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EE.UU.: promotor de experiencias antidemocráticas

Resumen: Como el gobierno colombiano luego de efectuar una serie de medidas internas para reorganizar el Estado, en seguida de una serie de gobiernos que habían fracasado, sobre todo en la seguridad interna, aplicó una serie de reformas que pronto terminarían con el apoyo de EEUU, para subvertir el orden democrático, condenando a los viejos partidos por ineficientes.
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Autor: Iván Rodríguez Alegre

Como el gobierno colombiano luego de efectuar una serie de medidas internas para reorganizar el Estado, en seguida de una serie de gobiernos que habían fracasado, sobre todo en la seguridad interna, aplicó una serie de reformas que pronto terminarían con el apoyo de EEUU, para subvertir el orden democrático, condenando a los viejos partidos por ineficientes.

1. La doble moral de EEUU.

            El texto del profesor César Torres Del Río[1] hace alusión al iniciar el capítulo 2[2]a la recomposición del ejército luego que tomó el poder Alberto Lleras Camargo, que luego llevó a un sistema alterno de gobiernos entre liberales y conservadores hasta 1974, periodo calificado de experiencia antidemocrática y con marcadas tendencias pronorteamericanas de todos los Presidentes que pasaron por la Casa Nariño. El estamento militar recuperó la senda del profesionalismo mediante su subordinación al Estado, y no a los partidos políticos tradicionales, y adquirir autonomía relativa en el control del orden público[3]. Esta última parte del enunciado es importante, anteriormente los organismos militares estaban supeditados a los partidos políticos, seguramente controlaban los ascensos,  ingresos, remoción y control interno de sus miembros, haciendo que el profesionalismo también esté completamente subordinado, ni siquiera a un civil designado por el Gobierno, sino a una cúpula partidaria y completamente politizada; creo, por este tiempo, el profesionalismo y calidad de los militares colombianos estaban muy por debajo de sus similares latinoamericanos.

            El gobierno de Lleras Camargo[4] tuvo que enfrentar la violencia urbana y rural y el bandolerismo político; el profesor Torres Del Río, afirma que más de cien bandas armadas actuaban en un contexto local y contaban con el apoyo de las comunidades rurales y de los gamonales[5], el Ejército parecía que no se abastecía en las zonas rurales y para 1962 junto al Senado promovieron la entrega de armas a los campesinos para que se puedan defender de la  guerrilla: tenían la función de vigilar permanentemente para que no los puedan sorprender y tengan una reacción natural e inmediata, un apoyo recíproco[6]; además el gobierno  para efecto de contrarrestar la violencia y la guerrilla creo un plan de rehabilitación y persuasión, inclusive de conciliación antes que de represión, pero para 1960 este plan ya había fracasado. Entonces el gobierno tuvo la necesidad de crear una serie de organismos con este fin, como el Servicio de Inteligencia que más tarde sería el DAS, se crearon también los Departamentos de Reclutamiento y Movilización en el Ejército, la Marina y la FFAA. El Estado Mayor Conjunto confeccionó un proyecto de ley sobre la defensa nacional para permitir la organización y la planificación de la movilización en todos sus niveles,  y se decretó el 28 de Noviembre de 1960 el estado de emergencia; asimismo se nacionalizó la Policía, a los militares se les recordó que tenían que defender la nación, la independencia nacional y las instituciones patrias. Se trataba de una tarea permanente, con carácter de prevención y recuperación, enmarcada en la idea de que para tener paz había que prepararse para la guerra[7]. Para  ello el Ejército capacitó cuadros con calidad profesional, estimulados a la cultura y a la preparación de servicios técnicos (SENA), también se consideró un necesario predominio extranjero para preparar  una doctrina de guerra. Ruiz Novoa[8], pensaba que las situaciones de paz y de guerra exigían una doctrina para la defensa nacional y otra para la guerra, la paz relacionada a los objetivos nacionales y la de la guerra, basada en los estudios de factores nacionales. Se concebía claramente que la violencia como un fenómeno global y el Ejército no podía dar una solución completa, pues las bandas armadas eran manifestación de las causas económicas, sociales, políticas, judiciales y de educación, que tenían que atacarse en su origen, no sólo con operaciones militares aisladas sino con una voluntad nacional y una combinación de los esfuerzos de todos[9].

            Es de considerar que durante este mandato las FFAA pasaron por un transcurso de evolución en diferentes niveles. Los resultados fueron variados pero no admirables en el accionar, en el mando, en el alistamiento, en la calidad de oficiales y en la organización interna[10].

            La situación interna parece cambiar, no sólo en Colombia, también  en los países de la región, cuando se tuvo noticia del avance comunista. El Ejército no sólo pasó a defender al Estado, la Junta Interamericana de Defensa, recomendaba que los programas sociales y económicos, también estaban destinadas a contener al comunismo internacional. La revolución cubana empezaba a crear conflictos con EEUU y los países latinoamericanos. La Alianza para el Progreso, impulsada por el Presidente Kennedy, tenía ese fin, parar la influencia comunista, se temía una reducción en el dominio estabilizador de los militares que podría permitir a la subversión comunista suprimir lo obtenido. La Alianza para el Progreso significó para Colombia la ayuda   en el problema de la balanza de pagos; fortalecer y diversificar la producción agrícola; mejorar la nutrición; y, modernizar el sistema educativo. La AID, además,  entregó 12 millones de dólares para la construcción de viviendas y 8 millones de dólares para la Caja Agraria[11]. Pero, sobre todo, como afirma el profesor César Torres Del Río, significó una gran contradicción de la estrategia continental norteamericana: al promover la defensa de las sociedades latinoamericanas(...), inducía la acción política de la institución militar contra la democracia representativa, y ello conduciría, muchas veces, a golpes de Estado.

 

2. A pesar de tiempos de Globalización y apertura la Tricontinental tenía razón.

            La tricontinental,[12] como una fuerza de apoyo a los pueblos oprimidos del mundo, a pesar de tener una ideología marxista y comunista, digo a pesar porque no hay régimen actualmente, licenciando a Cuba, que defienda esta ideología, es considerada ya una página volteada. Si Cuba la practica y la defiende y la defenderá hasta más allá de Fidel, es porque han aprendido a no depender y no ser parte de un sistema internacional que exprime las economías internas, llamada capitalismo y ahora Globalización. Se podrán morir de hambre, pero no querrán verse sometidos a la férula Norteamericana. Es más un asunto de dignidad nacional.

            En aquella reunión Cuba declaró públicamente su intención de apoyar toda lucha guerrillera en el continente, porque EEUU significaba una amenaza interna y externa para todos, se puso de ejemplo la lucha del pueblo vietnamita y se hizo énfasis en la liberación nacional, la autodeterminación, la independencia y la soberanía nacional. Se incentivó la lucha armada y a condenar a la OEA, considerada un instrumento servil, saqueo y rapiña  del imperialismo norteamericano[13]. Los pueblos  explotados, afirmó Fidel Castro, tienen el derecho de proclamar su independencia y eso no es  intervencionismo, sino lucha contra él.

            La izquierda latinoamericana entró en un intenso debate ideológico, y se debatió en la reunión OLAS:  conferencia de la Organización de la Solidaridad de los pueblos de Africa, Asia y América Latina, realizada en la Habana del 31 de Julio al 10 de Agosto de 1967. Las izquierdas cuestionaban la lucha armada como única vía revolucionaria, y la coexistencia pacífica, política que significaba una traición a los intereses de los pueblos latinoamericanos, los izquierdistas todavía pensaban en una lucha que significaba la vía electoral para acceder al poder. Los castristas insistieron en la lucha armada, la guerra de guerrillas por un periodo prolongado; y, la tercera opción socialista optaba por la construcción de partidos leninistas para dirigir el proceso revolucionario,. Sin embargo, se llegó al acuerdo que la lucha armada es la línea fundamental para la revolución en América Latina y la guerrilla es un principio eficaz para comenzar la lucha revolucionaria[14].

            En Colombia esta reunión Tricontinental tuvo sus efectos preocupantes, el Ejército se inquietó y empezó a adoctrinar las juventudes. La imagen del Che Guevara, de los castristas tenían una ascendiente muy grande  en los jóvenes urbanos y en las universidades. Para tal efecto, el autor señala que el Ejército apeló al adoctrinamiento, seguro que había que actuar sobre la primaria y el bachillerato; así comenzó la experiencia de los colegios para los hijos de los militares, especialmente en Bogotá”. Esta experiencia se repetiría en todo el subcontinente, los colegios de militares han proliferado, aunque con raras excepciones de calidad. Hoy en día,  todavía vemos como en las universidades nacionales especialmente, se ven en las paredes íconos del Che  y de Castro, y los jóvenes levantan sus banderas y se proclaman como tal; algunos siguen vistiendo polos con el emblema y el pensamiento guevarista.

            Le queda a Colombia y al resto de países latinoamericanos, profundizar y perfeccionar su estamento militar y encontrar una autonomía, que la veo lejana. Con esto de la globalización, hasta los sistemas militares y los organismos de inteligencia tienen que trabajar compartimentados. Precisamente en este trabajo conjunto EEUU disimula sus intereses de país, que tenemos que aceptar, de lo contrario nos pueden tildar de aislacionaista y proteccionista en un mundo por demás globalizado.


[1] César Torres Del Río. Fuerzas Armadas y Seguridad Nacional. Editorial Planeta, Colombia 2000.

[2] Seguridad Colectiva y Seguridad Nacional: 1958-1965.

[3] Nota del Autor.

[4] Inició funciones el 7 de Agosto de 1958.

[5] ¿Se puede afirmar como acto precursor de las AUC?

[6] El autor, reprueba este apoyo. En el Perú, el Estado también dio armas a los campesinos, no armas de guerra, sino carabinas de corto alcance,  y a nadie se le ocurrió quedarse con esas armas y conformar un Ejército paralelo, cumplida la misión de contrarrestar a Sendero Luminoso y vencerlo, se recogieron y Sendero no volvió a aparecer con su accionar terrorista por aquellas zonas.

[7] N. de A.

[8] Brigadier General del Ejército, Comandante del Ejército en 1959.

[9] N. del A.

[10] Criterio en base al texto del autor.

[11] Datos obtenidos del Texto FFAA y Seguridad Nacional. Pg. 88.

[12] Conferencia realizada en La Habana-Cuba, del 3 al 12 de Enero de 1966. Asistieron delegaciones de 28 países africanos, 27 asiáticos y 27 latinoamericanos, 14 delegaciones internacionales y siete de países socialistas.

[13] Actualmente, además de ser servil, la OEA bajo la dirección de César Gaviria ha demostrado una ineficacia realmente alarmante. Cuando se dio los sucesos en Venezuela: un pueblo que luchaba contra la tiranía de Chávez y el autoritarismo, Gaviria prefirió no condenar el régimen y alegó que era democrático. Lo mismo pasó con Fujimori, evidenciado que había cometido fraude en las elecciones del 2000 se limitó a declarar que era un asunto interno y no le competía una ingerencia. Fue todavía más lamentable su actuación con el contrabando de armas de Jordania para las FARC, propiciada por la mafia Fujimontecinista; armas que iban a incendiar su propio paz y no fue capaz de condenarla, como dice Mario vargas Llosa: “un nefelibata pertinaz”.

[14] Pienso que se equivocaron las tres opciones. Un proceso revolucionario no puede durar un tiempo más allá del permitido, pues corre el riesgo de dilatarse o corromperse con el narcotráfico, el secuestro. Como prueba las guerrillas colombianas, el terrorismo de Sendero Luminoso. El mismo Castro protagonizó una lucha guerrillera que no duró demasiado, como también  la lucha  sandinista. Se podrá decir que un proceso guerrrilero no tiene límite; no es así, es un periodo especial que requiere contundencia.

 

Autor:

Iván Rodríguez Alegre

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