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Una mirada desde la praxis marxista a la dinámica entre Ciencia y Política
Una
mirada desde la praxis marxista a la dinámica entre Ciencia y Política.
La
ciencia constituye hoy un importante objeto de investigación en virtud del
papel fundamental que le corresponde en la sociedad contemporánea. Devenida en
elemento central de la Economía, la Política y la Cultura, el estudio de su
naturaleza, funciones, fuerzas motrices, entre otros problemas relevantes, se
convierte en cuestión clave para nuestra sociedad que transita por el siglo
XXI. La
división del mundo en países desarrollados y subdesarrollados está íntimamente
relacionada con la polarización del conocimiento científico internacional. Un
grupo de países desarrollados concentran el género de la producción científica
mundial y su potencialidad transformadora expresada fundamentalmente a través
de la moderna tecnología. Esto tiene importancia no sólo económica y militar,
sino también cultural e ideológica por el poderío que ofrece para el control
de los medios de comunicación y la información que ellos transmiten. Para
los fundadores del marxismo, el ideal de la ciencia se funde con el ideal de la
transformación revolucionaria, comunista del mundo. En su perspectiva, sólo la
superación de la sociedad capitalista puede permitir un empleo absolutamente
humanista de la ciencia y la técnica. En
esa transformación que funde ciencia y valores humanos, el pensamiento de Fidel
Castro y Ernesto Guevara se sitúa en un lugar privilegiado. Dispersos en sus
escritos, encontramos inagotables ideas acerca del papel de la ciencia y la técnica
en la construcción del socialismo y en la superación del subdesarrollo y la
dependencia heredados del capitalismo. La ideología proyectada desde la
vanguardia revolucionaria ha contenido siempre una fuerte insistencia en la
prominencia de la ciencia como
fuerza propulsora del desarrollo. En ella el trabajo científico se proyecta no
sólo a favor del pueblo y sus necesidades, sino también los incorpora a éste
como actor fundamental de toda la creación científico técnica. Una
correcta interpretación de la ciencia debe subrayar su articulación estrecha
con el conjunto de relaciones sociales en que ella se inserta; la ciencia es un
fenómeno social. Tal punto de vista significa adoptar una visión filosófica
de la ciencia bien distinta de aquella que tanto abunda en la tradición académica
burguesa, cientificista y positivista. En ella la ciencia se suele presentar tan
solo en su dimensión cognoscitiva, al margen de determinaciones políticas,
económicas e ideológicas. El
enfoque marxista se orienta a aceptar la ciencia como un todo complejo y revela
sus múltiples conexiones con la sociedad. En esta perspectiva la ciencia se
comprende en primer lugar, como un sistema de conocimiento en desarrollo -cuyo
rasgo definitorio es su correspondencia con la realidad que refleja-, lo que
supone la aplicación sistemática de métodos , (recomendaciones referentes al
curso mismo del conocimiento científico y que son aplicados concientemente por
los hombres de ciencia de acuerdo con la diversidad de las tareas
investigativas) la formulación de
problemas científicos, la formulación de hipótesis, la conformación de teorías
y su confrontación permanente en los hechos. De
manera que la ciencia puede apreciarse como ciertos resultados cognoscitivos y
también como el proceso permanente, inagotable de su transformación. La
ciencia es una forma específica de actividad, de trabajo especializado, de búsqueda
humana de la verdad. Como toda forma de actividad ella supone la relación
sujeto-objeto, del investigador y lo que se investiga. De manera que el científico,
la comunidad de científicos, en general el sujeto del trabajo científico, no
opera en un vacío social, sin que su trabajo lo intercepten los complejos
resortes de la ideología, la política y desde luego, en su fundamento se
encuentra la práctica socio-histórica, que permanentemente plantea problemas
que reclaman el concurso de la ciencia, establece prioridades y en gran medida,
condiciona las posibilidades mismas del trabajo científico, al determinar las
fronteras del instrumental técnico e intelectual de que la ciencia puede
disponer. Mi
pretensión con este trabajo es corroborar la orgánica dinámica que se
establece en la sociedad cubana entre la
Ciencia y la Política, pese a los inconvenientes por los que ha atravesado el
desarrollo de nuestras fuerzas productivas y a pesar del asedio a que hemos sido
sometidos, no sólo desde el triunfo mismo de enero de 1959, sino desde el que
mucho antes nos fue impuesto por los mecanismos de dominación coloniales y
neocoloniales. Epígrafe
I. Sociedad y Ciencia
“Qué es la sociedad, cualquiera que sea su forma? El
producto de la acción reciproca de los hombres...”[1]
Carlos
Marx La
teoría marxista-leninista, como toda teoría, presenta en su cuerpo
conceptual-metodológico diferentes niveles de abstracción y como toda teoría
de carácter filosófico aborda la correlación entre lo material y lo
espiritual como problema de partida. En el marco de la realidad natural, este
problema fue planteado y resuelto a favor, o del materialismo o del idealismo,
mucho antes de la aparición del marxismo, pero la solución materialista al
problema fundamental de la filosofía en el campo de los fenómenos sociales,
fue brindada por vez primera con la revolución operada por el marxismo. La
expresión conceptual de esta solución se da a través de la correlación de
las categorías Ser Social y Conciencia Social. Para llegar a esta importante
conclusión fue preciso esclarecer previamente cuales eran los vínculos y
dependencias materiales en la sociedad, la exposición de estos vínculos fue
dada por los clásicos del marxismo en una de sus obras fundamentales: La
Ideología Alemana, allí se destacan dos tipos de vínculos materiales en la
sociedad en su relación con la naturaleza:
En esa conexión se forma un sistema material de interacción. En ese sistema material, Marx separaba, distinguía dos elementos: el elemento natural y el social, ambos en unidad conformarían un nuevo tipo de materialidad, la materialidad social o modo social de existencia de las cosas, esta idea fue desarrollada en el Capital. Esto
significa que cuando además de la realidad corpórea (ser), encontramos otra
realidad, no registrable por la vía directa de los sentidos, estamos en
presencia del modo social de existencia de las cosas, su ser social, que brota
continuamente del sistema de relaciones sociales. El Ser Social no existe fuera
de la multiplicidad de actos concretos de la producción, del cambio y del
consumo, pero no es identificables con ellos, el ser social representa el carácter
objetivo de esos actos que existen
independientemente de la voluntad y
la conciencia de los hombres. Por tanto la categoría ser social fija lo
objetivo de la vida social y es tomado como base de todo su desarrollo. En
los marcos del problema fundamental de la filosofía, el ser social se encuentra
en una oposición absoluta a la conciencia social, que tiene como cualidad
distintiva el representar en la correlación a lo ideal, es decir su propiedad
de reflejar, reproducir o transformar cualquier contenido de la realidad
objetiva; representa la capacidad de la asimilación espiritual del mundo por el
hombre. Ambas categorías se encuentran en una relación de identidad y de
contradicción, como expresión del carácter dialéctico de su conexión. Ambas,
resultan idénticas, porque “...la conciencia no puede ser nunca otra cosa que
el ser consciente, y el ser de los hombres es su proceso de vida real.”[2],
así es expresada la identidad por Marx y Engels. Al mismo tiempo son contrarios
porque el ser social representa lo material en la sociedad, en tanto que
la conciencia representa la esfera de lo ideal. Esta relación de
contradictoriedad encierra una
determinación dada a partir de
establecer lo primario y lo secundario. Consecuentemente
con la concepción materialista de la historia, tiene el ser social la
primacía en esta relación. En
el estudio de la sociedad, esa contraposición absoluta opera sólo en los
marcos del problema fundamental de la filosofía, ya que la conciencia entra en
diferente magnitud en todas las esferas sociales, pero este análisis implica
concretar la correlación en otro nivel de abstracción; aquí, entonces opera
la segunda concreción del problema fundamental de la filosofía, que requiere
de un conjunto categorial fijado por Marx en
la siguiente correlación: “El
modo de producción de la vida material condiciona los procesos de la vida
social, de la vida política y de la vida espiritual”[3] Tal es el enunciado de la ley de determinación del modo de producción en relación con todos los demás aspectos de la sociedad. Esta ley junto a la ley fundamental de la concepción materialista de la historia, es el principio de partida para explicar a la sociedad como un sistema integro de relaciones; esta explicación quedó plasmada en la teoría de la formación económico social, que integra los aspectos materiales y espirituales de la sociedad y explica sus conexiones esenciales. La
ciencia nace como consecuencia directa del creciente poderío de la práctica
humana sobre las fuerzas ciegas de la naturaleza y de la sociedad. Engels refirió
que la razón del hombre se desarrolló a medida que el hombre aprendió a
cambiar la naturaleza. Sin
embargo, no todo conocimiento obtenido de la actividad práctica, aunque refleje
la verdad, se puede considerar como ciencia. Podemos considerar un conocimiento
como ciencia, cuando se profundiza en su esencia, cuando se dan a conocer las
leyes de la naturaleza y de la sociedad más que las relaciones externas
existentes entre los aspectos que forman un objeto, fenómeno o proceso. Es
decir, cuando accedemos a desentrañar su contenido, su esencia, más que su
continente o forma. Cuando
nos referimos a la vida social, es imprescindible acudir al arte, a la cultura
en general para explicar cada fenómeno o proceso, pues la vida social no es más
que una forma de cultura, en un momento histórico concreto determinado de la
vida de la humanidad. La
ciencia y su historia aparecen unidas en el tiempo en la que han existido múltiples
enfoques: §
Historia
cronológica de los adelantos. §
Historia
descriptiva, etc. §
Historia
de las ciencias aisladas. Si
partimos de la tesis marxista de que son las condiciones materiales, el ser
social el que determina la conciencia social, tenemos entonces que comprender la
ciencia como resultado de ese desarrollo material y como
una necesidad histórica de ese desarrollo social. El
desarrollo histórico de la ciencia propició una acumulación cuantitativa y
profundos cambios cualitativos en cuanto al conocimiento, lo cual condicionó
modificaciones sustanciales en la vida de la sociedad. Las
revoluciones actuales en la ciencia y la técnica no sólo coinciden en el
tiempo, sino que se caracterizan por una profunda relación recíproca interior,
por la independencia y las profundas transformaciones cualitativas que se
producen en todas las ramas más importantes de la ciencia, la técnica y la
producción. También se caracteriza por ser universal y
se ha extendido a la mayoría de las ciencias naturales y técnicas así
como a las ciencias humanísticas. Este carácter universal se manifiesta en su
influencia en la producción, la administración, el transporte, la construcción,
las comunicaciones, el arte militar, los medios de información, en el hombre y
su preparación profesional e intelectual, en su educación, vida y cultura, en
la estructura social, en la política interior y exterior de los estados, en las
relaciones internacionales y en la esencia económica del capitalismo y el
socialismo. La
ciencia contiene conocimientos empíricos. Estos conocimientos están dados
esencialmente por vía experimental, mediante observaciones y experimentos, los
cuales dan origen a nuevas esferas de la teoría en la ciencia. Así los
diferentes descubrimientos en la física, la química, la medicina, han
impulsado el desarrollo de la teoría. La
ciencia es un campo de conocimientos teóricos. Pues la formación de un sistema
único implica, la explicación teórica de los hechos en su conjunto y la acción
de las leyes que les corresponden, conduciendo finalmente a un sistema de
conocimientos dado, dando origen a diferentes ciencias particulares. Así, las
leyes ocupan un punto central en todo sistema teórico, pues refleja los nexos
sociales y objetivos de los fenómenos, y la comprensión de cada una de ellas sólo
es posible si se tiene presente la concatenación de estas leyes como parte
integrante del sistema de conocimientos científicos. La ciencia en sus bases y deducciones filosóficas, es un campo donde la teoría se continúa y concluye. En la medida que la teoría científica se universaliza y se generaliza, se acerca a la filosofía; razón por la cual muchas teorías sintéticas de la ciencia se distinguen por su carácter filosófico. De ahí, que esclarecer los problemas filosóficos de la eternidad e infinitud de la materia, del movimiento, de su indestructibilidad cuantitativa y cualitativa, sea base fundamental para comprender esas ciencias y en mayor medida las ciencias sociales; es aquí donde surgen los aspectos ideológicos, por los cuales, los ideólogos burgueses pretenden depurar de ideología a la ciencia, pretendiendo eliminar el marxismo y subordinarla por completo a la ideología burguesa, incluso pretenden liberar a las ciencias naturales, de la filosofía, empobreciendo estas ciencias y restringiendo sus funciones. Pero
como la ciencia, cada día, se adentra más en la esencia de los fenómenos y
procesos y cada vez abarca un cuadro del mundo más general, es precisamente por
ello, que su contenido filosófico es cada vez más creciente.
La
ciencia, es un dominio especial de la actividad humana, tanto teórica como práctica,
siendo a la vez un fenómeno de la vida espiritual de la sociedad y encarnación
de la vida material. La idea de la ciencia como actividad subraya también, que
aunque el sujeto –digamos el científico- que la lleva a cabo está incluido
en un sistema definido de determinación objetiva que le comunica cierto
programa de acción, su actividad le permite actuar en la dirección de la
modificación de ese programa llegando incluso a desbordarlo. En ello el talento
y la dedicación del científico juegan un papel primordial. La
forma de actividad que denominamos ciencia, aunque inserta en el mecanismo de
producción y reproducción de toda la vida social, debe concebirse como
componente del proceso de producción cultural, espiritual, inter-relacionado
pero distinto del proceso de producción de bienes materiales. Es un tipo de
trabajo que se atiene a su propia lógica; crear teorías no es lo mismo que
fabricar objetos de consumo; exige aptitudes, rasgos sicológicos,
procedimientos, formas organizativas, sistemas de comunicación propios. Asumir
la ciencia como producción cultural significa concebirla como una tradición
sostenida por la actividad de comunidades o individuos, cuya continuidad se logra a través de la
socialización y trasmisión del conocimiento, muy especialmente a través de la
educación y el entrenamiento científico. En su interior cristalizan valores,
ideales, estilos de pensamientos propios de ella dentro de los cuales sus
miembros educan su percepción del mundo y adquieren autoconciencia
de su trabajo; lo importante es que es permeable a las tradiciones,
creencias, valores, estilos de pensamiento que actúan en el cuerpo global de la
cultura de la cual ella es parte, tejiéndose entre todos hilos a veces
imperceptibles pero actuantes. La
actividad científica implica no sólo relaciones sujeto-objeto. Al destacar la
primera subrayo que la creación científica cobra sentido en la medida en que
refleja realidades que están más allá de sus esquemas conceptuales: ciencia
es creación pero con arreglo al plan de reflejar en la teoría objetos que
guardan una independencia ontológica respecto al sujeto que la investiga. Este
enunciado supone descartar el convencionalismo, pero también la interpretación
de la teoría como algo inmediato del objeto. Esta relación sujeto-objeto es la
que suele destacarse en la teoría y metodología del conocimiento. El sujeto de
la ciencia no es el individuo aislado, abstraído. En cierto sentido, en calidad
de sujeto actúa la sociedad toda; pero más precisamente, sería bueno destacar
en el interior de ésta, los diferentes sujetos vinculados a la actividad científica.
Luego del individuo, es preciso identificar las comunidades científicas, las
que interactúan con otras comunidades tanto nacional como internacionalmente. Este
enfoque necesita sin embargo, ser continuado con un análisis de la estructura
socio-clasista en su conjunto, en particular con aquéllas clases sociales cuyo
peso económico es definitorio en un contexto dado según sus intereses económicos
y el proyecto político que sostienen o propugnan. Las clases ejercen un
serio influjo sobre el trabajo científico, favoreciéndolo, retardándolo u
orientándolo ya que los intereses económicos y políticos
se articulan al trabajo científico contribuyendo a fijar valores,
demandas, criterios de utilidad y aceptabilidad, reconocimiento, incentivos,
recursos, recompensas. Actualmente
ninguna ciencia natural es posible sin una sólida base experimental, lo cual
implica, realizar mayores gastos y emplear elementos técnicos, muchas veces, más
complejos y complicados que cualquier proceso de producción. Así, se ha hecho
necesario cierta división en el trabajo de la ciencia, donde en una determinada
rama, unos científicos se dedican a la experimentación práctica, el manejo de
aparatos, a hacer pruebas y proporcionar la generalización primaria de
los datos obtenidos; mientras que otros se dedican a la parte teórica, a
sintetizar los datos, consecuencias de los experimentos y a desarrollar teorías
y sistemas de conocimientos. Ahí se observa una interrelación entre los
factores materiales y espirituales que se da en cualquier ámbito de la
actividad humana y aunque hay una gran dosis de actividad práctica en la
ciencia, no podemos negar que ante todo y sobre todo, la ciencia es un fenómeno
de la vida espiritual de la sociedad, es una forma de la conciencia social. La
ciencia se convierte en fuerza productiva inmediata, primero: porque se encarna
los conocimientos científicos en la técnica y la tecnología en las
condiciones materiales de la producción. Segundo: porque esos conocimientos se
encarnan también en las capacidades creadoras de las amplias masas
trabajadoras, y tercero: por la incorporación, también, de los conocimientos
científicos en los principios de organización y administración de la producción
y de la sociedad. Gracias
a la Revolución Científico-Técnica ha aparecido una característica
particular de gran importancia económica, de la tecnología de la producción:
la relación ciencia-producto, así como sectores industriales llamados de nueva
o alta tecnología. Hay
que señalar, además, que el conocimiento como fuerza productiva, tiene una
peculiaridad singular: por mucho que se lo utilice en la producción, su volumen
no disminuye. Las ideas científicas no mueren y no se las echa en la basura
como maquinaria anticuada, continúan su vida productiva en combinación con
nuevas ideas o como base para elaborar nuevas concepciones y principios teóricos.
Los descubrimientos hechos por Newton y Galileo, por Faraday y Maxwell, por
Rutherford y los esposos Curie, por Lobachevski y Einstein, siguen estando al
servicio de la ciencia y la producción, y son instrumentos para hacer nuevos
descubrimientos teóricos que se materializan en los ordenadores, robots, satélites
artificiales, naves cósmicas, automóviles, maquinas herramientas, entre otros
ejemplos. La
técnica y la ciencia son medios que le permiten al hombre aumentar la fuerza de
sus manos y de su intelecto. Por ello el progreso histórico de la técnica y la
ciencia, no es más que un aspecto del desarrollo histórico del ser humano como
la principal fuerza productiva de la sociedad. La técnica influye tanto en la
imaginación, que pudiera llegar a pensarse que es una fuerza autónoma del
desarrollo de la civilización humana a escala global. Las
principales ramas de las ciencias del siglo XX: la microelectrónica, la
computarización, la automatización y la biotecnología, ofrecen al hombre
posibilidades potenciales para resolver tareas de actualidad, aunque se plantean
serios problemas, surgidos dada la influencia que el desarrollo Científico-Técnico
ejerce en la vida de la sociedad moderna o agravado por ello. Resolver
el problema alimentario a escala global, crear fármacos “milagrosos”, curar
de las gravísimas enfermedades a la humanidad, encontrar nuevos materiales de
energía; todo eso y muchas otras cosas se hacen posible gracias a las
conquistas alcanzadas por las biotecnologías, sin embargo no todo es bueno,
existe otra alternativa dirigida hacia la creación de armas químicas y biológicas,
la manipulación de la conciencia humana con medios psicotrópicos especiales
que crean los llamados “zombis”, seres obedientes al genio del mal. El
hambre, las guerras, las sequías, las inundaciones, son peligros que amenazan
directamente al mundo material y espiritual de la personalidad. Todo eso guarda
estrecha relación con el desarrollo de la ciencia y la técnica. El desarrollo
de la Revolución Científico-Técnica en tanto que cambio tecnológico de
nuestra época conduce ineludiblemente al establecimiento de unas relaciones de
producción que se corresponde con la nueva calidad de las fuerzas productivas.
La Revolución Científico-Técnica se nos presenta como parte inalienable de
este profundo cambio social. Un elemento de vital importancia para la salud humana, lo constituyen los avances tecnológicos, los cuales propician a su vez un aumento de la calidad y el nivel de vida como indicadores fundamentales de la salud humana, sin embargo una gran parte de la población mundial se ve privada de estos indicadores, independientemente del desarrollo científico-técnico, pues el desnivel y desproporción en ese desarrollo científico-técnico de los distintos países y entre las distintas clases y sectores lo impiden, aunque la influencia tecnológica extienda sus efectos hacia numerosos aspectos relacionados directa e indirectamente con el nivel de vida de la población. Federico
Engels, en su carta a Borgius planteó: “El hecho de que la sociedad sienta
una necesidad técnica, estimula más a la ciencia que diez universidades”[4]
y en su Dialéctica de la naturaleza refirió: que si hasta ahora nos jactábamos
de que la producción debía su desarrollo a las ciencias, no es menos cierto,
que la ciencia debe mucho más a la producción. En esencia, esta cuestión no
ha cambiado, pues las necesidades del progreso técnico, en la industria, en la
práctica histórico-social constituyen la fuerza motriz del desarrollo científico.[5] Todas
las repercusiones que incluyen consecuencias económicas para los individuos y
las comunidades, son también repercusiones sociales, así, que los sistemas de
valores y las tecnologías, dados sus estrechos vínculos, se reflejan uno en el
otro. Por su parte el funcionamiento social de las personas, se puede ver real y
directamente afectado por las tecnologías de la salud, sin soslayar, que
sistemas sociales diferentes implican repercusiones sociales diferentes, incluso
dentro de un mismo sistema social, se absorben repercusiones determinadas por el
grado de desarrollo de los países, ya que hoy, existe una división
internacional del conocimiento, pues la ciencia se polariza en los países
desarrollados en los que se concentra la capacidad mundial de investigación y
desarrollo como parte del injusto orden económico internacional existente. Las
crisis cíclicas en el mundo capitalista, que se producen desde principios de
los años 70, han trasmitido sus efectos en forma amplificada hacia el Tercer
Mundo, provocando el agravamiento de los serios problemas estructurales que
afectan a las naciones pobres en lo referente a lo económico y lo social,
elementos que frenan el desarrollo tecnológico asociado directamente al
problema de la deuda externa y a las limitaciones de transferencia de tecnologías,
entonces, además del alto costo real del capital, las tendencias neoliberales
que priorizan las actividades que generan mayores ganancias a cortos plazos,
constituyen una barrera a la rápida difusión de las nuevas tecnologías y por
otra parte, prevalece el criterio de que en ausencia de capacidades mínimas de
educación, investigación y desarrollo, estas naciones continuarán en
desventaja competitiva a escala internacional, ya que los gastos en
investigaciones y desarrollo son factores determinantes para competir con éxito
en el mercado mundial y estos países no disponen de recursos financieros
suficientes para acometer este desafío, lo cual queda reflejado en el lugar que
ocupan las naciones subdesarrolladas en la revolución tecnológica en el campo
de la medicina. Otros
elementos, tales como las crisis ecológicas, el fetichismo ecológico, la
carrera armamentista, las diferencias Norte-Sur y otras tensiones de la vida
moderna, influyen negativamente sobre el hombre, lo cual reclama un enfoque
humanista de la Ciencia hacia mayores niveles de justicia social, uno de cuyos
principales componentes es la salud del hombre. La
información científico-técnica es otra arista en el desarrollo de la ciencia
que se convierte en una sutil pero terriblemente eficaz forma de dominación,
pues al ser los países desarrollados los principales productores y
comercializadores de tecnologías de punta, la información científica, circula
en una sola dirección, con las limitaciones, deformaciones y restricciones que
se quieran imponer en cada caso. Gran
parte de los problemas que aquejan al mundo actual en materia de salud, podrían
resolverse con cierta facilidad con la ciencia y la técnica actuales, siempre y
cuando estos avances se pusieran al alcance de todos, en sociedades justas. La
ciencia y la tecnología son elementos del todo social, por lo cual padecen los
males e insuficiencias de los sistemas políticos y económicos en que se
insertan. En nuestro país hay una sociedad justa y plena, en donde se conjugan
armónicamente la Revolución político-social con los avances de la ciencia lo
cual permite la creación de centros donde se materializan la investigación con
el desarrollo y la producción como nueva filosofía para hacer frente a las
necesidades del país y así asimilar y adaptar la nueva tecnología. Epígrafe
II. Breve esbozo de la ciencia en Cuba.
Para
entender mejor el desarrollo de la ciencia en Cuba, he realizado la siguiente
Periodización, apoyándome en los hitos –que a mi juicio- ha tenido nuestro
desarrollo histórico:
Primera
Etapa.
Antes
del descubrimiento de Cuba por Cristóbal Colón, los pobladores autóctonos de
estas tierras, disponían de algunos elementos técnicos surgidos como
consecuencia de las necesidades existentes en su relación con la naturaleza y
puestos en práctica en el proceso de su vida cotidiana. Así encontramos, que
después de probar con múltiples tipos de piedras y materiales, fue el
“silex”, el utilizado a modo de cuchillo, cortador o raspador por su dureza,
se elaboraron también diferentes tipos de moldes e instrumentos para la
confección de vasijas, muebles, canoas y otros muchos artículos. Los behiques
o curanderos conocían, acopiaban, mezclaban y utilizaban una amplia gama de
hierbas, raíces, cortezas y flores para “curar”, aliviar o prevenir
diferentes dolencias. Con
la llegada de los españoles, se da inicio al proceso de colonización de Cuba y
a través de diferentes mecanismos utilizados por ellos, se produce, el
exterminio de la civilización aborigen, lo cual propició la importación de
mano de obra esclava para realizar todo tipo de trabajo. Fueron importados también
una serie de adelantos científicos y técnicos para el desenvolvimiento de la
sociedad, la navegación de altura impuso el uso de las tablas alfonsinas, se
introdujeron nuevas técnicas para la minería y la construcción de obras
militares y civiles como fueron la Zanja Real, la sierra de agua, y otros. La
escolástica dominaba en el ambiente de las ideas y no es hasta 1625 (siglo
XVII) que aparece el primer libro cubano, “Arte de Navegar”, aunque en el país
no existió la imprenta hasta 1723. Durante
el siglo XVIII, se producen una serie de acontecimientos enmarcados básicamente
en el ámbito cultural, los cuales sentaron las bases académicas para un
ulterior desarrollo científico. En 1711, se instaura oficialmente el
protomedicato; en 1723 se introduce la imprenta, propiciando la publicación de
múltiples materiales literarios y científicos; en 1728 se crea la Real y
Pontificia Universidad de San Jerónimo de La Habana y el Real Colegio Seminario
de San Carlos, los cuales propiciaron el acceso a la enseñanza superior de una
parte del estudiantado habanero y antecedente de un cierto despliegue posterior
de la ciencia, aunque con serias limitaciones, pues las principales actividades
de la ciencia eran promovidas por la metrópolis y en su beneficio. No obstante
en 1790 se inicia la publicación de El Papel Periódico de La Habana, que
defendía además una amplia información científica. En 1793, se crea la Real
Sociedad Económica de amigos del País, de corte cultural y científico y en
1796 se realizaron importantes investigaciones sobre los puertos, minerales,
especies animales y vegetales y se realizan proyectos de gran envergadura como
fue El Canal de Güines. A
fines del siglo XVIII, las crecientes posibilidades de la producción agrícola,
la fabricación de azúcar y el comercio internacional, entraban en contradicción
con las concepciones escolásticas de la época, que no se correspondía
tampoco, con los intereses productivos y comerciales de la naciente burguesía
criolla, que demandaba del resultado del desarrollo de las ciencias naturales y
del método experimental, que se opone a la concepción feudo-colonial con su
correspondiente carga religiosa. En este proceso se destacan figuras preclaras
como fueron Francisco de Arango y Parreño, el padre José de la Luz y
Caballero, Tomás Romay, José María
Heredia, entre otros, iniciadores del movimiento científico cubano. El
siglo XIX hasta los finales de la Guerra Grande, trajo consigo, además de la
formación de la nacionalidad cubana, un auge de la burguesía criolla, con ella
fue abriéndose paso la ciencia en Cuba como expresión de la conciencia científica
a pesar de la política colonial no estuvo encaminada a potenciar el desarrollo
de estas individualidades. Segunda
Etapa.
La
segunda etapa, se inicia con la llamada
Tregua Fecunda, donde se produce un
desplazamiento de la burguesía criolla, por los grandes comerciantes Españoles,
quienes eran sus acreedores y se produce un incremento limitado de las
inversiones foráneas, principalmente de los Estados Unidos y la introducción
de técnicas y tecnologías mas modernas, que ya desde 1820 se observa con la
introducción de la máquina de
vapor en los trapiches y molinos, la evaporación al vacío 1840 y en 1850 se
introduce la centrífuga. Desde la década del 80 se produce una gran
transferencia de tecnología, fundamentalmente en el oriente y en el centro de
la isla donde comienzan a actuar grandes compañías norteamericanas. Con el
ingenio mecanizado, se inicia la Revolución Industrial en Cuba. La
entrada del ferrocarril de carga desde 1829 para la producción azucarera, se usó
en Cuba antes que en España y el primer lugar de América Latina. En 1850, se
introduce el telégrafo y en 1880 el teléfono, casi junto con el alumbrado eléctrico,
aspectos estos que demuestran la presencia de una fuerza de trabajo capaz de
asimilar semejantes transformaciones para la época. Sin
embargo estos adelantos científicos eran importados por los inversores foráneos,
casi siempre para resolver necesidades individuales y nuestro deficitario
sistema educacional de la época, impuesto por el colonialismo español, no
respondía a las necesidades imperantes y el país no formaba operarios ni para
el ferrocarril ni para las plantas eléctricas, por lo que fue necesario,
importar también la fuerza de trabajo calificada en número que sobrepasó los
1200 operarios de diversos oficios. La
metrópolis española se había convertido en un freno para el desarrollo científico
técnico de Cuba, al extremo que los estudios, inventos y los descubrimientos de
algunos ilustres estudiosos tuvieron que ser aplicados en otros países, pues la
miopía política y científica colonial no lo permitía en la isla, en este
caso se encontraba el eminente biólogo-químico Álvaro Reinoso Valdés, quien
estudió y mejoró las variedades de caña y creó sistemas para la agricultura
y la industria cañera que no pudo poner en práctica. No
obstante, por la presión criolla en 1861, se fundó la Academia de Ciencias Médicas,
Físicas y Naturales de La Habana, donde se nuclearon científicos como Carlos j
Finlay, descubridor del agente trasmisor de la fiebre amarilla; Juan Santos Fernández,
titán de las ciencias, oftalmólogo que fundó el laboratorio histobacteriológico
y de vacunación antirrábica; Francisco Albear, diseñador y constructor del
acueducto de Vento, que lleva su nombre; Enrique José Varona, pedagogo y filósofo
cubano, José Agustín Caballero, Félix Varela y otros que fueron punteros de
la ciencia cubana. Al respecto, José Martí expresó lo siguiente: “Ciencia y
libertad son llaves maestras que han abierto las puertas por donde entran los
hombres a torrentes, enamorados del mundo venidero.” [6]
y más adelante sentenció: “ ¿ Para
qué, si no para poner paz entre los hombres, han de ser los adelantos de la
ciencia.”[7]. Las
clases dominantes, prestaron una, relativamente, mayor atención a la educación
superior, por lo que la situación de la enseñanza general y técnica, se
dedicaba básicamente al estudio del latín, retórica, poética, filosofía,
moral y sicología, por lo cual Martí diagnosticaba en 1884: “En los pueblos
que han de vivir de la agricultura, los gobiernos tienen el deber de enseñar
preferentemente el cultivo de los campos. Se está cometiendo en el sistema de
educación en la América Latina un error gravísimo: en pueblos que viven casi
por completo de los productos del campo, se educa exclusivamente a los hombres
para la vida urbana, y no se les prepara para la vida campesina.” [8].
Cuba adolecía de este mal. Tercera
Etapa.
Se
inicia el siglo XX y con él nuestra Tercera Etapa, con condiciones propicias
para un salto cualitativo en el desarrollo científico-técnico de Cuba, sin
embargo la devastación producida por la guerra iniciada en 1895, tenía al país
al borde del colapso a lo cual se unió la intervención norteamericana en la
vida nacional. Se iniciaba el despegue, que tuvo uno de sus puntos importantes
en 1923 con el Movimiento de Reforma Universitaria encabezado por Julio A.
Mella, que propiciaría a nuestras mejores “mentes” enfrentarse a los viejos
esquemas académicos existentes. En
1904 se creó la Estación Experimental de Santiago de las Vegas para el sector
agrícola, fundamentalmente de caña de azúcar, aunque solo como imagen de Cuba
ante el mundo y para mantener ocupados a algunos científicos que generaban
logros importantes que luego se engavetaban, ya que no era posible ponerlos en
práctica, pues la economía de tiempo muerto imponía la utilización de mano
de obra muy barata y muy poco calificada, lo que aliviaba los gastos de los
terratenientes y la imposibilidad de generar más gastos para nuevas
aplicaciones experimentales. La
asignación de recursos de todo tipo para las actividades científicas estuvo
matizada por una alta falta de atención por los diferentes gobiernos
republicanos así como la ausencia de una rigurosa base para la elaboración de
programas de desarrollo. Así y todo, por presiones de la burguesía nacional,
en 1927, la Secretaría (ministerio) de Agricultura, del gobierno de Gerardo
Machado, creó el Laboratorio Químico Nacional y las granjas escuelas, aunque
se continuaron importando variedades de caña
de otros países. El
desarrollo y diversificación de la economía cubana, se frenaba a tenor de los
intereses del capital extranjero, básicamente de los Estados Unidos, pues los
Tratados de Reciprocidad Comercial firmados entre nuestro país y los yanquis en
l902 y 1934 lo propiciaron impidiendo la generación de tecnología cubana y sí
una indiscriminada transferencia de estas tecnologías desde el país del Norte.
A fines de los años 50, se observa una saturación de las tecnologías
azucareras, lo cual motiva un movimiento de las inversiones norteamericanas
hacia otras ramas como la industria eléctrica, la refinación de petróleo, la
minería, ahora con el níquel y el cobalto, así como una amplia gama de
manufacturas. Este movimiento pretendió tener un cariz de avance y desarrollo
de la actividad científico-técnica nacional señalándose como un proceso de
industrialización del país, lo cual fue aprovechado por los gobernantes de
turno para enriquecerse y entregar aun más la economía cubana al imperialismo
internacional. Nuestra
sociedad y nuestra economía dependiente, impuso un dualismo tecnológico, donde
coexistían la producción artesanal con la producción mecanizada, lo cual no
era más que el reflejo del modo de producción y las relaciones de producción
existentes y esta dependencia, también se manifestaba en la tecnología, no
solo con la importación intelectual,
sino también con el uso de diferentes sistemas de medidas usados en los países
capitalistas más desarrollados como fueron el sistema métrico inglés, español
o norteamericano, indistintamente utilizado en nuestras transacciones
comerciales, en vez del sistema métrico decimal, más racional y seguro o la
situación de nuestras industrias, cuyo grado de dependencia llegaba a tener una
parte del proceso productivo en Cuba y otra parte en industrias en el
extranjero, como era el caso de Moa en cuanto al níquel, y la refinación de
petróleo sin extracción nacional. Así
las cosas, en 1958, en vísperas del triunfo revolucionario encabezado por Fidel
Castro Ruz, Cuba presentaba un alto grado de subordinación al imperialismo
yanqui y al capital extranjero lo cual se manifestaba en el orden científico-técnico
de la siguiente forma: v
Una
capacidad nacional casi nula para resolver la situación científico-técnica y
su introducción en la producción. v
Una
muy reducida cantidad de científicos tanto de categorías medias como de alta categorización. v
Una
virtual inexistencia de centros de investigación y de proyectos, capaces de
influir en el proceso productivo cubano. Los centros existentes, estaban desposeídos
de toda posibilidad real de investigación y aplicación. v
Una
escasa y deficiente formación superior y media de personal científico-técnico
dado el deficiente sistema de educación imperante a escala nacional, v
Las
grandes industrias tecnificadas y mecanizadas se encuentran en manos
extranjeras. v
La burguesía nacional se
dedicaba fundamentalmente al comercio y las producciones artesanales o la pequeña
industria manufacturera. Epígrafe
III. Ciencia y Política .
Cuarta
Etapa.
Uno
de los resultados más relevantes de la Revolución Cubana es sin dudas la
creación de la base material de una política científica y coherente,
paralelamente a un gran esfuerzo en la formación y desarrollo de numerosos
especialistas y profesionales que integran el impresionante ejército de científicos
con que cuenta el país. El 15 de enero de 1960 Fidel Castro dejó esbozada la
política científica de la Revolución, aún cuando no había comenzado la
campaña de alfabetización, recién se organizaban los planes de becas, cuando
aún no se había realizado la reforma universitaria y cuando miles de
profesionales abandonaban el país. Los resultados alcanzados en el desarrollo
de la ciencia en Cuba obedece a una política estratégica que encabezó el líder
de la Revolución, a la tenacidad de nuestros precursores científicos,
que luchando contra la insensibilidad y la absoluta despreocupación por
la ciencia de los gobiernos de turno fueron capaces de dar continuidad a la
tradición científica del país y a
la herencia cultural que nos legó la humanidad. El
carácter contradictorio del progreso científico-técnico se debe al proceso de
desarrollo interno de la ciencia y la técnica, así como, en gran medida, a la
influencia ejercida por las condiciones sociales. Ciertamente, las condiciones
sociales juegan un rol importantísimo en el análisis de esta contradicción,
no es posible deslindar el desarrollo científico de las políticas de los
estados. En cualquier sociedad los individuos aislados podrán o no hacer
ciencia o acercarse al quehacer científico. Las resultantes de esta actividad
estará también en correspondencia con la voluntad individual que cada uno le
imponga a su actividad, pero lo que si está objetivado en las relaciones
sociales, es que si no existen políticas estatales, gubernamentales y públicas
encaminadas a revertir todo el conocimiento acumulado por las diferentes
generaciones que nos han antecedido en función de lograr un mundo mejor,
entonces estaremos en presencia de una ciencia amorfa, carente de sentido
civilizatorio. Dos fenómenos tan distintos como pueden ser la obtención de
electricidad producida por las centrales atómicas y la explosión nuclear de
Hiroshima y Nagasaki, son producto de un mismo fenómeno físico que se puede
describir con ecuaciones físicas similares, sin embargo los resultados son
cualitativamente diferentes, evidenciándose,
la manipulación que los hombres podemos hacer con el saber científico. El
hombre se ve inmerso como sujeto y como objeto en este proceso de desarrollo técnico,
en tal medida, que crea y construye para su bienestar, pero también pone en
riesgo su vida, la de la sociedad y la de su existencia misma. Para alcanzar
resultados superiores en función de un desarrollo social y científico es
invariablemente importante desarrollar en los individuos una conciencia científica
que coloque en primer plano los fundamentos de la nueva ética, la ética que se
sustenta en principios humanos fundamentales, como son el desinterés
individual, el humanismo y la justicia; sin esos valores no podrá lograrse
cohesión social y moral indispensable para convivir justamente. La
realidad contemporánea del Tercer Mundo evidencia que nuestras raíces morales
son más diversas de lo que prejuzgan los principios éticos liberales. Esos
principios abstractos y universales, por otra parte, no consiguen movernos a
actuar, cuando la acción es el objetivo último de la moralidad tercermundista.
Bien vista las cosas, conviene cambiar de paradigma y pensar o reconstruir
nuestra eticidad, descubrir sus raíces histórico-concretas y los vínculos
indisolubles que realmente unen a la ética con la política Desde el amanecer
de las sociedades clasistas, las relaciones entre ética y política han sido
constantes y necesarias. Toda ética ha implicado cierta concepción de la política
y toda la teoría política ha comportado una ética. Los
puntos de vista en torno a las relaciones entré ética y política han variado
de acuerdo con los referentes doctrinales y las circunstancias socio históricas.
Estas relaciones se han concebido, unas veces, en términos extremos, como política
sin ética y como ética sin política; otras veces, argumentando la
incuestionable interdependencia entre la ética y la política. La
ética por sí misma, a espaldas de la política, resulta ineficaz en el orden
práctico. La elevación de la condición humana requiere, ante todo, de la
actividad política. La extensión social de la dimensión moral entre las
personas pasa necesariamente por la política. En consonancia con esta
especificidad se justifica el que la ética esté al servicio de la política.
Por otra parte, digamos que la política en ninguna sociedad ha tenido un fin en
sí misma (no existe la política por la política) si esto es válido en
general, necesariamente debe serlo para una política, como la que requiere y
exige el Tercer Mundo, que debe servir a los objetivos radicales en lo social y
en lo humano. En nuestras circunstancias, la ética debe estar en función de la
política y la política debe apuntar hacia fines supremos que tengan
fundamentos éticos. En el bien entendido de que la ética sin la política
resulta estéril y la política sin la ética se torna absolutamente ciega. En
la historia de los pueblos, las mejores políticas siempre han mostrado una
inocultable vinculación con la ética. Esas políticas no han tenido un
referente en sí mismas, sino que
han respondido a reclamos y urgencias que el deber de humanidad ha exigido y
demandado. Si tenemos en cuenta esa indiscutible verdad, podemos colegir que la
mejor política no constituye un fin, debiera medio para la consecución de los
objetivos humanistas que caracterizan a su proyecto social. El amor al
semejante, la búsqueda del mejoramiento humano, la concreción del bien común
constituyen los móviles de la acción preconizada por las políticas más
progresistas que en el mundo han existido. Es
necesario que las políticas entorno a la ciencia, de los países
tercermundistas sean herederas de esa eticidad de la política y que se exprese
en las siguientes características: §
El
humanismo se tipifique a la política, debe tener un carácter concreto y
afincarse en el conocimiento de las realidades sociales que es necesario
transformar. §
Se
hace necesario validar en el quehacer político los intereses colectivos por
encima de los intereses personales y considerar que la forma más humana de
canalizar la relación de los intereses individuales es poniéndolos en función
de la obra colectiva. §
En
la concepción política tercermundista, fiel a su referente ético, los
objetivos de los cambios que se necesitan están fundamentados en la justicia
social, el respeto al semejante y la igualdad de oportunidades. §
Se
piensa la independencia y soberanía nacional como el modo o la vía para el
despliegue creciente de la individualidad en su correlación necesaria con la
insoslayable búsqueda del bienestar de todos. §
En
la consecución de los objetivos humanistas de la política, se precisa que el
poder público sea la expresión de la voluntad del pueblo y, ante todo, de sus
sectores más oprimidos y humillados. § Se concibe la política de la sociedad sobre la base de dos pilares éticos fundamentales: el bien público y la igualdad de derechos de todos y cada uno. De
manera que puedo precisar que la ética por su naturaleza específica, debe
servir a la política. Esa relación de servicio la concreta la ética
ejerciendo su función crítica sobre la actividad política misma, cuando esta,
en nombre de exigencias tácticas, recurre a medios que entran en contradicción
con los fines humanistas que la ética no puede dejar de tener presentes. Una
política puede ser condenada éticamente cuando recurre a ciertos medios que no
pueden ser justificados por los fines. Y es condenada, precisamente, para
ponerla en la relación adecuada con el fin al que debe servir, en distinta
forma, tanto la ética como la política tercermundista: el mejoramiento humano.
Con
el triunfo revolucionario del Primero de Enero de 1959, la ciencia y la técnica
adquieren una posición predominante en el nuevo proceso social que se inicia, aún,
cuando no teníamos todas las condiciones para esta empresa, estaba evidenciado
una política muy clara en correspondencia con los principios éticos tangibles
ya desde el propio triunfo revolucionario y al respecto expresó nuestro líder: “El
futuro de nuestra Patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de
ciencia, tiene que ser un futuro de hombres de pensamiento, porque precisamente
es lo que estamos sembrando, lo que más estamos sembrando son oportunidades a
la inteligencia, ya que una parte considerable de nuestro pueblo no tenía
acceso a la cultura, ni a la ciencia, una parte mayoritaria de nuestro pueblo.
Era una riqueza de la cual no podía nada esperarse porque no tenía la
espontaneidad (...) ¡Cuántas inteligencias se habrán desperdiciado en ese
olvido! Inteligencias que hoy se incorporan a la cultura y a la ciencia, porque
para eso estamos convirtiendo las fortalezas en escuelas, porque para eso
estamos construyendo ciudades escolares, para eso estamos llenando la Isla de
maestros, para que el futuro de la Patria pueda contar con una pléyade de
brillantes hombres de pensamiento, de investigadores y de científicos”.[9] Se imponía pues, producir profundos cambios en los sistemas y estructuras educacionales del país, se requería una verdadera revolución cultural, cuyo primer paso fue “La Campaña de Alfabetización” (1961). En febrero de 1962, fue creada la Academia de Ciencias de Cuba, como sucesora de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, constituida en 1861. Su primer presidente fue el Dr. Antonio Núñez Jiménez, tuvo un carácter nacional e internacional. Fueron
creados, además, diversos centros de investigación correspondientes a los
organismo ramales entre los que se destaca el del Ministerio de Industrias, cuyo
presidente fue el Comandante Che Guevara con el fin de desarrollar la
metalurgia, la construcción naval; también se creó el Laboratorio Central de
Comunicaciones en 1960, perteneciente a la recién creada Empresa Telefónica
Cubana, entre otros. El
desarrollo científico de Cuba en esta etapa revolucionaria, se ve afectado por
el bloqueo impuesto por los Estados Unidos desde los inicios y hubo que sufrir
el éxodo y robo de cerebros como consecuencia de la política del imperio
yanqui, donde de 6,250 médicos que existían en Cuba, desertaron más de 3,000
y otro tanto de los ingenieros y técnicos de las principales industrias. No
obstante, se acometió el desarrollo científico-técnico en forma integral,
creando, además de las instituciones de investigación, una red, a los fines de
ese desarrollo, que abarcaba
centros de información científico-técnico, de normalización y control de la
calidad, de organización científica del trabajo, de garantía de las patentes
y licencias, de la proyección industrial y tareas vinculadas con la
transparencia y asimilación de tecnología, teniendo como política central, no
solo la investigación-desarrollo, sino, investigación-desarrollo-educación,
todo orientado hacia el desarrollo económico y social del país a escala
nacional. La
Academia de Ciencias de Cuba se le asignó la tarea desde 1962, de ser el centro
para la realización de investigaciones, además de su planificación a escala
nacional de acuerdo con la Junta Central de Planificación, creándose para
estos fines, órganos anexos tales como: el Consejo de Investigaciones Agrícolas,
el azucarero, el Plan de Cálculos para el Desarrollo de la computación, se
efectuaron importantes reuniones nacionales científicas como la de Información
Científica y la General sobre Investigaciones e información en 1965, así como
la Reunión Nacional de Suelos en 1969, donde se delinearon estrategias
importantes para el desarrollo científico de estas ramas o sectores. En 1974,
se creo el Consejo Nacional de Ciencia y Técnica y con la entrada de Cuba en el
CAME (Consejo de Ayuda Mutua Económica), organización solidaria que incluía a
todos los países socialistas, se ordenó la actividad investigativa cubana en términos
de líneas, problemas y temas de investigación, con sus objetivos y resultados
esperados. En
el Primer Congreso del Partido Comunista, celebrado en 1975,
se expresa la necesidad de atender sistemáticamente la actividad de la
ciencia y la técnica, de manera
que se expresa la necesidad de crear centros científicos, cuyas investigaciones
respondieran a las necesidades del país a corto y a largo plazo; así quedaron
trazados sus lineamientos generales
y se aseguraron los recursos materiales y humanos para el éxito de esta tarea. En
este empeño, miles de científicos, especialistas y tecnólogos vinieron a Cuba
a formar a nuestros cuadros y a su vez, muchos de nuestros cuadros, fueron a
diferentes países socialistas a formarse como científicos, especialistas y
tecnólogos, lo cual permitió la creación de una base
técnico- material indispensable para la construcción y desarrollo del
socialismo en Cuba. Por
otra parte, Cuba empezó a participar en programas de investigación de carácter
bilateral y multilateral, así como a realizar una política conjunta en la
esfera de la ciencia y la tecnología a escala regional y subregional en América
Latina. Todo este proceso sentó las bases para una creciente transferencia
tecnológica que propiciaría adentrarse en un verdadero proceso de
industrialización del país, proceso que se convirtió en la tarea central de
los planes de desarrollo y fomento de la economía nacional a partir del
quinquenio 1976–1980 como se señalara
en la Plataforma Programática aprobada por el Primer Congreso del PCC. Es
menester señalar el proceso de institucionalización de la ciencia y la técnica
en el país, mediante la promulgación
de la Ley 1323 del 30 de noviembre de 1976 sobre la organización de la
administración del Estado con la creación del Comité Estatal de ciencia y técnica;
el Comité Estatal de Normalización; el Instituto Nacional de Sistemas
automatizados y Técnicas de Computación; la Oficina de Inversiones Información
Técnica y Marcas; los Consejos técnicos asesores en todos los centros y el
establecimiento de la actividad de ciencia y técnica en el aparato central de
los diferentes organismo del Estado. Con
el fin de aligerar la organización central del Estado, en enero de 1980, se
asignan las funciones del Comité Estatal de Ciencia y Técnica a la Academia de
Ciencias, la cual tiene que dirigir, ejecutar y controlar la política del
Estado en el progreso científico-técnico y la aprobación de proyectos de
presupuestos de investigación y servicios técnicos. El
II Congreso del PCC, precisó que debíamos aumentar la efectividad del trabajo
científico y continuar promoviendo la vinculación y colaboración científica
con los centros de Educación Superior y las demás instituciones científicas
del Mundo. Se
impuso rectificar los errores. La
máxima dirección de nuestro proceso revolucionario, decidió atender de manera
priorizada la actividad científica y para ello empleó más de 170 millones de
pesos para gastos de investigación-desarrollo, en el año 1985 se asigna un
incremente del 53% con respecto al 1981, los gastos totales en el campo científico
son en este año 1985 el 1,5% del presupuesto del Estado y un 0,65% de la
Producción Social Global. Era el mayor potencial científico del Tercer Mundo.
Sin embargo, el esfuerzo realizado, no se correspondía con los resultados
obtenidos. En
1986 en el Informe Central al III Congreso del PCC, se planteaba lo siguiente: “No
son suficientes todavía, sin embargo, los logros alcanzados en este campo y es
mucho lo que queda por hacer en materia de planificación e integración de la
ciencia y la técnica al desarrollo de la economía nacional, en la introducción
de los resultados a la producción y a los servicios y en la implementación
cabal de la política científica que exige el país”[10]. Esta
situación motivó un proceso de rectificación de errores y tendencias
negativas, de la cual no estaba exenta la ciencia, por lo que se tomaron un
conjunto de medidas tales como:
En
cuanto al potencial académico, también existía un desequilibrio en la política
utilizada, lo cual quedaba manifiesto en que de 1,147 Candidatos a Doctor y 153
Doctores en diferentes ciencias, solo una pequeña cantidad estaba vinculado a
la producción pues 980 Candidatos a Doctor y 93 Doctores, que sumaban 1,073 que
representa el 68,9% del total, se encontraban en centros de educación superior.
En la Academia de Ciencias de Cuba se encontraban 180 de ambas categorías que
hacían el 11,5%, mientras que en el Minagri sólo habían el 4,3%, en la Salud
un 6,6% y un 8,7% en todos los demás organismos. Esta situación indicaba que
la Fuerza de Trabajo Científica no estaba bien utilizada como fuerza productiva
directa. En
otro aspecto que también se detectaron errores, fue en la introducción de los
resultados, pues hasta 1985 se habían propuesto 282 resultados a introducir y
solo fueran incluidos en el plan, 87, debido a poca relevancia, falta de
recursos o no tener un efecto económico inmediato, entre otros y para controlar
el presupuesto se creo un departamento de control, lo cual implicó que se diera un
impulso a las obras con fines investigativos tales como el CENIC, el CENSA,
Ingeniería Genética y Biotecnología, el Instituto de Medicina Tropical, el
CENPALAB, el Instituto de Química Bioorgánica entre otros, de donde se han
obtenido resultados cualitativamente superiores como son la Vacuna
Meningococcica, el Factor de Crecimiento Epidémico, el Microcid, el Cardiocid y
otros muchos. El
Centro Nacional de Restauración Neurológica (CIREN) fundado en 1989, es una
institución científico-médica de avanzada con áreas y programas de
investigaciones básicas que aportan nuevos conocimientos
e introducen y desarrollan tecnologías en el ámbito de las
neurociencias; y un área asistencial para la restauración neurológica y de
restauración biológica general, donde se han atendido con enfoques novedosos y
reconocido éxito a miles de pacientes procedentes de decenas de países de
todos los continentes Además, estudia con nuevos métodos clínicos el
envejecimiento del cerebro y las enfermedades asociadas, lesiones cerebrales,
traumatismos de médula espinal y craneoencefálicos, enfermedades cerebro
vasculares, lesiones del sistema nervioso en la infancia, tumores cerebrales,
esclerosis múltiple, enfermedad de Alzheimer, de Parkinson y neuromusculares.
En el CIREN se aplican los más modernos métodos quirúrgicos
de mínimo acceso. Al
respecto, Fidel Castro Díaz-Balart, quien fuera director del Centro de Energía
Atómica y Nuclear de Cuba, expresó en 1988 haciendo un análisis del
movimiento científico-técnico que en el empeño por elevar la efectividad de
la ciencia es de vital importancia continuar laborando por desarrollar en
nuestros científicos cualidades que se corresponden con los valores de la
sociedad cubana y muy especialmente las que se refieren a la dedicación
consciente, desinteresada y total a su trabajo y al logro de los resultados que
de ellos se esperan. El
derrumbe del campo socialista y la desaparición de la URSS provocó en nuestro
país una verdadera hecatombe económica, donde muchas obras y planes científicos
tuvieron que detenerse y algunos avanzar muy lentamente a causa de un profundo
Periodo Especial, del cual inteligentemente fuimos saliendo, buscando nuevas y
científicas formas de hacer las cosas. No obstante hasta fines de la década de
los 80, muchos fueron los logros obtenidos en el campo de la ciencia, entre los
que encontramos la producción del motor cubano Taino con un 80% de piezas de
producción nacional y que nos permitiera la producción de montacargas, buldózer
y equipos, pesados; la laminación de acero; el rescate de la voluntad hidráulica,
aumentó el número de presas del país; se elaboraron nuevos sistemas de riego
y drenaje, sistemas ingenieros de terrazas planas para el cultivo del arroz, la
introducción de la máquina Fregat, el sistema de riego microyet aéreo y
terrestre para el cultivo de viandas y hortalizas. Así mismo se introdujeron
avances científicos-técnicos en el desarrollo forestal, en el aserrado de
madera, en la obtención de resinas de pino para diversos usos. La ganadería
también experimentó cambios en la producción de leche y carne y el empleo de
nuevas razas con cruces nacionales; se lograron nuevas crías de cerdos, ovinos
y caprinos. En la producción de peces se observaron nuevas mejoras en especies
de agua dulce a través del desarrollo de la acuicultura. Estos
y otros muchos logros científicos que fueron imposibles de aplicar o ejecutar
durante el periodo especial, son vueltos a actualizar en estos nuevos tiempos y
se producen nuevos y mejores sistemas y procesos científicos-técnicos entre
los que se destacan, la introducción masiva de la computación en el sistema
productivo y empresarial, de la misma forma que se introduce en todo el sistema
de enseñanza a todos los niveles desde la enseñanza primaria hasta la educación
superior, alcanzando incluso el nivel social, para toda la población, a través
de los Joven Clubes de Computación distribuidos por todo el país. El
turismo irrumpe en nuestra vida social y económica y se construyen numerosos
hoteles e instalaciones dotados de los últimos adelantes de la ciencia,
alcanzando algunos la categoría de “hoteles inteligentes”. La
medicina es otro campo en el que hemos visto la introducción de los más
modernos sistemas y equipamientos científicos, tanto en la relación médico-paciente
como en la atención de diferentes afecciones o patologías a través de
investigaciones con tecnología de punta parta llegar a diagnósticos acertados.
Se ha instrumentado un sistema de salud bajo verdaderos métodos científicos de
atención, que abarcan desde la prevención y curación hasta la investigación
y formación del personal especializado con una preparación de alta calificación
y profundamente científica. Hay
que destacar que, a tenor de un alto grado de calificación científica, la
docencia médica, los trasplantes de órganos, la ortopedia y otras ramas de la
salud cubana, se encuentran entre los primeros del mundo. Por otra parte en
nuestros centros de salud existen salas de terapia intensiva dotadas de los últimos
adelantos científicos en la rama, esto ha hecho que la mortalidad infantil haya
disminuido a menos de 6,5 por mil nacidos vivos, cifras que solo se pueden
constatar en países de un alto desarrollo económico. Muchos
son los logros que hoy podemos exhibir en el campo de la ciencia y la técnica,
los cuales son aplicados en forma consciente y efectiva en nuestros procesos
productivos y de servicios y lo más importante es que este resultado es la
prueba de una política científica en función de garantizar su instrumentación
no sólo para satisfacer las necesidades de toda nuestra población, -que es un
hecho- sino de elevar a niveles
superiores el desarrollo de una conciencia ciudadana y científica sobre la base
de la ética humanista que necesitan los pueblos del Tercer Mundo. Estos
rasgos nos muestran que la Ciencia, si bien no pierde su pertenencia a la esfera
de la producción espiritual, si deviene en fuerza productiva directa, por su,
cada vez, más estrecha relación con el proceso productivo en función de
alcanzar el mejoramiento social humano. Conclusiones
“La
ciencia es la forma especifica de la actividad social y global dirigida a la
producción y aplicación de los conocimientos, acerca de las leyes objetivas de
la naturaleza y la sociedad, se nos presenta como una institución social, como
un sistema de organizaciones científicas cuya estructura y desarrollo se
encuentran estrechamente vinculadas con la economía, la política, los fenómenos
culturales con la necesidad y las posibilidades de la sociedad dada.”[11] §
No es posible entender un
proceso de desarrollo científico que ha devenido en progreso, sin valorar los
momentos de ruptura, saltos, continuidad y discontinuidad que encierra en sí
mismo.
§
La aportación que
ilustres hombres de ciencia hicieron al progreso en Cuba antes del triunfo
revolucionario, no exime a los gobiernos oportunistas que nos manipularon
durante más de dos siglos, el haber castrado al país de una política científica
que verdaderamente impulsara el desarrollo social de la nación cubana.
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