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La democracia virtual, una modalidad de régimen aceptada por la población

Resumen: Hoy más que nunca, a pesar de los adelantos tecnológicos y democráticos en el área latinoamericana, se habla de la democracia y de la función que cumple, no precisamente en términos óptimos o que la salvaguarden. Últimamente América Latina se ha teñido de una serie de sucesos que, justamente, no han revalorado la democracia o la han fortalecido como debiera ser.
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Autor: Iván Rodríguez Alegre

INTRODUCCIÓN

Hoy más que nunca, a pesar de los adelantos tecnológicos y democráticos en el área latinoamericana, se habla de la democracia y de la función que cumple, no precisamente en términos óptimos o que la salvaguarden. Últimamente América Latina se ha teñido  de una serie de sucesos que, justamente, no han revalorado la democracia o la han fortalecido como debiera ser.

A finales del siglo que acaba de terminar, se dieron múltiples casos de una crisis democrática, como la de México que vivió por muchas décadas con un gobierno que aplicó modelos muy parecidos a los autoritarios, que inclusive fue tildado como la “dictadura perfecta”[1].  Pero los casos más ejemplarizantes y patéticos, se han dado en las “democracias”  peruana y venezolana; la venezolana que aún padece un tipo de gobierno autoritario con rasgos populistas y socialistas, con aprobación mayoritaria de la población, sin extrañar los modelos democráticos; signo que ha sido aprovechado por el Presidente Hugo Chávez para seguir aplicándolo con mayor derecho.

Pero el caso más claro y que es materia de estudio en el presente trabajo, se dio en el Perú, durante el gobierno de Alberto Fujimori. Con la aplicación, durante una década, de un sistema de gobierno que no era expresión de las manifestaciones del pueblo, aún al haber sido elegido por voto popular. Pero, ¿qué es lo que motivó para que el Presidente Fujimori se vea tentado de aplicar este modelo autoritario? Esa respuesta la abordaremos en líneas abajo.

El Perú vivió un periodo de restricción de las libertades políticas, un autoritarismo que eliminó toda iniciativa ciudadana.

Pero lo grave de este periodo, no es la subestimación que se dio a la democracia; sino la aprobación, casi unánime, efusiva, de amplios sectores de la población antes llamada democrática. En este contexto, se experimentó el consenso de que los males con que vivía la patria eran producto de una equivocada política económica y social de los gobiernos anteriores, que, precisamente eran producto de la democracia y se vivió en ella, abusando de la misma. Así, nadie optó por continuar con ese modo de vida oprobiosa y decadente, para dar paso a un acto de renunciación y contrición al pasado vergonzante.

 

HIPÓTESIS

1.      ¿Por qué los gobiernos recurren a esta modalidad de régimen?

2.      ¿Por qué el pueblo, inicialmente no distingue una democracia virtual de una real?

3.      ¿Qué efectos negativos trae la democracia virtual para la población?

4.      ¡Puede la democracia virtual reemplazar a la democracia real?

 

ARGUMENTACIÓN

Los gobiernos, cuando no pueden llevar adelante sus planes gubernamentales, de manera clara, ordenada y consciente, se ven tentados a recurrir a una deformación de la democracia, llamada democracia virtual, que es un velo con que se cubre a los verdaderos intereses y acciones que propicia el gobierno. Ese velo los hace ver como si efectivamente fuera una democracia verdadera, bajo el cual se realizan innumerables acciones que van en contra de las buenas costumbres de convivencia de un pueblo.

La democracia virtual es sólo un ropaje que los hace ver como ciudadanos y funcionarios del primer mundo ante la comunidad internacional; son aliados del progreso, y para ello se valen de múltiples acciones populistas y efectistas, como favores fáciles a los más necesitados, adornados de discursos elocuentes e inflamados en donde atacan a la vieja clase política. Se creen los salvadores de la patria. Pero esta “democracia”, demás está decirlo, esconde atropellos, violaciones a los derechos humanos, persecuciones a los opositores; y hacen de las instituciones de control y asesoramiento, agencias de espionaje y amedrentamiento.

APORTES TEÓRICOS :

Nos apoyaremos en el enfoque de Guillermo O’Donnell[2], científico político argentino, “sobre el predominio de gobiernos autoritarios y militares de América Latina que conlleva a implantar unos moldes democráticos o virtuales, que cubren  la democracia con un manto; este fenómeno devienen de las tensiones sociales, económicas y políticas que, en décadas recientes, ha generado el tipo de modernización dependiente capitalista que ha experimentado América Latina

Tales tensiones contribuyen a una reorientación fundamental de las políticas nacionales por el colapso del antiguo régimen político-populista, en el cual el “sector popular” era un actor significativo participante en la coalición política nacional dominante de varios países. Posteriormente apareció un periodo “post-populista”, caracterizado por la aparición de gobiernos represivos autoritarios que tratan de resolver aquellas tensiones eliminando la participación del sector popular en la arena política nacional y forzando un movimiento regresivo de las rentas de este sector. Los niveles más avanzados de industrialización se consideran vinculados con un alejamiento de la política democrática y competitiva y con un incremento de la desigualdad”. 

O’Donnell, describe tres tipos de sistemas políticos, salidos de una secuencia histórica, que se ajustan merecidamente a los gobernantes en estudio: el oligárquico, el populista y el burocrático-autoritario.

Desmenucemos cada uno de ellos:

-         Se entiende por Oligárquico a la élite del sector exportador de productos primarios, como minerales y agrícolas que domina el Estado y orienta la política pública en función de sus necesidades. Se sabe que Alberto Fujimori, apenas llegado al gobierno, destinó este sector al servicio del un grupo de empresarios afines al régimen o como consecuencia de favores hechos en los días de campaña electoral[3]

-         El sistema está basado en una coalición multiclasista de intereses      

      urbanos e industriales, que incluye a la élite industrial y al sector popular   

      urbano. El nacionalismo económico es un rasgo común de estos   

      sistemas. El Estado promueve la fase inicial de la industrialización  

      orientándola hacia los bienes de consumo aumentando los ingresos del 

      sector popular

-         Pero sin duda, el sistema más cercano y que mejor se podría explicar y  

Aplicar al tema de la democracia virtual, es el Burocrático autoritario.

Sistema excluyente, para la mayoría de los grupos sociales y se caracteriza por tener un énfasis no democrático. Los actores principales de esta coalición dominante son los tecnócratas de alto nivel –militares y civiles de dentro y fuera del Estado-, que colaboran con estrecha asociación con el capital extranjero.

Es decir se trata de eliminar la influencia política del Estado, por ser ella la causante de atrasos en los resultados de gobierno y se opta por una forma más “pragmática y profesional” de tratamiento de los asuntos públicos.

Dice O’Donnel, que esta nueva élite elimina la competencia electoral y controla severamente la participación política del sector popular. La política pública se centra fundamentalmente en la promoción de la industrialización avanzada.

Fernando Enrique Cardoso, hace también una aproximación histórica al fenómeno del autoritarismo en América Latina. “en Latinoamérica el respeto a los derechos políticos e incluso la existencia subjetiva de esa noción, y a las formas formales de participación política ha sido más una ideología para el uso y disfrute de las oligarquías dominantes que una práctica común. Sin embargo, el reconocimiento de una historia de poder  arbitrario no sirve como explicación del autoritarismo contemporáneo”[4].

Como dice Cardoso, debemos evitar la confusión entre el caudillo del viejo militarismo latinoamericano y el control más institucional del poder por el cuerpo de oficiales; a esto se llama autorutarismo burocrático, rasgo característico de que no es sólo un general o coronel que, como los caudillos del siglo XIX, imponen órdenes personales por decretos.

 

EL ESTADO Y LAS FUERZAS ARMADAS.

Es la institución militar la que asume el poder en orden o reestructura la sociedad y el Estado.

La nueva cúpula militar en el poder se declara comprometida con la nación para reorganizarla de acuerdo con la ideología de “seguridad nacional” de la doctrina militar moderna. El ejército como garante del orden autoritario prefiere una relación basada en la alianza con grupos sociales amplios. El Estado tiende a excluir del proceso de toma de decisiones a las organizaciones de clase, manteniendo una estructura jerárquica rígida que es controlada burocráticamente por varias agencias nacionales de seguridad y por los jefes de las Fuerzas Armadas. Las vinculaciones entre el régimen burocrático-autoritario y la sociedad civil se logran más bien mediante la cooperación y captación de profesionales e intereses privados en el sistema. Bajo estas circunstancias es poco probable que se materialicen grupos estables de presión, o que emerjan una red de vínculos realmente corporativa entre la sociedad y el Estado.

Otro elemento que caracteriza a los regímenes burocrático-autoritarios es, que organizan las relaciones de poder a favor del Ejecutivo y sus capacidades técnicas. Este reforzamiento de los poderes del Ejecutivo implica un incremento de la centralización que mina la tradición democrática. Así mismo implica eliminación o drástica reducción del papel de la legislatura. Además la judicatura es controlada en la práctica y en la teoría por el aparato Ejecutivo.

Por otra parte, la racionalidad prudencial[5] exige el reforzamiento de un cuerpo burocrático de técnicos, especialmente en el campo económico, Estos regímenes expresan la voluntad política de las Fuerzas Armadas como institución. Así el ejecutivo depende de la burocracia tecnocrática y del único partido leal: las Fuerzas Armadas. En estos regímenes no existe la distinción entre el ejecutivo y las fuerzas armadas. Los militares tienen el poder de veto a las grandes decisiones, como el control de la sucesión política; pero no se ven necesariamente implicados en la toma de decisiones referentes a la economía u otras cuestiones importantes[6]. El éxito del régimen depende en parte, del tipo adoptado de delegación de la autoridad militar al ejecutivo.

La relación entre el Estado y los grupos de interés de la sociedad civil se basa más en los criterios y mecanismos de cooptación que en los mecanismos de la representación. Pues, quienes controlan el aparato estatal seleccionan a varias personas para que participen en el sistema de toma de decisiones, proceso de relación que se irá extendiendo hasta incluir a las fuerzas sociales más poderosas e incluso a sectores de las clases más bajas. Pero nunca aceptan la idea de representación o delegación de autoridad desde abajo; toda decisión se toma en la pirámide de poder. El militarismo de poder tiende a destruir las organizaciones de partidos políticos, con mayor razón las de izquierda; pero estos partidos no quedarán del todo desparecidos, pasarán a hibernar y reaparecerán finalmente casi intactos.[7]

 

EL FENÓMENO DE LA ANTIPOLÍTICA

A MANERA DE MARCO TEÓRICO

Este fenómeno[8] (no tan nuevo a principios del nuevo milenio) “está a la ofensiva en las democracias latinoamericanas como producto de la desilusión y desencanto con las estructuras de la democracia representativa y los actores tradicionales de la política: los partidos, hasta finalmente desembocar en la antipolítica, explicando el deficiente rendimiento de las políticas públicas para combatir el desempleo que deslegitima el sistema político, y de la pérdida de capacidad de los partidos políticos para agregar y canalizar intereses y demandas sociales. Cuyo núcleo es una política electoral llevada a cabo por actores ajenos al sistema partidario: los outsiders[9] que compiten  en el juego electoral con recursos sacados del arsenal de una crítica radical contra los partidos y las élites políticas establecidas”.

Los outsiders, personajes sin pasado político desarrollan su acción en el terreno de la democracia, pero atacando implacablemente a sus protagonistas principales, los partidos. Su tendencias no apuntan en una sola dirección.

De acuerdo a Giovanni Sartori[10], hay varias explicaciones posibles sobre el por qué de la antipolítica. Una de las mejores es la corrupción política crítica que ha corrompido la política misma, convirtiéndose en un mal endémico”.

Poniendo en cuestión el principio de representación y la necesidad misma de los partidos políticos, la antipolítica se presenta como una alternativa real frente al sistema de partidos y propone en el fondo un tipo distinto de democracia: la democracia plebiscitaria. En el Perú este fenómeno causó un verdadero impacto en la clase política y en las élites políticas tradicionales que hizo posible catapultar al poder a Fujimori, uno de los primeros outsidersdel planeta. Se transformó sin llegar a ser partido anti-sistema en fuerza antipartido que pretendió  una reestructuración histórica del sistema de gobierno.

En abril de 1995, se vio el caso más patético para los partidos políticos y fue la cumbre del sistema antipolítico, como resultado de las elecciones presidenciales. El movimiento de Fujimori se consolidó como la fuerza política mayoritaria al barrer del escenario político a los cuatro partidos tradicionales: APRA, PPC, AP, IU, que obtuvieron todos juntos apenas el 9.41% de la votación, un resultado catastrófico si comparamos que en las elecciones de 1980 y 1985 estos mismo partidos obtuvieron el 95% de las preferencias electorales.

Esto generó una perspectiva sombría sobre la democracia peruana y también latinoamericana, por un proceso de desintegración política y anomia[11] social, por una crisis de gobernabilidad del Estado, por su manifiesta incapacidad para contener los procesos hiperinflacionarios y el deterioro creciente de las condiciones de vida.

 Esta antipolítica se puede considerar también como un neopopulismo, como forma elevada de decisionismo y voluntarismo político que se ha desarrollado en un marco de debilitamiento institucional y decadencia política que tiene sus raíces en una profunda crisis de las instituciones democráticas: partidos, ejecutivos, parlamentos, etc. El neopopulismo es una variante actual del populismo tradicional marcado por la preponderancia del líder carismático que promueve una política patrimonialista, dirigida contra los partidos y las élites del “establishment[12]” tradicional. Sin embargo esta política  antiinstitucional se nutre paradójicamente del marco institucional constituido por el sistema presidencialista de gobierno.

La política populista de Fujimori tendía a concentrar el poder en manos propias y emplear métodos de gobierno que prescindieran de las organizaciones partidarias que estaban devaluadas en su rol dentro del sistema político. El neopopulismo, despojado de sus connotaciones tradicionales ligadas al Estado interventor y al distribucionismo económico, recurre a una doble legitimación: al mecanismo del voto popular y a la cualidad “histórica”, superior al líder que excede a la democracia representativa basada en aquel mecanismo.

Por otra parte, las políticas neoliberales requieren un poder ejecutivo fuerte, tienden a estimular la antipolítica neopopulista. Lo que ha llevado a un cambio notable en las formas de hacer política, la competencia electoral y la formación de gobiernos, los partidos políticos han dejado de ser las únicas estructuras de mediación de los intereses sociales. Los medios de comunicación, especialmente la televisión, han fortalecido su poder de influencia, en virtud del debilitamiento progresivo de ciertas funciones importantes de los partidos políticos como la canalización de los intereses sociales, y tiende a desplazar y sustituir a los partidos políticos como mecanismos de agregación, cubriendo el vacío dejado por sistemas políticos en procesos de fragmentación o descomposición.

La televisión despliega un escenario político, dejando al ciudadano la única posibilidad de apagar el aparato para resistir el poder envolvente de la acción política transfigurada en imágenes.

En este sentido la aparición de gobiernos autoritarios, que basaron su poder en la antipolítica y el neopopulismo, se alimentaron, como dice Julio Cotler[13], de las “repuestas insatisfechas a las demandas de la población en los gobiernos pasados. Estos gobiernos alegaron que por las tramitaciones que dejaron los gobiernos castrenses, por la crisis de la deuda externa y por la globalización económica. Además, en el Perú se dio los casos graves de subversión, violaciones a los derechos humanos, narcotráfico, que agravaron el cuestionamiento al Estado y la fragmentación social”

Es de destacar que en Venezuela y Perú, Fujimori y Chávez llegaron al poder, cuando los regímenes políticos ya estaban desacreditados por los gobiernos ineficientes que los antecedieron. En Perú, Alan García, que llegó al poder con cimas inalcanzables de popularidad para luego hundirse en el descrédito absoluto. Por ellos ni Chávez, ni Fujimori mostraron interés en una política democrática; por el contrario se dedicaron en atacar el viejo orden y dirigirse al pueblo directamente. Fujimori visitaba los asentamientos humanos más pobres y organizaba pequeñas fiestas con la banda musical del ejército, al tiempo que peluqueros, odontólogos, médicos, atendían a los lugareños. Después del cual Fujimori en persona entregaba víveres y ropas donadas. Chávez, hizo lo mismo en la zona rural de Zárate, al asistir como enfermero en una operación que médicos militares hacían a un agricultor. Se ufanó diciendo: “¡Ya ven, ahora hasta hago de médico!”.

Estas manifestaciones de neopopulismo, declaran un desencanto con la política y han exigido la emergencia de nuevos actores sociales que persiguen satisfacer necesidades específicas y concretas.

Después del golpe de 1992, Fujimori puso en práctica un poder autoritario, se apuró para concentrar el poder, para ellos depuró profundamente la administración pública; a la par que sus tecnócratas decretaban una serie de reformas previamente acordadas con los organismos internacionales. Para legitimar el golpe, convocó a un “acuerdo nacional”, para que el pueblo expresara sus propuestas, que “notables” recogerían e incorporarían a una nueva constitución que sería sometida a plebiscito.

Todavía hay sectores de la sociedad que piensan de Fujimori como un producto excepcional y único, surgido de la insalvable situación peruana, que vivía en la hiperinflación, caída vertical de la producción y los noveles de vida, junto a un terrorismo fanático y sanguinario, con la amenaza del narcotráfico.

Todo ello, sin duda, que dio una carta blanca al Presidente Fujimori para que aplicara sin tapujos su programa autoritario. Sumado además el apoyo incondicional que recibió por parte de la población durante casi todo su mandato. Situación que aprovechó muy bien sus más cercanos colaboradores, para ejercer un control del Estado, y luego enriquecerse impunemente.

La democracia cuando se encuentra en peligro, quién más padece las consecuencias es el pueblo en su conjunto y la nación, que así ve postergada su desarrollo económico y social.

Ahora, para poder defender su régimen de excesos y abusos contra todos los derechos, Fujimori puso en práctica, como afirma Gustavo Gorriti, politólogo peruano, “un sistema con libertades aparentes que hemos llamado democracia virtual, y que las fuerzas de seguridad son el eje a partir del cual hay que gobernar, es todo un concepto que se utiliza a la democracia como débil cosmética”.

 

LA DEMOCRACIA EN PELIGRO, VISTO DESDE MUCHO ANTES.

Hobbes en su Leviatán (1651)[14], defiende el Estado de seguridad, subraya que “no puede haber paz y confort material en la tierra a menos que los individuos, que no tienen respeto “natural” hacia sus semejantes, estén sometidos a un Estado soberano bien visible y muy armado, cuya función es imponer el orden y pacificar permanentemente a esos individuos. Este orden pacífico reforzado por la seguridad estatal se llama Sociedad Civil”.

Hobbes señala que como individuos los súbditos pueden ejercer legítimamente un derecho de resistencia contra intentos estatales de privarles de algunos derechos naturales a la vida (como acceso a alimento, agua o medicinas) o a una manipulación orientada a hacerles acabar con sus propias vidas o las libertades individuales de una convivencia democrática[15]

Para Hobbes el poder soberano debería ser ejercido siempre de acuerdo con “leyes generales de naturaleza”, que prohíben destruir la vida o sus medios de preservación. Y es cierto que Hobbes especifica la existencia de un dominio privado en el interior de la Sociedad Civil, según el cual los súbditos individuales pueden ejercer algunas libertades negativas, que el soberano no ha prohibido aún, como: escoger la propia vivienda, la forma de vida y el derecho a educar a los hijos de la manera que se considere más apropiada. Consideradas en conjunto. Se supone que estas actividades constituyen un reino de libertad personal o sistemas privados

Para Tocqueville ( 1835-1840), en su obra La Democracia en América, plantea un Estado Democrático[16], que fue “uno de los intentos más tempranos y estimulantes de llamar la atención sobre los peligros implícitos en el modelo del Estado Universal. El Estado se convierte en regulador, inspector, consejero, educador y verdugo de la vida social; es un poder tutelar, sin que la sociedad no pueda existir. Amenaza sabotear todas las decisivas victorias de la revolución democrática y sus objetivos de igualdad y libertad para todos los ciudadanos. El problema político decisivo de los tiempos modernos es cómo pueden preservarse las tendencias igualitarias disparadas por esta revolución democrática sin permitir que el Estado abuse de sus poderes y robe a los ciudadanos su libertad”.

 Tocqueville insiste en que la igualdad con libertad no puede asegurarse aboliendo las instituciones estatales o reduciéndolas a mínimos. Instituciones políticas activas y fuertes son dos condiciones deseables y necesarias de libertad democrática e igualdad.

Gonzalo Sánchez[17], también pone énfasis en la ciudadanía y su expresión virtual más inmediata: el sufragio universal. “Sin embargo tras la aparente evidencia hay una historia que se desarrolla en múltiples planos, sin un destino manifiesto, como lo revelaron las dictaduras traumáticas del subcontinente y como parte de procesos más amplios de la construcción democrática y de la cultura política occidental.

A diferencia del siglo XIX, cuando expansión de los partios y de la ciudadanía eran vistos como procesos paralelos, hoy la participación y la representación políticas presuponen a menudo la superación de los partidos tradicionales e incluso la suplantación pura y simple de la forma de partido, como la forma paradigmática o natural de la participación o incorporación. Y si a lo anterior se agregan el surgimiento de remozadas maneras  de neocaudillismo, harán que el gobierno no cumpla con los objetivos que se esperan”.

Entendemos como gobierno, como dice Foucault[18] “el Gobierno es una manera de disponer las cosas para conducirlas no al bien común, como decían los textos de los juristas, sino a un fin conveniente para cada una de las cosas que hay que gobernar. Esto implica ante todo una pluralidad de fines específicos. El gobierno debe obrar de tal modo que se produzca la mayor cantidad posible de riquezas, que se le proporcione a la gente medios suficientes de subsistencia, incluso la mayor cantidad posible de dichos medios. No se trata de imponer a los hombres una ley sino de disponer las cosas, es decir, utilizar más bien tácticas que leyes, en  último término utilizar las mismas leyes como tácticas. Actuar de tal modo y a través de un cierto número de medios que este o aquel fin pueda ser alcanzado. El fin del gobierno está en las cosas que dirige, en buscar la perfección, en la intensificación de los procesos que dirige, y en los instrumentos de gobierno que en vez de ser leyes serán tácticas multiformes. En la perspectiva del gobierno, la ley no es ciertamente un instrumento central”. 

 

HECHOS QUE ESCONDE LA DEMOCRACIA VIRTUAL

Los peligros que provocan la antipolítica y el neopopulismo están a la vista de todos: el retorno de liderazgos verticales y mesiánicos, la democracia plebiscitaria, la utopía de la entidad entre el Estado y  Pueblo encarnizada en líderes providenciales, el desplazamiento de las tendencias hacia la construcción de democracias representativas por democracias presidencialistas altamente dependientes de líderes orgánicos. Todos estos son riesgos que reavivan bajo nuevas circunstancias la tradición política predominante en América Latina de origen más ruosseauniano y tomista que representativo y pluralista[19]. Sin embargo, cabe percibir en los peligros de la antipolítica no sólo el lado oscuro, sino también el reto y la oportunidad que significan para que los liderazgos políticos puedan “rehacer la casa” antes que sea tarde[20]. 

Mario Vargas Llosa,[21] escritor e intelectual peruano, denunció desde cuando se instauró la dictadura, lo que a muchos peruanos les causó mucho malestar e indignación; porque principalmente, no reconocían los vicios y sometimientos que ya desplegaba el autoritarismo, que significó entre otras cosas “el golpe artero contra la libertad del 5 de abril de 1992 y que el Perú lamentaría tantos crímenes contra los derechos humanos, el secuestro de la injusticia y la libertad de expresión, el desmantelamiento de las instituciones y la corrupción generalizada a cuya sombra Fujimori, Montesinos y los cuarenta ladrones amasaron fortunas que producen vértigo”.

El pueblo peruano no debe olvidar nunca el precio que se paga por dejarse arrebatar la ley y la libertad. Los miles de desaparecidos, torturados y asesinatos, los inocentes sepultados en las cárceles por jueces sin voces y sin rostros, que dictaban sentencia en sótanos muy parecidos a las cámaras donde los agentes del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) violaron y destrozaron a Leonor La Rosa, descuartizaron a Mariela Barreto, agentes del SIN; secuestraron, asesinaron y calcinaron a los estudiantes y al profesor de la Universidad la Cantuta, o a los vecinos de los Barrios altos y a tantas otras víctimas cuyos suplicios no llegaron a la luz pública y quedarán para siempre en la tiniebla y el olvido. Los torturadores, ahora se pasean alegremente entre nosotros, ya que fueron amnistiados por esos congresos serviles que Montesinos y Fujimori hacían bailar a su aire, como el titiritero a sus fantoches.

Los medios de comunicación fueron envilecidos por el soborno y por el miedo, instrumentando las campañas de manipulación de la opinión pública generadas desde el SIN, para convertir las verdades en mentiras, las mentiras en verdades, y para aniquilar con infamias y calumnias a sus críticos, que no tenían cómo ni dónde defenderse. El Perú reinaba el campo de la desinformación, como un monólogo propagandístico embrutecedor, manufacturado por mercenarios de la pluma, de la voz y de la imagen., cuya designio era mantener enajenado al pueblo peruano en la idolatría de un régimen, que, de creer aquellos sahumerios, batía records de crecimiento económico, generaba a diario miles de nuevos empleos, y había disparado al Perú como un cohete hacia la modernidad. Ha bastado una leve brisa de libertad para que todos esos embustes se eclipsaran y saliera a luz la cruda realidad: una economía recesada y endeudada, miles de fábricas cerradas, desempleo canceroso y altos niveles de pobreza.

Pero no sólo es cómplice el pueblo peruano de tantos años de oprobio, también lo es organismos como la OEA y otros organismos internacionales, con el argumento de que no había que inmiscuirse en los asuntos internos de las naciones hermanas latinoamericanas. Parece que esto no advirtió el señor César Gaviria, nefelibata pertinaz[22], con su posición pro-fujimorista en los mismos días en que Fujimori y Montesinos, para embolsarse algunos millones, lanzaban diez mil fusiles sobre su soberano país para que las FARC mataran y aterrorizaran a los colombianos..

En estos años, la justicia también fue una parodia, con jueces digitados por el poder político, cuya función principal pasó a ser la de legitimar, con artimañas leguleyas, las peores arbitrariedades cometidas por el dictador y sus cómplices, además de subastar las sentencias y suministrar coartadas y amparos legales para los tráficos de los hombres y mujeres del régimen con los cárteles de la droga. los contrabandistas y los traficantes de armas. La dictadura se afanó en cambiar, desde el inicio del mandato, a los jueces titulares por jueces provisionales. De esta manera, teniendo el ochenta por ciento de los magistrados balanceándose en una cuerda floja, se aseguraba el control del poder Judicial. La dictadura avasalló el Poder Judicial, marginando y expulsando a los mejores y confiando los cargos claves a jueces domésticos del régimen.

Durante estos años, no hubo una sola dependencia del poder que no fuera mancillada, los funcionarios honestos fueron sustituidos por venales, a fin de constituyeran piezas claves de la maquinaria de coacción del Estado, orientada a garantizar la perpetuación del régimen y facilitar el saqueo de los recursos públicos. La oficina recaudadora de impuestos: LA SUNAT, es un ejemplo típico. La tributación se convirtió en un excelente instrumento de chantaje, a fin de ganar adeptos para el régimen, o aniquilar económicamente a sus adversarios políticos, sometiendo sus empresas a investigaciones y acosos asfixiantes o, simplemente, quebrándolas.

Nunca hubo una licitación pública que la ganara un empresario no adicto al régimen. Los ministros, asesores, parlamentarios y miembros de las mafias gubernamentales las ganaron casi siempre, para las empresas que manejaban a través de testaferros y que, gracias a ello, un puñado de deshonestos hicieron fortunas, ahora inexpugnables, porque, aunque producto de contubernios y privilegios, sus negocios guardaban, gracias al maquiavélico sistema entronizado para ese fin, al apariencia de la legalidad.

No debemos dejar de entender que una dictadura no es nunca fatídica, como un temblor. Es una empresa humana, una aventura urdida en las sombras por conspiradores amparados en la fuerza de las armas, pero que puede ser atajada en embrión, por un pueblo consciente del altísimo precio que tendrá que pagar por la destrucción del Estado de derecho[23]. 

 

CONCLUSIONES

Por imperfecta, ineficiente y poco honesta que una democracia sea, y las nuestras han sido a veces, una  dictadura es infinitamente peor. En una democracia, sí se puede absolver las críticas y atajar toda forma de fiscalización y freno a sus excesos. La democracia es la forma de gobierno más avanzada que conocemos y tiene sus mecanismos para viabilizar el accionar gubernamental, como posibles actos en contra de las buenas costumbres de la convivencia. 

Necesitamos perspectivas globales que sean sensibles a la pluralidad y especificidad de los contextos globales. Es un error pensar que las tendencias globales hacia la democratización, la modernización política y la economía de mercado impliquen necesariamente la uniformización de los procesos y los sistemas políticos. 

Una clave explicativa para tratar de manera productiva las cuestiones de antipolítica y neopopulismo dentro del marco de la democracia virtual, radica en el rol relevante de las estructuras políticas. El sistema de gobierno, el sistema de partidos y el sistema electoral condicionan y dan forma a los procesos políticos en los cuales han surgido los fenómenos antes tratados. Es decir, las

Estructuras institucionales de la política en contextos específicos son analizados como variables explicativas autónomas y no como simples reflejos de procesos económicos o sociales. 

El Perú y Latinoamérica, sigue siendo caudillista. Es muy poco lo que se ha avanzado en la dirección contraria, de la institucionalidad y el imperio de la ley. Ellos son apenas dos ejemplos del modo en que los sistemas políticos regresan a sus raíces autoritarias en tiempos de dificultades. De todas maneras, siempre hay un lugar para el optimismo; en tanto  América Latina siga progresando en lo económico y social, con políticas de desarrollo que partan del Estado, a largo plazo, es cada vez más difícil que surjan nuevos caudillos y es probable que ese caudillismo no degenere en autoritarismo con sus vertientes de antipolítica y neopopulismo y permanezca más en latencia que en acto.

 

Bogotá, 7 de Diciembre de 2001.

 

BIBLIOGRAFÍA

1.  Gonzalo Sánchez, Ciudadanía sin democracia o con democracia virtual, en: “Ciudadanía Política y Formación de las Naciones”. Hilda Sábato: coordinadora. F.C.E. México, 1999.

2. John Keane. Recordando a los muertos. Sociedad Civil y Estado, desde Hobbes hasta Marx y Más allá, en: John Keane: “Democracia y Sociedad Civil”. Alianza Editorial, Madrid, 1992.

3.  Michael Foucault. La Gubernamentalidad, en “Espacios de Poder”

 Ediciones de La Piqueta. Madrid, 1992. 

 4. Peter Evans. El Estado como problema y como solución, en: Stephan Hagard y R. Kaufman. “La Política del Ajuste Económico”.

CERE3C. Bogotá, 1992. 

 5.  René Mayorga. Antipolítica y Neopopulismo en América Latina.CEBEC, La Paz, 1995. 

6. Julio Cotler. Crisis Política, “Outsiders” y Democraduras: El Fujimorismo en: “Partidos y Clase Política en América Latina en los 90”.

  Instituto Interamericano de Derechos Humanos. Costa Rica, 1992. 

7. David Collier. El Nuevo Autoritarismo en América Latina.

Fondo De Cultura Económica. México, 1985. 

8.       Guillermo O’Donnell. Modernización y Autoritarismo.

Ediciones Paidos. Buenos Aires, 1972.   

9.      Fernando Henrique Cardoso. Sobre La Caracterización de los Regímenes Autoritarios en América Latina, en: El Nuevo Autoritarismo en América Latina”. David Collier. F.C.E., México, 1985. 

10.  Mario Vargas Llosa y Otros autores. Cómo Fujimori Jodió al Perú.

Editorial Milla Batres. Lima, Mayo de 2001. 

11.  Richard Morse. El Espejo de Próspero

   Ediciones Siglo XXI, 1982. 

12.  Thomas Hobbes. Leviatán.

 Editorial Macpherson, 1972. 

13. Giovanni Sartori. Ingenieria Constitucional Comparativa.

   Universidad de Prees de Nueva York, 1994.  

 

[1] Frase dicha por Mario Vargas Llosa en un análisis sobre el poder mexicano, con 70 años de dominio del PRI.

[2] Guillermo O’Donnell. Modernización y Autoritarismo. Ediciones Paidos. Buenos Aires, 1972.

[3] La  República, abril del 2000.

[4] Fernando Enrique Cardoso. Sobre la Caracterización de los Regímenes Autoritarios de América Latina, en “El Nuevo Autoritarismo en América Latina”. David Collier. F.C.E. México, 1985.

[5] Frase sacada del texto de Cardoso.

[6] Es un hecho que Fujimori  tomó al ejército como partido político

[7] Interpretación hecha en base al texto de Cardoso.

[8] René Mayorga. Antipolítica y Neopopulismo. Centro Boliviano de Estudios Multidisciplinarios. Pag. 7

[9] Outsiders, entendido como actores nuevos en la política, cuyo verbo es atacar a la vieja clase política. En el Perú Fujimori fue un claro caso de outsider.

[10] Giovanni Sartori. Ingeniería constitucional comparativa. Universidad de Press, 1994.

[11] Término usado por René Mayorga.

[12] Tomado del texto de René Mayorga.

[13] Julio Cotler. Crisis política, outsiders y democraduras: el Fujimorismo, en “Partidos y Clase Política en América Latina en los 90”. Instituto Interamericano de Derechos Humanos. Costa Rica, 1992.

[14] Thomas Hobbes. Leviatán. Edit. Macpherson, 1972.

[15] Interpretación mía.

[16] En John Keane. Recordando a los muertos. Sociedad Civil y Estado, desde Hobbes hasta Marx. Alianza Editorial Madrid, 1992, pag.74.

[17] Gonzalo Sánchez. Ciudadanía sin Democracia o con Democracia Virtual.

[18] Michael Foucault. La Gubernamentalidad, pag. 17.

[19] Richard Morse. El Espejo de Próspero. Ed, siglo XXI, 1982.

[20] Interpretación hecha en base al texto de René Mayorga.

[21] Mario Vargas Llosa. La Libertad Recobrada, en “Cómo Fujimori Jodió al Perú”. Edit. Milla Batres, Lima, 2000.

[22] Tomado del texto de Mario Vargas Llosa.

[23] Interpretación mía en base al texto de Vargas  Llosa.

 

PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA

 FACULTAD DE CIENCIAS POLÍTICAS Y RELACIONES INTERNACIONALES

MAESTRÍA EN ESTUDIOS LATINOAMERICANOS

I SEMESTRE  

ASIGNATURA: TEORÍA DEL ESTADO Y PROCESOS POLÍTICOS

PROFESOR:  LUIS CARLOS VALENCIA SARRIÁ

ALUMNO: IVÁN RODRÍGUEZ ALEGRE

BOGOTÁ, DICIEMBRE DE 2001

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