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Desde una Intervención sin pertinencias. El caso de la práctica desarrollada por el programa Puente el año 2002 en la comuna de San Juan de la Costa
ENSAYO
“Desde
una Intervención sin pertinencias. El caso de la práctica desarrollada por el
programa Puente el año 2002 en la comuna de San Juan de la Costa” Pablo
Andrés Andrade Paillalef[1]. Resumen La
situación en la que interviene socialmente el programa Puente en la comuna de
San Juan de la Costa en Chile permite observar con mayor claridad
el descuido de pertinencias asociadas a la cultura mapuche huilliche.
Esta intervención por parte del Estado chileno reproduce un sistema que intenta
superar condiciones de pobreza y marginalidad dejando de lado condiciones
particulares que ponen en evidencia un proceso de asimilacionismo bastante
especial. Sin duda que la búsqueda de mejorar condiciones de vida de los
habitantes de este sector tiende a ser una propuesta benéfica, pero que dada
las circunstancias del medio ambiente social, natural donde se encuentra la
población con altas cifras de pobreza, pone en riesgo el capital cultural que
representan los mapuche. La
existencia de diagnósticos que abordan el tema desde una mirada económica,
dejan de lado principios claves para entender y poder aproximarse ante una
población que mantiene viva su identidad. El intento de este ensayo es poner en
relieve justamente aquello que pudiera servir como insumo a las distintas
estrategias que el programa Puente plantea,
tanto en las dimensiones con las que se desenvuelve (salud, educación, trabajo,
ingreso, dinámica de la familia, habitabilidad,
y la identificación), como en las distintas facetas de integración de redes
sociales supuestamente pertinentes en la intervención. Otorgar
importancia a la intervención desde las pertinencias Indígenas y rural,
abordando desde una mirada cualitativa, que sostiene que lo adecuado es
considerar los valores propios de un pueblo originario, y reconocer en ello
aquella riqueza existente, será favorable siempre. Introducción Al
situarse en un contexto siempre se ha de optar por algo, tomando en cuenta que
se trata de aportar, y de resolver cuestionamientos básicos, que propician un
análisis. Este hecho permite tener siempre presente que la realidad es un
estado lleno de posibilidades y argumentos que pueden desarrollar nuevas
tendencias y modos de observar la cultura y la sociedad, conclusiones que
sustentan siempre una propuesta. El
modelo de intervención social, programa Puente en Chile fue
diseñado por el Ministerio de Planificación Nacional el año 2002 fue
implementado el mes de septiembre en la comuna de San Juan de la Costa[2],
siendo el sector sur, Cuinco quien sería intervenido. Esto marca un precedente
singular, ya que se trata de intervenir una comuna que presenta según datos
censales una alta población mapuche y comunidades indígenas, cuestión que el
programa no consideró plenamente como un rasgo distintivo en su inicio[3].
Mi participación dentro del programa permite ajustar este ensayo a una crítica
que viene siendo propositiva desde hace un tiempo, en ella se reúnen
antecedentes que perfilan una cultura que esta ajena hacia un proceso de
intervención sin pertinencia. La
situación de las comunidades indígenas en las comunidades mapuche de San Juan
de la Costa[4]
es bastante compleja, teniendo en cuenta que sobre ella reaparecen los procesos
intervencionistas guiados por voluntades locales o externas que solo protegen
intereses centrados en un desarrollo social desmesurado. Hasta
aquí las proposiciones sobre las comunidades mapuche se perfilan como
respuestas ante problemas como la pobreza y la marginalidad de las familias,
pero ante dichas características
relacionadas con las carencias materiales, son desconsideradas ciertas
adecuaciones al medio, en esto me refiero específicamente sobre sus
pertinencias. Llevar
a cabo una intervención requiere una mirada más profunda, que asuma las
posibilidades y los capitales culturales que ofrece un medio social. Sin lugar a
dudas la pertinencia indígena asociada
al conjunto de acciones, actitudes, tareas materiales
y mentales, en sus formas y
expresiones estructurando una cultura, supone
detener una actitud paternalista y asimilacionista de una población.
Esta razón permite aproximarse a una realidad con el cuidado que amerita,
recuperando el respeto y aceptación de una diferencia que más que empobrecer
su comprensión… la enriquece. Otro
aspecto que debe ser expuesto y que conduce una mirada pertinente es: el medio
ambiente natural, donde aparece un criterio algo enrarecido de supuestos, donde
lo rural y lo no rural juegan un papel importante. La
idea de los procesos de intervención, y particularmente la intervención
desarrollada por el programa Puente no considera esta realidad y debe ser
revisada insistentemente para no caer en una homogenización
que responde aun esquema que derriba condiciones culturales, y en el
intento por superar condiciones de pobreza mantiene una red social que basa su
voluntad en elementos poco discretos que acentúan una impertinencia ante la
comuna de San Juan de la Costa. Programa
Puente Decir
que el programa Puente descansa sobre premisas urbanas sería excesivo. Lo que
queda claro es que no toma en cuenta una realidad donde sus habitantes
pertenecen a la cultura mapuche huilliche, lo que hace distinta la forma y
aplicación de la estrategia de intervención. Supone
un mirar a esta realidad de manera distinta, que posee un lenguaje basado en
elementos geográficos adaptativos, un modo de acercamiento en tiempos más
extensos ante una intervención ligera, y un reconocimiento de que la pobreza
asociada a carencias materiales, y hasta las psicosociales, no responden al patrón
cultural esperado, forma en que opera el programa[5].
La
intervención social que se aplica a la comuna de San Juan de la Costa debe
considerar aspectos culturales, los cuales son parte fundamental de su
identidad. En efecto, aplicar un modelo de intervención es una tarea difícil,
y que se construye en la medida de lo posible, asumiendo que el diagnóstico
previo entrega las bases para un mejor desenvolvimiento con las familias. No
obstante, ¿por qué no se ha considerado?, o falta entender que la comuna de
San Juan de la Costa ¿se encamina hacia la absorción de su patrimonio
cultural?, entendiendo que se trata de un proceso ¿aculturante? Lejos
de evidenciar en el análisis un ánimo crítico acérrimo, es mejor proponer
algunos puntos que deben discutirse, ya que la realidad es variante todo el
tiempo y propone medidas a considerar. Aproximación
Inicial Respecto
al tratamiento dado al tema mapuche existen varias fuentes explicativas y desde
las ciencias sociales se han marcado muchas líneas de aproximación. Desde
la antropología, se ha visto al mapuche como un grupo étnico, o más bien como
una minoría étnica, con quienes es necesario un tratamiento legal especial
para resguardar sus derechos. Esta visión sin embargo, ha dejado de lado los
legítimos derechos de identificarse como sujetos sociales particulares. Tal es
el caso de los mapuche huilliche, que pertenecen a un territorio definido, donde
se aplican estrategias de intervención social, que muchas veces no consideran
su estructura organizacional, su forma de administración territorial, respecto
a que tipo de desarrollo es más adecuado. Grandes han sido los esfuerzos de las ciencias sociales que se vinculan a entender a las comunidades indígenas como entes distintos dentro de un Estado. Tal vez sea necesario decir que las ciencias sociales están en deuda al respecto, debido a que los estudios se identifican más con las carencias que con las proposiciones, y a la vez toman un sentido que homologa[6] realidades. Además, el derecho de recoger información no ha garantizado muchas veces un buen tratamiento de ella[7]. Se
debe reconocer que el problema de fondo en este análisis no es la pobreza ni la
identidad cultural. Lo central sería decir que se reconoce la existencia de la
población mapuche huilliche, dueña de su territorio, de su administración, de
sus leyes, es decir, de su política y de toda su cultura. La
proposición más legítima sería reconocer la diversidad de actores y
poblaciones humanas que se desenvuelven en un mismo Estado, reconociendo así
que los mapuche huilliche existen, y que tienen grandes aportes y capitales
culturales necesarios para su subsistencia. Y este reconocimiento no deshace la
relación con el Estado chileno, si no más bien le entrega los límites ante el
profundo interés asistencialista de su parte por integrar a pueblos que tienen
una permanencia anterior en el tiempo en la sociedad chilena. Hay
que hacer mención también, que la comunicación entre el Estado chileno y las
comunidades de la comuna intervenida es bastante alejada, inoperante, y causante
de muchos dilemas al presentarse como comuna. Desde
la Municipalidad Decir
que la comuna de San Juan de la Costa es urbana sería demasiado, desde su
fundación[8]
hasta la actualidad ha mantenido un estado ecológico similar. Sus
transformaciones sociales no han
exterminado el territorio intensamente, en cuanto a su vegetación, sobretodo
sobre la venta exhaustiva de tierras, debido a la protección de suelos en las
comunidades indígenas. Pero aun así, los criterios de intervención del
programa Puente no están adecuados rigurosamente a la condición de comuna
eminentemente rural. Es útil y relevante definir lo que se entiende por rural,
qué se espera de ello, cuales son sus particulares, usos y formas que tiene,
para con ello situarse en un contexto propositivo, que reúna información que
permita observar a la comuna de San Juan de la Costa. La
administración municipal no tiene mayor relevancia en los asuntos mapuche
huilliche. Bien es conocido por los dirigentes comuneros, que la mayoría de las
tramitaciones y el uso de redes sociales las realizan en la municipalidad de
Osorno. Dejando abierta otra cuestionante: ¿para qué se establece una
administración municipal si no cumple con las exigencias de las comunidades indígenas?.
Tal vez sea producto de su distanciamiento geográfico, su cualidad rural que
mantiene ocupados a los agentes municipales en definir si son o no comuna con
rasgos y aspectos urbanos, ya que en ningún momento manifiesta preocupación
integral ante los temas expuestos desde su nacimiento como comuna. El
Transcurso del Tiempo Al
realizar este ensayo, y al pasar tres años de la intervención social del
programa Puente, la situación no dista mucho desde cuando partió. Su
desarrollo continúa siendo evaluado por el Fosis regional, debido a los múltiples
problemas que ha tenido, tanto en la implementación y participación de las
familias, como por que los requerimientos no son los más pertinentes a las
comunidades indígenas, pertinencias que en este ensayo suponen un carácter
propositito. Las pertinencias que son descuidadas en la comuna y que sugieren
una transformación desde la práctica y ejercicio del programa puente son: la
indígena – y la geográfica
rural. Al
igual que algunos teóricos, creo que los programas sociales, no son más que
una simple cultura del proveedor[9],
o en el contexto de la cultura nuestra chilena, la cultura del
“paternalismo”, o de la cultura del cristianismo, la “cultura
caritativa”, donde quienes intervienen, suponen teóricamente que los pobres
tienen las necesidades que ellos ya tienen cubiertas. Además hace suponer que
el estándar de vida es el que la mayoría lleva, sin pensar en la participación
de los agentes involucrados. ¿Cómo
salvamos esta situación? ¿Es necesaria la intervención cuando los pobres, los
que suponemos tienen necesidad, no realizan sus propios cambios? Si y no. Si
cuando sabemos que quienes necesitan, los más pobres, no tienen la capacidad de
mirar sus potencialidades para salir adelante, y si aún teniéndolas, no
cuentan con las herramientas, sean estas intelectuales, materiales,
educacionales, organizacionales, etc. Aquí es necesario ayudar, intervenir,
para que puedan cambiar su realidad, pero quienes la cambian son ellos, con la
ayuda del interventor, y así nace el “puente”, entendiéndola como una
mediación para el cambio de estas situaciones. No hay cambio en las comunidades
si los verdaderos interesados o involucrados, no participan activamente, sin que
se apropien de sus problemas, ni de sus propias soluciones. Por
otro lado, el no de una buena intervención, es cuando el interventor toma el
carácter mesiánico, y se siente salvador de la realidad, por que él cree
tener la solución al problema, la solución a la pobreza, la solución a
cualquier situación. Y que para esto deposita la confianza en las instituciones
externas, en el papá Estado, en la madre iglesia, en la escuela, etc. Porque al
ser el enviado, se siente el salvador, y cuando la gente, el pueblo, capta esta
actitud “se deja querer”, y con ello sigue siendo dependiente, ya que es más
fácil que otro solucione el problema, reproduciendo las mismas situaciones de
pobreza extrema. Los
pobres se organizan por necesidad, pero si esta necesidad es satisfecha por el
interventor ¿para qué organizarse?. Sólo así se logra una organización
superficial, para recibir beneficios como el programa Puente. Luego ocurre que
la organización fue tan funcional que al desaparecer el programa de intervención,
la población sigue igual, porque no fueron partícipes, no se apropiaron de sus
problemas. Este tipo de intervención es la que no se debiera hacer, sino
aquella que la comunidad necesita para poder aliviar sus problemas. Es como el médico,
al cual necesitamos en algún momento en nuestra vida, el interviene, pero la
otra parte, la recuperación, la pone el paciente. Ruralidad
Persistente. Sobre
la ruralidad como un elemento importantísimo a considerar en este ensayo, debe ser comprendida ante todo, como un patrón o un conjunto de
pautas socioculturales que tienden a expresarse en formas características de
convivencia. De
esta manera es posible distanciarse en algún sentido de las vertientes o líneas
metodológicas que han definido los que socialmente se entiende por rural. La primera tiene su raíz en las metodologías convencionalmente empleadas para deslindar lo rural de lo urbano, las cuales han impuesto una serie de criterios de índole geográfica (densidad poblacional) y económica (actividad económica predominante), principalmente, para fundamentar una definición del medio rural. Los límites reconocidos de acuerdo a las definiciones provistas por los censos o por otros instrumentos son, únicamente, constructos operacionales y no suponen ninguna referencia explícita acerca del contenido de las relaciones sociales propias del espacio rural. Por lo demás, el supuesto convencional que sostiene que es posible identificar criterios simples que permitan distinguir con nitidez lo urbano de lo rural, se encuentra sometido hoy a un proceso de profundo cuestionamiento y revisión. Historia Si
en épocas pasadas, anteriores a la revolución industrial, la distinción entre
lo rural y lo urbano, entre el campo y la ciudad, era, probablemente, neta e
indiscutible, dicha distinción parece hoy mucho menos clara. En efecto, el
desarrollo de los medios de comunicación en su sentido más amplio, es decir,
de los medios de transporte y de los de transmisión de mensajes e información;
la homogeneización de muchas pautas de comportamiento, de formas de vida y de
actitudes en relación con la elevación del nivel de vida y la acción
generalizada de los medios de comunicación de masas, han contribuido en los países
industrializados a borrar muchas de las antiguas diferencias entre ciudad y
campo, haciendo confusa y problemática esta distinción. La
definición de lo que debe entenderse por medio rural y geográficamente
delimitarse como espacio rural ha consumido importantes esfuerzos por parte de
profesionales en campos bien diversos, desde los encargados de confeccionar
estadísticas o fijar y ejecutar políticas sectoriales, hasta los
planificadores regionales, pasando por sociólogos, geógrafos y agrónomos.
Literaturas adecuadas como Sergio Gómez en su libro “La nueva ruralidad ¿que
tan nueva?, expone con mucho argumento lo que se define por rural, asumiendo una
posición complementaria a lo que existe en materia teórica. Al vez propone una
nueva revisión de estos elementos que van de la mano con la productividad y
desarrollo sustentable. (Gómez, 2002) El
Concepto No
se perderá mucho tiempo en tratar de buscar una definición que deje conformes
a todos. Rural es lo que no es urbano y urbano es lo que no es rural y el
problema de lo rural no es la definición sino el buscar soluciones a sus
problemas, de modo que las intervenciones sociales se encaminan a desarrollar un
concepto operacional en la medida de lo posible. Ocurre
con el medio rural como con otras cuestiones, que su conocimiento es más
intuitivo que discursivo y que se adapta más a una noción que a una definición.
Noción que se adapta más a un conjunto de características étnicas,
culturales, sociales, económicas, administrativas, físico-naturales y
visuales. Por eso el espacio rural no es algo homogéneo, ni siquiera en un
mismo continente, ni en un mismo país y, en muchas ocasiones, en una misma región. Sin
embargo hay definiciones que si dan una noción más o menos clara de lo que es
rural: su base agraria. No obstante también podríamos encontrarnos con
espacios en los que no es posible una explotación de recursos agrícolas o
ganaderos y también se trata de espacios rurales, ya que no son urbanos.
Posiblemente si en lugar de referir lo agrario a lo rural, referimos los
recursos naturales a lo rural estaríamos más cerca del consenso. Hay que dejar
en claro que lo rural no equivale a lo agrario, ni siquiera en los territorios
donde lo agrario es importante. Lo rural es algo más que lo agrario e inclusive
algo más que el espacio natural. Por
otra parte, el espacio rural añade a sus funciones tradicionales de producción
(agricultura, madera, textiles, capitales y hombres para el desarrollo económico,
etc.) nuevas funciones relacionadas con importantes servicios: conservar la
naturaleza, los espacios verdes, los recursos paisajísticos, recreativos, turísticos,
áreas de discontinuidad entre aglomeraciones, equilibrio territorial, etc.
Funciones éstas que las modernas sociedades urbanizadas exigen como garantía
de calidad de vida. Esta proposición contribuye a generar una nueva visión
integral para la ruralidad chilena, estos temas señalan que, por primera vez en
la historia, el crecimiento de las ciudades y la depredación del campo se
pueden revertir, y se puede entender que la ruralidad tiene su concepto incluido
dentro del desarrollo local. En
una primera aproximación hecha por el geógrafo Horacio Capel se puede indicar
que el medio rural es un sistema: un conjunto de elementos en interacción dinámica
organizados en función de un objetivo (Capel, 1970). Elementos de ese espacio
son los determinados por factores pertenecientes al ambiente natural: tierra,
agua y clima, y sobre todo por factores humanos: psicológicos, sociales, étnicos,
económicos, legales, institucionales y políticos, en interacción compleja y
dinámica de difícil discernimiento. Las
Diferencias. Durante
largo tiempo las diferencias entre lo rural y lo urbano resultaban bien
contrastadas, debido a que: -eran
núcleos con población relativamente escasa que se conocían mutuamente -con
dispersión relativa de la población y, consiguientemente, cierta escasez de
servicios colectivos. -con
importancia en las actividades agropecuarias, en términos de personas ocupadas
y de producción relativa Pero hoy día no es posible mantener esta visión, al
menos con carácter general, porque el concepto de ciudad es más cualitativo.
Podría resultar fácil el deslinde entre ciudad y "campo", al menos a
partir de las características visualmente perceptibles; aún así, en numerosos
casos, habría que plasmar zonas de transición, de condiciones intermedias. Mucho
más complicada resultaría la separación si se atiende a criterios funcionales
o a formas de vida, hábitos y costumbres; pueden distinguirse partes del campo
mentalmente urbanas pero visualmente rurales; de hecho está naciendo, en los países
más desarrollados, una cultura común para el campo y para la ciudad. Por
ello resulta poco ajustado a la realidad calificar los núcleos de población en
la dicotomía simplista de urbano o rural
(Capel, 1970). Podrá ser fácil la identificación de los casos extremos:
absolutamente urbano y absolutamente rural, pero lo rural y lo urbano no son
calificativos excluyentes. De hecho nos podemos encontrar con formas de vida típicamente
urbanas en núcleos muy pequeños y muy alejados de grandes ciudades, por
ejemplo colonias turísticas, urbanizaciones de segunda residencia o poblaciones
mineras. Otra
de las características relacionada con la ciencia que estudia la dinámica de
las poblaciones, la demografía, menciona el hecho de la endogamia como un rasgo
que posibilita fuertes relaciones internas, en tanto que ellas corresponden a un
afianzamiento en el parentesco. Otros atributos demográficos típicamente
identificados como característicos de las áreas rurales (la elevada
fecundidad, la familia extendida, la baja movilidad territorial, por nombrar
solamente los más importantes) también aparecen como características
evidentes en la realidad. Tales atributos, además, pudieran verse favorecidos
por la estabilidad en el tiempo de ciertas pautas normativas y culturales
propias del medio rural, así como también por el predominio de formas de
integración económica basadas en la agricultura tradicional. Estas características
proporcionan una carga afectiva y facilita redes de confianza en las debilidades
que provocan las impersonalidades en cualquier sector rural. El
espacio rural es el soporte de un sistema complejo donde las actividades
agropecuarias ocupan un lugar entre otras muchas que se pueden desarrollar. Parámetros. El
espacio rural no puede contemplarse como independiente del espacio urbano. A
continuación se establecen una serie de parámetros de comparación entre lo
rural y lo urbano y las tendencias de cambio con la finalidad de poder
establecer los paralelismos o las disparidades con la realidad rural de Chile.
(Capel, 1970) Los
parámetros son: -el
empleo -el
medio físico -el
tamaño de las comunidades -la
densidad de población -la
homogeneidad social -la
diferenciación social -movilidad -las
relaciones sociales -la
distancia o dispersión de la actividad productiva El
tamaño del municipio, la densidad de la población, el medio-ambiente y la
ocupación de sus gentes pueden servir como indicadores, pero no agotan la
riqueza cualitativa de lo rural. Son
territorios que se distinguen de los otros por su débil densidad de población
y de construcciones, y en los que dominan los paisajes naturales. El modo de
vida de sus habitantes está marcado por su pertinencia a colectividades de tamaño
limitado, en las que se produce un estrecho conocimiento personal y fuertes
lazos sociales, dentro de la comunidad; en cambio sus relaciones con el exterior
son débiles. Su
relación con el espacio favorece un entendimiento directo y vivencial del medio
ecológico. La
identidad cultural es también específica y se manifiesta en la influencia
decisiva de la estructura familiar sobre la actividad de sus gentes y la
organización del trabajo. Conclusiones La
intervención del programa Puente obedece a la búsqueda de soluciones a
situaciones que parecen injustas, y que no son aceptadas en el sentido común de
una sociedad que aspira a la igualdad de oportunidades, a una sociedad más
justa, una sociedad con más participación entre iguales, con una sociedad que
piensa que la brecha entre ricos y pobres es una vergüenza social, etc. A
partir de lo anterior, se puede observar una cierta ineficacia en el programa
Puente y su diseño de intervención social en la comuna de San Juan de la
Costa, tanto por los supuestos con que se ha operado, así como también, por el
modelo de intervención programático que no ha sido capaz de incluir al grupo más
vulnerable de pobres. Algunas
de las experiencias en programas sociales mas suscitadas en estos últimos diez
años son el programa Chile barrio, el cual desarrolla su trabajo en
asentamientos precarios, o el programa Pro-rural dirigido a zonas de pobreza
rural, siendo los únicos precedentes que existen ante el fenómeno de la
pobreza. Sin embargo, estos esfuerzos han sido totalmente insuficientes, dejando
fuera a un grupo considerable de la población más vulnerable, y que plantea
una situación de pobreza mayor, residiendo tanto en zonas urbanas como rurales,
pero con características propias que estos programas no consideraban. La
ruralidad es un componente que de acuerdo a las exigencias del programa Puente
no estaría tan cercana a esta realidad[10].
Vale decir, que siguiendo las características que adopta esta pertinencia,
queda bastante claro que los mínimos a cumplir por las familias se sitúan más
en un plano contrario, donde la urbanidad sería el mejor de los escenarios. Situarse
dentro de las comunidades indígenas de la comuna de San Juan de la Costa
demuestran cabalmente que resulta imposible ver por algún lado rasgos que
ameriten una intervención social diseñada con principios no rurales, donde la
situación geográfica acude diariamente sobre las familias al realizar una
actividad cualquiera, de las que en la ciudad se consideraría como algo tan
sencillo o mínimo, desestimando una realidad que tiende a ser tan distinta, y
no por ello tan extraña, solo beneficiada en elementos que la hacen transitar
por tiempos distintos, necesidades distintas, conocimientos distintos,
habilidades distintas, que merecen una consideración al momento de intervenir
socialmente. Ha
sido el programa Puente el único referente preciso para insistir en que las
particularidades ayudan a entender las complicaciones que se van presentando. Más
aun se debe reconocer abiertamente que bajo una buena intención social, pueda
haber dificultades que reproduzcan enormemente el problema que se quiere
intervenir. Se
hace indispensable mencionar también que la cultura rural, que aparece acompañada
con la población indígena en la comuna[11],
debe ser entendida como una parte de la sociedad más global, y que en ella se
pueden aplicar estrategias para su desarrollo local. En el caso de la comuna de
San Juan de la Costa, su cultura se demuestra por si misma, en sus raíces indígenas,
en sus modos de producción, en sus componentes valóricos, de cooperación, de
equilibrio ambiental, de su estructura organizacional, creencias, formas de
expresiones artísticas, lengua, y cosmovisión, las cuales deben ser entendidas
como partes de una identidad social, aceptada, legitimada y que recién así
pueda recibir de mejor forma las distintas estrategias que propone el Estado
chileno en las distintas materias de intervención social. El
reconocimiento de la realidad rural plantea un compromiso,- citado innumerables
veces en distintos estudios e investigaciones- a las instituciones y los
distintos organismos públicos, para las empresas privadas y a la sociedad en
general para prestar atención a las distintas dimensiones que adquiere el medio
rural, potenciando el capital cultural que se expresa en su realidad mapuche
huilliche. Finalmente
es oportuno insistir que todo proceso de intervención social debe acudir a un
diagnóstico previo, considerando sus cualidades y condiciones, pertinencias que
facilitan el desarrollo de una buena intención, en este caso sobre la pobreza y
las familias que la padecen, y en definitiva hacia el Programa Puente. Es
preciso seguir insistiendo desde la ubicación laboral, desde el sistema en que
nos encontremos que el pueblo mapuche está
vivo, y que su cultura es el patrimonio que enriquece la sociedad chilena. Bibliografía. ALCAMAN
EUGENIO
s/f
“Los Mapuche-Huilliche del Futahuillimapu Septentrional: Expansión
Colonial, Guerras Internas y Alianzas Políticas (1750-1792)”. Documento del
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“Pertinencias Indígenas y Geográfico Rural en la Comuna de San
Juan de la Costa, Alcances para el programa Puente” AYLWIN, J. 2002
“Tierra y Territorio Mapuche: Un Análisis desde la Perspectiva Histórico
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H. 1970
"El Paisaje Urbano",
en Geografía Ilustrada Lábor, dirigida por J. Vilá Valentí y H. Capel,
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T.
2000
“El Papel del Conocimiento en las Relaciones Interétnicas y el
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Universidad de Chile. Depto. de Antropología. Santiago de Chile. GÓMEZ, S 2002
La “Nueva Ruralidad”: ¿Qué tan nueva?. Santiago de Chile,
Universidad Austral de Chile. NAHMAD, S.
1988
"La Cuestión Indígena, Corrientes y tendencias de la Antropología”.
Aplicada en México e Indigenismo. (Págs. 15-45) en Teoría e Investigación en
la Antropología Social Mexicana. Cuadernos de la Casa Chata. México. MINISTERIO DE
PLANIFICACIÓN NACIONAL 2002
“Estrategia de intervención Integral a Favor de familias en extrema
Pobreza”, Secretaria Ejecutiva Chile Solidario, Santiago de Chile. MOLINA, R. 1998
“Las Tierras Huilliches de San Juan de la Costa”. CONADI,
Osorno. WALTER, R.
1993.
Apuntes sobre el Marco Lógico. Programa de Atención Primaria en Salud.
UFRO y Cooperación Italiana. Anexo.
[1] Apoyo Familiar, Programa Puente, Municipalidad de Osorno, Antropólogo. [2] Ver mapa final de ensayo. [3] Datos extraídos del Censo 2000. [4] Ver Mapa anexo. [5]
El Ministerio de
Planificación y Cooperación (MIDEPLAN), en conjunto con otras
instituciones públicas, ha diseñado una estrategia de intervención
dirigida específicamente a familias en situación de indigencia. Organizada
en torno a una oferta de servicios y beneficios, orientados a través de un
trabajo en red, y asumiendo a
la familia como unidad de intervención. Ver MIDEPLAN, 2002 “Estrategia de
Intervención Integral a favor de
las familias en Extrema pobreza”. Secretaría Ejecutiva Chile Solidario,
Chile. [6] Homologación que insiste en creer que los pueblos indígenas son todos iguales. Una crítica sería suponer que los mapuche de la zona de Temuco fueran iguales en sus prácticas culturales a los mapuche Huilliche de San Juan de la Costa, elementos que supone nuevamente una distinción clara. [7] La información que recogen muchos investigadores pasa a ser propiedad de este, cuestión, que deslegitima el conocimiento o kimün de las propias comunidades mapuche. [8]
Esta comuna fue fundada el 17 de diciembre de 1980, con una superficie
superior a los 1.500 kilómetros, zona caracterizada por la riqueza de sus
recursos forestales, marítimos y por sus playas que se han constituido en
balnearios de verano para los habitantes de la comuna de Osorno. Su población
es de 8.831 habitantes, 902 habitantes considerados urbanos y 7.929 rurales.
El 90.1% de habitantes vive en condiciones de ruralidad, según datos
aportados por el censo de 1992. Otros antecedentes mencionados por los
consultores Alerce y que aparecen en este mismo censo, señalan que la
comuna de San Juan de la Costa posee una población de 14 y más años de
6.834 habitantes, de los cuales 3.470 serían de origen Mapuche, 14 aymará
y 09 de la etnia Rapa Nui; 3.341 habitantes no se consideran de ninguna de
las etnias mencionadas, INE, 1992. [9] Las ideas que se sostienen sobre los procesos de intervencionismos son justificadas a partir de carencias que los programas sociales intentan cambiar. Ver Walter 1993 Apuntes sobre un marco lógico. [10] “Pertinencias Indígenas y Geográfico Rural en la Comuna de San Juan de la Costa, Alcances para el programa Puente”, Ensayo para una mejor intervención social. [11]
Su población es de 8.831 habitantes,
902 habitantes considerados urbanos
y 7.929 rurales. El 90.1% de
habitantes vive en condiciones de Ruralidad, según datos aportados por la Conadi.
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