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Farmacovigilancia vs reacción adversa medicamentosa Trabajo de revisión
RESUMEN Las
reacciones adversas medicamentosas constituyen sin lugar a dudas un problema
sanitario real que lejos de
conllevar a una actitud de rechazo hacia los medicamentos, precisa de una
conducta responsable y vigilante ante los mismos. Claro está, no podemos
eliminar al enemigo o al menos disminuir sus efectos, si antes no estamos bien
informados de sus características y de las armas con las que disponemos para
combatirlo. Nos propusimos entonces hacer una
revisión bibliográfica en aras de profundizar y ampliar nuestros conocimientos
sobre este tema. Palabras
claves: farmacovigilancia, reacción adversa medicamentosa DESARROLLO Reacción
adversa medicamentosa. Concepto No
es un secreto para nadie que en los momentos actuales el medicamento se ha
convertido en un elemento importante dentro de la sociedad. Baste decir
que la cuantía de su consumo crece vertiginosamente, incluso más que otros
gastos sanitarios y varias veces más que el producto interno bruto de muchos países
(1). Sin embargo, no debemos olvidar que independientemente de los beneficios
que reportan los medicamentos en cuanto a prevención, diagnóstico o curación
de una determinada patología, también pueden producir efectos indeseables en
pacientes que los reciben con estos fines. En
este sentido la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha definido como reacción
adversa medicamentosa (RAM) a cualquier respuesta nociva, no deseada, que se
presente con las dosis de un medicamento normalmente utilizadas en el hombre
para el tratamiento, la profilaxis o el diagnóstico de una enfermedad
(2,3). En
numerosas ocasiones se confunden los términos reacción adversa y evento o
acontecimiento adverso, este último no implica necesariamente una relación de
causa-efecto entre el medicamento y el efecto no deseado. Puede ser cualquier
nuevo diagnóstico, cualquier motivo para que un paciente sea remitido a un
especialista u hospitalizado (accidente, intervención quirúrgica) u otra
experiencia no deseada que sea considerada lo suficientemente importante como
para ser recogida en la historia clínica del paciente
(1,3). Clasificación Las
sospechas de R.A.M se pueden
clasificar atendiendo a diferentes aspectos: -Según la gravedad de la reacción
(4,5,6): v
Leves: reacciones menores,
no requieren hospitalización, cambio de terapéutica ni antidototerapia. Síntomas
y signos fácilmente tolerados. v
Moderadas: provocan
hospitalización o atención en servicio de urgencias. Requieren de
cambio en el tratamiento farmacológico, aunque no necesariamente
requieren la suspensión del medicamento causante de la reacción ni
antidototerapia. Hay malestar suficiente que interfiere con
la actividad usual. v Graves: causan o prolongan la hospitalización del paciente por amenazar directamente su vida. Requieren la suspensión del fármaco causante de la reacción y la administración de un tratamiento específico para contrarrestar la reacción adversa. Acción incapacitante con inhabilidad para trabajar o realizar actividades usuales. v
Letales: contribuyen
directa o indirectamente a la muerte del paciente. -Según el mecanismo de producción
(2,7): v
Sobredosis relativa: el fármaco
se administra a las dosis requeridas pero
a pesar de ello sus concentraciones plasmáticas son superiores a las
habituales. Alteraciones en los procesos farmacocinéticos suelen estar
presentes en estas situaciones. Ej: la mayor incidencia de sordera entre
pacientes con insuficiencia renal tratados con aminoglucósidos, en comparación
con pacientes que tienen una función renal normal. v
Efectos colaterales: forman parte de la propia
acción farmacológica del medicamento, pero su aparición resulta indeseable en
un momento determinado de su aplicación. Ej: sequedad bucal en el curso de un
tratamiento con anticolinérgicos. v
Efectos secundarios: surgen como consecuencia
de la acción fundamental, pero no
forman parte inherente de ella. Ej: la tetraciclina inhibe la síntesis
bacteriana de proteínas al inhibir la subunidad 30S ribosomal, como resultado
de esta acción se produce un
efecto bacteriostático que afecta la flora intestinal normal, pudiendo dar un
cuadro de disbacteriosis, que en definitiva sería el efecto secundario. Es
importante aclarar que desde el punto de vista clínico, no siempre es fácil
distinguir un efecto colateral de uno secundario; en ocasiones, la distinción
es simplemente académica. (7) v
Idiosincrasia: respuesta atípica
que ciertos individuos tienen frente a un fármaco en su primera
administración. Está genéticamente determinada y muy relacionada con
deficiencias enzimáticas. Ej: la apnea por succinilcolina (bloqueador
neuromuscular) en personas con actividad de pseudocolinesterasa baja. v
Hipersensibilidad: reacción de
naturaleza inmunológica, ya que el fármaco o sus metabolitos adquieren carácter
antigénico. Al igual que la reacción de idiosincrasia, las reacciones de
hipersensibilidad sólo se presentan en algunos individuos. Se requiere un
contacto sensibilizante previo con ese mismo fármaco u otro de estructura
parecida (sensibilidad cruzada), y un contacto desencadenante que provoque la
reacción antígeno-anticuerpo. Se
describen cuatro tipos de reacciones según los criterios de Gell y Coombs: Tipo
I: reacción anafiláctica o hipersensibilidad inmediata. Tipo
II: reacción citotóxica. Tipo
III: reacción por complejos antígeno-anticuerpo. Tipo
IV: reacción de tipo celular o hipersensibilidad tardía. -Según
su relación con la dosis (4): v
Dosis-dependientes: es el tipo de
reacción más común. Su frecuencia y gravedad
son directamente proporcionales a las dosis administradas y por tanto se pueden
prevenir y/o tratar mediante un ajuste de la dosis, de acuerdo a la necesidad y
tolerancia del paciente. Ej: depresión del SNC
por sedantes hipnóticos. v
Dosis-independientes: se deben a un
incremento de la susceptibilidad del paciente. Se manifiesta como un cambio
cualitativo en la respuesta del mismo a los medicamentos, y puede ser causado
por una variante farmacogenética o inmunológica. Ej: shock anafiláctico tras
la administración de penicilina procaínica. -Según
criterios de Rawlins y Thomson (2,3,8,9): v Reacciones de tipo A (augmented): son el resultado de una acción y un efecto farmacológicos aumentados, pero por otra parte normales, de un fármaco administrado a las dosis terapéuticas habituales. Son cuadros predecibles si se conocen las propiedades del producto y a pesar de que la incidencia y la morbilidad que producen en la comunidad son elevadas, en general su letalidad es baja. Ej: bradicardia por bloqueadores beta adrenérgicos y hemorragia por anticoagulantes. v
Reacciones de tipo B (bizarre): son
efectos raros, que no son de esperar sobre la base de las propiedades farmacológicas
de un medicamento administrado a las dosis terapéuticas habituales, en un
paciente cuyo organismo hace un tratamiento farmacocinético normal del mismo. A
diferencia de las de tipo A su incidencia y morbilidad son bajas, pero la
letalidad suele ser elevada. Ej: hipertermia maligna por anestésicos así como
la mayoría de las reacciones de hipersensibilidad. v
Reacciones de tipo C: asociadas a
tratamientos prolongados. Ej: necrosis papilar e insuficiencia renal por uso
prolongado de analgésicos. v
Reacciones de tipo D: son los
retardadas, como por ejemplo la carcinogénesis y la teratogénesis. A
diferencia de las anteriores, esta clasificación incluye criterios epidemiológicos
y también algunos efectos de importancia clínica
como la carcinogénesis y la teratogénesis. De ahí que sea aceptada hoy
en día como la más adecuada (2). Factores
asociados a las R.A.M v
Edad: los ancianos y los niños son los
grupos etáreos más susceptibles de presentar algún tipo de RAM. En los
primeros por alteraciones en la absorción, distribución, metabolismo y
eliminación de los medicamentos, y/o un incremento en la sensibilidad de los
receptores a los mismos. Además los pacientes ancianos padecen usualmente
enfermedades concurrentes que motivan una terapéutica múltiple, favoreciéndose
la aparición de RAM por interacción entre los fármacos. En los segundos por
inmadurez de los sistemas enzimáticos y de eliminación que intervienen en el
metabolismo y excreción de los medicamentos (2,4,10). v
Sexo: varios estudios demuestran que la
mujer tiene una probabilidad mayor que el hombre para desarrollar reacciones
adversas. Parece ser más susceptible a los efectos tóxicos de la digoxina y a
presentar complicaciones hemorrágicas
por anticoagulantes orales y por heparina (2,4). v
Predisposición genética: algunos
individuos presentan déficits enzimáticos que implican la aparición de RAM.
Ej: anemia hemolítica en pacientes con déficit de glucosa 6
fosfatodeshidrogenasa tras la administración de ciertos fármacos como el
cloranfenicol o la primaquina (11,12). v
Enfermedades que modifican también el patrón farmacocinético o
la acción farmacodinámica de los medicamentos sobre el organismo. Ej:
insuficiencia renal, insuficiencia hepática, insuficiencia cardíaca, o una
hipoalbuminemia (2,4). v
Fuerte tendencia hacia la automedicación: una investigación
realizada en el Hospital Universitario de Salamanca concluyó, que la
automedicación había sido responsable de un número elevado de RAM (13). Otros
factores a mi juicio no menos importantes, máxime si tenemos en cuenta que
dependen en gran medida de la suficiente conciencia del problema por parte del médico
y que por tanto podrían ser modificados en pos de disminuir la incidencia de
aparición de las R.A.M serían: la medicina de complacencia, la prescripción
de medicamentos sin un conocimiento profundo de qué hacen los fármacos o cómo
lo hacen en la situación patológica concreta del paciente, además del
desconocimiento y/o la no aplicación de los métodos de vigilancia farmacológica. Frecuencia de aparición
Las
diferentes metodologías empleadas para detectar y evaluar las reacciones
adversas medicamentosas, su diagnóstico poco frecuente; entre otras razones por
ser cuadros que desde el punto de vista clínico no difieren de otras patologías,
los estilos diferentes de prescripción de medicamentos en los distintos países,
la inclusión o no de las reacciones leves, y el hecho de que muchas veces son
diferentes las poblaciones estudiadas, están entre los principales responsables
de que su frecuencia de aparición varíe entre un 1 y un 30% (4,14). La
mayoría de los datos de los que se dispone actualmente acerca del
comportamiento global de las R.A.M y de sus consecuencias, derivan de estudios
epidemiológicos realizados en pacientes hospitalizados. Por estos estudios se
sabe que los efectos adversos provocados por medicamentos, motivan entre el 0.86
y el 3.9% de las visitas a los servicios de urgencia, se conoce además que
alrededor de un 5% de los ingresos se debe a reacciones adversas, y que en
promedio un 15% de los pacientes que son tratados con fármacos presentan
algunas formas de yatrogenia medicamentosa. Muchas de las reacciones suelen ser
leves y reversibles, pero cerca de un 20% son calificadas como peligrosas para
la vida. Incluso entre el 0.24 y el
2.5% de los enfermos hospitalizados encuentran la muerte como resultado de la
acción de los medicamentos (2,7,15,16). En
algunos países desarrollados los efectos indeseables que dan lugar a ingresos
en servicios de urgencia constituyen una de las principales causas de muerte, sólo
precedidas por la cardiopatía isquémica, el cáncer y el accidente vascular
encefálico; un metanálisis reciente de estudios de farmacovigilancia en
Estados Unidos así lo confirma (13,14). A esto se suman las RAM
que pasan desapercibidas por no diagnosticarse, y las que causan
morbimortalidad sin llegar a provocar el ingreso hospitalario. Existen
muchos menos datos procedentes de la atención extrahospitalaria, no obstante
algunos autores apuntan que un 2.5% de las consultas son por R.A.M, y que un 41%
aproximadamente de los pacientes tratados con fármacos desarrollan algún tipo
de efecto adverso (2,7,16). Farmacovigilancia. Concepto La
introducción del término vigilancia en salud pública, se remonta a los
tiempos en que la policía velaba por el mantenimiento de las cuarentenas
durante las epidemias (3). Posteriormente,
paralelo al progreso de la medicina y en la medida que se fueron acumulando
experiencias de pequeñas y grandes tragedias asociadas al uso de los
medicamentos aumentó la preocupación y el interés por la detección y
prevención de las RAM (3). En
la actualidad es una tarea esencial la vigilancia epidemiológica de los fármacos
una vez que han sido comercializados, y se define como: el conjunto de
actividades y métodos que tienen por objeto identificar, estudiar, valorar y
prevenir los efectos del uso agudo y crónico de los tratamientos farmacológicos
en poblaciones o en subgrupos específicos de ella (17,18). Antecedentes Las
primeras encuestas formales de la era contemporánea
sobre problemas de seguridad de los
medicamentos datan de finales del siglo XIX, cuando se formó una comisión
encargada de examinar los casos de muerte súbita ocurridas en pacientes
anestesiados con cloroformo o cuando se formó otra, encargada de examinar los
casos de ictericia entre pacientes sifilíticos tratados con arsenicales. Pero
sin lugar a dudas las más de 100 muertes producidas por el jarabe de
sulfanilamida que contenía dietilenglicol como disolvente, en los años 30 del
siglo pasado, y la epidemia de focomelia producida por la talidomida en 1961,
con más de 4000 nacimientos de malformados en todo el mundo, son los hechos que
más contribuyeron a concienciar sobre la necesidad de crear una herramienta de
control a partir del momento en que el medicamento comienza a ser comercializado
(2). De hecho en varios países los gobiernos establecieron procedimientos muy
estrictos para la recogida sistemática de información sobre las reacciones
adversas que podían producirse
después de la administración de un fármaco (19). Entre
1961 y 1965, empezaron a surgir los primeros sistemas de notificación
voluntaria en Australia, Italia, Holanda, Nueva Zelanda, Suecia, Reino Unido,
Estados Unidos, y la República Federal Alemana. Tres años más tarde la OMS
inicio un proyecto piloto de recogida de
notificaciones sobre reacciones adversas en diez países. La evaluación
de esta experiencia llevó a la conclusión de la necesidad de establecer
un sistema de farmacovilancia permanente (19). En
1978, el gobierno sueco se ofreció como responsable del desarrollo y coordinación
del Programa Internacional de notificación voluntaria, estableciendo su sede
definitiva en Uppsala (19,20). En
los últimos años ha habido un incremento en el número de países que han
manifestado el deseo de unirse a los que ya conforman en el Programa de la
OMS-WHO, con el propósito de recibir asistencia en el desarrollo de sus
programas nacionales de farmacovigilancia (21). Necesidad
de los estudios de farmacovigilancia La
comercialización de un nuevo medicamento no significa que su relación
beneficio/riesgo esté definitivamente establecida: significa que su eficacia
está bien documentada y que los efectos indeseables detectados hasta ese
momento resultan aceptables con relación al tipo de afección al que se
destina el fármaco (3). Se
impone pues, una valoración postcomercialización, fundamentalmente para
detectar las reacciones adversas graves y aquellas que se producen con muy poca
frecuencia, de manera que puedan informarse con suficiente premura y se logre
prevenir desastres terapéuticos mayores (22). Incluso por muy cotidiana que
parezca la reacción y por conocido que resulte el medicamento causal, también
es imprescindible notificarlo (21,23). De
esta forma se podrán establecer medidas que lleven al uso más racional de los
medicamentos, tomar decisiones sobre las ventajas de la utilización de los
mismos, retener un lote, modificar una formulación, completar estudios
epidemiológicos, describir ciertos efectos retardados debido a variables genéticas,
y hasta retirarlo de la red asistencial por su alta toxicidad (24). Existen
ejemplos claros internacionales que avalan lo planteado anteriormente: El
14 de julio del año 2000 la FDA norteamericana, junto con el laboratorio
fabricante de Cisaprida en Estados Unidos decidió retirar este fármaco del
mercado, debido al riesgo de
arritmias potencialmente fatales que su uso comporta (25). En este mismo caso
están los anorexígenos de acción central fenfluramina y dexfenfluramina, que
también han sido retirados del mercado en todo el mundo. Dicha medida se adoptó
por la aparición de alteraciones valvulares cardíacas, principalmente en
mujeres, además del ya conocido riesgo de hipertensión pulmonar (26,27). Por
su parte el trovafloxacino, medicamento antimicrobiano que fue comercializado en
Estados Unidos en diciembre de 1997 y en Europa en julio de 1998, con unas
indicaciones amplias que incluían infecciones respiratorias frecuentes, fue
suspendido por la Agencia Española del medicamento. La retirada se produjo por
el reporte de un número elevado de
casos con daño hepático, en pacientes que lo recibían (28). Más
recientemente fue retirada del mercado la nimesulida, un antinflamatorio no
esteroideo con acción relativamente selectiva sobre la COX-2. La suspensión
respondía a la aparición de casos
graves de hepatotoxicidad asociadas con su uso (29). Métodos
que se emplean en farmacovigilancia v
Reportes
de casos en revistas médicas. Son los antecedentes de los reportes espontáneos de sospechas de RAM. Comparten la ventaja de ser métodos sencillos y de bajo costo, además de que en ambos, la sospecha de una posible relación causal entre el medicamento y el efecto adverso, va a depender fundamentalmente de médicos responsables y observadores (30,31). v
Notificación
voluntaria de sospecha de reacciones adversas. Es
un estudio observacional, característica que lo aleja de los problemas éticos
que se plantean en los ensayos clínicos. La información se recoge en un modelo
o documento impreso que pudiera variar de un país a otro pero que en esencia
incluye datos básicos referidos al paciente, al fármaco y a la posible reacción
adversa. Esta información se envía a los centros de Farmacovigilancia para
entre otras cosas establecer relaciones de causalidad entre la supuesta reacción
adversa y el medicamento sospechoso de producirla. A pesar de sus limitaciones
siguen siendo útiles en este sentido los algoritmos o tablas de decisión. Uno
de los más empleados es precisamente el algoritmo de Karch y Lasagna que agrupa
las sospechas en definitivas, probables, condicionales o no relacionadas
(ANEXO). El
detectar reacciones adversas raras, de baja incidencia de aparición y las
producidas por medicamentos que no se emplean frecuentemente figuran dentro de
las principales ventajas del método. (3,5,19,31,32,33). v
Monitorización
intensiva de pacientes hospitalizados. Es
uno de los métodos de mayor fiabilidad y sensibilidad para detectar reacciones
adversas medicamentosas. Se basa en la recogida de datos de pacientes
hospitalizados, mediante entrevistas y protocolos estructurados. Esta recogida de datos es realizada
por monitores y se obtiene directamente del paciente, de los datos obtenidos en
su historia clínica o del propio médico responsable. El programa más conocido
es el denominado Boston Collaborative Drug Surveillance Program (BCDSP)
(3,31,34). v
Estudios
caso-control. Estos
estudios si bien retrospectivos, son útiles porque permiten estudiar reacciones
adversas raras que aparezcan con medicamentos que se usen con relativa
frecuencia. El uso del medicamento en cuestión se compara en los casos
sospechosos de presentar una reacción adversa con un grupo control de sujetos
adecuadamente pareados, que no presenten dicha reacción. Si esta última esta
realmente asociada con el medicamento, se detectará en aquellos individuos que
sufren de la reacción, una mayor exposición al fármaco sospechoso. Este método
fue el empleado para descubrir la relación entre la talidomida y focomelia
(3,4,31). v
Estudios
de cohorte. En
estos estudios se sigue un grupo grande de personas expuestas a un fármaco
específico y se compara paralelamente en el tiempo con un grupo que no está
expuesto al fármaco. Se recoge información en ambos grupos sobre la aparición
de efectos no deseados. Estos estudios de cohorte son generalmente prospectivos,
las personas se estudian según transcurre el tiempo, a diferencia de las
investigaciones caso-control que son retrospectivas. En los estudios de cohorte
la memoria del paciente no representa un problema, como lo es para los de
caso-control (3,4,31). v
Metaanálisis.
Permite
combinar los resultados de múltiples estudios (ensayos clínicos, estudios de
cohorte, y estudios caso-control), cuyo tamaño individual no permite sacar
conclusiones válidas, para llegar a una única conclusión sobre la eficacia y
la toxicidad de un determinado medicamento. También se utilizan como base para
la confección de protocolos terapéuticos y estudios de farmacoeconomía (31). v
Monitarización
de acontecimientos ligados a la prescripción (Prescripción Event Monitoring). El
método consiste en identificar a los primeros 5000-10000 pacientes tratados con
un nuevo medicamento, o con uno ya comercializado que tenga algún problema
conocido, y obtener información sobre su curso clínico. Este
seguimiento se realiza con la colaboración de los centros o unidades
responsables de las recetas dentro del Sistema Nacional de Salud,
y los médicos prescriptores (3,30,35). v
Estudios
de morbilidad y mortalidad. Estos
estudios permiten encontrar o sugerir la posible relación entre cambios en los
patrones de comportamiento habitual de una enfermedad y el consumo de
medicamentos. Un ejemplo lo tenemos en Inglaterra en los años 60 del siglo
pasado, cuando se detectó un incremento en la mortalidad por asma y se
correlacionó con el aumentó de las ventas sin receta médica de aerosoles
β-agonistas. Las investigaciones sugirieron que el exceso del consumo de
los β-agonistas retardaba la asistencia a los cuerpos de guardia, los
pacientes llegaran en malas condiciones y subsecuentemente fallecían. (33)
v
Fusión
de registros clínicos (Record Linkage Systems).
Todos
los informes sobre acontecimientos médicos ocurridos en una determinada población,
conjuntamente con los tratamientos recibidos, se recogen en una gran base de
datos. Ejemplos de estas bases son la Medicaid de Estados Unidos y la
Saskatchewan de Canadá. (31) REFERENCIAS
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Laporte JR, Tognoni G, eds. Principios de epidemiología del medicamento.
Barcelona: Ediciones Masson-Salvat, 1993:
233-59. ANEXO
Elementos
valorados en la tabla de decisión de Karch y Lasagna para evaluar la
“fuerza” de la relación de causalidad ante sospechas individuales de
reacciones adversas producidas por medicamentos
Autores: Ivette
Díaz Mato*, Eduardo Fernández Manchón**, Iván Díaz Robbio*** *Especialista
de Primer Grado en Farmacología. Diplomada en Farmacoepidemiología.
Profesora
instructora. Facultad de Ciencias Médicas “Dr. Salvador Allende”.
e-mail:
ivettediaz@ infomed.sld.cu **
Especialista de Primer Grado en Farmacología. Diplomado en Farmacoepidemiología.
Profesor
asistente. Facultad de Ciencias Médicas “Dr. Salvador Allende”. ***
Residente de Medicina Interna.
Hospital Clínico Quirúrgico “Comandante Manuel Fajardo”.
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