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Globalización en América Latina

Resumen: América Latina, está pasando hoy en día por un proceso de globalización, proceso devenido por obligación del capital extranjero, so pretexto de que la modificación de la economía decadente es la meta a llegar y que para ello la globalización con su cara más desastrosa: el neoliberalismo, es el paso previo del que ningún país puede escapar de aplicar. Es dramática, porque este modelo económico, elaborado, que duda cabe, por tecnócratas de la más alta calificación mundial, no ha traído más que pobreza, por encima de la que la hay, recesión, eliminación del mercado interno e invasión del internacional, en detrimento, claro está de la economía nacional.
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Autor: Iván Rodríguez Alegre

Globalización en América Latina

América Latina, está pasando hoy en día por un proceso de globalización, proceso devenido por obligación del capital extranjero, so pretexto de que la modificación de la economía decadente es la meta a llegar y que para ello la globalización con su cara más desastrosa: el neoliberalismo, es el paso previo del que ningún país puede escapar de aplicar. Es dramática, porque este modelo económico, elaborado, que duda cabe, por tecnócratas de la más alta calificación mundial, no ha traído más que pobreza, por encima de la que la hay, recesión, eliminación del mercado interno e invasión del internacional, en detrimento, claro está de la economía nacional. Pero es más siniestro, que este neoliberalismo, lo dicen la miseria de los pueblos, promueve a cargo de fustigar a los gobiernos a privatizar toda empresa rentable o medianamente beneficiosa, para así reforzar al Estado frente al papel político de antes y con ese énfasis económico, pueda cumplir satisfactoriamente el pago de la deuda externa, deuda impagable que duda cabe. No sólo porque lo afirmó su Santidad Juan Pablo II, sino sencillamente porque los intereses son una bola de nieve en picada. Los gobiernos no hacen más que gobernar para el capital extranjero, y luego de ello “ajustar” su economía interna de la mejor forma posible y conformarse con las migajas que de ella queda. Con ello, conocemos ya cuáles han sido las consecuencias nefastas para gobiernos como el argentino, que tenía que abonar al FMI, y al capital internacional, como concepto de deuda externa, anualmente un promedio de 18 mil millones de dólares. Así, qué economía va a soportar ese embate. Después de ello: es decir, el desastre, el FMI, no quiso entrometerse para salvar la economía, alegando que no daría más efectivos en tanto y cuanto no se enmiende la economía interna.

        El presente argumento, tratará sobre cómo la globalización se ha convertido en una estrategia política de gobierno, una estrategia atrapa todo que ha insubordinado aún más la economía interna de un país a favor de intereses, como se dice, internacionales.  

 

1. La Globalización: un proceso inevitable

        La mayoría de los intelectuales y estudiosos de este fenómeno, han llegado a la conclusión de que la “globalización[1]es un proceso irreversible”. Surge este postulado, a partir del cuestionamiento del Estado, de que si realmente está muerto o enterrado, al haber perdido su poder y en realidad ya estamos hablando del poderío militar y político de los EE.UU., como parte de la insubordinación de estos estados a uno mayor. Dado en forma de consentimiento y colaboración, en caso contrario se manifiesta la presión económica; es decir, el imperialismo de antes, pero tamizado de globalización. Todo esto, como lo señaló Samuel Huntington, Estados Unidos” busca la impunidad de su carrera en armamento nuclear; derechos humanos y democracia electoral  al estilo norteamericano; restricciones a la inmigración y a la libre circulación de la fuerza del trabajo[2]”, como también la propagación del libre mercado a lo largo y ancho del globo. Todo esto nos hace entender la estandarización de la cultura mundial, que trajo consigo la expulsión y el enmudecimiento de las formas populares locales para dar cabida a la televisión norteamericana, la música, la comida, vestimenta, películas, lo que ha conducido a la dominación económica, cierre de las industrias culturales locales a manos de rivales estadounideneses. La globalización amenaza con provocar la extinción definitiva de las culturas locales, mediante la construcción de simulacros artificiales y a través de puras imágenes de tradiciones y creencias fantaseadas, como dice James Friedric la disneylandización. La dimensión económica de la globalización controla las nuevas tecnologías, reforzando los intereses geopolíticos, con la posmodernidad hundiendo fácilmente lo cultural en lo económico y lo económico en lo cultural. La producción de mercancías constituye pues un fenómeno cultural, en el cual el producto se compra, sin lugar a dudas, tanto por su imagen como por su uso inmediato. Ha nacido una industria que diseña las imágenes de las mercancías e idear y dirigir la estrategia de su venta: la publicidad se ha convertido en una mediación fundamental entre la cultura y la economía política y sin duda ha de contarse entre la miríada de formas de producción estética. También la erotización es una parte significativa del proceso, y “los que están comprometidos en esta inmensa empresa internacional de exportación cultural[3] la mayoría ocupan una posición dominada en la esfera del poder americano, e incluso muy a menudo en el campo intelectual, las producciones de la gran industria cultural americana, como el jazz o el rap, las modas alimentarias y de vestir más comunes”,  ha desempeñado un papel dirigente en este proceso de globalización el FMI, organismo considerado como la fuerza de tracción de los ensayos neoliberales de imponer las condiciones del libre mercado en países latinoamericanos a través de la intimidación de retirada de los fondos de inversión.  

 

2. La Globalización ¿significa modernidad en América Latina?

         Tenemos el concepto o la idea, ya lo decía José J. Brunner[4] que “la modernidad es la época en la que el hecho de ser moderno se convierte en un valor determinante”, y vaya que sí lo es; si uno no piensa o se viste a la manera de la cultura occidental o americana, corre el riesgo y el desprestigio de ser un enajenado social. Ya entendemos culturas como la árabe, la islámica, la china, la inca, han pasado a ser expresiones de un mundo caduco y atrasado, y el hombre moderno lo puede  ver solamente como documental de televisión o para un estudio de la national geographic.

        Desde esta representación dominante se cree que América latina presenta serias deficiencias insuperables para absorber los procesos socioeconómicos, políticos y culturales que ella trae. De manera que ser modernos, lo pensamos o tenemos ese concepto instalado en el disco duro de la memoria, es encontrarnos en un medio que nos promete aventura, poder alegría, crecimiento, transformación de nosotros mismos y del mundo, y que a cambio, por bien propio, promete destruir todo lo que tenemos, lo que sabemos, todo lo que somos. Entendiéndose como una unidad de paradoja. Somos arrastrados por una corriente de desintegración y renovación, de lucha y contradicción, de ambigüedad y angustia. O, solamente, como lo señala Carlos Fuentes, escritor mexicano, tenemos una ilusión de pseudomodernidad porque estamos “viajando en el furgón de cola de la modernidad que tanto hemos anhelado”. Y creemos que somos modernos, lo que nos toca, porque al igual que el resto de occidente y de parte importante de la humanidad no-occidental, vivimos en la época de la escuela, la empresa, los mercados y la supremacía como forma de configurar el poder y el control; pero cuando queremos tener el control ideológico, político y económico de nuestros medios de producción, inmediatamente el capital internacional nos acusa de intervencionistas y de querer obstaculizar el libre albedrío del mercado. Todo esto nos hace pensar y de hecho tenemos que aceptarlo que, la modernidad tiene sólo una puerta de acceso, un solo camino de tránsito y una única meta de llegada. La “modernidad”, pues, ha nacido en América latina no de la cabeza de los modernizadores y la irradiación de sus ideas en las cabezas de sus contemporáneos, sino mediante la operación de los aparatos culturales que la producen, incluso a espaldas de nuestros intelectuales. Al respecto José Joaquín Brunner, afirma que la “integración que resulta de la modernidad es la incorporación a una experiencia compartida de las diferencias, pero dentro de una matriz proporcionada por la escolarización, la comunicación televisada, el consumo continuo de información y la necesidad de vivir conectado comunicativamente en la “ciudad de los signos”[5]

        Los grandes países usan las innovaciones tecnológicas para acentuar la desigualdad y la diferencia con los dependientes. Las clases hegemónicas “aprovechan la reconversión industrial para reducir la ocupación de los obreros, recortar el poder de los sindicatos, mercantilizar bienes[6], entre ellos los educativos y culturales, que históricamente eran de servicio público”.

        No, No cabe duda que la modernidad nos ha tocado; nos ha llegado, pero ha sido la modernidad un camino a la solución de nuestra identidad?; nos ha servido para decir que ahora somos más latinoamericanos que nunca? La modernidad se puede entender entonces, como un instrumento más del la globalización y su poder imperial, de querer y poder dominarlo todo en el mundo. Una única ideología que tiene como objetivo la insubordinación, sin derecho a cambio, de una región mundial, trasgrediendo en todo los casos las formas originales de vida, y para ello el cine y la televisión norteamericana, que duda cabe, han jugado su mejor papel, como un libreto de la mejor película de suspenso o acción o drama familiar. Aquellas escenas de la mujer bonita, el trabajo bien remunerado, la felicidad que llegará al final de la lucha por el poder o el amor, no son más que una ideología del sueño americano.

        En todos los países se experimentó que inmediatamente después de puesto en funciones administrativas el fenómeno globalizador, más de la tercera parte de la población pobre vio precarizada aún más su situación, alejados definitivamente del reparto estatal de los recursos que se generan. Los gobiernos crecen económicamente en promedio de 4 a 6 por ciento anual, pero ¿quiénes son los que realmente incrementan su economía? Las capas menos favorecidas a la inversa, en este mismo porcentaje decrecen su poder adquisitivo y se alejan de algún día poder ser parte de la clase media. El estado tiene que hacerlos sobrevivir con hipócritas “programas sociales” que nunca podrán sacarlos adelante. La vieja política de enseñarles a estirar la mano y nunca permitir o abrirles un mercado de producción. Ahondado para siempre la brecha entre ricos y pobres.

        No queda pues, o no hay palabras de aliento para poder finalizar este argumento que decir que la globalización no ha conducido a buen puerto nuestras legítimas aspiraciones de cohesión social, económica en torno a un subcontinente más incorporado.

 

BIBLIOGRAFÍA  

1. Pierre Bourdieu, “Las argucias del imperialismo”. Editorial Paidos Asterisco, 2001.  

2. Fredric Jameson, “Globalización y estrategia Política” New Left Review, Nº 5, nov-dic 2000.  

3.  Néstor García Canclini, “Poderes Oblícuos” en Culturas Híbridas Editorial Grijalbo México, 1990.  

4. Néstor García Canclini, Políticas culturales: de las identidades nacionales al espacio latinoamericano” en las Industrias culturales en la Integración Latinoamericana.Editorial Eudeba, Buenos Aires, 1999.  

5. Jesús Martín Barbero, “Los Métodos de los medios a las mediaciones” en De los medios a las mediaciones y comunicación masiva. Discurso y poder, 1997.

6.  José Joaquín Brunner, “América Latina en la encrucijada de la modernidad” en Revista Foro Nº 20, Santa Fé de Bogotá, Mayo de 1993.  

7. José Joaquín brunner, “Modernidad y Cultura en América Latina, en Perfiles Liberales Nº 25, 1991.


[1] Tomado de”Globalización y estrategia política”. James Fredric. New Left Review, Nº 5, nov-dic, 2000.

[2] Samuel Huntington, The Clash of Civilizations, Nueva York, 1988.

[3] Bourdieu, Pierre. Las argucias del imperialismo. Editorial Paidos Asterisco. 2001.

[4] Brunner, José Joaquín. “América Latina en la encrucijada de la modernidad” en Revista Foro Nº 20. santa Fé de Bogotá, mayo de 1993, pág. 96.

[5] José Joaquín Brunner. “Modernidad y cultura en América Latina”, en Perfiles Liberales Nº 25, 1991.

[6] Néstor García Canclini. “Poderes Oblícuos” en Culturas Híbridas. Editorial Grijalbo, México, 1990.

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