

Resumen: El problema de la racialidad en Cuba es un tema que nunca se había tratado desde un punto de vista científico, independientemente de considerarse como una cuestión de cardinal importancia para una buena parte de la comunidad intelectual cubana. Buscando algunos elementos para abordar este trabajo, hemos tenido la suerte de “encontrar” un excelente ensayo del eminente economista, politólogo y profesor titular de la Universidad de la Habana, el Dr. Esteban Morales Domínguez, que nos ha servido como referencia y punto de partida para abordar esta sensible temática.
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Autor: Lic. Néstor Illa Marrero

INTRODUCCION

El problema de la racialidad en Cuba es un tema que nunca se había tratado desde un punto de vista científico, independientemente de considerarse como una cuestión de cardinal importancia para una buena parte de la comunidad intelectual cubana. Buscando algunos elementos para abordar este trabajo, hemos tenido la suerte de “encontrar” un excelente ensayo del eminente economista, politólogo y profesor titular de la Universidad de la Habana, el Dr. Esteban Morales Domínguez, que nos ha servido como referencia y punto de partida para abordar esta sensible temática.

No es, ni por mucho, nuestro objetivo aportar elementos al tema, teniendo en cuenta que no somos especialistas ni contamos con las herramientas que se necesitan para emitir criterio que puedan ser tomados en cuenta, sólo nos empeñamos en recrear un asunto que nos interesa sobremanera y de esa forma despertar nuestro interés investigativo para retomarlo en trabajos posteriores.

La idea surgió en unas excelentes clases que recibimos como base de un Diplomado en Pedagogía que recibimos, por parte de un grupo profesores de Historia del Departamento de Marxismo del Instituto Superior Politécnico “José Antonio Echeverría”. La maestría de estos compañeros al abordar algunos aspectos relacionados con el proceso de formación de la nacionalidad cubana, nos motivó a introducirnos en este poco explorado mundo.

Esperamos sepan eximir cualquier falta que aparezca en el mismo.

 

El alma emana, igual y eterna,

de los cuerpos diversos en forma y en color.

José Martí

La Revista Ilustrada de Nueva York, 10 de enero de l891

 

DESARROLLO

¿Qué es el racismo?                                                                                                     

El concepto raza, en su uso actual, apareció por primera vez en 1684, época en que los holandeses tenían una colonia en África del Sur; el concepto fue usado en un libro escrito por Francois Bernier, un médico y viajero francés, quien clasificó cuatro o cinco razas de pueblos, cuyas diferencias físicas y psíquicas son tan obvias, que por lógica formal deberían ser usadas como base para una nueva división del mundo. No obstante, el verdadero fundador de la doctrina de la raza, como ideología moderna, fue el científico natural sueco, Carl von Linné, quien dividió la especie humana en cuatro razas: en los indios, los europeos, los asiáticos y los negros.

Los términos de raza, prejuicio racial y racismo son concepciones controversiales, que han causado muchas confusiones ideológicas y desastres sociales en los últimos siglos. Ya antes de la Revolución Francesa, grandes filósofos burgueses como Montesquieu y Voltaire habían echado las bases del pensamiento racista científico, el cual estaba amparado por un fuerte sentimiento de superioridad de la raza blanca, originado, entre otros aspectos de diversas índoles, por un desarrollo tecnológico y científico sin precedentes en la Europa de aquellos tiempos.

El capitalismo, formación económico social que alcanzó su madurez a mediados del siglo XIX, y el racismo moderno tienen una génesis similar. El racismo es una consecuencia directa de la evolución del colonialismo y actualmente el imperialismo la sostiene y enriquece. A medida que el capitalismo se ha desarrollado hacia el libre mercado, que la división internacional del trabajo se ha vuelto más refinada, sufriendo cambios estructurales fundamentales y revoluciones industriales tecnológicas, hacia el nuevo orden mundial, ha evolucionado su reflejo y reproducción ideológica, y se ha modernizado el racismo.

Por lo tanto, y según el destacado profesor y politólogo cubano Esteban Morales Domínguez, en su artículo “Un modelo para el análisis de la problemática racial cubana contemporánea”, el racismo debemos definirlo como “…una forma ideológica de la conciencia social, que considera a unos hombres inferiores a otros, ya sea por nacionalidad, origen social, sexo, género, color de la piel, etcétera, (…) deviene también instrumento de poder, por medio del cual unos hombres mantienen a otros en continua situación de desventaja social”. Siguiendo el análisis del profesor Morales Domínguez,  tenemos la incidencia de los prejuicios raciales, forma estereotipada de los prejuicios sociales, que no son mas que las expresiones racistas que coexisten en personas o colectivos (grupos sociales, familias, etc.) y que se manifiestan a través de ideas y conductas discriminatorias. Esas conductas, expresión directa de la discriminación racial, son la práctica y el ejercicio del racismo que reposa solapadamente bajo el manto de los prejuicios raciales. Por lo tanto y como afirma Morales Domínguez en la obra citada …donde existan los prejuicios raciales, el racismo está presente”.

 

¿Existe discriminación racial en Cuba actualmente?

Aunque el objetivo del presente trabajo no es hacer la historia de las grandes migraciones a Cuba, se impone generar algunas valoraciones, en brevísima síntesis, relacionadas con la conformación de nuestra nacionalidad, en aras de facilitar la comprensión del tema central.

Para hablar de la multirracialidad cubana y todos los problemas subjetivos asociados a ella, hay que remontarse varios siglos atrás, cuando por diferentes vías llegaron a nuestro país personas de nacionalidades tan diversas como los europeos, africanos, chinos y toda la mezcla caribeña que arribaban a nuestras costas en busca de mejoras laborales, sin dejar de contar a los indios nativos y otros pueblos que en menor medida también ayudaron a conformar aquel gran híbrido cultural (hebreos, musulmanes, anglosajones, etc.).

La segregación implementada en Cuba durante la etapa de dominio colonial engendró el racismo en la conciencia social y este a su vez determinó todo el sistema de valores que dividió a la naciente sociedad cubana y que crearon las condiciones sociales que primaron durante esa etapa colonial y durante la fase republicana hasta el 1ro de Enero de 1959. Al triunfo de la Revolución el país se encontraba en condiciones de subdesarrollo económico, con todas las secuelas que esto trae aparejado y en muchos aspectos no se habían superados los lastres socioeconómicos que se formaron durante el período de la dominación española. Los grupos raciales que existían en Cuba en el momento del triunfo revolucionario se aferraban al lugar que habían estado ocupando en la sociedad cubana durante siglos: los sectores sociales más pobres, los de peores empleos, de condiciones de viviendas más pésimas, los marginales, etcétera, eran “representados” en su gran mayoría por negros y mulatos, los cuales asistían eventualmente a las escuelas de preparación básica y de manera escasa a la enseñanza de nivel superior, continúa planteando Morales Domínguez en la obra citada.

No obstante la naciente revolución ya tenía un programa social bien definido desde 1953 con La Historia me Absolverá y en virtud del mismo se comenzó a elaborar y poner en práctica un mega proceso de integración social donde estaban incluidos, por supuesto, aquella inmensa mayoría que ocupaban los niveles más bajos de la gradación social.

La legitimación del proceso revolucionario y la creación de un Estado con una superestructura política-ideológica-jurídica plenamente definida y en función de los intereses sociales, hicieron posible que la eliminación de la discriminación racial se reflejara en todo el ordenamiento jurídico y administrativo de la nación; así las cosas se establecieron principios constitucionales donde se plantea, no como un derecho formal, sino como un derecho plenamente garantizado, que todas las personas son iguales ante la Ley; se le confirió connotación delictiva al hecho de discriminar a alguien por su color, raza, religión, origen social, nacionalidad y otros factores; todo el sistema de derecho fue inyectado con todos estos principios de forma tal que su coherencia y legitimación entre las diferentes ramas es innegablemente efectiva y debidamente garantizada. En fin, se estableció de derecho la erradicación, a todos los niveles y en todas las esferas, de cualquier manifestación de discriminación (racial o de otro tipo) del escenario social cubano.

Como consecuencia de toda esta política, los niveles de vida, la autoestima y el orgullo de ser cubanos – dice Morales Domínguez – crecieron de un modo antes desconocido dentro del pueblo y el color de la piel dejó de ser una limitante para acceder a los niveles más altos del reconocimiento social. Por su parte las organizaciones políticas (Partido Comunista de Cuba y Unión de Jóvenes Comunistas), sociales y de masas, se encargaban de fortalecer en la conciencia de cada uno de sus miembros, que en Cuba existía una plena igualdad entre todos los ciudadanos. Todo esto contribuyó a crear la idea de que los problemas derivados de los prejuicios y la discriminación racial estaban resueltos, pero no fue así. No obstante, muchos ciudadanos estaban concientes que el problema, aun sin resolver, “dormitaba” en algún rincón apartado de la conciencia social. A pesar de todo esto los niveles de soluciones alcanzados y el ritmo de la vida económica, social y política del país hasta la primera mitad de la década de los ochenta del siglo pasado, daban a entender que Cuba se acercaba a pasos agigantados a alcanzar un nivel inmejorable de soluciones en todos los aspectos de la vida interna. Entonces ocurrió lo que casi nadie esperaba.

 

¿Retroceso social o “despertar” del problema?

La segunda mitad de la década de los ochenta del siglo XX en Cuba estuvo signada por varios factores que trastornaron negativamente los estándares sociales que se habían venido logrando durante años de construcción socialista. Por una parte, la acumulación de una serie de problemas funcionales y estructurales en el modelo económico implantado y las medidas tomadas durante el Proceso de Institucionalización, fueron generando estilos de trabajo que se apartaban de la esencia misma del sistema, lo cual obligó a la más alta dirección de la Revolución a establecer una política de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas. En el orden externo se fueron produciendo sensibles cambios políticos en los países socialistas de Europa del Este y en la propia Unión Soviética que incidieron de forma negativa en la economía cubana. Las consecuencias adversas de estos dos grandes factores no tardaron en dejar sus huellas.

Comenzaron a surgir corrientes racistas y xenófobas que salían a flote en los países socialistas que se derrumbaban. “Cuando tal fenómeno aconteció, – continua exponiendo Morales Domínguez – se comenzó a manifestar, lentamente primero y aceleradamente después, algo que sorprendió a todos: los puntos de partida de las poblaciones blanca, negra y mestiza en Cuba habían sido diferentes, y tales asimetrías heredadas comenzaban a presentarse con especial agudeza”.

La distribución de bienes y servicios sufrió un riguroso racionamiento, fundamentado en el hecho de que lo poco que hubiera alcanzara para todos y esto trajo como consecuencia que algunas familias basaran la adquisición de sus bienes en el dinero que se recibían a través de las remesas familiares y otros ingresos. Pero aquí la diferenciación también se puso de manifiesto. Ya que las poblaciones mulatas y negras se encuentran minoritariamente representadas en la emigración cubana. La emigración masiva de mulatos y negros al exterior fue más tardía, generalmente sin apoyo dentro del país receptor y por consiguiente se han vinculado a actividades económicas menos remuneradas que la población blanca. Si nos atenemos al criterio de que en los periodos de crisis, es fundamental la solvencia económica para un mejor desempeño y “reconocimiento” social, entenderemos entonces la importancia de lo anterior para entender el despertar del problema.

A finales de los ochenta del pasado siglo se percibía que tanto negros, mulatos como blancos soportaban de manera igualitaria las limitaciones económicas, pero realmente esto no ocurrió así, ya que muchos grupos raciales, fundamentalmente los blancos, en su intimidad familiar o en sus círculos más íntimos, realizan prácticas de discriminación racial, que consecuentemente se manifiestan en determinadas regiones y sectores de nuestra sociedad actual donde los prejuicios raciales, la discriminación y el racismo continúan teniendo un espacio.

Ya en el Informe Central rendido al II Congreso del Partido Comunista de Cuba por el Comandante en Jefe Fidel Castro, el día 17 de diciembre de 1980, se planteaba en el capítulo VII referente a la Lucha Ideológica: “A pesar del gigantesco esfuerzo realizado por la Revolución (…), queda todavía un remanente social del pasado, individuos carentes de todo arraigo nacional, a lo que se une el hecho de que las condiciones socio-económicas de nuestro país en vías de desarrollo generan aun elementos desclasados, (…) que son por su propia naturaleza receptivos a los señuelos del y las ideas del imperialismo”.  ¿Acaso no planteamos que el imperialismo sostiene y enriquece las doctrinas racistas? Entonces podemos plantear – sin ánimos de hacer interpretaciones extensivas – que el tema racial esta presente en esta valoración que hace el jefe de nuestra Revolución. En ese propio II Congreso, donde todavía existía la antigua estructura partidista del Comité Central, tenemos que los delegados eligieron a 148 miembros efectivos del Comité Central y 77 miembros suplentes, incluyendo a los miembros, efectivos y suplentes, del Buró Político y del Secretariado, lo cual hace un total de 225 compañeros en el primer nivel de dirección de nuestra principal organización política. Sin embargo, de este gran total, sólo 23 compañeros pueden ser considerados como negros o mulatos*, lo cual arroja un 10,2 % de representación de estos grupos raciales.

* el dato de los 23 negros y mulatos a que se hace referencia en este párrafo, obedece a la observación personal hecha por el autor de este trabajo de las fotos de los compañeros elegidos en aquel II Congreso del Partido y que fuera publicada en una edición especial con el Informe Central presentado por el compañero Fidel.

Como dato oficial para sustentar la hipótesis que queremos demostrar en este trabajo, tenemos el censo oficial llevado a cabo en 1981, el cual según criterios del citado profesor “… es insuficiente para valorar en serio la situación de las poblaciones negras y mestizas…”  toda vez que la forma de encuesta para registrar la raza o color de la piel se hizo por la simple observación del encuestador o por medio de preguntas acerca de personas que en muchos casos no se encontraban presentes, lo cual puede ofrecer elementos falsos, si tenemos en cuenta las múltiples subjetividades y prejuicios subyacentes. No obstante lo anterior se dice que, en aquel momento, la población cubana blanca era del 67 % y la negra o mestiza del 33 %.

El status socioeconómico más bajo de la mayoría de los negros y mulatos se puede apreciar en las siguientes referencias, las cuales aparecen también en el ensayo investigativo del profesor Morales Domínguez:

ü      Los negros y mulatos están subrepresentados en el sector de la economía emergente (turístico y corporativo), pero más aun en las posiciones de dirección. También están subrepresentados como dirigentes de empresas estatales y cargos administrativos.

ü      Constituyen sólo el dos porciento (2 %) del sector agrícola privado y el cinco porciento (5 %) de los cooperativistas.

ü      El ochenta y tres porciento (83 %) de los emigrantes son blancos, por lo tanto son los que menos remesas familiares reciben.

ü      Salvo en la música, el deporte y las Fuerzas Armadas, rara vez asumen posiciones protagónicas de repercusión nacional e internacional.

ü      Es muy débil la presencia del negro y el mulato en los medios masivos de comunicación, principalmente en la televisión y el cine.

ü      Según estadísticas, las poblaciones negras y mestiza ocupan una posición social y laboral inferior a los niveles educacionales alcanzados.

Se pudiera pensar que las reseñas aportadas anteriormente no tienen una relación directa con una conciencia racista concientemente enraizada en la psiquis de personas o grupos de personas. Sólo me limitaré a reproducir algunos datos arrojados de una investigación realizada por el Centro de Antropología de la Academia de Ciencias en el año 1995:

ü      El 58 % de los blancos consideran que los negros son menos inteligentes,

ü      El 65 % creen que los negros no tienen iguales valores y decencia,

ü      El 68 % se oponen al matrimonio interracial

 

La génesis del problema

Coincido plenamente con el profesor Morales Domínguez cuando plantea que este fenómeno de la discriminación racial en Cuba debe valorarse desde diferentes ángulos y a partir de diversas variables investigativas, a saber:

1.      De todos los problemas heredados por la Revolución en 1959, la problemática racial nunca fue objeto de un tratamiento específico, consecuente y sistemático en el tiempo y por tanto la política social adoleció de un criterio histórico-científico en toda su magnitud

2.       Se pensó que incluyendo el tema de la racialidad en el programa de justicia social para todos, se resolvería este problema, lo cual nunca fue así.

3.      Las poblaciones negras y mestiza, sintiéndose representadas y amparadas por la Revolución, se incorporaron al proceso, olvidando los largos años de sufrimiento y discriminación por estas causas. Era evidente que se confiaban en las garantías dadas por el estado revolucionario.

Independientemente de los puntos de vista para el análisis de esta problemática, hay que analizar también las causas que las provocan y en ese sentido tenemos que retomar inexorablemente las ideas de Morales Domínguez cuando plantea que Cuba es el primer país que ha intentado terminar con el racismo después de una larga experiencia colonial y neo-colonial que duró más de cuatrocientos años, especialmente cuando la metrópolis – España – fue una de las potencias mas atrasadas de Europa y de donde Cuba no pudo extraer arquetipos de modernidad ni modelos éticos para la superación del racismo, ya que nunca han asumido, ni aún en estos momentos, sus ancestros africanos proporcionados por los ochocientos años de colonización árabe.

Otro elemento a tener en cuenta es la coexistencia de la Revolución durante mas de cuarenta años, frente a la potencia imperialista mas fuerte del mundo, la que domina las grandes transnacionales de la información, puestas en función de afianzar su dominio hegemónico en todos los sentidos y fundamentalmente contra nuestro pequeño país por haber cometido el pecado de trazar su propio destino sin aplicar las recetas del norte. Esta gran guerra sucia (¿existen acaso guerras limpias?) en el terreno ideológico ha tratado de reverdecer las más reaccionarias doctrinas que imperaron en nuestra conciencia social durante mucho tiempo.

A todo lo anterior debemos sumarle un gran error de idealismo el cual consistió en pensar que eliminando el gran capital y estableciendo un sistema de derecho socialista, se iba a solucionar la cuestión racial en Cuba.

 

A modo de conclusiones

Este modesto y humilde trabajo, no pretende resolver ninguna cuestión teórica acerca del tema abordado. Por un interés docente me  acerqué a este tópico en aras de abrir interrogantes relacionadas con la anticultura del racismo en una nación como Cuba que ha trabajado duramente para eliminar sus secuelas ordenando la sociedad de la manera más justa y equitativa posible, que ha logrado avanzar en el campo de los avances sociales, pero que desgraciadamente no ha podido dar solución al mismo.

Ya hemos aportado algunos elementos de interés llevados de la mano del profesor Esteban Morales Domínguez, al cual le agradecemos que haya desnudado un tema considerado tabú como el mismo lo califica en su insuperable ensayo.

Me gustaría volver sobre el mismo y de seguro lo haré.

 

BIBLIOGRAFIA

ü      Constitución Socialista de la República de Cuba. Gaceta Oficial de la República de Cuba.

ü      Informe Central al II Congreso del partido Comunista de Cuba. Editora Política, La Habana, 1980.

ü      Morales Domínguez, Esteban. Un modelo para el análisis de la problemática racial cubana. Catauro, Revista cubana de Antropología de la Fundación Fernando Ortiz. Año 4, No. 6, julio-diciembre de 2002. Ciudad de la Habana.

 

TRABAJO REFERATIVO DE HISTORIA

(DIPLOMADO DE PEDAGOGIA)

Autor:

Lic. Néstor Illa Marrero

Instituto Superior Politécnico “José Antonio Echeverría”

Licenciado en Derecho por la Universidad de la Habana. Ha cursado más de veinte postgrados, cursos, talleres y encuentros científicos.

Diplomante en pedagogía por el Instituto Superior Politécnico "José Antonio Echeverría", ostenta la categoría docente de profesor auxiliar adjunto por este centro, en la Universidad de la Habana (Facultad de Economía) y en la Universidad de las Ciencias Informáticas, todas de La Habana, Cuba.

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