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El alquimista y los penetrados
Reflexiones
de un albañil peronista metido en sus altos años a estudiante de filosofía,
ante otras infames mentiras que mamertos, contreras, lechuguinos y tilingas
universitarias repiten como verdad revelada. Pensamientos
eólicos Noche lluviosa, fría y desapacible sobre los
suburbios del septentrión rosarino, lugar donde quien esto escribe habita.
Quien esto escribe…este albañil metido en sus altos años a estudiante de
filosofía, en la inhóspita noche vuelve a ser en el acogedor interior de la sólida,
sencilla y confortable vivienda construida por sus propias manos, el albañil de
toda la vida. Con esos ojos mira, compara, coteja. Sus pensamientos vuelan al
compás del viento que ulula entre las frondas del barrio querendón camino a la
nada del río cercano. No siempre el pensamiento puede volar cuando el
viento arrecia de esa forma. En los ranchos o en las casillas de chapa y cartón,
en esas circunstancias el pensamiento suele detenerse cuando el ser humano que
es portador del mismo antes que pensar, actúa movido por el miedo y la premura
para que Eolo no tire abajo las míseras paredes donde vegeta. Sin desconocer que como deuda pendiente y llaga
abierta en nuestra conciencia nacional, cientos de miles de desarrapados siguen
sufriendo en sus inhumanos asentamientos los caprichos de la naturaleza, hay sin
embargo un antes y un después en esta cuestión. Mal que le pese a la
antipatria, otra Patria fue posible a partir de la providencial aparición del
General Juan Domingo Perón. Seis décadas han transcurrido entre ese antes y
ese después. Ese antes de millones de argentinos condenados a vivir como
mendigos en la tierra de todas las riquezas. A vegetar en ranchos inmundos y sórdidos
cuartos de inquilinato, muchos de estos situados por cruel paradoja en las
cercanías de los palacetes de la oligarquía y de los sólidos edificios de
rentas de la clase media. Esa cercanía permitía que a veces en los públicos
espacios comunes (la vereda, la calle, la plaza) un pibe de conventillo
compartiera esporádicamente lúdicas sociabilidades con algún “niño”. La
tilinguería universitaria ve en estos encuentros un modelo de ascenso e
integración social previo a lo que públicamente nominan y periodizan como
“el Primer Peronismo” (aunque en privado derraman sus babas de odio llamándolo
como siempre lo han hecho estos zopencos del rencor: “la Segunda Tiranía”).
Olvidan ex profeso algo que el más simple de los testigos de la época, si no
tenía estas anteojeras mentales percibía: que tras el juego compartido, el
“niño” retornaba a la confortabilidad de su hogar, mientras que el pibe
volvía a la sordidez del hacinamiento. En algunos casos a la promiscuidad, en
otros (los más afortunadamente) al cariño filial, pero en todos los casos volvía
a la miseria y al hambre. Los vates del tango dejaron testimonio de esos dramas: …Yo sé
lo que es sentirse en una Nochebuena, teniendo
por regalo un solo cacho 'e pan, sabiendo
que los otros, cruzando la vereda, dejaban
sus juguetes allí, en medio del zaguán. Yo sé lo
que es sentirse besado tiernamente por una
pobre madre que no me pudo dar ni el más
humilde y pobre de todos los juguetes… ¡Cuantas memas abobadas de corto intelecto y
anchas cinturas que pululan impertérritas por nuestras facultades de
inhumanidades deberían curarse en salud analizando El
bazar de los juguetes o Accuaforte para
comprender el drama social que vivía la Argentina anterior al peronismo! Pero
es un deseo inútil. No lo harán, porque si lo hicieran comenzarían a entender
la bendición que para nuestra tierra fue la concreción del deseo expresado en
su momento por Martín Fierro: que llegara un criollo a mandar. Para estas
jamonas acostumbradas a apoyar sus prominentes antifonarios en las poltronas de
la antipatria y para sus congéneres masculinos, pérfidos botarates pobladores
ambos de las irreales ínsulas universitarias, el momento del sagrado encuentro
de la Patria y el Pueblo con su Líder no es más que el de la “oportunidad
perdida”. ¿La
oportunidad perdida o la infamia de perdidos oportunistas? El cuentito que la intelligentsia
(ese extendido contubernio de políticos e intelectuales unidos por el común
desprecio a todo lo que huela a popular y a nacional) ha elaborado, y que
repiten a boca de ganso mamertos de toda laya y pelaje que pululan por las nubes
de pedos en que se han convertido cual excrecencia sifilítica mal parida por la
Reforma del 18 las universidades, es a grandes rasgos así: “A lo largo de las primeras décadas del siglo
XX y especialmente a partir del estallido de la Segunda Guerra Mundial, los
gobiernos radicales y conservadores que se sucedieron aprovecharon la coyuntura
mundial para que la Nación acumulara reservas de magnitud tal que era harto difícil
transitar por las bóvedas del Banco Central sin tropezar con barras y lingotes
de oro. Entonces llegó Perón, que dilapidó demagógicamente y en forma increíble
esa riqueza, privando al país de avanzar hacia el destino de grandeza que la
Divina Providencia le había reservado. Por culpa de Perón la Argentina ha
perdido su gran oportunidad”. Hasta aquí el cuentito. Procedamos a
analizarlo. Vayamos por parte como diría Jack
El Destripador (es un chiste, ¡che!, dejemos para los gorilas la cualidad
de amargos, que si un peronista no tiene sentido del humor no es peronista). En primer lugar, de ser cierto este enunciado
estaríamos ante una palmaria demostración de hijoputez de quienes lo
sostienen. No es que quiera cargar las tintas sobre estos lechuguinos, pero que
otro adjetivo les cabe a quienes añoran un supuesto país rico con un pueblo
pobre. O dicho de otra manera: si el oro estaba, lo que brillaba por su ausencia
era el empleo del mismo en beneficio de todos. Siguiendo esta línea de
razonamiento, para los contreras que sustentan la teoría de la oportunidad
perdida, se debería haber seguido acumulando riqueza sin redistribución. Pero la gran falacia, el mayor de los embustes
de este cuentito es que es falso de toda falsedad. No
había oro en 1945. No podía haberlo dadas las relaciones asimétricas que
se establecen entre un país dependiente como había sido la Argentina hasta
entonces (con la complicidad de los cipayos vernáculos) y la Metrópolis
Imperial a la que estaba subordinada. Para graficar tales relaciones baste el ejemplo
del Pacto Roca-Runciman, el cual constituyó según la acertada definición de
don Arturo Jauretche, el Estatuto Legal del Coloniaje.
El piratón imperial pagaba por nuestros productos primarios lo que se le
antojaba y a su vez imponía el precio de las manufacturas que nos vendía. Aún
en la coyuntura supuestamente propicia para la Argentina (según repiten sin
fundamento algunos loros y cotorras de la antipatria universitaria) que se da
con el estallido de la Guerra Mundial, la balanza favorable de nuestras
exportaciones no se tradujo en tangibilidad concreta. Lisa y llanamente Gran
Bretaña bloqueó nuestras divisas, transformando nuestro superávit en una
deuda que pensaban nunca nos pagarían, que se convertiría en uno
de los tantos pagadios que nos hicieron a lo largo de un siglo de ignominia. Sin embargo esos reverendos hijos de la….Rubia
Albión se equivocaron. Acostumbrados como estaban a tratar a su “Sexto
Dominio” en relación de vasallaje, no advirtieron que nuevos vientos soplaban
en ese 1945. Eolo barría en forma de Pampero la vieja mentalidad colonial. En
el despejado firmamento de octubre, empezaba a cumplirse la profecía
hernandiana: estaba llegando un criollo a mandar. Un
galaico almacenero El “almacenero”, así con desprecio de clase
llamaron los eternos gurúes económicos de la dependencia a Miguel Miranda, un
hombre venido desde Asturias con una mano atrás y otra adelante, y que a fuerza
de trabajo había llegado a convertirse en un exitoso empresario. La empiria y
no los libros cimentaron su éxito. Este “almacenero” fue el elegido por
nuestro Gran Conductor para llevar adelante las políticas necesarias y
adecuadas para lograr una Patria Económicamente Libre, como reza uno de
nuestras tres grandes banderas. No en vano el General Perón fue ungido cuando
nació en la inmensa llanura melancólica, con el óleo sagrado de Samuel.
Sabiamente comprendió que para acabar con la nefasta mentalidad colonial y con
sus eruditos personeros, se precisaba un hombre como ese asturiano profundamente
argentino, sin prejuicios de escuela ni universidad, dotado de sentido común y
patriotismo. Esa política económica genuinamente nacional
se tradujo en impresionantes logros. Al respecto me remito a la síntesis que señala
un habitual colaborador de La Memoria de
Nuestro Pueblo, Roberto Baschetti: “Nacionalización de la economía. Créditos
para la industria. Plena ocupación. Altos salarios. Por primera vez en la
historia de nuestro país se evidencia un corrimiento positivo de la economía
argentina de la industria laboriosa con respecto al campo parasitario. En 1948
el censo industrial determina que hay 81.937 establecimientos; en 1954 (casi al
fin de la experiencia peronista), los establecimientos industriales trepan a
151.798. Se impulsa la industria liviana y toda la industria manufacturera de
consumo final. Comienza la producción también, de bienes de consumo durable
como motocicletas, automotores, locomotoras y aviones (producción desmantelada
prolijamente por los gobiernos posteriores siguiendo ordenes del extranjero).
También se producen insumos siderúrgicos y otros derivados del petróleo.
Pasan al patrimonio de la Nación: ferrocarriles, puertos, teléfonos, gas,
servicios públicos, lo que posibilita no sólo un control sobre la política de
tarifas de los mismos, sino también, una reducción de los pagos de servicios y
beneficios al capital extranjero generalmente remitidos (como ahora) al exterior
y facilitando además un control efectivo sobre la política de inversiones de
las empresas públicas. Solamente en un año de gobierno peronista (1948/1949)
los chacareros arrendatarios se hicieron propietarios de un millón de hectáreas
y la tendencia continuó en los años posteriores. En nueve años de gobierno
peronista (1946/1955), se levantaron 76.230 obras públicas, de las cuales
70.000 fueron en el postergado interior de nuestro país. Con Perón se
inauguraron y se pusieron en marcha centrales hidroeléctricas, plantas siderúrgicas,
diques, gasoductos, refinerías de petróleo, usinas eléctricas: hago
referencia entre otras obras a San Nicolás, Río Turbio, represa El Nihuil,
Altos Hornos Zapla. La Flota Mercante del Estado pasó a ser la tercera del
mundo, con 35 buques, con un tonelaje total de peso bruto de la flota de 269.530
toneladas, con una capacidad total de carga general de 322.153 m3 y una
capacidad total de carga frigorífica de 45.928 m3.” Agrego simplemente que cuando un país se torna
soberano, no es fácil trampearlo en las transacciones comerciales. Eso pronto
lo entendieron los ingleses (para desgracia del no vidente británico Jorge Luis
Borges y otros masturbados mentales que como él siguen hasta el presente añorando
al amo imperial). Acostumbrados a pagar lo que se les daba la gana por nuestro
productos, se encontraron de pronto con un gobierno que les decía: -señores,
la carne vale en el mercado internacional cuarenta libras la tonelada. Ustedes
nos ofrecen diez. Señores: cuarenta o nada. Muchos pusieron el grito en el cielo por esta
forma inédita y viril de negociar. Cundía amariconada y lacrimógena alarma
entre la cáfila putrefacta de contumaces contreras y discepolianos
mordisquitos: -“No nos van a comprar y nuestros productos se van a pudrir,
snif, perderemos todo, snif, snif.” Décadas de dependencia y sometimiento habían
generado un sentimiento de subestimación nacional que se reflejaba en estos
agoreros. El barullo soez de estos
gaznápiros fue en vano. Situados en lo más excelso del patriotismo maridado
con el mejor cálculo geopolítico, Perón y Miranda sabían lo que hacían: los
ingleses terminaron comprando a cuarenta libras la tonelada. Su situación
interna era muy grave y precisaban la carne argentina.
Todo lo
cual fue generando en nuestra Nación una bonanza sin precedentes al punto que
deberemos situar hacia 1950/51 (y no en 1945 como argumenta la antipatria) el
momento en el cual los pasillos del Banco Central se atiborrarán de oro. El Gran
Alquimista Pero acumulación sin redistribución no es
riqueza. Si entendemos la riqueza como justicia social. ¡Y de que otra forma la
podemos entender los peronistas! Vuelvo al compañero Baschetti y su poder de síntesis: “En nueve años de gobierno peronista se
construyeron 8.000 escuelas, la mayor cantidad registrada en toda la historia de
la Argentina. El analfabetismo se redujo en todo el país al 3%. También
durante el peronismo se construyeron 500.000 viviendas con capacidad para cerca
de 5 millones de personas. Veamos el caso concreto del Banco Hipotecario
Nacional: entre 1886-1946 (60 años) dio préstamos para 20.000 viviendas; entre
1946-1951 (cinco años con el peronismo en el poder) otorgó préstamos para
217.000 viviendas. Se dignificó a todos los trabajadores mediante contratos de
trabajos, leyes de previsión social, jubilaciones y pensiones, cooperativas,
proveedurías, escuelas técnicas, etc. Se crearon los tribunales de trabajo (ya
que hasta entonces el obrero no tenía un lugar a donde reclamar por sus
derechos conculcados y que se le hiciera justicia). Evita decía: “donde hay
una necesidad hay un derecho” y la Fundación Eva Perón creó entonces los
hogares escuela, la ciudad infantil, la ciudad estudiantil, los hogares para
ancianos, los hogares de tránsito, el hogar de la empleada, hospitales, clínicas
y policlínicos para la gente, vacaciones pagas, turismo infantil, colonias de
vacaciones para todos los pibes del país y la lista puede seguir ad
infinitum.” Claro que puede seguir la lista (latinazgos al
margen) como palmaria demostración de la transmutación de la materia que
realizó en la década más gloriosa de nuestra Patria, nuestro inmortal General
Perón. El, en la senda de los antiguos alquimistas que buscaban la piedra
filosofal y la panacea universal, encontró la auténtica panacea nacional al
transformar el oro acumulado gracias a su brillante política económica, en
felicidad y dignidad para todo el pueblo argentino. Lamentablemente, y causa vergüenza ajena
admitirlo, esta gran obra social
del mayor humanista que observó el mundo en
el siglo XX, fue y es puesta en tela de juicio por los necios, por los palurdos
de intelecto atrofiado que por mera
ignorancia o por refinada maldad, continúan sembrando el veneno de sus
sanguinolentas pústulas cerebrales. Los
penetrados El peronismo favoreció desde el Estado una transformación del significado social del habitar, al democratizar el acceso a la vivienda, entendida como un derecho de los trabajadores y sus familias. La ciudad de iguales, materializada en innumerables barrios construidos a lo largo y ancho del país, fue la inspirada asociación de los ideales higienistas con los valores de sociabilidad y vecindad cuyo resultado fue la ciudad saludable a la que los trabajadores accedieron de la mano de Perón y Evita. Su ícono arquitectónico fue el llamado
“chalecito californiano”, en rigor de verdad de estilo colonial, que tomó
su equívoco nombre por haber hallado inspiración formal en la arquitectura de
las misiones jesuíticas de la costa oeste de los Estados Unidos. Un simple
cotejo de observación primaria entre estos chalecitos con jardín y la sordidez
actual de los Fonavis, habla a las claras de la tarea de dignificación del ser
humano del peronismo. Pero el odio y la ignorancia, como dijimos han
hecho escuela. Ya en los años gloriosos de la Nueva Argentina surgió la
leyenda negra: “los negros levantan el
parquet de las casas que el tirano y
la yegua les regalaron para hacer
asado”. Mas allá de la ofensa a nuestro General y
nuestra Evita, destaquemos en esta infamia dos flagrantes mentiras. Primero, que
al revés de lo que se hizo después con el manejo clientelar de los Fonavis,
las viviendas no se regalaban. Por el contrario había que cumplir con los
requisitos que establecía el Banco Hipotecario Nacional para acceder a las
mismas. El pleno empleo y la dignificación salarial del mismo, permitían que
el trabajador alcanzara la propiedad de su casa, comprada en cuotas que a su vez
posibilitaban reproducir el sistema al generar recursos genuinos para seguir
construyendo. La segunda mentira es refutable desde la más
elemental observación empírica. El parquet no es más que un machimbre pegado
al suelo mediante brea. Imaginemos la humareda y el olor que desprendería ese
material si se lo intentaba utilizar como leña. De solo pensarlo ya nos arden
los ojos. Pero la leyenda negra perduró más allá de su
evidente falsedad y maledicencia. O tal vez esa perdurabilidad se dio justamente
por esas dos condiciones. Había (y hay) mucho odio de clase y racismo, que la
clase media encubre de “democratismo”. En realidad el contacto con lo que
llamaban “la negrada” o “el aluvión zoológico” enervaba a la
intelectualidad de entonces. Narra Jauretche: “el doctor se amarga porque ya
no es tan importante; añora el tiempo en que fue el pequeño Dios casero del
barrio o del pueblo; época en que la gente lo veía pasar a un Martínez
Estrada y las comadres del conventillo decían: -es escritor, sale en los
diarios…ahora hasta le paran el carro si el doctor intenta -como otrora
impunemente hacía- protegerlos con su tuteo”. Agrega Don Arturo: “tampoco se puede
ganar la lealtad para toda la vida de un peón de campo con el regalo de unos
pantalones viejos, cuando hay un Estatuto del Peón”. O como en feliz definición establecía el
colorado Jorge Abelardo Ramos:” no se puede entender el peronismo sin las
chinitas que se volvían rubias”. Histéricas
chirusas de la clase media ponían el grito en el cielo clamando a todos los
santos ante el tupé de las humildes mujeres de la Argentina Profunda que
desafiaban con glamoroso oxigenado, estéticos terrenos que les habían estado
vedados. Un bucle dorado igualaba el gineceo de las clases sociales con idéntica
eficacia a la de la Ley de Voto Femenino. Eso ayer ¿y hoy? Hoy aunque traten de
disimularlo con discursos políticamente correctos, los jóvenes que accedieron
a una educación superior gracias a que sus padres y abuelos fueron dignificados
por el peronismo, en su gran mayoría son unos ingratos renegados. Unos
penetrados culturales. Lamentablemente tantos años de mentiras, ocultamiento y
lavado de cerebro los han convertidos en eso: en unos penetrados impotentes de
superar la mentalidad colonial. Da grima hablar con ellos. Se creen superados y
no pasan de ser unos eunucos con intelecto castrado. Si hablan de cine…conocen
todo el cine, todas las corrientes en boga en el mundo. Con ridícula erudición
pueden hablar de la intencionalidad oculta en las imágenes de un Bergman…o de
Abbot y Costello. Ahora si uno logra meter en medio de su jocunda y académica
verborrea pedorresca una simple pregunta como ¿viste Luna
de Avellaneda? o ¿conocés la obra de Leonardo Favio? un no rotundo es la
respuesta. Se conocen toda la filosofía. Se ciscan de
memoria a Habermas o como corresponde a impertérritos y eternamente
adolescentes herederos del ochentoso Club
de los Fucoltitos[i],
a Foucault, pero de filósofos nacionales como
Rodolfo Kush o Carlos Astrada, ni noticias. Los penetrados ignoran que lo son. Se creen
impolutos. Entienden que hay un pasado nacional común, pero lo que saben de
historia argentina lo estudian con yanquis como David Rock y Daniel James o natives
como Luis Alberto “flor de” Romero, el inefable gorila radical Félix
Luna o el hijo putativo de este: Felipe “!plin! caja” Pigna. De los que
hacen la verdadera historia como Pepe Rosa, ni noticias. Esa ignorancia no los exculpa. Los penetrados no
son inocentes. Durante el menemismo accedieron relajada, gustosa y pasivamente a
tener relaciones carnales con el amo imperial. Por unos dólares, por un viaje
de egresados a Cancún o simplemente por vicio congénito, estos degenerados al
tiempo que libidinosamente entregaban sus baqueteadas grupas a las lubricias del
falo yanqui, eran totalmente
indiferentes frente al neoliberalismo que produjo en la Argentina la mayor
entrega del patrimonio y la soberanía desde los tiempos de la Década Infame.
Dispénseme el lector la crudeza cuasi soez de la concomitancia utilizada pero
no hay forma más contundente de graficar tal concupiscente complicidad. Los penetrados compran su propia y abyecta
sodomización cultural. Circulan por los lugares que la intelligentsia
les impone (universidad, prensa, etc.) para que elaboren con supuesta
racionalidad el desprecio al pueblo del que forman parte. Suelen ocultar ese
desprecio direccionandolo no al pueblo, sino al peronismo[ii],
sin entender que pueblo y peronismo constituyen una misma e inseparable
sustancia de la Patria, amalgamada de una vez y para siempre en los días
felices por gigantes de la estatura moral de Perón y Evita. Medio siglo después,
los penetrados demuestran con su rencor militante de analfabetos funcionales a
los intereses antinacionales, que el peronismo continúa siendo el hecho maldito
del país burgués. Y en virtud de esa condicionalidad revulsiva se constituye
en la única herramienta válida
para superar la tara de la colonización pedagógica. Como decía don Arturo
Jauretche, si no destruimos esa colonización, si no acabamos con la penetración
cultural y con la mentalidad de los penetrados, será imposible la liberación
nacional. Dardo Olea Escuela de Filosofía Universidad Nacional de Rosario [i] La patota cultural alfonsinista que fue patrón y soto de la vereda intelectualoide en la década del 80 en la rosarina Facultad de Filosofía y Letras (travestida a partir de esos años en Facultad de Humanidades y Artes) recibió ese irónico mote por su irracional adoración del filósofo francés Michael Foucault. El nombre deviene de un fenómeno radial ocurrido dos décadas antes de estos lamentables sucesos. Me refiero a El Club de los Ruxcolitos, un programa infantil que se emitía por la rosarina LT2 con el auspicio de la empresa local Baracco, fabricante de la chocolatada Ruxcoa. Datos obtenidos de la profesora Mónica B., titular de la cátedra de Teoría Política en unas de las Escuelas de la citada Facultad. [ii]
Con peronismo no me refiero a
ninguna estructura partidaria, sino a una filosofía profundamente
humanista, abarcadora de todos los aspectos de la vida argentina. Aclaro
para los ignaros de distinta laya, que este albañil metido en sus altos años
a estudiante de filosofía, renunció asqueado al pejota cuando vio que como era cooptado y traicionado en su esencia
por el palíndromo riojano que usurpó (con la anuencia de los penetrados)
la Casa Rosada a partir de 1989.
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